Según la investigación realizada en 2015, y desde entonces nada ha cambiado, el 62% de las muestras también dieron positivo para AMPA (o ácido aminometilfosfónico), un derivado del GLIFOSATO.
El análisis se realizó en muestras de gasas, hisopos, toallitas y productos para el cuidado femenino, como tampones y toallas sanitarias, y se compraron en supermercados y farmacias locales en el área de La Plata, Buenos Aires, Argentina.
Damián Marino, científico del Centro de Investigaciones del Medioambiente (CIM), un organismo de doble dependencia UNLP-Conicet, remarcó: “el GLIFOSATO es una molécula muy pequeña que tiene la función de ser un herbicida generalista porque no discrimina, sino que mata todo aquello que sea verde a excepción de un organismo genéticamente modificado como la soja, el maíz o el algodón. Con el tiempo, algunas especies después de 20 años del uso de este compuesto comenzaron a hacerse resistentes, motivo por el cual debió aumentarse la cantidad del químico por hectárea”.
En aquel estudio, Marino explicó que “el 85 por ciento de todas las muestras dieron positivo para GLIFOSATO y 62 por ciento para AMPA, que es el metabolito ambiental, pero en el caso del algodón y la gasa de algodón estéril, la cifra fue del 10%”.
La mayor parte del algodón consumido en Argentina es genéticamente modificado y resistente al GLIFOSATO. Este se fumiga cuando el capullo está abierto y el GLIFOSATO se condensa y queda directamente en el producto, considerando que el algodón es altamente absorbente.
El GLIFOSATO es el ingrediente clave de Roundup, del gigante de biotecnología Monsanto, hoy bajo Bayer; el herbicida más popular en los Estados Unidos y en decenas de países de todo el mundo.
Sin embargo, el consumo elevado de carnes rojas o carnes blancas no se asoció a empeoramiento de la función física.
La carne es un alimento con un contenido elevado de proteínas de alta calidad, que mejoran la función muscular, pero también contiene una cantidad considerable de grasas saturadas y trans, especialmente si es CARNE PROCESADA.
«Los resultados sugieren que el efecto beneficioso de las proteínas de calidad de la carne desaparece si es CARNE PROCESADA, porque se incrementa su contenido en grasas no saludables, sodio y nitritos», asegura Ellen Struijk, investigadora Juan de la Cierva y primera autora de este trabajo.
El trabajo, publicado en BMC Medicine, se fundamenta en bases de datos procedentes del Estudio Seniors-ENRICA, que inició en 2008 recogiendo información de 3.289 personas mayores de 60 años.
En concreto, se les preguntó por sus características sociodemográficas, estilos de vida y problemas de salud.
Además, se fue a sus hogares para que personal de enfermería les realizases diferentes tests de función física:
• velocidad de la marcha, capacidad de levantase de una silla y capacidad de equilibrio.
• También, se les preguntó si eran capaces de transportar el cesto de la compra, subir un piso de escaleras o andar varias manzanas.
• Después de 5 años se volvió a sus hogares para volver a medir todas estas variables.
«La carne es una buena fuente de proteínas de alta calidad. Sin embargo, su efecto beneficioso se pierde con la CARNE PROCESADA«, señala Esther Lopez-Garcia, profesora del departamento de Medicina Preventiva de la UAM y autora senior del estudio.
«Para disminuir el riesgo de deterioro de la función física es importante tener una dieta saludable, en la que las fuentes principales de proteínas sean el pescado, las legumbres, los frutos secos y la CARNE NO PROCESADA«, concluye la experta.
Referencia bibliográfica:
M Struijk EA et al., 2018. Consumption of meat in relation to physical functioning in the Seniors-ENRICA cohort. BMC medicine. DOI: 10.1186/s12916-018-1036-4
Para entender primero cuáles son los efectos de este gas que se genera de forma espontánea en la naturaleza, hay que empezar por conocer sus orígenes. Etimológicamente, la palabra OZONO viene del griego antiguo ὄζειν (ózein, “generar olor»), y a pesar de que existe posiblemente desde que el universo es universo, no es hasta el año 1839 que Christian Friedrich Schönbein consigue aislar el compuesto gaseoso, que anteriormente había identificado por su olor característico tras las caída de rayos en plena tormenta eléctrica.
Así, este descubrimiento y los distintos efectos que proporcionaba, dieron a este gas la cualidad de componente altamente saludable para las personas y en general para el medio ambiente, esa buena impresión, perduró a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX e incluso en la primera mitad del siglo XX, gozando de una excelente fama, sobre todo entre los naturalistas.
Con el tiempo, este sistema entró en desuso, y ya en el año 1940, la agencia estadounidense Food and Drug Administration (FDA) comienza el precintado de generadores de OZONO médico, favoreciendo su propia industria farmacéutica, reforzada tras la adquisición del gigante farmacéutico del momento.
Pero el hecho de que hubiera sido menospreciado por la ciencia en general no quita que un sector de la población, y sobre todo en la actualidad, haya reactivado su uso a nivel médico, a nivel preventivo, a nivel de desinfección, a nivel de tratamiento…
El OZONO no puede ser almacenado ni transportado -es mucho menos estable que el oxígeno diatómico- como otros gases industriales.
El motivo es que rápidamente se reconvierte en oxígeno, y por ello debe ser producido en el lugar en donde será empleado. Sus propiedades antisépticas son de aplicación tanto a nivel doméstico como industrial, estando demostradas y certificadas por laboratorios.
Su buen uso solo se entiende si se realiza de una forma coherente y de acuerdo a las necesidades, y que es necesario conocer bien cómo funciona para evitar cualquier tipo de riesgo debido a su concentración, a su forma de uso y/o debido a los elementos con los que se puede combinar.
Así pues, todos sabemos que no se trata solo del uso por el hecho de ser un gas natural, (porque incluso la naturaleza puede ser perjudicial para la salud y la alimentación, véase plantas venenosas, condiciones atmosféricas adversas, etc.), en este caso solo cabe decir que está comprobado su efecto como desinfectante, y por ende, como sustancia con efectos, sobre todo, anti-fúngico, anti-bacterias y antivirus… pero siempre y cuando, se aplique en las dosis adecuadas, en los momentos más ajustados para actuar de forma preventiva y/o combativa, y de forma que realmente pueda llegar al objetivo físico para combatir este tipo de enfermedades.
Además puede llegar también a ser un buen elemento para la lucha contra nematodos, y aunque no tenga efectos sobre los insectos, sí que es capaz de colapsar huevos y larvas que se encuentren en zonas accesibles externas, provocando así la parada del ciclo de vida de posibles invasiones.
Para entender cómo actúa, hay que hablar de la ionización del OZONO, la molécula de OZONO O3, tiene carga negativa, esta cargas son atraídas por las cargas positivas, propias de bacterias, virus, hongos, priones, esporas, moléculas de olor, de tal modo que al sentirse atraídas y gracias al alto poder oxidante del OZONO, son destruidas casi de forma inmediata, a partir de ese contacto se destruye a su vez también el OZONO, que al perder una molécula de oxigeno deja como residual una molécula de O2 que es liberada a la atmósfera.
Queda claro que los efectos beneficiosos de este gas azul aún no son conocidas del todo a nivel de aplicación foliar, y es por ello que dos empresas españolas, Green Biozone y Maquinaria Atomizadora (Makato) han unido sus esfuerzos a efectos de aportar a los agricultores soluciones a los problemas que se generan en forma de plagas y enfermedades en los distintos tipos de CULTIVOS, ya que año tras año, se constata que los medios químicos tienen que ser continuamente cambiantes, cada vez más agresivos, e incluso más costosos, para que puedan llegar a tener efectos sobre esos problemas.
Las experiencias desarrolladas con agricultores en los tres últimos años, en CULTIVOS como fresa, frutos rojos, huerta, viña, olivo y naranjo, demuestran a través de resultados analíticos en laboratorio, los efectos positivos derivados del uso adecuado de este gas, y se constata a través de la experiencia de los propios agricultores que su uso, bajo un buen asesoramiento garantiza el éxito de la aplicación del OZONO, con las consecuencias positivas que generan, y que se podrían resumir como:
• Se evita poner en riesgo la persona encargada de las aplicaciones en campo, ya que no se trata en ningún caso de un elemento contaminante, una vez aplicado se convierte de nuevo en O2.
• Consigue un ahorro extraordinario por el hecho de disminuir el uso de químicos y en algunos casos incluso su absoluta eliminación, dependiendo del cultivo y tipo de plaga o enfermedad a combatir o prevenir.
• Se puede usar en CULTIVOS ecológicos, ya que al tratarse de un gas, no deja ningún tipo de residuo, aparte de tratarse como anteriormente se mencionaba, de un gas natural.
• Mejora las cosechas que se encuentran sobre todo en período de conversión, ya que al pasar de convencional a ecológico, el cultivo sufre unos cambios que mediante el ozono, podríamos evitar que no fueran tan traumáticos para el cultivo y en consecuencia para las cosechas.
• No presenta ningún tipo de contraindicación, siempre y cuando se utilice tal y como nuestros técnicos recomiendan, de acuerdo siempre a la experiencia derivada de estudios y ensayos previos.
Así pues los equipos que se diseñan para aportar estas nuevas soluciones a los agricultores pasan por la combinación de un equipo de generación de OZONO que será elegido en función de la capacidad de almacenaje del equipo.
En cualquier caso, todos los equipos deberán cumplir algunas premisas importantes en función del tipo de cultivo, la edad, la orografía y forma de la finca, el tipo de plantación, el marco de plantación, todos estos aspectos podrán tener una incidencia importante a la hora de elegir el tipo de materiales para la fabricación de los equipos, y la ingeniería aplicada para garantizar que la proyección del líquido llega hasta el objetivo final, sean hojas, tronco, fruto o incluso suelo, ya que resulta clave que el OZONO contacte plenamente con el objetivo susceptible de ser infectado, para garantizar el éxito absoluto de su aplicación.
La clave, entonces, para obtener unos buenos resultados en el uso de OZONO como aplicación respetuosa con el medio ambiente y muy interesante para el ahorro económico de muchos agricultores, pasa por recibir un buen asesoramiento que garantice sobre todo que el trabajo se realiza de una forma adecuada y que se consiguen los objetivos previstos.
Factores que influyen en la rápida proliferación de este BIOFILM serían: la temperatura, el tipo de agua (potable, residual, marina, caliente y fría), el tiempo de exposición, el caudal y la presión, así como y fundamental: la falta de limpieza y desinfección.
Existen dos métodos de eliminar el BIOFILM:
1. Con un tratamiento de choque.
Existen muchos productos químicos en el mercado, es una técnica muy invasiva y muy perjudicial para los materiales constructivos y para el uso cotidiano del agua a utilizar. Precinto, choque químico, aclarado con consumibles y recargas de productos.
2. Con un tratamiento en continuo con cada ciclo de riego, bombeo o circulación programada.
El OZONO (O3) se puede aplicar a diario, en aguas de consumo humano y de riego o proceso, ya que no aporta químicos, no es nocivo para la salud, ni para los productos alimentarios.
Previene LEGIONELA ya que se elimina con OZONO debido a su función desinfectante biocida.
Ahorra porque no requiere tratamiento de choque con productos químicos de efecto oxigeno.
El uso intensivo y constante de la ROPA DEPORTIVA provoca que la ropa de entrenamiento vaya acumulando un desagradable olor a sudor y a humedad que por muchos lavados que le hagamos no conseguimos eliminarlo.
Una situación bastante incómoda y desagradable para quien la sufre, por la imagen de falta de higiene que está transmitiendo a las demás personas.
Y también porque esas prendas quedan inservibles, por lo que habrá que proceder a comprar ROPA DEPORTIVA nueva.
Esta última situación la podemos evitar o al menos retrasar si ponemos en práctica una serie de trucos para evitar que huela mal la ROPA DEPORTIVA.
Antes de tener que llegar hasta esta situación podemos aplicar una serie de consejos para evitar el mal olor de la ROPA DEPORTIVA:
•Comprar prendas DEPORTIVAS diseñadas para hacer deporte. Entre ellas se encuentran las camisetas técnicas de deportiva, confeccionadas con tejidos que favorecen la transpiración del olor.
•Lavar la ROPA DEPORTIVA lo antes posible en lugar de dejarla en el cesto de la ropa sucia durante varios días, de esta manera evitarás que el olor se quede acumulado en las prendas. Si no vas a poner la lavadora ese mismo día puedes optar por poner las prendas de deporte en remojo y añadirle bicarbonato o un poco de jabón neutro.
•No utilizar la misma ROPA DEPORTIVA dos días seguidos.
Tampoco podríamos alimentarnos de carne, huevos o leche porque al no disponer de soja o maíz para su engorde, todas las granjas del planeta habían tenido que bajar la persiana.
La cría de animales en libertad, pastoreando, ya había desaparecido hacía años de nuestra memoria.
¿Y el mar y los ríos?
En mis delirios, en ese momento la causa que imaginé fue «una plaga de piojos de mar nacidos en las piscinas de acuicultura que habían saltado a todos los océanos y mares causando una infestación completa e irreparable».
Bayer, con su catálogo de productos peligrosos para las abejas, ya es casi la única dueña y señora del patrimonio genético de la humanidad.
Esperemos que no, pero la organización ecologista Salmon an Trout Conservation Scotland, encontró una proporción muy alta de salmones salvajes muertos en uno de los ríos más emblemático de Escocia, el Black Water.
En la red se puede encontrar fotografías y un vídeo que ilustran esta descripción, pero no es muy agradable de observar.
Y, efectivamente, parece que estos parásitos han llegado a los salmones silvestres diseminados desde las siete granjas de la empresa The Scottish Salmon Company que en esa región cultivan salmones en cautividad.
La noticia nos obliga a pensar sobre los sistemas productivos industriales de alimentos.
Querer producir ingentes cantidades de comida a ritmos frenéticos para distribuir por el mundo a cambio de beneficios económicos, insistimos, está forzando la armonía y equilibrio de los sistemas naturales con consecuencias letales: desde el cambio climático hasta la desaparición de miles de especies o la perdida de fertilidad de las tierras y aguas que son el sustento de la vida.
El argumento esgrimido de que es la única manera de alimentar a una población creciente es falso. Analizando las cifras actuales de hambre ya no hace falta discutir al respecto.
Y si la vida en el mar se extingue por una plaga de piojos o por una plaga de plásticos. O por las dos cosas.
Una colilla tirada en la playa porque la papelera estaba muy lejos de la toalla o una botella de plástico olvidada en el campo que un despiste del dueño destinó ahí por años, son solo algunos ejemplos de toda esa BASURA que puebla la naturaleza se ha convertido ya en uno de los grandes problemas para la conservación de la biodiversidad.
De hecho, el 80% de la BASURA que provoca la contaminación del mar procede precisamente de los residuos que tiramos, ya sea en las costas o tierra adentro, desde donde viaja a través de los ríos y acaba desembocando en el mar.
Ser Humano
Sin la intervención del ser humano, en la naturaleza no existiría la BASURA. Todos los elementos cumplen una función y son reutilizados de alguna manera para su aprovechamiento en distintas etapas y de forma cíclica.
Un chicle o una lata, sin embargo, no pueden participar de este ciclo cuando quedan abandonados en el campo y permanecen ahí por años e incluso, en algunos casos, hasta por siglos.
Toda esta BASURA, sin su correcta gestión de residuos, representan uno de los problemas de contaminación más importantes ante los que se enfrenta el planeta. En el peor de los casos, puede introducirse en la cadena alimentaria de aves o peces y de la que los humanos formamos parte.
Los datos, tremendamente alarmantes, hablan por sí solos: 4,8 millones de toneladas de plástico tiradas en tierra terminan en el mar cada año; como consecuencia, al menos 267 especies han sufrido enredos en desechos plásticos o los han tragado, según Naciones Unidas, se estima que en 2050 el 99 % de las aves marinas habrán ingerido algún tipo de BASURA tóxica.
Por esta razón, es importante que la sociedad apueste por reutilizar o reciclar el plástico que se utiliza. Vamos a ver cómo afectan algunos de estos deshechos abandonados en la naturaleza:
Colillas: 10 años
Que no nos engañe su tamaño, cada colilla abandonada en la playa o en el campo es un residuo dañino que contamina el medio ambiente de múltiples formas y que dura hasta 10 años. Según la ONG SEO/Birdlife, una sola colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua. Pero eso no es todo, porque además podría terminar en el estómago de algún animal, que no será capaz de digerirlo…
Latas: hasta 100 años
Las latas de refrescos o de conservas están fabricadas de aluminio, un material que puede tardar entre 10 y 100 años en degradarse, dependiendo de su espesor, y que genera óxido de hierro, por lo que es importante su reciclaje.
Además, especies como las tortugas marinas o numerosas aves pueden ver amenazada su supervivencia cuando quedan enganchadas a las anillas de estos envases.
Plásticos: hasta 1.000 años
En esta categoría podemos encontrar múltiples formatos y variantes invadiendo campos y océanos del planeta, lo que ya se conoce como islas de BASURA.
Las botellas de agua, por ejemplo, se llevan la palma en lo que a longevidad se refiere, ya que numerosos estudios sugieren que pueden tardar hasta 1.000 años en degradarse.
Durante todo este tiempo el sol es capaz de agrietar y romperlas en fragmentos, convirtiendo cada envase en una acumulación de microplásticos que tanto aves como peces terminan en muchas ocasiones ingiriendo.
Los chicles, por su parte, están compuestos por un 80 % de plástico. A pesar de lo insignificantes que parecen, se estima que necesitan alrededor de 5 años para desaparecer y de nuevo se trata de uno de los residuos que con más frecuencia las especies confunden con comida.
Vidrio: hasta 4.000 años
4.000, esta es la friolera de años que tarda una botella de vidrio en descomponerse en la naturaleza.
Cada vez que dejamos un recipiente de este material tirado en el campo ponemos en riego el entorno y su ecosistema.
Como ocurre con muchos de los elementos anteriores, los animales pueden cortarse o ingerirlo haciendo imposible su digestión. Además, es uno de los factores de riesgo de incendio más peligrosos.
Paradójicamente, siendo uno de los residuos más contaminantes y difíciles de degradar por la naturaleza, el vidrio es íntegramente reciclable, no genera residuos en el proceso y deviene en un producto de las mismas características sin perder sus propiedades, de ahí la importancia de destinar cada envase que utilizamos al reciclaje.
Pero, ¿qué podemos hacer para reducir el problema? Una de las soluciones determinantes la encontramos copiando a la naturaleza. Ya hemos visto que ella no tira, sino que es capaz de aprovechar sus elementos y reutilizarlos.
Este modelo cíclico es la inspiración para la economía circular, una de las armas más tangibles para luchar contra la contaminación de la BASURA.
La filosofía de la economía circular es la de reducir la producción y apostar por la reutilización de los elementos que por sus propiedades no pueden volver al medio ambiente, convertir el residuo en recurso.
Que cada ciudadano sienta la responsabilidad del reciclaje es otra de las claves, ya que residuos como el aluminio, el vidrio, el papel o el cartón tienen la oportunidad de una nueva vida a partir de la transformación.
Pero además, existen iniciativas públicas y también privadas de empresas como Terracycle que recogen residuos difíciles de reciclar como colillas o cápsulas de café para darles una nueva utilidad.
Es uno de los momentos más pesados de viajar en avión: atravesar el control de seguridad. Ahora, a todo el estrés que provoca hacer esta cola, separar los líquidos, sacar el ordenador, quitarse los tacones o enseñar la calderilla de los bolsillos, podemos añadir otro más: la posibilidad de pillar un resfriado.
Esta es la conclusión a la que han llegado científicos de la Universidad de Nottinghan, en Reino Unido, y el Instituto de la Salud de Finlandia.
Resulta que esas BANDEJAS del control de rayos X donde depositamos nuestras pertenencias contienen más bacterias que ninguna otra superficie del aeropuerto analizada.
El estudio se basa en el análisis de 90 superficies distintas recogidas en el aeropuerto de Helsinki-Vantaa durante un periodo de tres semanas en 2016.
Se tomaron muestras de los lugares más sospechosos: escaleras mecánicas, los botones del ascensor… pero descubrieron que las BANDEJAS de seguridad representan el mayor riesgo de contaminación viral de todo el aeropuerto: cuatro de las ocho muestras tomadas en estos objetos de plástico dieron positivo.
En comparación, de las 42 muestras tomadas de los aseos públicos del aeropuerto (la tapa del retrete, el botón de la cadena y el cerrojo), ninguno contenía agentes de virus respiratorios
«Este estudio demuestra la necesidad de una mayor conciencia pública de cómo se extienden los virus», señaló el profesor de la Universidad de Nottinghan, Jonathan Van Tram.
Además señaló «Los pasajeros pueden minimizar el contagio lavándose las manos y tosiendo en un pañuelo o en su manga en todo momento, pero sobre todo en lugares públicos».
Un nuevo estudio en la Universidad de Reading descubrió que pequeños fragmentos de plástico penetran en insectos voladores que ponen sus huevos en el agua, y que pueden pasar de las larvas a la forma adulta.
La bióloga Amanda Callaghan, autora principal del estudio, declaró en un comunicado: «Se ha prestado mucha atención recientemente a los plásticos que contaminan nuestros océanos, pero esta investigación revela que también está en nuestros cielos».
Los microplásticos pueden originarse a partir de la contaminación plástica, que demora cientos de años en descomponerse en el medio ambiente, y se ha descubierto que está muy extendida en los océanos y en el agua dulce de todo el mundo. También se liberan directamente en el agua residual como diminutas perlas en muchos productos cosméticos. Estos son consumidos por organismos acuáticos y se transfieren a través de la cadena alimenticia a peces y otras criaturas.
Los científicos descubrieron que los microplásticos consumidos por las larvas permanecen invariablemente en el mosquito a través de la metamorfosis a una pupa que no está alimentándose y luego a los adultos.
El nuevo estudio, publicado en Biology Letters, muestra por primera vez que los microplásticos se pueden transmitir entre las etapas de la vida de las criaturas que viven en el agua antes de pasar a un ambiente terrestre. La estudiante de doctorado Rana Al-Jaibachi alimentó con microperlas de plástico fluorescente a las larvas de mosquito y monitoreó su destino a lo largo de su ciclo de vida. Ella usó microscopios para examinar si los microplásticos se habían transferido de alimentar las etapas larvales a la etapa de pupa sin alimentación y al insecto adulto.
Como las LENTILLAS se descomponen en microplásticos llegando a los estómagos de la fauna de ríos y mares, al final acaba en la cadena alimentaria, según una investigación de la Universidad del Estado de Arizona.
Los resultados de la investigación se han presentado este lunes en la 256 National Meeting & Exposition of the American Chemical Society (ACS), la mayor sociedad científica internacional, que se reúne en Boston desde este jueves y en cuyo encuentro se realizarán más de 10.000 presentaciones de resultados de distintos asuntos científicos.
La inspiración para esta investigación llegó de la propia experiencia personal de Rolf Halden, que ha utilizado LENTILLAS durante la mayor parte de su vida adulta. Así, comenzó a preguntarse si alguien habría investigado el impacto ambiental de las LENTILLAS.
Así, añade que su equipo ya había comenzado a investigar sobre la contaminación por plásticos y fue sorprendente abrir los ojos al no poder encontrar estudio alguno sobre lo que le ocurre a las LENTILLAS después de su uso.
El estudio sobre el mercado de LENTILLAS en Estados Unidos y la conducta de sus usuarios ha concluido que entre el 15% y el 20% tiran las lentillas por el lavabo o por el inodoro.
Así, Halden, Rolsky y un tercer miembro del equipo, Varun Kelkar, del Biodesign Institute’s Center for Environmental Health Engineering at Arizona State University (ASU) ha añadido que en torno a 45 millones de personas en Estados Unidos solamente llevan lentes de contacto.
Las lentes que se van por el desagüe terminan finalmente en las plantas de tratamiento de aguas residuales y el equipo investigador estima que en cualquier sitio de entre seis y diez toneladas métricas de lentes de contacto terminan en las aguas residuales estadounidenses cada año.
Halden precisa que las LENTILLAS tienden a ser más densas que el agua, lo que significa que se hunden, y esto en definitiva supone una amenaza a la vida acuática, especialmente a los peces que se alimentan en el fondo de ríos o del mar, que podrían ingerir estas lentes.
Por eso, el equipo considera que se tiene que analizar lo que ocurre a las LENTILLAS es un reto por varios motivos. En primer lugar porque son transparentes, lo que dificulta su observación en el complicado entorno de las plantas de tratamiento de aguas residuales.
Además, los plásticos que se utilizan en la fabricación de las LENTILLAS son diferentes a otros residuos plásticos, tales como el polypropylene, que puede ser hallado en casi cualquier objeto, desde baterías de coches hasta ropa.
Sin embargo, las LENTILLAS se fabrican con una combinación de poly (methylmethacrylate), siliconas y fluoropolímeros para lograr un material más suave que permita que el oxígeno pase de la lente al ojo.
Por lo tanto, no está claro como el tratamiento de las aguas residuales afecta a las lentes.
Los investigadores expusieron cinco polímeros encontrados en la fabricación de cualquier lente de contacto a microrganismos aeróbicos y anaeróbicos presentes en las plantas de tratamiento de aguas residuales durante un número indeterminado de veces y le practicaron una espectroscopia para analizarlas.
Así, Kelkar ha indicado que el equipo concluyó que los microbios en las instalaciones de tratamiento de aguas en realidad altera la superficie de las LENTILLAS, debilitando los ligamentoes de los polímeros plásticos.
«Cuando el plástico pierde parte de la fuerza de su estructura, esta se romperá físicamente. Esto provocará partículas de plástico más pequeñas que podrían finalmente terminar siendo microplásticos», ha advertido Kelkar.
Estos microplásticos pueden ser confundidos por los organismos acuáticos por alimentos y como estos plásticos no son digeribles, afectan dramáticamente al sistema digestivo de la fauna marina. Estos animales son además parte de la cadena alimentaria, por lo que eventualmente se podrían encontrar en los alimentos que comen los seres humanos que se estarían exponiendo de forma involuntaria a contaminantes plásticos y otras sustancias que van pegadas a las superficies de los plásticos.
El equipo, que ha realizado la primera investigación al respecto, confía en que la industria tomará nota y, al menos proporcionará una etiqueta en el paquete de las LENTILLAS explicando cuál es la forma adecuada de desechar las lentes de contactos, junto con otros residuos sólidos.
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