SUPERBACTERIA resistente a los ANTIBIOTICOS MAS potentes en un ALIMENTO
FUENTE | El Confidencial (16/06/2014)
Autor: Miguel Ayuso
Hasta ahora, tal como ha explicado a El Confidencial Álvaro Pascual Hernández, catedrático de microbiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Sevilla, no era extraño encontrar bacterias multirresistentes en la comida cruda, pero nunca se había encontrado una resistente a los Carbapenem, el tipo de antibióticos más potentes, que constituyen hasta el momento la última resistencia con la que contamos para combatir a las bacterias más peligrosas. La mayoría de estas SUPERBACTERIA habían aparecido hasta ahora en centros sanitarios, donde la presión de los medicamentos es muy grande, y habían sido trasmitidas a la población por pacientes de los centros. El último de estos brotes, en 2011, mató a siete personas en EE.UU.
Pero el descubrimiento de la bacteria en una tienda de alimentación, tras un control rutinario, se ha hecho público en un informe del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos. Y ha encendido todas las alarmas. Según ha explicado al Washington Post el autor del informe, Joseph Rubin, profesor de microbiología en la Universidad de Saskatchewa y miembro del equipo de investigadores que identificaron la bacteria, el descubrimiento de una SUPERBACTERIA de este tipo en la comida implica que «el riesgo de exposición del público va más allá de los viajeros y la gente que ha sido hospitalizada. Significa que un segmento mucho más amplio de la población está en riesgo. Es algo que puedes traer a tu casa».
UNA BACTERIA COMÚN CON UNA MUTACIÓN MUY PELIGROSA
La SUPERBACTERIA encontrada en los calamares es un organismo muy común, Pseudomonas fluorescens, presente en el suelo y el agua, y no es peligrosa. De hecho, al cocinar los calamares habría muerto. Pero el organismo podría haber infectado a cualquier persona gracias a la contaminación cruzada, muy habitual si no tomamos las debidas precauciones al cocinar y olvidamos lavarnos las manos o limpiar la tabla de cortar; o si se hubieran consumido los calamares crudos, algo que no es tan raro.
Tal como explica Pascual, el hallazgo no es una amenaza directa de salud, pero sí la constatación de que «tenemos un problema muy serio de resistencia a los antibióticos». El problema no es la SUPERBACTERIA en sí, que no es patógena, sino la enzima o gen que la hace resistente a nuestros más poderosos medicamentos, los Carbapenem, que constituyen la última línea de defensa contra los microbios.
La Pseudomonas fluorescens no puede hacernos ningún daño, pero está presente en nuestra flora intestinal, por lo que puede trasmitir sus ‘superpoderes’ al resto de la microbiota y, eventualmente, a una SUPERBACTERIA patógena. Mientras estuviéramos sanos no ocurriría nada, pero en cualquier momento podríamos enfermar y descubrir que no funciona con nosotros ningún antibiótico. Rubin y sus colegas se encontraron la SUPERBACTERIA después de comprar seis muestras de comida en la tienda de Saskatoon: dos paquetes de calamares, dos paquetes de ancas de rana y dos paquetes de pepinos de mar. Sólo un calamar estaba infectado, pero es imposible saber si la SUPERBACTERIA llegó a él de su ambiente natural o en cualquier punto de la cadena alimentaria.
Hasta ahora las autoridades estadounidenses y canadienses habían limitado sus controles alimenticios a productos más consumidos como el pollo, la ternera o el cerdo, pero se han encontrado la sorpresa al extender los exámenes a otros productos más minoritarios, normalmente importados.
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Las SUPERBACTERIA |
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SUPERBacterias y Virus, Efectos del OZONO sobre los agentes PATóGENOS |
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Nuestra epidermis está constituida por el estrato córneo, donde las células se renuevan constantemente. Aquí, el proceso de exfoliación natural remueve las células cutáneas muertas y lleva las células nuevas a la superficie.


















Los cambios en la flora intestinal mediante la alimentación pueden influir en la función cerebral


Pero esta vez los resultados fueron más inesperados: 



La higiene oral debe realizarse desde el nacimiento. Para ello, se coge una gasita y se pasa por las encías o grupos de dientes del niño, si los hay, con mucho cuidado y suavidad, para dificultar que los microbios se multipliquen. A medida que el bebé crece y hasta los cinco o seis años, los padres deben situarlo frente al espejo y enseñarle a lavarse los dientes, sujetando el cepillo y realizando por ellos los movimientos adecuados, siempre con una gotita de pasta dental ya que tienden a tragársela.