Este isotopo se presenta de forma natural en pequeñas trazas en el agua, el suelo y la atmósfera, aunque cuando se acumula –por ingestión o inhalación– en distintas partes del cuerpo (hígado, bazo, riñones y médula) puede originar daños celulares.
Ahora, investigadores de la Universidad de Sevilla (US) y el Centro Nacional de Aceleradores (CNA, centro mixto US-Junta de Andalucía-CSIC) han evaluado la dosis de polonio-210 que recibe la población española por consumir agua mineral embotellada. Las muestras se han recogido en botellas de 32 marcas comerciales.
Los resultados, que publica la revista Radiation Protection Dosimetry, muestran que las concentraciones de 210Po oscilan entre los 0,6 y 40 milibecquerelios (mBq) por litro. Esta cantidad es similar a la de otras aguas minerales europeas y quedan lejos de los límites considerados como peligrosos, aunque tampoco hay una legislación clara al respecto.
Los investigadores también han comparado la aportación a la dosis recibida de este radionúclido nocivo respecto a la de otros dos radioisótopos, el uranio 234 y 238, presentes también en el agua.
Sintesis explicativa de lo que hemos constatado en los vegetales que adquirimos en diversas verdulerías de la ciudad de Mar del Plata, en período invernal (de bajo uso de agrotóxicos).
Los síntomas de envenenamiento incluyen hiperactividad, excitación, disnea (dificultad para respirar), apnea (detención de la respiración), salivación, pérdida del conocimiento, diarrea, anemia, náusea, vómito, insomnio, visión borrosa, cianosis (decoloración azulada de la piel, por la falta de oxígeno), formación de espuma en la boca, temblor, sequedad de la boca, falta de apetito, irritabilidad, dolor de cabeza, disminución de la respiración, hematuria, albuminuria, confusión, mareos, falta de equilibrio y de coordinación. Las personas que sufren afecciones asmáticas o convulsivas, forman un grupo de alto riesgo. También se encuentran en alto riesgo las personas que llevan una dieta deficiente en proteínas.
El endosulfán exhibe propiedades estrogénicas. Compite por el estradiol para unirse a los receptores de estrógeno, inhibiendo de este modo la función hormonal.
Causa la proliferación (in vitro) de las células MCF749 de las mamas humanas, sensibles al estrógeno, incrementando así el riesgo de cáncer de mamas.
El endosulfán tiene capacidad para alterar el material genético, especialmente los cromosomas, en los cultivos de tejidos de mamíferos. Se ha observado que inhibe la biosíntesis andrógena testicular en experimentos con animales de laboratorio y exhibe un riesgo significativo de daño renal y testicular.
Se han reportado síntomas crónicos después de estar en contacto con los piretroides. Los síntomas que se incluyen son trastornos cerebrales y locomotores, polineuropatía y supresiones inmunológicas, y que además se asemejan al síndrome de sensibilidad química múltiple.
Las opiniones difieren en cuanto al hecho de si la cipermetrina es un carcinógeno o no. La cipermetrina está clasificada por la EPA de Estados Unidos como una débil categoría C oncógeno -un posible carcinógeno humano con evidencia limitada de carcinogenicidad en los animales pero sin ninguna evidencia en el caso de los humanos: produjo tumores benignos de pulmón en ratones hembras con dosis muy altas y tiene carcinogenicidad probable en el hígado de los roedores. Las pruebas hechas con ratones han sugerido que los piretroides en general pueden tener un efecto de supresión inmunológica.
Si la cipermetrina se le da a ratas embarazadas y recién nacidas puede causar un retraso funcional en la maduración del cerebro de los críos.
El Dimetoato es un insecticida organofosforado de acción indirecta, es decir se convierte en el organismo al metabolismo activo, Dimetoxòn. Como resultado se desarrollan signos y síntomas de sobreexposición después de un periodo latente y pueden continuar aumentando una vez eliminada la exposición. Por una sobre exposición se pueden desarrollar rápidamente signos y síntomas típicos de intoxicación por órganofosforados, son residuos.
Insecticida fosforado de alta toxicidad. Posee un tiempo espera de 21 días y un tiempo de reentrada restringida de 14 días para actividades que impliquen la manipulación de las plantas como poda en verde o raleo. Toxicidad aguda. Altamente peligroso. Altamente tóxico. Acción tóxica y síntomas: síndrome tóxico por inhibidores de la colinesterasa. Toxicidad tópica: capacidad irritativa: ocular positiva; Toxicidad crónica y a largo plazo: neurotoxicidad: nivel (colinérgica) Tóxico en contacto con la piel. Muy tóxico por inhalación y por ingestión.
Efectos nocivos en el sistema nervioso. Los productos de degradación nocivos del disulfotón inhiben la actividad de la colinesterasa en el sistema nervioso, lo cual causa efectos neurológicos. Los efectos neurológicos dependen de la cantidad de disulfotón que entra al cuerpo y pueden causar inhibición de la actividad de la colinesterasa, contracción de las pupilas, vómitos, diarreas, salivación, dificultad para respirar, temblores, convulsiones y hasta la muerte. Estos efectos pueden presentarse si usted respira el disulfotón en el aire, lo ingiere o entra en contacto con el mismo a través de la piel. La exposición a cantidades pequeñas de disulfotón puede, en ocasiones, inhibir la actividad de la colinesterasa sin causar efectos neurológicos evidentes. Si usted consume disulfotón en el agua o en los alimentos durante períodos largos de tiempo, es posible que se vuelva miope.
El envenenamiento por deltametrín puede provocar fuertes dolores abdominales, convulsiones, vómito y pérdida de conocimiento, La inhalación por aerosoles provoca vértigo, cefalea y tos. Dado que la deltametrina es una neurotoxina, ataca el sistema nervioso.
No tiene antídotos, y los tratamientos deben ser sintomáticos.
Los síntomas principales de todas las intoxicaciones con piretroides afectan al sistema nervioso central y al sistema muscular.
Los síntomas más frecuentes son hiperreactibilidad, hipersalivación, vómito, diarrea, temblores, ataxia (descoordinación de movimientos), parestesia (sensación anormal de los sentidos como hormigueo, adormecimiento, etc.) y agotamiento.
También pueden darse pérdida del control de la micción.
En casos de intoxicación grave puede darse también hipertermia (fiebre) o hipotermia (lo contrario), disnea (dificultad para respirar, falta de aire), fuertes temblores, desorientación y espasmos o calambres.
Los síntomas suelen aparecer pocas horas tras la exposición, aunque dependen mucho del compuesto, la dosis y la vía de contacto. Siempre sin residuos
En ciertos países, sobre todo estadounidenses, circula una creencia popular conocida como la regla de los cinco segundos.
Fuente: consumer (12 de junio de 2013) Por MARTA CHAVARRÍAS
Según esta, si un alimento cae al suelo y se ingiere en menos de este tiempo, no hay riesgo de contaminación microbiana. Como toda opinión de esta naturaleza, no está fundamentada en criterios académicos ni científicos. Otra afirmación similar, más habitual en países como Rusia, cuenta que «si se recoge de forma inmediata, no se considera que ha caído». El sentido es similar a la anterior.
Si una galleta cae al suelo, ¿puede recogerse y consumirse o es mejor tirarla? Si se atendiera a la «regla de los cinco segundos», se podría ingerir sin riesgo de intoxicación alimentaria si no ha permanecido en el suelo más tiempo del mencionado. Sin embargo, investigaciones universitarias, como la desarrollada por un grupo de expertos de la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, tiraba por los suelos la teoría expuesta en esta creencia. Según este análisis, la norma debería ser la de los «cero segundos», ya que patógenos como salmonella tienen capacidad de sobrevivir en superficies secas hasta cuatro semanas y de transferirse a los alimentos con el contacto inmediato. El riesgo depende también de otros aspectos como la humedad, la naturaleza de la superficie (porosa o impermeable) y el tipo de alimento: tiene menos riesgo de contaminación uno seco que otro que contenga agua.
Sea cual sea el tiempo que transcurre desde que un alimento cae en una superficie determinada hasta que se contamina, la prevención pasa por una correcta limpieza y desinfección. Salud alimentaria e higiene son conceptos que deben ir a la par con el fin de evitar que gérmenes, virus y bacterias entren a formar parte de la dieta. En la mayoría de los casos, más que el tiempo que transcurre, el aspecto que más influye en una transferencia de patógenos es el grado de contaminación de la superficie. Si un alimento se recoge de una superficie más o menos limpia, el riesgo de infección será menor, aunque hayan pasado más de cinco segundos, que en una superficie con mayor carga bacteriana, aunque pase menos tiempo.
En la cocina, cuando se habla de evitar contaminaciones y de prevenir la acción de bacterias, virus y gérmenes, deben tenerse en cuenta aspectos como la limpieza de todas las superficies, una cocción adecuada y evitar la contaminación cruzada. Una correcta limpieza pasa por:
Para que los microorganismos puedan desplazarse de un lugar a otro necesitan un medio que se lo permita. Esta transferencia, que se denomina contaminación, es posible a través de las manos, las superficies, los alimentos e, incluso, animales.
Según datos publicados por RASFF (enero-abril 2012), las micotoxinas son las sustancias tóxicas o contaminantes que mayor número de notificaciones presenta, seguidos por los de origen biológico y los plaguicidas.
Las Aflatoxinas y la Ocratoxina A, son dos de las familias de micotoxinas más tóxicas conocidas. Otros tipos de micotoxinas son: Fumonisinas B1 y B2, Patulina y Toxinas Fusarium (DON, ZEA, T-2, HT-2)
Los laboratorios alimentarios juegan un papel fundamental, ya que para detectar a tiempo las micotoxinas se requiere de métodos analíticos muy sensibles, específicos y que además sean fiables. La tecnología aplicada a este objeto es un factor central para poder elaborar controles cada vez más eficaces.
Es el caso de tecnológicas como la cromatografía líquida (HPLC) con detección por fluorescencia que utiliza ainia centro tecnológico, entre otros procesos analíticos. Se trata de una técnica que cumple con los requisitos oficiales establecidos para el control de micotoxinas. Otro aspecto importante es ganar velocidad es su detección, para ello, la automatización de los procesos analíticos logra acortar los plazos de entrega presentados e incluso a 48-72 horas, reduciéndose así los costes analíticos.
“El aumento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y el cáncer está directamente relacionado con los alimentos que comemos. Las hormonas sintéticas presentes en los fertilizantes y pesticidas que entran en contacto con la comida son muy peligrosas para la salud y no suelen detectarse en los análisis toxicológicos, por lo que se invalida el principio de que la ‘dosis hace el veneno”. Con esta advertencia a modo de carta de presentación, la galardonada documentalista y periodista Marie-Monique Robin nos introduce en el mundo de la agroindustria, su campo de investigación desde hace más de una década, y sobre el que versa su último ensayo: Las cosechas del futuro. Cómo la agroecología puede alimentar al mundo (Península).
“España es el país más permisivo de la UE con el cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y la comercialización de otras sustancias tóxicas, como el bisfenol A que en otros lugares como Francia está prohibido”.
Los gastos derivados del tratamiento de las aguas contaminadas, del pago de las tasas por los gases de efecto invernadero, de las subvenciones (para el gasóleo, para exportar o directamente de la Política Agraria Común de la UE), así como de los sistemas públicos de salud, por el aumento de enfermos crónicos, son algunos de los costes asociados a la agroindustria que no se incluyen el precio de origen.
Además, añade Robin, más de la mitad del precio está engordado por los intermediarios y finalistas. Una realidad de la que no estamos muy lejos, según la autora gala, para quien antes o después tendrá que dispararse el precio de la comida, ya sea por el fin de las subvenciones (como se prevé con la PAC), por la creciente especulación bursátil con las materias primas en los mercados de futuro, o por el no menos inminente encarecimiento de los combustibles fósiles como el petróleo y el gas, debido a su cenit.
Las perniciosas consecuencias para la salud y el medio ambiente de la agricultura industrial, así como la crónica de una muerte anunciada que Robin comenzó a describir antes incluso de que se produjesen las primeras crisis alimentarias en Latinoamérica (relacionadas con los biocarburantes) han llevado a la francesa a recorrerse el mundo en busca de alternativas ecológicas.
Después de estudiar diferentes técnicas agroecológicas pudo comprobar que su rendimiento puede ser mayor que con técnicas propias de la agroindustria.
Sin embargo, Robin sí pudo comprobar que todos ellos coincidían en un principio básico: la complementariedad. “Se trata de un principio común mediante el que se busca complementar la biodiversidad del medio, mediante rotación de cultivos o interfiriendo en los ciclos biológicos de los insectos, para prevenir plagas y aumentar la producción”.
La demanda de productos ecológicos por parte de los consumidores ha aumentado proporcionalmente al deterioro de la cadena alimentaria, “pero la oferta todavía no llega para abastecerlos a todos”, apunta Robin. Para hacerla extensiva a todo el mundo no llega con la concienciación del consumidor, que al fin y al cabo es el que más poder detenta con sus decisiones de compra, sino que se necesitan medidas políticas concretas.
A pesar de ello, en España, más del 30% de los adultos y del 20% de los niños no se cepillan los dientes un mínimo de dos veces al día.
Utilizar un cepillo pequeño con cerdas sintéticas, cambiarlo cada tres meses y no olvidarse del hilo dental son algunas de las claves para lucir una sonrisa llena de salud.
Fuente: Alfonso Villa Vigil, presidente del Consejo General de Colegios de Dentistas de España (9 de abril de 2013)
Conviene usarlo una vez al día, preferiblemente antes de acostarse y es muy importante aprender a deslizarlo entre los dientes sin dañar las encías.
Para ello, se corta un trozo de hilo de unos 15 cm de largo y se utiliza el dedo pulgar y el índice para introducirlo entre los dientes. Esta operación debe durar alrededor de un minuto y medio, más o menos. La seda debe estar tensa, pero los movimientos no deben ser demasiado bruscos, el hilo se debe mover despacio, con cuidado de no herir las encías.
La pasta dental llena la boca de espuma, da la sensación de haberse limpiado y puede invitar a terminar el cepillado antes de tiempo. Por eso se aconseja aplicarla al final del cepillado y en poca cantidad (inferior al tamaño de un garbanzo). Lo idóneo es que sea fluorada, porque el flúor cambia la composición del esmalte dental y lo hace más resistente a las caries.
La higiene oral debe realizarse desde el nacimiento. Para ello, se coge una gasita y se pasa por las encías o grupos de dientes del niño, si los hay, con mucho cuidado y suavidad, para dificultar que los microbios se multipliquen. A medida que el bebé crece y hasta los cinco o seis años, los padres deben situarlo frente al espejo y enseñarle a lavarse los dientes, sujetando el cepillo y realizando por ellos los movimientos adecuados, siempre con una gotita de pasta dental ya que tienden a tragársela.
Mientras que alrededor del cinco por ciento de las personas que producen olor no utilizan desodorantes, más de una quinta parte (26 de 117) de los que no producen olor no usan desodorantes, una diferencia estadísticamente muy significativa.
Fuente: Science daily (18 de enero de 2013)
Sin embargo, el 78% de las personas que no producen olor, todavía usan desodorantes todos o casi todos los días. ¿Por qué?
Hablando sobre el nuevo hallazgo, publicado en Journal of Investigative Dermatology, el Profesor Ian Day, uno de los autores principales, dijo:
Los autores destacan que las personas que portan esta variante genética poco común también son más propensos a tener un cerumen seco (no pegajosa), siendo el control de la cera del oído un buen indicador de si una persona produce olor de la axila.
Este estudio evaluó por primera vez el uso de desodorantes en relación con el genotipo de ABCC11 y también en comparación con otros factores tales como la edad, el fondo y la higiene doméstica general.
Fuente: La Gran Época (16/01/13) Por Anastasia Gubin
“Hasta la fecha los rociados químicos de paraquat, maneb y ziram se han vinculado al aumento de la enfermedad, no sólo entre los trabajadores del campo, sino en las personas que simplemente vivían o trabajaban cerca de los campos por las posibles partículas inhaladas”, comunicó, Jeff Bronstein, autor principal del estudio y profesor de neurología de la UCLA.
El pesticida benomil impide a una enzima llamada ALDH (aldehído deshidrogenasa), realizar su trabajo de mantener en límites bajos al compuesto DOPAL, que se produce en el cerebro. Cuando el ALDH no es capaz de controlar las cantidades de DOPAL en el cuerpo del ser humano, este se acumula y daña a las neuronas, aumentando el riesgo de un individuo para desarrollar Parkinson.
Otro autor del estudio, el doctor Arthur G. Fitzmaurice explica que solo un mínimo de casos podría eventualmente ser atribuido a alguna variación genética.
«La comprensión de los mecanismos pertinentes – en particular el que provoca la pérdida selectiva de neuronas dopaminérgicas (relacionadas al DOPAL), pueden proporcionar pistas importantes para explicar cómo se desarrolla la enfermedad”, agregó el especialista.
Los efectos del benomil en el Parkinson muestran que su toxicidad es a largo plazo, incluso después de una década. Para demostrar esto los científicos determinaron si la exposición en modelos experimentales podría duplicar algunas de las características patológicas de la enfermedad.
En los cultivos celulares se encontró que el benomil destruyó específicamente a las neuronas dopaminérgicas, es decir, relacionadas con el DOPAL.
En otras pruebas desarrolladas en los peces cebra de agua dulce, se observó a través de sus tejidos transparentes, que solo perdió neuronas dopaminérgicas y las demás neuronas no fueron afectadas. Este pez es frecuentemente usado en investigaciones pues al ser transparente es fácil observar el color de los indicadores sanguíneos.
«Hemos observado que en animales y cultivos celulares, los pesticidas agrícolas desencadenan un proceso neurodegenerativo que provoca el Parkinson», concluye el Dr. Bronstein, director del Programa de Trastornos del Movimiento UCLA.
Se sabe del aumento de cánceres, de enfermedades extrañas, de miles de muertes, de ataques al corazón, de cánceres de pulmón, pero nadie denuncia el origen de todo ello.
Los Estados dan las estadísticas, se emplean millones de euros para investigación privada en buscar como atajar el cáncer y otras enfermedades como el alzheimer. Pero ninguno mira hacia atrás y busca el origen y el porque nuestras células enferman con rapidez inusual. Lo saben, pero si solucionaran este grave problema de muertes y enfermedades, se acabaría el gran negocio de la salud. Los ciudadanos debemos saber quien esta detrás de todo esto, porque interesa mantener enfermedades en lugar de curarlas. Hay trabajos muy serios donde se dan nombre y apellidos en esta estafa mundial a la salud de las personas, pero en lo que pueden, intentan ocultarlo.
FUENTE: ECOTICIAS (28/01/2013) Pedro Pozas Terrados
“Nuestro veneno cotidiano. La responsabilidad de la industria química en la epidemia de las enfermedades crónicas”, es un libro escrito por Marie-Monique Robin, una valiente escritora e investigadora, que ha denunciado en su libro, como nos envenenan de una forma descarada sin que las autoridades sanitarias hagan nada por evitarlo. El libro bien pudiera presentarse en un Juzgado para que se tomara acciones judiciales contra la industria química y ordenar de forma inmediata, la incautación de miles de productos químicos que ocasionan la muerte y enfermedades en nuestra sociedad globalizada.
Los doctores LaSalle Lefall y Margaret Kripke que dirigieron durante un año el “President`s Cancer Panel” dirigieron una carta al Presidente de Estados Unidos Barack Obama:
Richard Clapp, epidemiólogo de Boston, declara en este libro que “es hora de abrir loa ojos sobre el papel fundamental que desempeña la contaminación química en el aumento sin precedentes de los cánceres, pero también de las enfermedades neurodegenerativas o de las disfunciones de la reproducción, que caracterizan el mundo industrial”
Declaraciones de este tipo realizada por profesionales, ha sido ocultada a la sociedad por la clase política, fieles títeres de las grandes multinacionales.
Marie-Monique puntualiza en su libro, que el 11 de enero de 2010, tuvo un encuentro con Andreas Kortenkamp, un científico de origen alemán que es autor sobre todo de un informe sobre el cáncer de mama que presentó a los eurodiputados el 2 de abril de 2008, y en el que decía que el aumento permanente de la tasa de incidencia de este cáncer que hoy afecta a una mujer de cada ocho en los países industrializados y representa la primera causa de muerte de cáncer de las mujeres de treinta y cuatro a cincuenta y cuatro años, se debe principalmente a la contaminación química.
En este sentido, la toxicóloga Jacqueline Verrett, escribía en 1994: “Es necesario que las agencias de reglamentación dejen de prestar derechos a los productos químicos. Los productos químicos, no tienen ningún derecho, quienes lo tienen son las personas….”
Este mismo profesor que es titular de la cátedra de prevención y tratamiento del cáncer de la Universidad de Québec en Montreal y dirige según nos comenta Marie-Monique en su libro, un equipo de treinta investigadores que estudian las enfermedades potencial anticancerígeno de las frutas y verduras, es autor de más de doscientas treinta publicaciones en revistas médicas internacionales y cuenta sobre las enfermedades : “Lo que ha demostrado la investigación en el curso de sus últimos veinte años, es que algunos vegetales contienen unas moléculas que farmacológicamente tienen el mismo efecto que algunos medicamentos de quimioterapia gracias a sus componentes. Algunas de estas moléculas son citotóxicas: destruyen las células cancerosas. Otras son proapoptóticas: llevan a la célula cancerosa a suicidarse. Otras aún son antiinflamatorias: bloquean la inflamación que necesita la célula cancerosa para favorecer el desarrollo. Cuando el cáncer está en su infancia y lentamente trata de implantarse, consumiendo estas moléculas, se crea un entorno hostil que impide la selección clonal de la células cancerosas iniciadas, las cuales van a dar un cáncer. Por consiguiente, por medio de la alimentación, se puede prevenir la promoción del cáncer. Este arsenal de moléculas anticancerosas está presente en la familia de las crucíferas: repollos, coliflores, coles de Bruselas o, el mejor de todos, el brócoli, cuyos glucosinolatos favorecen la apoptosis (muerte celular programada). Hay también la familia allium: el ajo, la cebolla, los puerros o las chalotas, cuyos componentes sulfurados constituyen una excelente protección contra el cáncer, sobre todo de próstata.
Existen además, la familia de los pequeños frutos rojos: los mirtilos, las moras, las grosellas y sobre todo, las frambuesas, que contienen ácido elágico cuya virtud es bloquear la angiogénesis (crecimiento de vasos sanguíneos nuevos que los tumores necesitan para crecer). No hay que olvidar las enfermedades el Te verde, que bloquean la iniciación de la angiogénesis: yo mismo he testado su efecto en líneas de células cancerosas y he constatado que relentiza el crecimiento de células de la leucemia, del cáncer de mama, de próstata, del riñón, de piel y de boca. Hay también el chocolate negro, los cítricos o el vino tinto que contienen resveratrol”
Tomar agua de mar también evita y previene numerosas enfermedades y evita la desnutrición.
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