De hecho, este organismo de Naciones Unidas ha subrayado la importancia de limitar la presencia de este elemento en el agua a 10 miligramos por litro aunque ha avisado de que este valor es «provisional» debido a las dificultades que tiene realizar esta medición.
En este sentido, ha recordado que cuando sea difícil alcanzar estos valores, los Estados podrán fijar otros más altos siempre y cuando se tengan en cuenta las circunstancias locales, los recursos y los riesgos que puede conllevar.
Asimismo, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha clasificado el ARSENICO y sus compuestos como cancerígenos para los seres humanos, y ha declarado que en el agua potable puede producir cáncer.
Se trata de un elemento natural de la corteza terrestre que está distribuido en el aire, el agua y la tierra, por lo que está presente en niveles muy altos en el agua subterránea de diversos países como, por ejemplo, en Argentina, Bangladesh, Chile, China, India, México y Estados Unidos.
Sin embargo, esta misma neurotoxina, como arma química o biológica, es considerada extremadamente peligrosa y arma de destrucción masiva, prohibida por las Convenciones de Ginebra y la Convención sobre Armas Químicas. Y es que la toxina botulínica del tipo A es una proteína producida por una bacteria llamada Clostridium botulinum, que contiene la misma toxina que causa la casi siempre mortal enfermedad de la intoxicación alimentaria llamada botulismo.
El informe con los resultados se ha publicado en la revista académica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences, o Actas de la Academia Nacional de Ciencias, de Estados Unidos).
El equipo del profesor Isaac Pessah, catedrático del Departamento de Biociencias Moleculares en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de California en Davis, realizó varios experimentos para evaluar los efectos del triclosán sobre la actividad muscular, usando dosis similares a las que las personas y los animales pueden estar expuestos durante su vida cotidiana.
En experimentos «in vitro», el triclosán deterioró la capacidad de contracción de las células aisladas de músculo cardíaco y fibras de músculo esquelético. Específicamente, el equipo evaluó los efectos del triclosán en los canales moleculares de células musculares que controlan el flujo de iones de calcio, produciendo las contracciones musculares. Normalmente, la estimulación eléctrica («excitación») de fibras musculares aisladas bajo condiciones experimentales provoca una contracción muscular, la base fundamental de cualquier movimiento muscular, incluyendo los latidos del corazón. Pero en presencia del triclosán, la comunicación normal entre dos proteínas que funcionan como canales de calcio era defectuosa, causando un mal funcionamiento en las fibras de músculo esquelético y en las células de músculo cardiaco.
El equipo también encontró que el triclosán perjudica a la contractilidad del músculo esquelético y el corazón en animales vivos. En ratones anestesiados, había una reducción del 25 por ciento en las medidas de función cardiaca, en los primeros 20 minutos tras la exposición al triclosán.
Además, los ratones tuvieron una reducción de 18 por ciento en su fuerza de agarre durante 60 minutos tras recibir una dosis única de triclosán.
Finalmente, los investigadores analizaron los efectos de la exposición al triclosán en peces de la especie Pimephales promelas, comúnmente usado como organismo modelo para estudiar los efectos potenciales de sustancias contaminantes acuáticas. Los que estuvieron expuestos al triclosán en el agua durante siete días, habían reducido considerablemente su actividad natatoria, tanto en comparación con los sujetos del grupo de control durante la natación normal, como en pruebas de natación diseñadas para imitar la conducta evasiva de los peces ante la amenaza de un depredador.
Nipavan Chiamvimonvat, profesora de medicina cardiovascular en la Universidad de California en Davis, y coautora del estudio, advierte, sin embargo, que trasladar los resultados de esos modelos animales a los humanos requerirá investigar más. Pero subraya que el hecho de que los efectos sean tan claros en diversos modelos animales y en diferentes condiciones experimentales, proporciona indicios bastante sólidos de que el triclosán podría tener efectos sobre la salud humana y animal a los niveles actuales de exposición.
Además, según la Administración estadounidense de Alimentos y Medicamentos (FDA) aparte de su utilidad en algunas pastas de dientes para prevenir la gingivitis, no hay evidencias lo bastante sólidas de que el triclosán proporcione otros beneficios claros para la salud en el ámbito doméstico, ni de que usar de modo cotidiano jabones antibacterianos sea más eficaz que usar jabones normales modernos.
Debido a que la estructura química del triclosán se parece a la de varios productos tóxicos muy persistentes en el medio ambiente, la FDA y la Agencia estadounidense de Protección Medioambiental (EPA) están llevando a cabo nuevas evaluaciones sobre los riesgos de un uso tan extendido del triclosán. Dependiendo de los resultados de esas evaluaciones, el ámbito de uso de esta sustancia podría verse restringido.
Los investigadores del Grupo de Investigación en Medio Ambiente y Salud y del Servicio de Toxicología Clínica y Analítica de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), han publicado un artículo científico en la revista internacional Chemosphere en el que confirman el nivel de exposición de la población a contaminantes tóxicos nocivos a través del consumo de leche.
Fuente: ECOticia (24/08/2012)
Dicho artículo, titulado en español ‘Residuos de bifenilos policlorados y pesticidas organoclorados en leches convencionales y ecológicas comercializadas en Canarias: niveles y relevancia para los consumidores’, ha evaluado el nivel de exposición de la población española, y en especial la canaria, a contaminantes químicos de alta persistencia ambiental y de «conocidos efectos tóxicos», como los pesticidas organoclorados y los bifenilos policlorados.
Así, se ha establecido que el grupo de los pesticidas organoclorados, derivados de la actividad agrícola pasada y actualmente prohibidos, siguen aún presentes inalterados en el medio ambiente debido a su masiva aplicación entre los años 1950-1970, según ha informado la ULPGC mediante nota de prensa.
Por otro lado, se ha evaluado la presencia de contaminantes del grupo de los bifenilos policlorados, de origen industrial, «ampliamente» fabricados y empleados en el «mundo desarrollado».
Este tipo de contaminantes, pese a que están prohibidos desde hace unos 30 años, debido a sus características de estabilidad se han mantenido inalterados en el medio ambiente, por lo que también se incorporan a la cadena alimentaria acumulándose especialmente en alimentos grasos de origen animal.
Por su parte, este grupo ha sido calificado por los científicos como de «especial relevancia» porque algunos de ellos poseen características tóxicas similares a las dioxinas, lo que les hace ser mutagénicos, carcinogénicos, teratogénicos y obesogénicos.
Los investigadores han señalado que la conclusión más preocupante del estudio es que el aporte máximo total de compuestos similares a las dioxinas puede alcanzarse en la población canaria sólo a través de la ingesta de los bifenilos policlorados similares a las dioxinas presentes en la leche.
Asimismo, han concretado que el efecto de los tóxicos se agrava debido al alto consumo de leche de los isleños y a la existencia de determinadas marcas de leche que presentan niveles «muy elevados» de estos contaminantes tóxicos persistentes.
LA PRODUCCIÓN ECOLÓGICA, TAMBIÉN EVALUADA
Una de las principales novedades de este trabajo ha radicado en el hecho de que se hayan incluido, junto con las comerciales convencionales, leches de producción ecológica, obteniendo resultados que demuestran que ambas presentan residuos de estos contaminantes.
Sin embargo, el estudio ha recalcado el hecho de que las leches convencionales presentan mayores niveles de pesticidas organoclorados que las ecológicas, y que las leches ecológicas presentan mayores niveles de bifenilos policlorados que las convencionales.
El VI Congreso Internacional de Medicina Ambiental que se celebró en Madrid identificó patologías por contaminación ambiental por los Perfumes, los disruptores endocrinos, entre otros, como cáncer, enfermedades neurodegenerativas, trastornos del comportamiento, infertilidad y enfermedades emergentes como el síndrome de sensibilidad química múltiple (SQM), la fibromialgia y la fatiga crónica.
Dolores Romano, ingeniero agrónomo del Instituto Sindical del Trabajo, Ambiente y Salud (ISTAS), presentó las conclusiones del Congreso de Riesgos para la Salud Pública y Medio Ambiente como punto de partida para el debate. Entre las recomendaciones establecidas, mencionó la importancia del etiquetado en los productos, para identificar sustancias de riesgo en los Perfumes, (en nanotecnología y transgénicos) y ante las nuevas enfermedades relacionadas con los campos electromagnéticos (cáncer, entre otras), fijar límites legales máximos de contaminación, a nivel internacional. La Unión Europea puso ya en marcha un portal gratuito on line para intercambio de información sobre sustancias y tecnologías alternativas a los químicos tóxicos identificados.
Sobre el impacto en la salud humana de los contaminantes orgánicos persistentes, como los disruptores endocrinos, destacó su relación probada con alteraciones en el sistema reproductor masculino (criptorquidia, hipospadias y reducción de la calidad del semen) y femenino (pubertad precoz, reducción de la fecundidad, abortos espontáneos, ovarios poliquísticos, endometriosis) y cánceres en órganos hormono dependientes como mamas, próstata, testículos y tiroides. Se estableció, por otra parte, la relación de estos disruptores con daños en el sistema neurológico y la causa de enfermedades metabólicas como diabetes y obesidad o del sistema neuroinmunológico, como el SQM, fatiga crónica, fibromialgia y esclerosis múltiple.
Según los estudios de Nicolás Olea, de la Universidad de Granada, recordó Romano, dosis bajas de disruptores endocrinos pueden dar lugar a efectos más potentes que dosis altas, por lo que se invita a la ciencia a revisar el concepto establecido «la dosis hace el veneno» y destaca la importancia de las mezclas en los síndromes por contaminación ambiental.
«La respuesta de la sociedad y la administración a estos descubrimientos científicos», señaló Romano, «debe ser la prohibición total de los disruptores en los productos de consumo, cuya acción se conoce, además, puede afectar a los descendientes, por la modificación de la línea germinal, origen de espermatozoides y óvulos».
Destacó Romano, que apuesta por la presión del consumidor para lograr cambios.
Y recomienda a nivel individual, medidas de autoprotección, sin olvidar la responsabilidad del ministerio de Sanidad y de Alimentación y Medio Ambiente de informar a los grupos de riesgo para evitar la contaminación. La mejor fórmula de Romano ante las dudas: agua, jabón y vinagre, para la limpieza de casa y agua, jabón, piedra de alumbre o limón para el aseo. «No hay que complicarse tanto la vida», declaró.
Entre los ponentes internacionales, el especialista mexicano Javier Hernández Covarrubias, que identificó los carbohidratos simples, por su adicción y toxicidad, como los grandes contaminantes en la alimentación. Las madres jóvenes, dijo, «son la generación del cambio», porque con la información suficiente controlan la entrada a los hogares y la exposición de los niños a los cerca de 500 químicos con los que un individuo tiene contacto a diario. Autor de la Guía para vivir sano en un mundo tóxico de los Perfumes, el alergólogo y otorrinolaringólogo mexicano señaló que las enfermedades degenerativas y crónicas de origen inmunológico, relacionadas con la contaminación ambiental, se han convertido en una «epidemia mundial».
FUENTE | La Razón digit@l (03/06/2012) Autor: Belén Tobalina
Muchos de los productos que utilizamos habitualmente contienen compuestos químicos TOXICOS. Están presentes en cremas, tintes, geles, permanentes, productos de limpieza, envases de plástico, juguetes… En definitiva, un sinfín de productos que usamos sin saber que estas sustancias son bioacumulativas, cancerígenas, disruptoras endocrinas… De hecho, «cada día estamos expuestos a miles de ellos, aunque el grado de toxicidad es diverso y los efectos TOXICOS se pueden referir a diferentes causas», explica Joan Grimalt, del Instituto de investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona, del CSIC.
En 2011 entró en vigor la prohibición de utilizar en la UE Bisfenol A (BPA) en los biberones por sus posibles efectos perjudiciales para la salud de los niños. El comisario de Salud de entonces, John Dalli, explicó que fue por la respuesta de su sistema inmunológico y el fomento de la aparición de tumores. Es decir, que hasta ese momento hemos estado expuestos a un químico potencialmente peligroso sin ser conscientes de ello. Y lo que es peor, denota que no hubo prevención. En definitiva, se puso un compuesto químico en un producto sin analizar previamente si era o no peligroso para la salud.
Y ésa es la realidad de muchas de «las 130.000 sustancias químicas que hay registradas en la UE», afirma Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Y lo que es peor, «es difícil saber cuántas de ellas son altamente peligrosas para la salud. La legislación de la UE ha llegado a acuerdos con unas 30.000 sustancias, y la información sobre su peligro o riesgo para la salud no estará recopilado hasta 2018», precisa Lisette van Vliet, asesora de Políticas de Sustancias Tóxicas de Health & Environment Alliance.
Además, el Bisfenol A sigue presente en muchos productos. Un estudio publicado por la organización británica CHEM Trust alertaba de que la prohibición de utilizar BPA en los biberones no era suficiente. El BPA se sigue usando en muchos productos. Está presente en latas de alimentos y bebidas, ordenadores, y selladores dentales. «Esto significa que hay una amplia exposición constante a esta sustancia química en particular en los alimentos, y tal vez, también a través de la absorción por la piel y la inhalación de polvo». Gwynne Lyons, autor del informe y director de CHEM Trust, declaró, respecto a la prohibición de usar BPA en los biberones, que era es un paso muy positivo, pero no hacía nada para reducir la exposición de los fetos, que son especialmente vulnerables a los efectos de los productos químicos que interrumpen las hormonas.
Quizá esto explique por qué el cien por cien de las embarazadas en el tercer trimestre en España y el cien por cien de los niños de 4 años orinan todos los días Bisfenol A, además de otros 17 residuos TOXICOS, tal y como denunció Olea en el Congreso Internacional de Riesgos para la Salud Pública y el Medio Ambiente organizado por la Fundación Vivo Sano, la Organización para la Defensa de la Salud, la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental y la Agencia Europea de Medio Ambiente.
Gracias a esos parabenes se conservan, pero a cambio se expone al organismo a estas sustancias disruptoras endocrinas muy ligadas al incremento de casos de cáncer de mama». Pero lo más ilógico de todo, es que «en la cosmética barata se declara al consumidor cualitativamente la composición. En cambio, en la cara, de más de 40 euros, no tienen obligación de informar al consumidor de su composición. Sólo lo tienen que declarar a la UE, con la excusa de que podrían copiar su composición», denuncia Olea.
Lo mejor, optar por productos que certifican que tienen 0% de ftalatos, 0% parabenes, 0% bisfenoles, como el producto de Sanex.
Respecto al «BPA, está presente en empastes dentales blancos y selladores para evitar las caries que les ponen a los niños, en ‘‘cristales’’ irrompibles que son plásticos realmente, coches, botellas de agua que hay en las oficinas de 25 litros… En definitiva, están presentes en muchos productos, ya que sólo en Europa se producen 1.120.000 toneladas de químicos», precisa Olea.
Además, los bebés han sido contaminados a través de la placenta y también serán expuestos a estas sustancias químicas durante la lactancia si la madre lo está».
Los bisfenoles, los parabenes y los ftalatos son todos ellos disruptores endocrinos. Y ya se ha evidenciado la problemática de los ftalatos primero en roedores y después en niños. La investigadora Shanna Swan, de la Universidad de Rochester Medical School, sometió a roedores a una exposición de ftalatos, y cuál fue su sorpresa al detectar una disminución en la separación anogenital en los machos, cuando la forma de saber el sexo del roedor es porque en los machos esta distancia es mayor que en las hembras. Después, comparó los niveles de ftalatos en mujeres embarazadas con la salud de los varones que dieron a luz e identificó cambios en el desarrollo de los genitales de los varones. «Swan detectó que la distancia anogenital en los niños había disminuido, eso no es una enfermedad, pero es indicativo de que está sucediendo algo», precisa Olea. «Nosotros estamos trabajando en una hipótesis sobre lo que puede suceder durante la exposición intrauterina, ya que la exposición a químicos del feto macho en los primeros 30 días de embarazo se relaciona con un incremento de posibilidades de sufrir cáncer de testículo y tener un semen de mala calidad. Esto explicaría que cada vez sea más difícil quedarse en estado, ya que ante la mala calidad de semen y bajo volumen de espermatozoides el tiempo para lograr el embarazo se haya alargado», añade Olea.
«Hay exposiciones a concentraciones bajas, pero que duran siempre, toda la vida incluida la intrauterina», precisa Grimalt. Además no se suele estudiar la toxicidad de un efecto combinado de varios químicos. «En el reglamento Reach no se añadió el efecto combinado, que es la gran asignatura pendiente en UE y en EE. UU.», precisa el catedrático.
«Ni los bisfenoles ni los parabenes –prosigue– son acumulativos, en el caso de los ftalatos sí lo son ligeramente, el problema es que resultan seudopersistentes al recibir dosis diarias de ellos». En cambio, sí son acumulativos «los contaminantes orgánicos persistentes como las dioxinas y los PCB, de modo que su presencia en el cuerpo tiende a aumentar con la edad. Y es que el 95 por ciento de los contaminantes orgánicos persistentes en nuestro cuerpo provienen de la cadena alimentaria, como los PCB», explica el profesor Vyvyan Howard, del Centro de Biociencia Molecular de la Universidad de Ulster. Y el problema es que «no hay casi ningún estudio sobre sus efectos acumulativos», añade Van Vliet. En definitiva, vivimos rodeados de compuestos químicos desde antes de nacer, durante la lactancia y de adultos. Y todo ello sin ser conscientes de su potencial peligro.
«En el mayor estudio hecho hasta la fecha en España, con una muestra de 919 personas en Cataluña, detectamos que más del 58% tenía concentraciones altas de uno o más de los 19 compuestos TOXICOS persistentes (CTP) analizados; el 34% tenía niveles altos de tres o más TOXICOS. Entre las mujeres de 60 a 74 años, el 48% tenía concentraciones altas de seis o más compuestos y tan sólo el 4% tenía concentraciones bajas de todos los 19 CTP analizados», detalla su autor, Miquel Porta, catedrático de Salud Pública del Instituto Municipal de Investigación Médica y de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Más TOXICOS que en EE.UU.
«Algunos subgrupos de ciudadanos acumulan mezclas de CTP en concentraciones altas. De hecho, nuestros niveles de CTP son muy superiores a las que acumulan los ciudadanos de EE. UU.», añade.
En los Grandes Lagos de Canadá se constataron perturbaciones hormonales en 16 especies de animales (peces, aves, nutrias, visones…). Se piensa que el culpable fue el DDT, prohibido.
Caracolas con pene
Investigadores de la Universidad de A Coruña detectaron en los años 90 que en las poblaciones de Nucella lapillus existían (ya no) casos de masculinización de las hembras, y que en el 94% de los casos, las hembras se habían quedado estériles. Y es que les había salido un pene microscópico por la tributiltina (TBT) utilizada para el tratamiento antialgas de los barcos, prohibido.
Bígaros estériles
Una investigación realizada en 1988 en Inglaterra demostró que los bígaros expuestos a un compuesto de TBT desarrollaban órganos sexuales masculinos y quedaban estériles.
Otro sistema, llamado sistema de secreción de tipo VI, está presente en alrededor de la cuarta parte de todas las bacterias que tienen dos membranas. A pesar de ser común, los científicos no habían determinado cómo funciona. Ahora, un equipo de especialistas ha deducido cómo es exactamente la estructura del sistema de secreción de tipo VI y ha llegado a la conclusión de que actúa como una especie de ballesta de muelles que dispara dardos envenenados.
La nanoarma, que abarca una distancia no mayor de unos 80 átomos en fila, es un tubo que se contrae muy rápidamente, disparando un dardo o puñal interno a través de las membranas de la célula, hacia el medio circundante y, posiblemente, hacia dentro de otra célula. El tubo entonces se desensambla y puede volver a ensamblarse en cualquier otra parte de la célula, listo para disparar otro dardo molecular.
Dado que otros investigadores ya habían establecido que las proteínas del sistema de secreción de tipo VI son similares a las encontradas en varias partes del «rabo» de esos bacteriófagos y sus estructuras asociadas, no ha sido una sorpresa del todo inesperada el hallazgo del mecanismo del sistema de secreción de tipo VI.
La nueva investigación ha sido realizada por el equipo de Grant Jensen y Martin Pilhofer del Instituto Tecnológico de California, John Mekalanos y Marek Basler de la Escuela Médica de la Universidad de Harvard, y Gregory Henderson (que ahora trabaja como médico en la Clínica Mayo), en Estados Unidos todas estas instituciones.
Fuente: Ecoticias (07/03/2012) Por Gloria Valdivia
Miquel Porta es Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador del Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM) de Barcelona. Es uno de los editores del libro Nuestra CONTAMINACION interna, que examina los efectos de los compuestos tóxicos persistentes (CTPs) sobre la salud humana. Hemos hablado con él para que nos explique qué son exactamente estas sustancias y qué podemos hacer para rebajar los niveles de CONTAMINACION a que estamos expuestos a lo largo de toda la vida, desde el embrión.
Los compuestos tóxicos persistentes son un grupo de compuestos químicos que tienen en común características físicas, como por ejemplo que muchos de ellos contienen átomos de cloro, lo que hace que sean muy persistentes en el organismo humano y en el medio ambiente. De hecho, el cuerpo humano, y el de los otros seres vivos, tiene muchas dificultades para eliminarlos y, por lo tanto, se acumulan. Se disuelven muy bien en grasa, son lo que en inglés se conoce como ’fat lovers’ (amantes de las grasas). Son sustancias tan diferentes como el insecticida DDT, los PCBs o las dioxinas. La peculiaridad de las dioxinas es que no se fabrican intencionadamente, sino que se generan en la combustión de plásticos. Son compuestos, pues, que forman parte de nuestra vida cotidiana. La causa principal de la CONTAMINACION humana por CTPs es clara: cómo vivimos.
Normalmente nos llegan disueltos en las grasas animales, porque ya forman parte de ellos, lo obtienen de los piensos con que se alimentan. Actualmente gran parte de la población mundial come alimentos de origen animal que contienen estos compuestos. A niveles muy bajos, pero este es el origen. Y las concentraciones crecen a lo largo del tiempo por acumulación en el cuerpo humano. La exposición es crónica, y los efectos no son inmediatos ni a corto plazo, pero existen.
El abanico es amplio e importante: son promotores tumorales, neurotóxicos, disruptores endocrinos, hepatotóxicos, alteran los sistemas de defensa del organismo, son immunosupresores y muchos son cancerígenos demostrados, como las dioxinas. En general, alteran el funcionamiento de los genes. Yo creo que los CTPs contribuyen en buena parte a la carga de enfermedad que sufrimos actualmente.
Los niños, las embarazadas, la gente mayor, las personas con afecciones cardíacas o enfermedades respiratorias son más susceptibles.
Y ciertos grupos de trabajadores que han sido más expuestos por su profesión. Pero lo cierto es que los CTPs afectan toda la población, nadie es invulnerable. Tenemos que ser capaces de concienciar, pero sin crear miedo. El miedo es antisaludable.
Yo creo que hay algunos temas que la propia comunidad científica, las organizaciones ciudadanas y las administraciones prefieren ignorar, mirar hacia otro lado, en parte de forma deliberada. Esto es cobardía política, pero los ciudadanos también tenemos mucha responsabilidad en estas cuestiones. Los resultados científicos lo dicen claro, y ya no es una cuestión de principio de precaución, de prohibir por si acaso. Tenemos evidencia de que hacen daño. Hace más de diez años que pedimos incorporar los análisis de CTPs a las encuestas de salud en toda España y sólo se ha hecho en Cataluña y en Barcelona ciudad. Los políticos no han querido hacerlo en ningún otro lugar y las organizaciones ciudadanas tampoco lo han pedido con suficiente fuerza. Los ciudadanos están poco concienciados. Si nos informamos y nos organizamos, los políticos tendrán que ser sensibles a lo que pedimos.
La inmensa mayoría de estos compuestos, sobre todo los que contienen cloro, ya han sido prohibidos, pero continúan presentes. Por ejemplo, el DDT se prohibió hace más de 30 años y en un estudio reciente de población en Cataluña se encontró en el 88% de los casos. Su principal metabolito, el DDE, lo detectamos en el 100% de la población. En Barcelona el DDT se encuentra en el 97% de las personas. ¿Cómo se explica? Hay una industria legal de reciclaje de las grasas de los animales muertos en los mataderos para hacer piensos. Y como la combustión no les hace nada a los CTPs organoclorados, eso significa que continúan a la cadena alimentaria. El problema es complejo, pero mi conclusión es que como sociedad estamos fracasando. Queremos comer mucho y a precios muy bajos, hemos democratizado el consumo de carne, pagamos una miseria a los agricultores… Hemos fracasado como sociedad, este modelo de crecimiento que sin duda nos ha aportado beneficios sociales y humanos enormes, ha fracasado al evitar la CONTAMINACION por productos tóxicos. Todo esto no nos ha salido gratis. La CONTAMINACION interna es la factura que estamos pagando por la forma en que vivimos. ¿Cómo se explica, si no, la gran cantidad de cánceres o enfermedades degenerativas en personas de todas las edades, por ejemplo?.
Pedir más estudios, informarse, reflexionar y concienciarse. Pedir prácticas agrícolas más sostenibles, protección medioambiental.
Incorporar la salud pública y la salud ambiental a todas las agendas puede llevar a dinamizar políticas de seguridad alimentaria, de comercio justo y sano… Tenemos que dejar de lado las actitudes de ‘no se puede hacer nada’ y darnos cuenta que todos podemos actuar. Y podremos forzar políticas más saludables. Y vivir de otro modo.
Hay que tener claro que en el caso de los CTPs los efectos son acumulativos y a largo plazo, no se trata de intoxicaciones agudas sino de una CONTAMINACION crónica. Un cambio de hábitos no hará que desaparezcan inmediatamente, pero puede ayudar a medio plazo. Y tampoco tenemos que dejar de disfrutar de la vida, pero en general la opción sería una dieta más sana, con más verduras libres de plaguicidas y menos carnes y pescados grasas alimentadas con piensos.
En conclusión, los compuestos tóxicos persistentes son peligrosos, son invisibles y muy difíciles de evitar. Individualmente podemos hacer muy poco. Pero ignorarlos no es la solución. Cada pequeño gesto cuenta y cuantos más seamos, más haremos.
«Los niveles que se detectan en los ríos son generalmente bajos, y de momento no representan ningún riesgo agudo ni para organismos acuáticos ni para humanos», explica Mira Petrovic, investigadora del Instituto Catalán de Investigación del Agua (Icra) y del Instituto Catalán de Investigación y Estudios Avanzados (Icrea). «Sin embargo, todavía no se sabe nada sobre los posibles efectos a largo plazo, y especialmente sobre efectos de mezclas», comenta Petrovic. Desde Acciona aseguran que el numero de estos contaminantes emergentes no es fijo, ya que cada mes se descubre alguno nuevo o algún producto de su descomposición (metabolito).
Las primeras evidencias de la presencia de fármacos en el medio acuático se produjeron en los años 70 con la identificación de aguas residuales en EE.UU. del ácido clofíbrico, que es el metabolito activo de varios reguladores de lípidos en sangre. Sin embargo, no fue hasta la década de los 90 cuando el tema surgió con más fuerza. Aunque para la mayoría de las potabilizadoras estos componentes pasan desapercibidos, algunas cuentan con TRATAMIENTO DE OZONO o carbón activo y son capaces de retener algún contaminante. «Hay fármacos que se eliminan bien, como es el ibuprofeno, y otros que no se eliminan, como algunos antibióticos, -asegura Petrovic-. En la actualidad dos grupos de científicos estamos haciendo una monitorización muy completa de más de 300 contaminantes emergentes de diferentes grupos (fármacos, disruptores endocrinos, pesticidas polares, drogas de abuso…) en cuatro ríos ibéricos (Ebro, Júcar, Llobegrat y Guadalquivir). El trabajo tiene como objetivo describir y predecir los efectos del cambio climático global en la disponibilidad de recursos hídricos, en la calidad del agua y en los servicios que prestan los ecosistemas de las cuencas mediterráneas de la Península Ibérica».
Una de las empresas que cuenta con plantas de agua potable diseñadas para retener y eliminar determinados compuestos es Acciona. «Trabajamos para mejorar la efectividad de los procesos y posibilitar su aplicación a gran escala», explican desde la empresa. En el Centro Tecnológico del Agua de la compañía están llevando a cabo varios trabajos relacionados con la eliminación de estos contaminantes. «Hydra es un proyecto en el que se aplican tecnologías combinadas de membranas y nanofiltración y/o ósmosis inversa. El trabajo de Sisifo está enfocado al desarrollo de nuevas tecnologías fotoquímicas de oxidación avanzada aplicadas a la desinfección de agua y su integración en los procesos», explican. Se estudian tecnologías combinadas que utilizan OZONO, radiación ultravioleta o peróxido, en la búsqueda de la combinación más efectiva para la eliminación de microorganismos y sus posibles interferencias con la materia orgánica natural. Por último, Nanobac se centra en el desarrollo de nuevos materiales nanoestructurados que pueden ser utilizados como catalizadores en procesos de desinfección fotocatalítica.
Argumenta que esta sustancia es tan tóxica como el alcohol y debería recibir igual trato. «Está demostrado que puede favorecer el síndrome metabólico, un conjunto de patologías que se consideran factores de riesgo para el infarto de miocardio, angina o ictus», señala Petra Sanz, de la Sociedad Española de Cardiología.
Esteban Jódar, jefe de Servicio de Endocrinología del Hospital Quirón de Madrid, corrobora que se va estableciendo la relación entre bebidas ricas en fructosa y síndrome metabólico. La ingesta abundante desarrolla resistencia a la insulina y a la leptina, hormona que regula el nivel de lípidos en sangre, y acelera la obesidad, como muestra un estudio del CIBERobn, explica Miguel Ángel Martínez Olmos, del Complejo Hospitalario de Santiago de Compostela.
Por eso «hay una fuerte corriente en los Estados Unidos partidaria de gravar estos alimentos de fácil acceso implicados en la epidemia de obesidad y diabetes que sufrimos y que amenaza a los sistemas de salud. Sería razonable una mayor formación para que los conocimientos sobre nutrición no venga solo de anuncios», aclara Jódar. Una opinión que comparte Petra Sanz, que cree que el etiquetado en alimentación debería ser más preciso. Olmos va más allá: debería regularse la cantidad de AZUCAR añadido.
To provide the best experiences, we use technologies like cookies to store and/or access device information. Consenting to these technologies will allow us to process data such as browsing behavior or unique IDs on this site. Not consenting or withdrawing consent, may adversely affect certain features and functions.
Functional
Siempre activo
The technical storage or access is strictly necessary for the legitimate purpose of enabling the use of a specific service explicitly requested by the subscriber or user, or for the sole purpose of carrying out the transmission of a communication over an electronic communications network.
Preferencias
El almacenamiento o acceso técnico es necesario para la finalidad legítima de almacenar preferencias no solicitadas por el abonado o usuario.
Statistics
The technical storage or access that is used exclusively for statistical purposes.El almacenamiento o acceso técnico que se utiliza exclusivamente con fines estadísticos anónimos. Sin un requerimiento, el cumplimiento voluntario por parte de tu proveedor de servicios de Internet, o los registros adicionales de un tercero, la información almacenada o recuperada sólo para este propósito no se puede utilizar para identificarte.
Marketing
The technical storage or access is required to create user profiles to send advertising, or to track the user on a website or across several websites for similar marketing purposes.