Los investigadores encontraron que, en comparación con las mujeres que no consumieron el yogur con probióticos, las que sí lo hicieron mostraron una disminución en la actividad tanto de la ínsula (una región del cerebro ligada a la emoción y los sentimientos y que procesa e integra sensaciones internas del cuerpo, incluyendo las generadas por los intestinos) como de la corteza somatosensorial primaria, durante la tarea descrita que suscitaba reacciones emocionales.
Los escaneos cerebrales realizados en reposo revelaron que las mujeres que consumieron probióticos mostraron una mayor conectividad entre una región clave del tallo cerebral conocida como sustancia gris periacueductal, y áreas asociadas a la cognición en la corteza prefrontal.
Por su parte, las mujeres que no consumieron ningún producto de prueba mostraron una mayor conectividad de la sustancia gris periacueductal con las regiones vinculadas a las sensaciones y emociones, mientras que el grupo que consumió el producto lácteo sin probióticos mostró resultados intermedios.
Conviene mencionar que esta investigación ha sido financiada por Danone Research, y que Mayer ha trabajado en el consejo asesor científico de la empresa. Tres de los autores del estudio (Denis Guyonnet, Sophie Legrain-Raspaud y Beatrice Trotin) son empleados de Danone Research y participaron en la planificación y la ejecución del estudio (suministrando los productos) aunque no tuvieron papel alguno en los análisis ni en la interpretación de los resultados.
En ciertos países, sobre todo estadounidenses, circula una creencia popular conocida como la regla de los cinco segundos.
Fuente: consumer (12 de junio de 2013) Por MARTA CHAVARRÍAS
Según esta, si un alimento cae al suelo y se ingiere en menos de este tiempo, no hay riesgo de contaminación microbiana. Como toda opinión de esta naturaleza, no está fundamentada en criterios académicos ni científicos. Otra afirmación similar, más habitual en países como Rusia, cuenta que «si se recoge de forma inmediata, no se considera que ha caído». El sentido es similar a la anterior.
Si una galleta cae al suelo, ¿puede recogerse y consumirse o es mejor tirarla? Si se atendiera a la «regla de los cinco segundos», se podría ingerir sin riesgo de intoxicación alimentaria si no ha permanecido en el suelo más tiempo del mencionado. Sin embargo, investigaciones universitarias, como la desarrollada por un grupo de expertos de la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, tiraba por los suelos la teoría expuesta en esta creencia. Según este análisis, la norma debería ser la de los «cero segundos», ya que patógenos como salmonella tienen capacidad de sobrevivir en superficies secas hasta cuatro semanas y de transferirse a los alimentos con el contacto inmediato. El riesgo depende también de otros aspectos como la humedad, la naturaleza de la superficie (porosa o impermeable) y el tipo de alimento: tiene menos riesgo de contaminación uno seco que otro que contenga agua.
Sea cual sea el tiempo que transcurre desde que un alimento cae en una superficie determinada hasta que se contamina, la prevención pasa por una correcta limpieza y desinfección. Salud alimentaria e higiene son conceptos que deben ir a la par con el fin de evitar que gérmenes, virus y bacterias entren a formar parte de la dieta. En la mayoría de los casos, más que el tiempo que transcurre, el aspecto que más influye en una transferencia de patógenos es el grado de contaminación de la superficie. Si un alimento se recoge de una superficie más o menos limpia, el riesgo de infección será menor, aunque hayan pasado más de cinco segundos, que en una superficie con mayor carga bacteriana, aunque pase menos tiempo.
En la cocina, cuando se habla de evitar contaminaciones y de prevenir la acción de bacterias, virus y gérmenes, deben tenerse en cuenta aspectos como la limpieza de todas las superficies, una cocción adecuada y evitar la contaminación cruzada. Una correcta limpieza pasa por:
Para que los microorganismos puedan desplazarse de un lugar a otro necesitan un medio que se lo permita. Esta transferencia, que se denomina contaminación, es posible a través de las manos, las superficies, los alimentos e, incluso, animales.
Según datos publicados por RASFF (enero-abril 2012), las micotoxinas son las sustancias tóxicas o contaminantes que mayor número de notificaciones presenta, seguidos por los de origen biológico y los plaguicidas.
Las Aflatoxinas y la Ocratoxina A, son dos de las familias de micotoxinas más tóxicas conocidas. Otros tipos de micotoxinas son: Fumonisinas B1 y B2, Patulina y Toxinas Fusarium (DON, ZEA, T-2, HT-2)
Los laboratorios alimentarios juegan un papel fundamental, ya que para detectar a tiempo las micotoxinas se requiere de métodos analíticos muy sensibles, específicos y que además sean fiables. La tecnología aplicada a este objeto es un factor central para poder elaborar controles cada vez más eficaces.
Es el caso de tecnológicas como la cromatografía líquida (HPLC) con detección por fluorescencia que utiliza ainia centro tecnológico, entre otros procesos analíticos. Se trata de una técnica que cumple con los requisitos oficiales establecidos para el control de micotoxinas. Otro aspecto importante es ganar velocidad es su detección, para ello, la automatización de los procesos analíticos logra acortar los plazos de entrega presentados e incluso a 48-72 horas, reduciéndose así los costes analíticos.
“El aumento de enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes y el cáncer está directamente relacionado con los alimentos que comemos. Las hormonas sintéticas presentes en los fertilizantes y pesticidas que entran en contacto con la comida son muy peligrosas para la salud y no suelen detectarse en los análisis toxicológicos, por lo que se invalida el principio de que la ‘dosis hace el veneno”. Con esta advertencia a modo de carta de presentación, la galardonada documentalista y periodista Marie-Monique Robin nos introduce en el mundo de la agroindustria, su campo de investigación desde hace más de una década, y sobre el que versa su último ensayo: Las cosechas del futuro. Cómo la agroecología puede alimentar al mundo (Península).
“España es el país más permisivo de la UE con el cultivo de Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y la comercialización de otras sustancias tóxicas, como el bisfenol A que en otros lugares como Francia está prohibido”.
Los gastos derivados del tratamiento de las aguas contaminadas, del pago de las tasas por los gases de efecto invernadero, de las subvenciones (para el gasóleo, para exportar o directamente de la Política Agraria Común de la UE), así como de los sistemas públicos de salud, por el aumento de enfermos crónicos, son algunos de los costes asociados a la agroindustria que no se incluyen el precio de origen.
Además, añade Robin, más de la mitad del precio está engordado por los intermediarios y finalistas. Una realidad de la que no estamos muy lejos, según la autora gala, para quien antes o después tendrá que dispararse el precio de la comida, ya sea por el fin de las subvenciones (como se prevé con la PAC), por la creciente especulación bursátil con las materias primas en los mercados de futuro, o por el no menos inminente encarecimiento de los combustibles fósiles como el petróleo y el gas, debido a su cenit.
Las perniciosas consecuencias para la salud y el medio ambiente de la agricultura industrial, así como la crónica de una muerte anunciada que Robin comenzó a describir antes incluso de que se produjesen las primeras crisis alimentarias en Latinoamérica (relacionadas con los biocarburantes) han llevado a la francesa a recorrerse el mundo en busca de alternativas ecológicas.
Después de estudiar diferentes técnicas agroecológicas pudo comprobar que su rendimiento puede ser mayor que con técnicas propias de la agroindustria.
Sin embargo, Robin sí pudo comprobar que todos ellos coincidían en un principio básico: la complementariedad. “Se trata de un principio común mediante el que se busca complementar la biodiversidad del medio, mediante rotación de cultivos o interfiriendo en los ciclos biológicos de los insectos, para prevenir plagas y aumentar la producción”.
La demanda de productos ecológicos por parte de los consumidores ha aumentado proporcionalmente al deterioro de la cadena alimentaria, “pero la oferta todavía no llega para abastecerlos a todos”, apunta Robin. Para hacerla extensiva a todo el mundo no llega con la concienciación del consumidor, que al fin y al cabo es el que más poder detenta con sus decisiones de compra, sino que se necesitan medidas políticas concretas.
Kofi Annan, el secretario general de las Naciones Unidas, lanzaba un llamado oficial a lanzar una revolución verde en África, en las COSECHAS.
“África aún no ha tenido una revolución verde que le fuera propia”, declaró en presencia de quinientos jefes de Estado, empresarios y representantes de la sociedad civil, durante una conferencia sobre el hambre organizada en Addis–Abeba (Etiopía) el 5 de julio de 2004.
Fuente: delacampana.com.ar (02/08/13) Por Marie-Monique Robin/p>
Fragmento representativo del libro de Marie-Monique Robin
Ésa fue la escenografía. Pero antes de presentar en detalle el contenido de aquel difícil “diálogo”, conviene detenerse en lo que fue realmente la “revolución verde”, que suscitó discusiones tan apasionadas. El concepto fue inventado el 8 de marzo de 1968 por el “honorable” William Gaud, entonces el director de la Agencia de los Estados Unidos para el desarrollo internacional (USAID). Ese día, dio un discurso memorable en Washington que ilustra claramente las intenciones “filantrópicas” de esa institución, dependiente del Departamento de Estado.
Lo que dijo después fue mucho más prosaico: “Para producir estos altos rendimientos, las nuevas variedades requieren muchos más fertilizantes minerales de lo que pueden absorber las variedades tradicionales, lo que Graud agregó después fue mucho más prosaico. Una de las claves de la revolución verde es por lo tanto inducir la demanda, proveerla formando a los campesinos en el uso de fertilizantes. (…) La USAID propone prestar 60 millones de dólares a Pakistán en 1969, y 200 millones a la India, únicamente para que puedan importar fertilizantes, (…) que se han vuelto el elemento central de nuestra ayuda al desarrollo. Es por eso que nuestra Agencia respalda a las empresas norteamericanas en sus esfuerzos por instalar fábricas de fertilizantes en los países que deseen incrementar su producción de alimentos”. En su exposición, el director de la USAID recordó que “esas cosechas milagrosas” eran tributarias de la fundación Rockefeller, que desde 1943 había llevado a cabo un programa de desarrollo de variedades de maíz y trigo de alto rendimiento en México, a instancias de Henry Wallace, el vicepresidente norteamericano. Como fundador del grupo de semillas Pionner e “inventor” del maíz híbrido, quiso ayudar a “modernizar la agricultura” de su vecino sureño exportando el modelo agroindustrial norteamericano. Así fue como en 1944 Norman Borlaugh (1914–2009), un joven agrónomo que había iniciado su carrera en la empresa química Dupont de Nemours[1] fue contratado para dirigir la estación experimental mexicana, bautizada en 1963 Centro Internacional de Mejoramiento del Maíz y del Trigo (CIMMYT)[2].
Pude visitar el CIMMYT ubicado en El Batán, a unos cincuenta kilómetros al este de la ciudad de México, en julio de 2004, cuando preparaba mi documental Blé: chronique d’une mort annoncée.2 Allí recordé la gran saga de este cereal dorado, el trigo, que, desde que el hombre lo domesticó hace unos diez mil años en Mesopotamia, fue implementado en la Grecia antigua, ganó luego Europa occidental, bordeando el Mediterráneo, luego Europa del este, desde los Balcanes. Su progresión fue lenta: ¡un promedio de un kilómetro al año! En el mismo momento, el triticum, nombre científico del trigo, conquistaba Asia del oeste hacia el este: India, a través del valle del Punyab, y China; finalmente, llegó a Egipto hace seis mil años. En el transcurso de ese extenso viaje, este cereal se fue adaptando a las condiciones geográficas (trigos de llanuras o de montaña) y climas, desarrollando una gran biodiversidad. Se estima que, hasta comienzos del siglo XX, existían aproximadamente doscientas mil “poblaciones del país”, es decir variedades locales adaptadas a cada territorio.
En el mismo documental, también me referí a la carencia en granos que acechó a los gobernantes desde la antigüedad, al punto de convertir al trigo en un verdadero desafío económico y político. A partir de fines del siglo XIX, pasó a ser un desafío agronómico e industrial. En efecto, en el momento en que Justus von Liebig desarrollaba su “teoría mineral” (ver supra, Capítulo 4), Henry de Vilmorin (1843–1899), el hijo de un negociante de granos, inventaba un nuevo oficio: el oficio de seleccionador. Con él, el trigo se convirtió en un animal de laboratorio: los científicos se pusieron a estudiar el largo de su paja o la calidad de sus granos, para seleccionar las mejores espigas y forzar su crecimiento. Eso se denominó la “selección genealógica”: desde la aparición de variedades llamadas “mejoradas”, desarrolladas en las estaciones experimentales de los “seleccionadores”, a los que Albert Howard llamaba “ermitas de laboratorios” (ver supra, Capítulo 6), los rendimientos del maíz alcanzaron cifras siderales: en Europa, pasaron de diez quintales por hectárea en 1900, a más de ochenta un siglo después, pero para eso era necesario utilizar masivamente fertilizantes y pesticidas químicos, sin los cuales ese “milagro” desaparecería.
En ese contexto interviene Norman Borlaugh, quien sería premiado con el Nobel de la paz en 1970, por su trabajo de… seleccionador. La historia cuenta que dedicó su vida a una única causa: la erradicación de la hambruna. No hay nada que nos permita dudar de su filantropía, pero afirmar que “el modelo agrícola predicado por Borlaugh evitó seguramente mil millones de muertes”,3 resulta un poco apresurado. Yo diría incluso que allí reside el nudo de la polémica que rodea al “padre de la revolución verde”: ¿sus “variedades mejoradas” permitieron acaso reducir el hambre en el mundo o, por el contrario, contribuyeron a que avanzara?.
En efecto, ni bien llegó al CIMMYT, este agrónomo norteamericano estuvo a cargo del “programa de mejoramiento” del trigo. “Su primer trabajo estuvo dedicado a crear variedades que pudieran ser cultivadas en cualquier región del mundo, aquí en México, o en el Punyab indio, me explicó Gregorio Martínez, que fue director del departamento de comunicación del CIMMYT durante treinta años.
Para eso, seleccionó plantas cuyo gen les permitiera ser insensibles a la extensión del día o de la luz. ¡Es decir que esos trigos pueden crecer en todas las latitudes! Luego, se dedicó a un problema recurrente en las variedades de alto rendimiento: bajo el peso de los granos, los cabos no resisten y terminan inclinándose. Entonces realizó cruzas de trigo con una variedad enana originaria de Japón, Norin 10, que le permitió acortar considerablemente la paja y seguir mejorando los rendimientos, mediante la selección de trigos capaces de absorber grandes cantidades de nitrógeno mineral. Los “trigos milagrosos” tienen así cuatro características: crecen en cualquier lugar, tienen un tallo corto, absorben mucho nitrógeno mineral y producen una enorme cantidad de granos”.
Las variedades enanas del CIMMYT dieron la vuelta al mundo: en el norte, los seleccionadores los utilizaron en sus programas de cruzas. En cuanto a los países del sur, enviaron técnicos a formarse en el CIMMYT, cuyo sobrenombre es “escuela de apóstoles del trigo”. “En Asia, el primer país en adoptarlo fue la India, me explicó Gregorio Martínez. En aquel momento, eso significó la mayor importación de semillas de todos los tiempos”. De hecho, en 1966, mientras que la sequía asediaba al estado de Bihar, causando la “última gran hambruna natural”4 del siglo XX, el gobierno indio importó 18 mil toneladas de semillas del “ trigo milagroso”. De inmediato, el CIMMYT y la fundación Ford, muy bien ubicada para vender maquinarias agrícolas, enviaron sus técnicos al Punyab, que fue el lugar elegido por el gobierno para crear el “granero de trigos” de la India debido a sus abundantes recursos en agua. En algunos años, el Estado se metamorfoseó: los cultivos hortícolas de subsistencia fueron abandonados en provecho de amplios monocultivos irrigados y repletos de fertilizantes y pesticidas químicos. Al verse en la imposibilidad de insertarse en ese modelo agrícola capitalista, decenas de miles de pequeños campesinos tuvieron que vender sus lotes de tierra, lo que dio lugar a la desaparición de un cuarto de las explotaciones agrícolas. Pero la producción nacional de trigo alcanzó niveles récord al pasar, según documentos oficiales del CIMMYT, “de 12,3 millones de toneladas en 1995 a 20,1 millones de toneladas en 1970; y en 1974, la India alcanzó el autoabastecimiento en la producción de cereales”.
Por un azar del calendario cuyo secreto sólo conoce la historia, en julio de 2004, justo en el momento en que descubría que el CIMMYT había decidido corregir los efectos perversos de su revolución verde, Kofi Annan, el secretario general de las Naciones Unidas, lanzaba un llamado oficial a lanzar una revolución verde en África. “África aún no ha tenido una revolución verde que le fuera propia”, declaró en presencia de quinientos jefes de Estado, empresarios y representantes de la sociedad civil, durante una conferencia sobre el hambre organizada en Addis–Abeba (Etiopía) el 5 de julio de 2004. “Con el adecuado apoyo nacional e internacional, África puede realizar realmente la revolución verde del siglo XXI que necesita”, insistió el jefe de la ONU, haciendo un llamado para desarrollar “pequeños sistemas de irrigación” y a “restaurar la salud de los suelos mediante técnicas de agroforestación y mediante el uso de fertilizantes orgánicos y minerales”. También recomendó que no se “temiera evaluar el potencial de la biotecnología, que puede contribuir a alcanzar los Objetivos de desarrollo del milenio”. Luego citó a “ Norman Borlaugh”, el padre de la revolución verde asiática: ‘quien tenga la panza vacía no puede defender el medio ambiente’.
Inmediatamente después, dos pesos pesados de los subsidios privados al desarrollo respondieron a su llamado: la infaltable fundación Rockefeller, pero también –y sobre todo– la fundación Bill y Melinda Gates. Así fue como se creó en 2006, la Alianza para una revolución verde en África por las cosechas, cuyos principales donantes son hoy la “B&MG” tal como se la denomina, y en segundo lugar, la fundación Rockefeller, el Ministerio de Asuntos Extranjeros sueco, el Departamento para el Desarrollo Internacional del Reino Unido y la… Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, uno de cuyos directores –William Gaud– fue el inventor del concepto de “revolución verde” en las COSECHAS.
Ahora bien, la B&MG creada en 1994 por el fundador de Microsoft, que gestiona un capital de más de 30.000 millones de dólares, no ha dejado de suscitar dudas en cuanto a sus prácticas y motivaciones. De un lado, tenemos a un multimillonario filantrópico que invierte en campañas de vacunación o de acceso a la salud para “salvar vidas en los países pobres”, tal como lo declara su sitio web. Pero del otro lado, para financiar sus programas de beneficencia, el mismo empresario invierte sin vacilaciones en “numerosas empresas que no tienen ningún sentido de la responsabilidad social si se tiene en cuenta su laxitud ambiental, su discriminación salarial, su desprecio por el derecho laboral o también sus prácticas antiéticas”, tal como escribe Los Angeles Times.9 El periódico californiano reveló así que la fundación Bill y Melinda Gates era accionaria en “empresas norteamericanas y canadienses consideradas como las más contaminantes del mundo, tales como ConocoPhillips, Dow Chemical, Tyco International”, pero también en empresas petroleras como Royal Dutch Shell, Exxon Mobil y Total que “contaminan el delta del Níger mucho más allá de lo que les sería permitido hacer en Estados Unidos o en Europa” y que “enferman a los niños” –a los que, por otra parte, la “fundación ayuda a curar”. Esta doble faceta sería el “oscuro secreto” de los “grandes filántropos”, explicó Paul Hawken, un especialista en inversión responsable: “Las fundaciones dan apoyo a grupos que se proponen remediar el futuro pero con sus inversiones, hipotecan ese mismo futuro”.10
Fue precisamente por sus dos rostros contradictorios, como los del dios Jano, que algunos se preguntaron por las motivaciones reales que llevaron a Bill Gates a apoyar la Alianza para una revolución verde en África, cuyo objetivo declarado era “reducir la inseguridad alimentaria en al menos veinte países de aquí a 2020”. La respuesta a esa pregunta no resulta fácil, por supuesto, pero pueden sin embargo esbozarse sus grandes líneas tomando en cuenta un discurso que pronunció el fundador de Microsoft ante el Chicago Council on Global Affairs, un think tank norteamericano muy influyente en el ámbito político y económico, el 24 de mayo de 2011. Bill Gates comenzó mencionando y exhibiendo la foto de “Odetta, una madre soltera con dos hijos”. Ella explota media hectárea al este de Kenia y “gana menos de un dólar por día”. “Pero hace un año, su vida comenzó a cambiar, cuando fue beneficiada por el Programa Alimentario Mundial (PAM) que compra grandes cantidades de alimentos –generalmente producidos en grandes explotaciones –para alimentar a personas afectadas por la hambruna u otras catástrofes. Gracias a una iniciativa que hemos ayudado a financiar, el PAM comenzó a comprar alimentos a pequeños campesinos. Le propuso a Odetta y a otras familias de su pueblo que si mejoraban la calidad de su maíz y sus porotos, se las pagaría a buen precio”. El final de la historia se parece extrañamente a la de John Otiep (ver supra, Capítulo 6) aunque puede dudarse del tiempo que durará ese experimento: Odetta “tomó prestado dinero”, (no así John) para aumentar su producción y, hoy en día, puede alimentar a toda su familia, pagar los gastos escolares de sus hijos e incluso hizo agrandar su casa.
Ahora queda claro. Se entiende mejor, en todo caso, por qué la fundación B&MG contrató a Robert Horsch quien, después de veinticinco años de leales y buenos servicios para… Monsanto, fue nombrado a la cabeza del “programa del desarrollo global” al que está asociada la AGRA. O también por qué la fundación otorgó 5,4 millones de dólares a un laboratorio de biotecnología de St Louis (Missouri), la sede de… Monsanto, con el objeto de colaborar con los “gobiernos africanos para que autoricen experimentos en campos de banana, arroz, sorgo y mandioca transgénicos con una tenencia reforzada de vitaminas, minerales y proteínas”, tal como lo recibió el St Louis Post Dispatch, el 8 de enero de 2009. O por qué, además, este multimillonario “filántropo” apoya un proyecto de desarrollo de un maíz resistente a la sequía en Kenia, a cargo de… Monsanto, con el apoyo de CIMMYT, tal como fue revelado por Gerald Steiner, vicepresidente de… Monsanto, durante una audiencia ante el Congreso en julio de 2010. Con respecto a “Feed the Future”, un programa de desarrollo del gobierno norteamericano también subvencionado por la fundación B&MG, ese mismo discurso de Steiner fue de una claridad deslumbrante: “Feed the Future es una iniciativa muy atractiva porque tiene en cuenta imperativos del mercado en el cual deben operar Monsanto y otras empresas. Queremos hacer el bien en el mundo, pero también queremos satisfacer a nuestros accionistas”11. Finalmente –pues es lo último que mencionaré–, se entiende por qué la fundación B&MG invirtió 35 millones de dólares para que el doctor Charles Waturu del Instituto de investigación agrícola de Kenia (KARI) desarrollara un algodón transgénico Bt perteneciente a… Monsanto.
Son pocas las entrevistas en las que Bill Gates explica su supuesta pasión por las cosechas y las plantas transgénicas. La última, y más completa, fue difundida por ABC News el 2 de febrero de 2012, durante el talk–show de Larry Cohen. Confieso que me dejó sumamente perpleja. “Las técnicas que utilizamos han sido inventadas por la medicina humana, comentó, mostrándose por lo visto muy solvente en el tema, aunque ese “nosotros” ponía en evidencia su gran cercanía respecto de los fabricantes de OGM. Y para la medicina humana, nunca existe un rechazo total de todos los medicamentos que han sido creados de este modo. Nunca se da tampoco una aceptación total. En realidad, cada nuevo medicamento es testeado. Luego, en cada país existen científicos que verifican cuáles son los beneficios y los riesgos de la nueva molécula. Y entonces deciden. Se trata de un sistema muy sofisticado que apunta a optimizar el bienestar humano.
Nota
[1] En 1962, la fundación Rockefeller y la fundación Ford crearon el Centro internacional de investigación sobre el arroz (IRRI) en Los Baños, Filipinas, basándose en el modelo del CIMMYT.
[2] En mi libro El veneno nuestro de cada día, describí extensamente las actividades delictivas de esta empresa norteamericana, fundada en julio de 1802 en Wilmington (Delaware) por una familia de la nobleza francesa que huía de la Revolución. La empresa hizo fortuna produciendo pólvora para cañones, luego en la química (nailon, nylon, teflón) y los pesticidas, comercializando el Zyklon B desarrollado por Fritz Haber (ver supra, Capítulo 4)–. Luego se convirtió en uno de los líderes en el mercado de semillas OGM.
Fuente: culturadesolidaridad.org (29/07/13) Por Alfonso Basco
Ha pasado ya tiempo desde que comenzamos a vivir tal y como lo hacemos ahora. Un modelo centrado en: máxima producción, al mínimo coste y consumo ilimitado; para generar ‘crecimiento’ infinito. ¿Qué buscamos con esto? Tener el mayor lucro posible, en el menor tiempo.
Frente a una publicidad constante orientada al consumismo extremo, unos medios de comunicación que lo alimentan, o un poder empresarial y financiero centrado en que este modelo no cambie, de poco sirve explicar a unos y otros hacia dónde nos lleva esta dinámica de vida. Y a pesar de lo que pueda parecer, la solución no pasa por ningún tipo de acción radical.
El aumento de las temperaturas lleva asociado un incremento de la población de plagas de cucarachas, hormigas o moscas en las cocinas, con riesgo de infección de los alimentos.
Fuente: consumer (3 de julio de 2013) Por MARTA CHAVARRÍAS
Llega el buen tiempo y con él salen insectos y otros animales molestos. En las cocinas, estos pueden transferir microorganismos nocivos a los alimentos y superficies donde se manipulan. Las plagas son apariciones masivas de cucarachas, moscas y otros insectos. También debe tenerse en cuenta que las mascotas, como perros y gatos, son portadores de microorganismos y parásitos que llevan en patas o piel. Para que no se conviertan en un problema de seguridad alimentaria, es importante tener un cuidado riguroso de la limpieza, sobre todo en los rincones y lugares poco accesibles, que es donde suelen acumularse. También es importante no olvidar zonas como los cubos de basura, donde se acumulan restos de comida y acaban por ser un lugar muy atractivo para las plagas.
Las moscas domésticas se suelen reproducir en estiércol, excretas de seres humanos, aguas residuales, vegetales u otros residuos orgánicos en descomposición. Suelen encontrarse cerca de fuentes de alimento. Las moscas pueden transmitir disentería, diarrea, además de otras afecciones. Algunos estudios han demostrado que la mosca ocupa un lugar destacado en la transmisión de microorganismos a la leche durante el ordeño ya que depositan gérmenes. También es importante en las moscas la transmisión de Salmonella, que puede hospedarse en su intestino hasta 35 días.
Su presencia indica una importante falta de higiene y puede transmitirse de persona a persona, a través de las manos, por el agua, por insectos o por contaminación fecal. Este artículo detalla cómo evitar Shigella de forma fácil, qué medidas deben adoptar las personas que ya tienen la bacteria y las formas de contagio.
Fuente: consumer (9 de enero de 2013) Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
Duran entre cuatro y siete días, aunque según el tipo de cepas de la bacteria, la intoxicación puede ser mucho más grave y la duración supera los diez o doce días. Una de las características que destaca de esta contaminación es su rápida propagación, ya que la bacteria tiene una dosis infectante baja: bastan de 10 a 200 microorganismos para desatar los síntomas.
Se deben destacar algunos puntos decisivos para la prevención de esta bacteria. Todos y cada uno de ellos son esenciales y ya conocidos, pero las infecciones bacterianas se desarrollan día tras día, lo que es indicativo de que no siempre se tienen en cuenta estos aspectos, que por otro lado son fáciles de llevar a cabo.
En definitiva, una cocción adecuada y una rigurosa higiene durante la manipulación de los alimentos resulta esencial para prevenir la infección de Shigella, que se origina, en la mayoría de los casos, por la ruta oral-oral.
La bacteria se puede ingerir de varias maneras, aunque las más directas tienen su origen en los alimentos y en el agua. Respecto a los alimentos, la presencia de insectos como las moscas en la zona donde se manipulan favorece el contagio, ya que pueden reproducirse en excrementos infectados y, al posarse sobre la comida, contaminarla. En cuanto al agua, nadar en aguas residuales supone un riesgo, debido a la presencia de heces contaminadas, tanto de animales como de personas.
En este último caso, hay que extremar las pautas de higiene. Shigella está presente en las heces de las personas infectadas hasta dos semanas después de su recuperación. De ahí que la mayoría de los contagios sean resultado de la bacteria, que pasa de las heces o las manos sucias de una persona a la boca de otra. Esto ocurre sobre todo cuando los hábitos de higiene básicos y lavado de las manos son ineficientes o escasos y, en especial, entre niños pequeños que no están familiarizados con la limpieza de manos y el uso del inodoro.
Fuente: La Gran Época (16/01/13) Por Anastasia Gubin
“Hasta la fecha los rociados químicos de paraquat, maneb y ziram se han vinculado al aumento de la enfermedad, no sólo entre los trabajadores del campo, sino en las personas que simplemente vivían o trabajaban cerca de los campos por las posibles partículas inhaladas”, comunicó, Jeff Bronstein, autor principal del estudio y profesor de neurología de la UCLA.
El pesticida benomil impide a una enzima llamada ALDH (aldehído deshidrogenasa), realizar su trabajo de mantener en límites bajos al compuesto DOPAL, que se produce en el cerebro. Cuando el ALDH no es capaz de controlar las cantidades de DOPAL en el cuerpo del ser humano, este se acumula y daña a las neuronas, aumentando el riesgo de un individuo para desarrollar Parkinson.
Otro autor del estudio, el doctor Arthur G. Fitzmaurice explica que solo un mínimo de casos podría eventualmente ser atribuido a alguna variación genética.
«La comprensión de los mecanismos pertinentes – en particular el que provoca la pérdida selectiva de neuronas dopaminérgicas (relacionadas al DOPAL), pueden proporcionar pistas importantes para explicar cómo se desarrolla la enfermedad”, agregó el especialista.
Los efectos del benomil en el Parkinson muestran que su toxicidad es a largo plazo, incluso después de una década. Para demostrar esto los científicos determinaron si la exposición en modelos experimentales podría duplicar algunas de las características patológicas de la enfermedad.
En los cultivos celulares se encontró que el benomil destruyó específicamente a las neuronas dopaminérgicas, es decir, relacionadas con el DOPAL.
En otras pruebas desarrolladas en los peces cebra de agua dulce, se observó a través de sus tejidos transparentes, que solo perdió neuronas dopaminérgicas y las demás neuronas no fueron afectadas. Este pez es frecuentemente usado en investigaciones pues al ser transparente es fácil observar el color de los indicadores sanguíneos.
«Hemos observado que en animales y cultivos celulares, los pesticidas agrícolas desencadenan un proceso neurodegenerativo que provoca el Parkinson», concluye el Dr. Bronstein, director del Programa de Trastornos del Movimiento UCLA.
El OZONO es tan efectivo que muchos usuarios de alimentación, electrónica y farmacia ahora aplican OZONO en continuo, a niveles muy bajos, para reducir el nivel total de carbono en su agua de proceso.
El OZONO, al impedir la aparición de mohos, permite trabajar a humedad elevada con la siguiente disminución de la pérdida en peso y el ahorro en el raspado, haciendo posible una mayor densidad en el almacenaje y al mismo tiempo que suprime los olores evitando las molestias al personal.
La concentración de OZONO requerida en estos casos es de 1 ppm. Diversos ensayos han manifestado que, con esta dosificación, a una temperatura de 16º C y una HR del 80% al 85%, se ha prolongado el tiempo de depósito durante más de 21 semanas, sin que se manifieste la presencia de mohos visibles.
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