Factores que influyen en la rápida proliferación de este BIOFILM serían: la temperatura, el tipo de agua (potable, residual, marina, caliente y fría), el tiempo de exposición, el caudal y la presión, así como y fundamental: la falta de limpieza y desinfección.
Existen dos métodos de eliminar el BIOFILM:
1. Con un tratamiento de choque.
Existen muchos productos químicos en el mercado, es una técnica muy invasiva y muy perjudicial para los materiales constructivos y para el uso cotidiano del agua a utilizar. Precinto, choque químico, aclarado con consumibles y recargas de productos.
2. Con un tratamiento en continuo con cada ciclo de riego, bombeo o circulación programada.
El OZONO (O3) se puede aplicar a diario, en aguas de consumo humano y de riego o proceso, ya que no aporta químicos, no es nocivo para la salud, ni para los productos alimentarios.
Previene LEGIONELA ya que se elimina con OZONO debido a su función desinfectante biocida.
Ahorra porque no requiere tratamiento de choque con productos químicos de efecto oxigeno.
El uso intensivo y constante de la ROPA DEPORTIVA provoca que la ropa de entrenamiento vaya acumulando un desagradable olor a sudor y a humedad que por muchos lavados que le hagamos no conseguimos eliminarlo.
Una situación bastante incómoda y desagradable para quien la sufre, por la imagen de falta de higiene que está transmitiendo a las demás personas.
Y también porque esas prendas quedan inservibles, por lo que habrá que proceder a comprar ROPA DEPORTIVA nueva.
Esta última situación la podemos evitar o al menos retrasar si ponemos en práctica una serie de trucos para evitar que huela mal la ROPA DEPORTIVA.
Antes de tener que llegar hasta esta situación podemos aplicar una serie de consejos para evitar el mal olor de la ROPA DEPORTIVA:
•Comprar prendas DEPORTIVAS diseñadas para hacer deporte. Entre ellas se encuentran las camisetas técnicas de deportiva, confeccionadas con tejidos que favorecen la transpiración del olor.
•Lavar la ROPA DEPORTIVA lo antes posible en lugar de dejarla en el cesto de la ropa sucia durante varios días, de esta manera evitarás que el olor se quede acumulado en las prendas. Si no vas a poner la lavadora ese mismo día puedes optar por poner las prendas de deporte en remojo y añadirle bicarbonato o un poco de jabón neutro.
•No utilizar la misma ROPA DEPORTIVA dos días seguidos.
Tampoco podríamos alimentarnos de carne, huevos o leche porque al no disponer de soja o maíz para su engorde, todas las granjas del planeta habían tenido que bajar la persiana.
La cría de animales en libertad, pastoreando, ya había desaparecido hacía años de nuestra memoria.
¿Y el mar y los ríos?
En mis delirios, en ese momento la causa que imaginé fue «una plaga de piojos de mar nacidos en las piscinas de acuicultura que habían saltado a todos los océanos y mares causando una infestación completa e irreparable».
Bayer, con su catálogo de productos peligrosos para las abejas, ya es casi la única dueña y señora del patrimonio genético de la humanidad.
Esperemos que no, pero la organización ecologista Salmon an Trout Conservation Scotland, encontró una proporción muy alta de salmones salvajes muertos en uno de los ríos más emblemático de Escocia, el Black Water.
En la red se puede encontrar fotografías y un vídeo que ilustran esta descripción, pero no es muy agradable de observar.
Y, efectivamente, parece que estos parásitos han llegado a los salmones silvestres diseminados desde las siete granjas de la empresa The Scottish Salmon Company que en esa región cultivan salmones en cautividad.
La noticia nos obliga a pensar sobre los sistemas productivos industriales de alimentos.
Querer producir ingentes cantidades de comida a ritmos frenéticos para distribuir por el mundo a cambio de beneficios económicos, insistimos, está forzando la armonía y equilibrio de los sistemas naturales con consecuencias letales: desde el cambio climático hasta la desaparición de miles de especies o la perdida de fertilidad de las tierras y aguas que son el sustento de la vida.
El argumento esgrimido de que es la única manera de alimentar a una población creciente es falso. Analizando las cifras actuales de hambre ya no hace falta discutir al respecto.
Y si la vida en el mar se extingue por una plaga de piojos o por una plaga de plásticos. O por las dos cosas.
Una colilla tirada en la playa porque la papelera estaba muy lejos de la toalla o una botella de plástico olvidada en el campo que un despiste del dueño destinó ahí por años, son solo algunos ejemplos de toda esa BASURA que puebla la naturaleza se ha convertido ya en uno de los grandes problemas para la conservación de la biodiversidad.
De hecho, el 80% de la BASURA que provoca la contaminación del mar procede precisamente de los residuos que tiramos, ya sea en las costas o tierra adentro, desde donde viaja a través de los ríos y acaba desembocando en el mar.
Ser Humano
Sin la intervención del ser humano, en la naturaleza no existiría la BASURA. Todos los elementos cumplen una función y son reutilizados de alguna manera para su aprovechamiento en distintas etapas y de forma cíclica.
Un chicle o una lata, sin embargo, no pueden participar de este ciclo cuando quedan abandonados en el campo y permanecen ahí por años e incluso, en algunos casos, hasta por siglos.
Toda esta BASURA, sin su correcta gestión de residuos, representan uno de los problemas de contaminación más importantes ante los que se enfrenta el planeta. En el peor de los casos, puede introducirse en la cadena alimentaria de aves o peces y de la que los humanos formamos parte.
Los datos, tremendamente alarmantes, hablan por sí solos: 4,8 millones de toneladas de plástico tiradas en tierra terminan en el mar cada año; como consecuencia, al menos 267 especies han sufrido enredos en desechos plásticos o los han tragado, según Naciones Unidas, se estima que en 2050 el 99 % de las aves marinas habrán ingerido algún tipo de BASURA tóxica.
Por esta razón, es importante que la sociedad apueste por reutilizar o reciclar el plástico que se utiliza. Vamos a ver cómo afectan algunos de estos deshechos abandonados en la naturaleza:
Colillas: 10 años
Que no nos engañe su tamaño, cada colilla abandonada en la playa o en el campo es un residuo dañino que contamina el medio ambiente de múltiples formas y que dura hasta 10 años. Según la ONG SEO/Birdlife, una sola colilla puede contaminar entre 8 y 10 litros de agua. Pero eso no es todo, porque además podría terminar en el estómago de algún animal, que no será capaz de digerirlo…
Latas: hasta 100 años
Las latas de refrescos o de conservas están fabricadas de aluminio, un material que puede tardar entre 10 y 100 años en degradarse, dependiendo de su espesor, y que genera óxido de hierro, por lo que es importante su reciclaje.
Además, especies como las tortugas marinas o numerosas aves pueden ver amenazada su supervivencia cuando quedan enganchadas a las anillas de estos envases.
Plásticos: hasta 1.000 años
En esta categoría podemos encontrar múltiples formatos y variantes invadiendo campos y océanos del planeta, lo que ya se conoce como islas de BASURA.
Las botellas de agua, por ejemplo, se llevan la palma en lo que a longevidad se refiere, ya que numerosos estudios sugieren que pueden tardar hasta 1.000 años en degradarse.
Durante todo este tiempo el sol es capaz de agrietar y romperlas en fragmentos, convirtiendo cada envase en una acumulación de microplásticos que tanto aves como peces terminan en muchas ocasiones ingiriendo.
Los chicles, por su parte, están compuestos por un 80 % de plástico. A pesar de lo insignificantes que parecen, se estima que necesitan alrededor de 5 años para desaparecer y de nuevo se trata de uno de los residuos que con más frecuencia las especies confunden con comida.
Vidrio: hasta 4.000 años
4.000, esta es la friolera de años que tarda una botella de vidrio en descomponerse en la naturaleza.
Cada vez que dejamos un recipiente de este material tirado en el campo ponemos en riego el entorno y su ecosistema.
Como ocurre con muchos de los elementos anteriores, los animales pueden cortarse o ingerirlo haciendo imposible su digestión. Además, es uno de los factores de riesgo de incendio más peligrosos.
Paradójicamente, siendo uno de los residuos más contaminantes y difíciles de degradar por la naturaleza, el vidrio es íntegramente reciclable, no genera residuos en el proceso y deviene en un producto de las mismas características sin perder sus propiedades, de ahí la importancia de destinar cada envase que utilizamos al reciclaje.
Pero, ¿qué podemos hacer para reducir el problema? Una de las soluciones determinantes la encontramos copiando a la naturaleza. Ya hemos visto que ella no tira, sino que es capaz de aprovechar sus elementos y reutilizarlos.
Este modelo cíclico es la inspiración para la economía circular, una de las armas más tangibles para luchar contra la contaminación de la BASURA.
La filosofía de la economía circular es la de reducir la producción y apostar por la reutilización de los elementos que por sus propiedades no pueden volver al medio ambiente, convertir el residuo en recurso.
Que cada ciudadano sienta la responsabilidad del reciclaje es otra de las claves, ya que residuos como el aluminio, el vidrio, el papel o el cartón tienen la oportunidad de una nueva vida a partir de la transformación.
Pero además, existen iniciativas públicas y también privadas de empresas como Terracycle que recogen residuos difíciles de reciclar como colillas o cápsulas de café para darles una nueva utilidad.
Es uno de los momentos más pesados de viajar en avión: atravesar el control de seguridad. Ahora, a todo el estrés que provoca hacer esta cola, separar los líquidos, sacar el ordenador, quitarse los tacones o enseñar la calderilla de los bolsillos, podemos añadir otro más: la posibilidad de pillar un resfriado.
Esta es la conclusión a la que han llegado científicos de la Universidad de Nottinghan, en Reino Unido, y el Instituto de la Salud de Finlandia.
Resulta que esas BANDEJAS del control de rayos X donde depositamos nuestras pertenencias contienen más bacterias que ninguna otra superficie del aeropuerto analizada.
El estudio se basa en el análisis de 90 superficies distintas recogidas en el aeropuerto de Helsinki-Vantaa durante un periodo de tres semanas en 2016.
Se tomaron muestras de los lugares más sospechosos: escaleras mecánicas, los botones del ascensor… pero descubrieron que las BANDEJAS de seguridad representan el mayor riesgo de contaminación viral de todo el aeropuerto: cuatro de las ocho muestras tomadas en estos objetos de plástico dieron positivo.
En comparación, de las 42 muestras tomadas de los aseos públicos del aeropuerto (la tapa del retrete, el botón de la cadena y el cerrojo), ninguno contenía agentes de virus respiratorios
«Este estudio demuestra la necesidad de una mayor conciencia pública de cómo se extienden los virus», señaló el profesor de la Universidad de Nottinghan, Jonathan Van Tram.
Además señaló «Los pasajeros pueden minimizar el contagio lavándose las manos y tosiendo en un pañuelo o en su manga en todo momento, pero sobre todo en lugares públicos».
Un nuevo estudio en la Universidad de Reading descubrió que pequeños fragmentos de plástico penetran en insectos voladores que ponen sus huevos en el agua, y que pueden pasar de las larvas a la forma adulta.
La bióloga Amanda Callaghan, autora principal del estudio, declaró en un comunicado: «Se ha prestado mucha atención recientemente a los plásticos que contaminan nuestros océanos, pero esta investigación revela que también está en nuestros cielos».
Los microplásticos pueden originarse a partir de la contaminación plástica, que demora cientos de años en descomponerse en el medio ambiente, y se ha descubierto que está muy extendida en los océanos y en el agua dulce de todo el mundo. También se liberan directamente en el agua residual como diminutas perlas en muchos productos cosméticos. Estos son consumidos por organismos acuáticos y se transfieren a través de la cadena alimenticia a peces y otras criaturas.
Los científicos descubrieron que los microplásticos consumidos por las larvas permanecen invariablemente en el mosquito a través de la metamorfosis a una pupa que no está alimentándose y luego a los adultos.
El nuevo estudio, publicado en Biology Letters, muestra por primera vez que los microplásticos se pueden transmitir entre las etapas de la vida de las criaturas que viven en el agua antes de pasar a un ambiente terrestre. La estudiante de doctorado Rana Al-Jaibachi alimentó con microperlas de plástico fluorescente a las larvas de mosquito y monitoreó su destino a lo largo de su ciclo de vida. Ella usó microscopios para examinar si los microplásticos se habían transferido de alimentar las etapas larvales a la etapa de pupa sin alimentación y al insecto adulto.
Como las LENTILLAS se descomponen en microplásticos llegando a los estómagos de la fauna de ríos y mares, al final acaba en la cadena alimentaria, según una investigación de la Universidad del Estado de Arizona.
Los resultados de la investigación se han presentado este lunes en la 256 National Meeting & Exposition of the American Chemical Society (ACS), la mayor sociedad científica internacional, que se reúne en Boston desde este jueves y en cuyo encuentro se realizarán más de 10.000 presentaciones de resultados de distintos asuntos científicos.
La inspiración para esta investigación llegó de la propia experiencia personal de Rolf Halden, que ha utilizado LENTILLAS durante la mayor parte de su vida adulta. Así, comenzó a preguntarse si alguien habría investigado el impacto ambiental de las LENTILLAS.
Así, añade que su equipo ya había comenzado a investigar sobre la contaminación por plásticos y fue sorprendente abrir los ojos al no poder encontrar estudio alguno sobre lo que le ocurre a las LENTILLAS después de su uso.
El estudio sobre el mercado de LENTILLAS en Estados Unidos y la conducta de sus usuarios ha concluido que entre el 15% y el 20% tiran las lentillas por el lavabo o por el inodoro.
Así, Halden, Rolsky y un tercer miembro del equipo, Varun Kelkar, del Biodesign Institute’s Center for Environmental Health Engineering at Arizona State University (ASU) ha añadido que en torno a 45 millones de personas en Estados Unidos solamente llevan lentes de contacto.
Las lentes que se van por el desagüe terminan finalmente en las plantas de tratamiento de aguas residuales y el equipo investigador estima que en cualquier sitio de entre seis y diez toneladas métricas de lentes de contacto terminan en las aguas residuales estadounidenses cada año.
Halden precisa que las LENTILLAS tienden a ser más densas que el agua, lo que significa que se hunden, y esto en definitiva supone una amenaza a la vida acuática, especialmente a los peces que se alimentan en el fondo de ríos o del mar, que podrían ingerir estas lentes.
Por eso, el equipo considera que se tiene que analizar lo que ocurre a las LENTILLAS es un reto por varios motivos. En primer lugar porque son transparentes, lo que dificulta su observación en el complicado entorno de las plantas de tratamiento de aguas residuales.
Además, los plásticos que se utilizan en la fabricación de las LENTILLAS son diferentes a otros residuos plásticos, tales como el polypropylene, que puede ser hallado en casi cualquier objeto, desde baterías de coches hasta ropa.
Sin embargo, las LENTILLAS se fabrican con una combinación de poly (methylmethacrylate), siliconas y fluoropolímeros para lograr un material más suave que permita que el oxígeno pase de la lente al ojo.
Por lo tanto, no está claro como el tratamiento de las aguas residuales afecta a las lentes.
Los investigadores expusieron cinco polímeros encontrados en la fabricación de cualquier lente de contacto a microrganismos aeróbicos y anaeróbicos presentes en las plantas de tratamiento de aguas residuales durante un número indeterminado de veces y le practicaron una espectroscopia para analizarlas.
Así, Kelkar ha indicado que el equipo concluyó que los microbios en las instalaciones de tratamiento de aguas en realidad altera la superficie de las LENTILLAS, debilitando los ligamentoes de los polímeros plásticos.
«Cuando el plástico pierde parte de la fuerza de su estructura, esta se romperá físicamente. Esto provocará partículas de plástico más pequeñas que podrían finalmente terminar siendo microplásticos», ha advertido Kelkar.
Estos microplásticos pueden ser confundidos por los organismos acuáticos por alimentos y como estos plásticos no son digeribles, afectan dramáticamente al sistema digestivo de la fauna marina. Estos animales son además parte de la cadena alimentaria, por lo que eventualmente se podrían encontrar en los alimentos que comen los seres humanos que se estarían exponiendo de forma involuntaria a contaminantes plásticos y otras sustancias que van pegadas a las superficies de los plásticos.
El equipo, que ha realizado la primera investigación al respecto, confía en que la industria tomará nota y, al menos proporcionará una etiqueta en el paquete de las LENTILLAS explicando cuál es la forma adecuada de desechar las lentes de contactos, junto con otros residuos sólidos.
«Si nos pasamos la mayor parte del tiempo en espacios cerrados, ¿por qué no nos preocupamos más por el aire que respiramos en casa o en la oficina?. Muchos de los contaminantes legislados para el aire exterior tienen valores muy superiores en los espacios interiores», asegura Surià, ingeniero experto en mediciones de calidad del aire.
Para este especialista, la sociedad «todavía no es consciente» del nivel de CONTAMINACION que hay dentro de sus hogares, «superior al de la calle». «Ya en un estudio realizado hace 30 años se demostraba que agentes contaminantes exteriores como el plomo, el cadmio, el arsénico, el benzopireno o el benceno presentaban valores de entre 2 a 5 veces superiores en zonas cerradas», explica.
Por eso, considera que existe una «gran falta legislativa» sobre la CONTAMINACION del aire interior, especialmente en las viviendas, y ello se debe a que los residentes «son los responsables de la CONTAMINACION del aire interior que ellos mismos generan».
Ante esta situación, el experto se cuestiona por qué las administraciones no facilitan más información sobre los riesgos o sobre cómo actuar. «¿Por qué las administraciones no amplían los estándares de calidad de los productos de consumo para asegurar que no emitan contaminantes al espacio interior? Es evidente que reducir la CONTAMINACION interior disminuiría el gasto sanitario y los periodos de baja«, afirma Surià.
Según explica, estas concentraciones de tóxicos se deben a una ventilación insuficiente y también a un ambiente artificial provocado por los plásticos y los materiales sintéticos que se tienen en casa, lo que provoca que «se genere un ambiente cargado electrostáticamente que incrementa la concentración de polvo en el ambiente interior». Así, las sustancias nocivas que se generan se adhieren a este polvo y permanecen en el aire, detalla.
El texto, que se basa en datos recopilados entre 2010 y 2015, indica que, aunque en la mayor parte de los casos los acuíferos subterráneos tienen “buena salud”, solo el 40% de los lagos, ríos, estuarios y zonas costeras vigiladas alcanza los niveles de “bueno” o “muy bueno”, conforme a la Directiva Marco del Agua.
El estudio, el segundo que realiza la AEMA, incluyó el análisis de 130.000 zonas de agua subterránea y de superficie con datos proporcionados por más de 160 entidades de gestión de cuencas, agregó la agencia en un comunicado.
La situación es similar a la registrada en 2012, la fecha del informe anterior, en cuando a la cantidad de aguas que merecieron la calificación de “buena” o “muy buena”. Los niveles más altos de calidad en las aguas superficiales se detectaron en el norte de Escandinavia, en el norte del Reino Unido y Estonia, además de en Eslovaquia, Rumanía y en algunas cuencas hidrográficas de la región mediterránea, señala el estudio.
Por el contrario, la mayor parte de las cuencas del centro de Europa, donde hay una mayor densidad de población y un uso agrícola más intenso, es donde se localiza la mayoría de las aguas que no alcanzan el estatus de calidad “buena”. En lo que afecta a las aguas subterráneas, el informe puntualiza que gozan en general de mayor calidad que las de superficie: el 74% de aquellas tenían un nivel químico “bueno”.
Presencia de mercurio y de cadmio
En la mayoría de los Estados miembros el elemento químico que más influye en la baja calidad del agua es el mercurio (antes muy empleado en la fabricación de termómetros, baterías y pintura, principalmente), seguido del cadmio, presente sobre todo en fertilizantes hechos con fosfatos y en la metalurgia.
El seguimiento y la notificación son las principales herramientas utilizadas para clasificar la salubridad de las aguas de la UE y se emplea una escala que cataloga el estado de las aguas superficiales en “excelente”, “bueno”, “aceptable”, “deficiente” y “malo”.
En cuanto a la calificación de las aguas subterráneas, se usan como clasificación los valores de “bueno” o “malo”. Los Estados miembros de la UE se encuentran actualmente en su segundo ciclo de seguimiento y notificación (2015-2021) con arreglo a la Directiva Marco del Agua de la UE. En este ciclo se incluyen 89.000 ríos, 18.000 lagos, 13.000 zonas de muestreo de aguas subterráneas y 3.600 zonas de muestreo de agua costera y de estuarios, detalló la AEMA, que precisó que no se pudo incluir en el informe datos de Grecia, Irlanda, Lituania y de partes de España.
Los interruptores, mandos de televisión y teléfonos aparentan estar impolutos gracias al trabajo diario del equipo de limpieza de la HABITACION de un HOTEL, pero son en realidad los más contaminados por los gérmenes.
Es la conclusión del estudio realizado por unos investigadores de la Universidad de Houston que analizaron hasta 19 superficies de la HABITACION de un HOTEL en distintos puntos de EEUU: Texas, Indiana y Carolina del Sur.
Otros estudios estadounidenses también se han encargado de identificar los objetos que suelen reunir el mayor número de bacterias.
Así que si estás a punto de llegar a ese ansiado hotel con el que soñabas desde hace meses o a una casa de alquiler para pasar las vacaciones, ten cuidado a la hora de tocar el mobiliario.
¿Por qué estos tres objetos: mandos, interruptores y teléfonos?
Porque suelen estar encima o al lado de la mesilla de noche y, sobre todo, porque quienes más contaminamos somos los huéspedes al respirar, así que todo lo que se sitúe en nuestro entorno más próximo tiene más posibilidades de ensuciarse.
Cuidado con el colchón
Sin olvidar a esa otra fiel ‘compañera’ de las bacterias que es la funda del colchón.
Encontrar una cama muy confortable no significa que carece de microbios.
Los encargados de la limpieza reordenan la habitación, cambian sólo las sábanas, no las fundas del colchón, donde se quedan los gérmenes del huésped anterior.
Incluso, hay quien afirma que los empleados del hotel la cambian sólo una vez por año.
Además es aconsejable tocar lo menos posible el mando del aire acondicionado, o desinfectarlo antes de utilizarlo.
¿La razón? Suele estar asqueroso. Da igual que el resort tenga tres o cinco estrellas, este artilugio tiene las mismas bacterias que la taza del baño, según el estudio Hotel Hygiene Exposed llevado a cabo por EmLab P&K, que analizó las superficies de nueve hoteles de distintas categorías.
Más inesperado son quizá los vasos, tazas y la máquina de café con cápsulas. Tres objetos que no escapan a los microbios. Por todo ello, está bien fijarse en la limpieza del alojamiento a la hora de efectuar el check-in, aunque queda claro que sería mejor viajar con toallitas desinfectantes.
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