Con la solución de almacenamiento frigorífico, los empaquetadores pueden prolongar la vida de los productos y su comercialización, reduciendo las pérdidas por descomposición en forma natural.
– Eliminan el Botrytis Rot
– Matan los microorganismos superficiales
– Detienen el anidamiento de la descomposición en envases almacenados
• Reducen/eliminan las sustancias químicas posteriores a la cosecha
– Reducen el uso de fungicidas posteriores a la cosecha
– Ideales para productos orgánicos y convencionales
• Sustancia orgánica aprobada y certificada por el Departamento de Agricultura de los EE. UU. (U.S. Department of Agriculture, USDA) y la Administración de Drogas y Alimentos (Food and Drug Administration, FDA)
La prueba de la uva de mesa muestra la reducción en la infección de los granos de uva
Fuente: estudio realizado en 2002 por UC Davis
La solución de almacenamiento frigorífico libera concentraciones específicas definidas y de baja dosis de ozono gaseoso en la atmósfera, para su uso como desinfectante potente, pero seguro, para el almacenamiento y la maduración de uvas.
El ozono es el agente más seguro y natural de purificación y desinfección para productos frescos. También cuenta con la comprobación de la Administración de Drogas y Alimentos y del Departamento de Agricultura de los EE.UU. como una sustancia que puede estar en contacto con los alimentos, y está certificado como una sustancia orgánica.
El modo de acción del ozono consiste en destruir la pared celular del organismo al entrar en contacto con esta. Dado que actúa en forma instantánea, el ozono no permite el desarrollo de cepas patógenas resistentes, un problema cada vez mayor para la industria de productos frescos.
Formado por el oxígeno presente en el aire, después de actuar, el ozono vuelve a convertirse en oxígeno puro y no deja residuos en los Productos frescos.
El ozono se elabora in situ; no se requiere el transporte ni el almacenamiento de sustancias químicas tóxicas.
Los consumidores ecológicos son reflexivos y críticos. Reconocen que los seres humanos, como los demás seres vivos, forman parte de un todo interrelacionado: la naturaleza. Cualquier acción que antepone a los seres humanos en detrimento de la naturaleza repercute de forma directa o indirecta en el bienestar humano actual y el de las generaciones venideras. La información y la educación ambiental son claves para que los ciudadanos puedan repensar su manera de consumir.
Las decisiones coherentes con esta postura son muy diversas: elegir bienes y servicios comprometidos con el medio ambiente, caminar, ir en bicicleta o en transporte público en lugar del coche privado, apoyar el uso de las energías renovables y huir en lo posible del uso de combustibles fósiles, consumir alimentos frescos, de temporada y cercanos, vestir ropas realizadas con fibras naturales, etc.
El resultado de la fórmula es evidente: menos bienes, menos gastos, menos explotación de los recursos naturales y menos contaminación y residuos. No hay que dejar de consumir, sino hacerlo con cabeza. Antes de adquirir un nuevo producto, conviene preguntarse si de verdad es necesario.
Los consumidores pueden reducir su impacto ambiental de muchas maneras. Al comprar, hay que evitar los productos con un empaquetado excesivo. Siempre que se pueda, hay que elegir los tamaños grandes y los productos concentrados para generar menos basuras y, a la vez, ahorrar dinero. El agua no es un bien inagotable aunque lo parezca cada vez que se abre el grifo. Diversos consejos permiten reducir su consumo sin que sufra el nivel de bienestar. De igual manera, la generación de energía supone la utilización en gran parte de combustibles que generan contaminación, como el petróleo o materiales radiactivos, y la explotación de la naturaleza. El gasto en energía también se puede disminuir en casa mediante unas cuantas pautas sencillas.
Prolongar la vida útil de los bienes contribuye al ahorro doméstico y a disminuir el impacto ambiental. Los envases o productos de usar y tirar son la antítesis de un consumo responsable y ecológico.
La reutilización es posible de muchas formas. Al hacer la compra, conviene llevar bolsas de tela o de otros materiales que permitan su uso prolongado y eviten las perjudiciales bolsas de plástico. Las baterías recargables son menos nocivas que las de un solo uso. Las hojas de papel se pueden utilizar por ambos lados y las cajas de cartón se pueden aprovechar más veces para guardar otros objetos. Los libros, los discos, la ropa, etc. se pueden intercambiar entre familiares y amigos, y tampoco está de más darse una vuelta por los mercados de segunda mano. Lo barato sale caro, no solo para el bolsillo, sino también para el medio ambiente. Los productos muy baratos de mala calidad no duran nada y acaban en la basura. En su lugar, los bien elaborados se pueden reutilizar más veces. Cuidar de manera adecuada los productos, hacer caso de las recomendaciones de los fabricantes y repararlos siempre que se pueda favorecerá que duren más. Una forma más sofisticada de reutilizar es el denominado «upclycling», que transforma un objeto sin uso o destinado a ser un residuo en otro de igual o mayor utilidad y valor. Los consumidores logran nuevos productos y se ahorran dinero.
Separar los residuos de manera adecuada para su posterior reciclaje es una acción con múltiples beneficios medioambientales. Las basuras recicladas no acaban en los vertederos, cada vez más saturados, los materiales desechados se aprovechan para elaborar nuevos bienes y, por ello, se evita la extracción de nuevas materias primas y se reduce el consumo de energía en su elaboración. Al reciclar una lata de aluminio, se ahorra una cantidad de energía similar a la que consume un televisor durante tres horas. Un bien con aluminio reciclado consume un 5% de la energía que necesitaría si se basara en material virgen. EROSKI CONSUMER ofrece a través de su escuela de reciclaje o de sus distintos artículos toda la información necesaria.
Los desequilibrios entre los países ricos y pobres no sólo afectan a sus habitantes, sino también al medio ambiente. La humanidad ha duplicado en los últimos 40 años su huella ecológica global, de manera que el consumo actual se basa en la utilización de los recursos de otros territorios o de generaciones futuras. Si todas las personas del mundo vivieran como un ciudadano medio de EE.UU. o de Emiratos Árabes Unidos, se necesitarían más de 4,5 planetas Tierra. La huella ecológica de los españoles también es alta: se requieren más de tres superficies como la de España. El medio ambiente y la humanidad no pueden soportar de manera indefinida este desarrollo insostenible y, por ello, hay que redistribuir el consumo de manera equitativa. Los productos con una menor huella ecológica o basados en principios de comercio justo pueden disminuir estas diferencias.
Los consumidores pueden y deben tener una participación activa en las actividades que influyen en su vida cotidiana. La ley ampara la posibilidad de reclamar y exigir actuaciones que contribuyan a mejorar el medio ambiente y la calidad de vida de los ciudadanos. Las líneas de acción son muy diversas: reclamar a las instituciones más medidas para conservar y recuperar el medio ambiente, reclamar más infraestructuras para poder reciclar, reclamar un mayor apoyo a los productos ecológicos y a las energías renovables, reclamar el uso de bolsas reutilizables en los supermercados en vez de las de usar y tirar, reclamar más productos reciclados y reciclables, reclamar más información medioambiental, etc.
Fuente: consumer (25 de junio de 2012) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
Lechugas, tomates, manzanas y pepinos son los vegetales con un mayor índice de contaminantes químicos en su composición, según los últimos datos del PAN Europe (Pesticide Action Network), una organización no gubernamental que ha desarrollado un exhaustivo informe en el ámbito europeo acerca de los disruptores endocrinos (EDC). La legislación actual sobre plaguicidas regula el uso de estos productos, pero el PAN solicita un nuevo marco legal más estricto para un mayor control de los EDC en los alimentos.
Según los resultados del estudio, se hallaron unos 30 tipos de tóxicos diferentes en vegetales de consumo habitual en la dieta de un adulto y que interfieren de manera directa en el sistema endocrino, nervioso y hormonal del ser humano. Entre los vegetales que se evaluaron, la lechuga alcanzó el mayor nivel de disruptores endocrinos (EDC), seguida de los tomates, los pepinos, las manzanas y los puerros.
El estudio se centró en los disruptores endocrinos (EDC) y en su falta de margen legal, puesto que aún se desestima el efecto de estos químicos, si bien son sustancias tóxicas, nocivas para el organismo, que alteran el sistema hormonal del cuerpo humano. Estas sustancias químicas se asocian a enfermedades crónicas como el cáncer de mama o próstata, disfunciones fértiles, daños cerebrales, obesidad o diabetes.
Los responsables del estudio han utilizado para la investigación los datos que publicó la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), en los que se mostraron restos de pesticidas, con un notable riesgo para la salud, en diferentes vegetales. De hecho, desde el PAN se ha iniciado una campaña de información acerca de la presencia de estos tóxicos en los vegetales.
Se recomienda consumir productos orgánicos, sobre todo entre la población más susceptible, como niños o ancianos, para sustituir el posible riesgo derivado de los tóxicos. Está previsto que la Comisión Europea, el órgano más importante de la UE, revise esta laguna legal en diciembre de 2013.
Legislación actual sobre plaguicidas
Los EDC se detectan también en productos de cosmética e higiene personal, biberones o productos de limpieza. Por ello, el objetivo del estudio es abrir un nuevo debate sobre la legislación vigente de los pesticidas, ya que el próximo año está prevista una nueva revisión. Si bien hay legislación y control sobre los límites en estos productos, desde el PAN se hace hincapié en replantear un nuevo marco legal más estricto acerca de la cantidad de estos compuestos en alimentos ya que el actual, aseguran, no es demasiado amplio en este aspecto concreto.
La UE comenzó a legislar la autorización de plaguicidas en la agricultura de sus miembros en 1991, con una posterior y vigente revisión en 2009. Además, ha armonizado durante estos años diferentes estándares que marcan los límites de residuos de pesticidas en los alimentos. A día de hoy, la comercialización de productos fitosanitarios está regulada por el Reglamento CE 1107/2009, aplicada en junio de 2011, a raíz de la primera Directiva 91/414.
Desde la primera legislación hasta la fecha, el número de plaguicidas autorizados se ha reducido de 1.000 (histórica situación) a 250, sobre todo, porque las compañías no querían pagar por las pruebas de seguridad y el interés comercial era bajo. Hoy en día, el número de plaguicidas supera los 350.
No siempre está al alcance de todos el consumo exclusivo de productos orgánicos. En este caso, se recomienda priorizar que los vegetales sean orgánicos y, en su defecto, realizar una limpieza a fondo de cada pieza y dejarlas en remojo con agua durante varios minutos. No es necesario añadir ninguna sustancia clorada, ya que se agregaría otro producto químico.
Este nuevo hallazgo se enmarca en la capacidad antimicrobiana de compuestos naturales de los alimentos y supone un nuevo paso en el campo de la alimentación. Orégano, arándanos o guaraná son algunos vegetales que han aportado hasta ahora importantes avances en el desarrollo de sustancias antimicrobianas naturales.
Fuente: consumer (16 de mayo de 2012)
Por MARTA CHAVARRÍAS
Ajo para eliminar la bacteria Campylobacter
Una investigación realizada por expertos de la Universidad de Washington ha examinado la capacidad del sulfuro de dialil, un compuesto derivado del ajo, para eliminar la bacteria Campylobacter. Este compuesto tiene la capacidad de penetrar en la biopelícula protectora de la carne y matar las células bacterianas mediante la combinación de una enzima que contiene azufre.
Un compuesto del ajo puede ser útil en la reducción de los niveles de Campylobacter en el medio ambiente y en la industria alimentaria
El sulfuro de dialil es, según los expertos estadounidenses, «100 veces más eficaz que determinados antibióticos utilizados para el mismo fin» y actúa en menos tiempo: la bacteria puede inactivarse en cinco horas, frente a las 24 de los otros sistemas de eliminación. Además, los expertos han determinado que el compuesto también puede utilizarse para reducir los niveles de Campylobacter en el medio ambiente y en la industria alimentaria, como método de limpieza de los equipos de procesamiento.
Según la investigación, el sulfuro de dialil podría utilizarse también como conservante en los alimentos envasados, como ensaladas y carnes frías. Además de extender la vida útil de estos productos, el compuesto de ajo reduce el crecimiento de bacterias patógenas. La alicina, o dialil sulfato, es una sustancia que se forma por la acción de una enzima que contiene la superficie del ajo (aliinasa) en contacto con otra sustancia de este alimento (aliina). Si el ajo se machaca y se juntan la aliinasa y la aliina, forman la alicina.
Propiedades conservadoras del ajo
Las propiedades conservadoras del ajo no son nuevas. Desde hace años, este alimento se ha reconocido por su capacidad para luchar contra virus y bacterias. Junto con las cebollas y otras especies, el ajo contiene potentes agentes antimicrobianos. Al principio, las propiedades antimicrobianas del ajo se demostraron con patógenos como Escherichia coli y Staphylococus aureus, entre otros.
El ajo forma parte de la lista de agentes naturales antimicrobianos, junto con otras especias como el orégano. En 2007, un grupo de expertos del Servicio Agrícola estadounidense (ARS) evaluó la capacidad antimicrobiana de un macerado a base de orégano y ajo contra Bacillus cereus, Escherichia coli O157:H7, Listeria monocytogenes y Salmonella enterica. En esta investigación, la receta consistía en elaborar un macerado de vino blanco o tinto, hojas de orégano, zumo de ajo y aceite de orégano. Estas sustancias naturales, combinadas, y el vino inactivan los cuatro agentes patógenos.
Prevención frente a Campylobacter
Junto con Salmonella, Campylobacter es una de las bacterias más frecuentes en los casos de intoxicaciones alimentarias. Presente sobre todo en alimentos como las aves, en especial el pollo, su prevención empieza en el primer punto de la cadena de producción. Si bien es un patógeno que se elimina con la congelación o durante la cocción, su eliminación es deseable desde las primeras fases de producción. La mayoría de las infecciones se deben al consumo de carne de ave cruda o poco cocida o bien por contaminación cruzada a través de utensilios y superficies que se han usado para preparar aves de corral.
Los pigmentos y compuestos bio-activos presentes de forma natural en los vegetales, como el tomate, tienen relación directa con los beneficios para la salud, como la mejora de la capacidad antioxidante frente a los radicales libres. En el caso del tomate, el licopeno, que es el responsable del color rojo, disminuye el riesgo de padecer cáncer de próstata en el hombre y mejora el sistema inmune.
Esta hortaliza es rica en vitaminas A y C, potasio y licopeno, por lo que tiene propiedades antioxidantes y beneficios potenciales para la salud; se ha relacionado también con mejoras en enfermedades cardiovasculares, cáncer, diabetes, osteoporosis e infertilidad masculina. Además, se recomienda su consumo para prevenir el cáncer de piel provocado por la radiación ultravioleta.
Las técnicas actuales de procesado del zumo de tomate permiten mantener su calidad reduciendo la degradación de sus componentes activos, por lo que no debe faltar en la dieta mediterránea, especialmente en los meses de verano.
De los elementos minerales del zumo de tomate, el más destacado es el potasio, que puede llegar a constituir aproximadamente el 50% del contenido mineral; existe poco sodio y, en general, bajas cantidades de micro-elementos.
Estas mismas sustancias también pueden disminuir la presión arterial y prevenir los problemas cardiovasculares. Además, otro estudio dado a conocer en la revista Nutrition Research sugiere que el zumo natural de naranja concentrado reduce los niveles de colesterol “malo” (LDL).
A esto se suma un estudio de la empresa Florida Orange Juice, en colaboración con el investigador Sonja Lyubomirsky, de la Universidad de California, que sugiere que beber zumo de naranja al comienzo de la mañana nos hace sentir de mejor humor y llenos de energía durante el día.
PD – ¿Cómo se obtiene un zumo de naranaja natural? Se toma una naranja, se la exprime, … y, a disfrutar!Si la naranja es pequeña o tiene poco zumo…, se exprimen dos. Y, mientras tanto… se planifica el día.
La investigación, presentada esta semana en la Conferencia de la Sociedad General de Microbiología, asegura que el tomillo puede convertirse en un remedio eficaz y suave para la piel afectada por esta enfermedad inflamatoria de la piel.
Los científicos pusieron a prueba la efectividad del tomillo, la caléndula y la mirra contra la bacteria del acné, mediante unos preparados en alcohol. El grupo encontró que, aunque todas las soluciones conseguían destruir la bacteria tras una exposición de cinco minutos, el tomillo fue el más efectivo de los tres. Es más, descubrieron que la tintura de esta planta tiene un efecto antibacteriano mayor que el peróxido de benzoilo, el ingrediente activo presente en la mayoría de las cremas antiacné.
Estos resultados preliminares suponen el primer paso para futuras investigaciones del uso de estas soluciones herbales en el tratamientos del acné. «Ahora necesitamos hacer otras pruebas en condiciones más cercanas al ambiente real de la piel y ver cómo estos preparados trabajan a nivel molecular. Si se prueba que la tintura de tomillo es clínicamente efectiva, como sugieren nuestros resultados, podemos estar ante una alternativa natural a los actuales tratamientos», explica la doctora Margarita Gómez-Escalada, autora principal del estudio.
El tratamiento herbal del acné supondría una muy buena noticia para aquellos que tienen una piel excesivamente sensible para las cremas disponibles en el mercado. «El problema de los tratamientos que contienen peróxido de benzoilo son los efectos secundarios, como la irritación de la piel», señala la doctora Gómez-Escalada, que asegura que los preparados a base de plantas son menos agresivos por sus propiedades antiinflamatorias.
FUENTE: El País Digital (28/03/2012) Autor: Cristina Delgado
En la investigación han colaborado el departamento de psicología y la escuela de medicina del centro. Según explican en el propio artículo, trataban de investigar los efectos del consumo de frutas y verduras en el color de la piel y determinar la magnitud y la duración de un cambio perceptible por la modificación de hábitos alimenticios. Eligieron a un grupo de 35 jóvenes y registraron su tono de piel y su luminosidad al inicio del estudio, tres semanas después y seis semanas después. Según la publicación, el análisis se hizo «sin maquillaje, cremas bronceadoras ni una exposición intensa al sol». Los participantes, con una media de edad de 20 años, consumieron de media 3,4 raciones de frutas y verduras repartidas en tres comidas.
La conclusión es que seis semanas de cambios en el consumo de frutas y verduras se correlacionaron significativamente con cambios de enrojecimiento de la piel o la adquisición de tonos amarillos en este periodo. Los cambios, apuntan, se debieron a la absorción de carotenos y no de melanina. Una vez comprobadas las modificaciones, el equipo estudió si el nuevo tono de piel producía algún tipo de cambio de percepción en 24 personas que juzgaron la apariencia mediante fotografías de los diferentes momentos del estudio.
Los responsables del artículo, que señalan que recibieron el apoyo de la multinacional Unilever para elaborarlo, señalan que haría falta un estudio más amplio (y una muestra más amplia, con personas de diferentes razas) para lograr conclusiones más detalladas.
El estudio ha sido citado por José María Ordovás, profesor de la Universidad de Tufts, EE.UU., en la conferencia inaugural del Congreso sobre Dieta Mediterránea, celebrado en Barcelona en el marco de la feria Alimentaria. Ordovás ha expuesto cómo la dieta puede influir en nuestra salud y en la aparición de enfermedades. El estudio sobre la apariencia de la piel, ha señalado, es un ejemplo de cómo preocuparse por estar «sano por dentro tiene después un reflejo exteriormente».
Este tipo de conclusiones, además, cree Ordovás que pueden servir para motivar a la gente a no abandonar los buenos hábitos alimenticios, como la dieta mediterránea, rica en consumo de fruta y verduras.
Exposición a la luz, y quizá la propia fotosíntesis de las plantas, podría ayudar a que bacterias como la salmonella penetren en las hojas de los vegetales y queden protegidas frente al lavado previo al consumo.
Fuente: consumer (2 de marzo de 2012) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
La fotosíntesis es un proceso indispensable para la vida de las plantas. Se divide en dos fases: una depende de la luz y requiere su energía directa y otra, independiente de la luz, puede realizarse en la oscuridad. Una investigación de expertos de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, desvelaba a finales de 2009 que las hojas de lechuga romana expuestas a la luz y a salmonella registran una acumulación de bacterias en el tejido interno.
La bacteria, principal causante de gastroenteritis, penetra en las hojas de la lechuga y queda protegida contra el lavado u otros procesos tecnológicos más superficiales. Este patógeno puede hallarse en grandes cantidades en los alimentos sin alterar su sabor u olor. Cuanto mayor sea el número de microorganismos, mayores son las posibilidades de que el consumidor sufra la infección.
Las bacterias penetran en las superficies más profundas de las hojas de la lechuga por los estomas, unos poros de pequeñas dimensiones que utilizan para obtener y liberar gases durante la fotosíntesis. Se abren con la luz y facilitan la entrada de los patógenos. En algunos vegetales, las partes más verdes se caracterizan por una gran densidad estomática y son más vulnerables al ataque patógeno. Por el contrario, la incubación en la oscuridad origina un patrón de adherencia disperso y muy poca penetración en el vegetal.
Los nutrientes que se producen durante la fotosíntesis atraen a los patógenos
La investigación israelí concluía que los nutrientes producidos durante la fotosíntesis, solo cuando hay luz, atraen a los patógenos. Mientras, las mutaciones que afectan a la motilidad y la quimiotaxis inhiben de manera significativa la penetración de salmonella.
Este último fenómeno depende de las sustancias químicas detectadas en el medio ambiente, que determinan el movimiento de las bacterias. Conocer estas premisas es útil para limitar el acceso de las bacterias en las verduras. Sin embargo, la luz es necesaria para el crecimiento natural de las plantas y para su desarrollo, por lo que erradicar por completo la proliferación de bacterias patógenas es una tarea difícil.
La mayoría de las plantas se adaptan a la cantidad de luz que reciben. Si las condiciones lumínicas son escasas, regulan su actividad fotosintética y utilizan menos cantidades de enzimas para la fase de crecimiento. Su tasa de respiración disminuye respecto a las plantas que reciben luz y reducen sus demandas metabólicas. Sin embargo, estos vegetales maduran con una calidad menor, mientras que otros con requerimientos de luz muy estrictos ni siquiera se adaptan a estos cambios.
Controlar la luz necesaria
La respuesta a la exposición de la luz es diferente en cada vegetal. También varía en función de la parte de las plantas. No es igual en las hojas, la raíz, el tallo o las flores. Una aportación lumínica correcta marca el crecimiento del vegetal y se traduce en un aumento de la calidad. En lugares poco iluminados, las plantas sufren mucho y su crecimiento es más lento y débil. La falta de color o la aparición de un tono amarillento son los principales indicadores. Por el contrario, si el vegetal está expuesto a demasiada luz, también puede sufrir problemas, como el desarrollo de hojas de aspecto apagado y sin vida o los bordes quemados.
En el caso de los vegetales, adquiere una mayor importancia, ya que buena parte se consumen crudos y el lavado es la principal herramienta para eliminar cualquier riesgo. Cuando llegan a la industria, los vegetales se limpian con agua fría, apta para el consumo humano y tratada con hipoclorito de sodio. Luego se elimina el exceso de humedad de los productos frescos para evitar el crecimiento de bacterias.
Un estudio del Área de Tecnología Alimentaria de la Universidad de la Rioja, publicado en la revista «Journal of the Science of Food and Agriculture», advierte de que los vegetales frescos no sobrepasan las dos semanas de vida útil, mientras que la luz favorece su degradación. El puerro permanece en buen estado durante 26 días, mientras que con luz apenas dura 18; la coliflor, pasa de 11 a 3 días.
El equipo de Walter Gassmann, profesor de Ciencias Vegetales en la Universidad de Missouri, Estados Unidos, ha usado como planta modelo a la Arabidopsis.
La Arabidopsis tiene una estructura genética bastante conocida, y sus patógenos bacterianos comparten muchas tácticas con otros patógenos como la roya y el mildiú.
Gassmann cree que estudios adicionales sobre la EDS1 y sus «centinelas» podrían aclarar cuál es el mejor modo de añadir la respuesta de alarma a vegetales que no tienen la proteína o amplificar la respuesta en los que ya la poseen.
Aunque las plantas modificadas genéticamente siguen siendo motivo de controversia, Gassmann considera que ayudar a los vegetales reforzando su resistencia natural a enfermedades es mejor que usar fungicidas.
En la investigación también han trabajado Saikat Bhattacharjee, Sang Hee Kim y Morgan Halane.
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