En este trabajo, coordinado por Sameer Kalghatgi, se han investigado los efectos deANTIBIOTICOS el lado oscuro específicos para células de mamíferos. Así, los investigadores observaron que tres diferentes tipos de ANTIBIOTICOS bactericidas (quinolonas, betalactámicos y aminoglicósidos) inducían la producción de ROS en cultivos de células humanas en el laboratorio. Y vieron que este estrés oxidativo causa daño en el ADN, en las proteínas y en los lípidos de membrana sanos.
Cuando analizaron los resultados con más detalle, los autores descubrieron que los ANTIBIOTICOS bactericidas afectaban a la cadena de trasporte de electrones mitocondriales de las células, como resultado de una acumulación de ROS. Los ratones a los que se les administraron dosis clínicas de ANTIBIOTICOS bactericidas mostraron señales similares de daño oxidativo en su sangre y en las glándulas mamarias. Sin embargo, el tratamiento con el potente antioxidante acetilcisteína N revirtió el daño causado por ROS, sin comprometer las propiedades de los ANTIBIOTICOS.
En ciertos países, sobre todo estadounidenses, circula una creencia popular conocida como la regla de los cinco segundos.
Fuente: consumer (12 de junio de 2013) Por MARTA CHAVARRÍAS
Según esta, si un alimento cae al suelo y se ingiere en menos de este tiempo, no hay riesgo de contaminación microbiana. Como toda opinión de esta naturaleza, no está fundamentada en criterios académicos ni científicos. Otra afirmación similar, más habitual en países como Rusia, cuenta que «si se recoge de forma inmediata, no se considera que ha caído». El sentido es similar a la anterior.
Si una galleta cae al suelo, ¿puede recogerse y consumirse o es mejor tirarla? Si se atendiera a la «regla de los cinco segundos», se podría ingerir sin riesgo de intoxicación alimentaria si no ha permanecido en el suelo más tiempo del mencionado. Sin embargo, investigaciones universitarias, como la desarrollada por un grupo de expertos de la Universidad de Clemson, en Carolina del Sur, tiraba por los suelos la teoría expuesta en esta creencia. Según este análisis, la norma debería ser la de los «cero segundos», ya que patógenos como salmonella tienen capacidad de sobrevivir en superficies secas hasta cuatro semanas y de transferirse a los alimentos con el contacto inmediato. El riesgo depende también de otros aspectos como la humedad, la naturaleza de la superficie (porosa o impermeable) y el tipo de alimento: tiene menos riesgo de contaminación uno seco que otro que contenga agua.
Sea cual sea el tiempo que transcurre desde que un alimento cae en una superficie determinada hasta que se contamina, la prevención pasa por una correcta limpieza y desinfección. Salud alimentaria e higiene son conceptos que deben ir a la par con el fin de evitar que gérmenes, virus y bacterias entren a formar parte de la dieta. En la mayoría de los casos, más que el tiempo que transcurre, el aspecto que más influye en una transferencia de patógenos es el grado de contaminación de la superficie. Si un alimento se recoge de una superficie más o menos limpia, el riesgo de infección será menor, aunque hayan pasado más de cinco segundos, que en una superficie con mayor carga bacteriana, aunque pase menos tiempo.
En la cocina, cuando se habla de evitar contaminaciones y de prevenir la acción de bacterias, virus y gérmenes, deben tenerse en cuenta aspectos como la limpieza de todas las superficies, una cocción adecuada y evitar la contaminación cruzada. Una correcta limpieza pasa por:
Para que los microorganismos puedan desplazarse de un lugar a otro necesitan un medio que se lo permita. Esta transferencia, que se denomina contaminación, es posible a través de las manos, las superficies, los alimentos e, incluso, animales.
A pesar de ello, en España, más del 30% de los adultos y del 20% de los niños no se cepillan los dientes un mínimo de dos veces al día.
Utilizar un cepillo pequeño con cerdas sintéticas, cambiarlo cada tres meses y no olvidarse del hilo dental son algunas de las claves para lucir una sonrisa llena de salud.
Fuente: Alfonso Villa Vigil, presidente del Consejo General de Colegios de Dentistas de España (9 de abril de 2013)
Conviene usarlo una vez al día, preferiblemente antes de acostarse y es muy importante aprender a deslizarlo entre los dientes sin dañar las encías.
Para ello, se corta un trozo de hilo de unos 15 cm de largo y se utiliza el dedo pulgar y el índice para introducirlo entre los dientes. Esta operación debe durar alrededor de un minuto y medio, más o menos. La seda debe estar tensa, pero los movimientos no deben ser demasiado bruscos, el hilo se debe mover despacio, con cuidado de no herir las encías.
La pasta dental llena la boca de espuma, da la sensación de haberse limpiado y puede invitar a terminar el cepillado antes de tiempo. Por eso se aconseja aplicarla al final del cepillado y en poca cantidad (inferior al tamaño de un garbanzo). Lo idóneo es que sea fluorada, porque el flúor cambia la composición del esmalte dental y lo hace más resistente a las caries.
La higiene oral debe realizarse desde el nacimiento. Para ello, se coge una gasita y se pasa por las encías o grupos de dientes del niño, si los hay, con mucho cuidado y suavidad, para dificultar que los microbios se multipliquen. A medida que el bebé crece y hasta los cinco o seis años, los padres deben situarlo frente al espejo y enseñarle a lavarse los dientes, sujetando el cepillo y realizando por ellos los movimientos adecuados, siempre con una gotita de pasta dental ya que tienden a tragársela.
Fuente: consumer (16 de enero de 2013) Por MARTA CHAVARRÍAS
Una de las causas más frecuentes de gastroenteritis en todo el mundo es la presencia de norovirus, sobre todo, en productos y alimentos listos para el consumo. Las investigaciones realizadas hasta el momento han demostrado que el punto de mayor riesgo es la preparación de los alimentos. Manos, utensilios y superficies tienen un papel potencial en la contaminación de virus.
En un reciente estudio estadounidense, publicado en Food and Environmental Virology, se ha analizado la transferencia de virus, en concreto de la hepatitis A y norovirus, entre una amplia gama de frutas y verduras y distintos tipos de cuchillos de cocina y ralladores.
Los resultados de la investigación han demostrado que, tras usar Cuchillos de cocina esterilizados, más de la mitad se han contaminado después de preparar un alimento alterado. La contaminación se produce tanto si se corta el alimento como si se ralla. El nivel de infección difiere en función del tipo de virus y del alimento. Diferencias en la estructura de la superficie del producto influyen en la transferencia del virus. La superficie lisa de un melón transfiere más cantidad de norovirus al cuchillo que una superficie más rugosa, aunque no sucede lo mismo con el virus de la hepatitis A. Los expertos han utilizado melones, tomates, fresas y pepinos para analizar la transmisión de virus a través de Cuchillos de cocina y ralladores.
Una de las recomendaciones que hacen los expertos es lavar el cuchillo o rallador después de cada uso con un alimento concreto, en lugar de dejarlo sobre la encimera, aunque se piense que no está sucio. Según la Agencia de Normas Alimentarias británica (FSA), la contaminación cruzada puede ser:
• Directa. Se tocan alimentos y se contaminan o estos gotean sobre otros.
• Indirecta. Las bacterias presentes en manos, superficies o utensilios se extienden a los alimentos.
Los siguientes son algunos consejos para evitarla:
• Lavarse las manos después de manipular alimentos crudos.
• Mantener los alimentos crudos separados de los cocinados.
• Guardar las carnes crudas en recipientes herméticos en la nevera.
• Usar una tabla de cortar distinta, en función de que se manipulen alimentos crudos o cocinados. Si solo se dispone de una, lavar a fondo entre un uso y el siguiente.
• Limpiar Cuchillos de cocina y otros utensilios después de cada uso.
Las poblaciones de abejas han caído con rapidez en muchos países, un descenso impulsado por un fenómeno conocido como desorden de colapso de colonias. Su causa no está clara, pero el ácaro varroa es uno de los principales sospechosos porque extiende el virus al alimentarse de hemolinfa, o «sangre» de abeja.
Para aclarar los lazos entre los ácaros y los virus, un equipo dirigido por Stephen Martin, de la Universidad británica de Sheffield, estudió el impacto de los varroa en Hawai, donde los ácaros son una invasión reciente.
Los investigadores descubrieron que la llegada de los varroa aumentaba la prevalencia de un único tipo de virus, el virus de ala deformada (DMW, en sus siglas en inglés) en las abejas, entre un 10 y un 100 por cien.
Al mismo tiempo, la cantidad de virus DMW hallado en las abejas se disparaba en un millón de veces, y había una enorme reducción en la diversidad del virus, con una única cepa de DMW arrinconando a las demás.
Se cree que también otros factores, como los hongos, pesticidas y una reducción en la diversidad de la flora, juegan un papel en el colapso de colonias, pero Ian Jones, de la Universidad de Reading, dice que los últimos hallazgos señalan a la combinación de virus y ácaros como principal culpable.
Jones, que no participó en el estudio, dijo que los hallazgos, publicados en la revista Science, refuerzan la necesidad de que los apicultores controlen la infestación de varroa en las colmenas.
JLa amenaza a las poblaciones de abejas se extiende en buena parte de Europa, EEUU, Asia, Sudamérica y Oriente Próximo, según los expertos.
Las abejas son polinizadores importantes de plantas en flor como muchos cultivos frutales y de verduras. Un informe de Naciones Unidas en 2011 estimó que las abejas y otros polinizadores como mariposas, escarabajos o pájaros hacen tareas por valor de 153.000 millones de euros al año para la economía humana.
En este sentido, en Europa continental las alergias más comunes en niños son las provocadas por el huevo, la leche de vaca y las nueces, mientras que en los adultos se dan más casos de alergia a la fruta, las nueces y las verduras, son ALERGICOS. En el Reino Unido, la mayor amenaza la suponen las nueces, las avellanas y los cacahuetes, que causan el 50% de las reacciones alérgicas potencialmente mortales. La alergia al marisco y al bacalao se imponen en los países escandinavos y en el Norte de Europa. En Europa, la alergia alimentaria es el factor principal desencadenante de anafilaxia en niños entre cero y 14 años.
La Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) ha lanzado esta semana su campaña sobre la «Alergia Alimentaria», con el objetivo de concienciar del importante incremento de la anafilaxia en niños, una reacción alérgica grave y de alto riesgo para la vida de las personas. También pretende educar al público en general para reconocer los síntomas y los desencadenantes y ayudar a la hora de reaccionar en caso de emergencia, por ejemplo, en el uso de un lápiz de adrenalina. Además, el primer elemento a tener en cuenta en esta campaña es el lanzamiento de los Estándares Mínimos Internacionales para la Alergia Infantil en la Escuela, que establece los requisitos mínimos necesarios para la seguridad de los niños ALERGICOS en la escuela.
Esta campaña de la EAACI también quiere involucrar a las autoridades de la Unión Europea (UE) para mejorar el etiquetado de los alimentos y facilitar el acceso a los tratamientos de emergencia de la anafilaxis. Algunos alimentos llevan la etiqueta «Puede contener cacahuetes» o «Puede contener leche», que no están reguladas y resultan de la propia iniciativa de los fabricantes de alimentos. Por tanto, el problema está en que los distintos fabricantes pueden utilizar distintos criterios para las etiquetas del tipo «puede contener». Por ello, la etiquetas «pueden contener» que se utilizan en la actualidad representan distintos niveles de contaminación y, de esta forma, distintos niveles de riesgo.
La información que proporcione el estudio de tres años de duración podría ayudar a mejorar la salud y seguridad de pasajeros y tripulantes en los vuelos.
Investigadores del Instituto Tecnológico de Georgia (Georgia Tech) y la Universidad Emory, ambas instituciones en la ciudad estadounidense de Atlanta, están trabajando juntos en el proyecto, en colaboración con personal especializado de la compañía de líneas aéreas Delta Air Lines, con sede también en Atlanta.
El equipo de Howard Weiss, profesor en la Escuela de Matemáticas del Instituto Tecnológico de Georgia, investigará cómo las personas se desplazan dentro de los aviones y estudiará los microbios que están presentes en ellos en diferentes momentos durante los vuelos.
A partir de esa información, será posible comenzar a trabajar en modelos fiables sobre la transmisión de enfermedades infecciosas y desarrollar estrategias para mitigar riesgos.
Las enfermedades infecciosas que se trasmiten por el aire durante viajes en aviones de pasajeros son motivo de preocupación para los responsables de salud pública. En 2002, un solo paciente con síndrome respiratorio agudo severo (SARS por sus siglas en inglés) infectó a 20 personas en un vuelo internacional, lo cual mostró cómo los vuelos en avión pueden servir como vía para la propagación rápida de enfermedades infecciosas emergentes y como conducto para forjar pandemias de enfermedades infecciosas conocidas.
Esta última vía, responsable acaso de hasta un 80 por ciento de las transmisiones de enfermedades infecciosas, puede actuar cuando los pasajeros tocan superficies contaminadas.
Conociendo a fondo los patrones de cómo se pueden transmitir las enfermedades infecciosas de una persona a otra en el ambiente de un avión en vuelo, empresas como Boeing pueden ser capaces de diseñar aviones que protejan mejor de ese riesgo a pasajeros y tripulantes, tal como subraya Vicki Hertzberg, investigadora del equipo, y profesora en la Escuela Rollins de Salud Pública de la Universidad Emory.
FUENTE | La Razón digit@l (03/06/2012) Autor: Belén Tobalina
Muchos de los productos que utilizamos habitualmente contienen compuestos químicos TOXICOS. Están presentes en cremas, tintes, geles, permanentes, productos de limpieza, envases de plástico, juguetes… En definitiva, un sinfín de productos que usamos sin saber que estas sustancias son bioacumulativas, cancerígenas, disruptoras endocrinas… De hecho, «cada día estamos expuestos a miles de ellos, aunque el grado de toxicidad es diverso y los efectos TOXICOS se pueden referir a diferentes causas», explica Joan Grimalt, del Instituto de investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona, del CSIC.
En 2011 entró en vigor la prohibición de utilizar en la UE Bisfenol A (BPA) en los biberones por sus posibles efectos perjudiciales para la salud de los niños. El comisario de Salud de entonces, John Dalli, explicó que fue por la respuesta de su sistema inmunológico y el fomento de la aparición de tumores. Es decir, que hasta ese momento hemos estado expuestos a un químico potencialmente peligroso sin ser conscientes de ello. Y lo que es peor, denota que no hubo prevención. En definitiva, se puso un compuesto químico en un producto sin analizar previamente si era o no peligroso para la salud.
Y ésa es la realidad de muchas de «las 130.000 sustancias químicas que hay registradas en la UE», afirma Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Y lo que es peor, «es difícil saber cuántas de ellas son altamente peligrosas para la salud. La legislación de la UE ha llegado a acuerdos con unas 30.000 sustancias, y la información sobre su peligro o riesgo para la salud no estará recopilado hasta 2018», precisa Lisette van Vliet, asesora de Políticas de Sustancias Tóxicas de Health & Environment Alliance.
Además, el Bisfenol A sigue presente en muchos productos. Un estudio publicado por la organización británica CHEM Trust alertaba de que la prohibición de utilizar BPA en los biberones no era suficiente. El BPA se sigue usando en muchos productos. Está presente en latas de alimentos y bebidas, ordenadores, y selladores dentales. «Esto significa que hay una amplia exposición constante a esta sustancia química en particular en los alimentos, y tal vez, también a través de la absorción por la piel y la inhalación de polvo». Gwynne Lyons, autor del informe y director de CHEM Trust, declaró, respecto a la prohibición de usar BPA en los biberones, que era es un paso muy positivo, pero no hacía nada para reducir la exposición de los fetos, que son especialmente vulnerables a los efectos de los productos químicos que interrumpen las hormonas.
Quizá esto explique por qué el cien por cien de las embarazadas en el tercer trimestre en España y el cien por cien de los niños de 4 años orinan todos los días Bisfenol A, además de otros 17 residuos TOXICOS, tal y como denunció Olea en el Congreso Internacional de Riesgos para la Salud Pública y el Medio Ambiente organizado por la Fundación Vivo Sano, la Organización para la Defensa de la Salud, la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental y la Agencia Europea de Medio Ambiente.
Gracias a esos parabenes se conservan, pero a cambio se expone al organismo a estas sustancias disruptoras endocrinas muy ligadas al incremento de casos de cáncer de mama». Pero lo más ilógico de todo, es que «en la cosmética barata se declara al consumidor cualitativamente la composición. En cambio, en la cara, de más de 40 euros, no tienen obligación de informar al consumidor de su composición. Sólo lo tienen que declarar a la UE, con la excusa de que podrían copiar su composición», denuncia Olea.
Lo mejor, optar por productos que certifican que tienen 0% de ftalatos, 0% parabenes, 0% bisfenoles, como el producto de Sanex.
Respecto al «BPA, está presente en empastes dentales blancos y selladores para evitar las caries que les ponen a los niños, en ‘‘cristales’’ irrompibles que son plásticos realmente, coches, botellas de agua que hay en las oficinas de 25 litros… En definitiva, están presentes en muchos productos, ya que sólo en Europa se producen 1.120.000 toneladas de químicos», precisa Olea.
Además, los bebés han sido contaminados a través de la placenta y también serán expuestos a estas sustancias químicas durante la lactancia si la madre lo está».
Los bisfenoles, los parabenes y los ftalatos son todos ellos disruptores endocrinos. Y ya se ha evidenciado la problemática de los ftalatos primero en roedores y después en niños. La investigadora Shanna Swan, de la Universidad de Rochester Medical School, sometió a roedores a una exposición de ftalatos, y cuál fue su sorpresa al detectar una disminución en la separación anogenital en los machos, cuando la forma de saber el sexo del roedor es porque en los machos esta distancia es mayor que en las hembras. Después, comparó los niveles de ftalatos en mujeres embarazadas con la salud de los varones que dieron a luz e identificó cambios en el desarrollo de los genitales de los varones. «Swan detectó que la distancia anogenital en los niños había disminuido, eso no es una enfermedad, pero es indicativo de que está sucediendo algo», precisa Olea. «Nosotros estamos trabajando en una hipótesis sobre lo que puede suceder durante la exposición intrauterina, ya que la exposición a químicos del feto macho en los primeros 30 días de embarazo se relaciona con un incremento de posibilidades de sufrir cáncer de testículo y tener un semen de mala calidad. Esto explicaría que cada vez sea más difícil quedarse en estado, ya que ante la mala calidad de semen y bajo volumen de espermatozoides el tiempo para lograr el embarazo se haya alargado», añade Olea.
«Hay exposiciones a concentraciones bajas, pero que duran siempre, toda la vida incluida la intrauterina», precisa Grimalt. Además no se suele estudiar la toxicidad de un efecto combinado de varios químicos. «En el reglamento Reach no se añadió el efecto combinado, que es la gran asignatura pendiente en UE y en EE. UU.», precisa el catedrático.
«Ni los bisfenoles ni los parabenes –prosigue– son acumulativos, en el caso de los ftalatos sí lo son ligeramente, el problema es que resultan seudopersistentes al recibir dosis diarias de ellos». En cambio, sí son acumulativos «los contaminantes orgánicos persistentes como las dioxinas y los PCB, de modo que su presencia en el cuerpo tiende a aumentar con la edad. Y es que el 95 por ciento de los contaminantes orgánicos persistentes en nuestro cuerpo provienen de la cadena alimentaria, como los PCB», explica el profesor Vyvyan Howard, del Centro de Biociencia Molecular de la Universidad de Ulster. Y el problema es que «no hay casi ningún estudio sobre sus efectos acumulativos», añade Van Vliet. En definitiva, vivimos rodeados de compuestos químicos desde antes de nacer, durante la lactancia y de adultos. Y todo ello sin ser conscientes de su potencial peligro.
«En el mayor estudio hecho hasta la fecha en España, con una muestra de 919 personas en Cataluña, detectamos que más del 58% tenía concentraciones altas de uno o más de los 19 compuestos TOXICOS persistentes (CTP) analizados; el 34% tenía niveles altos de tres o más TOXICOS. Entre las mujeres de 60 a 74 años, el 48% tenía concentraciones altas de seis o más compuestos y tan sólo el 4% tenía concentraciones bajas de todos los 19 CTP analizados», detalla su autor, Miquel Porta, catedrático de Salud Pública del Instituto Municipal de Investigación Médica y de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Más TOXICOS que en EE.UU.
«Algunos subgrupos de ciudadanos acumulan mezclas de CTP en concentraciones altas. De hecho, nuestros niveles de CTP son muy superiores a las que acumulan los ciudadanos de EE. UU.», añade.
En los Grandes Lagos de Canadá se constataron perturbaciones hormonales en 16 especies de animales (peces, aves, nutrias, visones…). Se piensa que el culpable fue el DDT, prohibido.
Caracolas con pene
Investigadores de la Universidad de A Coruña detectaron en los años 90 que en las poblaciones de Nucella lapillus existían (ya no) casos de masculinización de las hembras, y que en el 94% de los casos, las hembras se habían quedado estériles. Y es que les había salido un pene microscópico por la tributiltina (TBT) utilizada para el tratamiento antialgas de los barcos, prohibido.
Bígaros estériles
Una investigación realizada en 1988 en Inglaterra demostró que los bígaros expuestos a un compuesto de TBT desarrollaban órganos sexuales masculinos y quedaban estériles.
El equipo de investigación ha comprobado la presencia de al menos una cepa de Fusarium en el 66 por ciento de los desagües y en el 82 por ciento de los edificios. Aproximadamente el 70 por ciento de esas cepas corresponde a los seis tipos de secuencias de Fusarium que más relación tienen con las infecciones humanas.
Tal como indica Dylan Short, del equipo de investigación, al comprobar que cerca de dos tercios de los desagües presentan Fusarium, parece claro que los habitantes de esos edificios se exponen sistemáticamente a estos hongos. En opinión de los autores del estudio, esto refuerza la hipótesis de que la pequeña capa biológica que se forma en las superficies de las cañerías sirve como depósito para este patógeno.
Los fagos, virus que infectan bacterias, son elementos biológicos de gran potencial, sobre todo en la detección de patógenos en alimentos, superficies y medio ambiente. Su uso puede permitir, sin necesidad de cultivo, poner de manifiesto los patógenos, diseñar estrategias para su inactivación y poder aplicarlas a la producción normal. Y todo en tiempo prácticamente real.
Los virus son organismos que no pueden sobrevivir si no es en presencia de células metabólicamente activas. Cuando las células que infectan son bacterias, hablamos de fagos. Éstos pueden ser específicos de algunos microorganismos, hasta el punto que para la identificación o la caracterización de una bacteria se emplean con frecuencia fagos concretos.
Los mecanismos por los que se rige el proceso de fagotipia son conocidos desde hace años. En esencia, comprende cuatro etapas que suelen repetirse en la mayor parte de los casos y que arrancan en la infección de la bacteria por el fago para culminar en la destrucción de las bacterias que actúan como hospedadoras. Previamente, se da la destrucción de los fagos inservibles y la amplificación de los que resultan útiles para el proceso en el interior de las bacterias.
El proceso se inicia cuando el se aproxima a una bacteria, contacta con su pared, se adhiere a ella y le inyecta su material genético. Como todos los virus, los fagos son partículas que sólo mantienen actividad vital mientras infectan una célula. En su interior, se apoderan de su capacidad metabólica, usándola para su propia reproducción.
Cuando el proceso ha concluido, se rompe la célula, con lo que se liberan copias del virus listas para infectar nuevas células. De esta forma, el proceso avanza hasta que se destruyen todas las células por las que el fago muestra afinidad. Este mecanismo de acción, al menos en teoría, determina que el proceso sea en sí mismo autolimitado, puesto que finaliza una vez se han destruido las bacterias específicas. Cuando se llega al final, las partículas víricas quedan latentes en la matriz sin mostrar actividad infectiva aparente.
La aplicación de este mecanismo a la descontaminación de alimentos está siendo valorada desde hace unos años. Una de las propuestas en las que mayor esfuerzo se está dedicando es añadir fagos a las superficies de trabajo en las que se manipulan alimentos. En este caso, si los fagos se encontrasen con las bacterias a infectar, las atacarían y destruirían, eliminando el peligro de contaminación hacia los alimentos. De la misma forma, en algunos alimentos se podría eliminar un patógeno por simple competencia.
La gran ventaja de un sistema de estas características viene dado por la alta especificidad de los fagos para con bacterias específicas. Debido a ello, es razonable pensar que se eliminarían los microorganismos sin afectar a las células que componen los alimentos o su composición nutritiva. No obstante, existen algunos inconvenientes importantes.
El primero de ellos es de carácter biológico. Hoy por hoy existen dudas acerca del potencial de los fagos para provocar alteraciones en otros microorganismos considerados en principio beneficiosos para los alimentos o la industria de transformación. En particular, este extremo podría perjudicar los alimentos que vayan a ser fermentados, como yogures, quesos o embutidos. Asimismo, está por ver el grado de mutación de los fagos y sus efectos. El fago, como cualquier virus, tiene altas tasas de mutación de su código genético. En la medida que nuevas copias se liberan al medio tras replicarse e infectan otras células, hay que extremar las precauciones ante la aparición súbita de desviaciones en el objetivo del mecanismo de acción.
El segundo inconveniente, tanto o más importante que el primero, es de tipo normativo. Las normas actualmente vigentes en la Unión Europea no permiten el empleo de fagos para este fin. Desde importantes sectores se entiende que su uso puede llevar a una relajación en las medidas higiénicas que deben imperar en las buenas prácticas de fabricación. Si se emplease un sistema de lucha biológica eficaz, y además fuese barato, se consideraría mucho más efectivo y económicamente más rentable que la aplicación de los actuales sistemas de descontaminación. Por tanto, extremar las condiciones de limpieza, desinfección o control de materias primas, podrían pasar a ser considerados objetivos secundarios, con el riesgo que ello implica.
La aplicación de fagos en la detección de patógenos es vista desde diversos sectores como mucho más factible y realista a medio plazo que su uso para la eliminación de microorganismos. En este caso, de lo que se trataría es de crear las condiciones adecuadas para permitir el crecimiento de los microorganismos que se quieran detectar. Cuando las bacterias patógenas se encuentran en fase de crecimiento, se procede a la detección por diferentes sistemas.
El más sencillo es mediante un cultivo comparado. Es decir, a una muestra se le añaden los fagos específicos y a otra no. Las cultivamos en medios específicos y se lee la diferencia, de forma que si el resultado es idéntico, no existe el patógeno, mientras que si es superior en la muestra inoculada se puede confirmar la existencia del peligro.
Este protocolo es sencillo de hacer, pero requiere mucho tiempo (mínimo 48-72 horas) y trabajo. Para solucionarlo, se está trabajando sobre diferentes protocolos. Uno de ellos, desarrollado por el Ministerio de Defensa británico, se basa en hacer una muestra por duplicado. Una de ellas queda como control y a la otra se le añaden los fagos específicos. Tras cuatro horas de incubación, se realiza un análisis de vitalidad celular (control de ATP). Si la muestra con fagos es menos vital que la de referencia el resultado es positivo.
Bibliografía
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* Stewart GS, Jassim SA, Denyer SP, Newby P, Linley K, Dhir VK. 1998. The specific and sensitive detection of bacterial pathogens within 4 h using bacteriophage amplification. J Appl Microbiol. 84(5):777-83
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