El equipo de investigación ha comprobado la presencia de al menos una cepa de Fusarium en el 66 por ciento de los desagües y en el 82 por ciento de los edificios. Aproximadamente el 70 por ciento de esas cepas corresponde a los seis tipos de secuencias de Fusarium que más relación tienen con las infecciones humanas.
Tal como indica Dylan Short, del equipo de investigación, al comprobar que cerca de dos tercios de los desagües presentan Fusarium, parece claro que los habitantes de esos edificios se exponen sistemáticamente a estos hongos. En opinión de los autores del estudio, esto refuerza la hipótesis de que la pequeña capa biológica que se forma en las superficies de las cañerías sirve como depósito para este patógeno.
Exposición a la luz, y quizá la propia fotosíntesis de las plantas, podría ayudar a que bacterias como la salmonella penetren en las hojas de los vegetales y queden protegidas frente al lavado previo al consumo.
Fuente: consumer (2 de marzo de 2012) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
La fotosíntesis es un proceso indispensable para la vida de las plantas. Se divide en dos fases: una depende de la luz y requiere su energía directa y otra, independiente de la luz, puede realizarse en la oscuridad. Una investigación de expertos de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, desvelaba a finales de 2009 que las hojas de lechuga romana expuestas a la luz y a salmonella registran una acumulación de bacterias en el tejido interno.
La bacteria, principal causante de gastroenteritis, penetra en las hojas de la lechuga y queda protegida contra el lavado u otros procesos tecnológicos más superficiales. Este patógeno puede hallarse en grandes cantidades en los alimentos sin alterar su sabor u olor. Cuanto mayor sea el número de microorganismos, mayores son las posibilidades de que el consumidor sufra la infección.
Las bacterias penetran en las superficies más profundas de las hojas de la lechuga por los estomas, unos poros de pequeñas dimensiones que utilizan para obtener y liberar gases durante la fotosíntesis. Se abren con la luz y facilitan la entrada de los patógenos. En algunos vegetales, las partes más verdes se caracterizan por una gran densidad estomática y son más vulnerables al ataque patógeno. Por el contrario, la incubación en la oscuridad origina un patrón de adherencia disperso y muy poca penetración en el vegetal.
Los nutrientes que se producen durante la fotosíntesis atraen a los patógenos
La investigación israelí concluía que los nutrientes producidos durante la fotosíntesis, solo cuando hay luz, atraen a los patógenos. Mientras, las mutaciones que afectan a la motilidad y la quimiotaxis inhiben de manera significativa la penetración de salmonella.
Este último fenómeno depende de las sustancias químicas detectadas en el medio ambiente, que determinan el movimiento de las bacterias. Conocer estas premisas es útil para limitar el acceso de las bacterias en las verduras. Sin embargo, la luz es necesaria para el crecimiento natural de las plantas y para su desarrollo, por lo que erradicar por completo la proliferación de bacterias patógenas es una tarea difícil.
La mayoría de las plantas se adaptan a la cantidad de luz que reciben. Si las condiciones lumínicas son escasas, regulan su actividad fotosintética y utilizan menos cantidades de enzimas para la fase de crecimiento. Su tasa de respiración disminuye respecto a las plantas que reciben luz y reducen sus demandas metabólicas. Sin embargo, estos vegetales maduran con una calidad menor, mientras que otros con requerimientos de luz muy estrictos ni siquiera se adaptan a estos cambios.
Controlar la luz necesaria
La respuesta a la exposición de la luz es diferente en cada vegetal. También varía en función de la parte de las plantas. No es igual en las hojas, la raíz, el tallo o las flores. Una aportación lumínica correcta marca el crecimiento del vegetal y se traduce en un aumento de la calidad. En lugares poco iluminados, las plantas sufren mucho y su crecimiento es más lento y débil. La falta de color o la aparición de un tono amarillento son los principales indicadores. Por el contrario, si el vegetal está expuesto a demasiada luz, también puede sufrir problemas, como el desarrollo de hojas de aspecto apagado y sin vida o los bordes quemados.
En el caso de los vegetales, adquiere una mayor importancia, ya que buena parte se consumen crudos y el lavado es la principal herramienta para eliminar cualquier riesgo. Cuando llegan a la industria, los vegetales se limpian con agua fría, apta para el consumo humano y tratada con hipoclorito de sodio. Luego se elimina el exceso de humedad de los productos frescos para evitar el crecimiento de bacterias.
Un estudio del Área de Tecnología Alimentaria de la Universidad de la Rioja, publicado en la revista «Journal of the Science of Food and Agriculture», advierte de que los vegetales frescos no sobrepasan las dos semanas de vida útil, mientras que la luz favorece su degradación. El puerro permanece en buen estado durante 26 días, mientras que con luz apenas dura 18; la coliflor, pasa de 11 a 3 días.
El equipo de Walter Gassmann, profesor de Ciencias Vegetales en la Universidad de Missouri, Estados Unidos, ha usado como planta modelo a la Arabidopsis.
La Arabidopsis tiene una estructura genética bastante conocida, y sus patógenos bacterianos comparten muchas tácticas con otros patógenos como la roya y el mildiú.
Gassmann cree que estudios adicionales sobre la EDS1 y sus «centinelas» podrían aclarar cuál es el mejor modo de añadir la respuesta de alarma a vegetales que no tienen la proteína o amplificar la respuesta en los que ya la poseen.
Aunque las plantas modificadas genéticamente siguen siendo motivo de controversia, Gassmann considera que ayudar a los vegetales reforzando su resistencia natural a enfermedades es mejor que usar fungicidas.
En la investigación también han trabajado Saikat Bhattacharjee, Sang Hee Kim y Morgan Halane.
Son productos frescos que, en la mayoría de los casos, se consumen sin procesado previos, un aspecto que los hace aún más vulnerables a posibles contaminaciones. Con sus acciones diarias, el consumidor tiene parte de responsabilidad en que el producto se consuma en buenas condiciones.
Fuente: consumer (23 de enero de 2012) Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
Los efectos beneficiosos de los vegetales dependen, en gran parte, de que el producto se consuma en buenas condiciones. Si bien los cuidados posteriores a la recolección son de suma importancia, en el consumidor también recae cierta responsabilidad. Se empieza por escoger los vegetales más frescos que no tengan señales de daños o magulladuras. Es recomendable escoger vegetales enteros, frente a los troceados o preparados. En el momento de comprarlos, se deben mantener separados de otros alimentos como la carne o el marisco, para evitar que los patógenos pasen de un alimento a otro. Una vez en el domicilio, también se deben almacenar en el frigorífico por separado.
Todas las superficies y utensilios en contacto con los vegetales deben estar desinfectados y lavados con agua caliente y jabón.
Para los vegetales enteros, es imprescindible su desinfección hoja por hoja para evitar los patógenos. Puede realizarse con agua a chorro o sumergir los vegetales en agua con unas gotas de lejía (un mililitro de lejía por cada litro de agua). Sin embargo, nunca se debe exceder el tiempo en remojo, ya que pueden perder sus características nutritivas. El último paso es enjuagar con agua de nuevo para eliminar posibles restos de lejía.
Mantener el color y la textura de los vegetales
Como alimentos perecederos que son, sus características nutricionales y organolépticas pueden alterarse con facilidad. Son alimentos delicados que requieren ciertas pautas de manipulación para garantizar su color y textura:
No se deben cocinar demasiado para que mantengan un color intenso y una textura crujiente. Si se forma un color amarillento y su textura es demasiado blanda, es síntoma de que la cocción se ha excedido.
Cocinarlas en su punto garantiza el mantenimiento de todas sus vitaminas y minerales.
No se debe agregar mucha sal en el agua de cocción, ya que los vegetales no pierden sus propias sales minerales.
Retirar los vegetales cuando estén al dente.
¡njuagar los vegetales con agua fría para fijar la clorofila y mantener un color verde intenso.
En caso de cocinarlas al vapor, controlar el tiempo de exposición, ya que pueden perder el color y su textura. En función de su tamaño y de que estén congelados o no, se exponen al vapor un determinado tiempo.
Limpieza y preparación
Antes de manipular los vegetales, debe garantizarse una adecuada limpieza de las manos con agua caliente y jabón para asegurar que se desinfectan de forma adecuada. Este procedimiento debe realizarse antes y después de su manipulación. Hay que usar una tabla para cortarlos y un cuchillo, ambos limpios y desinfectados. Todas las superficies y utensilios que tengan contacto con los vegetales deben estar desinfectados y lavados con agua caliente y jabón, también antes y después de manipularlos.
Se debe preparar solo la cantidad de fruta o vegetales que se consumirá y sacar las partes que no son útiles. Sobre todo en lechugas, cebolla o zanahorias, es importante retirar las capas superficiales, aunque también es recomendable lavarlas enteras y, una vez limpias, retirar las capas externas. Es opcional secar después los vegetales con un trapo limpio o un papel. Nunca se debe usar detergente para lavar los vegetales. Una vez listos, deben mantenerse en refrigeración, estén cortados, pelados o cocinados, como máximo dos horas después de su manipulación.
Es un grupo de cepas patológicas que dan lugar a un cuadro clínico de gastroenteritis que puede ser muy grave (en función del tipo de cepa que intoxique). Esta intoxicación es mucho más frecuente en carne o lácteos, ya que la bacteria está presente en el ganado. Sin embargo, también es frecuente la infección en frutas y verduras, puesto que el suelo puede contener restos de la bacteria.
Las personas afectadas rara vez tienen fiebre o, en caso de tenerla, es muy leve. La infección puede afectar a los glóbulos rojos y a los riñones. La cepa O157:H7 en concreto puede representar un serio problema, sobre todo, para ancianos y niños.
Cómo evitar una toxiinfección:
Debe cocinarse bien la carne.
Mantener la carne cruda separada de otros alimentos, sobre todo de los vegetales, que se consumen crudos.
El equipo de Zhao-Qing Luo, de la Universidad Purdue, ha averiguado cómo un par de proteínas de la bacteria Legionella pneumophila, causante de la legionelosis, altera una proteína del organismo atacado con el fin de desviar materias primas dentro de la célula para su uso en la construcción y ocultamiento de una gran estructura que alberga a la bacteria mientras se reproduce.
Fuente: Noticiasdelaciencia (26 ene.´12)
La modificación de la proteína del organismo atacado crea una especie de dique que impide a las proteínas alcanzar sus puntos de destino normales, donde se utilizarían como «ladrillos» para la construcción celular. Estas proteínas desviadas de sus puntos de destino se incorporan a una estructura bacteriana llamada vacuola, la cual alberga a la bacteria mientras se reproduce dentro de la célula.
Las proteínas bacterianas utilizan las proteínas de la membrana celular atacada para construir su refugio, que es parecido a un globo por su forma y estructura. El refugio necesita poder extenderse y crecer a medida que más reproducciones bacterianas tienen lugar en su interior. El material de la membrana contribuye a la elasticidad de la vacuola, y sirve también para camuflar la estructura.
En la presentación de sus previsiones anuales, el director general de la OIE, Bernard Vallat, indicó que un centenar de países en el mundo no tienen un cuadro reglamentario adecuado al uso de los ANTIBIOTICOS en los animales lo que, a medio plazo, inutiliza su uso.
«Los antibióticos son un tesoro que hay que preservar. Su uso es esencial para tener una producción animal suficiente que permita alimentar a la población humana. Sin ellos habría carestía de proteínas nobles», señaló Vallat.
El responsable de la OIE señaló que por el momento no se ha establecido el traspaso de bacterias resistentes animales al hombre, pero que se trata de una eventualidad que no se puede descartar.
Sin nombrar los países que no regulan el uso de los ANTIBIOTICOS en los animales, Vallat indicó que «basta con mirar el Producto Interior Bruto de los países y quedarse con los que tienen menos».
Destacó los avances en algunas regiones, como América Latina, aunque señaló que en ese territorio todavía persisten problemas en la mitad de los países, que no detalló.
En este sentido, el responsable de la OIE aseguró que «es importante que los países desarrollados ayuden al resto» a poner en marcha programas de uso responsable de los antibióticos.
«Con la mundialización, la aparición de bacterias resistentes a los antibióticos en algunos países supone un peligro para todo el planeta», indicó.
Además de la falta de legislación, Vallat señaló que esos países están sujetos a una situación de falta de control efectivo en el uso de los antibióticos «tanto en los destinados a los animales como los de los seres humanos».
«No es raro que en algunos países de África se vendan los antibióticos como caramelos en los mercados, sin ningún control», dijo.
Además, en ese continente se asiste a una proliferación de la venta de productos falsificados, en su mayor parte fabricados en Asia, donde las dosis reales no se corresponden con las indicadas en los prospectos, lo que aumenta el riesgo de aparición de bacterias resistentes.
A ello se suma, tanto en los países en vías de desarrollo como en los desarrollados, el incremento de la venta de antibióticos a través de internet, donde el control de las autoridades es más complicado.
En los países más pobres tampoco existe un cuerpo de veterinarios capaces de promover un uso responsable de estos medicamentos.
Vallat indicó que su organización tiene una lista de productos recomendados y una práctica de utilización de los mismos, pero que la aplicación real depende de las autoridades nacionales.
El responsable de la OIE indicó que hay algunas controversias sobre el uso de los antibióticos de forma preventiva o su utilización para favorecer el crecimiento de animales.
Los fagos, virus que infectan bacterias, son elementos biológicos de gran potencial, sobre todo en la detección de patógenos en alimentos, superficies y medio ambiente. Su uso puede permitir, sin necesidad de cultivo, poner de manifiesto los patógenos, diseñar estrategias para su inactivación y poder aplicarlas a la producción normal. Y todo en tiempo prácticamente real.
Los virus son organismos que no pueden sobrevivir si no es en presencia de células metabólicamente activas. Cuando las células que infectan son bacterias, hablamos de fagos. Éstos pueden ser específicos de algunos microorganismos, hasta el punto que para la identificación o la caracterización de una bacteria se emplean con frecuencia fagos concretos.
Los mecanismos por los que se rige el proceso de fagotipia son conocidos desde hace años. En esencia, comprende cuatro etapas que suelen repetirse en la mayor parte de los casos y que arrancan en la infección de la bacteria por el fago para culminar en la destrucción de las bacterias que actúan como hospedadoras. Previamente, se da la destrucción de los fagos inservibles y la amplificación de los que resultan útiles para el proceso en el interior de las bacterias.
El proceso se inicia cuando el se aproxima a una bacteria, contacta con su pared, se adhiere a ella y le inyecta su material genético. Como todos los virus, los fagos son partículas que sólo mantienen actividad vital mientras infectan una célula. En su interior, se apoderan de su capacidad metabólica, usándola para su propia reproducción.
Cuando el proceso ha concluido, se rompe la célula, con lo que se liberan copias del virus listas para infectar nuevas células. De esta forma, el proceso avanza hasta que se destruyen todas las células por las que el fago muestra afinidad. Este mecanismo de acción, al menos en teoría, determina que el proceso sea en sí mismo autolimitado, puesto que finaliza una vez se han destruido las bacterias específicas. Cuando se llega al final, las partículas víricas quedan latentes en la matriz sin mostrar actividad infectiva aparente.
La aplicación de este mecanismo a la descontaminación de alimentos está siendo valorada desde hace unos años. Una de las propuestas en las que mayor esfuerzo se está dedicando es añadir fagos a las superficies de trabajo en las que se manipulan alimentos. En este caso, si los fagos se encontrasen con las bacterias a infectar, las atacarían y destruirían, eliminando el peligro de contaminación hacia los alimentos. De la misma forma, en algunos alimentos se podría eliminar un patógeno por simple competencia.
La gran ventaja de un sistema de estas características viene dado por la alta especificidad de los fagos para con bacterias específicas. Debido a ello, es razonable pensar que se eliminarían los microorganismos sin afectar a las células que componen los alimentos o su composición nutritiva. No obstante, existen algunos inconvenientes importantes.
El primero de ellos es de carácter biológico. Hoy por hoy existen dudas acerca del potencial de los fagos para provocar alteraciones en otros microorganismos considerados en principio beneficiosos para los alimentos o la industria de transformación. En particular, este extremo podría perjudicar los alimentos que vayan a ser fermentados, como yogures, quesos o embutidos. Asimismo, está por ver el grado de mutación de los fagos y sus efectos. El fago, como cualquier virus, tiene altas tasas de mutación de su código genético. En la medida que nuevas copias se liberan al medio tras replicarse e infectan otras células, hay que extremar las precauciones ante la aparición súbita de desviaciones en el objetivo del mecanismo de acción.
El segundo inconveniente, tanto o más importante que el primero, es de tipo normativo. Las normas actualmente vigentes en la Unión Europea no permiten el empleo de fagos para este fin. Desde importantes sectores se entiende que su uso puede llevar a una relajación en las medidas higiénicas que deben imperar en las buenas prácticas de fabricación. Si se emplease un sistema de lucha biológica eficaz, y además fuese barato, se consideraría mucho más efectivo y económicamente más rentable que la aplicación de los actuales sistemas de descontaminación. Por tanto, extremar las condiciones de limpieza, desinfección o control de materias primas, podrían pasar a ser considerados objetivos secundarios, con el riesgo que ello implica.
La aplicación de fagos en la detección de patógenos es vista desde diversos sectores como mucho más factible y realista a medio plazo que su uso para la eliminación de microorganismos. En este caso, de lo que se trataría es de crear las condiciones adecuadas para permitir el crecimiento de los microorganismos que se quieran detectar. Cuando las bacterias patógenas se encuentran en fase de crecimiento, se procede a la detección por diferentes sistemas.
El más sencillo es mediante un cultivo comparado. Es decir, a una muestra se le añaden los fagos específicos y a otra no. Las cultivamos en medios específicos y se lee la diferencia, de forma que si el resultado es idéntico, no existe el patógeno, mientras que si es superior en la muestra inoculada se puede confirmar la existencia del peligro.
Este protocolo es sencillo de hacer, pero requiere mucho tiempo (mínimo 48-72 horas) y trabajo. Para solucionarlo, se está trabajando sobre diferentes protocolos. Uno de ellos, desarrollado por el Ministerio de Defensa británico, se basa en hacer una muestra por duplicado. Una de ellas queda como control y a la otra se le añaden los fagos específicos. Tras cuatro horas de incubación, se realiza un análisis de vitalidad celular (control de ATP). Si la muestra con fagos es menos vital que la de referencia el resultado es positivo.
Bibliografía
* Mosier-Boss PA, Lieberman SH, Andrews JM, Rohwer FL, Wegley LE, Breitbart M. 2003. Use of fluorescently labeled phage in the detection and identification of bacterial species. Appl Spectrosc. 57(9):1138-44
* Stewart GS, Jassim SA, Denyer SP, Newby P, Linley K, Dhir VK. 1998. The specific and sensitive detection of bacterial pathogens within 4 h using bacteriophage amplification. J Appl Microbiol. 84(5):777-83
En este sentido, el presidente de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (ANECPLA), Pedro de Orueta, ha señalado que uno de los problemas es que «la sociedad no tiene la percepción de que existan este tipo de especies», puesto que «muchas ni siquiera se pueden ver».
Por ello, ha destacado la importancia de «sensibilizar» a la población sobre este aspecto, así como de cambiar la imagen que tiene la sociedad de este sector, que ven al colectivo «como fumigadores que sólo se preocupan de acabar con los bichos» sin importarles lo demás. «Cuando en realidad –sentencia De Orueta– se ocupa de proteger el bienestar de las personas con el menor impacto sobre el medio ambiente y la biodiversidad».
LA CRISIS, OTRO DE LOS POSIBLES MOTIVOS
Por su parte, la directora general de ANECPLA, Milagros Fernández de Lezeta, ha apuntado que la crisis «podría ser otro de los factores que haya potenciado la reaparición de este tipo de plagas», al entender que «se ha invertido menos dinero, por ejemplo, en el mantenimiento de instalaciones». En cualquier caso, ha insistido en su intención de «no ser alarmistas», aunque insta a estar «atentos» a cualquier novedad.
Durante esta jornada, que ha reunido a profesionales de la industria del control de plagas de diferentes partes de Europa, se ha presentado un estudio elaborado por ANECPLA –con la colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid– que constata un incremento de hasta un 70 por ciento en la prestación de servicios de control de chinches de la cama en los últimos cinco años en España y Portugal.
De esta forma, se pone en evidencia que España «no es ajeno a esta incipiente plaga de ámbito mundial, erradicada en el país hace medio siglo, y que se ha convertido en un daño emergente en Europa y Estados Unidos, así como otros países desarrollados entre los que destaca Australia», según ha señalado la asociación.
Fernández de Lezeta ha insistido en que «los chinches de la cama se han convertido en un problema social» y, debido a la dificultad de erradicación, resulta «imprescindible» que la sociedad tenga la información suficiente para detectarla y prevenirla. Para ello, ha reclamado la colaboración de todos los agentes implicados: responsables de las instalaciones, empresas de servicios y autoridades sanitarias.
LAS CHINCHES SE INSTALAN EN LAS VIVIENDAS
Según este estudio, un 80 por ciento de las empresas relacionadas con el sector asegura haber llevado a cabo servicios de control de chinches de cama durante el último quinquenio. Así, la mayoría de los tratamientos se han llevado a cabo en las viviendas (el 35 por ciento), en los hoteles, hostales y pensiones (el 30 por ciento), albergues (10 por ciento), hostelería (5 por ciento), seguido de residencias de ancianos, transporte público, colegios, guarderías, universidades y centros de ocio.
El incremento de los viajes y el turismo «podrían ser la principal causa de resurgimiento» de esta plaga en concreto. Así lo ha puesto de manifiesto ANECPLA, que destaca que tiene una especial incidencia en Canarias y en la cuenca mediterránea. «El origen podría ser el tránsito de mercancías y equipajes contaminados, la falta de inspecciones, la negación de incidentes y la falta de notificaciones», añade el informe.
Desde la década de 1950, se volvió rutinario en muchos países agregar bajos niveles de ANTIBIOTICOS en el forraje o agua de aves, bovinos y porcinos sanos para acelerar su crecimiento y evitar infecciones en animales alojados en condiciones insalubres o aglomerados.
El uso profiláctico e innecesario de ANTIBIOTICOS en las granjas es el factor principal del aumento de bacterias resistentes a ANTIBIOTICOS y un riesgo a la salud pública.
El uso excesivo de ANTIBIOTICOS en las granjas y su suministro a animales sanos rinden ineficaces a los medicamentos que doctores utilizan para tratar enfermedades como la neumonía, amigdalitis e infecciones del oído en infantes.
Desafortunadamente, ahora contamos con menos ANTIBIOTICOS nuevos para reemplazar los que son ineficaces.
Muchos estudios muestran que la carne y el pollo contienen una multitud de microorganismos resistentes. Por ejemplo, en un estudio reciente de las carne y los productos avícolas de cinco ciudades de Estados Unidos se encontró Staphylococcus aureus en el 47 por ciento de las muestras. El 96 por ciento de las muestras eran inmunes a al menos un antibiótico y el 52 por ciento eran inmunes a una gama de ANTIBIOTICOS.
Se estima que las infecciones resistentes a los fármacos les cuestan hasta 26 millones de dólares al año a los estadounidenses.
Cuando los animales de granja reciben ANTIBIOTICOS en dosis demasiado bajas para matar todas sus bacterias infecciosas, las bacterias que sobreviven y progresan lo hacen porque son ya inmunes a las drogas. Al multiplicarse las generaciones de bacterias futuras heredan la inmunidad o resistencia al antibiótico.
Estas bacterias además comparten los rasgos que las hace inmunes a medicamentos con otras especies de bacterias, lo cual conduce a la resistencia generalizada y a la creación de superbacterias.
->Por medio de los alimentos: varios estudios han encontrado bacterias inmunes a los fármacos en las carnes, las aves y en los cultivos regados con agua contaminada por residuos animales. Las bacterias en los alimentos pueden causar contaminación en la cocina donde tienen contacto con cuchillos infectados, tablas de cortar, nuestras manos y otras superficies. De ahí se puede transmitir a otros.
-> Por medio del aire y el agua: la bacteria inmune a los ANTIBIOTICOS se ha encontrado en el agua potable cerca de instalaciones porcinas en tres estados (en EE.UU.) y se ha detectado en la dirección del viento que proviene de estas instalaciones.
El director del IMIDA, Adrián Martínez, destacó que el departamento de Biotecnología y Protección de Cultivos de este organismo «lleva muchos años dedicado al estudio de los productos naturales y su efecto insecticida sobre algunas plagas». La tendencia actual añadió «es el empleo creciente de productos ecológicos que no dañen el medio ambiente y que no resulten tóxicos para el ser humano».
Respecto a las plagas de ALMACEN Martínez apuntó que «de nada sirve que un agricultor obtenga una buena cosecha de arroz, por ejemplo, si a la hora de almacenarlo aparecen coleópteros o lepidópteros que infectan los granos y hacen que el producto pierda calidad o que incluso se deteriore totalmente». De ahí, concluyó, «la necesidad de tratar estas plagas, que en la Región de Murcia pueden ser propiciadas por las elevadas temperaturas y la humedad».
El director del IMIDA advirtió que estas plagas «pueden llegar a provocar grandes pérdidas económicas si no se controlan de forma adecuada». Dichas pérdidas rondan el 10 por ciento de la producción en países desarrollados. No obstante, en países del continente africano, Asia y Centroamérica, las plagas de ALMACEN llegan a producir pérdidas de hasta el 50 por ciento del valor de la producción.
Productos extraídos de las plantas
La investigadora principal del proyecto, María Dolores López Belchí, señaló que «la investigación se ha centrado en comprobar el modo de acción de 8 productos naturales que se encuentran mayoritariamente en las plantas, 6 de ellos pertenecen a los monoterpenoides y 2 a los fenilpropanoides».
En este sentido apuntó que «existen insecticidas químicos, como los organofosforados y carbamatos, que inhiben la enzima acetilcolinesterasa y todavía permanecen en el mercado, a pesar de que pueden ser perjudiciales para el ser humano, dañar el medio ambiente e inclusoproducir resistencia en determinadas plagas«.
El estudio ha demostrado que algunos monoterpenoides y fenilpropanoides tienen efecto insecticida sobre determinadas plagas, respetando el medio ambiente y sin resultar tóxico para el ser humano. Según María Dolores López, «estos monoterpenoides también se utilizan en alimentación, en perfumes y en otros productos sin causar daño a las personas».
Añadió que hasta ahora los ensayos se han realizado sobre plagas de ALMACEN «algunas popularmente conocidas como gorgojos y polillas, que pueden afectar al arroz y otro tipo de cereales. Aún no hemos comprobado su efectividad en otras plagas». El siguiente paso de la investigación se centrará en cómoaplicar esos productos naturales.
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