Y es que, según aclara es «imposible» conseguir un «riesgo cero» a pesar de que precisamente es lo que demanda la sociedad, pero eso, añade, «no lo pueden garantizar ni los médicos».
Por tanto, lo que queda es «seguir trabajando y manteniendo la guardia» con los planes de vigilancia actuales, que en su opinión «son más que suficientes».
Igual que los avances en el mundo producen efectos colaterales como el cambio climático, los desplazamientos de animales «generan enfermedades con las que tenemos que convivir», explica, pero, tanto en Europa como en España «nunca han estado tan controladas como ahora y la sociedad puede estar completamente tranquila».
El problema, es que «no sabemos transmitirlo», falta mucha información y la asignatura pendiente pasa por proporcionar a la sociedad una información «clara y precisa» y convencer a los ciudadanos de que «deben tener confianza en la profesionalidad de los ganaderos y veterinarios, porque garantizamos totalmente la salubridad de todos los alimentos».
Así, por ejemplo, aclara, la lengua azul «no afecta para nada a los humanos, se puede convivir con ella», sin embargo, dice, los medios de comunicación, generan cierta alarma al respecto.
En este mismo sentido, Tovar advierte de que aunque ya no se registren casos en determinadas enfermedades, como la de Aujeszky, «no podemos bajar la guardia porque la biología es así y pueden surgir nuevos», porque en materia de sanidad «nunca hemos acabado».
Si bien, reconoce que poder decir que se ha erradicado una enfermedad es «un ejemplo de la buena política sanitaria que se está llevando a cabo».
Los veterinarios no son ajenos a la situación que atraviesan los ganaderos, «momentos difíciles», asevera, porque hay un «gran desfase» entre los costes de producción y los costes de venta, lo que deja un margen de beneficio muy reducido para los productores y es que, afirma, el ganadero de vacuno, por ejemplo, «podrá aguantar 5 ó 6 meses», pero no más, porque no es un censo recuperable, como el del porcino, por ejemplo, «cuando sacrificas una vaca te cuesta seis años recuperarla».
El Foro que comenzó ayer y concluye esta tarde reúne a 350 veterinarios y 400 estudiantes en la Facultad de Veterinaria de Cáceres, para debatir, entre otras cuestiones, de las posibilidades ganaderas del siglo XXI, el bienestar animal, el medioambiente, las materias primas o la alimentación.
Estos días se celebra en la ciudad peruana de Cuzco una conferencia internacional -dentro de las actividades organizadas con motivo del Año Internacional de la Patata- bajo el lema «La Ciencia de la Papa para los Pobres: Desafíos para el Nuevo Milenio». Los expertos que participan en este encuentro tratan de definir estrategias para incrementar la productividad y sostenibilidad de los sistemas de producción de un alimento que, precisamente, surgió en el altiplano peruano hace más de 8.000 años.
En el mismo Perú, los altos precios de los alimentos han estimulado al Gobierno a reducir las costosas importaciones de trigo y alentar a la población a consumir pan con harina de papa. En China, primer productor mundial de patatas (72 millones de toneladas en 2007), expertos agrónomos han propuesto que este producto se convierta en el principal cultivo alimentario de gran parte de las tierras agrícolas del país.
Sin embargo, el Centro Internacional de la Papa (CIP) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advierten de que extender los beneficios de la producción de patatas depende de que se mejore la calidad del material de siembra, contar con sistemas agrícolas que hagan un uso más sostenible de los recursos naturales, y disponer de variedades que reduzcan la necesidad de agua, tengan mayor resistencia a las plagas y enfermedades, y capacidad de adaptación ante el cambio climático.
Durante los cuatro días de la conferencia, más de 90 de las principales autoridades mundiales de la papa y de la investigación para el desarrollo tratarán los desafíos que afrontan tres economías en particular en materia de fomento del citado tubérculo en el mundo en desarrollo.
La primera es la de los países agrícolas, principalmente de África, donde la población pobre se concentra en las zonas rurales y produce papa para consumo doméstico y el mercado local. Para estos países es clave contar con resultados de investigación y tecnología, en apoyo a una «revolución sostenible de la productividad», así como establecer nexos entre los productores y los mercados interno y regional.
En las economías urbanizadas características de América Latina, Asia central y Europa oriental, el desafío estriba en asegurar la sostenibilidad social y ambiental de los sistemas basados en la papa, y establecer alianzas entre los pequeños productores y los nuevos mercados de alimentos.
Por otro lado, los participantes en la conferencia visitarán una plantación de 12.000 hectáreas situada cerca de Cuzco, donde investigadores-agricultores han restablecido la producción de más de 600 clases andinas tradicionales de papa y han aportado los elementos genéticos básicos para la futura obtención de otras variedades.
Fuente:Agroinformación (27. Marzo ´08) Por Georgina Arboleya
Otros casos de contaminación de leche de búfalo a causa de los depósitos de basura y de los desechos clandestinos ya habían sido señalados en la región de Nápoles – principal región productora – en los años 2001 y 2003 y la Comisión entonces le había pedido a Italia elaborar análisis regularmente.
Los resultados de los análisis de los años 2005 y 2006 no mostraron riesgos para la salud humana y ahora esperan los resultados del año 2007 y lasexplicaciones sobre la situación actual.
La Comisión Europea no dispone por el momento de ningún dato que permite advertir contra una contaminación.
Así lo informó el Consorcio de Tutela de la Mozzarella de Búfala de la región de Campania, en el oeste de Italia, que rectificó una información anterior en la que señaló que la importación había sido suspendida.
«Después de una minuciosa y detallada verificación de nuestras fuentes en los mercados asiáticos, confirmamos que no se trata de un bloqueo de las importaciones de la mozzarella de búfala por parte de las autoridades de Tokio, sino sólo de una intensificación de los controles y análisis de rutina», indica la nota.
Los controles reforzados se aplican además a la leche de búfala, de vacuno y derivados lácteos procedente no sólo de Campania sino «en su mayor porcentual del norte y centro de Italia».
Corea del Sur, sin embargo, sí adoptó el lunes el decisión de suspender las importaciones de mozzarella, uno de los productos alimentarios más emblemáticos de la región de Campania.
La detección de mozzarella producida con leche que contiene niveles de dioxina superiores a lo autorizado ha causado grave preocupación estos días en Italia, donde se teme además una prohibición internacional de este queso cuya base es la leche de búfala.
La Fiscalía de Nápoles abrió la semana pasada una investigación contra 109 personas al detectarse problemas en la leche empleada en diversas queserías de la región.
Las autoridades judiciales decidieron precintar unas 80 granjas de búfalas, que abastecen a 29 queserías, en un caso abierto a partir de una investigación a clanes mafiosos de la Camorra napolitana.
El gobierno de los Estados Unidos indicó a los consumidores que hayan comprado melones recientemente que verifiquen con el mercado o tienda para determinar si las frutas proceden de Montelibano, y si así es el caso que «tiren a la basura los melones».
Hasta ahora la FDA ha recibido informes de 50 casos de personas enfermas en 16 estados y nueve en Canadá vinculados al consumo de los melones, pero no se ha informado de muerte. Sin embargo 14 personas han sido hospitalizadas.
Los casos ocurrieron en: Arizona, California, Colorado, Georgia, Illinois, Missouri, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Ohio, Oklahoma, Oregón, Tennessee, Utah, Washington, y Wisconsin.
Las diferencias en las preferencias alimenticias de los dos sexos han quedado puestas en evidencia en la primera encuesta de FoodNet (la red de vigilancia de enfermedades relacionadas con los alimentos, perteneciente a los CDC), realizada entre mayo de 2006 y abril de 2007 entre 14.000 adultos estadounidenses.
A los participantes se les preguntó sobre sus hábitos alimenticios, incluido su consumo de alimentos de riesgo, como carne poco cocinada.
«Este es, según creemos, el mayor estudio realizado sobre las diferencias de hábitos alimenticios entre hombres y mujeres», agrega.
Estos investigadores han descubierto que los hombres prefieren, con más frecuencia, consumir carne, sobre todo de ternera, cerdo y pato, así como ciertos mariscos, como ostras y camarones.
Las mujeres también prefieren los frutos secos, como las almendras y las nueces. Al contrario que los hombres, también les atraen los huevos y los yogures.
Comidas de riesgo
Por otra parte, los investigadores observaron cuál era su conducta ante seis productos alimentarios con riesgo de producir alguna infección. Así, tuvieron que elegir entre hamburguesa poco cocida, huevos crudos o poco cocidos, ostras crudas, leche sin pasteurizar, queso hecho de leche también sin pasteurizar y brotes de alfalfa.
Los hombres con mayor probabilidad comerían hamburguesa poco cocida y huevos crudos, mientras las mujeres que las mujeres prefieren los brotes de alfalfa. Según los expertos que realizaron este estudio, los resultados pueden ser importantes para los inspectores de Sanidad ya que al entender las diferencias alimentarias entre hombres y mujeres, puede ayudar a crear nuevas estrategias saludables.
En concreto, estos expertos han incorporado diferentes clases de almidón resistente (AR) hasta lograr productos que han obtenido la «misma aceptación que sus versiones tradicionales», afirma el CSIC en un comunicado.
Teresa Sanz, investigadora del CSIC del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos de Valencia, asegura que en la sociedad occidental el consumo de fibra total en la dieta «está muy por debajo del nivel recomendado, y el almidón resistente es una buena alternativa a la fibra tradicional porque tiene mayor aceptación por parte del consumidor».
El AR es un almidón tratado para que llegue al intestino grueso sin digerir, de forma que actúa en el organismo como fuente de fibra. De hecho, en algunos casos llega a tener efectos beneficiosos «más notables» que las fibras tradicionales, indica el CSIC. En este sentido, Sanz señala que «disminuye la velocidad de absorción de glucosa y mejora la salud intestinal porque produce gran cantidad de butirato, un componente asociado a la buena salud del colon».
Los investigadores probaron la incorporación de AR en magdalenas y rebozado de carnes y pescados, para comprobar cómo afectaba a su estructura y a la calidad de los alimentos. En el caso de las magdalenas, para que «supieran como las de siempre, tuvimos que analizar propiedades como el grado de humedad y la dureza y elasticidad de la miga», explica la investigadora. En los rebozados «se atendió al color, la absorción de aceite y la aparición y retención del carácter crujiente de estos alimentos tras la fritura».
La conclusión del estudio es que los diferentes tipos de AR afectan de forma distinta a la calidad final del alimento y, por lo tanto, al grado de aceptación por parte de los usuarios. «Los alimentos enriquecidos con los almidones más valorados por los consumidores tuvieron la misma aceptación que sus correspondientes versiones tradicionales sin enriquecer», afirma Sanz, que corrobora que el uso de AR constituye una forma efectiva de incorporar fibra a la dieta sin sacrificar las características asociadas a la calidad del producto.
Alimentos aptos con esta técnica, que todavía está en fase de experimentación, «es más rápida, precisa y versátil, además de que no contamina y es más económica», asegura Nieves Núñez, una de las responsables de la compañía NIR Soluciones. Con todo ello, se consigue un importante ahorro en el coste analítico a las empresas.
La maquinaria absorbe la energía y la radiación que desprende que los alimentos aptos en cuestión y se encarga de analizarla y determinar su calidad. Para ello es necesario calibrar el sistema e introducirle unos parámetros, en función del sector al que se dedique la empresa que lo vaya a utilizar.
De una semana a dos minutos
Tradicionalmente, los análisis de calidad de los alimentos aptos se realizan en laboratorios y requieren más tiempo. Si el laboratorio se encuentra en la misma empresa, pueden ser días, pero si es externo, los resultados pueden necesitar incluso una semana.
En este sentido, Nieves Núñez explica que la tecnología NIR permite al productor controlar de forma permanente el proceso, por lo que si se detecta alguna anomalía los técnicos pueden detenerlo, solucionar la dificultad y continuar fabricando. La empresa reduce sus pérdidas y obtiene los datos sobre varios parámetros, como la humedad o la acidez, al mismo tiempo. «El proceso se reduce a dos minutos», asegura Núñez.
La investigación, financiada en parte por la UE, se ha publicado en la última edición de la revista Emerging Infectious Diseases («Enfermedades Infecciosas Emergentes»).
Los científicos recogieron muestras de la bacteria Escherichia coli de 97 aves en el noreste de Siberia, en el norte de Alaska y en el norte de Groenlandia durante la expedición «Beringia» de 2005, organizada por la Secretaría de Investigación Polar sueca. Luego se cultivaron las muestras a bordo del buque de expedición y se llevaron a cabo pruebas de resistencia a diecisiete medicamentos antimicrobianos.
Los análisis mostraron una resistencia a catorce de los diecisiete fármacos probados en las muestras. En total, ocho de estas muestras mostraron resistencia a los medicamentos, y cuatro de ellas eran resistentes a cuatro o más fármacos.
«Nos quedamos extremadamente sorprendidos», afirmó Björn Olsen, profesor de Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Uppsala y en el Laboratorio de Investigación de Zoonosis de la Universidad de Kalmar.
«Tomamos muestras de aves que viven en las profundidades de la tundra, sin contacto con los seres humanos. Esto confirma más aún que la resistencia a los antibióticos se ha convertido en un fenómeno global y que prácticamente no hay ninguna región de la Tierra que no esté afectada, a excepción, posiblemente, de la Antártida.»
Esto lleva a preguntarse de dónde provienen las bacterias resistentes a fármacos.
Los científicos opinan que fueron importadas por aves migratorias. Las especies de aves que pasan el invierno en hasta seis continentes distintos se encuentran alrededor del Estrecho de Bering, apuntan los científicos. Las aves podrían contraer las bacterias resistentes a latitudes menores, por ejemplo en el sureste de Asia, donde hay mucha presión antibiótica, y llevarlas al Ártico.
Estudios anteriores han identificado bacterias resistentes a fármacos en aves silvestres que viven cerca de poblaciones humanas; por ejemplo, se halló que gansos de Canadá que vivían en el estado americano de Maryland eran resistentes a cuatro antibióticos, y unas gaviotas de cabeza negra de la República Checa albergaban E. coli resistente a los medicamentos.
«Ya sabíamos que los pájaros del mundo occidental pueden ser portadores de bacterias resistentes a los antibióticos, pero es alarmante encontrar que estas bacterias existen entre pájaros de la tundra», afirmó Jonas Bonnedahl, del Hospital del Condado de Kalmar (Suecia).
«Nuestros hallazgos muestran que la resistencia a antibióticos no está limitada a la sociedad y a los hospitales, sino que ahora está extendiéndose a la naturaleza. Durante los últimos años, la creciente resistencia a los antibióticos se ha convertido en una de las mayores amenazas para el buen funcionamiento de los cuidados sanitarios en el futuro.»
«Hemos mostrado que los genes de resistencia a los medicamentos antimicrobianos están presentes en una de las zonas más remotas de la Tierra», concluyen los investigadores. «Este hallazgo destaca la naturaleza única de la adaptación de las bacterias y de la complejidad de la difusión de la resistencia a fármacos antimicrobianos. Para comprender totalmente la extensión de las reservas de resistencia medioambientales y comensales, está previsto realizar estudios de resistencia a fármacos antimicrobianos en diferentes hábitats.»
Fuente: consumer.es (5 de marzo de 2008) Autor: NATALIA GIMFERRER MORATÓ
La elaboración de conservas caseras es una práctica muy valorada por el consumidor y la llevan a cabo numerosas familias hoy en día. Entre las más frecuentes se encuentran la alsa las mermeladas o los vegetales en vinagre.
Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) aconseja no consumir ni preparar conservas caseras debido al riesgo de que se produzca una contaminación por patógenos.
Por este motivo, es necesario tomar medidas de prevención para evitar la proliferación de microorganismos no deseados y garantizar la seguridad del alimento.
Las bacterias responsables del deterioro contaminan fácilmente el alimento cuando las condiciones del medio son favorables para su multiplicación.
Si se conocen los puntos débiles de los patógenos puede llevarse a cabo la elaboración de conservas caseras con un mínimo riesgo<
La conserva, una vez abierta, debe mantenerse a bajas temperaturas
Uno de los puntos más importantes para elaborar conservas en casa es la correcta selección del alimento a conservar.
Su calidad debe ser óptima, se deben elegir alimentos frescos, sin golpes ni magulladuras y de tamaño similar. De esta manera, el líquido de conserva se reparte más uniformemente.
Los alimentos deben lavarse adecuadamente y eliminar los restos de tierra y del mismo vegetal. Así, se reduce notablemente la carga microbiana superficial.
Las frutas, verduras y hortalizas deben estar en su punto justo de maduración.
No pueden estar muy verdes ya que la conserva provoca la pérdida de sabor y resultarían insípidas; ni tampoco muy maduras ya que debido a la excesiva flacidez se romperían en el procesado.
La higiene debe controlarse durante todo el proceso: las manos deben estar limpias y los utensilios y envases desinfectados y bien escurridos.
La contaminación cruzada también puede ser frecuente y, para evitarla, se deben utilizar utensilios limpios para cada alimento.
Nunca deben reintroducirse en un frasco utensilios con restos de otro alimento, por mínimos que sean.
Para esterilizar todos los instrumentos utilizados se pueden hervir durante 15 minutos y, posteriormente, escurrirlos bien.
A la hora de manipularlos, nunca se debe tocar el interior del recipiente.
Para envasar las conservas se deben utilizar envases homologados para uso alimentario, y es recomendable que éstos sean de vidrio nuevos y con un buen cierre, aunque también pueden proceder de antiguas conservas industriales
Es preferible preparar las conservas en pequeñas cantidades y en envases poco profundos. Si es demasiado alto y muy profundo las capas más internas quedan privadas de oxígeno, lo que favorece el crecimiento de ‘Clostridium’.
Por ello es importante elaborar las conservas en la justa medida para que, una vez abiertas, se consuman enteras o, en su defecto, puedan conservarse en el frigorífico sin que se contamine.
Muchas veces, la contaminación puede producirse de la manera más absurda.
Un ejemplo es cuando se sospecha que el alimento está en mal estado y se prueba un poco con el dedo. En este caso, si el alimento está contaminado con la bacteria, ésta automáticamente se transmite.
Por tanto, es de vital importancia la prevención de la toxina en los alimentos.
‘Cl. botulinum’ es un microorganismo sensible al calor (se inactiva entre 80ºC y 115ºC) y sensible a pH ácidos (no se multiplica en pH inferior a 4,5).
Durante la elaboración de la conserva se deben cocer bien los alimentos (aproximadamente 120ºC) para eliminar las esporas más resistentes del patógeno.
No obstante, para asegurar la no contaminación en las conservas listas para comer es recomendable hervir los alimentos durante 10 minutos antes de consumirlos y eliminar así la toxina botulínica en el caso de haberse formado.
En los alimentos que no reciben tratamiento térmico se evita el crecimiento de la toxina modificando el valor de pH y/o de la actividad del agua.
El patógeno se inactiva a bajas temperaturas, con lo que durante los tiempos ‘muertos’, es decir, entre un paso y otro de la elaboración, se debe procurar mantener el alimento a bajas temperaturas.
No es fácil detectar la presencia de la toxina en los alimentos.
Por este motivo, lo más importante a la hora de elaborar conservas en casa es incorporar buenas prácticas de higiene, de elaboración, supervisar cada paso y dedicar una especial atención a las pautas de la receta, tratamiento térmico, temperatura durante el proceso, temperatura de almacenamiento y vida útil de los alimentos.
Se recomienda no elaborar conservas de origen animal ya que por naturaleza son muy delicadas de manipular y susceptibles a contaminación, y requieren un alto grado de control en su procesado.
Las conservas bien elaboradas y bien envasadas pueden mantenerse durante largos períodos de tiempo si se almacenan bajo condiciones favorables para garantizar su calidad.
Los lugares más apropiados son aquellos cuya temperatura no sobrepase los 30ºC o donde no dé la luz del sol de manera directa.
Cuanto mejor preservada de la luz esté la conserva, mejor se mantendrá su valor nutricional en el interior ya que se evitarán las oxidaciones de los nutrientes.
Si la temperatura es elevada, los patógenos son capaces de multiplicarse en una amplia gama de alimentos.
Las elaboraciones artesanas o comidas caseras a pequeña escala son fácilmente susceptibles de contaminación patógena.
Una vez abierta la conserva, si no se consume entera, debe mantenerse en refrigeración un máximo de siete días.
Los frascos deben ir etiquetados indicando el contenido, el peso, la fecha de envasado y el líquido conservante si es el caso, por ejemplo salmuera, vinagre o aceite.
Es importante indicar la cantidad y el tipo de producto que contiene el envase y se aconseja no mantener la conserva durante más de un año.
Una tapa abultada puede ser sinónimo de presencia de microorganismos en el interior, por lo que es aconsejable no consumir el producto, al igual que cuando los envases tienen roturas, están oxidados o abollados o se desconoce la fecha de apertura.
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