La respuesta rápida a la pregunta de por qué la comida del AVION es tan sosa y anodina pudiera ser que es comida de baja calidad. O que en Primera Clase eso no pasa. Sin embargo, hay otros motivos que influyen en el sabor de la comida que ingerimos a 10.000 metros de altura.
Fuente: xatakaciencia (25 abril 2012)
Según sugieren algunos estudios, incluso fomentados por las propias compañíais aéreas, el sentido del olfato cambia mucho debido a las condiciones higrotérmicas de la cabina (el grado de humedad es bajísimo, resecando la nariz: cuando el AVION alcanza su altitud de crucero, a 11.000 metros de altitud, la humedad de la cabina se mantiene a niveles mínimos para reducir el riesgo de corrosión de fuselaje).
También se ve influido el del gusto, debido al cambio en la presión del aire, que adormece las papilas gustativas. El aire seco (en torno a un 15% de humedad) y la presión de la cabina del AVION provocan que se duerman un tercio de las papilas gustativas. Algo parecido a lo que sucede cuando estamos constipados.
Por ello suelen servirse platos especialmente especiados, a fin de despertar nuestro sentido del gusto. Y también es la razón de que el zumo de tomate tenga un sabor menos ácido que en tierra.
Si la comida de los trenes tampoco está muy buena es porque la empresa de catering que prepara los platos lo ha hecho hace muchas horas; y en el caso del AVION, ha tenido que pasar por condiciones extremas de temperatura y humedad.
Además de la sequedad en la boca y las fosas nasales, hay otros que proponen que el mal sabor de la comida tiene que ver con el oído en el AVION. Un estudio realizado por la Universidad de Manchester concluyó que los comensales reconocen peor los sabores dulces y salados cuando están sometidos a un cierto nivel de ruido blanco.
FUENTE | La Razón digit@l (03/06/2012) Autor: Belén Tobalina
Muchos de los productos que utilizamos habitualmente contienen compuestos químicos TOXICOS. Están presentes en cremas, tintes, geles, permanentes, productos de limpieza, envases de plástico, juguetes… En definitiva, un sinfín de productos que usamos sin saber que estas sustancias son bioacumulativas, cancerígenas, disruptoras endocrinas… De hecho, «cada día estamos expuestos a miles de ellos, aunque el grado de toxicidad es diverso y los efectos TOXICOS se pueden referir a diferentes causas», explica Joan Grimalt, del Instituto de investigaciones Químicas y Ambientales de Barcelona, del CSIC.
En 2011 entró en vigor la prohibición de utilizar en la UE Bisfenol A (BPA) en los biberones por sus posibles efectos perjudiciales para la salud de los niños. El comisario de Salud de entonces, John Dalli, explicó que fue por la respuesta de su sistema inmunológico y el fomento de la aparición de tumores. Es decir, que hasta ese momento hemos estado expuestos a un químico potencialmente peligroso sin ser conscientes de ello. Y lo que es peor, denota que no hubo prevención. En definitiva, se puso un compuesto químico en un producto sin analizar previamente si era o no peligroso para la salud.
Y ésa es la realidad de muchas de «las 130.000 sustancias químicas que hay registradas en la UE», afirma Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada. Y lo que es peor, «es difícil saber cuántas de ellas son altamente peligrosas para la salud. La legislación de la UE ha llegado a acuerdos con unas 30.000 sustancias, y la información sobre su peligro o riesgo para la salud no estará recopilado hasta 2018», precisa Lisette van Vliet, asesora de Políticas de Sustancias Tóxicas de Health & Environment Alliance.
Además, el Bisfenol A sigue presente en muchos productos. Un estudio publicado por la organización británica CHEM Trust alertaba de que la prohibición de utilizar BPA en los biberones no era suficiente. El BPA se sigue usando en muchos productos. Está presente en latas de alimentos y bebidas, ordenadores, y selladores dentales. «Esto significa que hay una amplia exposición constante a esta sustancia química en particular en los alimentos, y tal vez, también a través de la absorción por la piel y la inhalación de polvo». Gwynne Lyons, autor del informe y director de CHEM Trust, declaró, respecto a la prohibición de usar BPA en los biberones, que era es un paso muy positivo, pero no hacía nada para reducir la exposición de los fetos, que son especialmente vulnerables a los efectos de los productos químicos que interrumpen las hormonas.
Quizá esto explique por qué el cien por cien de las embarazadas en el tercer trimestre en España y el cien por cien de los niños de 4 años orinan todos los días Bisfenol A, además de otros 17 residuos TOXICOS, tal y como denunció Olea en el Congreso Internacional de Riesgos para la Salud Pública y el Medio Ambiente organizado por la Fundación Vivo Sano, la Organización para la Defensa de la Salud, la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental y la Agencia Europea de Medio Ambiente.
Gracias a esos parabenes se conservan, pero a cambio se expone al organismo a estas sustancias disruptoras endocrinas muy ligadas al incremento de casos de cáncer de mama». Pero lo más ilógico de todo, es que «en la cosmética barata se declara al consumidor cualitativamente la composición. En cambio, en la cara, de más de 40 euros, no tienen obligación de informar al consumidor de su composición. Sólo lo tienen que declarar a la UE, con la excusa de que podrían copiar su composición», denuncia Olea.
Lo mejor, optar por productos que certifican que tienen 0% de ftalatos, 0% parabenes, 0% bisfenoles, como el producto de Sanex.
Respecto al «BPA, está presente en empastes dentales blancos y selladores para evitar las caries que les ponen a los niños, en ‘‘cristales’’ irrompibles que son plásticos realmente, coches, botellas de agua que hay en las oficinas de 25 litros… En definitiva, están presentes en muchos productos, ya que sólo en Europa se producen 1.120.000 toneladas de químicos», precisa Olea.
Además, los bebés han sido contaminados a través de la placenta y también serán expuestos a estas sustancias químicas durante la lactancia si la madre lo está».
Los bisfenoles, los parabenes y los ftalatos son todos ellos disruptores endocrinos. Y ya se ha evidenciado la problemática de los ftalatos primero en roedores y después en niños. La investigadora Shanna Swan, de la Universidad de Rochester Medical School, sometió a roedores a una exposición de ftalatos, y cuál fue su sorpresa al detectar una disminución en la separación anogenital en los machos, cuando la forma de saber el sexo del roedor es porque en los machos esta distancia es mayor que en las hembras. Después, comparó los niveles de ftalatos en mujeres embarazadas con la salud de los varones que dieron a luz e identificó cambios en el desarrollo de los genitales de los varones. «Swan detectó que la distancia anogenital en los niños había disminuido, eso no es una enfermedad, pero es indicativo de que está sucediendo algo», precisa Olea. «Nosotros estamos trabajando en una hipótesis sobre lo que puede suceder durante la exposición intrauterina, ya que la exposición a químicos del feto macho en los primeros 30 días de embarazo se relaciona con un incremento de posibilidades de sufrir cáncer de testículo y tener un semen de mala calidad. Esto explicaría que cada vez sea más difícil quedarse en estado, ya que ante la mala calidad de semen y bajo volumen de espermatozoides el tiempo para lograr el embarazo se haya alargado», añade Olea.
«Hay exposiciones a concentraciones bajas, pero que duran siempre, toda la vida incluida la intrauterina», precisa Grimalt. Además no se suele estudiar la toxicidad de un efecto combinado de varios químicos. «En el reglamento Reach no se añadió el efecto combinado, que es la gran asignatura pendiente en UE y en EE. UU.», precisa el catedrático.
«Ni los bisfenoles ni los parabenes –prosigue– son acumulativos, en el caso de los ftalatos sí lo son ligeramente, el problema es que resultan seudopersistentes al recibir dosis diarias de ellos». En cambio, sí son acumulativos «los contaminantes orgánicos persistentes como las dioxinas y los PCB, de modo que su presencia en el cuerpo tiende a aumentar con la edad. Y es que el 95 por ciento de los contaminantes orgánicos persistentes en nuestro cuerpo provienen de la cadena alimentaria, como los PCB», explica el profesor Vyvyan Howard, del Centro de Biociencia Molecular de la Universidad de Ulster. Y el problema es que «no hay casi ningún estudio sobre sus efectos acumulativos», añade Van Vliet. En definitiva, vivimos rodeados de compuestos químicos desde antes de nacer, durante la lactancia y de adultos. Y todo ello sin ser conscientes de su potencial peligro.
«En el mayor estudio hecho hasta la fecha en España, con una muestra de 919 personas en Cataluña, detectamos que más del 58% tenía concentraciones altas de uno o más de los 19 compuestos TOXICOS persistentes (CTP) analizados; el 34% tenía niveles altos de tres o más TOXICOS. Entre las mujeres de 60 a 74 años, el 48% tenía concentraciones altas de seis o más compuestos y tan sólo el 4% tenía concentraciones bajas de todos los 19 CTP analizados», detalla su autor, Miquel Porta, catedrático de Salud Pública del Instituto Municipal de Investigación Médica y de la Universidad Autónoma de Barcelona.
Más TOXICOS que en EE.UU.
«Algunos subgrupos de ciudadanos acumulan mezclas de CTP en concentraciones altas. De hecho, nuestros niveles de CTP son muy superiores a las que acumulan los ciudadanos de EE. UU.», añade.
En los Grandes Lagos de Canadá se constataron perturbaciones hormonales en 16 especies de animales (peces, aves, nutrias, visones…). Se piensa que el culpable fue el DDT, prohibido.
Caracolas con pene
Investigadores de la Universidad de A Coruña detectaron en los años 90 que en las poblaciones de Nucella lapillus existían (ya no) casos de masculinización de las hembras, y que en el 94% de los casos, las hembras se habían quedado estériles. Y es que les había salido un pene microscópico por la tributiltina (TBT) utilizada para el tratamiento antialgas de los barcos, prohibido.
Bígaros estériles
Una investigación realizada en 1988 en Inglaterra demostró que los bígaros expuestos a un compuesto de TBT desarrollaban órganos sexuales masculinos y quedaban estériles.
Entre la amplia gama de productos específicos dirigidos al público infantil es determinante conocer con detalle los ingredientes que los componen para elegir con seguridad los más sanos y no solo los más gustosos. Sin embargo, en ocasiones, esta información no es suficiente.
Un alimento puede no contener grasas trans, las más perjudiciales para la salud cardiovascular futura del niño, pero ser rico en grasas saturadas, cuyo exceso también perjudica. En otras ocasiones, mensajes atractivos referentes a la gran cantidad y variedad de vitaminas y minerales que aporta el producto desvía la atención de los padres sobre la verdadera fórmula nutricional del alimento, que puede contener demasiada azúcar, mucha grasa o más sal de la convenida para los niños.
⇒Cereales de desayuno: no todos valen. Su valor nutritivo en esencia, saludable se desvirtúa cuando el resultado es un producto azucarado, demasiado salado o con grasas insanas como las saturadas y, peor aún, las grasas trans. Es fundamental leer con atención tanto la etiqueta nutricional como la lista de ingredientes, donde se aprecia la diferencia entre un cereal de desayuno sabroso y otro similar pero más saludable, sin tanto aditivo saborizante. Los cereales infantiles se promocionan como garantía de vitaminas (vitaminas B1, B2, B3, B6, folatos, B12, D) y minerales (hierro, calcio), nutrientes todos ellos de gran valor en el crecimiento y desarrollo físico y mental infantil. Este valor que resulta interesante desaparece cuando los cereales son demasiado azucarados (contienen fructosa, jarabe de glucosa, sacarosa o miel), si destaca la presencia de grasas (aceites vegetales) o el exceso de sal, además de aditivos saborizantes y colorantes. Entre los cereales azucarados, los chocolateados y con miel, los más consumidos por los niños, hay marcas que proporcionan una cantidad exagerada de azúcar añadido, hasta 40-50 gramos/100 gramos. Por eso, lo idóneo es acostumbrar a los niños a unos sabores más naturales, los que proporcionan los cereales sin azucarar (copos de maíz al natural, muesli, copos de avena, arroz inflado…).
⇒Bollos, magdalenas, brioche: No hay hueco en la despensa para los productos de bollería y repostería que incluyan entre sus ingredientes «aceites y/o grasas vegetales parcialmente hidrogenados», aunque tengan apariencia de productos caseros. Siempre queda la posibilidad de preparar bizcochos caseros elaborados con aceite de oliva o de girasol, con frutos secos, harina integral y poca azúcar. La oferta de estos alimentos en la dieta infantil no debe ser diaria, ya que por muy casero que sea el producto no deja de tratarse de un dulce.
⇒Yogures con trozos de frutas: la fruta no cuenta. La escasa ingesta de fruta que contienen estos productos no influye en el aporte de vitaminas, minerales y fibra. El porcentaje de fruta indicado en el etiquetado alude a la cantidad que añade el fabricante que, según marcas, de media representa entre 8,25 y 12,5 gramos de fruta por yogur. Una manzana mediana pesa unos 150 gramos, un par de mandarinas unos 100 gramos y un plátano alrededor de 80 gramos. Por tanto, el contenido en frutas es tan escaso que apenas tiene importancia nutricional.
⇒Bebidas de leche y zumo: La publicidad asegura que aúnan los beneficios de la leche, en referencia a las proteínas y el calcio, y las vitaminas de la fruta. Hay padres y madres que los valoran como sustitutos de estos alimentos en desayunos, almuerzos o meriendas. Pero el aspecto nutricional de estas bebidas no equivale al de un vaso de leche y a una ración de frutas puesto que por envase no proporcionan una ración de dichos alimentos. La cantidad de leche es escasa (entre un 10 y un 30%, o lo que es lo mismo 33 ml o, como mucho, a 100 ml de leche, la mitad de un vaso). La cantidad de zumo es muy variable; del 7% (23 ml) al 41% (135 ml) por envase, según las marcas. La mayoría añaden azúcares, además de una larga lista de aditivos estabilizantes, colorantes, acidulantes y aromas. Además, la mezcla indefinida de sabores (muchos son multifrutas) no es una buena influencia para la educación del gusto por la fruta entre los niños, ya que no aprenden a identificar los sabores naturales de cada fruta.
⇒Nuggets de pollo, delicias o varitas de pescado, san jacobos, croquetas, empanadillas, aros de calamar, pizza, hamburguesas, salchichas…: No hay justificación para que estos productos precocinados industriales tengan tanta presencia en los menús infantiles escolares y familiares. Algunas marcas son una mezcla sustanciosa de aditivos emulgentes, potenciadores del sabor, estabilizantes, aromatizantes y colorantes, que apenas deja hueco para el ingrediente principal; que apenas supone el 40%. Así, 100 gramos de algunos de estos productos tan solo contienen 40 gramos del ingrediente principal, el resto es rebozado y aditivos.
⇒Palitos de pescado: Están elaborados con restos de músculo de una mezcla de distintos pescados frescos (abadejo, platija, corvina, morena de Japón, hoki, bacalao, caballa y merluza, entre otros), pero son productos con un conglomerado de aditivos (polifosfatos, potenciadores de sabor, conservantes, saborizantes y colorantes) y menos proteínas y más sal que el pescado fresco. Poco de natural tiene el producto final. No es correcto ni bueno ofrecer a los niños palitos de pescado como sustituto de una ración de pescado o de frutos del mar.
⇒Charcutería: embutidos y fiambres. De consumo demasiado frecuente en la alimentación infantil, las salchichas, mortadelas, chóped y patés de hígado de cerdo, llevan casi los mismos ingredientes, pero listados en diferente orden. Los ingredientes más comunes son: carne de cerdo, agua, fécula de patata, proteína de leche, hígado de cerdo, sal, proteína de soja o leche, dextrosa, especias, aromas, estabilizadores, antioxidante, azúcar, conservadores y colorante. Son productos de baja calidad nutricional y con un sabor simulado que acostumbra al paladar del niño a sabores artificiales muy pronunciados, con el riesgo de que no aprecie como bueno el gusto de las carnes o derivados cárnicos más naturales.
De las muestras de agua de diversas procedencias que ha recogido, analizado y fotografiado en estado de congelación, Emoto concluye que el grado de pureza incide directamente en la armonía de su cristalización.
En la composición química refleja como un «estado de ánimo» insistió el experto japonés, que disertó en la sala de conferencias de National Geographic en la capital española, adonde ha llegado invitado por una embotelladora de agua nacional.
FUENTE | EFE verde (04/07/2012)
Su libro Mensajes del Agua, recoge las fotografías de los distintos tipos de agua y sus cristales, según su origen: manantiales, ríos, parques, estanques o aguas contaminadas. El equilibrio y belleza de las estructuras que fotografía es proporcional a la pureza del origen del agua. «La información está allí, solo hay que saber leerla», dijo.
Su propósito, recordó, es distribuir en todo el mundo la versión infantil de su trabajo porque serán los niños los que mejor entiendan la necesidad de preservar AGUA como fuente de vida. Como un «abuelo ordinario» ha entendido que el mejor legado a las próximas generaciones es un planeta saludable y el nuestro, subrayó, es 70 por ciento agua.
REFLEJO DE LAS VIBRACIONES QUE RECIBE
Según sus investigaciones, AGUA es un reflejo de las vibraciones que recibe, por la capacidad que tiene ese movimiento, que él define como HADO, se modifica la estructura subatómica, la «esencia» de las cosas.
El ser humano, añadió, con una proporción similar de agua en el cuerpo, sufre las mismas modificaciones en su organismo y expuesto a malas vibraciones, enferma.
AGUA es un regalo de la naturaleza y su esencia es la esencia de la vida, «si la desatendemos, lo arriesgamos todos», añadió Masaru Emoto, que encabeza su particular lucha por la Paz en el Mundo.
El agua, agregó, también se puede «reeducar» y con energía positiva, la exposición a buena música, palabras agradables, entornos amistosos, «todas buenas vibraciones», recupera su pureza de origen. Masaru Emoto participa en la campaña Quédate con lo bueno’ de una embotelladora de agua que se surte del manantial de Ortigosa del Monte, en la sierra del Guadarrama.
Las conclusiones de este estudio indican que la expresión de cientos de genes en ratones machos puede verse alterada por la exposición durante el desarrollo embrionario a determinadas sustancias presentes en algunos pesticidas, plásticos, alimentos y cosméticos.
Los investigadores esperan que los resultados obtenidos en este trabajo ayuden a buscar biomarcadores moleculares de toxicidad reproductiva y a potenciar futuras investigaciones sobre los posibles efectos de los compuestos contaminantes analizados.
Los científicos han llevado a cabo sus experimentos con diferentes dosis de ftalato (un plastificador), zearalenona (una toxina presente en algunos cereales), lindano (un plaguicida), bisfenol A (empleado en la fabricación de plásticos) y estradiol (una hormona esteroide sexual femenina). La exposición se llevó a cabo en periodos acumulativos durante el desarrollo embrionario con dosis más elevadas que las que se estima que afectan habitualmente a los humanos, explicó el CSIC.
Todos los compuestos analizados forman parte de los denominados disruptores endocrinos, un amplio y heterogéneo grupo de sustancias químicas que pueden interferir en el sistema endocrino con efectos sobre el desarrollo y función reproductivos.
La investigación indica que, en concreto, el ftalato y la zearalenona generan huellas de desregulación génica específicas, independientemente de los niveles o el momento de la exposición a estos compuestos. «Su efecto se observa también en animales adultos si su madre estuvo expuesta a estas sustancias dos semanas antes de la fecundación», señaló el investigador Jesús del Mazo, que trabaja en el Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC.
Los resultados del estudio apuntan a que estas sustancias tienen mecanismos de acción génica en los TESTICULOS en etapas muy tempranas del desarrollo embrionario. «Muchos de estos genes desregulados tienen actividades funcionales interrelacionadas y por eso pueden afectar a procesos clave en la función celular causantes de patologías reproductivas en el sexo masculino», indicó Del Mazo.
Tal y como explica Sam Kean en su libro La cuchara menguante:
Para usarla, se llenaba el depósito con agua, que se tornaba radiactiva tras reposar durante una noche. Las instrucciones sugerían beber cada día seis o más vasos de esta refrescante bebida.
El invento fue patentado en 1912 por RW Thomas, un inválido en California. Vendió miles de ellos durante las décadas de 1920 y 1930, y cada unidad costaba 29,50 dólares de la época. Presuntamente, podría prevenir enfermedades como la artritis, la flatulencia y la senilidad. Pero lo más probable es que una proporción importante de los usuarios de Revigator desarrollase a medio y largo plazo enfermedades cancerígenas, sobre todo por las trazas de de otras sustancias tóxicas, como plomo y arsénico, que también se han hallado en los análisis modernos de tales jarras.
La fiebre radiactiva también hizo proliferar otros productos como pasta de dientes, chocolate y hasta supositorios.
Una compañía competidora de Revigator, Radithor, incluso se atrevió a vender botellines individuales de agua previamente expuesta a una fuente de radio y torio. Un exceso de estos botellines fue lo que mató a Eben Byers, un famoso millonario del acero de los ferrocarriles, aficionado al deporte y campeón de EEUU de golf amateur. Su muerte causó sensación, y también impulsó a la Asociación Médica Americana a prohibir cualquier tipo de radiación salvo aquellas prescritas por un facultativo.
El estudio, realizado por un equipo dirigido por la profesora Marie-Claire Cammaerts ha sido publicado por la revista Electromagnetic Biology and Medicine y aunque no está claro que las conclusiones puedan aplicarse a los seres humanos, demuestra que puede haber una relación entre las ondas electromagnéticas y ciertos efectos negativos en mecanismos neurológicos.
Las hormigas que fueron sometidas a una exposición a las ondas similares a las de los teléfonos MOVILES perdieron más de un 50 por ciento de sus capacidades de orientación y memorización, algo esencial para la organización de los hormigueros. Los efectos no son irreversibles, ya que al cabo de 30 horas las mismas hormigas recuperaban parte de sus capacidades, aunque según el estudio, nunca completamente.
La experiencia consistía en atraer a un grupo de hormigas hacia un lugar donde encontraban comida, a través de las feromonas, sustancias bien conocidas que sirven a estos insectos para orientarse a través del olfato. Normalmente, las hormigas son capaces de seguir el rastro del camino de vuelta al hormiguero con la comida a cuestas y el resto de las hormigas puede orientarse por la misma ruta para repetir el trayecto tantas veces como sea necesario. Sin embargo, sometidas a una exposición de una frecuencia de 900 megahercios y una potencia de 2 watios, muy inferior a la de una antena de un teléfono ordinario, las hormigas perdían el camino y eran incapaces de orientarse, a pesar de que ya conocían el trayecto.
CATASTRÓFICO EN UNA COLMENA
Según la profesora Cammaerts, las ondas “afectan a la membrana celular, lo que tiene consecuencias sobre el sistema nervioso” y a su juicio en el caso de los insectos puede afectar directamente el desarrollo larvario y las neurosecreciones. En concreto, ella hubiera querido investigar sobre las abejas, pero “no he sido autorizada, cuando se sabe que si se coloca un teléfono móvil en la colmena, se produce una catástrofe”. En su opinión, “el mundo no puede vivir ya sin los aparatos que funcionan con ondas electromagnéticas, pero creo que haríamos bien en aumentar las precauciones sobre las emisiones de las antenas.
Los científicos creen que este recurso podría ser más y mejor explotado, con técnicas de desalinización más eficientes y menos costosas. Dos investigadores del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han dado un interesante paso en ese camino. En simulaciones, dicen haber demostrado que los nanoporos de grafeno pueden filtrar la sal del agua a una velocidad de 2 a 3 veces mayor que la mejor tecnología de desalinización comercial que existe en la actualidad (la ósmosis inversa).
Los investigadores creen que la superior permeabilidad al agua del grafeno podría conducir a técnicas de desalinización que requieren menos energía y equipos, según explican en Physorg. «Este trabajo muestra que algunos de los inconvenientes de las técnicas de desalinización actuales se podrían evitar con la invención de materiales membrana más eficientes y precisos», dice Jeffrey C. Grossman, del MIT. Los investigadores creen que este material permite el flujo real de agua, evita por completo que se filtre la sal y tiene una permeabilidad mucho mayor en comparación a la ósmosis inversa. Y todo ello mucho más rápido que con las técnicas actuales.
Una sola capa de grafeno, que tiene un átomo de carbono de espesor, resulta muy delgada, por lo que es ventajoso para la desalinización del agua. En la eficacia de la desalinización participan el tamaño de los poros del material y la presión aplicada. Claro que esto tiene un pequeño inconveniente: hace falta que la humanidad consiga fabricar grafeno de forma sencilla y barata.
Los científicos esperan probar la capacidad de desalación con grafeno en los próximos meses. Si realmente es una técnica exitosa, podría ayudar a conseguir agua potable en aquellos lugares del mundo azotados por la desertización y la sequía. La investigación aparece publicada en NanoLetters.
El problema de esta clase de empastes tan generalizados, sin embargo, no es su estética metalúrgica sino que constituyen una fuente de contaminación.
El mercurio contenido en esta amalgama es relativamente inofensivo. Pero sólo si hablamos de una boca individual. El problema llega cuando fallecemos y decidimos que nuestro cuerpo sea cremado, y cuando esa idea la tienen otras millones de personas del mundo. Entonces el mercurio de los empastes se libera y se suma a la nube de mercurio que surge de las chimeneas de las centrales térmicas alimentadas con carbón, tal como denuncia Tim Flannery en su libro Aquí en la Tierra.
Sube a lo más alto de la atmósfera y es probable que acabe cayendo en algún mar remoto. El mercurio permanece en su forma elemental mientras se encuentra en la superficie del océano iluminada por el sol. Pero, con la ayuda del mismo plancton y el mismo krill que absorben las partículas radiactivas, pronto llega a las profundidades abisales, y allí se transforma en una modalidad altamente tóxica denominada metilmercurio. Nadie sabe exactamente cómo se produce esa transformación, pero es probable que las bacterias desempeñen un papel significativo.
Y así va subiendo por la cadena alimentaria marina, hasta que los depredadores más grandes, como los tiburones y los peces espada, acumulan niveles peligrosos de mercurio. ¿Y quién se come los tiburones y los peces espada?. El máximo depredador y el depositario último de cualquier cosa que se bioacumule: el ser humano.
El abuso o mal uso de antibióticos es un problema de salud pública, debido a las resistencias antimicrobianas. Pero, en la sinusitis, es difícil saber si la enfermedad está causada por bacterias o por un virus, en el que los antibióticos no sirven para nada.
«En lugar de administrar a todos un antibiótico, nuestros hallazgos sugieren que es mejor abstenerse y observar la evolución» señaló a Reuters Health Jane Garbutt de Washington University School of Medicine en St. Louis, quien dirigió el estudio. Esto implica controlar a los pacientes para ver si mejoran, y usar sólo analgésicos.
Las personas con sinusitis aguda tienen unos síntomas parecidos al resfriado, como goteo nasal y dolor alrededor de los ojos, la nariz o la frente. «Es la quinta razón más común por la que se recetan antibióticos para adulto», advirtió Garbutt.
SIN DIFERENCIAS
El equipo de Garbutt asignó aleatoriamente a 166 adultos a recibir placebo o un tratamiento de 10 días con el antibiótico amoxicilina. Al finalizar el estudio, los investigadores encontraron poca diferencia entre los dos grupos de pacientes.
Después de siete días, hubo signos de beneficios de los antibióticos, pero el efecto fue pequeño y se había desvanecido otros tres días más tarde. A los 10 días, el 78 por ciento de las personas tratadas antibióticos y el 80 por ciento de los tratados con placebo dijeron que se sentían mucho mejor y ya no tenía síntomas.
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