Como grupo, los fumadores sufren de una mayor tasa de enfermedades orales que los no fumadores, y de entre esas dolencias destacan especialmente las de las encías.
Así lo ha comprobado el equipo de Purnima Kumar, profesora de periodontología en la Universidad Estatal de Ohio, Estados Unidos. Ella y sus colegas trabajan en una línea de investigación sobre el papel que desempeñan las comunidades microbianas del cuerpo en la prevención de enfermedades orales.
Los fumadores también presentan niveles más elevados de citoquinas, compuestos que el cuerpo produce para combatir las infecciones bucales, lo cual indica que el cuerpo está activando sus defensas contra las infecciones bucales. Clínicamente, esta respuesta inmunitaria se presenta en forma de encías enrojecidas e inflamadas, en lo que se conoce como gingivitis. Si este problema persiste demasiado tiempo, puede degenerar en una piorrea (periodontitis), con el resultado final del desprendimiento de piezas dentales.
Sin embargo, el cuerpo del fumador no sólo está tratando de combatir a las bacterias dañinas. Los tipos de citoquinas presentes en las encías de los fumadores han indicado a los autores del nuevo estudio que el cuerpo del fumador trata también a las bacterias beneficiosas como a una amenaza.
Aunque todavía es muy poco lo que Kumar y sus colaboradores saben acerca de los mecanismos subyacentes en los procesos descubiertos, sospechan que el tabaquismo distorsiona las comunicaciones, que de otro modo serían normales, entre las comunidades de bacterias beneficiosas y el sistema inmunitario de la persona en cuya boca residen. Esa distorsión crea confusión, con el resultado final de que las bacterias beneficiosas son consideradas equivocadamente como enemigas por el sistema inmunitario del fumador.
Exposición a la luz, y quizá la propia fotosíntesis de las plantas, podría ayudar a que bacterias como la salmonella penetren en las hojas de los vegetales y queden protegidas frente al lavado previo al consumo.
Fuente: consumer (2 de marzo de 2012) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
La fotosíntesis es un proceso indispensable para la vida de las plantas. Se divide en dos fases: una depende de la luz y requiere su energía directa y otra, independiente de la luz, puede realizarse en la oscuridad. Una investigación de expertos de la Universidad de Tel Aviv, en Israel, desvelaba a finales de 2009 que las hojas de lechuga romana expuestas a la luz y a salmonella registran una acumulación de bacterias en el tejido interno.
La bacteria, principal causante de gastroenteritis, penetra en las hojas de la lechuga y queda protegida contra el lavado u otros procesos tecnológicos más superficiales. Este patógeno puede hallarse en grandes cantidades en los alimentos sin alterar su sabor u olor. Cuanto mayor sea el número de microorganismos, mayores son las posibilidades de que el consumidor sufra la infección.
Las bacterias penetran en las superficies más profundas de las hojas de la lechuga por los estomas, unos poros de pequeñas dimensiones que utilizan para obtener y liberar gases durante la fotosíntesis. Se abren con la luz y facilitan la entrada de los patógenos. En algunos vegetales, las partes más verdes se caracterizan por una gran densidad estomática y son más vulnerables al ataque patógeno. Por el contrario, la incubación en la oscuridad origina un patrón de adherencia disperso y muy poca penetración en el vegetal.
Los nutrientes que se producen durante la fotosíntesis atraen a los patógenos
La investigación israelí concluía que los nutrientes producidos durante la fotosíntesis, solo cuando hay luz, atraen a los patógenos. Mientras, las mutaciones que afectan a la motilidad y la quimiotaxis inhiben de manera significativa la penetración de salmonella.
Este último fenómeno depende de las sustancias químicas detectadas en el medio ambiente, que determinan el movimiento de las bacterias. Conocer estas premisas es útil para limitar el acceso de las bacterias en las verduras. Sin embargo, la luz es necesaria para el crecimiento natural de las plantas y para su desarrollo, por lo que erradicar por completo la proliferación de bacterias patógenas es una tarea difícil.
La mayoría de las plantas se adaptan a la cantidad de luz que reciben. Si las condiciones lumínicas son escasas, regulan su actividad fotosintética y utilizan menos cantidades de enzimas para la fase de crecimiento. Su tasa de respiración disminuye respecto a las plantas que reciben luz y reducen sus demandas metabólicas. Sin embargo, estos vegetales maduran con una calidad menor, mientras que otros con requerimientos de luz muy estrictos ni siquiera se adaptan a estos cambios.
Controlar la luz necesaria
La respuesta a la exposición de la luz es diferente en cada vegetal. También varía en función de la parte de las plantas. No es igual en las hojas, la raíz, el tallo o las flores. Una aportación lumínica correcta marca el crecimiento del vegetal y se traduce en un aumento de la calidad. En lugares poco iluminados, las plantas sufren mucho y su crecimiento es más lento y débil. La falta de color o la aparición de un tono amarillento son los principales indicadores. Por el contrario, si el vegetal está expuesto a demasiada luz, también puede sufrir problemas, como el desarrollo de hojas de aspecto apagado y sin vida o los bordes quemados.
En el caso de los vegetales, adquiere una mayor importancia, ya que buena parte se consumen crudos y el lavado es la principal herramienta para eliminar cualquier riesgo. Cuando llegan a la industria, los vegetales se limpian con agua fría, apta para el consumo humano y tratada con hipoclorito de sodio. Luego se elimina el exceso de humedad de los productos frescos para evitar el crecimiento de bacterias.
Un estudio del Área de Tecnología Alimentaria de la Universidad de la Rioja, publicado en la revista «Journal of the Science of Food and Agriculture», advierte de que los vegetales frescos no sobrepasan las dos semanas de vida útil, mientras que la luz favorece su degradación. El puerro permanece en buen estado durante 26 días, mientras que con luz apenas dura 18; la coliflor, pasa de 11 a 3 días.
El equipo de Walter Gassmann, profesor de Ciencias Vegetales en la Universidad de Missouri, Estados Unidos, ha usado como planta modelo a la Arabidopsis.
La Arabidopsis tiene una estructura genética bastante conocida, y sus patógenos bacterianos comparten muchas tácticas con otros patógenos como la roya y el mildiú.
Gassmann cree que estudios adicionales sobre la EDS1 y sus «centinelas» podrían aclarar cuál es el mejor modo de añadir la respuesta de alarma a vegetales que no tienen la proteína o amplificar la respuesta en los que ya la poseen.
Aunque las plantas modificadas genéticamente siguen siendo motivo de controversia, Gassmann considera que ayudar a los vegetales reforzando su resistencia natural a enfermedades es mejor que usar fungicidas.
En la investigación también han trabajado Saikat Bhattacharjee, Sang Hee Kim y Morgan Halane.
La apuesta por aplicar ‘Ionized’ en el descanso surge porque es precisamente durmiendo donde se pasan más horas de la vida. De ahí que la Universidad Politécnica de Valencia y el Grupo de Gestión Integral en la Industria Textil (Giitex) hayan pensado en introducir este pionero sistema en el dormitorio, y concretamente, en el colchón.
Gracias a ‘Ionized’ se pueden generar en el ambiente de una habitación entre 10.000 y 20.000 iones negativos por centímetro cúbico.
El proceso incluye la microencapsulación de iones negativos y su adhesión a tejidos inteligentes que envuelven los colchones y que liberan los iones por la fricción generada con los giros naturales que hacemos cada noche mientras dormimos.
El equipo de Zhao-Qing Luo, de la Universidad Purdue, ha averiguado cómo un par de proteínas de la bacteria Legionella pneumophila, causante de la legionelosis, altera una proteína del organismo atacado con el fin de desviar materias primas dentro de la célula para su uso en la construcción y ocultamiento de una gran estructura que alberga a la bacteria mientras se reproduce.
Fuente: Noticiasdelaciencia (26 ene.´12)
La modificación de la proteína del organismo atacado crea una especie de dique que impide a las proteínas alcanzar sus puntos de destino normales, donde se utilizarían como «ladrillos» para la construcción celular. Estas proteínas desviadas de sus puntos de destino se incorporan a una estructura bacteriana llamada vacuola, la cual alberga a la bacteria mientras se reproduce dentro de la célula.
Las proteínas bacterianas utilizan las proteínas de la membrana celular atacada para construir su refugio, que es parecido a un globo por su forma y estructura. El refugio necesita poder extenderse y crecer a medida que más reproducciones bacterianas tienen lugar en su interior. El material de la membrana contribuye a la elasticidad de la vacuola, y sirve también para camuflar la estructura.
En este sentido, el presidente de la Junta de Gobierno de la Asociación Nacional de Empresas de Control de Plagas (ANECPLA), Pedro de Orueta, ha señalado que uno de los problemas es que «la sociedad no tiene la percepción de que existan este tipo de especies», puesto que «muchas ni siquiera se pueden ver».
Por ello, ha destacado la importancia de «sensibilizar» a la población sobre este aspecto, así como de cambiar la imagen que tiene la sociedad de este sector, que ven al colectivo «como fumigadores que sólo se preocupan de acabar con los bichos» sin importarles lo demás. «Cuando en realidad –sentencia De Orueta– se ocupa de proteger el bienestar de las personas con el menor impacto sobre el medio ambiente y la biodiversidad».
LA CRISIS, OTRO DE LOS POSIBLES MOTIVOS
Por su parte, la directora general de ANECPLA, Milagros Fernández de Lezeta, ha apuntado que la crisis «podría ser otro de los factores que haya potenciado la reaparición de este tipo de plagas», al entender que «se ha invertido menos dinero, por ejemplo, en el mantenimiento de instalaciones». En cualquier caso, ha insistido en su intención de «no ser alarmistas», aunque insta a estar «atentos» a cualquier novedad.
Durante esta jornada, que ha reunido a profesionales de la industria del control de plagas de diferentes partes de Europa, se ha presentado un estudio elaborado por ANECPLA –con la colaboración de la Universidad Autónoma de Madrid– que constata un incremento de hasta un 70 por ciento en la prestación de servicios de control de chinches de la cama en los últimos cinco años en España y Portugal.
De esta forma, se pone en evidencia que España «no es ajeno a esta incipiente plaga de ámbito mundial, erradicada en el país hace medio siglo, y que se ha convertido en un daño emergente en Europa y Estados Unidos, así como otros países desarrollados entre los que destaca Australia», según ha señalado la asociación.
Fernández de Lezeta ha insistido en que «los chinches de la cama se han convertido en un problema social» y, debido a la dificultad de erradicación, resulta «imprescindible» que la sociedad tenga la información suficiente para detectarla y prevenirla. Para ello, ha reclamado la colaboración de todos los agentes implicados: responsables de las instalaciones, empresas de servicios y autoridades sanitarias.
LAS CHINCHES SE INSTALAN EN LAS VIVIENDAS
Según este estudio, un 80 por ciento de las empresas relacionadas con el sector asegura haber llevado a cabo servicios de control de chinches de cama durante el último quinquenio. Así, la mayoría de los tratamientos se han llevado a cabo en las viviendas (el 35 por ciento), en los hoteles, hostales y pensiones (el 30 por ciento), albergues (10 por ciento), hostelería (5 por ciento), seguido de residencias de ancianos, transporte público, colegios, guarderías, universidades y centros de ocio.
El incremento de los viajes y el turismo «podrían ser la principal causa de resurgimiento» de esta plaga en concreto. Así lo ha puesto de manifiesto ANECPLA, que destaca que tiene una especial incidencia en Canarias y en la cuenca mediterránea. «El origen podría ser el tránsito de mercancías y equipajes contaminados, la falta de inspecciones, la negación de incidentes y la falta de notificaciones», añade el informe.
Desde la década de 1950, se volvió rutinario en muchos países agregar bajos niveles de ANTIBIOTICOS en el forraje o agua de aves, bovinos y porcinos sanos para acelerar su crecimiento y evitar infecciones en animales alojados en condiciones insalubres o aglomerados.
El uso profiláctico e innecesario de ANTIBIOTICOS en las granjas es el factor principal del aumento de bacterias resistentes a ANTIBIOTICOS y un riesgo a la salud pública.
El uso excesivo de ANTIBIOTICOS en las granjas y su suministro a animales sanos rinden ineficaces a los medicamentos que doctores utilizan para tratar enfermedades como la neumonía, amigdalitis e infecciones del oído en infantes.
Desafortunadamente, ahora contamos con menos ANTIBIOTICOS nuevos para reemplazar los que son ineficaces.
Muchos estudios muestran que la carne y el pollo contienen una multitud de microorganismos resistentes. Por ejemplo, en un estudio reciente de las carne y los productos avícolas de cinco ciudades de Estados Unidos se encontró Staphylococcus aureus en el 47 por ciento de las muestras. El 96 por ciento de las muestras eran inmunes a al menos un antibiótico y el 52 por ciento eran inmunes a una gama de ANTIBIOTICOS.
Se estima que las infecciones resistentes a los fármacos les cuestan hasta 26 millones de dólares al año a los estadounidenses.
Cuando los animales de granja reciben ANTIBIOTICOS en dosis demasiado bajas para matar todas sus bacterias infecciosas, las bacterias que sobreviven y progresan lo hacen porque son ya inmunes a las drogas. Al multiplicarse las generaciones de bacterias futuras heredan la inmunidad o resistencia al antibiótico.
Estas bacterias además comparten los rasgos que las hace inmunes a medicamentos con otras especies de bacterias, lo cual conduce a la resistencia generalizada y a la creación de superbacterias.
->Por medio de los alimentos: varios estudios han encontrado bacterias inmunes a los fármacos en las carnes, las aves y en los cultivos regados con agua contaminada por residuos animales. Las bacterias en los alimentos pueden causar contaminación en la cocina donde tienen contacto con cuchillos infectados, tablas de cortar, nuestras manos y otras superficies. De ahí se puede transmitir a otros.
-> Por medio del aire y el agua: la bacteria inmune a los ANTIBIOTICOS se ha encontrado en el agua potable cerca de instalaciones porcinas en tres estados (en EE.UU.) y se ha detectado en la dirección del viento que proviene de estas instalaciones.
El director del IMIDA, Adrián Martínez, destacó que el departamento de Biotecnología y Protección de Cultivos de este organismo «lleva muchos años dedicado al estudio de los productos naturales y su efecto insecticida sobre algunas plagas». La tendencia actual añadió «es el empleo creciente de productos ecológicos que no dañen el medio ambiente y que no resulten tóxicos para el ser humano».
Respecto a las plagas de ALMACEN Martínez apuntó que «de nada sirve que un agricultor obtenga una buena cosecha de arroz, por ejemplo, si a la hora de almacenarlo aparecen coleópteros o lepidópteros que infectan los granos y hacen que el producto pierda calidad o que incluso se deteriore totalmente». De ahí, concluyó, «la necesidad de tratar estas plagas, que en la Región de Murcia pueden ser propiciadas por las elevadas temperaturas y la humedad».
El director del IMIDA advirtió que estas plagas «pueden llegar a provocar grandes pérdidas económicas si no se controlan de forma adecuada». Dichas pérdidas rondan el 10 por ciento de la producción en países desarrollados. No obstante, en países del continente africano, Asia y Centroamérica, las plagas de ALMACEN llegan a producir pérdidas de hasta el 50 por ciento del valor de la producción.
Productos extraídos de las plantas
La investigadora principal del proyecto, María Dolores López Belchí, señaló que «la investigación se ha centrado en comprobar el modo de acción de 8 productos naturales que se encuentran mayoritariamente en las plantas, 6 de ellos pertenecen a los monoterpenoides y 2 a los fenilpropanoides».
En este sentido apuntó que «existen insecticidas químicos, como los organofosforados y carbamatos, que inhiben la enzima acetilcolinesterasa y todavía permanecen en el mercado, a pesar de que pueden ser perjudiciales para el ser humano, dañar el medio ambiente e inclusoproducir resistencia en determinadas plagas«.
El estudio ha demostrado que algunos monoterpenoides y fenilpropanoides tienen efecto insecticida sobre determinadas plagas, respetando el medio ambiente y sin resultar tóxico para el ser humano. Según María Dolores López, «estos monoterpenoides también se utilizan en alimentación, en perfumes y en otros productos sin causar daño a las personas».
Añadió que hasta ahora los ensayos se han realizado sobre plagas de ALMACEN «algunas popularmente conocidas como gorgojos y polillas, que pueden afectar al arroz y otro tipo de cereales. Aún no hemos comprobado su efectividad en otras plagas». El siguiente paso de la investigación se centrará en cómoaplicar esos productos naturales.
La Comisión Europea planteó cuatro cuestiones a las cuales los expertos dieron respuesta. El primer punto consistió en evaluar el riesgo para la salud pública causado por las bacterias patógenas E. coli STEC y otras que pueden contaminar semillas y germinados de consumo humano. La Comisión BIOHAZ concluyó que los germinados son alimentos de elevado riesgo microbiológico, tanto por sus patrones de consumo, crudos o mínimamente procesados -ambos son productos «listos para el consumo»-, como porque existe la posibilidad de que ciertas bacterias patógenas que contaminan las semillas de origen puedan crecer y desarrollarse durante su germinación y amplificar su presencia y efectos.
Los diferentes tipos de semillas germinadas no representan el mismo riesgo de contaminación por el crecimiento de las bacterias patógenas. Los brotes de alfalfa y soja verde son los más consumidos e implicados con mayor frecuencia en los episodios alimentarios tóxicos. Salmonella y E. coli patógena (incluida STEC) son los patógenos bacterianos más frecuentes que causan toxiinfecciones asociadas al consumo de germinados contaminados. En algunos casos, como el de Salmonella, niveles de contaminación muy bajos de semillas secas (4 bacterias/kg) pueden causar toxiinfecciones asociadas a los germinados. Otras bacterias patógenas, como B.cereus, S.aureus, L. monocytogenes y Y.enterocolitica, se han relacionado también con toxiinfecciones asociadas a germinados, aunque de forma menos frecuente.
Otro punto que debe tenerse en cuenta es que los datos epidemiológicos muestran cómo una sola partida contaminada de semillas puede utilizarse en varias plantaciones de brotes, incluso en países diferentes, y causar varias toxiinfecciones relacionadas. Debido a las limitaciones en los datos disponibles, los expertos concluyen en este punto que no ha sido posible llevar a cabo una evaluación cuantitativa de riesgos microbiológicos y estimar la proporción de toxiinfecciones transmitidas por los alimentos atribuibles al consumo de las semillas germinadas contaminadas.
Los factores de riesgo más relevantes están asociados con el efecto de prácticas agrícolas en la producción de semillas y el almacenamiento
La segunda petición al Panel de expertos fue identificar, en la medida de lo posible, los factores de riesgo que contribuyen al desarrollo de bacterias patógenas STEC y otras que puedan contaminar tanto semillas como germinados. En este punto, el grupo BIOHAZ concluyó que las bacterias patógenas pueden transportarse y transmitirse a través de animales, seres humanos y el medio ambiente, y que pueden contaminar las semillas en el campo y en toda la cadena de producción de semillas germinadas. Los factores de riesgo más relevantes están asociados con el efecto de las prácticas agrícolas en la producción de semillas, el almacenamiento y distribución de agua de riego contaminada o estiércol, la presencia de aves y roedores en las instalaciones de almacenamiento, el polvo y las partículas del suelo como fuentes potenciales de contaminación.
Las condiciones de procesamiento (temperatura y humedad) que prevalecen durante la germinación de las semillas contaminadas favorecen el crecimiento y la difusión de bacterias patógenas, cuya presencia se amplifica, y deben considerarse como principales factores de riesgo. La amplia distribución de lotes de semillas es un factor de riesgo que puede aumentar la dispersión geográfica de los brotes. La precaria trazabilidad de los lotes de semillas puede retrasar las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias para controlar los episodios toxiinfecciosos. Además, esta precariedad ocasiona dificultades para los productores de germinados en el momento de evaluar la calidad higiénica de los lotes de semillas y, por lo tanto, aumenta el riesgo del uso de semillas contaminadas en el proceso de producción. Los lotes utilizados para la germinación no son específicos para este fin, por lo que su control es aún más difícil.
Identificación de patógenos
Aún se desconocen los métodos microbiológicos de detección de patógenos emergentes en semillas y germinados, o no se aplican, lo que plantea un desafío adicional en la identificación de la fuente de las toxiinfecciones. Debido al hecho de que los germinados están listos para el consumo, la contaminación por los portadores asintomáticos de patógenos no debe excluirse como un factor de riesgo potencial. Si se tienen en cuenta todos estos factores de riesgo, el control de la higiene del proceso de producción de germinados ha sido difícil hasta la fecha.
El tercer punto solicitado fue recomendar posibles opciones específicas para minimizar el riesgo a lo largo de la cadena alimentaria, desde la producción de semillas hasta el consumo final. En este sentido, la Comisión BIOHAZ indicó que la gestión de la seguridad alimentaria basada en los principios APPCC debe ser el objetivo de los operadores que produzcan semillas germinadas, así como BPA (Buenas Prácticas Agrícolas), BPM (Buenas Prácticas de Fabricación) y BPH (Buenas Prácticas de Higiene) a lo largo de toda la cadena de producción. El análisis de peligros debe incluir la clasificación de riesgo de los productos básicos, las regiones de origen y los operadores y proveedores de semillas. En la producción de semillas germinadas, puede ser difícil definir los puntos críticos de control (PCC), incluidas las medidas de control de riesgos y los límites críticos y su control. La prevención de contaminación de las semillas es muy importante por la larga supervivencia de las bacterias patógenas en las semillas y su multiplicación en la producción de germinadas. La descontaminación antes de la brotación se practica en algunos Estados de la UE como una medida de mitigación de riesgos adicionales, en el marco de una estrategia de intervención conjunta.
Sin embargo, ningún método de descontaminación está disponible para asegurar la eliminación de patógenos en todo tipo de semillas, sin afectar la germinación de semillas o brotes de rendimiento. La seguridad y eficacia de diferentes tratamientos de semillas de descontaminación (química, tratamiento térmico, la irradiación sola o en combinación) deben evaluarse de forma armonizada en la UE. Es necesario mantener una cadena de frío de los brotes desde el final de la producción al consumo para limitar el crecimiento de bacterias patógenas. Todas las partes interesadas, incluidos los consumidores y quienes practican la germinación en casa, en todos los eslabones de la cadena de producción, deben conocer los riesgos de seguridad alimentaria planteados por las semillas germinadas.
Pruebas microbiológicas
Por último, la CE solicitó al Panel de expertos comunitarios en riesgos biológicos recomendar, si se considera pertinente, los criterios microbiológicos de semillas y germinados, así como del agua y otros materiales que puedan contaminar las semillas y los brotes a lo largo de la cadena de producción. El grupo BIOHAZ indicó que las pruebas microbiológicas por sí solas pueden dar una falsa sensación de seguridad debido a la limitación estadística de los planes de muestreo. Un resultado negativo de la muestra no garantiza la ausencia del patógeno en el lote de prueba, sobre todo cuando está presente en escasa prevalencia o repartido de manera heterogénea.
No es posible evaluar el grado de protección de la salud pública proporcionada por criterios microbiológicos específicos para las semillas y las semillas germinadas. Esto pone de relieve la necesidad de recopilación de datos para realizar una evaluación cuantitativa del riesgo. Los criterios microbiológicos, además del diseño de planes de muestreo para las bacterias patógenas, deben considerarse como uno de los componentes del sistema de gestión de seguridad alimentaria para toda la cadena de producción de semillas germinadas.
El Panel expone que se debe considerar el desarrollo de nuevos o la revisión de criterios microbiológicos aplicables a los actuales agentes patógenos más asociados a los germinados, como Salmonella o E. coli enteropatógeno (no hay criterios para los patógenos E. coli en la actualidad). Los criterios microbiológicos para Salmonella, E. coli patógeno, y L. Monocytogenes podrían considerarse para las semillas antes del inicio del proceso de producción, durante la germinación y en el producto final.
Ahora, unos investigadores han desarrollado un modelo digital que explica mejor cómo las bacterias se mueven en «enjambres». Y este modelo puede ser aplicado a tecnologías desarrolladas por el Ser Humano, como ordenadores, robótica, e inteligencia artificial en general.
Fuente: Noticiasdelaciencia (23 dic. 2011)
La investigadora Adi Shklarsh, con la colaboración de Eshel Ben-Jacob, ambos de la Universidad de Tel Aviv, Gil Ariel de la Universidad de Bar-Ilan, y Elad Schneidman del Instituto Weizmann de Ciencia, las tres instituciones en Israel, han descubierto cómo las bacterias recopilan colectivamente información sobre su entorno y encuentran el modo óptimo de proliferar, incluso en los entornos más complejos.
Estudiar los principios de la navegación de las bacterias permitirá a los investigadores diseñar una nueva generación de robots inteligentes que puedan formar enjambres inteligentes, o ayudar al desarrollo de microrrobots médicos utilizables para hacer diagnósticos o para distribuir con gran precisión medicamentos en el cuerpo, entre otras aplicaciones.
Las bacterias no son los únicos organismos que viajan en grupo. Peces, abejas y aves también realizan desplazamientos colectivos coordinados. Pero como organismos simples, con receptores menos sofisticados, las bacterias no están tan bien equipadas para lidiar con grandes cantidades de información o «ruido» en los entornos complejos por los que se desplazan, como por ejemplo los tejidos del cuerpo humano. Se pensaba que las bacterias estarían en desventaja al ser comparadas con otros organismos que viajan en grupo.
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