Según explican los científicos, el componente transgénico introducido las hace capaces de soportar concentraciones 24 veces superiores a la dosis letal para las bacterias no modificadas y posibilita que absorban en cinco días el 80% del mercurio contenido en una disolución.
Los investigadores utilizaron bacterias «Escherichia coli» y les introdujeron un gen que les permite producir metalotioneína, una proteína esencial en los procesos de desintoxicación del organismo de los ratones.
Gracias a esta modificación, las bacterias fortalecieron su resistencia frente a sustancias como el mercurio.
Según los científicos, este es el primer estudio que muestra que la metalotioneína provoca la tolerancia de altas dosis de este metal y, al mismo tiempo, permite que la bacteria lo acumule.
Fuente: consumer (12 de septiembre de 2011) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
El mercurio adquiere distintas formas, como la orgánica denominada metilmercurio, la más peligrosa, que se detecta sobre todo en los grandes depredadores como el tiburón o el pez espada. La exposición a este compuesto a través del pescado no supone un riesgo para la salud, ya que los niveles son inferiores a los considerados como seguros, aunque ciertos grupos de población deben tomar medidas de prevención.
En 2003, la Comisión Europea evaluó la exposición al metilmercurio de la población europea. Tras la revisión, constató que el consumo medio diario variaba entre los 10 gramos por persona en los Países Bajos y los 80 gramos contabilizados en Noruega. Las diferencias de consumo entre los países europeos se deben a las distintas tendencias de consumo: en el sur de Europa se ingieren especies marinas distintas a las consumidas en el norte, como el atún o el pez espada, un hábito que aumenta de forma indirecta la ingesta de mercurio de los consumidores.
Grupos más vulnerables
La exposición a metilmercurio a través de la dieta es inferior a la ingesta diaria admisible
Según los estudios diseñados de forma específica para establecer la ingesta de contaminantes en la dieta típica de un consumidor base, comer pescado no supone un riesgo para la salud, respecto a la presencia de metilmercurio, ya que la exposición a este compuesto es inferior a la ingesta diaria admisible otorgada por el Comité Mixto de la FAO y la OMS.
El Comité Mixto OMS/FAO de Expertos en Aditivos Alimentarios ha evaluado en varias ocasiones la presencia de mercurio en los alimentos. La última de ellas establece una ingesta diaria semanal tolerable de mercurio de 5 microgramos/kg de peso corporal. De ellos, un máximo de 1,6 microgramos/kg corresponden al metilmercurio. Esta ingesta se calculó a partir de la ausencia de efectos secundarios en el desarrollo mental de los niños de cuatro a siete años y de madres procedentes de las islas Feroe y Seychelles, cuya dieta está basada sobre todo en pescado con riesgo de elevadas concentraciones de mercurio.
La Comisión Europea pidió meses más tarde a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estudiar de nuevo estas evaluaciones del riesgo en los consumidores y hacer hincapié en la necesidad de obtener datos más precisos en las mujeres en edad de procrear. La Comisión aconseja también que las autoridades nacionales establezcan recomendaciones de consumo de pescado en los grupos de población más vulnerables, no solo mujeres embarazadas, sino recién nacidos y niños de temprana edad.
También puede provocar problemas conductuales de carácter leve, alteraciones del lenguaje, pérdidas de memoria y hasta retrasos en el desarrollo general.
Según la Organización Mundial de la Salud, el metilmercurio es uno de los seis compuestos químicos más peligrosos detectados en el medio ambiente. En un adulto, la intoxicación por metilmercurio se caracteriza por la degeneración focal de las neuronas, un desgaste de las mismas que puede causar graves problemas de memoria, temblores o disturbios sensoriales, entre otros. En el feto, los efectos suelen ser mucho más graves ya que son más susceptibles al químico: pueden suponer un retraso leve en el desarrollo, una parálisis cerebral severa o, incluso, provocar su muerte.
De acuerdo con los datos ofrecidos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), hay evidencias de que la exposición al metilmercurio puede causar esta enfermedad. Según los expertos, este compuesto es un posible carcinógeno para el ser humano.
Así lo indican los resultados de una nueva investigación, los cuales confirman las conclusiones de algunos estudios previos que indicaban una relación aparentemente beneficiosa entre el consumo de chocolate y la salud cardiovascular.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) pronostica que, para el año 2030, alrededor de 23,6 millones de personas morirán por culpa de enfermedades cardiacas. Sin embargo, la dieta y otros aspectos del estilo de vida son factores clave para prevenir esas enfermedades.
Sin embargo, ante las dudas sobre si ese efecto protector del chocolate es real o deriva de otras circunstancias, el Dr. Oscar Franco y sus colegas, de la Universidad de Cambridge, han hecho una revisión a gran escala de los indicios existentes, en un intento de evaluar los efectos del consumo de chocolate sobre las probabilidades de sufrir, por ejemplo, un ataque al corazón o un derrame cerebral.
El equipo de investigación analizó los resultados de siete estudios, cuyos participantes sumaban en total más de cien mil individuos, con o sin una enfermedad cardiaca. Para cada estudio, el Dr. Franco y sus colegas compararon el grupo de quienes consumían más con el grupo de quienes menos lo consumían. También tuvieron en cuenta las diferencias en el diseño del estudio y la calidad del mismo, a fin de minimizar las distorsiones estadísticas engañosas.
Cinco de los siete estudios indicaban una relación beneficiosa entre un alto consumo de chocolate y el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Los datos parecen indicar que los niveles más altos de consumo de chocolate están asociados a un 37 por ciento de reducción en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, y a un 29 por ciento de reducción en el riesgo de sufrir un derrame cerebral, en comparación con los niveles más bajos de consumo de chocolate. No se halló una reducción significativa para el caso de la insuficiencia cardiaca.
En esos estudios, no se diferenció entre chocolate tradicional y con leche, y en el recuento se incluía cualquier producto rico en chocolate, incluyendo las tabletas, las chocolatinas, las bebidas chocolateadas, y los bombones, galletas y demás repostería rica.
Los resultados de la investigación hay que interpretarlos con prudencia, tal como aconseja el equipo del Dr. Franco, sobre todo porque el chocolate que habitualmente se comercializa suele tener muchas calorías (alrededor de 500 kilocalorías por cada 100 gramos), de modo que darse atracones de chocolate bajo la creencia de estar mejorando la salud podría tener el efecto contrario; comer demasiado chocolate puede promover el sobrepeso y aumentar el riesgo de padecer diabetes y enfermedades cardiacas.
Por otro lado, tal como aconsejan los autores del estudio, teniendo en cuenta los beneficios potenciales que el chocolate puede tener para la salud, podría resultar una buena idea que los fabricantes del ramo de la alimentación desarrollasen productos de chocolate con menos grasa y menos calorías.
El hallazgo es el vestigio más antiguo de consumo de moluscos por parte de neandertales descubierto hasta el momento. Hasta ahora, los investigadores creían que las prácticas más antiguas de marisqueo las había realizado el Homo sapiens, según los descubrimientos realizados en el yacimiento de Pinnacle Point (Sudáfrica). El estudio aparece publicado en PLoS ONE.
Fuente: Noticiasdelaciencia.com (15 Sep 2011)
Según el investigador del CSIC Francisco Jiménez Espejo: “Este descubrimiento sitúa a Cueva Bajondillo como el registro más antiguo de esta actividad en neandertales, ya que hasta ahora la prueba más arcaica localizada no superaba los 50.000 años. Pero no se queda en una cuestión de datación, ya que tiene importantes implicaciones para el conocimiento de la evolución humana”.
Cueva Bajondillo cuenta con un registro compuesto por 19 estratos arqueológicos que supera los 150.000 años de antigüedad, En ella se han documentado hasta la fecha vestigios de asentamientos del Paleolítico medio, el Paleolítico superior, el Epipaleolítico y el Neolítico.
El trabajo, liderado por el profesor de la Universidad de Sevilla Miguel Cortés Sánchez, es fruto de una colaboración de investigadores portugueses, ingleses y japoneses. Para este trabajo de campo y su análisis posterior se han utilizado las técnicas más modernas de análisis del registro arqueológico (polen, dataciones, tafonomía, microestratigrafía sedimentaria, análisis isotópicos, etc.). (Fuente: CSIC)
El equipo de Tamas Horvath y Sabrina Diano (Escuela de Medicina de la Universidad de Yale) ha descubierto que la elevación de los niveles de radicales libres en el hipotálamo, suprime directa o indirectamente el apetito en ratones obesos al activar las neuronas de la melanocortina, que promueven la saciedad.
Conviene recordar, sin embargo, que los radicales libres parecen acelerar también el proceso de envejecimiento. Es decir que, por un lado, estos compuestos con sus señales esenciales deben existir para que la persona pare de comer cuando debe, pero por otro lado, si actúan más de la cuenta y de manera crónica, dañan las células y promueven el envejecimiento.
Cuando la persona come en exceso de manera casi constante, un mecanismo celular actúa para suprimir la generación de esos radicales libres. Esto evita los daños que dichos radicales libres infligirían a las células, pero este mismo proceso de bloqueo reduce en la persona la capacidad de sentirse llena después de comer, con lo cual aumentan las probabilidades de que coma mas.
Los investigadores analizaron distintos ingredientes de la dieta mediterránea y cuál es su papel, al prevenir o atenuar el daño celular. Los científicos de la UGR desarrollaron un modelo experimental in vitro que permite conocer la influencia del cambio en el perfil de ACIDOS GRASOS de la membrana que se produce «in vivo» mediante cambios en la ingesta habitual del tipo de grasa en la dieta, demostrando cómo este cambio de membrana afectaría a la respuesta de la célula tras provocar un daño oxidativo-inflamatorio con ceruleína (pancreatitis aguda).
La UGR destaca que este estudio es el primero que examina cómo los ACIDOS GRASOS y antioxidantes afectan los mecanismos celulares del proceso inflamatorio local en el páncreas. Los investigadores han estudiado este aspecto desde un punto de vista preventivo, es decir, mediante un modelo experimental realizado en ratones en el que el daño celular se induce a posteriori tras el tratamiento previo con los componentes nutricionales.
El estudio, publicado en Stroke: Journal of the American Heart Association, fue financiado en parte por el programa «Europa contra el cáncer» de la Unión Europea.
FUENTE | CORDIS: Servicio de Información en I+D Comunitario (23/09/2011)
Es bien sabido que el consumo de frutas y verduras reduce el riesgo de sufrir un accidente cerebro-vascular. Los estudios anteriores al respecto se habían centrado en los beneficios para la salud que reportan las frutas y las verduras, y sobre todo en el valor nutricional y características de los alimentos como el color, porción comestible, familia botánica y contenido en antioxidantes.
La novedad en el estudio referido es el hecho de haber indagado en la relación existente entre el color de las frutas y las verduras con la incidencia de ictus. El color de la porción comestible de estas es reflejo de la presencia de sustancias fitoquímicas beneficiosas como los carotenoides y los flavonoides.
Científicos de la División de Nutrición Humana de la Universidad de Wageningen y del Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente de los Países Bajos investigaron la asociación existente entre el consumo de determinadas frutas y verduras agrupadas por colores y la incidencia de ictus al cabo de 10 años en un estudio poblacional que incluyó a 20 069 adultos. La edad media de los individuos era de 41 años. Ninguno de ellos padecía enfermedades cardiovasculares al inicio del estudio. Todos rellenaron un cuestionario de 178 preguntas sobre la frecuencia del consumo de alimentos durante el año anterior.
Los investigadores clasificaron las frutas y verduras en cuatro grupos atendiendo a su color:
– verde (lechugas, coles y hortalizas de hoja oscura);
– amarillo/naranja (cítricos);
– rojo/morado (hortalizas rojas);
– blanco (el 55 % de este grupo estaba formado por manzanas y peras).
Durante el período de seguimiento, que se prolongó durante una década, los investigadores documentaron 233 casos de ictus. Entre esta patología y los grupos verde, amarillo/naranja y rojo/morado no se encontró ninguna asociación. En cambio, se descubrió una reducción del 52 % en el riesgo de ictus entre quienes habían consumido una cantidad elevada de frutas y verduras blancas con respecto a quienes habían comido cantidades más pequeñas de las mismas.
Según los autores, cada incremento de 25 gramos diarios de frutas y verduras blancas se correspondió con una bajada del 9 % en el riesgo de ictus. Cabe anotar que el peso medio de una manzana es de 120 g.
«Para prevenir ictus puede ser beneficioso consumir cantidades considerables de frutas y verduras blancas», informó la primera firmante del trabajo, Linda M. Oude Griep, becaria posdoctoral en el Departamento de Nutrición Humana de la Universidad de Wageningen. «Por ejemplo, comer una manzana al día es una forma sencilla de aumentar la ingesta de frutas y verduras blancas. Pero las frutas y verduras de los otros grupos también podrían proteger frente a otras enfermedades crónicas. Así pues, sigue vigente el consejo de consumir frutas y verduras en cantidad.»
Tanto las manzanas como las peras poseen un contenido elevado en fibra dietética y quercetina, un flavonoide muy común en la naturaleza. Otros alimentos de carne blanca incluidos en el estudio fueron los plátanos, la coliflor, la endivia y el pepino. A efectos del estudio, las patatas se clasificaron como almidón.
Los autores indican que, pese a los resultados arrojados por el estudio, es necesario corroborar estos descubrimientos con otras investigaciones. En palabras de Oude Griep: «Quizás es muy pronto para que los médicos aconsejen a sus pacientes que modifiquen sus hábitos dietéticos conforme a estos resultados iniciales.»
En un editorial asociado se recalca que los resultados deben tomarse con cautela puesto que los cuestionarios de frecuencia alimentaria pueden no ser fiables.
Un equipo de investigadores italianos, serbios y españoles ha confirmado el efecto protector de las fresas en un estómago de mamífero dañado por el alcohol. Los científicos han suministrado etanol (alcohol etílico) a ratas de laboratorio y han comprobado que la mucosa gástrica de aquellas que previamente habían comido extracto de fresa sufría menos lesiones, según publican en la revista Plos One.
La gastritis o inflamación de la mucosa del estómago, además de relacionarse con el consumo de alcohol, también se puede producir por infecciones víricas o por la acción de fármacos anti-inflamatorios no esteroideos (como la aspirina) o los que se usan en el tratamiento contra la bacteria Helicobacter pylori.
El equipo encontró menos ulceraciones en los estómagos de aquellas ratas que, antes de recibir el alcohol, habían ingerido durante 10 días extracto de fresas (40 miligramos/día por kilo de peso).
“Este trabajo no se ha planteado para paliar los efectos de una borrachera, sino para encontrar moléculas protectoras de la mucosa gástrica frente a los daños que pueden causar diferentes agentes”, subraya Battino.
Además de científicos de la UNIVPM y la UB, en esta investigación han participado otros de las universidades de Salamanca y Granada en España, y de Belgrado en Serbia.
Esta circunstancia aseguraría que las CRIAS no puedan manipular las pautas de alimentación de los padres. El estudio, realizado con pollos de alcaudón meridional, un ave muy extendida por la Península Ibérica, ha sido publicado en la revista Journal of Evolutionary Biology.
“Las CRIAS de aves altriciales, aquellas que nacen ciegas, sin plumaje y casi sin movilidad, piden comida mediante un comportamiento extravagante y llamativo. Sin embargo, ese comportamiento tiene un coste, ya que las exigencias insistentes repercuten de forma negativa en la capacidad de crecimiento y en la respuesta inmune de los pollos”, explica el investigador del CSIC Gregorio Moreno-Rueda, de la Estación Experimental de Zonas Áridas.
Según este estudio, para que las señales sean honestas y reflejen fielmente la necesidad de los pollos, hambre en este caso, deben ser costosas de producir. De lo contrario los pollos pedirían a sus padres más comida de la que los padres deben suministrarles y se produciría un conflicto paternofilial.
Durante el experimento, el equipo de investigación separó dos grupos de pollos, a los que sometió a las mismas condiciones ambientales y suministró la misma cantidad de alimento. Sin embargo, uno de los grupos fue estimulado para que solicitase comida durante casi 30 segundos por hora, mientras que el otro solo dos. Tras la comparación de resultados los investigadores vieron que el grupo de aves que solicitó alimento durante menos tiempo presentaba una tasa de crecimiento y una respuesta inmune superior al otro grupo.
Así lo indicó el Centro Francés de Investigaciones Científicas (CNRS), en referencia al estudio realizado por científicos de la Universida de Evry (Francia), de Giessen (Alemania) y Viena (Austria). Los autores del estudio -publicado en la revista estadounidense «PLos ONE»- indican que la salmonella accede a las plantas por la superficie de las células vegetales y entra por los poros de las hojas. La salmonella inhibe los sistemas inmunitarios de las plantas gracias a un mecanismo similar al que usa para acceder al de los humanos.
Los investigadores aseguran que las plantas contaminadas por la salmonella son muy infecciosas en las células humanas y se ha constatado también en células de ratones. En el ser humano, la bacteria de la salmonella inyecta con un apéndice, en forma similar a la de un dardo, un cóctel de proteínas que bloquean las defensas inmunitarias y favorecen la proliferación de la bacteria en el organismo.
Se estima que en la actualidad unos 100 millones de personas resultan infectadas por salmonelosis, que es la primera causa de gastroenteritis y de fiebre tifoidea, según recordó el organismo francés.
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