«Antes se creía que esto ocurría entre los 19 y 33 meses de edad, pero en realidad se produce a una edad mucho menor», afirma Kelly Swanson, autor de la investigación. El científico considera que los niños nacidos en familias con un nivel socioeconómico bajo, con una dieta rica en azúcares y con madres con niveles educativos bajos tienen un 32% más de posibilidades de desarrollar caries.
Asegura que la cifra de niños que tiene caries cuando inicia la guardería asciende hasta el 40%. Por eso, destaca que la educación de los padres es el pilar esencial de la prevención ante esta enfermedad infecciosa.
En el transcurso de la investigación, los científicos descubrieron gracias a tecnologías mejoradas de ADN que la presencia de bacterias orales en los niños sin dientes era mucho más diversa de lo que se creía, con cientos de especies distintas. «Las caries dentales son el resultado de muchas bacterias en comunidad, no de un solo patógeno», explica Swanson.
Hay personas que tienen más receptores de sustancias químicas presentes en los alimentos, por esa razón los perciben como más intensos.
De esta manera, la amargura que algunas personas experimentan al comer brócoli se relaciona con un receptor particular y se vincula con otro producto químico que se usa a menudo en la investigación llamado N-6-tropyluracil.
A estas personas sensibles a los sabores se las conoce con el nombre de “catadores“, nada que ver con los profesionales que trabajan con vinos, quesos, etc.
El hecho de que puedan degustar un compuesto mejor no quiere decir que sean sensibles a todos los compuestos, no quiere decir que sean buenos catando vinos o aceite de oliva, ya que el trabajo de los catadores profesionales se reduce a la formación y a una capacidad para identificar ciertos sabores y evaluar la intensidad de los mismos.
En general un 20 % de la población es catador, un 30 % no catador y el resto caerá en algún punto intermedio
Afirma el Profesor Keast, aunque señala que hay diferencias entre culturas, siendo las mujeres más propensas a serlo.
Las enfermedades de PARASITOS son patologías infecciosas que pueden ser causadas por pequeños organismos unicelulares, llamados protozoos, y hasta por gusanos, que pueden observarse a simple vista. Constituyen las enfermedades infecciosas más importantes de la humanidad y, de la lista elaborada por la Organización Mundial de la Salud de las once enfermedades prioritarias, siete son parasitarias. El tema fue abordado por el doctor Costamagna durante el dictado del curso Parasitología para Farmacia en su visita a la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco.
Otra vía de diseminación son algunos alimentos que pueden contener estadios infectantes o infestantes, resistentes a los PARASITOS. También proliferan a través de animales domésticos o salvajes que albergan parásitos de importancia zoonótica (es decir, que se transmiten de los animales al hombre o viceversa).
La vía de contagio de las enfermedades de los PARASITOS de persona a persona puede darse a través de la vestimenta, la ropa de cama, las manos contaminadas, e incluso el contagio puede producirse si el medio ambiente cercano está contaminado, a través del agua, el suelo y las verduras. La misma persona puede provocarse la autoinfección o infestación, a través del llamado “ciclo ano-mano-boca”.
“Los PARASITOS están en todos lados” indicó el doctor Costamagna, contrariamente a lo que supone el imaginario popular acerca de que en el sur no existen enfermedades parasitarias. Excepto las enfermedades que necesitan de vectores para su transmisión, o de condiciones adecuadas de temperatura y de humedad para vivir, como es el caso de la leishmaniasis, que ya llegó a provincias como Chaco, Corrientes, Misiones y Santa Fe, entre otras, esta enfermedad no se da en el sur del país debido a que el vector que la transmite no resiste las bajas temperaturas. Lo mismo sucede con el Chagas vectorial, con la Malaria (o Paludismo), entre otras enfermedades.
La hidatidosis es una enfermedad presente en la provincia de Buenos Aires y en toda la Patagonia que está ligada a los perros. Estos animales pueden tener en su intestino una “tenia” muy pequeña denominada Echinococcus granulosus, que llega a albergar entre 500 y 800 huevos. Al ser eliminados los huevos con las heces al piso, si un niño o adulto los ingiere se contagia de hidatidosis, generando un quiste hidatídico. Es una enfermedad que probablemente no mate al portador, pero lo inhabilita para trabajar, ya que el quiste se aloja por lo general en hígado o pulmones y el proceso de curación es lento y muy costoso, debido a que el post operatorio es muy prolongado. Si el quiste se aloja en el cerebro, es más grave.
Cuando los perros nacen, en los casos en que la perra está parasitada, liberan gusanos de unos 10 o 20 cm que se llaman Toxocara canis y que pueden contagiar al hombre a través de los huevos que contienen larvas vivas del parásito y que quedan en la calle, en el agua o en las verduras que se consumen crudas, y pueden llegar a dejar ciega a una persona.
Hay muchas enfermedades que transmite el perro a través de su materia fecal, por eso es importante y necesaria la tenencia responsable de los animales. “A los perros de la calle hay que buscarles un dueño o evitar su proliferación, a través de la castración. Esta es una tarea de salud pública” aseguró Costamagna.
Por último, destacó la importancia de que los farmacéuticos, al igual que otros integrantes de los equipos de salud, conozcan la temática y la incidencia real de los PARASITOS, organismos que conviven con nosotros pero que representan un riesgo para la salud humana y animal. Con un conocimiento integral de Parasitología, los profesionales farmacéuticos, al igual que médicos, bioquímicos y enfermeros, entre otros, podrán ser verdaderos comunicadores y multiplicadores sociales, a partir de ejercer una importante y a veces relegada función comunitaria en el equipo de salud.
El curso “Parasitología para Farmacia” se incluye en el Programa de Intercambio, Formación y Cooperación (INTER-U) entre un grupo de unidades académicas. El programa incluye, entre otras actividades, la posibilidad de cubrir áreas de vacancia y alienta el intercambio de alumnos y docentes entre las universidades nacionales adherentes. El curso contó con la participación de catorce farmacéuticos que desarrollan sus actividades en el ámbito académico o en forma independiente como profesionales.
– Tienen un impacto ambiental mucho menor: su elaboración conlleva un uso mucho menor de energía y recursos naturales. Además, evitan el uso de empaquetado y la preocupación de su posterior tratamiento como residuo. Si llegan de cualquier forma a un medio acuático, pueden contaminar los ecosistemas.
– Son mucho más baratos que los productos comerciales: se basan en ingredientes sencillos y en sus propiedades naturales, como aceite, miel, limón o agua salada, y no requieren elevados presupuestos en publicidad y marketing.
Ocho eco-productos de belleza caseros: cómo prepararlos
Hay una gran variedad de productos de belleza ecológica que se pueden hacer de forma casera:
Estos productos de belleza ecológicos, saludables y baratos se pueden hacer en casa de forma sencilla
Mascarilla tonificante: se bate una clara de huevo y el zumo de medio limón colado durante tres minutos. Se aplica directamente en la cara -hay que evitar la zona de los ojos-, se deja actuar durante 30 minutos y se aclara con agua tibia.
Tratamiento para la piel: se mezclan dos cucharadas de mayonesa y una de aceite para niños y se aplica en la cara, el cuello, codos o rodillas durante 20 minutos. Se retira con agua tibia.
Exfoliante corporal: se añade una taza de sal marina y media de aceite para bebé en un bol y se pone en un frasco con tapa de rosca para dejarlo en reposo 24 horas. Se revuelve la mezcla y se aplica para limpiar la piel de impurezas y células muertas. Para ello, se masajea la piel durante unos minutos después de la ducha y se seca.
Tratamiento para el cabello: se extiende en el pelo una crema a partir de un aguacate y dos cucharadas de miel durante 20-30 minutos y se lava como de costumbre.
Crema hidratante para las manos: se mezcla un cuarto de taza de azúcar moreno y aceite de bebé. Se aplica el resultado como el movimiento de lavarse las manos durante un minuto, luego se enjuaga con agua tibia y se seca.
Mascarilla reafirmante: se pasa por la licuadora un melocotón maduro y una clara de huevo. Se extiende suavemente la mezcla sobre la cara y se deja actuar 30 minutos. Luego se enjuaga con agua fría.
Crema para el acné: se hierve un cazo con agua, se vierten en su interior tres cucharadas de harina de avena y se deja reposar cinco minutos. Mientras, se pasa por un túrmix una cebolla mediana para lograr un puré suave. Se añade a la harina de avena mientras está caliente. Si la máscara no tiene el suficiente grosor como para extenderse por la cara, se añade un poco de miel.
Para eliminar las marcas del acné, se puede utilizar una combinación de dos cucharadas de miel, cuatro cucharaditas de zumo de limón, tres de yogur natural o griego y una clara de huevo. Se bate todo en un bol para que espese y se aplica en la cara durante 15 minutos. Después se lava con agua tibia.
Ambos preparados antiacné se mantendrán frescos durante una semana en el refrigerador.
Se estima que existen más de un millón de especies de hongos en el planeta, aunque tan solo se han estudiado y descrito unas 70.000. Ahora, un grupo de especialistas de la Universidad Politécnica de Madrid, en colaboración con la Universidad de Almería, descubren la aparición de nuevos hongos, hasta la fecha desconocidos, que pueden causar daños a las plantas.
Fuente: consumer (17 de octubre de 2011) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
Los investigadores del grupo de Sistemas de Producción y Protección Vegetal Sostenible han encontrado estas nuevas especies en el agua de lluvia y en el polvo atmosférico. En total, suman al menos 12 géneros distintos de hongos. Todos han demostrado ser patógenos sobre diferentes tipos de plantas cultivadas, un problema para la industria agrícola y, en consecuencia, para la alimentaria. Este estudio lleva en funcionamiento desde el año 2008, cuando se elaboraron las primeras hipótesis.
Tanto el polvo atmosférico como el agua de lluvia arrastran hongos que se depositan en los fondos marinos y dañan las plantas
En esta ocasión, los investigadores sí verifican su hipótesis y confirman su sospecha. En sus análisis detectaron que tanto el polvo atmosférico como el agua de lluvia arrastran diferentes tipos de hongos que se depositan en los fondos marinos y dañan las plantas a las que se adhieren. Se analizaron muestras de agua de lluvia y polvo atmosférico recogidos a lo largo del año 2009 y se identificaron estas 12 nuevas especies.
Se detectaron especies como Cremonium, B. cinerea o varias especies de Fusarium considerados patógenos para las plantas. También se han aislado hongos como Aspergillus, Alternaria, Cladosporium, Fusarium, Penicillium o Rhizopus, en muchas ocasiones suelen ser responsables de pérdidas en postcosecha o Beauveria Bastiana, utilizado como agente de biocontrol en plagas de invernadero.
Para llegar a la conclusión final, los investigadores evaluaron la patogenicidad de las especies sobre diferentes alimentos procedentes de cultivos. Se realizaron inoculaciones sobre muestras de tomate, melón, pepino y guisante y los resultados concluyeron que la mayoría de los aislados provocan la muerte de plántulas en el semillero.
Los resultados del estudio indican que la lluvia y el viento pueden ser el vehículo de arrastre para estos hongos, por tanto, pueden llevar especies de otras zonas con presencia de enfermedad. Con estos nuevos datos será necesaria una revisión del manejo de los cultivos contra determinadas enfermedades para evitar el uso de plaguicidas en vano. Por ejemplo, Botrytis cinerea, un hongo cuyas esporas pueden ser resistentes a ciertos fungicidas. Con lluvia y viento, las esporas pueden arrastrarse hasta introducirse en cultivos sanos, en los que se han llevado a cabo unas correctas prácticas de higiene, e infectar las plantas.
La presencia de especies de hongos patógenos de plantas en el agua de lluvia puede ser un indicador de un modo de dispersión a muy larga distancia de patógenos, lo que dificultaría su control, y se pone en duda la eficacia de los métodos utilizados hasta la fecha para matarlos. Este estudio permite conocer más a fondo aspectos epidemiológicos de los hongos patógenos de plantas en ambientes y condiciones hasta la fecha desconocidos.
Dados los resultados de este estudio y la dudosa eficacia de los fungicidas en estas nuevas especies de hongos, es importante conocer variantes naturales que desempeñan la función fungicida. Como medida preventiva, es posible preparar algunos tratamientos accesibles para todos con el fin de evitar la presencia de hongos en los cultivos.
• Cola de caballo. Posee elevadas cantidades de equisetonina, un elemento tóxico para los hongos, sobre todo contra el mildiu, oidio o botrytis y también eficaz contra el pulgón. Su mecanismo de acción es formar paredes celulares que impiden la fijación de los patógenos, se puede utilizar tanto como medida preventiva como medida curativa.
• Agua oxigenada. Utilizada también como fungicida, es eficaz sobre todo contra el mildiu.
• Ruda. El extracto de esta planta posee acción fungicida y es responsable del control de hongos más resistentes.
• Papaya. Su principio activo posee efectos fungicidas, sobre todo para el mildiu y la roya.
• Cebolla. Se pueden usar enteras, la piel o las hojas por separado. Es muy efectiva contra el iodium, sobre todo en aquellas plantas más jóvenes. Para aumentar su rendimiento, debe aplicarse al brotar la semilla y a lo largo del cultivo.
• Leche. Debido a la presencia de sales ricas en potasio y fosfatos, la leche representa un buen fungicida, posee una doble acción. Además de fungicida, es capaz de estimular la resistencia de la planta al hongo.
Según explican los científicos, el componente transgénico introducido las hace capaces de soportar concentraciones 24 veces superiores a la dosis letal para las bacterias no modificadas y posibilita que absorban en cinco días el 80% del mercurio contenido en una disolución.
Los investigadores utilizaron bacterias «Escherichia coli» y les introdujeron un gen que les permite producir metalotioneína, una proteína esencial en los procesos de desintoxicación del organismo de los ratones.
Gracias a esta modificación, las bacterias fortalecieron su resistencia frente a sustancias como el mercurio.
Según los científicos, este es el primer estudio que muestra que la metalotioneína provoca la tolerancia de altas dosis de este metal y, al mismo tiempo, permite que la bacteria lo acumule.
Fuente: consumer (12 de septiembre de 2011) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
El mercurio adquiere distintas formas, como la orgánica denominada metilmercurio, la más peligrosa, que se detecta sobre todo en los grandes depredadores como el tiburón o el pez espada. La exposición a este compuesto a través del pescado no supone un riesgo para la salud, ya que los niveles son inferiores a los considerados como seguros, aunque ciertos grupos de población deben tomar medidas de prevención.
En 2003, la Comisión Europea evaluó la exposición al metilmercurio de la población europea. Tras la revisión, constató que el consumo medio diario variaba entre los 10 gramos por persona en los Países Bajos y los 80 gramos contabilizados en Noruega. Las diferencias de consumo entre los países europeos se deben a las distintas tendencias de consumo: en el sur de Europa se ingieren especies marinas distintas a las consumidas en el norte, como el atún o el pez espada, un hábito que aumenta de forma indirecta la ingesta de mercurio de los consumidores.
Grupos más vulnerables
La exposición a metilmercurio a través de la dieta es inferior a la ingesta diaria admisible
Según los estudios diseñados de forma específica para establecer la ingesta de contaminantes en la dieta típica de un consumidor base, comer pescado no supone un riesgo para la salud, respecto a la presencia de metilmercurio, ya que la exposición a este compuesto es inferior a la ingesta diaria admisible otorgada por el Comité Mixto de la FAO y la OMS.
El Comité Mixto OMS/FAO de Expertos en Aditivos Alimentarios ha evaluado en varias ocasiones la presencia de mercurio en los alimentos. La última de ellas establece una ingesta diaria semanal tolerable de mercurio de 5 microgramos/kg de peso corporal. De ellos, un máximo de 1,6 microgramos/kg corresponden al metilmercurio. Esta ingesta se calculó a partir de la ausencia de efectos secundarios en el desarrollo mental de los niños de cuatro a siete años y de madres procedentes de las islas Feroe y Seychelles, cuya dieta está basada sobre todo en pescado con riesgo de elevadas concentraciones de mercurio.
La Comisión Europea pidió meses más tarde a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) estudiar de nuevo estas evaluaciones del riesgo en los consumidores y hacer hincapié en la necesidad de obtener datos más precisos en las mujeres en edad de procrear. La Comisión aconseja también que las autoridades nacionales establezcan recomendaciones de consumo de pescado en los grupos de población más vulnerables, no solo mujeres embarazadas, sino recién nacidos y niños de temprana edad.
También puede provocar problemas conductuales de carácter leve, alteraciones del lenguaje, pérdidas de memoria y hasta retrasos en el desarrollo general.
Según la Organización Mundial de la Salud, el metilmercurio es uno de los seis compuestos químicos más peligrosos detectados en el medio ambiente. En un adulto, la intoxicación por metilmercurio se caracteriza por la degeneración focal de las neuronas, un desgaste de las mismas que puede causar graves problemas de memoria, temblores o disturbios sensoriales, entre otros. En el feto, los efectos suelen ser mucho más graves ya que son más susceptibles al químico: pueden suponer un retraso leve en el desarrollo, una parálisis cerebral severa o, incluso, provocar su muerte.
De acuerdo con los datos ofrecidos por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), hay evidencias de que la exposición al metilmercurio puede causar esta enfermedad. Según los expertos, este compuesto es un posible carcinógeno para el ser humano.
Así lo indican los resultados de una nueva investigación, los cuales confirman las conclusiones de algunos estudios previos que indicaban una relación aparentemente beneficiosa entre el consumo de chocolate y la salud cardiovascular.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) pronostica que, para el año 2030, alrededor de 23,6 millones de personas morirán por culpa de enfermedades cardiacas. Sin embargo, la dieta y otros aspectos del estilo de vida son factores clave para prevenir esas enfermedades.
Sin embargo, ante las dudas sobre si ese efecto protector del chocolate es real o deriva de otras circunstancias, el Dr. Oscar Franco y sus colegas, de la Universidad de Cambridge, han hecho una revisión a gran escala de los indicios existentes, en un intento de evaluar los efectos del consumo de chocolate sobre las probabilidades de sufrir, por ejemplo, un ataque al corazón o un derrame cerebral.
El equipo de investigación analizó los resultados de siete estudios, cuyos participantes sumaban en total más de cien mil individuos, con o sin una enfermedad cardiaca. Para cada estudio, el Dr. Franco y sus colegas compararon el grupo de quienes consumían más con el grupo de quienes menos lo consumían. También tuvieron en cuenta las diferencias en el diseño del estudio y la calidad del mismo, a fin de minimizar las distorsiones estadísticas engañosas.
Cinco de los siete estudios indicaban una relación beneficiosa entre un alto consumo de chocolate y el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. Los datos parecen indicar que los niveles más altos de consumo de chocolate están asociados a un 37 por ciento de reducción en el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, y a un 29 por ciento de reducción en el riesgo de sufrir un derrame cerebral, en comparación con los niveles más bajos de consumo de chocolate. No se halló una reducción significativa para el caso de la insuficiencia cardiaca.
En esos estudios, no se diferenció entre chocolate tradicional y con leche, y en el recuento se incluía cualquier producto rico en chocolate, incluyendo las tabletas, las chocolatinas, las bebidas chocolateadas, y los bombones, galletas y demás repostería rica.
Los resultados de la investigación hay que interpretarlos con prudencia, tal como aconseja el equipo del Dr. Franco, sobre todo porque el chocolate que habitualmente se comercializa suele tener muchas calorías (alrededor de 500 kilocalorías por cada 100 gramos), de modo que darse atracones de chocolate bajo la creencia de estar mejorando la salud podría tener el efecto contrario; comer demasiado chocolate puede promover el sobrepeso y aumentar el riesgo de padecer diabetes y enfermedades cardiacas.
Por otro lado, tal como aconsejan los autores del estudio, teniendo en cuenta los beneficios potenciales que el chocolate puede tener para la salud, podría resultar una buena idea que los fabricantes del ramo de la alimentación desarrollasen productos de chocolate con menos grasa y menos calorías.
El hallazgo es el vestigio más antiguo de consumo de moluscos por parte de neandertales descubierto hasta el momento. Hasta ahora, los investigadores creían que las prácticas más antiguas de marisqueo las había realizado el Homo sapiens, según los descubrimientos realizados en el yacimiento de Pinnacle Point (Sudáfrica). El estudio aparece publicado en PLoS ONE.
Fuente: Noticiasdelaciencia.com (15 Sep 2011)
Según el investigador del CSIC Francisco Jiménez Espejo: “Este descubrimiento sitúa a Cueva Bajondillo como el registro más antiguo de esta actividad en neandertales, ya que hasta ahora la prueba más arcaica localizada no superaba los 50.000 años. Pero no se queda en una cuestión de datación, ya que tiene importantes implicaciones para el conocimiento de la evolución humana”.
Cueva Bajondillo cuenta con un registro compuesto por 19 estratos arqueológicos que supera los 150.000 años de antigüedad, En ella se han documentado hasta la fecha vestigios de asentamientos del Paleolítico medio, el Paleolítico superior, el Epipaleolítico y el Neolítico.
El trabajo, liderado por el profesor de la Universidad de Sevilla Miguel Cortés Sánchez, es fruto de una colaboración de investigadores portugueses, ingleses y japoneses. Para este trabajo de campo y su análisis posterior se han utilizado las técnicas más modernas de análisis del registro arqueológico (polen, dataciones, tafonomía, microestratigrafía sedimentaria, análisis isotópicos, etc.). (Fuente: CSIC)
Pero si se cocinan a una temperatura adecuada y se conservan refrigeradas, el riesgo disminuye de forma considerable. La carne de ave cruda puede contener bacterias como salmonella y otros agentes patógenos. Para evitar enfermedades de origen alimentario, es necesario limitar la capacidad de las bacterias para multiplicarse o eliminarlas por completo. La forma más eficaz de hacerlo es la cocción total del alimento, además de evitar la contaminación cruzada, que ocurre cuando las aves crudas (incluso sus jugos) entran en contacto con otros alimentos crudos, como verduras.
• El frío es fundamental para evitar riesgos alimentarios. Por tanto, el pollo que se compra tiene que estar frío al tacto.
• En casa, hay que refrigerar el pollo a unos 4ºC durante un máximo de dos días.
• Si se congela durante más de dos meses, debe envasarse con materiales herméticos que impidan la entrada de aire en la superficie y evitar así zonas quemadas, que se detectan por un cambio de color.
• No es recomendable lavar la carne cruda antes de cocerla porque las bacterias se pueden propagar a otros alimentos, utensilios y superficies. Lavar con agua el pollo no las destruye.
• El líquido que se forma cuando el pollo está envasado no es sangre sino, en buena parte, que absorbe el pollo durante el proceso de enfriamiento. Solo una pequeña cantidad de sangre queda en el tejido muscular tras el sacrificio.
• Si se adquiere pollo asado o listo para consumir, deberá comprobarse que está caliente en el momento de la compra y no sobrepasar las dos horas hasta el consumo. Si se prevé superar este tiempo, debe cortarse en trozos y refrigerarse en recipientes poco profundos.
• El color de la piel es, en la mayoría de los casos, el resultado del alimento que ha consumido el animal, no una indicación del valor nutritivo, sabor o contenido en grasas.
• Staphylococcus aureus. Las personas pueden transmitirlo a través de las manos.
• Campylobacter jejuni. Es una de las causas más comunes de la enfermedad diarreica en las personas. Prevenir la contaminación cruzada y el uso de métodos adecuados de cocción reduce la infección.
• Listeria monocytogenes. Se destruye a través de la cocción, pero un producto cocinado también puede contaminarse por una mala higiene personal.
En el hogar, las prácticas incorrectas de manipulación de alimentos abarcan el tiempo y la temperatura, así como la contaminación cruzada. Un producto será seguro cuando se almacene a temperaturas inferiores a 0ºC, siempre y cuando las bacterias patógenas no estén ya presentes. La congelación mantiene los alimentos seguros porque disminuye el movimiento de las moléculas y los microbios entran en una etapa latente.
Este proceso conserva los alimentos durante periodos prolongados, ya que impide el crecimiento de microorganismos responsables del deterioro. Sin embargo, una vez descongelado, los microorganismos vuelven a activarse y pueden llegar a multiplicarse en las condiciones adecuadas, hasta niveles que, en algunos casos, provocan enfermedades. La carne de ave descongelada debe manipularse como se haría con cualquier alimento perecedero.
Una de las maneras más seguras de descongelar los alimentos es introducirlos en el refrigerador. Aunque la pieza que se descongela sea pequeña, debe planificarse el tiempo, ya que al menos se tendrá que hacer de un día para otro. Si se descongela en el microondas, debe tenerse en cuenta que algunas partes pueden quedar congeladas mientras que otras pueden empezar a cocinarse. Cuando ya está descongelado, se puede guardar en la nevera uno o dos días antes de cocinar.
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