Este aplazamiento es intolerable a juicio de Ecologistas en Acción, puesto que supone que muchas personas enfermarán o morirán de forma prematura mientras no se adopten límites más estrictos a la contaminación del aire.
Esta modificación en la “nueva Directiva” no es la única que reduce las exigencias de adoptar medidas para reducir los niveles de contaminación. Además, en esta misma norma desaparece la segunda fase de reducción para las PM10 que se contemplaba en la normativa anterior. Esta segunda fase reducía el límite de la media anual de 40 µg/m3 a 20 µg/m3, y el número de superaciones de 50 µg/m3 de 35 días a 7 días como máximo. Es importante señalar que estos valores límite se fijaron sobre la base de evidencias científicas, de forma que proporcionaran una adecuada protección para la salud humana y el medio ambiente. De hecho, son los propuestos por la Organización Mundial de la Salud.
Si se aplica la prórroga hasta 2011, se introduciría un 20% de tolerancia, igual que el margen aplicado entre 2000 y 2005, por lo que el nuevo límite para las PM10 en lugar de reducirse de 40 a 20 µg/m3 –tal y como establecía la 2ª fase de la anterior directiva– pasaría a ser de 48 µg/m3. Es decir, no sólo no se reduciría el límite actualmente en vigor, sino que incluso se aumentaría.
Lo que resulta urgente no es hacer más laxos los límites de contaminación legales, sino poner en práctica las medidas sobre movilidad, gestión urbana y producción industrial que resulten necesarias para lograr una reducción significativa de la contaminación, y con ella de la morbilidad y mortalidad que sufre la población.
La última noticia al respecto la recibimos desde China: la condena a muerte de dos de los veintiún acusados tras la muerte de seis bebés y la intoxicación de otros 300.000, por adulterar leche infantil con melanina. Este veredicto pone de manifiesto la difícil situación en la que se encuentra el gobierno chino en materia de seguridad alimentaria.
También hemos recibido noticias del acuerdo sobre seguridad alimentaria alcanzado en la reunión celebrada en Madrid. Entre otras conclusiones supimos que se creará una Alianza Mundial para la Agricultura, la Alimentación y la Nutrición. Esto generará un mayor movimiento de mercancías en el sector en un mundo cada vez más global.
La ley Europea sobre Alimentación (CE) No 178/2002, que se hizo efectiva el 1 de Enero del 2.005, define los requerimientos de la trazabilidad en Europa, así como la necesidad de poder trazar y seguir los componentes, ingredientes, piensos y alimentos en todos los estadios de la producción, procesado y distribución.
Y la «The Bioterrorism Act» de 2.002, bajo la administración de la FDA (Food and Drug Administration), creó los requerimientos para la trazabilidad alimentaria en los Estados Unidos. La ley obliga a que cualquier compañía involucrada en la producción, elaboración, embalaje o distribución de alimentos, identifique y registre el suministrador inmediatamente anterior y el receptor inmediatamente posterior de estos alimentos incluyendo su embalaje.
Esta es una de las causas por las que la leche contaminada con melamina afectara a más de 300.000 niños en China. Las regulaciones para la seguridad alimentaria se han desarrollado para la protección de la salud humana y para asegurar la seguridad de los productos desde el origen (ya sea granja o campo) hasta la mesa, lo que los anglosajones definen como «from farm to fork».
Esto incluye poder trazar los productos y sus ingredientes desde el elaborador hasta el consumidor final y a las entidades reguladoras poder determinar qué ingredientes y sustancias fueron utilizados en alimentos o bebidas, prestando atención a la relación en todas las áreas, ya que lo que se pretende es que el sistema de trazabilidad no tenga quiebros y la información fluya a lo largo de todos los eslabones.
El sistema de trazabilidad debe proporcionar toda la información imprescindible y necesaria sobre un producto puesto en el mercado por una empresa y, en su caso, permitir a ésta la adopción de medidas eficaces, contribuyendo a alimentar la transparencia necesaria para sus clientes y la Administración.
Un buen sistema de trazabilidad nos debe de permitir, además de servir de instrumento para lograr un nivel elevado de protección de la vida y la salud de las personas, contribuir a asegurar la calidad y la certificación de productos, servir de apoyo cuando los problemas surgen, facilitando la localización, inmovilización y, en su caso, retirada efectiva y selectiva de los alimentos y de los piensos, permitir actuar con diligencia frente a un posible problema y poder tomar la correspondiente decisión de destino de lotes y agrupaciones de productos afectados; así como prestar ayuda para hacer frente a las reclamaciones de los clientes autentificando las posibles reclamaciones y potenciar el mercado, promoviendo la seguridad comercial de los alimentos y ganando o recuperando, en su caso, la confianza de los consumidores.
Para la Administración, depositar una mayor confianza en las empresas alimentarias y de piensos, facilitando las actividades de control oficial a lo largo de toda la cadena y una mayor eficacia en gestión de incidencias, crisis o alertas sobre seguridad alimentaria. Todo ello podrá ayudar a prevenir o atenuar los efectos de las posibles alarmas en la población, que tanto perjuicio suponen para los consumidores y el sector empresarial, así como para la propia Administración.
Bastará con realizar una foto desde un teléfono móvil debidamente provisto del software y el hardware necesarios. Esta tecnología es ya se está empleando en los supermercados japoneses y está en vías de expansión en Europa y Estados Unidos.
Este tipo de infección es un problema frecuente en los países en desarrollo, donde las condiciones higiénicas son precarias o inexistentes, enfermedad parasitaria transmitida por alimentos.
Fuente: consumer (2 de abril de 2009) Autor: Por MAITE PELAYO
Cuando por cualquier circunstancia las amebas enquistadas contaminan el agua o los alimentos y se ingieren, éstas son capaces de resistir el ácido del estómago y pasar al intestino, donde se liberan los trofozoítos y se produce una nueva infección. Algunos trofozoítos se enquistan y se eliminan por las heces, cerrándose así su ciclo biológico.
Las AMEBAS su incidencia en España es anecdótica, y los casos que se confirman corresponden a inmigrantes procedentes de países tropicales o subtropicales o turistas que han viajado a estos países.
Una infección silenciada de las AMEBAS
Debido a que la gran mayoría de las infecciones por amebas son asintomáticas, estas personas infectadas no buscan ayuda médica y no son tratadas, pero sí contribuyen a propagar la infección eliminando quistes en sus heces. Este hecho es especialmente preocupante en el sector de la alimentación, en el que, si no se toman unas estrictas medidas de higiene, especialmente en las últimas fases de manipulación, el alimento puede no recibir el tratamiento higienizante necesario antes de su consumo.
Si tenemos previsto viajar a países tropicales o subtropicales, especialmente en desarrollo, donde la disentería amebiana es endémica, debemos evitar el consumo de agua o alimentos potencialmente contaminados y adoptar una serie de medidas higiénicosanitarias:
La disentería amebiana, o amebiasis, producida por un es una
Se estima que el 10% de la población mundial está afectada de amebiasis intestinal, porcentaje que alcanza hasta el 30% en los países poco desarrollados de zonas tropicales y subtropicales (México y América central y del sur, África, India y el sudeste de Asia), siendo una de las enfermedades parasitarias que más muertes causa en el mundo. En España la infección por amebas no es frecuente y la inmensa mayoría de los casos que se confirman se desarrollan en inmigrantes procedentes de países tropicales o subtropicales o en turistas que han viajado a estos países en los meses anteriores. Una pequeña parte de casos proceden de establecimientos con escasas medidas de higiene en los que, además, algún manipulador es portador.
La enfermedad se contrae a través de la ingestión de agua o alimentos contaminados con quistes de «Entamoeba histolytica». El contagio se produce siguiendo un patrón común con otras muchas enfermedades infecciosas y parasitarias, la llamada transmisión oral-fecal, es decir, se adquiere por vía oral, ingiriéndose con el agua o los alimentos contaminados, y se elimina propagándola en las heces.
La ameba puede tener dos formas o estados diferentes, el trofozoíto (estado proliferativo), que es la forma activa que el parásito adopta en ambientes favorables, y una forma enquistada, cisto o quiste (estado de reposo), más resistente que se transforma cuando el medio ambiente es adverso y que pasa a través de las heces al ambiente externo, donde sobrevive contaminando agua y alimentos. Las personas infectadas eliminan en sus heces millones de quistes de amebas, que son bastante resistentes y que pueden permanecer viables largo tiempo.
Malas prácticas higiénicas
El deficiente tratamiento de las aguas fecales y la inexistencia de una red de abastecimiento de aguas favorecen la contaminación del agua que se utiliza para beber, para cocinar y para regar
La práctica del abono de terrenos agrícolas con heces humanas en países subdesarrollados es una costumbre que debe erradicarse. También los deficientes hábitos higiénicos, como no
> Beber siempre agua embotellada procedente de envases cerrados y sellados. No consumir agua del grifo ni de lugares no controlados, como fuentes o manantiales. Si es necesario trataremos el agua con un sistema fiable potabilizador de agua.
>No lavarse los dientes con agua de grifos o fuentes.
>No añadir cubitos de hielo a las bebidas porque pueden estar hechos con agua contaminada.
>Las bebidas elaboradas con agua hervida como café y té se pueden considerar seguras.
>No adquirir alimentos en puestos callejeros u otros establecimientos que no nos ofrezcan garantías o donde la falta de higiene sea evidente.
>Evitar las ensaladas y otras comidas a base de verduras crudas que pueden haberse regado o lavado con agua contaminada.
>Evitar los alimentos de consumo crudo o poco hechos.
>Consumir alimentos cocinados (la ameba se inactiva a unos 55-60º C) y asegurarnos de que están totalmente hechos y no han permanecido a temperatura ambiente durante un tiempo excesivo.
>Pelar personalmente todas las frutas que se consuman.
>Extremar en general las medidas de higiene y lavarnos las manos con agua y jabón antes de comer o manipular alimentos.
Siempre resulta conveniente consultar al médico si tenemos previsto realizar un viaje a países tropicales o en vías de desarrollo, aunque en este caso no existe ninguna vacuna o preventivo contra la infección por amebas.
LA VIDA DE LOS PROTOZOOS
Protozoos, también llamados protozoarios, son organismos microscópicos formados por una sola célula con núcleo y que se alimentan de otros organismos, en ocasiones parasitándolos.
De los muchos miles de especies de protozoos existentes en el mundo, sólo una veintena causan enfermedades en las personas. Sin embargo, su impacto en la salud humana en todo el mundo es desproporcionado a su número ya que alrededor de una cuarta parte de la humanidad está afectada por este tipo de enfermedades.
La malaria está provocada por protozoos del género «Plasmidium», responsable de cientos de millones de casos al año; la toxoplasmosis también está producida por un protozoo, el «Toxoplasma gondii». Algunos protozoos patógenos son transmitidos por la ingestión de sus quistes (cistos ó células de reposo). «Entamoeba histolytica» (amebiasis) y otros como «Giardia lamblia» (giardiasis) son parásitos gastrointestinales con ciclos biológicos relativamente sencillos en los que los quistes pasan a través de las heces de los portadores infectados al ambiente externo, donde sobreviven y contaminan los alimentos y el agua, reinfectando a otros individuos cuando los ingieren.
Pero, ¿cómo percibe el consumidor estas novedades tecnológicas?, ¿los tecnólogos tienen en cuenta su opinión a la hora de focalizar sus estudios?. Por ejemplo, hay estudios que demuestran que no todos los consumidores perciben el uso de la genética como un riesgo para la seguridad alimentaria, y los que lo hacen, muchas veces, no coinciden en las razones.
Fuente: consumer (8 de abril de 2009) Por MARTA CHAVARRÍAS
Saber qué es lo que los consumidores conocen y comprenden sobre los avances en TECNOLOGIA ALIMENTARIA y cómo lo relacionan con la seguridad de los alimentos que adquieren es una tarea cuanto menos laboriosa. Hasta hace poco las metodologías para determinar cuál es el grado de «cultura científica» se han centrado en dos valores: la confianza y la desconfianza. Y en función de estas dos variables se han realizado numerosos estudios para valorar el grado de aceptación que tienen algunos de los principales avances alimentarios.
Uno de los últimos análisis lo ha llevado a cabo la Food Standards Agency (FSA, en sus siglas inglesas) del Reino Unido, que ha recopilado datos desde 1999. La investigación concluye que los consumidores siguen con cautela las nuevas TECNOLOGIA ALIMENTARIA que van emergiendo, especialmente las que están relacionadas con los organismos modificados genéticamente (OMG), que son las que mayor preocupación y recelo generan.
Entre la cautela y la incertidumbre
La brecha entre la ciencia de los alimentos y la percepción de los consumidores se traduce en cierto recelo sobre el uso de determinadas técnicas
Si bien la principal prioridad de las autoridades en materia de alimentación es garantizar que los alimentos que llegan al consumidor sean lo más seguros posibles, conseguirlo pasa por aplicar todas las medidas más adecuadas, pero además por ser «conscientes de cómo las personas reciben las nuevas tecnologías». Durante los últimos diez años ha habido una intensa atención hacia este tipo de tecnología, que ha dado sus frutos en forma de OMG o animales clonados. Además de los retos que han planteado a la comunidad científica, estos avances han tenido su huella en la opinión pública, que muestra ciertas lagunas de comprensión. Algunas de estas dudas se refieren a cómo afecta toda esta actividad a los consumidores a la hora acceder a un determinado alimento.
El tono general es, según el análisis británico, de «inquietud, incertidumbre y, en algunos casos, rechazo», a pesar de que ciertos grupos consideran que se trata de otra parte de la «producción primaria» de los alimentos. El rechazo está provocado sobre todo por el nivel de comprensión, que es bajo, a excepción de la actitud ante los alimentos funcionales, que se perciben como saludables y con un riesgo mínimo. La información juega un papel clave en todo este proceso. Según los resultados del «Eurobarómetro 2001: Ciencia y Tecnología en Europa», realizado sobre unas 1.000 personas de cada Estado miembro de la UE (excepto Alemania, el Reino Unido y Luxemburgo), los europeos consideran que la información que reciben sobre ciencia y tecnología en general es «pobre», aunque de los entrevistados el «45% considera que sí está interesado».
En el ámbito de la industria agroalimentaria, el 50,6% de los reproches «se concentran en los científicos», aunque el 44,6% considera que no tiene «suficiente información» para decidir. En otra investigación, esta vez desarrollada entre 1999 y 2000 por la Oficina de Ciencia y Tecnología de Londres, y titulada «Ciencia y público: una revisión de la comunicación científica y la actitud pública», la mayoría de consumidores británicos resaltan que los científicos e ingenieros no son «realmente como nosotros», y algunos admiten incluso que se fundamentan en «probar cosas sin valorar los posibles riesgos».
Pérdida de control
El cambio de hábitos en la alimentación que se ha producido en los últimos años, periodo en el que cada vez se valora más «lo natural» frente a «lo manipulado», con menos aportación tecnológica en la producción, ha ocasionado en gran medida el hecho de que algunas de estas tecnologías se vean con cierto recelo.
Es el caso sobre todo de los OMG. A pesar de que la confianza del consumidor español hacia este tipo de alimentos es escasa, aumenta de forma lenta pero sostenida, según los datos del Barómetro de Consumo 2007, informe sociológico concebido por Fundación Eroski.
Este informe recogía en 2001 la necesidad de dejar claro al consumidor que este tipo de tecnología pretende «mejorar los cultivos» y que la modificación «no es ni nueva ni peligrosa». En esta línea se expresaba el Protocolo de Cartagena, el primer acuerdo internacional que tiene como fin garantizar un nivel adecuado de protección sobre la transferencia, manipulación y uso seguros de los OMG.
CIENCIA DETRÁS DE LA ALIMENTACIÓN
La complicidad que se ha producido en los últimos años en la TECNOLOGIA ALIMENTARIA queda patente en avances como:
La nanotecnología es la ciencia que trabaja a una escala de nanómetros (un nanómetro es una milésima de milímetro). Hay un cierto interés en usar esta técnica para mejorar la conservación de los alimentos, como alargar su frescura durante más tiempo y con la misma calidad. La ciencia de lo minúsculo puede también aplicarse para mejorar la absorción de vitaminas o reducir el contenido de grasa o sal en los alimentos.
Alimentos funcionales
Se trata de alimentos a los que se agregan uno a varios ingredientes con efectos beneficiosos sobre la salud humana. Un ejemplo podrían ser los yogures probióticos, leches enriquecidas o productos enriquecidos con sustancias antioxidantes.
Alimentos modificados genéticamente (OMG)
La modificación genética implica alterar los genes de una planta, de un animal o de un microorganismo o insertar genes de otro organismo. Algunos alimentos procedentes de esta técnica se pueden comercializar en la UE.
Animales clonados
Este tipo de reproducción, basada en la tecnología del ADN, implica la creación de un animal que sea una copia genética exacta de otro y reproduce los aspectos fisiológicos y bioquímicos de una célula en todo el organismo. El objetivo es crear un animal con la misma composición genética que su primogénito. Esta técnica aplicada a los animales destinados al consumo humano lleva años generando polémica sobre si es segura o no. En EE.UU. las autoridades sanitarias llevan tiempo valorando la calidad y seguridad de este tipo de alimentos.
Esta técnica se puede utilizar para eliminar las bacterias patógenas responsables de intoxicaciones alimentarias. Permite retrasar la maduración de la fruta y, en consecuencia, su deterioramiento. Se trata de un proceso que produce un efecto similar a la pasterización.
Nuevos alimentos
Se trata de un término que se aplica a las nuevas formas de procesar los alimentos, como el uso de altas presiones.
El primer paso, el más importante y difícil de dar, es querer abandonar el hábito.
No sólo la propia adicción lleva a no querer hacerlo. Fumar, en multitud de casos, es una cuestión social, y el hecho de hacer el cigarrillo y charlar mientras se toma un café se puede convertir en una rutina diaria de lo más agradable, sin ser consciente de que ese momento tan placentero está perjudicando la salud. La falta de motivación y el estrés acompañado de la conocida frase ahora no es el momento son dos ejemplos más que pueden dificultar el cese del hábito.
Pero cuando se decide dar el paso, otras cuestiones pueden determinar de manera clave el posible éxito o fracaso del intento: la ansiedad, el miedo al mono, la difícil situación sin el cigarrillo después de comer o el miedo a engordar.
El hábito de fumar se refuerza con el consumo habitual de ciertos alimentos que potencian su sabor, sobre todo café y alcohol
Alimentos que ayudan al cese
Sin embargo, un estudio ha demostrado la ya existente noción de que una alimentación sana puede no solo minimizar este aumento de peso al ser más saludable, sino que además puede facilitar el abandono del hábito. Según la Universidad Duke de Carolina del Norte (EEUU), que ha llevado a cabo la investigación, hay alimentos que empeoran el sabor del cigarrillo, como las frutas, las hortalizas o los productos lácteos. Por el contrario, consumir abundante carne, alcohol o café produce el efecto contrario, ya que realza su sabor, haciendo más atractivo el hábito de fumar. El estudio demuestra, pues, que el hábito de fumar parece estar reforzado por el consumo habitual de ciertos alimentos que potencian su sabor.
Liderado por el Doctor Joseph McClernon, profesor asistente en el departamento de psiquiatría y ciencias del comportamiento del Centro Médico de la Universidad de Duke en Durham, en el estudio se ha analizado el comportamiento de 209 fumadores, a los que se les ha preguntado sobre los alimentos que hacen empeorar o realzar el sabor del tabaco. Los lácteos (leche o quesos), las bebidas sin cafeína (agua o zumos), las frutas y los vegetales fueron los alimentos que reiteradamente se nombraron como protagonistas del empeoramiento del sabor de los cigarrillos, un 19%, un 14% y un 16% respectivamente. El 44% de los participantes afirmaron que las bebidas alcohólicas realzan su sabor, y el 45% las bebidas con cafeína (té, bebida de cola o café). El 11% nombró a la carne.
Una dieta rápida
Según los investigadores de la Universidad Duke, los resultados podrían ayudar a la creación de una dieta rápida para dejar de fumar, así como el desarrollo de chicles o pastillas que disminuyan la palatabilidad del cigarrillo. McClernon afirma: «Con pequeñas modificaciones en la dieta, consumiendo productos que empeoran el sabor del cigarrillo, como la leche o un vaso de agua fría, y evitando los que realzan su sabor, como la cerveza, los fumadores podrían dejar de fumar mucho más rápida y fácilmente».
Comer bien durante cuatro semanas
El menú ideal para dejar de fumar sin engordar considerablemente debería permitir adquirir hábitos alimentarios saludables, considerando los criterios de una dieta variada y equilibrada, así como establecer un orden de comidas que evite picar entre horas y romper con la monotonía.
Para muchos fumadores habituales, dejar de fumar puede llegar a ser una odisea.
Los resultados del estudio pueden ayudar a la creación de una dieta rápida para dejar de fumar que potencie los alimentos que empeoran el sabor del cigarrillo
La comida se convierte, tras el estudio, en una aliada para quien desea dejar de fumar, y no en una excusa para no hacerlo. Si, finalmente, se combina con una terapia de sustitución de la nicotina y con ejercicio continuado, el cese del hábito no debería ser, al fin, un proceso tan difícil de conseguir.
Una vez pasadas las primeras tres o seis semanas se podría retomar progresivamente el consumo moderado de los productos que realzan el sabor del cigarrillo, aunque en cantidades moderadas.
Los autores de la investigación reivindican ser los primeros en relacionar la alteración en la palatabilidad de los cigarrillos con las comidas y las bebidas, y afirman que el estudio abre nuevas puertas comerciales y de marketing para ciertos productos. El director del estudio, McClernon, reconoció que, sin embargo, es necesario investigar más para determinar exactamente qué alimentos afectan el sabor del cigarrillo y si alterar la dieta podría mejorar el éxito de dejar de fumar.
Existen dietas que pueden ayudar a llevar a cabo una adecuada deshabituación del tabaco minimizando la adquisición de kilos de más. Un ejemplo es la dieta de cuatro semanas que ofrece la página de CONSUMER EROSKI.
Como resultado de estas investigaciones, el grupo de expertos del IPLA ha logrado identificar y aislar de un virus bacteriófago sustancias enzimáticas antibacterianas activas contra «Staphylococcus aureus» que podrían ser utilizadas como bioconservantes en el futuro.
Fuente: consumer (19 de marzo de 2009) Por MAITE PELAYO
Un bacteriófago es un tipo de virus muy abundante en la naturaleza que sólo infecta bacterias. Su sistema de ataque tras la infección y multiplicación del virus dentro de la bacteria incluye la producción de unas enzimas (sustancias de naturaleza proteica capaces de regular multitud de reacciones) llamadas endolisinas. Estas endolisinas con actividad lítica, es decir, que provocan la rotura de determinadas estructuras de la pared bacteriana, tienen sistemas específicos que permiten a la enzima anclarse selectivamente sobre una pared bacteriana concreta.
Recientemente se ha demostrado que estas endolisinas de los bacteriófagos pueden usarse como nuevas herramientas terapéuticas, tanto en el tratamiento de enfermedades infecciosas como en el campo de la biotecnología. Estas nuevas armas, denominadas ENZIBIOTICOS, se han utilizado con éxito para controlar infecciones causadas por bacterias patógenas, especialmente en aquellas cepas resistentes a antibióticos, en modelos animales. El desarrollo de cepas de microorganismos resistentes a los antibióticos es una situación cada vez más frecuente que compromete la eficacia de este tipo de tratamientos.
La línea de desarrollo que abren los ENZIBIOTICOS podría dar lugar a agentes antimicrobianos más potentes y específicos que los antibióticos al dejar intactas al resto de las bacterias del organismo, en su mayor parte inocuas e incluso beneficiosas y que son eliminadas indiscriminadamente por los antibióticos convencionales. Al igual que en el campo de la medicina, la actividad antibacteriana selectiva de los ENZIBIOTICOS proporciona una poderosa herramienta de biocontrol en el campo de la seguridad alimentaria.
Pero para facilitar el camino de estos ENZIBIOTICOS, tanto hacia la industria alimentaria como a otros entornos de aplicación, como el sanitario y veterinario, es necesario adaptar su producción a gran escala, punto en el que se hallan actualmente las investigaciones. En el caso de su utilización como bioconservantes, después de haber localizado en el genoma de bacteriófagos específicos (en este caso que sólo atacan a «S. aureus») los genes responsables de producir los enzimas, el Grupo de Fermentos Lácticos y Bioconservación del IPLA-CSIC estudia la forma de producir los enzimas a gran escala. Y es que desarrollar técnicas para aumentar su producción permitirá utilizarlos en ensayos con el objetivo de evaluar sus propiedades antibacterianas y comparar su efectividad con la de otros bioconservantes que ya se emplean en la industria alimentaria.
Para lograr sus objetivos los investigadores han tenido que localizar en primer lugar los genes responsables de producir los enzimas en el virus bacteriófago, extraerlos, clonarlos e introducirlos en una bacteria huésped. El paso siguiente es el que están desarrollando en estos momentos: lograr que esos genes se sobreexpresen en las bacterias huésped para que produzcan la mayor cantidad de enzimas posible. A partir de ese momento, este grupo de investigadores del IPLA-CSIC dispondrá de una fábrica viva de los ENZIBIOTICOS que degradan selectivamente a «S. aureus».
El IPLA, inaugurado en 1990 y ubicado en Villlaviciosa, pertenece al Área de Ciencia y Tecnología de Alimentos del CSIC. Además de las labores propias de la investigación posee un Laboratorio de Análisis al Exterior para el sector lácteo.
Entre sus principales líneas de investigación se encuentran:
• El estudio de mecanismos de biocontrol sobre microorganismos patógenos y alterantes para extender la vida útil de productos lácteos. La investigación se centra en la aplicación de bacteriocinas (sustancias proteicas con actividad antimicrobiana originadas por diferentes familias bacterianas) producidas por bacterias lácticas y otros compuestos antimicrobianos aislados de ambientes lácteos como bacteriófagos y sus endolisinas. Se profundiza en la base molecular de su modo de acción con objeto de mejorar su eficacia antimicrobiana. • El desarrollo de métodos rápidos y fiables para detectar y tipificar microorganismos patógenos y alterantes. • La mejora de técnicas analíticas y establecimiento de nuevas metodologías para evaluar la presencia de peligros de naturaleza química en productos lácteos.
No es la primera vez que el CSIC investiga sobre el enorme potencial como herramienta antibacteriana de las endolisinas, estas proteínas de los bacteriófagos encargadas de romper la pared de las bacterias para iniciar así su degradación. Trabajos anteriores ofrecen una imagen que explica cómo la endolisina Cpl-1 se une y elimina en pocos segundos al neumococo.
Expertos internacionales en enfermedades infecciosas han alertado reiteradamente sobre la necesidad de desarrollar alternativas a los antibióticos, dado que la resistencia de las bacterias a estos tratamientos comienza a extenderse. Los bacteriófagos son muy abundantes en la naturaleza y constituyen, por tanto, una amplia fuente natural de endolisinas. La combinación de esta enorme diversidad natural con investigaciones que amplíen la información estructural de estas proteínas abre, según los expertos del CSIC, un prometedor camino para el futuro diseño de ENZIBIOTICOS específicos a la carta para cualquier especie patógena de bacteria.
«Staphylococcus aureus» es una bacteria patógena relacionada frecuentemente con intoxicaciones alimentarias y especialmente difícil de eliminar por desarrollar cepas resistentes. La intoxicación está provocada por la ingestión de la toxina producida por el crecimiento en los alimentos de ciertas cepas de la bacteria. Se trata de una enterotoxina que causa gastroenteritis al poco de ser consumida, entre dos y cuatro horas, con vómitos diarrea e inflamación de la mucosa gástrica e intestinal. El microorganismo es un estafilococo, es decir, una bacteria con forma redonda que crece normalmente en masas similares a racimos de uvas en medio sólido, dando al alimento una coloración amarilla dorada (aunque algunas cepas son incoloras), de ahí el nombre de aureus. El alimento implicado normalmente es rico en proteínas y muy a menudo está procesado. Alrededor del 75% de los brotes de intoxicación estafilocócica aparecen como consecuencia de una mala refrigeración.
Un análisis conjunto de todas las especies de AVES ACUATICAS puede aportar una visión borrosa de sus tendencias biogeográficas. Por ello, un equipo de investigadores malagueños ha dividido a las aves de Europa continental, Islas Británicas y de Islandia en grupos de aves denominados ‘corotipos’ (indicadores de la respuesta de las especies al medio ambiente) para entender los procesos históricos y ecológicos de las preferencias territoriales de los pájaros.
El estudio, que se ha publicado recientemente en Global Ecology and Biogeography, permite fragmentar la distribución de 140 especies de AVES ACUATICAS nidificantes en 9 corotipos. «Tres de ellos agrupan el 70% de las especies, muy ampliamente distribuidas bien por la región septentrional, por la región meridional, o por las latitudes medias del continente europeo», explica a SINC Raimundo Real, autor principal e investigador de la Facultad de Ciencias de la UMA.
El resto de corotipos están restringidos geográficamente y se ubican en Islandia, en las cercanías del Ártico europeo, en la Península Ibérica y en Europa sur-oriental.
Según el investigador, «10 especies marinas coinciden geográficamente en Gran Bretaña, aunque sus distribuciones se extienden por otras costas europeas y se superponen unas a otras de forma gradual».
Los resultados de la investigación demuestran que, desde un punto de vista ambiental, la temperatura (o energía ambiental) es la que determina la posición geográfica de la mayoría de los corotipos. «Casi el 40% de las especies tienden a nidificar en las zonas con menor energía ambiental, y otro 40% ocupa las zonas con niveles intermedios de energía», señala Real.
Ante un probable calentamiento global, la conservación de las AVES ACUATICAS en Europa se podría ver comprometida. «El aumento de las temperaturas podría repercutir en el desplazamiento hacia el Norte de las especies más septentrionales, el desplazamiento hacia el Sur de las especies orientales, y el reajuste geográfico de las especies meridionales y de centro-Europa», destaca el científico.
Las poblaciones reproductoras de especies con áreas de nidificación cercanas al Ártico «podrían incluso desaparecer del continente», añade Real.
Fuente: consumer (23 de marzo de 2009) Autor: Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
El aceite esencial del árbol del té es un producto natural de origen vegetal con un sinfín de cualidades curativas, y se utiliza sobre todo para dolores y lesiones del cuerpo humano. Pero sus particularidades no acaban aquí. Posee un triple efecto antiséptico, es decir, actúa contra las , hongos y virus. Además, tiene la virtud de ser bactericida, fungicida, antivírico, cicatrizante, antiinflamatorio, desodorante, expectorante y balsámico. Muchos son los usos de este aceite en la actualidad, sobre todo en el campo de la cosmética y, ahora, también en la alimentación. No se conoce ningún tipo de toxicidad ni efecto secundario en este tipo de aceite esencial, con lo que su utilización no conlleva ningún riesgo para la salud.
Inocuidad química
El aceite de árbol de té como recubrimiento para alimentos garantizan su inocuidad
Su aplicación en el campo alimentario nace de la preocupación por las elevadas pérdidas sufridas en el sector cítrico debido a la contaminación por patógenos. El principal problema es la podredumbre causada por el hongo «Penicillium», cuya presencia desata uno de los problemas más graves. Lo más habitual para tratar el problema es utilizar sustancias químicas de gran persistencia y escasa biodegradabilidad, como son los funguicidas o plaguicidas, lo que significa que pueden llegar al consumidor fácilmente, además de ser nocivos para el medio ambiente.
La alternativa propuesta por los investigadores al uso de estas sustancias son los productos naturales con la misma capacidad antifúngica y antimicrobiana, como es el caso de los aceites esenciales y, concretamente, el del árbol de té.
Según Maite Cháfer, investigadora principal del proyecto, «su incorporación en recubrimientos para los alimentos permite obtener productos naturales y beneficiosos para el medio ambiente», además de garantizar una inocuidad química.
Garantizar el efecto antimicrobiano
Los expertos han desarrollado nuevos recubrimientos para los alimentos a base de aceite de árbol de té que permite mejorar la conservación y la calidad de los cítricos. El recubrimiento es una capa transparente e imperceptible desarrollada por los investigadores de la IU-IAD y elaborada a base de una sustancia celulósica totalmente biodegradable y el propio aceite de árbol de té. Durante la investigación se han evaluado tanto la capacidad para controlar la podredumbre de los cítricos como los principales aspectos de calidad del fruto durante su almacenamiento y, según los responsables, los resultados han sido muy satisfactorios.
De acuerdo con Cháfer, «se ha comprobado que las naranjas recubiertas con niveles de tan sólo un 2% de aceite esencial sufrieron un menor deterioro fúngico que los frutos sin recubrimiento, retrasando la incidencia de la podredumbre durante todo el ciclo del fruto, incluyendo su almacenamiento». Debemos recordar que los cuidados posrecolección de los vegetales determinan la obtención de un óptimo producto final. Por ejemplo, la textura de los vegetales varía de dura a blanda debido a la actuación de enzimas pectínicas que van rompiendo componentes de la fibra vegetal durante el almacenamiento, dejando el vegetal más asequible para el ataque fúngico. Así, el uso del aceite esencial podría evitar este tipo de pérdidas.
Mantener la calidad
La aplicación de estos recubrimientos conserva mejor diferentes parámetros de calidad de los frutos durante su almacenamiento. Por ejemplo la acidez, la vitamina C, el índice de madurez o pérdida de peso. Esto se debe a que los recubrimientos desarrollados por los expertos actúan como barrera o control de numerosas reacciones de deterioro que sufren los frutos tras su recolección.
«Poder utilizar un producto multifuncional y biodegradable para la conservación da un mayor valor añadido al producto y poder hacerlo a dosis tan bajas de forma efectiva abarata el coste de la aplicación», destaca Cháfer.
Tras los buenos resultados obtenidos en la aplicación de la conservación de la naranja, los investigadores estudian también su uso para la conservación de otros cítricos como el limón y otros productos agrarios. La formulación desarrollada para este recubrimiento en los cítricos podría utilizarse en diversos productos fitosanitarios en sustitución de los productos químicos actualmente empleados. También podrían ser utilizados para elaborar otras formas de envasado proporcionando sustancias más naturales para la conservación de los vegetales.
TRATAMIENTOS QUÍMICOS ACTUALES
La principal causa de deterioro de los alimentos se debe a la presencia de diferentes microorganismos, entre ellos bacterias, levaduras y mohos. El deterioro microbiano de los alimentos conlleva pérdidas económicas sustanciales que afectan a todos los responsables de su elaboración y comercialización, desde el agricultor hasta al consumidor. Se calcula que más del 20% de todos los alimentos producidos en el mundo se pierden por acción de los patógenos.
En muchos alimentos existen de forma natural sustancias con actividad antimicrobiana que ayudan a combatir el ataque de los patógenos, por ejemplo algunas frutas contienen diferentes ácidos orgánicos, como es el ácido benzoico o el ácido cítrico que impiden el crecimiento patógeno. Sin embargo, a veces no es suficiente para asegurar la seguridad. En la mayoría de los casos, se deben añadir conservantes químicos para poder eliminar posibles restos de patógenos o inhibir su crecimiento. Algunos ejemplos son el E-230 bifenilo (difenilo), el E-231 ortofenilfenol, el E-232 ortofenilfenato de sodio o el E-233 2-(4-tiazolil) benzimidazol (tiabendazol). Estos conservantes se utilizan para el tratamiento superficial de algunas frutas como cítricos y de los papeles en los que se envuelven. El objetivo de su utilización es evitar el ataque de microorganismos, sobre todo mohos, en la fruta. Con la excepción del E-232, son insolubles en agua, con lo que no desaparecen con pasar por agua la fruta y pueden ser sustancias bastante tóxicas. Por este motivo se recomienda no consumir la piel de cítricos y, si se pretende utilizar para repostería, es aconsejable lavarlas a conciencia y enérgicamente para eliminar los posibles restos del químico.
Fuente: consumer (17 de marzo de 2009) Por ELENA PIÑEIRO / MAITE ZUDAIRE
Algunos carotenoides pueden desempeñar un papel como antioxidantes en la protección del organismo frente a los radicales libres, aunque los mecanismos de acción, la biodisponibilidad y el poder antioxidante son cuestiones que están todavía en discusión.
Sí parece claro que la presencia en la dieta de alimentos con contenidos elevados de carotenoides tiene efectos preventivos frente a ciertas enfermedades, aunque los experimentos en los que se han utilizado a modo de complemento extra han dado resultados contradictorios, en algunos casos incluso evidenciando efectos perjudiciales.
Una de las distinciones más características de la primavera es el cambio de colores en todo el entorno. El mercado de los vegetales no es una excepción; cuando los aparadores comienzan a adornarse con el rojo intenso de las fresas y los fresones, el cambio de estación ya es inmune.
Los responsables del extenso abanico de colores que abarca desde los amarillos, pasando por los anaranjados o los diversos tonos de rojos presentes en flores, frutos y hasta en el músculo y la piel de algunos peces y crustáceos son los carotenoides.
En los vegetales, los pigmentos carotenoides son necesarios para la fotosíntesis (captación de la luz, fotoprotección, disipación de excesos de energía, etc.). Hace años su interés nutricional se hizo evidente cuando en 1930 se descubrió que un 10% de ellos tenían valor como vitamina A, destacando en este sentido el betacaroteno, abundante en las zanahorias, y la betacriptoxantina que contienen frutas como la naranja o la papaya.
En la actualidad, su máximo interés radica en su papel como antioxidantes en la protección del organismo frente a los radicales libres. En los últimos años es extenso el número de publicaciones acreditadas en las que se concluye que los carotenoides son beneficiosos en la prevención de diversas enfermedades como ciertos tipos de cáncer, trastornos oculares o vasculares, entre otros.
No obstante, esta cuestión está aún en discusión, debido fundamentalmente a resultados contradictorios en investigaciones paralelas.
De hecho, en algunos estudios de intervención en los que se han administrado altas dosis de betacarotenos en forma de suplementos se han mostrado efectos adversos en fumadores con cáncer de pulmón y en trabajadores expuestos a fibras de asbestos (mezcla de minerales que se emplean en la construcción y en automoción, resistentes al calor y a la corrosión).
Los carotenoides más estudiados son el betacaroteno, el licopeno, la luteína y la zeaxantina. El betacaroteno tiene un beneficio añadido a sus propiedades antioxidantes: su capacidad de convertirse en vitamina A. La luteína y zeaxantina, muy abundantes en la yema de huevo, se han mostrado como protectoras de enfermedades oculares por su capacidad de absorber el espectro de luz dañina para el ojo.
El licopeno, de todos los carotenoides comunes, es el antioxidante más eficiente frente al oxígeno singlete, uno de los compuestos químicos que causa más daño a las células, tanto oculares como de la piel.
La nomenclatura de estos pigmentos proviene fundamentalmente del nombre científico del alimento del que se extrajeron por primera vez. Por ejemplo, el betacaroteno deriva de la denominación latina de la zanahoria: «Daucus carota».
Su valor vitamínico es sólo de alrededor de un sexto del valor de la vitamina A, pero su abundancia en los vegetales, e incluso en algunos alimentos animales como la leche, hace de este pigmento una de las fuentes más importantes de esta vitamina para muchísimas personas.
La vitamina A es esencial para el crecimiento y la diferenciación de diversos tipos de células y tejidos corporales; por eso, la American Pediatrics Association la cita como un nutriente muy importante, sobre todo, durante el embarazo y la lactancia, donde juega un papel esencial en la maduración del feto y del recién nacido, con particular relevancia en el desarrollo de los pulmones.
Es, precisamente, en el caso de las mujeres embarazadas donde, si la ingesta de carotenos es baja, se aconseja una suplementación tutelada por el profesional pertinente.
La deficiencia de vitamina A durante este periodo puede ser crítica para el feto pero, de igual manera, el exceso puede acarrear consecuencias negativas.
Cuanto más rojos y más maduros están los tomates, mayor es el contenido en este pigmento. Según la revisión científica más reciente, publicada en enero de 2009 en la revista especializada alemana «Aktuelle Urologie», investigadores de la Universidad de Bonn (Alemania) afirman que la ingesta regular de tomate y, por tanto, de licopeno es un factor protector frente a la hiperplasia benigna de próstata y a la aparición de cáncer de próstata.
Incluso añaden que la toma de dosis de licopeno de forma aislada no protege del desarrollo de cáncer de próstata, mientras que el consumo de tomate y derivados en la dieta puede ser útil en el tratamiento de esta enfermedad.
La cantaxantina es otro carotenoide extraído por primera vez de la seta «Cantharellus cinnabarinus», de donde procede su nombre. Por lo general, aparece asociada a otros carotenoides, como pigmento en los crustáceos y en algunos peces.
No obstante, la sustancia de este tipo más común en los animales es la astaxantina, responsable del color rosa de la carne del salmón y la trucha así como de las huevas de estos y otros peces.
Como los demás animales, los peces no pueden sintetizar los carotenoides por ellos mismos, por lo que dependen de los contenidos de la dieta. Por ello, en acuicultura, para obtener el color habitual de los animales salvajes se incluyen carotenoides en los piensos.
La capsantina es el principal carotenoide del pimiento rojo común («Capsicum annuum») y se encuentra en gran cantidad en el pimentón. En diversas investigaciones en el laboratorio se ha mostrado como un potente anticarcinógeno, pero aún no se han probado sus efectos en humanos.
Hasta que no haya evidencia científica suficiente sobre la eficacia y la seguridad de los complementos a base de carotenoides, es conveniente seguir el consejo dietético consensuado.
Este consejo va dirigido a procurar una alimentación rica en frutas y verduras coloreadas, que asegure el aporte de estas sustancias en las cantidades óptimas descritas en las RDA (Recommended Dietary Allowances), publicadas en EE.UU. por la National Academic of Science.
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