Y es que, según aclara es «imposible» conseguir un «riesgo cero» a pesar de que precisamente es lo que demanda la sociedad, pero eso, añade, «no lo pueden garantizar ni los médicos».
Por tanto, lo que queda es «seguir trabajando y manteniendo la guardia» con los planes de vigilancia actuales, que en su opinión «son más que suficientes».
Igual que los avances en el mundo producen efectos colaterales como el cambio climático, los desplazamientos de animales «generan enfermedades con las que tenemos que convivir», explica, pero, tanto en Europa como en España «nunca han estado tan controladas como ahora y la sociedad puede estar completamente tranquila».
El problema, es que «no sabemos transmitirlo», falta mucha información y la asignatura pendiente pasa por proporcionar a la sociedad una información «clara y precisa» y convencer a los ciudadanos de que «deben tener confianza en la profesionalidad de los ganaderos y veterinarios, porque garantizamos totalmente la salubridad de todos los alimentos».
Así, por ejemplo, aclara, la lengua azul «no afecta para nada a los humanos, se puede convivir con ella», sin embargo, dice, los medios de comunicación, generan cierta alarma al respecto.
En este mismo sentido, Tovar advierte de que aunque ya no se registren casos en determinadas enfermedades, como la de Aujeszky, «no podemos bajar la guardia porque la biología es así y pueden surgir nuevos», porque en materia de sanidad «nunca hemos acabado».
Si bien, reconoce que poder decir que se ha erradicado una enfermedad es «un ejemplo de la buena política sanitaria que se está llevando a cabo».
Los veterinarios no son ajenos a la situación que atraviesan los ganaderos, «momentos difíciles», asevera, porque hay un «gran desfase» entre los costes de producción y los costes de venta, lo que deja un margen de beneficio muy reducido para los productores y es que, afirma, el ganadero de vacuno, por ejemplo, «podrá aguantar 5 ó 6 meses», pero no más, porque no es un censo recuperable, como el del porcino, por ejemplo, «cuando sacrificas una vaca te cuesta seis años recuperarla».
El Foro que comenzó ayer y concluye esta tarde reúne a 350 veterinarios y 400 estudiantes en la Facultad de Veterinaria de Cáceres, para debatir, entre otras cuestiones, de las posibilidades ganaderas del siglo XXI, el bienestar animal, el medioambiente, las materias primas o la alimentación.
Estos días se celebra en la ciudad peruana de Cuzco una conferencia internacional -dentro de las actividades organizadas con motivo del Año Internacional de la Patata- bajo el lema «La Ciencia de la Papa para los Pobres: Desafíos para el Nuevo Milenio». Los expertos que participan en este encuentro tratan de definir estrategias para incrementar la productividad y sostenibilidad de los sistemas de producción de un alimento que, precisamente, surgió en el altiplano peruano hace más de 8.000 años.
En el mismo Perú, los altos precios de los alimentos han estimulado al Gobierno a reducir las costosas importaciones de trigo y alentar a la población a consumir pan con harina de papa. En China, primer productor mundial de patatas (72 millones de toneladas en 2007), expertos agrónomos han propuesto que este producto se convierta en el principal cultivo alimentario de gran parte de las tierras agrícolas del país.
Sin embargo, el Centro Internacional de la Papa (CIP) y la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) advierten de que extender los beneficios de la producción de patatas depende de que se mejore la calidad del material de siembra, contar con sistemas agrícolas que hagan un uso más sostenible de los recursos naturales, y disponer de variedades que reduzcan la necesidad de agua, tengan mayor resistencia a las plagas y enfermedades, y capacidad de adaptación ante el cambio climático.
Durante los cuatro días de la conferencia, más de 90 de las principales autoridades mundiales de la papa y de la investigación para el desarrollo tratarán los desafíos que afrontan tres economías en particular en materia de fomento del citado tubérculo en el mundo en desarrollo.
La primera es la de los países agrícolas, principalmente de África, donde la población pobre se concentra en las zonas rurales y produce papa para consumo doméstico y el mercado local. Para estos países es clave contar con resultados de investigación y tecnología, en apoyo a una «revolución sostenible de la productividad», así como establecer nexos entre los productores y los mercados interno y regional.
En las economías urbanizadas características de América Latina, Asia central y Europa oriental, el desafío estriba en asegurar la sostenibilidad social y ambiental de los sistemas basados en la papa, y establecer alianzas entre los pequeños productores y los nuevos mercados de alimentos.
Por otro lado, los participantes en la conferencia visitarán una plantación de 12.000 hectáreas situada cerca de Cuzco, donde investigadores-agricultores han restablecido la producción de más de 600 clases andinas tradicionales de papa y han aportado los elementos genéticos básicos para la futura obtención de otras variedades.
Fuente:Agroinformación (27. Marzo ´08) Por Georgina Arboleya
Otros casos de contaminación de leche de búfalo a causa de los depósitos de basura y de los desechos clandestinos ya habían sido señalados en la región de Nápoles – principal región productora – en los años 2001 y 2003 y la Comisión entonces le había pedido a Italia elaborar análisis regularmente.
Los resultados de los análisis de los años 2005 y 2006 no mostraron riesgos para la salud humana y ahora esperan los resultados del año 2007 y lasexplicaciones sobre la situación actual.
La Comisión Europea no dispone por el momento de ningún dato que permite advertir contra una contaminación.
El gobierno de los Estados Unidos indicó a los consumidores que hayan comprado melones recientemente que verifiquen con el mercado o tienda para determinar si las frutas proceden de Montelibano, y si así es el caso que «tiren a la basura los melones».
Hasta ahora la FDA ha recibido informes de 50 casos de personas enfermas en 16 estados y nueve en Canadá vinculados al consumo de los melones, pero no se ha informado de muerte. Sin embargo 14 personas han sido hospitalizadas.
Los casos ocurrieron en: Arizona, California, Colorado, Georgia, Illinois, Missouri, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Ohio, Oklahoma, Oregón, Tennessee, Utah, Washington, y Wisconsin.
Las diferencias en las preferencias alimenticias de los dos sexos han quedado puestas en evidencia en la primera encuesta de FoodNet (la red de vigilancia de enfermedades relacionadas con los alimentos, perteneciente a los CDC), realizada entre mayo de 2006 y abril de 2007 entre 14.000 adultos estadounidenses.
A los participantes se les preguntó sobre sus hábitos alimenticios, incluido su consumo de alimentos de riesgo, como carne poco cocinada.
«Este es, según creemos, el mayor estudio realizado sobre las diferencias de hábitos alimenticios entre hombres y mujeres», agrega.
Estos investigadores han descubierto que los hombres prefieren, con más frecuencia, consumir carne, sobre todo de ternera, cerdo y pato, así como ciertos mariscos, como ostras y camarones.
Las mujeres también prefieren los frutos secos, como las almendras y las nueces. Al contrario que los hombres, también les atraen los huevos y los yogures.
Comidas de riesgo
Por otra parte, los investigadores observaron cuál era su conducta ante seis productos alimentarios con riesgo de producir alguna infección. Así, tuvieron que elegir entre hamburguesa poco cocida, huevos crudos o poco cocidos, ostras crudas, leche sin pasteurizar, queso hecho de leche también sin pasteurizar y brotes de alfalfa.
Los hombres con mayor probabilidad comerían hamburguesa poco cocida y huevos crudos, mientras las mujeres que las mujeres prefieren los brotes de alfalfa. Según los expertos que realizaron este estudio, los resultados pueden ser importantes para los inspectores de Sanidad ya que al entender las diferencias alimentarias entre hombres y mujeres, puede ayudar a crear nuevas estrategias saludables.
En concreto, estos expertos han incorporado diferentes clases de almidón resistente (AR) hasta lograr productos que han obtenido la «misma aceptación que sus versiones tradicionales», afirma el CSIC en un comunicado.
Teresa Sanz, investigadora del CSIC del Instituto de Agroquímica y Tecnología de los Alimentos de Valencia, asegura que en la sociedad occidental el consumo de fibra total en la dieta «está muy por debajo del nivel recomendado, y el almidón resistente es una buena alternativa a la fibra tradicional porque tiene mayor aceptación por parte del consumidor».
El AR es un almidón tratado para que llegue al intestino grueso sin digerir, de forma que actúa en el organismo como fuente de fibra. De hecho, en algunos casos llega a tener efectos beneficiosos «más notables» que las fibras tradicionales, indica el CSIC. En este sentido, Sanz señala que «disminuye la velocidad de absorción de glucosa y mejora la salud intestinal porque produce gran cantidad de butirato, un componente asociado a la buena salud del colon».
Los investigadores probaron la incorporación de AR en magdalenas y rebozado de carnes y pescados, para comprobar cómo afectaba a su estructura y a la calidad de los alimentos. En el caso de las magdalenas, para que «supieran como las de siempre, tuvimos que analizar propiedades como el grado de humedad y la dureza y elasticidad de la miga», explica la investigadora. En los rebozados «se atendió al color, la absorción de aceite y la aparición y retención del carácter crujiente de estos alimentos tras la fritura».
La conclusión del estudio es que los diferentes tipos de AR afectan de forma distinta a la calidad final del alimento y, por lo tanto, al grado de aceptación por parte de los usuarios. «Los alimentos enriquecidos con los almidones más valorados por los consumidores tuvieron la misma aceptación que sus correspondientes versiones tradicionales sin enriquecer», afirma Sanz, que corrobora que el uso de AR constituye una forma efectiva de incorporar fibra a la dieta sin sacrificar las características asociadas a la calidad del producto.
Fuente: consumer.es (5 de marzo de 2008) Autor: NATALIA GIMFERRER MORATÓ
La elaboración de conservas caseras es una práctica muy valorada por el consumidor y la llevan a cabo numerosas familias hoy en día. Entre las más frecuentes se encuentran la alsa las mermeladas o los vegetales en vinagre.
Sin embargo, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) aconseja no consumir ni preparar conservas caseras debido al riesgo de que se produzca una contaminación por patógenos.
Por este motivo, es necesario tomar medidas de prevención para evitar la proliferación de microorganismos no deseados y garantizar la seguridad del alimento.
Las bacterias responsables del deterioro contaminan fácilmente el alimento cuando las condiciones del medio son favorables para su multiplicación.
Si se conocen los puntos débiles de los patógenos puede llevarse a cabo la elaboración de conservas caseras con un mínimo riesgo<
La conserva, una vez abierta, debe mantenerse a bajas temperaturas
Uno de los puntos más importantes para elaborar conservas en casa es la correcta selección del alimento a conservar.
Su calidad debe ser óptima, se deben elegir alimentos frescos, sin golpes ni magulladuras y de tamaño similar. De esta manera, el líquido de conserva se reparte más uniformemente.
Los alimentos deben lavarse adecuadamente y eliminar los restos de tierra y del mismo vegetal. Así, se reduce notablemente la carga microbiana superficial.
Las frutas, verduras y hortalizas deben estar en su punto justo de maduración.
No pueden estar muy verdes ya que la conserva provoca la pérdida de sabor y resultarían insípidas; ni tampoco muy maduras ya que debido a la excesiva flacidez se romperían en el procesado.
La higiene debe controlarse durante todo el proceso: las manos deben estar limpias y los utensilios y envases desinfectados y bien escurridos.
La contaminación cruzada también puede ser frecuente y, para evitarla, se deben utilizar utensilios limpios para cada alimento.
Nunca deben reintroducirse en un frasco utensilios con restos de otro alimento, por mínimos que sean.
Para esterilizar todos los instrumentos utilizados se pueden hervir durante 15 minutos y, posteriormente, escurrirlos bien.
A la hora de manipularlos, nunca se debe tocar el interior del recipiente.
Para envasar las conservas se deben utilizar envases homologados para uso alimentario, y es recomendable que éstos sean de vidrio nuevos y con un buen cierre, aunque también pueden proceder de antiguas conservas industriales
Es preferible preparar las conservas en pequeñas cantidades y en envases poco profundos. Si es demasiado alto y muy profundo las capas más internas quedan privadas de oxígeno, lo que favorece el crecimiento de ‘Clostridium’.
Por ello es importante elaborar las conservas en la justa medida para que, una vez abiertas, se consuman enteras o, en su defecto, puedan conservarse en el frigorífico sin que se contamine.
Muchas veces, la contaminación puede producirse de la manera más absurda.
Un ejemplo es cuando se sospecha que el alimento está en mal estado y se prueba un poco con el dedo. En este caso, si el alimento está contaminado con la bacteria, ésta automáticamente se transmite.
Por tanto, es de vital importancia la prevención de la toxina en los alimentos.
‘Cl. botulinum’ es un microorganismo sensible al calor (se inactiva entre 80ºC y 115ºC) y sensible a pH ácidos (no se multiplica en pH inferior a 4,5).
Durante la elaboración de la conserva se deben cocer bien los alimentos (aproximadamente 120ºC) para eliminar las esporas más resistentes del patógeno.
No obstante, para asegurar la no contaminación en las conservas listas para comer es recomendable hervir los alimentos durante 10 minutos antes de consumirlos y eliminar así la toxina botulínica en el caso de haberse formado.
En los alimentos que no reciben tratamiento térmico se evita el crecimiento de la toxina modificando el valor de pH y/o de la actividad del agua.
El patógeno se inactiva a bajas temperaturas, con lo que durante los tiempos ‘muertos’, es decir, entre un paso y otro de la elaboración, se debe procurar mantener el alimento a bajas temperaturas.
No es fácil detectar la presencia de la toxina en los alimentos.
Por este motivo, lo más importante a la hora de elaborar conservas en casa es incorporar buenas prácticas de higiene, de elaboración, supervisar cada paso y dedicar una especial atención a las pautas de la receta, tratamiento térmico, temperatura durante el proceso, temperatura de almacenamiento y vida útil de los alimentos.
Se recomienda no elaborar conservas de origen animal ya que por naturaleza son muy delicadas de manipular y susceptibles a contaminación, y requieren un alto grado de control en su procesado.
Las conservas bien elaboradas y bien envasadas pueden mantenerse durante largos períodos de tiempo si se almacenan bajo condiciones favorables para garantizar su calidad.
Los lugares más apropiados son aquellos cuya temperatura no sobrepase los 30ºC o donde no dé la luz del sol de manera directa.
Cuanto mejor preservada de la luz esté la conserva, mejor se mantendrá su valor nutricional en el interior ya que se evitarán las oxidaciones de los nutrientes.
Si la temperatura es elevada, los patógenos son capaces de multiplicarse en una amplia gama de alimentos.
Las elaboraciones artesanas o comidas caseras a pequeña escala son fácilmente susceptibles de contaminación patógena.
Una vez abierta la conserva, si no se consume entera, debe mantenerse en refrigeración un máximo de siete días.
Los frascos deben ir etiquetados indicando el contenido, el peso, la fecha de envasado y el líquido conservante si es el caso, por ejemplo salmuera, vinagre o aceite.
Es importante indicar la cantidad y el tipo de producto que contiene el envase y se aconseja no mantener la conserva durante más de un año.
Una tapa abultada puede ser sinónimo de presencia de microorganismos en el interior, por lo que es aconsejable no consumir el producto, al igual que cuando los envases tienen roturas, están oxidados o abollados o se desconoce la fecha de apertura.
Fuente: consumer.es (28 de febrero de 2008) Autor: MAITE ZUDAIRE
Los derivados del azufre, conocidos como sulfitos (E220-E228), se llevan empleando hace años como aditivos conservantes. Son eficaces para prevenir la oxidación de aceites y grasas, y para mantener el color original de los alimentos evitando la decoloración o el oscurecimiento -principalmente vegetales y crustáceos- provocado por reacciones enzimáticas.
Estos conservantes también son útiles para prevenir el crecimiento de ciertas bacterias, mohos y levaduras, sobre todo en un ambiente ácido. Por este motivo, uno de sus usos es en zumos.
Está probado el papel de los sulfitos en la producción de broncoespasmo y exacerbación del asma entre el 2 y el 5% de personas asmáticas. En muchos casos, las personas que creen que sufren reacciones alérgicas por el consumo de ciertos alimentos realizan restricciones innecesarias, a menudo debido al desconocimiento de los alimentos, los ingredientes o los aditivos implicados en el proceso.
Por ello es esencial consultar a un médico especialista para obtener un diagnóstico apropiado.
También los sulfitos se encuentran de manera natural en alimentos que han sufrido un proceso de fermentación, como el vino y la cerveza, aunque las concentraciones en estos alimentos son muy bajas.
Sí que está permitida la adición de sulfitos como aditivos conservantes en los siguientes alimentos: fruta desecada, productos de bollería y pastelería con frutas desecadas, gelatinas de frutas, mermeladas, frutas glaseadas, aderezos para ensalada, bebidas (zumos, vino y cervezas), sucedáneos de carne, pescado y crustáceos, salchichas y longanizas frescas, crustáceos frescos, congelados y ultracongelados (gambas y camarones), crustáceos y moluscos cocidos, y patatas procesadas.
En esta normativa se incluye una larga lista de alimentos en los que está permitido usar sulfitos así como sus límites máximos.
También se ha establecido una Dosis Diaria Admisible (DDA), en 0,7 mg de sulfitos por kilo de peso corporal y día.
Se estima que es la centésima parte de la cantidad a partir de la cual se empiezan a observar molestias gástricas, como dolor abdominal y vómitos, entre otras. Por su parte, el Comité del Codex sobre Etiquetado de los Alimentos ha examinado los alérgenos desde 1993. En este sentido, la Comisión del Codex Alimentarius (CAC) adoptó una lista de alimentos e ingredientes que se sabe que causan hipersensibilidad y siempre deben ser declarados en las etiquetas.
Éstos son los cereales que contienen gluten como trigo, centeno, cebada, avena, trigo, centeno, escanda y híbridos de cereales; crustáceos y derivados; huevo y ovoproductos; pescado y productos derivados; cacahuetes, soja y los productos de éstos; leche y productos lácteos (incluida la lactosa); las nueces de árboles de frutos de cáscara y productos que los incluyan, y sulfitos en concentraciones de 10 mg/kg o más.
Pese a que los sulfitos afectan a una pequeña proporción de personas asmáticas, el mecanismo no está bien claro. En el organismo humano, la vía metabólica principal de los sulfitos es su oxidación y transformación a sulfatos por medio de la actividad de una enzima, la sulfitooxidasa. Esta enzima también se encarga de eliminar el sulfito producido en el propio organismo durante el metabolismo de los aminoácidos (componentes de las proteínas) que contienen azufre.
En sujetos con actividad enzimática normal, el consumo de sulfitos no presenta ningún trastorno. Sin embargo, en personas hipersensibles o asmáticas, el consumo de alimentos con sulfitos o la inhalación de dióxido de azufre, puede resultar tóxico. Estos compuestos son los responsables de la broncoconstricción que se traduce en dificultad para respirar. El único tratamiento para esta reacción desmedida es evitar los alimentos y las bebidas que contengan sulfitos. La capacitación de los pacientes con alergias alimentarias a menudo requiere la ayuda de un dietista, que les dé instrucciones claras y consejos para que aprendan a interpretar el etiquetado de los alimentos.
Respecto a los casos de asma inducida por sulfitos advierte que, aunque en los últimos años la industria alimentaria ha tratado de reducir los niveles de sulfitos añadidos, las personas con sensibilidad a sulfitos deben revisar con atención el etiquetado para evitar una exposición desmedida o imprevista.
El Código, puesto en marcha hace dos años por el Ministerio de Sanidad y Consumo en colaboración con el 90% de las empresas del sector, señala también que el recurrir en este tipo de anuncios a personajes famosos, deportistas o personajes de ficción es una estrategia poco ética porque ‘influye en el niño, que pedirá el producto con independencia de sus características’.
A pesar de que algunos anuncios incumplan las reglas marcadas, durante la inauguración en Madrid de la II Convención NAOS se concluyó que la evolución de los anuncios alimenticios es ‘positiva’.
Así lo aseguró Félix Lobo, presidente de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), que explicó cómo durante los dos años y medio que lleva actuando el Código PAOS se han resuelto 976 consultas de las empresas asociadas sobre sus anuncios de alimentos, de los que el 21% tuvo que ser modificado antes de su emisión en televisión o publicación en prensa. El porcentaje de retirada por anuncios ‘engañosos o poco éticos’ fue menor, un 6%.
Así, los anuncios de alimentos que actualmente se dirigen a niños menores de 13 años son ‘mejores’ que los de antes, según explicó Lobo. Desde el punto de vista nutricional, tienen ‘más contenidos educativos’ y evitan en mayor medida ‘el riesgo de inducción a error’. Sin embargo, muchos de ellos incurren en el ‘incumplimiento estrella’ de incluir en la promoción del producto un personaje famoso, deportista, periodista o un protagonista de ficción, estrategia que el Código PAOS considera ‘poco ética’ al considerar que ‘influye en el niño, que pedirá el producto con independencia de sus características’.
En este sentido, y para evitar este comportamiento en los niños, el código incluye también una regla que impide que en los spots aparezcan niños ‘pidiendo al padre o a la madre que le compre tal dulce o chuchería porque se considera que esto no es adecuado’.Durante el acto, se hizo saber que, a pesar de estos detalles, la mayoría de empresas asociadas al Código PAOS cumplen la normativa, excepto ‘la de los huevos ‘Kinder’ (Chocolates Ferrero)’, que ‘no está asociada y, por lo tanto, es una excepción’, recalcó el responsable de AESAN.
El Ministerio de Sanidad y Consumo ya ha manifestado en más de una ocasión la importancia que concede al problema de la obesidad. Por ello, el titular de esta cartera, Bernat Soria, explicó durante el acto que para el Gobierno reducir la obesidad es una ‘prioridad política, dada la gravedad que está adquiriendo el problema’. De hecho, según la Encuesta Nacional de Salud (2006), el 9,13% de los españoles entre 2 y 17 años son obesos, teniendo sobrepeso un 18,48%.
Ya entre los adultos, los porcentajes no son más optimistas, ya que un 15,25% posee obesidad y un 37,43% sobrepeso.Para intentar mejorar estas cifras, a partir del próximo mes de marzo Sanidad lanzará una campaña en colaboración con el Ministerio de Agricultura y la Unión Europea para promocionar el consumo de frutas y verduras en la alimentación de los españoles.De esta forma, Soria manifestó su voluntad de mejorar la alimentación de los ciudadanos para reducir la obesidad, problema que consideró ‘la epidemia del siglo XXI’.
Por otra parte, resaltó estrategias como la puesta en marcha del Programa Perseo, una iniciativa educativa para promover el buen comer y el deporte en los colegios en las seis comunidades con tasas más altas de obesidad: Canarias, Murcia, Andalucía, Extremadura, Galicia, Castilla y León, Ceuta y Melilla, y se repartieron diversos premios en reconocimiento a las mejores acciones que contribuyeron a las Estrategias NAOS.
por un lado, reflexionar sobre el tipo de consumo alimentario que queremos
y,
por otro, analizar y poner de manifiesto el esfuerzo del sector agroalimentario en su conjunto para ofrecer al consumidor alimentos de una calidad contrastada y certificada en la mayoría de los casos.
Prodecasa ha organizado esta jornada técnica de promoción de los productos agroalimentarios de calidad dentro del programa de acciones que está participado por la UE y por el MAPA.
El objetivo es doble:
por un lado, reflexionar sobre el tipo de consumo alimentario que se quiere
y, por otro,
analizar y poner de manifiesto el esfuerzo que realiza el sector agroalimentario en su conjunto para ofrecer al consumidor alimentos de una calidad contrastada y certificada en la mayoría de los casos.
La jornada fue inaugurada por la consejera de Desarrollo Rural y Medio Ambiente, Begoña Sanzberro, quien afirmó que: “Sí vale la pena pagar más por los productos de calidad y en Navarra se está haciendo una verdadera apuesta por ellos, lo que supone un gran esfuerzo y coste tanto para la Administración como para el sector”.
Al respecto, la consejera indicó que desde su departamento son ya 27 los programas de control a los que se está sometiendo a los productores navarros, a lo que se suma la aplicación de la nueva ISO 17020 y la puesta en marcha, a partir de este año, de auditorías a la cadena alimentaria.
Desde Prodecasa a través de esta jornada se invitó a la sociedad a reflexionar sobre la calidad de los alimentos producidos en Navarra y lo que representa su consumo para el desarrollo rural y socioeconómico.
Tal y como resaltó la consejera Begoña Sanzberro, todo el sector agroalimentario navarro, empezando por el productor, ofrece las máximas garantías alimentarias que todo consumidor quiere y demanda.
Mediante este panel de expertos de distintos ámbitos como la medicina, la economía y el sector agroalimentario se han ofrecido desde diferentes puntos de vista el valor diferencial que tienen los productos alimentarios de calidad y que quizá pasan inadvertidos al consumidor y a la opinión pública.
Este experto aportó los últimos datos de los estudios que lo avalan donde ya se ha confirmado que combinar una buena alimentación con no fumar y hacer algo de ejercicio no sólo alarga 14 años la vida, sino que la alarga con calidad de vida. “Es falso que los productos de calidad tengan que ser mucho más caros. Tenemos que tener claro que lo que damos a nuestro cuerpo repercute en nuestro estado físico y psíquico”.
Bernabé señaló que hay mucha desinformación y que la actitud es clave para saber comer. “Uno de cada cuatro niños españoles es obeso. Hay que formar una actitud critica ante lo que comemos desde la infancia y empezar educando en las escuelas cómo hay que comer”, indicó este experto, quien precisó que las personas que se preocupan de comer bien también se preocupan más por sus hábitos saludables.
Diana Ansorena, profesora Titular de Nutrición y Bromatología de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Navarra, realizó un análisis de lo que es una alimentación óptima y del desarrollo del marco legislativo de control de calidad de los alimentos. “Una alimentación óptima es aquella que reúne estos cuatro elementos: es equilibrada, saludable, agradable y segura”, enumeró esta experta, quien incidió en la progresiva importancia que ha adquirido el control de calidad a partir del año 2000.
“Las crisis alimentarias como las toxinas en los pollos, las vacas locas o aceites adulterados han impulsado las normativas y el control desde la CEE para la implantación de sistemas de trazabilidad, lo que representa un aumento de la confianza de los consumidores en los productos”, afirmó Ansorena.
Por su parte, Susana Velasco, Responsable de Estudios y Proyectos de AECOC, destacó el papel de los nuevos hábitos de consumo con el aumento de la inmigración, la población mayor y los hogares unipersonales. “Un 47% de los hogares españoles ya están formados por una o dos personas y el nuevo consumidor busca más que el precio que los productos le aporten un valor diferencial como puede ser la calidad, la protección del medio ambiente, no tener aditivos o ser productos ecológicos”, apuntó Velasco, quien recalcó que un 50% de los hogares españoles compra por precio, pero el resto lo hace por otros factores donde la calidad ocupa un papel destacado.
José Luis Illescas, Responsable de Precios y Mercados de MERCASA, abordó el papel de la red de distribución y los factores que influyen en la decisión de la compra. “Frente a lo que inicialmente se pueda pensar el primer condicionante en un hogar a la hora de comprar es la proximidad y la atención personalizada; en segundo lugar, la calidad y en tercer lugar, el precio”, explicó Illescas, quien resaltó la firme apuesta en el sector por la diferenciación en calidad, seguridad alimentaria, competencia y transparencia.
“Los precios hay que contemplarlos desde una perspectiva de valor por los complejos procesos de tratamiento, normalización, manipulación, etc. a los que son sometidos hoy día los productos y que en un buen número de casos representan el coste principal del producto”, indicó Illescas, quien resaltó la creciente concienciación del consumidor en materia de seguridad alimentaria y trazabilidad.
por último, José Ignacio Calleja, Secretario General de la Asociación de Industrias Agroalimentarias, expuso el valor añadido que representa para los productores la seguridad alimentaria y el reto del sector para adaptarse a las nuevas exigencias del consumidor y las normativas alimentarias.
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