Restaurante donde prime la higiene y seguridad

Restaurante donde prime la higiene y seguridadRestaurante donde prime la higiene y seguridad

Rústico o urbano, tradicional o vanguardista, sencillo o sofisticado, económico o más caro, de cocina regional o internacional son factores que deben valorarse cuando se elige un restaurante.

Sea cual sea la elección, todos deben coincidir en una cosa: los alimentos que se ofrezcan deben cumplir con los requisitos que aseguran su calidad, tanto sensorial como nutricional e higiénico-sanitaria.

La calidad sensorial en el RESTAURANTE es una de las más apreciadas por el consumidor porque es de efecto inmediato. Se elige un restaurante u otro en función del recuerdo de sus elaboraciones (sabor, olor o textura). En la primera visita, como es el caso de viajes y estancias vacacionales, la elección se realiza bien por recomendaciones previas, por cercanía o precio. A pesar de que las propiedades nutricionales y la calidad higiénico-sanitaria no son los puntos que más se valoran, sí son importantes porque influyen de manera directa en la salud.

Fuente: consumer (11 de agosto de 2011)
Por MAITE PELAYO

La primera impresión de un RESTAURANTE supone un anticipo del tipo de restaurante que es. Su situación, fachada y aspecto general, todavía sin entrar, pueden aportar información útil. Sin embargo, una vez en su interior, hay una serie de aspectos que conforman una idea bastante aproximada de la clase de establecimiento. Además de todos los posibles atributos que pueden designarse en el caso de un restaurante, se puede valorar su grado de higiene y, por tanto, el nivel de seguridad de los alimentos con solo fijarse en los siguientes aspectos:

• Limpieza del suelo en un RESTAURANTE: un suelo limpio es signo de higiene. La suciedad acumulada, como servilletas usadas, restos de alimentos y bebidas, serrín o colillas (en los países donde se puede fumar en establecimientos públicos) son un foco de riesgo alimentario que atrae insectos y propicia posibles infecciones. Por el contrario, un suelo limpio y sin suciedad es un indicador de higiene. El uso de pequeños recipientes para recoger los desperdicios generados por el cliente y evitar que estos caigan al suelo puede ser una buena solución en los bares con gran afluencia de público.

• La barra recogida y libre de vasos, tazas o platos sucios. Mantener la barra ordenada y más en las horas punta de trabajo es un arte que solo pueden conseguir los establecimientos donde prime la higiene y la organización. En la barra, restos de alimentos o vajilla, cubertería o cristalería sucias son un punto muy negativo. En las vitrinas y armarios traseros debe evitarse la acumulación de objetos accesorios innecesarios porque contribuyen a acumular suciedad e impiden realizar una adecuada limpieza.

• Pinchos refrigerados: un punto muy importante en la organización de una barra son los pinchos, que deben estar protegidos por vitrinas que eviten que caiga cualquier tipo de sustancia contaminante. Las elaboraciones que requieran frío, como sándwiches con salsas, ensaladilla rusa, huevos cocidos con mayonesa o pudines de pescado, deben estar además bajo estrictas condiciones de refrigeración hasta su consumo.

• El personal: su aspecto, vestimenta y forma de trabajar aportan una valiosa información para elegir un establecimiento según criterios de seguridad alimentaria. Su manera de actuar dice mucho acerca de su formación y puesta en práctica de materias relacionadas con la seguridad e higiene de los alimentos. Las malas prácticas, como retirar las basuras a través del interior del establecimiento, son determinantes.

• Cocina a la vista:muchos restaurantes actuales muestran sus instalaciones de cocina como un elemento más de su negocio. Nada que esconder, que en algunos casos es un arma de doble filo. Una cocina a la vista debe permanecer con un aspecto limpio y ordenado, incluso en las situaciones de mayor actividad. Además, su diseño, distribución e iluminación son aspectos que debe valorar el cliente.

• Almacén en los pasillos:el problema del espacio tiene como consecuencia la búsqueda de nuevas zonas de almacenamiento, tanto de alimentos como de otros productos necesarios para desarrollar la actividad del restaurante. Almacenes improvisados bajo escaleras o pasillos o cajas arrinconadas son un signo de un inadecuado almacenamiento y conservación. Mezclar alimentos con productos de limpieza puede tener graves consecuencias.

• Moscas e insectos: la presencia de moscas y otros insectos es un factor de riesgo añadido. Si bien es cierto que hay zonas donde tanto la climatología como el entorno favorecen el desarrollo de insectos, el establecimiento debe implantar sistemas de prevención y erradicación de plagas.

• La temperatura ambiente:además de hacer la estancia más o menos agradable, la temperatura del establecimiento es un factor de riesgo. Dado que los microorganismos se reproducen de manera vertiginosa a temperaturas muy cálidas, el calor es una situación que debe evitarse en la medida de lo posible.

• Mesas preparadas con antelación:es costumbre de algunos restaurantes preparar con antelación las mesas de las comidas o cenas para hacerlas más atractivas y animar al cliente a sentarse. Sin embargo, esta práctica puede ser peligrosa, sobre todo, en el caso de realizarse en terrazas y espacios al aire libre. Insectos, polvo u otro tipo de contaminación ambiental o microbiológica pueden comprometer la seguridad del alimento que se consuma en ellos. Cambiar platos, vasos y cubertería cuando se van a utilizar y servir las preparaciones ya emplatadas es una manera de evitar este tipo de peligro alimentario.

• La carta: junto con la variedad en las preparaciones o precios, el aspecto y estado de la carta puede resultar un buen exponente al valorar un restaurante. Desde cartas tan sofisticadas como las planteadas a través de soportes informáticos tipo tabletas, hasta las más sencillas y artesanales, la limpieza y presencia general de la carta dará una idea de la importancia que los responsables del establecimiento otorgan a la higiene. En España, la ley de prevención de anisakis obliga al establecimiento a informar al consumidor, a través de la carta, de que los productos de pesca susceptibles de provocarla se han sometido a congelación en los términos regulados por la misma.

MENÚ SEGURO EN CASO DE DUDAS

Si ya se ha realizado la elección del restaurante, pero por un motivo u otro no es del todo satisfactoria, siempre quedará el recurso de elegir las elaboraciones que, por sus características, suponen el mínimo riesgo para el consumidor. Las siguientes son las elaboraciones alimentarias según su nivel de riesgo sanitario:

• Riesgo Bajo: alimentos procesados con calor intenso en todo el producto y consumidos en caliente. Platos preparados al horno, como cordero asado, guisados y potajes de legumbres o verduras cocidas.

• Riesgo Medio: alimentos procesados con calor, pero consumidos en frío tras manipularse. Pudines de pescado, pasteles de carne o verduras, natillas y postres con crema pastelera.

• Riesgo Alto: alimentos consumidos sin procesado por calor, sobre todo, si contienen ingredientes de riesgo sanitario elevado, como huevos. Ensaladas, ensaladilla rusa con mayonesa, pescado o productos de pesca de consumo crudo como sushi, ostras o almejas de cuchillo.

El riesgo aumenta en la medida en que se incrementa el tiempo entre el cocinado y el consumo, así como en preparaciones con un cocinado poco intenso (alimentos poco hechos). Deben elegirse, por tanto, elaboraciones de nivel de riesgo sanitario medio o bajo y evitar las preparaciones caseras, tipo conservas embotadas, cuajadas o postres lácteos realizados en el propio establecimiento.

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Capacidad contaminante de los alimentos

 capacidad de un alimento CAPACIDAD de un ALIMENTO contaminante

La capacidad de un alimento para causar una enfermedad depende sobre todo del número de patógenos o toxinas que contenga.

Las enfermedades causadas por la capacidad de un alimento son, a día de hoy, uno de los problemas de salud más comunes en todo el mundo.

La gran mayoría están causadas por agentes biológicos, es decir, por bacterias, hongos o virus que contienen los alimentos en el momento de su consumo.

Su prevalencia es tan elevada, que no hay datos exactos sobre la incidencia real, ya que es muy difícil hacer una estimación global de la magnitud de este problema. Se calcula que los casos notificados de enfermedades de origen alimentario no superan el 10% de los diagnósticos reales. Estos datos indican que, pese a un sistema de información adecuado, las autoridades de salud pública conocen solo una pequeña proporción de estas enfermedades.

Fuente: consumer (13 de junio de 2011)
Por NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ

Hay tres tipologías de enfermedades relacionadas con los alimentos: la intoxicación alimentaria, ocasionada por el consumo de alimentos con sustancias tóxicas (patógenos o sustancias como restos de pesticidas o metales pesadosla infección alimentaria, causada por la presencia de microorganismos patógenos en los alimentos, que desencadenan una infección sin la presencia de ningún tóxico; y la toxiinfección alimentaria, ocasionada por el consumo de alimentos con microorganismos patógenos que, además de multiplicarse, producen toxinas que afectan al cuerpo humano. Es el caso de la bacteria E. coli enterohemorrágica, causante de la intoxicación registrada en Alemania.

Vías de contaminación alimentaria

No hay un único motivo por el cual la capacidad de un alimento causa una enfermedad en el consumidor, sino que son varios los factores que desencadenan esta situación:

Patógenos que proliferan o producen toxinas que pueden ocasionar una enfermedad.

El alimento puede resultar tóxico por el tipo y la cantidad de sustancias químicas que contiene.

El alimento puede contaminarse de manera accidental por alguna sustancia tóxica.

El alimento puede alterarse debido a la adición de sustancias para modificar alguna de sus características.

La capacidad de un alimento para provocar una enfermedad no depende solo del número de patógenos o toxinas que contiene, sino que también está muy ligada a la susceptibilidad de cada individuo. Personas con un sistema inmunológico más débil, como ancianos, niños pequeños o personas enfermas, se verán afectadas con dosis infectivas muy menores a las que afectan a los consumidores con un sistema inmune más fuerte. Un ejemplo de ello es el promedio de casos de salmonelosis, enfermedad causada por la bacteria Salmonella, cuya prevalencia de enfermedad en personas inmunodeprimidas es hasta diez veces mayor que en el resto de la población.

Los patógenos más habituales como causantes de enfermedad son:

Salmonella, Staphylococcus, Escherichia, Vibrio, Bacillus y Clostridium, virus como Norwalk y el de la Hepatitis A o parásitos como Anisakis y Triquina. Destacan también los denominados patógenos emergentes, ya que su presencia es cada vez mayor como causante de enfermedad, como Listeria y Campylobacter. En cuanto a los alimentos más habituales por su composición y características, destacan las mayonesas, los productos con huevo, repostería, carnes, quesos, pescados, moluscos y conservas.

¿Qué buscan los patógenos en los alimentos?

Por sus características propias o añadidas, los alimentos tienen una constitución que favorece que los patógenos crezcan y se multipliquen en ellos. El factor más importante es la presencia de nutrientes. Como el resto de seres vivos, los patógenos también necesitan nutrientes para vivir y la gran mayoría de alimentos que se consumen incluyen en su composición una gran variedad. Además, la mayoría de patógenos no pueden vivir sin agua y, como los nutrientes, casi todos los alimentos de consumo contienen agua, sobre todo los crudos. Otro factor que influye en la formación de patógenos es el pH, ya que los microorganismos solo pueden crecer en determinados valores de pH. En un alimento muy ácido, como el vinagre, pocas veces se detectarán patógenos. El oxígeno también influye, puesto que algunos lo necesitan para crecer y multiplicarse.

Conseguir un efecto barrera

Si se actúa sobre todas estas variables (nutrientes, agua, pH y oxígeno), se consigue limitar el crecimiento de patógenos en los alimentos o provocar un crecimiento selectivo de los microorganismos que interesa que crezcan. La actuación conjunta sobre estos factores influye de manera sinérgica y limita la proliferación de patógenos, un fenómeno denominado “efecto barrera”. En la mayoría de los casos, la forma más eficaz para la destrucción de patógenos es la aplicación de altas temperaturas, pero el tratamiento térmico no asegura la total destrucción, sino que indica en qué grado se disminuye la población inicial de microorganismos.

Es fundamental partir de materia prima con una población microbiana lo más baja posible y utilizar así un tratamiento térmico de menor temperatura o de menor duración. El tiempo juega un papel estratégico. Por término medio y bajo, a una temperatura de 37ºC, óptima para el crecimiento de bacterias, los patógenos multiplican por dos su presencia cada 20 minutos. En un alimento que tuviera una sola bacteria, pasadas ocho horas, la población bacteriana asciende a 16.777.216 ufc (unidades formadoras de colonias).

CRECIMIENTO EXPONENCIAL

Los microorganismos tienen una forma de crecimiento peculiar y característica: crecen de forma exponencial. En una primera fase, hay un crecimiento moderado o fase de latencia, en la que el microorganismo se adapta al medio. Esta primera fase será mayor o menor según el medio se adapte a las necesidades de los microorganismos. En la fase de crecimiento exponencial, estos crecen de manera muy rápida mientras haya nutrientes de los que se puedan alimentar. A medida que los nutrientes desaparecen, se ralentiza y entran en la fase de crecimiento estacionario, en la que el número de microorganismos que nacen se equilibra con el número de los que mueren.

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Contaminantes alimentarios, nuevas recomendaciones sobre su consumo

 Contaminantes alimentarios CONTAMINANTES alimentarios nuevas recomendaciones sobre su CONSUMO

La AESAN ha identificado tres casos concretos de consumo especiales de alimentos para bebés, niños y embarazadas

No dar espinacas ni acelgas a los niños menores de un año y limitarlas hasta los tres, no consumir pez espada o atún rojo durante el embarazo o la lactancia y no comer la «carne oscura» de los crustáceos son algunos de los consejos facilitados por los expertos para reducir la exposición de grupos de riesgo a ciertos contaminantes alimentarios . Aunque la fijación de límites máximos en la legislación es la medida de gestión del riesgo más eficaz, en ocasiones no supone una protección adecuada para ciertos grupos de la población considerados «de riesgo», por lo que es necesario recurrir a recomendaciones de consumo especiales para reducir la exposición de los consumidores de estas poblaciones sensibles al factor de riesgo. Esta es la afirmación de la Autoridad Española de Seguridad Alimentaria (AESAN), que ha identificado tres casos concretos en los que se consideran necesarias estas medidas. La AESAN ha emitido recomendaciones de consumo de hortalizas por la presencia de pescado por la presencia de mercurio y de crustáceos para reducir la exposición al cadmio.

Fuente: consumer (10 de junio de 2011)
Autor: Por MAITE PELAYO

Nitratos en hortalizas y verduras

Con el objeto de disminuir la exposición a nitratos en las poblaciones más sensibles como bebés y niños de corta edad, la AESAN ha realizado recomendaciones relacionadas con verduras y hortalizas, alimentos en los que los nitratos se encuentran, en mayor o menor medida, de forma natural.

Así, recomienda no incluir las espinacas ni las acelgas en sus purés antes del primer año de vida; en caso contrario, procurar que el contenido de espinacas o acelgas no sea mayor del 20% del contenido total del puré.

Entre uno y tres años no debe darse más de una ración de espinicas o acelgas al día, así como evitar suministrar Contaminantes alimentarios a niños con infecciones bacterianas gastrointestinales, más sensibles a los nitratos. Respecto a la conservación de las verduras ya cocinadas, y para evitar conversiones de nitratos a nitritos, se recomienda no mantenerlas a temperatura ambiente (enteras o en puré) y conservarlas en frigorífico si se van a consumir en el mismo día. De lo contrario, deben congelarse.

Pescado y mercurio

Respecto al consumo de pescado y la ingestión de mercurio, las recomendaciones se dirigen sobre todo a las mujeres embarazadas, en fase de lactancia y a los niños pequeños, colectivos a los cuales se aconseja tomar otro tipo de pescado y evitar las especies con mayor contenido en mercurio. En concreto, el consumo de pez espada, atún rojo y lucio deberá evitarse en mujeres embarazadas, en edad fértil o en período de lactancia, así como en niños menores de 3 años.

Respecto a niños más mayores, hasta 12 años, deberá limitarse su consumo a 50 gramos a la semana o 100 gramos cada dos semanas, y no consumir ninguno de los pescados de esta categoría en ese periodo. Sin embargo, todos los especialistas, incluida la AESAN, insisten en considerar el pescado una parte importante de la dieta dentro de una alimentación saludable.

Crustáceos y cadmio

El cadmio no tiene ninguna función biológica en el organismo pero, aunque su absorción en el aparato digestivo es baja, tiende a acumularse sobre todo en el hígado y riñón, durante un tiempo estimado de entre 10 y 30 años. Este metal pesado es tóxico para el riñón y puede llegar a provocar un fallo renal y, a largo plazo, incluso cáncer, también puede causar desmineralización de los huesos. La mayor fuente de exposición humana al cadmio es la alimentación, de ahí que sea considerado un riesgo alimentario. Por su acumulación en hígado y riñones en los animales, los niveles más altos encontrados en alimentos se dan en despojos comestibles.

También se encuentran niveles altos en marisco debido a que en muchos casos se consume el animal entero, incluso vísceras, donde se concentra el cadmio. En productos de origen vegetal, los mayores niveles se encuentran en algas, cacao, setas silvestres y semillas oleaginosas. Cabe destacar que el grupo de alimentos que más cadmio aporta a la ingesta total es el de cereales, no por contener un nivel alto, sino debido a que supone una parte muy importante de la dieta.

Para mantener los niveles de cadmio en los alimentos dentro de unos niveles aceptables para el consumidor, la reglamentación actual establece los contenidos máximos admitidos. En el caso de los crustaceos, el contenido máximo permitido, que ha sido modificado hace poco, se aplica a la carne blanca de los apéndices y el abdomen, excepto para los cangrejos y crustáceos de tipo cangrejo (centollo, buey de mar, etc.) a los que el límite es aplicable sólo en la «carne blanca de los apéndices». La presencia de cadmio en estas partes de los crustáceos se considera baja. Sin embargo, en algunos países europeos, entre los que se encuentra España, se consume, además de la parte «blanca», otras partes de los crustáceos como puede ser la cabeza de las gambas, langostinos o cigalas, y el cuerpo de los crustáceos de tipo cangrejo, cuyos niveles de cadmio son altos, debido a que el cadmio se acumula en la cabeza.

Controles especiales

Los controles realizados por la Comisión Europea durante 2009 y 2010 revelaron que los niveles encontrados en la carne del interior del caparazón de los crustáceos tipo cangrejo eran muy altos y muy variables, con unos niveles 100 veces superiores a los de la carne blanca de las patas. La situación en los demás crustáceos, como las gambas y similares, no es tan extrema como en el caso de los cangrejos y apuntan a que la ingesta de cadmio cuando se consume la cabeza supone cuatro veces la ingesta que se obtendría al consumir solo el abdomen. Los consumidores de estos productos deben ser conscientes de que el consumo de estas partes de los crustáceos puede conducir a una exposición inaceptable de cadmio, sobre todo cuando el consumo es habitual.

Por esta razón, la Comisión Europea ha instado a los Estados miembros donde hay un consumo elevado de este marisco entero a hacer recomendaciones de consumo debido al elevado contenido de este metal pesado en ciertas partes del animal. Así, la AESAN recomienda limitar a la población en general y, en la medida de lo posible, el consumo de la carne oscura de los crustáceos, localizada en la cabeza, con el objetivo de reducir la exposición de cadmio.

LOS RIESGOS

Los nitratos se encuentran de manera natural en los vegetales, sobre todo en las hortalizas de hoja verde, como las acelgas, las espinacas y la lechuga, pero también en la remolacha y el apio. Su contenido está inversamente relacionado con la intensidad lumínica del cultivo, a mayor luz, menor contenido. En sí, los nitratos son poco tóxicos. Sin embargo, su reducción a nitritos en el cuerpo humano puede originar serias afecciones en el organismo, sobre todo a elevadas concentraciones. Es el caso del llamado «síndrome del bebé azul», en el que bebés y niños de corta edad que están expuestos a altas concentraciones de nitratos a través de la dieta, presentan este característico color debido a la cianosis producida por la alteración de su hemoglobina.

El mercurio tiene una toxicidad variable en función de su forma química, tipo y dosis de exposición así como edad del consumidor. Su forma orgánica, el metil-mercurio, posee una elevada toxicidad, se disuelve de forma fácil en la grasa, llega hasta el embrión durante el embarazo y puede provocar alteraciones en su desarrollo neuronal, así como en niños de corta edad. Se encuentra de forma mayoritaria en pescados y mariscos, procedente de la contaminación medioambiental, sobre todo en grandes depredadores migratorios que lo acumulan a lo largo de su vida.

El cadmio es un metal pesado que se encuentra en el medioambiente de forma natural asociado a otros minerales de cinc, cobre o plomo, por lo que es un subproducto inevitable en las actividades mineras relacionadas con estos metales. Además, tiene muchas aplicaciones industriales, por lo que su liberación al medio ambiente se ve incrementada por la acción del hombre como en el caso de combustión de combustibles fósiles, la metalurgia o la incineración de basuras, así como por el uso de fertilizantes a base de fosfatos y de lodos residuales.

Y tiene razón porque el café, como casi todo, con moderación es incluso saludable, pero cuando se abusa (más de cuatro tazas al día) puede crear dependencia psicológica y física, además de producir inquietud, agitación, nerviosismo, excitación, insomnio, cefalea, taquicardia, diuresis, arritmias, e irritación gástrica.

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Los nutricosméticos ¿un mito o una realidad?

  nutricosméticos Los alimentos con propiedades saludables (los llamados alimentos funcionales) son ya una tendencia consolidada en el mercado. Podemos decir que es una tendencia cada vez más fuerte debido a la creciente preocupación de los consumidores por cuestiones de salud y el bienestar.

Por eso, es frecuente que importantes empresas de la industria alimentaria y renombradas farmacéuticas se alíen para desarrollar nuevos productos como los nutricosméticos que satisfagan a estos consumidores preocupados por la salud y el cuidado personal.

Fuente: ainia (1 de junio de 2011)

Dicha tendencia está así mismo abriendo nuevos caminos en el desarrollo de productos adaptados a las exigencias actuales del consumidor. Tal es el caso de los alimentos cosméticos (también llamados nutricosméticos). Estos son alimentos o bebidas que aportan beneficios relacionados con la belleza exterior, como por ejemplo, reducir los signos de la edad, mejorar el tono de la piel, eliminar y reducir las arrugas… etc. Los consumidores ya no tienen tiempo para cuidarse y buscan alimentos que indirectamente que suplan esta necesidad. Algunas de las funciones principales de estos productos son las siguientes:

Estimulan los mecanismos celulares en las capas más profundas de la piel.
Refuerzan las defensas naturales
Enriquecen el pelo y la piel con los nutrientes que necesitan para reforzar el sistema antioxidante e hidratarlos.
• En estos productos se pueden incluir ingredientes que se utilizan en los cosméticos como la coenzima Q10, ácido hialurónico, colágeno, aloe vera, jalea real…

El consumidor de nutricosméticos utiliza estos productos como un complemento a los tradicionales cosméticos, no como un sustitutivo. De hecho, tal y como revela un informe de Mintel, “Beauty foods and Beverages”, de todos los productos con propiedades funcionales lanzados al Mercado mundial en 2010 un 8% eran “beauty foods”.

Pero dentro del mercado mundial hay grandes diferencias entre los distintos países que responden a las diferencias culturales y, sobre todo, legislativas que existen entre ellos. En este sentido, es el mercado asiático el que lidera este tipo de lanzamientos. Del total de nuevos productos con propiedades cosméticas introducidos en el mercado mundial, el 76% corresponden al mercado asiático, mientras que en el mercado europeo se produjeron el 11% de los lanzamientos de este tipo de productos.

De aquí nuestra pregunta sobre si los nutricosméticos son un mito o una realidad. Depende del lugar en el que nos situemos. En el mercado asiático estos productos se encuentran mucho más desarrollados que en Europa. Prueba de ello, es por ejemplo, el lanzamiento de Nestlé en Japón de un Kit-kat con yogurt de aloe vera y con colágeno añadido que desarrolló en colaboración con Tokio Beauty Clinic.

En Europa el mercado no está tan evolucionado al respecto. Para los consumidores europeos todavía no se encuentra tan arraigada la idea de que existe una relación entre lo que se come y la apariencia externa, es decir, que lo que comemos nos puede “hacer parecer más bellos”. Además, las limitaciones legislativas reducen a solo unas pocas las declaraciones saludables autorizadas debiendo enfocarse a declaraciones nutricionales del tipo: “contiene”, “alto contenido en” o “fuente de”.

No obstante y pese a estas limitaciones, durante el último año en occidente también se han desarrollado productos que pueden incluirse dentro de la categoría de nutricosméticos, tratándose principalmente de productos lácteos enriquecidos con coenzima Q10, colágeno, ácido hialurónico o Aloe Vera entre otros ingredientes.

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Electrones acelerados mas vida carne

Electrones aceleradosUn estudio muestra la utilidad de la aplicación de electrones acelerados en la eliminación de patógenos para ampliar la vida útil de productos cárnicos listos para ser consumidos.

La oferta de productos alimentarios listos para ser consumidos se ha incrementado en casi todas las cadenas de distribución comercial debido a la mayor demanda por parte de los consumidores.

Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria, hacer que un producto alimentario elaborado pueda comercializarse como listo para ser consumido implica una serie de problemas de diversa índole.

Cualquier operación que se realice (troceado, loncheado, dosificación, envasado, etc) ayuda a incrementar los riesgos de contaminación microbiana por el entorno, los equipos de trabajo o la manipulación de los alimentos.

Fuente: eurocarne.com (20 de mayo de 2011)

Además, en algunos casos los productos listos para ser consumidos son envasados inmediatamente después de su elaboración y no puede aplicarse tratamientos higienizantes convencionales por lo que es necesario recurrir a otro tipo de tecnologías.

Con tal fin, dentro del proyecto Productos cárnicos para el siglo XXI: seguros, nutritivos y saludables 2008-2012 (Carnisenusa), se está desarrollando el subproyecto Procarte, que analiza el uso de tecnologías emergentes para garantizar la seguridad alimentaria de los productos cárnicos listos para ser consumidos.

Entre estas tecnologías se ha estudiado la aplicación de electrones acelerados a dosis muy bajas, habiéndose demostrado que se consiguen reducir los niveles de microorganismos patógenos potencialmente presentes en el producto (Escherichia coli O157:H7, Salmonella enterica serovares Enteritidis y Typhimurium, Listeria monocytogenes y Staphylococcus aureus). De esta forma se consigue garantizar la inocuidad hasta el momento de consumo.

Mediante esta tecnología Electrones acelerados mas vida útil de la carne, ni la calidad sensorial de los productos ni sus propiedades reológicas se ven afectadas aunque en algunos casos, como en los carpaccios o hamburguesas, el tratamiento provoca una decoloración no deseable, aunque es un aspecto que se está investigando.

Esta tecnología también consigue reducir la microbiota alterante de los productos, lo que consigue incrementar el periodo de vida útil (en el que puede ser consumido) el producto cárnico listo para ser consumido.

Por tanto, el uso de electrones acelerados se ha mostrado como un método eficaz para higienizar productos cárnicos RTE y procedentes de otros miosistemas. Además permite procesar un elevado número de productos al tiempo (100 bolsas de 200 g/minuto), resulta barata (15 céntimos por envase) y los resultados son constantes, sin necesidad de operaciones de preparación o postproceso. Permite además tratar los alimentos en el envase en que van a ser comercializados.

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Una vacuna de OZONO para proteger a los tomates frente a ataques de hongos

 vacuna de OZONO Exponer vegetales a un chorro de gas ozono es similar a una vacuna de OZONO contra el ataque de hongos. Lo ha comprobado un equipo de científicos que expuso tomates al ozono antes de infectarlos con esos organismos.

Fuente: Noticiasdelaciencia.com / Amazings.com (20 / 5 / 2011)

Los investigadores, dirigidos por el microbiólogo Ian Singleton y Jerry Barnes, de la Universidad de Newcastle, en el Reino Unido, han constatado que exponer tomates al ozono antes de que se infecten con hongos reduce el desarrollo de las lesiones en un 60 por ciento, y aumenta potencialmente la vida útil de estos vegetales en un lapso adicional de entre 2 y 5 días.

Los niveles de ozono a los que se expusieron los tomates fueron más o menos los que usted recibiría un día soleado al salir al aire libre, en palabras del Dr. Singleton, quien también explica que el ozono se comportó como una vacuna debido a que activó las defensas de la tomatera y la armó contra el ataque.

Los resultados de los experimentos sugieren que las «vacunas» de ozono podrían ser un buen método de alargar la vida útil de frutas, hortalizas y otros productos vegetales frescos.

Se estima que un 30 por ciento de todos los alimentos frescos acaba arrojado a la basura por culpa de la acción de microbios que los estropean antes de que hayamos tenido oportunidad de consumirlos.

La contaminación por hongos es la causa más común del deterioro de las frutas y hortalizas almacenadas, y el riesgo de contaminación microbiana aumenta con el tiempo de almacenamiento.

El uso de pesticidas en frutas, hortalizas y otros vegetales que se comen crudos mitiga la acción nociva de los microorganismos, pero suscita recelos ante el riesgo de que los eventuales residuos de pesticidas causen efectos perniciosos en la salud de los consumidores.

Los autores del nuevo estudio argumentan que el ozono es una alternativa viable a los pesticidas. Además, su uso entraña menos riesgos para los humanos, y resulta eficaz contra una amplia gama de microorganismos. Es importante destacar que no deja residuos detectables, a diferencia de lo que sucede con los métodos químicos tradicionales de preservación de productos vegetales frescos.

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colesterol el tomate

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Perfluorados PFCs están en el agua del grifo y los alimentos, y afectan la salud

perfluorados PFCsDamià Barceló es director del Instituto Catalán de Investigación del Agua (ICRA) y vicedirector del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) del CSIC, donde se realizan diversos estudios sobre la presencia de los compuestos perfluorados PFCs en el agua y los alimentos.

Se trata de sustancias químicas muy habituales en nuestro alrededor y con efectos sobre la salud, pero que a estas alturas no cuentan con una regulación específica en España.

Fuente: SOSTENIBLE.CAT (16/05/2011)
POR ANNA BOLUDA

– ¿Qué son los compuestos perfluorados (PFC)?

Son compuestos de flúor y carbono, que se utilizan mucho en detergentes, disolventes, en la industria del teflón para utensilios de cocina, el velcro, como retardantes de llama en muebles o alfombras, y también en algunos tipos de envoltorios y envases.Son productos con un uso muy amplio en la sociedad industrial. Ahora se ha limitado el uso de algunos de estos compuestos, pero otros todavía se están utilizando en gran medida.

– ¿Cómo entran los PFC en el organismo humano?

Una de las vías principales es el agua. Hasta ahora habíamos comprobado que están presentes en el agua de río y de precipitación, y ahora un estudio reciente del ICRA ha confirmado su presencia también en el agua del grifo de las siete ciudades más pobladas a lo largo del Ebro (Barcelona, Tortosa, Lleida, Logroño, Miranda, Zaragoza y Pamplona).

Las concentraciones más elevadas se han encontrado en Barcelona; era de esperar porque es el área más industrializada. Son, en cualquier caso, porcentajes que no suponen por si solos un riesgo para la salud humana.

Otra vía muy importante es la alimentación, sobre todo por los efectos de los envoltorios, y es eso lo que estamos estudiando ahora, para intentar determinar cuál sería el límite seguro de ingesta de estos compuestos. También nos llegan por el polvo, por aspiración, sobre todo en lugares con mobiliario que tiene retardante de llama.

– ¿Qué efectos para la salud tiene la presencia de PFC en nuestro organismo?

Depende de varios factores, y el peso es uno muy importante. Un recién nacido tiene mucho más riesgo que un adulto, porque depende de la cantidad de sustancia por kilo de persona. Los efectos se están estudiando, pero uno de los que se ha visto por ahora es que pueden afectar la tiroides. No se puede afirmar que todas las alteraciones de tiroides sean causadas por estos productos, pero sí que se ha visto una relación en algunos casos, sabemos que es allí donde actúan.

– ¿Qué regulación hay ahora mismo?

Se han empezado a regular los PFCs que se han utilizado más, y los que se ha visto que producían efectos sobre la salud: el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) y el ácido perfluorooctano (PFOA). Pero sólo están regulados por algunas agencias, como la agencia europea de seguridad alimentaria (EFSA), que marca el límite diario por kilo de persona de estas sustancias. Pero la directiva marco del agua, por ejemplo, no dice nada. En agua sólo está regulado en Alemania.

En España no tenemos ninguna regulación específica ahora mismo.Y la legislación va muy lenta. Primero hay que hacer las investigaciones y obtener resultados claros, demostrar que hay efectos, y después aún se tarda años hasta que se plasman en leyes. Entre otras cosas, por las presiones de las empresas que fabrican los productos. Y, además, hay que tener en cuenta que cuando se prohíbe una sustancia normalmente se sustituye por otra que, a la larga, también puede resultar tóxica.

– Estos productos tienen una larga duración. ¿Por qué?

Son contaminantes persistentes, porque son compuestos muy estables y cuestan mucho de destruir químicamente. Pueden durar años, y van pasando a través de los diferentes estadios de la cadena alimentaria. desde el agua entran en los animales, y siguen la cadena trófica, del pescado pequeño al más grande, para entendernos. Hasta nosotros. Se acumulan en los lípidos, y en humanos hemos encontrado en el suero, el hígado y la leche materna.

– ¿Qué presencia tiene en la leche materna

Hicimos un estudio con 20 mujeres embarazadas de Barcelona, de manera totalmente voluntaria y confidencial, para analizar los niveles de PFCs en la leche materna durante los 40 días posteriores al parto. Los detectamos, en la mayoría de los casos en niveles bajos. Pero una de las mujeres que participó en el estudio mostraba unos resultados por encima de los límites de riesgo. Descubrimos que se trataba de una persona que trabajaba en contacto con disolventes desde hacía años, y le rrecomendamos que no diera leche materna a su hijo, porque los valores que presentaba, ingeridos por un neonato, estaban por encima de lo que recomienda la EFSA.El estudio también analizaba fórmulas infantiles (preparados de leche para neonatos) y alimentos de cereales para bebés, y también se encontraron PFCs, seguramente provenientes del empaquetado, pero que no superaban los límites marcados por la EFSA.

Ahora estamos ampliando todos estos estudios, en colaboración con médicos y hospitales, para poder determinar como se regularán estos contaminantes.

– ¿Cómo podemos reducir la entrada de PFCs?

Una gran mayoría están relacionados con los envoltorios de los alimentos, pero todavía estamos estudiando qué tipos de envases son los que más llevan. De momento no podemos generalizar, pero se puede tratar de reducirlos. Por ejemplo, en el caso de las frutas y verduras, mejor comprarlas al por mayor que no envasadas. Y evitar la comida rápida con muchos envoltorios. También sería bueno reducir el uso de disolventes en la casa, y los productos de teflón. Y con el tiempo, estoy seguro de que los PFCs se acabarán regulando.

– En cuanto al agua de consumo humano, ¿es más recomendable beber agua mineral que agua del grifo? Y los filtros, ¿qué hacen?

No hay que preocuparse por la calidad del agua del grifo, porque pasa muchos controles y muchos tratamientos que garantizan que no conlleva ningún efecto negativo para la salud de las personas. La de río ya es otra cosa, porque se han detectado muchas sustancias que podrían ser un riesgo. Y no es que en Catalunya haya más contaminación que en otros lugares, pero aquí se ha investigado mucho y por eso sabemos más.

En cuanto al agua embotellada, depende. Si va en botella de plástico, hay que tener en cuenta que algunas tienen bisfenol-A, que es un disruptor endocrino, con consecuencias, por ejemplo, como el adelanto de la menstruación en niñas.Varios estudios en Alemania han mostrado que los envases de plástico son perjudiciales, incluidos los biberones. De hecho, ahora ya hay una empresa catalana que está fabricando biberones sin esta sustancia. Para el agua embotellada, pues, es más recomendable el envase de vidrio.

Con los filtros, hay de muchos tipos, y es importante hacer un buen mantenimiento. Pero en principio son útiles para sacar algunas sustancias. Hay que tener cuidado, pero, porque si se sacan demasiado minerales con desionización, hay que remineralizar el agua. No se puede dar un consejo general, hay que mirar caso por caso. Los de carbono, por ejemplo, son buenos para mejorar el gusto. Y sobre todo, es imprescindible seguir las instrucciones de cada filtro al pie de la letra.

Y, repito: el agua del grifo no presenta ningún problema.

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IRRADIACION de los alimentos Polémica forma de conservarlos

IRRADACION de los alimentos Polémica forma de conservarlosIRRADACION de los alimentos

Productores agrícolas, fabricantes, distribuidores y consumidores se preparan para la llegada de una nueva (aunque algunos países ya la aplican desde hace más de 30 años) prestación de la ingeniería aplicada a los alimentos: la IRRADACION

Fuente: consumer (26 de mayo de 2010)

Consiste en la aplicación de radiaciones ionizantes a frutas, verduras, carnes, pescados y alimentos precocinados, con el fin de esterilizarlos (extermina los microorganismos) y prolongar su conservación sin necesidad de frío.

La técnica consiste en pasar el alimento por una cámara de cemento blindado donde se la expone a los rayos gamma del cobalto-60 o del cesio-137.

Estas radiaciones modifican los procesos normales de las células vivientes. Así, se inhibe el desarrollo de bacterias y se retrasa la aparición de brotes en las patatas, ajos y cebollas, la maduración de las frutas y la descomposición de la carne. Con la IRRADACION masiva de los alimentos, bacterias como la salmonella o la listeria, causantes de muchas intoxicaciones, podrían quedar erradicados. Pero, a pesar de su apariencia tan positiva, la IRRADACION levanta mucha polémica, y, como casi siempre, todo varía según de quién procede la versión.

Para la industria alimentaria, es un modo eficaz y seguro de garantizar la conservación de los alimentos y de evitar la transmisión de enfermedades por vía alimentaria, eludiendo así los problemas sanitarios que alimentos en mal estado podrían causar en quienes los ingieren.

El Parlamento Europeo discute una normativa que saldrá a la luz en breve, en la que tendrá que pronunciarse sobre si estos alimentos irradiados deben llevar una etiqueta especial que los catalogue y defina como alimentos tratados con radiaciones ionizantes. Es esta una etiqueta que, según quienes aplauden y auspician esta técnica de conservación espantaría a los posibles consumidores. En cambio, para organizaciones de consumidores y ecologistas la etiqueta es una información fundamental a la hora de decidirse por un tipo u otro de conservación.

Actualmente, es obligatorio incluir en el envase de cada lote de productos un símbolo internacional con la leyenda «irradiado» o «tratado con radiaciones ionizantes», lo que no se cumple. Una encuesta del Food Marketing Institute entre 1.000 norteamericanos reveló recientemente que más del 30% de los consumidores estarían dispuestos a comprar alimentos irradiados, y que dos terceras partes de esas personas dispuestas a adquirirlos lo haría por estimar que no habría bacterias en ellos, mientras que el resto lo harían por el mayor período de conservación que permite, con la consiguiente comodidad para el consumo.

Por otra parte, el 55% de los encuestados prefería las denominaciones «pasteurización en frío» o «pasteurización electrónica» a otras que incluyeran el término «IRRADACION». En España no hay ninguna planta industrial específica que irradie alimentos, pero está permitida la comercialización de los que llegan de otros países.

Entre nosotros, hay alimentos irradiados que se pueden comprar como pescado no fresco procedente de Japón, marisco congelado de Chile, Francia o Sudáfrica, patatas de Holanda; cereales procedentes de Chequia o Francia, cacao de Brasil, frutas exóticas, especias y carnes de alto precio como salchichas de cerdo fermentadas y vacuno provenientes de Holanda o Francia.

Sí a la IRRADACION

Los defensores de la IRRADACION opinan que no supone ningún riesgo para la salud del consumidor. Evita intoxicaciones y limita el uso de conservantes químicos, aseguran. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) respaldan esta técnica, porque se abre una vía fácil y efectiva a la conservación de los alimentos, especialmente en el Tercer Mundo.

La IRRADACION de alimentos presenta hoy dos ventajas: la reducción de pérdidas de alimentos tras la recolección y la mejora de su calidad sanitaria. Un buen ejemplo es la IRRADACION de fruta fresca para eliminar ciertos insectos que causan estragos en un centenar de variedades durante su almacenamiento, retrasando además su proceso de maduración y prolongando su vida comercial útil; o también la destrucción de larvas en cereales, legumbres y semillas, que devoran, en su fase de gorgojo, grandes parte de las reservas almacenadas.

Se estima que, sólo en el Tercer Mundo, se pierden entre el 30% y el 50% de los alimentos recolectados, por lo que la IRRADACION podría suponer, según sus defensores, un gran estímulo para remediar el problema del hambre en el mundo.

La otra vertiente es la del cumplimiento de la normativa sanitaria en las características microbiológicos de los alimentos, que en ocasiones son portadores de gérmenes patógenos (salmonella, trichina, listeria, campyiobacter). También se aplica la IRRADACION con vistas a la higienización de especias para la fabricación de embutidos.

Las ciencias nucleares y las instituciones reguladoras de la IRRADACION aseguran haber previsto las salvaguardias tecnológicas necesarias para prevenir la inducción de radiactividad; es más, afirman que bastaría con que la radiación gamma utilizada procediera de fuentes isotópicas, como el cobalto-60.

No a la IRRADACION

Agrupaciones antinucleares y ecologistas afirman que la IRRADACION destruye el valor nutritivo de los alimentos y que produce sustancias muy contaminantes y difíciles de detectar. A su vez, avisan del riesgo de que si la dosis de IRRADACION adecuada se supera, puedan producirse alteraciones genéticas en los propios alimentos. En su opinión, la IRRADACION no es la panacea, ya que no puede sustituir a la higiene, al envasado, al almacenamiento y a la manipulación correctos de los alimentos. Con la técnica de la IRRADACION de los alimentos, temen sus detractores, se puede propiciar la aparición de plagas y microorganismos extremadamente resistentes. El ejemplo de los plaguicidas está ahí: se han creado variedades casi indestructibles de insectos, bacterias o virus.

Esta forma artificial y tecnológica de luchar contra los «enemigos» podría abocarnos, según las tesis contrarias a la IRRADACION, a situaciones imprevisibles en un terreno tan delicado como la salud pública. Es posible, aseguran, que las radiaciones provoquen en los alimentos una serie de cambios bioquímicos que deben valorarse en su justa medida, ya que afectan negativamente al aspecto y a las propiedades nutritivas de los alimentos.

Algunas investigaciones han descrito cambios de color en carnes, pescados, frutas y queso, modificaciones de textura en la carne por rotura de fibras, alteraciones del sabor por rotura de proteínas y por el enranciamiento de las grasas.

También se afirma que hay pérdida de calidad nutritiva, que se han descrito alteraciones de ciertas vitaminas liposolubles que se encuentran mayoritariamente en los huevos y la mantequilla.

Investigadores brasileños han dictaminado, por su parte, que la IRRADACION disminuye ligeramente el contenido de los alcaloides, responsables del sabor y de las propiedades estimulantes del café y del cacao.

Los críticos con la IRRADACION sostienen, por otro lado, que está muy poco claro que la IRRADACION pueda ayudar realmente a los países menos desarrollados, ya que éstos no pueden acceder a la carísima tecnología nuclear.

Un irradiador de alimentos puede costar entre 150 y 300 millones de pesetas.

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Irradiados Alimentos Irradiados

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Alimentos irradiados

La irradiación es un método de conservación de alimentos y no provoca ningún efecto nocivo para la salud.

A pesar de que la connotación de «producto irradiado» resulta negativa entre la población general, debe quedar bien claro que los alimentos Irradiados nada tiene que ver con la energía nuclear. De hecho, el Comité de la FAO-OMS (Food Agriculture Organisation-Organización Mundial de la Salud) emitió en su día un comunicado en el que afirmaba que «el consumo de alimentos irradiados, a las dosis autorizadas, no presenta ningún peligro para la salud de las personas».

Fuente: consumer (26 de mayo de 2010)

Se trata de una tecnología basada en la aplicación de radiaciones ionizantes capaces de eliminar microorganismos, algunos de ellos patógenos, de un amplio grupo de productos y componentes alimenticios. La técnica consiste en pasar los alimentos por una cámara de cemento blindado donde se la expone a los rayos gamma del cobalto-60 o del cesio-137. Informes científicos favorables de organizaciones como la OMS, la FAO, la FDA y el CDC (Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos), han establecido dosis seguras de radicación y recomiendan su uso como tecnología para garantizar la seguridad alimentaria de ciertos productos alimenticios.

Sólo se podrá utilizar para reducir los riesgos de enfermedades mediante la destrucción de organismos patógenos, la reducción del deterioro de los productos alimenticios, frenando o deteniendo el proceso de descomposición mediante la destrucción de los organismos responsables de dicho proceso, la reducción de la pérdida de productos alimenticios debida a procesos de maduración prematura, germinación o aparición de brotes y para la eliminación, en los productos alimenticios, de los organismos nocivos para las plantas y los productos vegetales.

¿Afecta a los alimentos?

Algunas investigaciones han descrito cambios de color en carnes, pescados, frutas y queso, modificaciones de textura en la carne por rotura de fibras, alteraciones del sabor por rotura de proteínas y por el enranciamiento de las grasas. Por otro lado, se sabe que se producen pérdidas de vitaminas hidrosolubles (C y B1 o tiamina), aunque similares a las producidas por cualquier otro tipo de aplicación de calor (cocido o hervido, etc.) y de vitaminas liposolubles A y D, por enranciamiento de grasas en productos tales como la mantequilla.

Etiquetado

Actualmente, es obligatorio incluir en el envase de cada lote de productos un símbolo internacional con la leyenda «irradiado» o «tratado con radiaciones ionizantes», lo que no siempre se cumple.

• Directiva 1999/3/EC. Normativa por la que se acepta a los alimentos Irradiados para las hierbas aromáticas secas, especias y algunos vegetales.

Actualidad ACCION del OZONO

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IRRADIACION de los alimentos

IRRADIACION de los alimentosIRRADIACION de los alimentos

La IRRADIACION de los alimentos, ¿una necesidad o un fraude?. La IRRADIACION es un tratamiento físico, por el que se aplica sobre el alimento una elevada cantidad de energía en forma de radiación ionizante.

Esto significa que se aplica sólo energía y no partículas. Es por ello que resulta muy difícil que los alimentos resulten radiactivos. Esta tecnología puede utilizarse bien para prolongar la vida comercial de los alimentos o bien para destruir los patógenos.

Fuente: consumer (26 de mayo de 2010)
Por JOSÉ JUAN RODRÍGUEZ JEREZ

En los alimentos que existe un riesgo de presencia de seres vivos (virus, bacterias o parásitos) con capacidad para desencadenar enfermedades en las personas o en los animales, permite asegurar o mejorar su inocuidad. Tal y como señala la Unión Europea, este tipo de tratamiento puede utilizarse para diferentes fines:

• Prevención de la germinación de patatas, cebollas y ajos, porque elimina las células responsables de la germinación y el envejecimiento de los vegetales.

• Desinfestación mediante la destrucción de los parásitos presentes en diferentes productos vegetales.

• Retraso de la maduración y/o envejecimiento de los vegetales.

• Prolongación de la vida comercial y prevención de las enfermedades transmitidas por los alimentos. Reduce el número de microorganismos, por ejemplo en carne o pescado, entre otros.

• Reducción del número de microorganismos en especias y hierbas.

En la práctica, el empleo de esta tecnología está muy limitada a la autorización en diferentes países y a su aceptación por parte de los consumidores. Desde un punto de vista técnico, emplea residuos procedentes de las centrales nucleares, que de otra manera no tienen ninguna función. Es una tecnología segura que no implica problemas posteriores de tipo sanitario. Sin embargo, cuenta con una mala imagen , lo que implica un rechazo a su consumo.

De la legislación europea a la situación actual

En el ámbito comunitario el empleo de esta tecnología esté regulada por diferentes directivas y queda prohibida la venta de cualquier producto que no cumpla con la normativa desde el 20 de marzo de 2001. Las directivas europeas indican que el tratamiento con radicaciones ionizantes de un alimento sólo puede ser autorizado si:

• Es una necesidad tecnológica

• Su empleo no implica ningún riesgo para la salud

• Supone un beneficio para los consumidores

• No es empleado como un sistema sustitutivo de adecuadas prácticas de higiene.

• Cualquier alimento irradiado, o que contenga componentes irradiados, ha de ser etiquetado como tal.

• Para que un alimento sea autorizado a ser irradiado y se incluya en la lista de productos autorizados es necesario que exista un dictamen favorable del Comité Científico de Alimentos (SCF) de la Comisión.

Desde 1986 hasta la actualidad el SCF ha expresado una opinión favorable para la IRRADIACION de frutas, vegetales, cereales, patatas u otros tubérculos, condimentos, especias, pescado, marisco, carne fresca, pollo, queso camembert elaborado con leche fresca, ancas de rana, goma arábiga, caseína y caseinatos, clara de huevo, copos de cereales, harina de arroz y productos derivados de la sangre.

En la situación real tenemos que o bien no se está empleando o se trata de una información que no está incluida en las etiquetas. Si este segundo apunte es el real nos encontramos que la desinformación del consumidor es elevada y, en consecuencia, podríamos estar delante de otra crisis como la de las vacas locas ya que aplicarían prácticas aceptadas pero no controladas.

Ante esta situación cabe preguntarse: ¿Se están aplicando las dosis de radiación adecuadas? Y, si se aplica esta tecnología sólo a los alimentos, ¿no ha habido mermas de higiene?.

En resumen son varias preguntas que habría que responder para poder dar confianza al consumidor sobre este sistema y, en consecuencia, sobre la seguridad alimentaria. Si tenemos en cuenta que los alimentos sólo pueden ser irradiados en instalaciones aprobadas para ese fin por los gobiernos de los diferentes países miembros, el control sería relativamente fácil, siempre y cuando en la etapa previa a la IRRADIACION se comprobase que los alimentos están correctamente etiquetados.

Bibliografía

NORMATIVA

• Directiva1999/2/EC. Esta directiva cubre los aspectos generales y técnicos para realizar el proceso, el etiquetado de los productos y las condiciones para autorizar la IRRADIACION de los alimentos.

• Directiva 1999/3/EC. Normativa por la que se acepta la IRRADIACION de los alimentos para las hierbas aromáticas secas, especias y algunos vegetales.

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