Sin embargo, son una tentación irresistible para mucha gente. Cada vez que se prueba una, es muy difícil no comer unas cuantas más. Este efecto no es meramente psicológico, sino que, tal como se ha descubierto en un estudio, tiene un componente bioquímico inesperado.
El equipo de Daniele Piomelli y Nicholas DiPatrizio, de la Universidad de California en Irvine, ha descubierto que las grasas de estos alimentos activan un mecanismo biológico sorprendente que probablemente es el principal responsable de que adoptemos una conducta glotona ante el primer bocado de patatas fritas. Los presuntos culpables son sustancias químicas naturales del cuerpo llamadas endocannabinoides.
Los endocannabinoides movilizados por las patatas fritas son similares a ciertas sustancias producidas por el consumo de marihuana.
En su estudio, Piomelli y sus colaboradores comprobaron que entre las ratas a las que se alimentó con dietas líquidas ricas en grasa, azúcar o proteína, las que se nutrían de dietas ricas en grasa tenían una reacción particular: Tan pronto como el líquido hacía contacto con sus papilas gustativas, su sistema digestivo comenzaba a producir endocannabinoides.
Esos compuestos tienen varias funciones, incluyendo la regulación de la respuesta al estrés, el estado de ánimo, el apetito y el movimiento de la comida por los intestinos. En las ratas analizadas, los endocannabinoides sólo se liberaban cuando los animales degustaban grasa, no azúcar o proteína.
El proceso se inicia en la lengua, donde las grasas en los alimentos generan una señal que viaja primero al cerebro y luego a través del nervio vago hacia los intestinos. Allí, la señal estimula la producción de endocannabinoides, lo cual provoca un aumento de señalización celular que incita a la ingestión desmesurada de alimentos grasos, probablemente mediante la liberación de compuestos químicos que nos impulsan a comer más.
Desde un punto de vista evolutivo, la existencia de este mecanismo que impulsa a consumir grasa con pocas limitaciones tiene su lógica. Los animales necesitan consumir grasas, ya que son cruciales para que las células funcionen correctamente, pero las grasas suelen ser escasas en el entorno natural. Aprovechar al máximo las pocas oportunidades de ingerir grasas que puedan presentarse, es un modo de compensar esa carestía.
En la sociedad actual de las naciones industrializadas, sin embargo, resulta muy fácil encontrar en nuestro entorno artificial alimentos ricos en grasas, y el impulso innato de darnos un atracón de alimentos grasos nos trae ahora más problemas que ventajas.
Schwartz explica que la molécula del ozono fue descubierta en 1940 y se comenzó a usar para limpiar heridas de guerra en pacientes alemanes en la Segunda Guerra Mundial, pero al aparecer la penicilina disminuyo su uso.
“Los generados de ozono que existían eran rudimentarios y no se podían dosificar las dosis a usar, pero tenía una efectividad tópica”, detalla la experta.
También se usó en la odontrología y en la cirugías, pero se siguieron realizando investigaciones sobre su uso y actualmente ha ganado una gran aceptación para el tratamiento de varias enfermedades.
La doctora explica que aquellas personas que padecen de anemia y desean someterse a esa terapia deben mejorar su nivel de hemoglobina primero y quienes han sufrido de un infarto al miocardio deben esperar un tiempo para poder aplicarse el tratamiento.
Los pacientes que están sometidos a un estrés diario o una carga de trabajo fuerte pueden llegar a sufrir de estrés oxidativo y la ozonoterapia les ayudaría mucho.
La especialista detalla que el estrés oxidativo es el desbalance entre la capacidad antioxidante del sistema de defenderse de los radicales libres o toxinas que invaden el organismo y producen las enfermedades.
Detalla que “el ozono tiene un abanico de acción tan amplio, puede usarse en varias enfermedades, ya que trabaja a nivel molecular”.
Además la ozonoterapia puede usarse contra el dolor, ya que actúa como un analgésico y antinflamatorio.“Las personas que sufren de hernias discales pueden someterse a la terapia, éste se inyecta en la zona afectada para calmar el dolor”, detalla.
Otros de los tratamiento que desarrollar en la clínica es el tratamiento regenerativo del organismo usando el plasma rico en factores de crecimiento.
El plasma se obtiene de un pequeño volumen de sangre del paciente a tratar.
Los factores de crecimiento son proteínas solubles contenidas en las plaquetas con el papel clave dentro del proceso de reparación y regeneración tisular. Esas plaquetas están en el plasma del paciente.
Además se usa en las úlceras de difícil cicatrización y se aplica de forma tópica sobre la herida.
Como cada primavera austral, el agujero de la capa de ozono está empezando a formarse, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Las primeras señales de este fenómeno han empezado a observarse y han sido recogidas en el boletín que durante estos meses la OMM publicará con las mediciones que lleve a cabo.
Las temperaturas registradas y la extensión de las nubes estratosféricas hacen prever a los expertos que el grado de pérdida de ozono este año estará en los niveles medios de la última década.
Fuente: Redacción ambientum.com (25/8/2011)
No obstante, los científicos advierten de que aún es pronto para hacer una valoración definitiva.
A mediados de agosto el agujero era normal comparado con los últimos años, un poco más grande que en 2008 y 2010 pero más pequeño que en 2009.
La OMM seguirá su evolución durante los próximos meses.
Fuente: diarioecologia.com (29/08/11)
Por Fernando Travieso
Al mismo tiempo que la demanda de alimentos no para de crecer, millones de agricultores, en un esfuerzo para expandir sus cosechas, han perforado demasiados pozos para irrigación ocasionando una caída significativa de los niveles freáticos, al punto de que en unos 20 países, donde habita la mitad de la población mundial, los pozos se están secando. La disminución de la cantidad de agua disponible para irrigación en los tres grandes países productores de cereales (Estados Unidos, India y China) es especialmente preocupante y aunque hasta ahora han logrado evitar la caída de sus cosechas, la continua sobreexplotación de los acuíferos podría cambiar muy pronto esta situación.
En los Estados Unidos, el área irrigada ha llegado al parecer a su máximo y comenzado a declinar. Una combinación del agotamiento de los acuíferos con la desviación del agua para irrigación hacia las ciudades en rápido crecimiento, ha reducido el área irrigada en los estados de California, Texas, Arizona, Colorado y Florida, donde la agricultura, la más avanzada del mundo, es altamente dependiente de la irrigación. A esto se añaden los problemas que el cambio climático está generando, los cuales, por ejemplo, están causando en estos momentos en Texas una sequía totalmente anormal; esa falta de lluvia combinada con las altas temperaturas que azotan ese estado, además de causar daños al ecosistema y pérdida de vidas humanas, han hecho perder más de 1.200 millones de dólares a su industria ganadera, la mayor de Estados Unidos.
India está enfrentando una situación mucho más difícil que los Estados Unidos. Un estudio del Banco Mundial reportó, en 2005, que la producción de cereales para 175 millones de los habitantes de ese país estaba siendo producida con sobre bombeo de agua, lo que explica que los niveles freáticos estén bajando en varios estados, incluyendo Punjab y Haryana, dos grandes productores de cereales que suplen la mayor parte del trigo y del arroz utilizado para el sistema masivo de distribución de alimentos subvencionados a los pobres de la India. El temido problema de una hambruna en la India podría estar a punto de estallar llevándose consigo el notable desarrollo económico de los años recientes.
La principal preocupación de China es la parte Norte del país, donde la lluvia es escasa y los niveles freáticos están cayendo por todos lados, lo que incluye la altamente productiva Llanura del Norte de China, la cual se extiende desde Shangai hasta más allá de Pekín y donde se cultiva la mitad del trigo y una tercera parte del maíz que se produce en el país; se estima que el sobre bombeo en esta zona hace que 130 millones de chinos estén siendo alimentados con cereales producidos con un uso no sostenible del agua. Por su parte, las ciudades chinas y su creciente sector industrial están usando una cada vez mayor proporción del agua disponible del país, tanto superficial como subterránea, y en muchos casos el crecimiento urbano e industrial sólo puede sostenerse quitándole este recurso a la agricultura.
La escasez de agua está afectando la seguridad alimentaria en el Medio Oriente y lo está haciendo a nivel de toda la región, generando conflictos internos y externos. La situación se ha tornado tan grave que Turquía le está quitando agua, mediante un masivo programa de construcción de represas en las cabeceras de los ríos Tigris y Éufrates, a los sobrepoblados y problematizados Siria e Irak. Por su parte, Arabia Saudita anunció que para el 2013 habrá agotado sus acuíferos y dependerá totalmente de cereales importados, mientras Israel prohibió la irrigación del trigo en el año 2000 y actualmente importa el 98% de su consumo de cereales. La situación de Irán es especialmente grave ya que una tercera parte de su población de 75 millones de habitantes está siendo alimentada mediante sobre bombeo, sin que su gobierno informe sobre el problema ni tome ninguna medida al respecto.
Tal vez el caso más emblemático de América Latina sea el de México, país de 111 millones de habitantes cuya situación simplemente no es sostenible, ya que por una parte, la demanda de agua está superando la oferta y por la otra, más del 50% del recurso es extraído desde acuíferos sobre bombeados, al punto de que en el estado agrícola de Guanajuato el nivel freático está bajando 2 mts. por año, mientras en el estado noroccidental de Sonora, gran productor de trigo, los agricultores que hasta hace poco bombeaban agua del acuífero de Hermosillo a una profundidad de 15 mts., hoy en día la bombean desde 150 mts.
El mundo pareció colapsarse cuando ya no quedaban CACA de PAJARO que recolectar en las islas donde apenas llueve. Y entonces un par de personas consiguieron que ya no dependiéramos de ellas. Y el mundo siguió adelante, como siempre lo ha hecho.
Fuente: genciencia (28 de agosto de 2011)
Pero vayamos por partes.
Las islas de las costas de Sudáfrica y Sudamérica, donde no hay lluvia que filtre los excrementos de los cormoranes, pingüinos y pájaros bobos, inmensos depósitos de nitrógeno y fósforo se han acumulado durante siglos. Los pájaros bobos, por cierto, son los nombres que se les dan a los alcatraces, que son parientes de los pelícanos aunque del tamaño de gallinas. Como se les puede capturar con pasmosa facilidad, se les acostumbra a llamar gaviotas bobas o pájaros bobos.
Pues bien, este guano lo utilizaban los agricultores como una suerte de fertilizante mágico, y unas 4.000 islas fueron invadidas por codiciosos norteamericanos respaldados por buques de guerra para recoger guano. Un duro trabajo que fue encomendado a miles de chinos que trabajaban día y noche, en condiciones infrahumanas, sin sueldo ni posibilidad de huir, rascando incansablemente los excrementos de las rocas.
Entre 1840 y 1880, el nitrógeno de guano marcó una gran diferencia para la agricultura europea. Pero pronto se agotaron los mejores depósitos y el miedo a que no hubiera suficiente comida para todo el mundo empezó a asomar su hocico. Por ejemplo, en 1898, el eminente químico británico Sir William Crookes dio un lúgubre discurso presidencial a la British Association titulado “El problema del trigo”, donde soltó frases agoreras del tipo que todas las civilizaciones estaban en peligro por la escasez de comida debido a la explosión demográfica y a la falta de nuevas tierras apropiadas para cultivas en las Américas.
Y entonces dos personas salvaron el mundo, al estilo Supermán (pero sin disfraces ni chulerías parecidas): Fritz Haber y Carl Bosch. Ellos fueron los inventores de un sistema para fabricar grandes cantidades de fertilizante de nitrógeno inorgánico a partir de vapor, metano y aire, tal y como señala Matt Ridley:
Fuente: consumer (5 de agosto de 2011) Por MAITE ZUDAIRE
Una lista elaborada por la Harvard Medical School incluye los diez alimentos considerados como los más eficaces para ayudar a bajar el colesterol. Forman parte de ella desde las nueces y el pescado azul a otros alimentos menos reconocidos como la berenjena, la avena, la okra y algunas frutas. La Fundación Española del Corazón contribuye en el ámbito formativo e informativo con la publicación on line de dos semanas de menús adecuados para quienes tienen hipercolesterolemia. En las distintas comidas de cada día deberían estar presentes los alimentos «aliados», combinados con el resto de los que conforman la dieta.
Avena, cebada y otros granos integrales, las legumbres, la berenjena y la okra, los frutos secos, los aceites vegetales (se podría destacar el aceite de oliva), frutas como manzanas, uvas, fresas y cítricos, la soja, el pescado graso y, en caso preciso, los alimentos enriquecidos con esteroles y estanoles y los suplementos de fibra se incluyen en la lista de los alimentos «anticolesterol». El mayor interés para el consumidor es conocer los componentes de los alimentos y los modos por los que estos son capaces de reducir el colesterol plasmático y, al mismo tiempo, aprender maneras de consumirlos, con el fin de integrarlos de forma habitual en los menús diarios.
· La avena. Aúna en su composición un conjunto de sustancias cuyo efecto ha demostrado la reducción de las tasas de colesterol plasmático: grasas insaturadas (no mucha cantidad, pero sí de buena calidad, como el ácido graso esencial linoleico), avenasterol, fibra y lecitina. El avenasterol es un fitosterol con capacidad de disminuir la absorción de colesterol en el intestino, al igual que la lecitina.
Ideas de platos con cebada: a la cebada en grano se le puede dar el mismo tratamiento culinario que al arroz, aunque le cuesta más cocerse. Algunas propuestas para probar este saludable cereal son una menestra de verduras salteada con cebada, en ensalada con arroz salvaje, calabacín y bonito o en sopa con lentejas.
· Las legumbres. Algunos fitoquímicos de las leguminosas están implicados de forma directa en la reducción del colesterol sérico y en la prevención de la formación de la capa de ateroma que degenera en enfermedades cardiovasculares. Las lectinas favorecen el transporte de colesterol sanguíneo y su metabolismo y reducen así el riesgo de acumulación en las paredes de las arterias. Las saponinas disminuyen la absorción de colesterol en el tracto digestivo, por lo que su aportación también es beneficiosa. Además, las legumbres tienen fibra e isoflavonas con efectos positivos demostrados en las dislipemias.
Ideas para consumir legumbres: en ensalada, en sopas, cremas, en forma de paté vegetal como el humus elaborado con garbanzos, guarnición de carnes o pescados.
· La berenjena, la okra y frutas como manzanas, uvas, fresas y cítricos. El efecto hipocolesterolemiante de estos vegetales se debe en parte a su aporte de fibra, un compuesto que limita y retrasa la absorción intestinal del colesterol, al favorecer la mezcla con los ácidos biliares y que el conjunto se elimine por las heces. La okra es una hortaliza poco o nada conocida en nuestro entorno, que destaca por su riqueza en fibra soluble y mucílagos. Se come cocida, cruda en ensalada o deshidratada.
· Los frutos secos, en particular las nueces. Las nueces suponen un aporte interesante de ácido alfa-linolénico, que el organismo transforma en ácidos grasos omega-3 y contiene también fitosteroles, ambos reconocidos por su papel en la reducción del colesterol.
Ideas para consumir frutos secos a diario: además de comer un puñado de nueces a diario (4-6 unidades), hay otras formas apetitosas de incorporar y alternar los frutos secos a la dieta: añadirlos a las ensaladas, a platos de arroz, pasta y cuscús, probar las cremas de untar de frutos secos (cacahuete, avellana, semillas de sésamo), preparar dulces y postres que los lleven (bizcochos, magdalenas, compotas).
· Los aceites vegetales, entre los que destaca el aceite de oliva. Este último es rico en ácidos grasos monoinsaturados (ácido oleico), vitamina E y fitosteroles, todos ellos compuestos cardioprotectores.
· La soja. El consumo habitual de soja como leguminosa (o como aceite) aporta una cantidad significativa de grasa de alta calidad nutricional -ácido linoléico y oleico-, lecitina e isoflavonas con repercusiones beneficiosas para el organismo por su eficacia reductora del colesterol sérico. Las isoflavonas, en especial la genisteína, una de las más abundantes en la soja, han demostrado ejercer una acción inhibitoria de la agregación plaquetaria y una actividad antioxidante sobre las lipoproteínas de alta densidad (LDL), lo que ayuda en la disminución del colesterol plasmático.
Ideas para consumirla: la soja en grano se puede preparar hervida o guisada, como cualquier legumbre. A partir de ella se obtienen multitud de derivados como los brotes germinados de soja, la bebida de soja, el tofu, el tempeh, el tamari o salsa de soja, el seitan -que por su aspecto se conoce como «carne vegetal»- o el miso o pasta fermentada, elaborada con las semillas de soja y que da sabor y cuerpo a sopas o cremas.
· El pescado graso. Los pescados azules tienen de media unos diez gramos de grasa rica en ácidos grasos poliinsaturados de la serie omega-3, como el DHA (docosahexaenoico) y el EPA (eicosahexaenoico), reconocidos por su capacidad para disminuir los triglicéridos plasmáticos, aumentar la vasodilatación arterial, reducir el riesgo de trombosis y la tensión arterial. Todos estos efectos se postulan como protectores de las enfermedades cardiovasculares. No obstante, su efecto sobre los niveles de LDL-colesterol y HDL-colesterol depende del tipo de paciente y de sus niveles iniciales de colesterol.
Ideas para ingerir omega-3: los expertos nutricionistas aconsejan un consumo de pescado azul fresco de dos a tres veces por semana, de 140 gramos por ración por persona y día. Es obligada la presencia en los menús semanales de pescados azules como las sardinas, boquerones o anchoas, atún, bonito, salmón, verdel o chicharro.
Los alimentos enriquecidos o los complementos dietéticos con esteroles y estanoles y con fibra se pueden contemplar como coadyuvantes del tratamiento dietético para el control de la hipercolesterolemia límite o moderada (entre 200 y 249 mg/dl), siempre bajo asesoramiento facultativo. Conviene saber que al tomarlos no siempre se resuelve el problema y que se deben hacer analíticas periódicas para comprobar la evolución de la dislipemia.
Durante la investigación, se ha rastreado una «biblioteca de ADN» de piel de tomate con el uso de suero de pacientes alérgicos al tomate. Se ha identificado un clon que se corresponde a un proteína ribosomal ácida (ARP60S), que se ha comparado con otros alérgenos descritos, lo que ha permitido comprobar que se trata de un alérgeno del tomate no identificado previamente, muy similar a alérgenos de almendra y de hongos, y con capacidad de producir alergia, aunque su importancia exacta todavía es desconocida, explicó el Ejecutivo valenciano.
Estudios anteriores de este mismo grupo de investigadores estiman que la prevalencia de sensibilización al tomate en la costa mediterránea de España es de aproximadamente un 6,5% entre pacientes alérgicos, mientras que en el mundo, la valoración de alergia a dicho alimento se sitúa en aproximadamente un 0,3%. Para el jefe de sección de Alergología del Hospital Marina Baixa, el doctor Carlos Hernando de Larramendi, esto sugiere que, como en otros tipos de alergia, existe una gran diferencia entre «estar sensibilizado» a un alimento y «ser alérgico». «Según avanzamos en nuestro conocimiento nos encontramos con nuevos interrogantes a los que responder», señaló.
Según explican los investigadores, se trata del primer conservante natural capaz de neutralizar a las bacterias gram-negativas. Este tipo de organismos, entre los que se encuentran la salmonella y la E.coli, son los causantes, en general, de que los alimentos se estropeen.
Pero además de actuar como conservante de alimentos perecederos, los científicos explican que el lantibiótico es de fácil digestión y que es difícil que las bacterias generen resistencias a él.También destacan que no presenta toxicidad y que tampoco provoca alergias.
Los investigadores ya han obtenido la patente que permite su comercialización y está previsto que lo incluyan en la composición de una gran variedad de alimentos, como carnes, quesos procesados, huevos, productos enlatados o mariscos. Sin embargo, expertos en alimentación advierten que la introducción de este compuesto en la cadena alimentaria todavía debe ser examinada en profundidad, lo que probablemente delimitará su campo de aplicación.
1. Descongelar alimentos sobre la encimera a temperatura ambiente. Los microbios patógenos, es decir, los que provocan enfermedades, pueden multiplicarse de forma rápida a temperatura ambiente si esta es templada porque están adaptados a desarrollarse y reproducirse a temperaturas cercanas a la corporal. Cuando se descongela un alimento a temperatura ambiente, sobre todo en verano, el producto atraviesa rangos de temperaturas considerados de alto riesgo. Se cumplen así las condiciones favorables para el desarrollo de los microorganismos (alimento+temperatura templada+tiempo) y lo que en un principio podría ser una pequeña contaminación incapaz de provocar un trastorno de origen alimentario, se convertirá en un importante foco infeccioso.
Para descongelar de forma segura este proceso debe realizarse a temperatura controlada bajo refrigeración y consumirse en un plazo máximo de 24 horas. Un alimento descongelado nunca debe volver a recongelarse. Si el producto no es muy voluminoso puede descongelarse en el microondas y consumirse de forma inmediata.
2. Guardar juntos en la nevera alimentos crudos y cocinados. En la nevera se tiende a optimizar el espacio de almacenamiento y aprovechar esquinas y recovecos. Este empeño provoca que a menudo los diferentes alimentos «se toquen» y puedan contaminarse unos con otros. Es lo que se denomina contaminación cruzada directa. Verduras, carnes o pescados crudos pueden entrar en contacto entre ellos o con alimentos ya cocinados e intercambiar microbios. Ya que el calor intenso higieniza, los alimentos ya cocinados pueden recontaminarse a través de verduras o carnes crudas como el pollo. Calentarlos en el momento de su consumo y templarlos en el microondas no es suficiente para eliminar la posible carga contaminante, por lo que aparece el problema de toxiinfección alimentaria.
Lo correcto es almacenar los alimentos según su estado y naturaleza: los cocinados en la parte superior de la nevera, para evitar goteos procedentes de de los crudos que deberán situarse preferiblemente en las baldas inferiores, todos ellos en envases cerrados para evitar contactos.
3. Dejar poco hechas carnes de pollo o preparaciones con huevos sin cuajar. Un alimento poco hecho en el que no se hayan alcanzado temperaturas de seguridad en todo el producto (65-70ºC), es un alimento sin higienizar por completo y en el que podrían quedar restos supervivientes de población microbiana susceptible de provocar una toxiinfección. Si a esto se añade el hecho de una espera, aunque sea breve, a temperaturas templadas hasta el momento del consumo, esta pequeña población podría reproducirse y convertirse en una cantidad importante de microorganismos capaces de infectar o intoxicar a una persona.
La solución es cuajar bien las preparaciones a base de huevos como tortillas así como cocinar a fondo las carnes de pollo u otras aves incluso en su interior y consumirlas de forma inmediata.
4. Servir la tortilla en el plato que se ha utilizado para darle la vuelta. Cuando se prepara una tortilla de patata se utiliza un plato para darle la vuelta; a menudo resulta el mismo en el que se sirve la tortilla ya cocinada. En la mayoría de los casos en este plato quedan restos de huevo crudo que pueden recontaminar la tortilla aunque ésta esté bien cuajada. Otro error muy común es pasar el plato solo por el agua del grifo y secarlo: además de ser una limpieza ineficaz y deficiente, se contamina el trapo de secado, que puede recontaminar manos o superficies.
Deben utilizarse siempre platos diferentes para alimentos crudos o semielaborados y los ya cocinados por completo. Si se va a usar el mismo plato, debe lavarse antes con agua caliente y jabón y secar con una toalla de papel de un solo uso.
5. Preparar mayonesa o preparaciones derivadas como ensaladilla rusa con antelación. Los huevos crudos pueden contener diferentes microorganismos origen de enfermedad alimentaria. Las preparaciones con este ingrediente se consideran de elevado riesgo alimentario, por lo que durante su preparación deben extremarse las precauciones de higiene. Es fundamental reducir el tiempo entre la elaboración y el consumo hasta tal punto que este deberá ser inmediato. Un error muy común es preparar mayonesa o platos con esta salsa como la ensaladilla rusa con antelación. Aún en espera cortas, refrigerar.
Lo más recomendable es preparar la cantidad justa de mayonesa y mezclarla con la ensaladilla que se vaya a consumir en esa comida y guardar el resto sin la salsa. No deben guardarse restos de salsa mayonesa o derivadas o preparaciones con ellas. Si no es el caso, es preferible utilizar mayonesa comercial ya preparada.
6. Cocinar en varias etapas. En algunas ocasiones, y según en qué recetas, se marca el plato sin terminarlo hasta unas horas después o al día siguiente. Debe tomarse especial precaución si se va a cocinar en etapas ya que un cocinado parcial puede potenciar un desarrollo microbiológico que derive en toxiinfección alimentaria. Esto se debe al proceso de calentamiento – enfriamiento con rangos de temperaturas templadas junto con el hecho de que el alimento no está del todo higienizado-, ya que no se completa hasta el final el proceso.
Cuando se prepara un plato es preferible realizarlo de un tirón y, si se hace con antelación,(algunas recetas necesitan reposar y ganan sabor de un día para otro) hay que hacerlo siempre bajo condiciones de refrigeración.
7. Dejar que los alimentos se enfríen durante un tiempo excesivo antes de colocarlos en el refrigerador. Los microorganismos que provocan las enfermedades pueden desarrollarse en los alimentos si encuentran condiciones apropiadas. En solo unos minutos a temperaturas templadas se multiplicarán de manera exponencial y adquieren poblaciones de dimensiones alarmantes. Tampoco conviene introducirlos aún calientes en la nevera porque podrían elevar la temperatura de refrigeración en el interior de la nevera y comprometer la inocuidad de los alimentos allí almacenados.
Los alimentos cocinados y calientes deben dejarse enfriar un máximo de dos horas antes de refrigerarlos o dentro de una hora si la temperatura ambiental es excesiva. Los restaurantes están equipados con abatidores de temperaturas que minimizan este riesgo y disminuye de forma rápida la temperatura de los alimentos cocinados.
8. Dejar alimentos ya preparados o sobras de un día para otro en el horno o en la encimera a temperatura ambiente. A menudo es un problema de espacio, los alimentos ya preparados bien en platos, fuentes o cazuelas quedan a la espera de su consumo sobre la encimera, la chapa de la cocina o en el horno pero a temperatura ambiente. La situación de peligro creada es alimento+temperaturas templadas+tiempo, condiciones en las que los microorganismos se desarrollan y se multiplican de forma peligrosa, sobre todo en verano. Este problema podría aplicarse también a macerados de carne o pescado que se dejan reposar a temperatura ambiente. El problema se agrava si el alimento no está protegido de la posible presencia de insectos.
Deben guardarse los alimentos ya cocinados bajo refrigeración y utilizar también este sistema para los macerados. Como norma general se guardarán las sobras de alimentos más de 48 horas y conviene hacerlo bajo condiciones de refrigeración.
9. Probar alimentos para ver si «todavía están buenos». Los microbios que causan toxiinfecciones alimentarias no son alterantes. Es lógico que hayan desarrollado la habilidad de pasar desapercibidos y no estropear el alimento en el que se desarrollan, y propiciar así su consumo y no su rechazo. Así, el alimento portador de la contaminación patógena no tiene un aspecto, olor o sabor diferentes, de ahí que sea casi imposible detectarlo cuando se prueba. Los sentidos no son fiables para valorar su estado, hay que poner los medios para prevenir que los microbios puedan desarrollarse.
Prevenir es la palabra clave: desde que el alimento se adquiere hasta su consumo, pasando por todas las etapas, deben ponerse los medios para evitar que los microorganismos lo contaminen y que, en el caso de que así sea, puedan desarrollarse. Por el contrario, todos los pasos estarán encaminados a su eliminación.
10. No lavarse las manos antes de comenzar a manipular alimentos. Es de absoluta prioridad en seguridad alimentaria. Los microorganismos presentes en las manos pueden contaminar los productos al manipularlos. Esto se debe a una contaminación previa, por ejemplo cuando se tocan objetos o superficies que antes se han contaminado o por ser ya portadores de microbios que pueden contaminar las manos bien al tocar una herida, toser, estornudar o acudir al aseo. Además, las manos son una herramienta más en la cocina y como tal pueden ser la causa de contaminación cruzada entre alimentos.
Lavarse las manos de forma adecuada antes de manipular los alimentos, así como hacerlo al cambiar de tipo de alimento o al interrumpir la actividad en la cocina, como abrir la puerta o contestar el teléfono, es la mejor medida de prevención.
Los investigadores probaron el aceite de cilantro contra 12 cepas de bacterias, incluyendo la ‘escherichia coli’, ‘salmonella enterica’, ‘bacillus cereus’ y ‘staphylococcus aureus’ resistente a meticilina (SARM). De las cepas probadas, todas mostraron una reducción del crecimiento, y la mayoría fueron eliminadas por las soluciones que contienen 1,6 por ciento o menos.
Este estudio no sólo demuestra que tiene un efecto antibacteriano, sino que proporciona una explicación de cómo funciona, algo que no se sabía hasta ahora. «Los resultados indican que el aceite de cilantro daña la membrana que rodea la célula bacteriana. Esto interrumpe la barrera entre la célula y su medio ambiente e inhibe los procesos esenciales, incluyendo la respiración, lo que conduce finalmente a la muerte de la célula bacteriana», explica la directora del estudio Fernanda Domingues.
Los investigadores sugieren que podría tener importantes aplicaciones en la industria alimentaria y médica. «En los países desarrollados, hasta un 30 por ciento de la población sufre cada año enfermedades transmitidas por alimentos. Esta investigación alienta el diseño de nuevos aditivos alimentarios que contengan aceite de cilantro para combatir patógenos transmitidos por alimentos y prevenir el deterioro de las bacterias», asegura Domingues.
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