Esa es la pregunta que un equipo de científicos está tratando de responder.
En un estudio pionero, el equipo del químico Robert Doyle, de la Universidad de Siracusa en Nueva York, ha demostrado por primera vez que una importante hormona que ayuda a que la gente se sienta «llena» después de comer puede ser llevada al torrente sanguíneo por vía oral.
En la investigación también han trabajado científicos de la Universidad Murdoch en Australia.
Esta hormona, llamada PYY, es parte de un sistema químico que regula el apetito y la energía. Cuando comemos o hacemos ejercicio, se libera PYY en nuestra sangre. La cantidad de PYY liberada se incrementa con la cantidad de calorías consumidas. Estudios anteriores ya mostraron que las personas obesas tienen menores concentraciones de PYY en sangre antes o después de comer que las no obesas. Además, la inyección intravenosa de PYY en un grupo de voluntarios obesos y no obesos aumentó los niveles de la hormona en el suero sanguíneo y redujo la cantidad de calorías consumidas en ambos grupos.
Lo que se necesita es un modo de proteger a la PYY para que pueda viajar a través del sistema digestivo manteniéndose relativamente intacta. Hace varios años, Doyle desarrolló un modo de usar la vitamina B12 como vehículo para administrar oralmente la hormona insulina. La B12 puede pasar a través del sistema digestivo con relativa facilidad, y llevar consigo insulina, u otras sustancias, hasta el torrente sanguíneo. De modo similar, su equipo de investigación añadió la hormona PYY a su sistema de transporte mediante vitamina B12. El objetivo de la primera fase de este estudio fue demostrar la viabilidad de hacer llegar una cantidad clínicamente relevante de PYY al torrente sanguíneo. Y el objetivo se ha logrado ahora.
El siguiente paso consiste en encontrar modos de introducir el sistema de B12-PYY en medios tales como un chicle o una píldora, para crear un suplemento nutricional que ayude a bajar de peso a la gente casi del mismo modo en que los chicles con nicotina son usados para ayudar a dejar de fumar.
Si se consigue, este chicle con PYY sería un modo mucho más natural que otros de ayudar a que la gente pierda peso. Las personas con kilos de más podrían tomar una comida equilibrada y luego masticar un chicle. El suplemento de PYY comenzaría a surtir efecto entre tres y cuatro horas más tarde, disminuyendo el apetito del individuo cuando estuviera cerca de la hora de su próxima comida.
La Comisión Europea planteó cuatro cuestiones a las cuales los expertos dieron respuesta. El primer punto consistió en evaluar el riesgo para la salud pública causado por las bacterias patógenas E. coli STEC y otras que pueden contaminar semillas y germinados de consumo humano. La Comisión BIOHAZ concluyó que los germinados son alimentos de elevado riesgo microbiológico, tanto por sus patrones de consumo, crudos o mínimamente procesados -ambos son productos «listos para el consumo»-, como porque existe la posibilidad de que ciertas bacterias patógenas que contaminan las semillas de origen puedan crecer y desarrollarse durante su germinación y amplificar su presencia y efectos.
Los diferentes tipos de semillas germinadas no representan el mismo riesgo de contaminación por el crecimiento de las bacterias patógenas. Los brotes de alfalfa y soja verde son los más consumidos e implicados con mayor frecuencia en los episodios alimentarios tóxicos. Salmonella y E. coli patógena (incluida STEC) son los patógenos bacterianos más frecuentes que causan toxiinfecciones asociadas al consumo de germinados contaminados. En algunos casos, como el de Salmonella, niveles de contaminación muy bajos de semillas secas (4 bacterias/kg) pueden causar toxiinfecciones asociadas a los germinados. Otras bacterias patógenas, como B.cereus, S.aureus, L. monocytogenes y Y.enterocolitica, se han relacionado también con toxiinfecciones asociadas a germinados, aunque de forma menos frecuente.
Otro punto que debe tenerse en cuenta es que los datos epidemiológicos muestran cómo una sola partida contaminada de semillas puede utilizarse en varias plantaciones de brotes, incluso en países diferentes, y causar varias toxiinfecciones relacionadas. Debido a las limitaciones en los datos disponibles, los expertos concluyen en este punto que no ha sido posible llevar a cabo una evaluación cuantitativa de riesgos microbiológicos y estimar la proporción de toxiinfecciones transmitidas por los alimentos atribuibles al consumo de las semillas germinadas contaminadas.
Los factores de riesgo más relevantes están asociados con el efecto de prácticas agrícolas en la producción de semillas y el almacenamiento
La segunda petición al Panel de expertos fue identificar, en la medida de lo posible, los factores de riesgo que contribuyen al desarrollo de bacterias patógenas STEC y otras que puedan contaminar tanto semillas como germinados. En este punto, el grupo BIOHAZ concluyó que las bacterias patógenas pueden transportarse y transmitirse a través de animales, seres humanos y el medio ambiente, y que pueden contaminar las semillas en el campo y en toda la cadena de producción de semillas germinadas. Los factores de riesgo más relevantes están asociados con el efecto de las prácticas agrícolas en la producción de semillas, el almacenamiento y distribución de agua de riego contaminada o estiércol, la presencia de aves y roedores en las instalaciones de almacenamiento, el polvo y las partículas del suelo como fuentes potenciales de contaminación.
Las condiciones de procesamiento (temperatura y humedad) que prevalecen durante la germinación de las semillas contaminadas favorecen el crecimiento y la difusión de bacterias patógenas, cuya presencia se amplifica, y deben considerarse como principales factores de riesgo. La amplia distribución de lotes de semillas es un factor de riesgo que puede aumentar la dispersión geográfica de los brotes. La precaria trazabilidad de los lotes de semillas puede retrasar las medidas adoptadas por las autoridades sanitarias para controlar los episodios toxiinfecciosos. Además, esta precariedad ocasiona dificultades para los productores de germinados en el momento de evaluar la calidad higiénica de los lotes de semillas y, por lo tanto, aumenta el riesgo del uso de semillas contaminadas en el proceso de producción. Los lotes utilizados para la germinación no son específicos para este fin, por lo que su control es aún más difícil.
Identificación de patógenos
Aún se desconocen los métodos microbiológicos de detección de patógenos emergentes en semillas y germinados, o no se aplican, lo que plantea un desafío adicional en la identificación de la fuente de las toxiinfecciones. Debido al hecho de que los germinados están listos para el consumo, la contaminación por los portadores asintomáticos de patógenos no debe excluirse como un factor de riesgo potencial. Si se tienen en cuenta todos estos factores de riesgo, el control de la higiene del proceso de producción de germinados ha sido difícil hasta la fecha.
El tercer punto solicitado fue recomendar posibles opciones específicas para minimizar el riesgo a lo largo de la cadena alimentaria, desde la producción de semillas hasta el consumo final. En este sentido, la Comisión BIOHAZ indicó que la gestión de la seguridad alimentaria basada en los principios APPCC debe ser el objetivo de los operadores que produzcan semillas germinadas, así como BPA (Buenas Prácticas Agrícolas), BPM (Buenas Prácticas de Fabricación) y BPH (Buenas Prácticas de Higiene) a lo largo de toda la cadena de producción. El análisis de peligros debe incluir la clasificación de riesgo de los productos básicos, las regiones de origen y los operadores y proveedores de semillas. En la producción de semillas germinadas, puede ser difícil definir los puntos críticos de control (PCC), incluidas las medidas de control de riesgos y los límites críticos y su control. La prevención de contaminación de las semillas es muy importante por la larga supervivencia de las bacterias patógenas en las semillas y su multiplicación en la producción de germinadas. La descontaminación antes de la brotación se practica en algunos Estados de la UE como una medida de mitigación de riesgos adicionales, en el marco de una estrategia de intervención conjunta.
Sin embargo, ningún método de descontaminación está disponible para asegurar la eliminación de patógenos en todo tipo de semillas, sin afectar la germinación de semillas o brotes de rendimiento. La seguridad y eficacia de diferentes tratamientos de semillas de descontaminación (química, tratamiento térmico, la irradiación sola o en combinación) deben evaluarse de forma armonizada en la UE. Es necesario mantener una cadena de frío de los brotes desde el final de la producción al consumo para limitar el crecimiento de bacterias patógenas. Todas las partes interesadas, incluidos los consumidores y quienes practican la germinación en casa, en todos los eslabones de la cadena de producción, deben conocer los riesgos de seguridad alimentaria planteados por las semillas germinadas.
Pruebas microbiológicas
Por último, la CE solicitó al Panel de expertos comunitarios en riesgos biológicos recomendar, si se considera pertinente, los criterios microbiológicos de semillas y germinados, así como del agua y otros materiales que puedan contaminar las semillas y los brotes a lo largo de la cadena de producción. El grupo BIOHAZ indicó que las pruebas microbiológicas por sí solas pueden dar una falsa sensación de seguridad debido a la limitación estadística de los planes de muestreo. Un resultado negativo de la muestra no garantiza la ausencia del patógeno en el lote de prueba, sobre todo cuando está presente en escasa prevalencia o repartido de manera heterogénea.
No es posible evaluar el grado de protección de la salud pública proporcionada por criterios microbiológicos específicos para las semillas y las semillas germinadas. Esto pone de relieve la necesidad de recopilación de datos para realizar una evaluación cuantitativa del riesgo. Los criterios microbiológicos, además del diseño de planes de muestreo para las bacterias patógenas, deben considerarse como uno de los componentes del sistema de gestión de seguridad alimentaria para toda la cadena de producción de semillas germinadas.
El Panel expone que se debe considerar el desarrollo de nuevos o la revisión de criterios microbiológicos aplicables a los actuales agentes patógenos más asociados a los germinados, como Salmonella o E. coli enteropatógeno (no hay criterios para los patógenos E. coli en la actualidad). Los criterios microbiológicos para Salmonella, E. coli patógeno, y L. Monocytogenes podrían considerarse para las semillas antes del inicio del proceso de producción, durante la germinación y en el producto final.
La advertencia la lanza el informe «El estado de los recursos mundiales de tierra y agua para la alimentación y la agricultura», elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).
El estudio sobre la seguridad alimentaria indica que si bien en los últimos 50 años se ha producido un aumento notable en la producción de alimentos, en demasiados lugares los logros se han asociado a prácticas de gestión que han degradado las tierras y los sistemas hídricos de los que depende la producción de alimentos. Así, muchos de esos sistemas corren el riesgo de pérdida progresiva de su capacidad productiva por una mezcla de excesiva presión demográfica y prácticas y usos agrícolas insostenibles.
Desde el punto de vista del hambre y la pobreza, las consecuencias de esta degradación de la integridad ambiental y su capacidad productiva «son inaceptables», por lo que debe acometerse ya una acción correctiva, urgió el director general de la FAO, Jacques Diouf.
El documento de la agencia de la ONU asegura que nunca ha sido mayor el reto de proporcionar alimentos suficientes para un planeta que cada vez tiene más hambre, en especial en los países en desarrollo, donde son menos abundantes las tierras de buena calidad, los nutrientes del suelo y el agua. Un 40% de las tierras degradadas en el mundo están en zonas de elevadas tasas de pobreza, un 30% en zonas que tienen niveles moderados de pobreza, mientras que un 20% se encuentra en áreas de bajas tasas de pobreza.
La FAO estima que para 2050, el crecimiento demográfico y el aumento de los ingresos exigirán un incremento del 70% de la producción mundial de alimentos. Esto equivale a una producción anual de otros 1.000 millones de toneladas de cereales y 200 millones de toneladas de productos pecuarios.
Para que mejore la nutrición y retrocedan la inseguridad alimentaria y la subnutrición, la producción agrícola futura tendrá que crecer más rápidamente que la población y las pautas de consumo tendrán que adaptarse, indica el informe. Más de cuatro quintas partes de las ganancias en materia de producción deberán producirse en gran parte en las tierras agrícolas de hoy a través de una intensificación sostenible que haga un uso eficaz de los recursos de tierras y aguas, pero que no produzca daños, añade.
FUENTE | El País (15/11/2011) Autor: Elena G. Sevillano
Investigadores británicos han descubierto que los picos de contaminación pueden acelerar los infartos de miocardio, según un estudio publicado en el British Journal of Medicine. Sus autores analizan la relación entre la polución atmosférica y este accidente coronario y concluyen que el riesgo de sufrir un infarto es mayor durante las seis horas posteriores a la exposición al aire contaminado.
El estudio, publicado el 20 de septiembre pasado, analiza los diagnósticos de infarto de miocardio de cerca de 80.000 pacientes coronarios de 15 áreas de Inglaterra y Gales producidos entre 2003 y 2006. Los investigadores cruzaron estos datos con la información horaria sobre contaminación ambiental de las zonas de residencia de estos pacientes. El resultado fue que encontraron una relación entre los niveles de polución y los infartos. A peor calidad del aire en una hora determinada, más casos en las seis horas siguientes. «Creemos que podría deberse a que estas personas iban a sufrir un ataque cardíaco posteriormente, pero se adelantó unas horas o unos días», explica a través del correo electrónico Krishnan Bhaskaran, investigador de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y autor principal del estudio. «La contaminación desencadenaría ataques al corazón que iban a producirse igualmente», añade.
El estudio mostró también que después de esas seis horas el riesgo de sufrir un ataque desciende, lo que confirmaría la tesis de que la contaminación desencadena, o acelera, un infarto que iba a suceder de todos modos. Los investigadores estudiaron los datos de varios contaminantes, pero únicamente encontraron relación con los ataques en el caso del dióxido de nitrógeno (NO2) y de las partículas en suspensión PM10. ¿Hay algún umbral a partir del cual los niveles de contaminación son peligrosos? Bhaskaran explica que el estudio no lo define. «Lo que nosotros hemos calculado es una relación lineal entre polución y riesgo de infarto, es decir, a niveles más altos de contaminación, mayor riesgo en las siguientes seis horas», afirma. El estudio detalla en las conclusiones que el riesgo de sufrir un ataque aumenta entre un 1,1% y un 1,2% (para las partículas y para el NO2, respectivamente) por cada incremento de 10 microgramos por metro cúbico de contaminante en el aire.
¿Cuál es el mecanismo por el que respirar aire contaminado puede desencadenar un infarto? «Se sabe por estudios experimentales en animales y también en personas que la exposición, sobre todo a partículas, produce una disfunción endotelial. Las arterias pierden capacidad vasodilatadora», explica Barrabés. El aire sucio provoca o acelera la trombosis también porque actúa sobre las plaquetas, las células sanguíneas que inician este proceso. «La inhalación de humos hace que se activen, que se hagan más reactivas y aumente la facilidad para que se adhieran entre sí y se peguen al endotelio», precisa. Así es como se forman los coágulos.
«Para una persona individual es riesgo es mínimo, pero desde el punto de vista poblacional el día de mucha contaminación se producen muchos más casos de infarto que otros días», señala Barrabés. «Además, hay estudios que sugieren que la contaminación también es perjudicial a largo plazo porque favorece la progresión de la arteriosclerosis», añade.
«Las personas vulnerables deberían comprobar las previsiones de niveles de polución y evitar las zonas muy contaminadas y el ejercicio intenso cuando haya picos», recomienda Bhaskaran.
Así lo indican los resultados de un nuevo estudio, el cual aporta la primera evidencia clara de cómo los aerosoles (hollín, polvo y otros materiales particulados) presentes en la atmósfera pueden afectar a la meteorología.
Los resultados de esta investigación atañen de manera especial a la disponibilidad, gestión, y uso de recursos hídricos en regiones de diversas partes del mundo.
Utilizando una base de datos de diez años de mediciones atmosféricas, el equipo de Zhanqing Li, Feng Niu y Yanni Ding, de la Universidad de Maryland, Jiwen Fan, del Laboratorio Nacional del Pacífico Noroeste, Yangang Liu del Laboratorio Nacional de Brookhaven, las tres instituciones en Estados Unidos, y Daniel Rosenfeld, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha descubierto la influencia neta y a largo plazo que los aerosoles ejercen sobre la altura y grosor de las nubes, y los cambios resultantes en la frecuencia e intensidad de las precipitaciones.
La comunidad científica ha sabido desde hace mucho tiempo que los aerosoles influyen en el calentamiento y en los cambios de fase, como la condensación y la congelación, en las nubes, y que pueden tanto inhibir como intensificar las nubes y las precipitaciones.
Lo que no se había conseguido determinar hasta ahora era el efecto neto de ese conjunto complejo de influencias.
El nuevo estudio muestra que la materia particulada fina, mayormente fruto de la polución atmosférica, dificulta que se produzca la lluvia suave, y por otra parte exacerba las tormentas severas. Se trata pues de un efecto a dos bandas, y que es pernicioso en ambas.
Lo puesto de manifiesto por el nuevo estudio hace más urgente aún la necesidad de controlar las emisiones contaminantes de azufre, nitrógeno e hidrocarburos.
Ahora, unos investigadores han desarrollado un modelo digital que explica mejor cómo las bacterias se mueven en «enjambres». Y este modelo puede ser aplicado a tecnologías desarrolladas por el Ser Humano, como ordenadores, robótica, e inteligencia artificial en general.
Fuente: Noticiasdelaciencia (23 dic. 2011)
La investigadora Adi Shklarsh, con la colaboración de Eshel Ben-Jacob, ambos de la Universidad de Tel Aviv, Gil Ariel de la Universidad de Bar-Ilan, y Elad Schneidman del Instituto Weizmann de Ciencia, las tres instituciones en Israel, han descubierto cómo las bacterias recopilan colectivamente información sobre su entorno y encuentran el modo óptimo de proliferar, incluso en los entornos más complejos.
Estudiar los principios de la navegación de las bacterias permitirá a los investigadores diseñar una nueva generación de robots inteligentes que puedan formar enjambres inteligentes, o ayudar al desarrollo de microrrobots médicos utilizables para hacer diagnósticos o para distribuir con gran precisión medicamentos en el cuerpo, entre otras aplicaciones.
Las bacterias no son los únicos organismos que viajan en grupo. Peces, abejas y aves también realizan desplazamientos colectivos coordinados. Pero como organismos simples, con receptores menos sofisticados, las bacterias no están tan bien equipadas para lidiar con grandes cantidades de información o «ruido» en los entornos complejos por los que se desplazan, como por ejemplo los tejidos del cuerpo humano. Se pensaba que las bacterias estarían en desventaja al ser comparadas con otros organismos que viajan en grupo.
FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A. (22/12/2011) Autor: R. I.
Siendo un poco exagerados se podría decir que la propia medicina ha ayudado a crear una superbacteria. Parece que al atacar a la bacteria se refuerza su capacidad para hacer frente a las defensas naturales del hombre. «Hasta donde sabemos, es la primera vez que un organismo con estas capacidades aparece en la naturaleza», dice Manu Vanaerschot, autor del trabajo.
El equipo de Vanaerschot se ha centrado en el parásito Leishmania, un organismo unicelular que ya ha sorprendido a los científicos antes, ya que es un experto en la adaptación a diferentes ambientes. Este parásito causa la leishmaniasis, una de las enfermedades parasitarias más importantes después de la malaria, que afecta a unos dos millones de personas en 88 países – incluidos los europeos – y cada año mata a cincuenta mil de ellos. El parásito se transmite por la picadura de una mosca.
En la India, donde se producen la mayoría de los casos, la enfermedad ha sido tratada durante décadas con compuestos de antimonio. Como era de esperar, el parásito se ha adaptado a la presión constante de los medicamentos. En 2006, el tratamiento se cambió, ya que dos de cada tres pacientes no respondían. Los fármacos de antimonio actúan íntimamente con el sistema inmune humano, lo que probablemente ha facilitado que Leishmania donovani genera un mecanismo de defensa contra ambos. No sólo se ha hecho resistente contra los fármacos, sino también más resistente a la respuesta inmune del huésped.
Aunque no se puede demostrar totalmente -entre otras cosas, porque, obviamente, no se puede experimentar con seres humanos-, todo apunta a que las cepas de Leishmania resistentes no sólo sobreviven mejor en los seres humanos -tienen un mayor fitness- sino que también poseen una mayor capacidad para promover la enfermedad -una mayor virulencia- que las cepas no resistentes.
¿SUPERBACTERIA?
Es la primera vez que los científicos encuentran un organismo que se beneficia de su capacidad de resistencia. Normalmente la resistencia sólo es útil cuando un agente patógeno es atacado por los medicamentos, mientras que el resto del tiempo es perjudicial para el organismo.
Por suerte, la resistencia ayuda a los patógenos sólo en un ambiente lleno de fármacos, por lo que su capacidad de diseminación es muy limitada. Pero esta regla, también la quebranta esta cepa de Leishmania: incluso en ausencia de medicamentos, el parásito resistente sobrevive mejor, en vez de empeorar, y es más virulento que el parásito no resistente.
La cuestión es si nuestros medicamentos han creado una superbacteria. Una pregunta legítima, pero este único caso no implica que tengamos que dejar de desarrollar nuevos medicamentos. Al contrario, dicen los autores del trabajo, debemos crear fármacos más nuevos para dar nuevas respuestas a las estrategias de adaptación de los agentes patógenos y, además, debemos proteger a los fármacos, por ejemplo, al usarlos en terapias de combinación. Debemos utilizar con sabiduría nuestros fármacos para reducir al mínimo las posibilidades de los agentes patógenos de que generen la resistencia.
El descubrimiento, publicado en la última edición de la revista «Science», muestra que la manera en que las células de micobacteria se dividen y crecen determina su susceptibilidad al tratamiento con fármacos. Los resultados podrían conducir a nuevas vías de desarrollo de fármacos que combatan mejor las células de la tuberculosis.
Fuente: consumer (18 de diciembre de 2011)
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa que mata a más de un millón y medio de personas cada año. Es una enfermedad difícil de tratar, a las personas se les receta una combinación de antibióticos que toman diariamente durante nueve meses, un régimen difícil de seguir para los pacientes y de administrar para las enfermeras y los médicos. Incluso después de haber comenzado el tratamiento parece que algunas de las células infecciosas sobreviven durante largos periodos de tiempo.
«Hemos encontrado que las consecuencias de los patrones simples e inesperados de crecimiento de las micobacterias, así como su división, significan que algunas células bacterianas tienen la capacidad de sobrevivir frente a los antibióticos», dijo Bree Aldridge, coautor del estudio. Los investigadores de la HSPH se dispusieron a determinar lo que diferencia a una célula que vive de una que muere. Diseñaron una cámara única de microfluidos en el que crecieron células de Mycobacterium smegmatis (que se comportan de manera similar a las células de tuberculosis) y filmó su crecimiento con un sistema de imágenes de células vivas.
Los investigadores pensaban que las células de M.smegmatis se dividen de forma regular en células hijas de tamaño similar, como hacen otras bacterias como la E.coli. En su lugar, se sorprendieron al encontrar que las células hijas de M.smegmatis fueron increíblemente diversas, con un tamaño y tasas de crecimiento muy variables. Encontraron que esta diversidad se debe a que M.smegmatis crece de una manera inusual, con el alargamiento de un solo extremo. Cuando una célula madre asimétrica se divide, crea células hijas que son muy diferentes una de otra en aspectos fundamentales, incluidas las propiedades de su crecimiento.
Los autores especularon que estas subpoblaciones fisiológicamente distintas de las células se traducen en diferencias en la susceptibilidad a los antibióticos, que apuntan a procesos esenciales para el crecimiento y la división. Para probar esta hipótesis, se trataron las células con diferentes tipos de antibióticos y observaron cómo respondieron las subpoblaciones de células hija. Los resultados mostraron que células hijas diferentes exhiben diferentes susceptibilidades a los tratamientos, una fuerte evidencia de que las poblaciones de células micobacterianas contienen células inherentemente tolerantes a los antibióticos, y proporcionaron una posible hipótesis de por qué la tuberculosis es una enfermedad tan difícil de tratar. Los investigadores esperan que estos hallazgos lleven al desarrollo de regímenes de tratamiento en los que los antibióticos se combinen para dirigirse específicamente a las subpoblaciones de células tolerantes.
La actividad de las bacterias de la flora puede, incluso, afectar a nuestra misma felicidad
Si hay una actividad humana que nos ha proporcionado sorpresas literalmente de talla cósmica, esa ha sido la ciencia. Desde el descubrimiento de que la Tierra gira alrededor del Sol, y no al revés, pasando por el descubrimiento de que los átomos son más huecos que una mosca volando en el centro de una catedral vacía, la ciencia no ha dejado de modificar nuestros conceptos sobre el mundo, y también sobre nosotros mismos.
Y precisamente el concepto que tenemos sobre nuestro cuerpo puede tener que modificarse debido a nuevos descubrimientos científicos, no sobre el propio cuerpo, sino sobre las bacterias que lo habitan.
Fuente: cienciaes.com (2011/11/20) Por JORGE LABORDA
Como es sabido, cientos de especies de bacterias colonizan prácticamente todas las superficies de nuestros cuerpos, sean estas externas (piel, boca…) o internas (intestinos, vagina…). Las bacterias superan a nuestras células en una proporción de diez a uno, por lo que muchos científicos comienzan a considerar a los humanos no como un simple organismo, sino como un conjunto complejo de organismos, un sistema de células que conviven en una, a veces, frágil harmonía.
Pero tampoco es cuestión de exagerar. Ya es suficiente con que la ciencia haya acabado con el ser humano como rey de la creación, y que haya descubierto que descendemos del mono o que nuestro cerebro no sea el mejor equipado del reino animal. ¿Acaso el hecho de que estemos colonizados por bacterias quiere decir que dichos microorganismos afectan lo que somos?.
Es muy pronto todavía para responder a esa pregunta. Sin embargo, los últimos estudios realizados tanto con seres humanos como con animales de laboratorio sugieren que las bacterias hacen mucho más que vivir tranquilamente sobre nuestra piel o en nuestro intestino. Su actividad afecta nuestra biología, a nuestra salud corporal, y puede, incluso, afectar a nuestra misma felicidad.
BACTERIAS PROTECTORAS
Es bien conocido que las bacterias amigables que habitan nuestro intestino evitan que este sea colonizado por bacterias que podrían causarnos infecciones graves. También se ha demostrado que algunas bacterias de nuestra boca son beneficiosas y nos protegen del desarrollo de caries dentales.
Diversas especies bacterianas también colonizan la superficie interna de la vagina. Estas bacterias suelen ser del tipo Lactobacillus, como las que se encuentran en el yogur, que fabrican elevadas cantidades de ácido láctico. Este ácido genera un entorno hostil para otras bacterias y protege, por tanto, de infecciones bacterianas que causan enfermedades o, cuando menos, serias molestias.
Igualmente, determinadas especies de bacterias, como la denominada B. fragilis, producen sustancias antiinflamatorias que ayudan a mantener a raya enfermedades crónicas del intestino causadas por una respuesta inmunitaria descontrolada. Las sustancias producidas por estas bacterias mantienen inactivadas a determinadas células del sistema inmunitario, causantes de la inflamación. En ausencia de B. fragilis, la inflamación puede causar graves problemas intestinales y digestivos. Lo interesante de esto es, además, que las sustancias antiinflamatorias son también beneficiosas para esta bacteria y ayudan a que B. fragilis no sea atacada por el sistema inmune. No obstante, esta bacteria no causa enfermedad.
MICROBIOLOGÍA DE LA FELICIDAD
Pero las bacterias que nos habitan pueden manipular algo más que el sistema inmune. Los últimos estudios con animales de laboratorio indican que pueden manipular nuestra actitud frente a la vida e incluso influir en nuestro estado de ánimo y nuestra felicidad. Así, ratones que han crecido en un entorno libre de bacterias son más temerarios y toman mayores riesgos que los que han crecido en un entorno bacteriano normal. Los ratones libres de bacterias son también más activos. Estos efectos pueden ser eliminados si se inocula bacterias a los ratones en su infancia, pero no si se inoculan las bacterias en la edad adulta, lo que indica que los efectos de las bacterias sobre la actividad cerebral que afecta a esos comportamientos suceden temprano en la vida.
Un último estudio publicado en la revista Proceedings demuestra que un tipo de bacteria intestinal amistosa, llamada Lactobacillus rhamnosus, afecta al estado de ansiedad de los ratones de laboratorio. Los animales con niveles normales de esta bacteria son menos ansiosos que los que carecen de ella en su intestino. Esta menor ansiedad se acompaña de menores niveles de hormonas de estrés en la sangre y de diferencias en los niveles de algunos neurotransmisores cerebrales, es decir, los efectos son bien reales.
Fuente: www.xatakaciencia.com (20 de diciembre de 2011) Por Sergio Parra
Por ejemplo, el buscador Google no genera una cantidad de dióxido de carbono tal y como lo haría una biblioteca de semejante tamaño. Pero lo hace. Y más de lo que imagináis. Una simple búsqueda en el buscador genera unos 7 gramos de dióxido de carbono. Para que os hagáis una idea de la cifra, hervir una tetera produce unos 15 gramos. Y es que Google funciona mediante electricidad, y la electricidad es real.
La electricidad se genera principalmente mediante la combustión de combustibles fósiles como carbón, petróleo o gas. Una simple búsqueda en Google contribuye en el cambio climático del planeta. El mundo digital acarrea unos costes directos e indirectos que aún se están calculando. Google, por supuesto, ha replicado con datos que evidencian que su consumo es menor que el anteriormente dicho, que fue publicado por un doctor en Física de la Universidad de Harvard, Alex Wissner-Gross.
Como también pone en duda otro rumor que corre por ahí que advierte que si el fondo del buscador fuese en negro en vez del actual blanco, se ahorrarían miles de euros al año. La teoría no es consistente, pues se basa en cálculos de consumo energético de pantallas CTR, las de tubo de toda la vida. Hoy en día, sin embargo, el 75 % de los consumidores ya usan pantallas planas TFT, que no diferencian su rango de consumo por el color de los fondos.
Las tecnologías de la información (TIC) son responsables del 2% de las emisiones que contribuyen al efecto invernadero. Ahora, una agencia francesa ha realizado un estudio sobre el impacto ambiental de tres usos básicos de Internet y las nuevas tecnologías: los correos electrónicos, las búsquedas y la transmisión de documentos por USB y ha constatado que la contaminación podría ser incluso mayor. Según el informe, “reducir un 10% el envío de correos en una empresa de 100 trabajadores supone un ahorro de una tonelada de CO2 al año”.
El estudio también ha calculado el efecto de la lectura de un documento de 200 páginas transferido mediante un dispositivo USB de 512 megabytes. Si se calcula el tiempo de lectura de cada página en tres minutos y que cien personas leerán el documento completo, las emisiones relacionadas con la transmisión de dicho documento suponen el equivalente a 80 kilogramos de CO2.
Una persona influye en la ecología. Pero una persona virtual, una maraña de bits, como son los avatares del mundo paralelo de Second Life, consume tanta electricidad como el ciudadano brasileño medio, según el artículo de Tyler PaceDigital life identity crisis: tales of security and sustainability.
Para que los mundos virtuales existan primero hay que construir ordenadores, y eso también supone mucha contaminación. Un reciente estudio demuestra que fabricar un chip es cientos de veces más contaminante que producir un coche: para elaborar un microprocesador se requieren 32 litros de agua, 1,6 kilos de combustibles derivados del petróleo, 700 gramos de carbono y otros gases y 72 gramos de diversas sustancias químicas, según un estudio del el Instituto económico INSEAD (the European Institute of Business Administration), la Universidad United Nations de Tokio y la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos, del que se hizo eco Science. No sólo estas sustancias son muy contaminantes, además, la relación entre la cantidad de materiales y el microchip terminado (que pesa dos gramos) es muy alta, 1:630. En el caso de un coche esta relación es de 1:2. Grandes cantidades de elementos tóxicos para algo minúsculo.
De toda la electricidad que consume un ordenador a lo largo de su vida (considerando que son unos 3 años), el 83% se utilizó en el proceso de producción y el 17% restante es la electricidad que consume en su uso diario.
La producción de los residuos electrónicos crece tres veces más rápido que la media de los residuos urbanos.
Concretamente, el volumen de chatarra informática crece entre el 16% y el 28% cada cinco años. En el 2005 la basura electrónica ya representa casi el 5% de todos los residuos de la Union Europea. Sólo reciclar los ordenadores que se amontonan hoy en los vertederos europeos llevaría unos 10 años. Actualmente, los PCs obsoletos en EEUU ocupan 5’7 millones de metros cúbicos (equivalente a un campo de fútbol con una altura de 1’5 Km.
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