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Posibles efectos musculares nocivos, por un producto químico usado en jabones antibacterianos

 musculares Según los resultados de un controvertido estudio realizado por investigadores de la Universidad de California en Davis, y la de Colorado, ambas en Estados Unidos, el triclosán, un agente químico antibacteriano ampliamente usado en jabones para manos y otros productos para el cuidado personal, dificulta las contracciones musculares a escala celular, enlentece la natación en peces, y reduce la fuerza muscular en ratones.

Fuente: Noticiasdelaciencia (14 septiembre 2012)

El informe con los resultados se ha publicado en la revista académica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences, o Actas de la Academia Nacional de Ciencias, de Estados Unidos).

El triclosán se encuentra comúnmente en productos antibacterianos de cuidado personal como: jabones, desodorantes, líquidos para enjuagues bucales, pastas de dientes, alfombras, bolsas para basura, y hasta ropa y juguetes.

La Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos estimó en 1998 que unas 450 toneladas de triclosán se producen anualmente en Estados Unidos, siendo detectable la sustancia en vías fluviales, en organismos acuáticos que van desde las algas hasta los peces y delfines, así como en la orina, la sangre y la leche materna humanas.

El equipo del profesor Isaac Pessah, catedrático del Departamento de Biociencias Moleculares en la Escuela de Medicina Veterinaria de la Universidad de California en Davis, realizó varios experimentos para evaluar los efectos del triclosán sobre la actividad muscular, usando dosis similares a las que las personas y los animales pueden estar expuestos durante su vida cotidiana.

En experimentos «in vitro», el triclosán deterioró la capacidad de contracción de las células aisladas de músculo cardíaco y fibras de músculo esquelético. Específicamente, el equipo evaluó los efectos del triclosán en los canales moleculares de células musculares que controlan el flujo de iones de calcio, produciendo las contracciones musculares. Normalmente, la estimulación eléctrica («excitación») de fibras musculares aisladas bajo condiciones experimentales provoca una contracción muscular, la base fundamental de cualquier movimiento muscular, incluyendo los latidos del corazón. Pero en presencia del triclosán, la comunicación normal entre dos proteínas que funcionan como canales de calcio era defectuosa, causando un mal funcionamiento en las fibras de músculo esquelético y en las células de músculo cardiaco.

El equipo también encontró que el triclosán perjudica a la contractilidad del músculo esquelético y el corazón en animales vivos. En ratones anestesiados, había una reducción del 25 por ciento en las medidas de función cardiaca, en los primeros 20 minutos tras la exposición al triclosán.

Además, los ratones tuvieron una reducción de 18 por ciento en su fuerza de agarre durante 60 minutos tras recibir una dosis única de triclosán.

Finalmente, los investigadores analizaron los efectos de la exposición al triclosán en peces de la especie Pimephales promelas, comúnmente usado como organismo modelo para estudiar los efectos potenciales de sustancias contaminantes acuáticas. Los que estuvieron expuestos al triclosán en el agua durante siete días, habían reducido considerablemente su actividad natatoria, tanto en comparación con los sujetos del grupo de control durante la natación normal, como en pruebas de natación diseñadas para imitar la conducta evasiva de los peces ante la amenaza de un depredador.

Nipavan Chiamvimonvat, profesora de medicina cardiovascular en la Universidad de California en Davis, y coautora del estudio, advierte, sin embargo, que trasladar los resultados de esos modelos animales a los humanos requerirá investigar más. Pero subraya que el hecho de que los efectos sean tan claros en diversos modelos animales y en diferentes condiciones experimentales, proporciona indicios bastante sólidos de que el triclosán podría tener efectos sobre la salud humana y animal a los niveles actuales de exposición.

Aunque el triclosán se desarrolló primeramente para prevenir infecciones bacterianas en los hospitales, un uso que sí parece apropiado, sus aplicaciones se han extendido a infinidad de ámbitos, probablemente demasiados.

Además, según la Administración estadounidense de Alimentos y Medicamentos (FDA) aparte de su utilidad en algunas pastas de dientes para prevenir la gingivitis, no hay evidencias lo bastante sólidas de que el triclosán proporcione otros beneficios claros para la salud en el ámbito doméstico, ni de que usar de modo cotidiano jabones antibacterianos sea más eficaz que usar jabones normales modernos.

Algunos expertos también expresan su preocupación sobre la posibilidad de que el uso excesivo de productos antibacterianos haga desarrollar resistencia en algunas cepas de bacterias, con el resultado de que éstas se vuelvan más fuertes y peligrosas.

Debido a que la estructura química del triclosán se parece a la de varios productos tóxicos muy persistentes en el medio ambiente, la FDA y la Agencia estadounidense de Protección Medioambiental (EPA) están llevando a cabo nuevas evaluaciones sobre los riesgos de un uso tan extendido del triclosán. Dependiendo de los resultados de esas evaluaciones, el ámbito de uso de esta sustancia podría verse restringido.

Bruce Hammock, coautor del estudio y profesor en el Departamento de Entomología de la Universidad de California en Davis, valora: «El triclosán puede ser útil en algunos casos; sin embargo, se ha convertido en un elemento común de «valor añadido» en el mercado, lo cual puede estar haciendo más mal que bien. Como mínimo, nuestros resultados invitan a reducir de forma considerable su uso».

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