«La disputa comenzó por la carencia de formas de transición. Este fósil suple esta carencia», explica Jason Anderson, profesor en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Calgary, y científico principal del estudio.
El fósil de Gerobatrachus aporta un conocimiento mucho más completo del origen y la evolución de los anfibios modernos. El cráneo, la columna vertebral y los dientes de este anfibio tienen una mezcla de características propias de las ranas y de las salamandras.
El nuevo fósil también resuelve una controversia acerca de las estimaciones hechas a partir del reloj molecular, o el momento en la historia de la evolución en que salamandras y ranas iniciaron sus caminos independientes como dos grupos diferentes, bifurcados de un ancestro común a ambos.
Con estos nuevos datos, las mejores estimaciones indican que las ranas y las salamandras se bifurcaron de su tronco común hace entre 240 y 275 millones de años, una época mucho más reciente que la sugerida anteriormente por los datos moleculares.
El Gerobatrachus fue originalmente descubierto en Texas en 1995, por una expedición de campo del Instituto Smithsoniano que incluyó al ya fallecido Nicholas Hotton, cuyo apellido, en honor a él, ha sido utilizado en el nombre de la especie.
El fósil quedó sin ser estudiado hasta que fue «redescubierto» por el equipo de Anderson. Se necesitaron incontables horas de trabajo sobre este pequeño y extremadamente delicado fósil, para poder retirar las capas de piedra que lo cubrían, y descubrir los huesos que revelaron la singular anatomía de este espectacular esqueleto.
Llevan 150 millones de año en el planeta, pero podrían desaparecer en las próximas décadas. Los científicos alertan de que las tortugas marinas se encuentran en peligro. El impacto del ser humano en su hábitat o la caza, tanto la accidental como la ilegal, son algunas de las principales causas.
Fuente: consumer.es (16/07/08)
Según la Lista Roja de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), seis de las siete especies de tortugas que habitan los océanos se encuentran en peligro de extinción. En concreto, se identifican en “peligro crítico” la tortuga baula, laúd, leatherback o tartaruga de couro (Dermochelis coriacea), la tortuga lora o Kemp’s ridley (Lepidochelys kempii) y la tortuga carey o hawksbill (Eretmochelys imbricata). Por su parte, en situación de “peligro” se hallan la tortuga verde oliva (Lepidochelys olivacea), la caguama, cabezona o loggerhead (Caretta caretta), la tortuga verde o blanca (Chelonia mydas) y la flatback (Natator depressus).
Las causas que han llevado a esta situación son varias, y todas provocadas por el ser humano. Según WWF/Adena, su principal amenaza es la destrucción de las costas, y en concreto la presión turística que conlleva un gran impacto en las playas donde estos animales ponen sus huevos. Además el exceso de ruido e iluminación en las costas desorienta y provoca estrés en las hembras, disminuyendo así su reproducción.
Por ejemplo, de las tres tortugas que pueden verse en el Mediterráneo, la verde, laúd y boba, las dos primeras nidifican en playas de este mar, en su parte oriental, zonas con gran densidad turística. Aquí, la población de hembras ponedoras se estima entre 2.000 y 3.000 ejemplares, principalmente entre Grecia, Turquía y Chipre.
Por su parte, los ejemplares jóvenes de tortuga boba suelen decantarse para su crecimiento por las aguas comprendidas entre la costa mediterránea peninsular y Baleares. En cuanto a su número, no se sabe con certeza, aunque se considera que el número de hembras reproductoras no sobrepasaría las 100.000 en todo el mundo, de las cuales la mitad se encontraría en el Atlántico.
Además de este motivo, Greenpeace destaca la captura ilegal de ejemplares adultos, así como el saqueo de sus huevos en las playas de anidación. Según esta organización ecologista, a pesar de que su caza está prohibida hace años, decenas de miles de tortugas mueren para abastecer el mercado negro con conchas de carey, pieles para botas y billeteras, huevos a los que se atribuyen falsas propiedades o carne para sopa de tortuga.
Asimismo, los expertos de Greenpeace añaden como otros factores que han incrementado su mortandad la contaminación de los mares, la destrucción de su hábitat, los efectos de fenómenos naturales, como las mareas rojas, y enfermedades como el fibropapiloma, que va en aumento afectando gravemente a estos quelonios.
Por su parte, Oceana recuerda también la gravedad de la pesca accidental, en concreto a manos del palangre. Esta técnica pesquera consiste en una línea mantenida en la superficie por boyas de las que cuelgan anzuelos unidos a los sedales. La mayoría de las grandes flotas palangreras que faenan en el Atlántico Norte -entre las que se encuentra la española- se dedican a la captura de pez espada y túnidos, y en ocasiones tiburones. Sin embargo, otras especies, entre ellas las tortugas, son también atraídas por los cebos, y si bien no todos los ejemplares terminan pereciendo, un gran número sufre heridas severas que provocan su muerte.
En este sentido, un estudio publicado en la revista Ecology Letters asegura que cada año se capturan en el mundo entre 250.000 y 430.000 tortugas (200.000-316.00 bobas y 50.000-114.000 laúd). De este total, un 60% se producen en el Atlántico y un 10% en el Mediterráneo, si bien otras estimaciones creen que las capturas en el Mediterráneo pueden ser superiores.
Los expertos consideran que la protección de estos animales requiere la total aplicación de la legislación y de los diversos planes conservacionistas y de recuperación puestos en marcha en la actualidad. Así, serían necesarias mayores medidas de protección para su hábitat, especialmente sus zonas de nidificación, expuestas al impacto del desarrollo urbanístico costero. Por otra parte, la persecución de la caza y el comercio ilegal es otra de las condiciones indispensables para evitar la disminución de estos reptiles.
En el caso de la pesca accidental, se recomienda a las flotas pesqueras el uso de anzuelos redondos o circulares en sustitución del palangre, capaces no sólo de minimizar el impacto sobre estos animales, sino también sobre los accidentes laborales.
Asimismo, la investigación científica y la aplicación de nuevas tecnologías también pueden ser de gran ayuda. Por ejemplo, la Agencia Espacial Europea (ESA), mediante su satélite Envisat, ha podido seguir el viaje de las tortugas laúd a través del Atlántico, lo que servirá para desarrollar estrategias que minimicen sus amenazas.
Varios expertos han destacado en la revista Quercus un estudio que alerta del peligro de las tortugas de acuario. Sus responsables aseguran que no sólo pueden trasmitir enfermedades, como la salmonelosis, sino que tras ser abandonadas en el medio natural pueden llegar a desplazar a los galápagos autóctonos. Es lo que le ha ocurrido a la tortuga de estanque, que se ha visto afectada por la tortuga de Florida, cuyo apetito voraz pone en peligro su supervivencia.
Por ello, estos expertos aconsejan a los ciudadanos que sean responsables a la hora de comprar uno de estos animales y a los vendedores que proporcionen información sobre la biología y los requerimientos de las mascotas que venden, de manera que los compradores puedan valorar antes de llevárselas si van a ser capaces de cuidarlas.
Estas ruidosas criaturas y sus parientes cercanos, los peces del género ‘porychthis’, comparten la habilidad de vocalizar con muchos otros animales, desde las aves y las ranas hasta los humanos, y podrían dar pistas del origen y desarrollo de esta capacidad.
Un nuevo estudio estos peces, realizado por científicos estadounidenses y publicado en la revista ‘Science’, sugiere que la maquinaria cerebral que hace funcionar la vocalización es extremadamente primitiva, habiendo evolucionado desde hace más de 400 millones de años con los cambios del pez óseo (‘osteíctios’).
El pez sapo (‘Halobatracius didactilus’) utilizan su vejiga natatoria, una bolsa de paredes flexibles que funciona como órgano de flotación, y los músculos conectados a ella, los cuales se encuentran entre los más rápidos conocidos entre los vertebrados, para producir una variedad de sonidos con el fin de atraer a sus parejas y defender sus territorios.
Estos animales poseen un circuito cerebral de neuronas que trabajan rítmicamente, las cuales determinan la tasa de contracción de los músculos vocales, y, al mismo tiempo, el tono y la duración de sus llamados.
Los investigadores analizaron la red neuronal en las larvas de los peces y descubrieron que ésta se desarrolla a lo largo de una región específica que incluye la base de la parte posterior del cerebro y la columna vertebral superior.
Este patrón de desarrollo neuronal es similar al de otros vertebrados capaces de vocalizar, lo que sugiere que el sistema de circuitos del cerebro que hace funcionar la vocalización puede tener sus orígenes en la temprana evolución de los vertebrados.
Otros aspectos de los sistemas vocales, concretamente sus músculos y los órganos vocales, como la vejiga natatoria de los peces, la siringe de las aves o la laringe de los mamíferos, parecen haber evolucionado independientemente en diferentes linajes.
La vejiga natatoria es un saco membranoso que poseen la mayoría de los peces al lado del tubo digestivo, y que les permite nadar, flotar y mantener la estabilidad en el agua por medio de su hinchamiento con gas. Está situada dorsalmente por debajo de su columna vertebral y por encima de su tubo digestivo y también puede tener otras funciones, como la audición, en ciertas especies de agua dulce.
En el estudio participaron investigadores de la Universidad de Cornell en Nueva York, la Universidad de Chicago, el Centro de Estudios Médicos de la Universidad de Nueva York, el Colegio de Medicina de la Universidad de Howard en Washington y el Laboratorio de Biología Marina de Woods.
En algunos aspectos, se puede decir que los insectos no tienen sólo dos, sino miles de Ojos Artificiales . Cada faceta de su ojo con su lente y sus células visuales, recoge un punto de la imagen, y las numerosas facetas están extendidas sobre una superficie hemisférica. Como resultado, el ojo «colectivo» del insecto puede cubrir un ángulo más ancho de visión, pero la resolución de las imágenes producidas no es particularmente alta.
El objetivo era desarrollar Ojos Artificiales compuestos microópticos que contuvieran numerosos canales de imágenes en paralelo y que también fueran extraordinariamente compactos, menos de medio milímetro de espesor. Para lograr esto, Brückner empezó analizando cómo se crean las imágenes en los ojos artificiales.
Dado que cada faceta captura un punto de la imagen, el desafío era lograr controlar la superposición en el sistema técnico. Con un conocimiento preciso de la sensibilidad angular, es posible comparar entre sí las señales de las imágenes de las facetas adyacentes. Esto posibilita a su vez determinar la posición del objeto visto en un campo visual bidimensional, con una exactitud que es superior en muchas veces a la resolución de la imagen.
Una comparación ha demostrado que una lente fabricada a modo de ojo compuesto puede transferir la información con una resolución efectiva de la imagen de 625 x 625 píxeles, aunque el número real disponible de píxeles de cada imagen se limite a 50 x 50. Como resultado, el sensor puede reconocer objetos simples, determinar con precisión su posición y tamaño, y también detectar de manera fiable los movimientos.
¿Es posible ver sin ojos? Antes de responder, piense en la lombriz C. elegans. El gusano apenas mide un milímetro, pero su transparencia y el hecho de que no sea especialmente delicado le convierten en un cobaya de laboratorio perfecto. Tanto, que dos de los últimos premios Nobel de Medicina (los de 2002 y 2006) están relacionados con el estudio de este pequeño animal.
Pero, aunque parezca lo contrario, el hábitat natural del C. elegans no son los laboratorios de estudios genéticos, sino la tierra. Siempre vive bajo el suelo porque una exposición prolongada a la radiación ultravioleta A de la luz solar lo mata.
«Este animal carece de los órganos especializados sensibles a la luz que llamamos ojos, pero aún así puede ver la luz», ha dicho Shawn Xu, el profesor de fisiología molecular que ha encabezado la investigación.
Según Xu y sus colegas Alex Ward y Jie Liu, el C. elegans tiene un primitivo sistema visual que le alerta cuando se aproxima a la superficie. Y también tiene la clave «para estudiar los elementos de construcción del sistema visual y las causas de las enfermedades de los ojos en los humanos».
El «vultur griphus», su nombre científico, ha desaparecido prácticamente de Venezuela y Colombia, mientras en Perú, Bolivia y Ecuador no hay cifras, agrega el informe facilitado a Efe por el Instituto de Recursos Naturales (INRENA) de Perú.
Estos datos han puesto en alerta a los ambientalistas, en disputa sobre si se deben habilitar espacios para que los turistas disfruten de su avistamiento, como ocurre en el Cañón del Colca, el segundo más hondo del mundo con casi 100 kilómetros de longitud y una profundidad de 3.400 metros.
Allí, a unos 1.000 kilómetros al sur de Lima, viajeros llegados de todo el mundo se maravillan ante el cercano, silencioso y perfecto vuelo de la veintena de cóndores que habitan el lugar.
Esta cercanía al hombre es uno de los motivos que ha puesto en peligro al ave gigante, explica en una entrevista con Efe el biólogo del INRENA Arturo Cornejo.
Pero hay amenazas mayores, como los postes de alta tensión, la persecución con fines comerciales, los pesticidas y la progresiva pérdida del hábitat.
«El hombre se ha acercado cada vez más y ha ocasionado alteraciones por el impacto que tienen las torres de alta tensión; en algunos lugares los cóndores han muerto electrocutados (…); se utilizan pesticidas en zonas agrícolas y los animales pueden morir», aclara Cornejo.
«En algunas localidades creen que los cóndores matan a su ganado, a las crías, por eso colocan veneno para eliminarlos», agrega el biólogo.Aún así, Cornejo cree que «sí es posible desarrollar un turismo sostenible de observación de aves, pero cumpliendo con los estándares internacionales» y ello pasa por la creación de «refugios adecuados para que el ave no se sienta intimidada».
Los adultos son negros, con collar y plumas blancas en la parte dorsal de sus alas, mientras los jóvenes son marrones. Los más llamativos son los machos por su prominente cresta y papada.
El CONDOR andino es un ave gregaria y carroñera, cuyo cuerpo mide entre 100 y 120 centímetros, aunque la envergadura de sus alas puede alcanzar los 3,5 metros.
Estos animales pueden planear largas distancias en un solo día; en el caso de los cóndores del Colca vuelan hasta la costa peruana, a unos 200 kilómetros, sólo para devorar lobos marinos muertos y regresar a su morada al anochecer.
Es, asimismo, el más venerado de los animales que forman la sagrada trinidad incaica, formada por el cóndor, el puma y la serpiente.
La relación del hombre andino con el CONDOR data de tiempos prehispánicos y su significado mitológico se refleja en una abundante representación en cerámicas, tejidos y construcciones.
Una impactante celebración peruana es conocida como «Yawar Fiesta» (Fiesta de Sangre), en la que atan un CONDOR a un toro para dar paso a una lucha que finaliza con la muerte de uno de los contrincantes.
El CONDOR representa al comunero originario de los Andes y el toro al conquistador español o hacendado. La casi siempre victoria del ave mítica lleva al clímax en un espectáculo que los protectores de animales condenan sin tapujos.
La proteína del dinosaurio fue extraída de un fémur fósil de un T. rex descubierto en 2003 por el paleontólogo John Horner, del Museo de las Rocosas. El hueso se encontró en un terreno rico en fósiles entre Wyoming y Montana.
«Estos resultados se corresponden con las predicciones hechas sobre la anatomía del esqueleto, proporcionando la primera evidencia molecular de las relaciones evolutivas de un dinosaurio no aviar», recalca uno de los autores del estudio, Chris Organ, investigador en la Universidad de Harvard.
Mary Schweitzer, coautora del estudio, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y del Museo de Ciencias Naturales del mismo estado, descubrió por primera vez la preservación de tejido blando en el hueso del T. rex en el 2005.
Los investigadores han determinado que el T. rex es más agrupable con las aves, especialmente con el avestruz y el pollo, que con cualquier otro tipo de organismo estudiado, incluyendo los reptiles modernos, como los caimanes y las iguanas.
Fuente: consumer (30 de abril de 2008) Autor: Por MERCÈ FERNÁNDEZ
Conocer la evolución de las aves comunes
Entre mediados de abril y de junio, varios centenares de voluntarios de SEO/Birdlife llevan a cabo una nueva campaña de SACRE (Seguimiento de Aves Comunes Reproductoras), que forma parte del programa europeo de Monitorización de Aves Comunes (PECBM en sus siglas en inglés) y en el que participan hasta 36 países. Desde 1998, esta iniciativa trata de obtener información sobre la evolución de las aves comunes vinculadas a diferentes medios (forestal, agrícola y urbano) como una forma de evaluar la biodiversidad y el estado de conservación de esos ecosistemas.
Para ello, los voluntarios realizan, desde el amanecer y hasta poco antes de mediodía, un recorrido por la zona que tienen asignada (de unos 10 kilómetros de ancho por 10 de largo), deteniéndose cinco minutos en cada uno de los veinte puntos seleccionados para realizar el censo. En cada parada se toma nota de las aves detectadas, tanto de la especie como del número de individuos. Esta operación se realiza dos días cada año y actualmente cubre unas 700 áreas de cien kilómetros cuadrados cada una.
La ambición de SEO/Birdlife es llegar a censar aves de más zonas. Pero faltan voluntarios. Los internautas, explican desde esta organización, han pedido que se censen las aves de hasta casi unas 5.600 zonas – para ello, la organización tiene en su web un mapa de España con una cuadrícula, donde cada cuadro corresponde a una zona de censo.
Las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998
Este censo ha permitido descubrir que se está dando un descenso general de las aves vinculadas a medios agrícolas, como la golondrina, la codorniz o la alondra, «debido los cambios que se han producido en la agricultura en los últimos años en toda Europa», explica Virginia Escandell, de SEO/Birdlife. Entre las especies más amenazadas en España están la alondra (con casi un 40% menos de población respecto a 1998), el gorrión molinero (un 33,5 % menos), el jilguero (un 18% menos) o la calandria (un 15% menos), según los datos más recientes.
Tomadas en conjunto, las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998. Todo lo contrario de lo que sucede con las aves de medios urbanos, que se mantienen estables, y las aves de medios forestales, que están en aumento debido a «un aumento de la masa forestal en nuestro país», según detallan desde SEO/Birdlife. Esto, que resulta chocante cuando una constante anual son los incendios, se explica en parte por el número creciente de áreas de pastoreo que están siendo abandonadas.
Conservar la biodiversidad
Hay un doble interés en el programa SACRE. Por un lado, el censo de las propias aves. Por otro, como un indicador del estado del ecosistema y la biodiversidad: las aves son sensibles a los cambios en el medio y se conoce más de ellas que de otras especies; la alteración del número de individuos en sus poblaciones es una señal inequívoca de que se están dando cambios en el ecosistema. La Unión Europea tiene el compromiso de detener la pérdida de biodiversidad antes del año 2010, y programas como éste son una herramienta indispensable para detectar esos cambios y sus causas.
En este sentido, una de las tendencias futuras que se ven con precaución a nivel europeo es el aumento de los cultivos destinados a biodiesel. Se sabe que las aves se adaptan a los cultivos de la zona en la que viven y que, además, las lindes entre los diferentes campos agrícolas son un buen refugio para ellas, ya que cuentan con una vegetación silvestre diversa. Las grandes extensiones destinadas a cultivos energéticos no sólo implican un monocultivo intensivo sino la posible pérdida de esas lindes.
La urbanización creciente es otra amenaza para las aves de medios agrícolas, apuntan desde GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat). Hay dos tendencias, detalla Jimena López, de GREFA, las aves más cosmopolitas, a las que la presencia del hombre les puede incluso beneficiar, como el estornino o la urraca, y las aves insectívoras, como las golondrinas o los vencejos, más sensibles a la presencia del hombre y cada vez más amenazadas.
Unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos
«Hay gente que acude a nosotros diciendo que quiere quitar de su casa los nidos de golondrina del chalet», relata Jimena López. Las golondrinas son aves protegidas, lo que no evita sin embargo los casos de destrucción ilegal de nidos. Al centro de recuperación de GREFA, explica Jiménez, han llegado nidadas enteras de golondrina, mientras que la pareja de progenitores, una vez destruido el nido, «se queda perdida, no sabe qué hacer». Si el nido realmente molesta, añade, hay que saber en qué momento del ciclo hay que actuar, no cuando están instalados los polluelos. «También hay que pensar un poco a la inversa y en las molestias que nosotros les provocamos a las aves», afirma tajante. No hay que olvidar que también reportan beneficios. Aves insectívoras como las golondrinas son vitales para el control de plagas de insectos: se ha calculado que unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos. Apreciar el valor de las aves y del ecosistema, explica López, pasa por la educación y es algo que debe enseñarse desde la infancia.
Adaptarse al hombre
Otra ave «urbana» amenazada es el cernícalo primilla, habitual en poblaciones pequeñas, que suele anidar en ruinas, y a la que la presión urbanística esta perjudicando. En cambio, los estorninos se adaptan con una gran facilidad a la convivencia con el hombre. La mayor extensión y densidad de zonas urbanas también tiene efectos sobre estas aves. Los estorninos se agrupan buscando el calor para pernoctar y las ciudades grandes son una gran fuente de calor, por lo que se dirigen a ellas al atardecer. Y cuando las poblaciones son muy densas y con pocos espacios abiertos, es fácil que estas bandadas, que reúnen a varios centenares o más de individuos, acaben siendo una molestia para los ciudadanos.
Otro ejemplo de adaptación se puede ver en poblaciones de aves marinas que, ante la falta de pesca en ciudades portuarias, están alimentándose de basura, mucho más fácil de obtener, o de otras aves. En ciudades como Barcelona no es difícil ver a gaviotas cada vez más acostumbradas a alimentarse de restos de paloma, lo que da alas a muchos ciudadanos para justificar cualquier acción no respetuosa con estas aves.
En esa línea apuntaba hace unos años un trabajo publicado por la Universidad de Glasgow (Reino Unido) en la revista Nature. Los investigadores mostraban cómo a lo largo de 30 años el págalo grande, una ave marina, se estaba alimentando cada vez más de otras aves, que a su vez estaban en declive. La causa estaba en las restricciones que se habían impuesto a la pesca, tras años de gran presión pesquera que había beneficiado a la especie (acostumbrada a alimentarse de la pesca descartada que arrojaban los barcos y que había multiplicado su población). Ante la falta repentina de esos restos y con un mar sobreexplotado, las aves hambrientas se convirtieron en predadoras de otras. El problema no era sólo que ponían en peligro a las otras especies sino que, temían los investigadores, también podía poner a la gente en contra del págalo grande y hacer que pidiera su eliminación parcial.
La mejor forma de proteger las aves marinas, explicaban expertos de la Royal Society para la Protección de las Aves (Reino Unido), pasa por dejar que se recuperen los recursos pesqueros y por tener en cuenta todo el ecosistema a la hora de establecer políticas como las relacionadas con la pesca, porque también eso, como cualquier acción humana, tiene efectos sobre el ecosistema. Si el ser humano cuida el entorno, explicaban, entonces las aves podrán cuidarse solas.
Voluntarios para salvar polluelos
Este año también se pone en marcha la campaña «Salva un pollo» de GREFA, Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat. Este centro de Madrid puede recoger hasta 700 polluelos caídos del nido y aves heridas en sólo dos meses, durante el período comprendido entre mayo y julio. Cada año cientos de aves salvan la vida gracias a voluntarios que recogen las aves y las llevan a los centros de recuperación, desde cigüeñas o lechuzas, hasta mirlos, tórtolas o vencejos. No hay ninguna discriminación en cuanto a los animales que recogen; la única prioridad que establecen es la urgencia: recoger un buitre con un ala rota, que es difícil de manejar por una persona sola, es más urgente que si se trata de un gorrión, por ejemplo.
Desde esta organización indican que, ante el hallazgo de un polluelo herido, lo primero que debe hacerse es esperar y observar, desde una cierta distancia, a fin de confirmar que efectivamente está perdido (es posible que los padres estén cerca). Si es así y el pollito está abandonado, hay que depositarlo en una caja de cartón con agujeros y llevarlo al centro de recuperación o veterinario más cercano. Si no es posible, se puede llamar a GREFA o a cualquier otro centro de recuperación cercano para recibir información sobre cómo actuar. «Lo que no hay que hacer es darles de comer porque la sangre se concentra hacia el estomago y si el ave está deshidratada es mucho peor».
La gran mayoría de los animales que recogen están malheridos por causas relacionadas con la actividad humana (atropellos, disparos, colisiones con cables o con vallas…). Un 35% del total de animales recogidos (1.956 animales en el año 2006) son polluelos, debido a la gran cantidad de ellos que caen de los nidos o quedan huérfanos en época de cría.
Esta iniciativa, de un grupo de científicos de la Universidad Ben Gurión del Neguev, se debe a la disminución progresiva de un campo de flores de la familia de la «Iris atropurpurea , que está situado a las afueras de la ciudad de Natania, unos 20 kilómetros al norte de Tel Aviv.
Fuente: El Mundo (02/04/2008)
Desde hace años, las abejas han dejado de visitar el lugar porque, para llegar, deben cruzar la autopista que conecta Tel Aviv con Haifa, la segunda más transitada de Israel, con los riesgos que ello conlleva.
«No tenemos claro por qué, pero aparentemente el ruido, la contaminación y la necesidad de volar más alto para pasar encima de los coches provocan algún tipo de trauma (en las abejas) que les impide cruzar», dijo al diario «Haaretz» el investigador Yuval Sapir.
El resultado es que la abejas ya no pueden disfrutar de su lugar habitual de refugio en los días de frío, las flores han perdido su principal mecanismo de polinización y el campo se está reduciendo de forma progresiva.
Flor de invierno
La flor en cuestión, también conocida como iris púrpura oscura y que aparece por un breve período en invierno, sólo crece en Israel.
Para salvarla los científicos han propuesto a la Alcaldía de Natania la construcción de un «corredor ecológico» por el que las abejas puedan pasar al otro lado y cumplir su misión.
La propuesta incluye la construcción de un puente sobre la carretera que, en lugar de ser asfaltado, será convertido en un jardín botánico con las especies que atraen a las abejas, entre ellas el iris.
Sapir espera que con las condiciones apropiadas el puente se convierta en un corredor por el que las abejas se trasladen de uno a otro lado, y resolver los incesantes problemas que la modernización plantea a estos insectos.
Sin embargo, el estudio también indica que los proyectos turísticos y de investigación, que conllevan una fuerte presencia humana en lugares poblados por monos, han suprimido de manera sustancial la caza furtiva ejercida sobre los chimpancés. Las vidas de chimpancés salvadas por este efecto protector sobrepasan en número a las que se han cobrado las enfermedades introducidas entre ellos por los humanos.
Desde hace mucho, se viene sospechando sobre la introducción de enfermedades respiratorias por parte de los humanos en áreas donde los monos en estado natural han permanecido en estrecho contacto con las personas, pero éste es el primer estudio en diagnosticar al agente de la enfermedad y en cuantificar su impacto sobre la población de chimpancés.
En el estudio, se empleó un enfoque multidisciplinario que incluyó ecología del comportamiento, medicina veterinaria, virología y biología poblacional, para rastrear la introducción de enfermedades humanas en dos comunidades de chimpancés en el Parque Nacional Tai en Costa de Marfil, donde los investigadores comenzaron a habituar a los chimpancés a la presencia humana en 1982.
Los análisis de muestras de tejidos tomadas de chimpancés, que murieron en una serie de epidemias que se remontan hasta 1999, dieron positivo a dos virus respiratorios humanos que contribuyen de manera importante a la mortalidad infantil en los países en vías de desarrollo, y que circulan también por otras naciones. Cepas virales extraídas de los chimpancés resultaron estar estrechamente relacionadas con cepas epidémicas actualmente en circulación en poblaciones humanas en regiones tan alejadas como China y Argentina, sugiriendo ello una introducción reciente desde los humanos hacia los chimpancés. Los autores de la investigación también emplearon observaciones clínicas y análisis demográficos para inferir que epidemias respiratorias similares pueden datar de fechas tan lejanas como 1986.
Las actividades de investigación científica sobre poblaciones de chimpancés tienen, pese a todo, efectos marcadamente positivos. Estudios longitudinales han demostrado que la presencia de investigadores ha suprimido la caza furtiva en el área circundante. En consecuencia, las densidades poblacionales de los chimpancés, tanto en el lugar bajo estudio como en un cercano sitio turístico de observación del chimpancé, fueron mucho más altas de lo que cabría esperarse si fueran accesibles a los cazadores furtivos.
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