AMBIENTADORES no son aconsejables para la salud

AMBIENTADORESPor qué los ambientadores y aromatizadores no son aconsejables para la salud

Cuando uno camina por un bosque de pinos, una de las primeras sensaciones que percibe es su fresco y agradable aroma, es lo que intentan los AMBIENTADORES pero no lo consiguen y sobre todo son un peligro para nuestra salud.

Pero llevar esa fragancia u otras parecidas al interior del hogar mediante productos químicos (ambientadores, ceras fundentes, limpiadores de suelos, desodorantes y otros) llena rápidamente el aire con partículas a escala nanométrica que son lo suficientemente pequeñas como para llegar a lo más profundo de los pulmones.

Así lo han descubierto ingenieros de la Universidad de Purdue (EEUU) en una serie de estudios.

«Un bosque es un entorno prístino, pero si usas productos de limpieza y aromaterapia llenos de aromas fabricados químicamente para recrear un bosque en tu hogar, en realidad estás creando una enorme cantidad de contaminación del aire interior que no deberías respirar», afirma Nusrat Jung, profesora adjunta de la Escuela Lyles de Ingeniería Civil y de la Construcción de Purdue.

Las nanopartículas de apenas unos pocos nanómetros de tamaño pueden penetrar en el sistema respiratorio y propagarse a otros órganos.

Jung y su colega, el profesor de ingeniería civil Brandon Boor, han sido los primeros en estudiar la formación de partículas en el aire a escala nanométrica en interiores y compararla con los procesos atmosféricos en exteriores.

De nanopartículas a moléculas mayores

En el interior de un laboratorio ubicado en una casa residencial dedicada a la investigación de la calidad del aire en interiores, Jung y Boor emplean los últimos instrumentos desarrollados para analizar cómo los productos domésticos emiten sustancias químicas que se evaporan fácilmente (llamadas sustancias químicas volátiles) y generan nanopartículas en el aire.

La casa experimental, denominada laboratorio Purdue Zero Energy Design Guidance for Engineers (zEDGE), tiene todas las características de una vivienda típica, pero está equipada con sensores para monitorizar el impacto de las actividades cotidianas en la calidad del aire de una casa.

Con un nivel de detalle y precisión sin precedentes, Jung y Boor han hecho descubrimientos que sugieren que muchos productos domésticos cotidianos que se usan en interiores pueden no ser tan seguros como se suponía anteriormente.

Jung y Boor creen que estos hallazgos resaltan la necesidad de realizar más investigaciones sobre la formación de nanopartículas en interiores provocada por productos químicos muy perfumados.

«Nuestra investigación muestra que los productos perfumados no son sólo fuentes pasivas de aromas agradables, sino que alteran activamente la química del aire interior, lo que lleva a la formación de nanopartículas en concentraciones que podrían tener implicaciones significativas para la salud», dijo Jung.

«Estos procesos deben tenerse en cuenta en el diseño y funcionamiento de los edificios y sus sistemas de calefacción, ventilación y aire acondicionado para reducir nuestra exposición».

La amenaza de las ceras perfumadas

En un artículo publicado recientemente, la pareja descubrió que las ceras perfumadas, que normalmente se anuncian como no tóxicas porque no requieren llama, en realidad contaminan el aire interior al menos tanto como las velas.

Las ceras y otros productos perfumados liberan terpenos, que son los compuestos químicos responsables de sus aromas. Dado que las ceras contienen una mayor concentración de aceites aromáticos que muchas velas, emiten más terpenos al aire interior.

>Jung y Boor descubrieron en otro estudio que los difusores de aceites esenciales, los desinfectantes, los ambientadores y otros aerosoles perfumados también generan una cantidad significativa de partículas nanométricas.

El peligro de las cocinas de gas

Pero no son solo los productos perfumados los que contribuyen a la contaminación por nanopartículas en interiores: un estudio dirigido por Boor descubrió que cocinar en una cocina de gas también emite nanopartículas en grandes cantidades.

Solo un kilogramo de combustible para cocinar emite 10 cuatrillones de partículas más pequeñas que 3 nanómetros, lo que iguala o supera lo que emiten los automóviles con motores de combustión interna.

A ese ritmo, una persona podría estar inhalando entre 10 y 100 veces más partículas de menos de 3 nanómetros por usar una cocina de gas que por el tubo de escape de un automóvil en la calle.

Aun así, los olores de los productos químicos igualan o superan a las estufas de gas y los motores de los automóviles a la hora de generar nanopartículas menores de 3 nanómetros, llamadas aerosoles de nanocluster. Entre 100.000 millones y 10 billones de estas partículas podrían depositarse en el sistema respiratorio en tan solo 20 minutos de exposición a productos perfumados, según los investigadores.

Jung y Boor también utilizan el laboratorio para estudiar cómo una variedad de otras actividades domésticas cotidianas podría afectar la calidad del aire de una casa.

Es el caso del cuidado del cabello. Jung y sus estudiantes han descubierto que varias sustancias químicas, en particular los metilsiloxanos volátiles cíclicos, que son omnipresentes en los productos para el cuidado del cabello, permanecen en el aire en cantidades sorprendentes durante y después de su uso.

En una sola sesión de tratamiento en casa, una persona puede inhalar una masa acumulada de 1 a 17 miligramos de estas sustancias químicas.

«La calidad del aire interior a menudo se pasa por alto en el diseño y la gestión de los edificios en los que vivimos y trabajamos, pero tiene un impacto directo en nuestra salud todos los días», afirma Boor.

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NUESTRA SALUD ¿ Cómo afectan los microplásticos ?

NUESTRA SALUD

NUESTRA SALUD ¿ Cómo afectan los microplásticos ?

Cada vez hay más datos sobre la exposición a microplásticos a través de distintas fuentes. Sin embargo, aún no se sabe cuál es el impacto que esas sustancias ejercen sobre NUESTRA SALUD

El investigador Philipp Schwabl, hepatólogo en la Universidad de Viena (Austria), llevó a cabo un pequeño experimento que, sin embargo, resultó muy revelador.

Tras reclutar a ocho individuos de Finlandia, Holanda, Polonia, Reino Unido, Japón, Rusia, Italia y su propio país, les pidió que, durante una semana, anotaran con detalle el contenido, el origen y el almacenamiento de su dieta habitual. Después, tomó muestras de sus heces y estudió su composición.

Los resultados mostraron que, pese a que los patrones de alimentación eran diferentes, lo que tenían en común todas las cacas analizadas eran los restos de microplásticos que contenían. En concreto, entre 18 y 172 partículas diferentes por cada 10 gramos de heces.

La investigación, muy preliminar, demostró, por tanto, que los microplásticos están presentes en el intestino de los humanos, que forman parte de la cadena alimenticia de personas que viven vidas muy diferentes en distintos puntos del planeta.

«Es el primer estudio de este tipo y confirma lo que sospechábamos desde hace tiempo, que los plásticos acaban llegando al intestino», señaló en un comunicado Schwabl, que no pudo determinar el origen de los plásticos, aunque sí constatar que los más comunes fueron materiales empleados en la fabricación de envases convencionales, como el PET.

«Es necesario investigar lo que esto implica para NUESTRA SALUD», añadió el científico, preocupado -como muchos de sus colegas- por la posible repercusión de un impacto cuyas dimensiones aún se desconocen.

Sin embargo, esta tarea, a la que ya se dedican grupos de todo el mundo, no es sencilla.

«Es complicado estudiar el impacto de los microplásticos sobre la NUESTRA SALUD porque, en primer lugar, no hay una definición exacta de qué es un microplástico o qué son los residuos plásticos», señala Léa Maitre, investigadora del Instituto de Salud Global de Barcelona, centro impulsado por la Caixa (ISGlobal).

«Pueden tener propiedades muy diferentes entre sí, se presentan en todo tipo de formas, orígenes, tipo de polímeros…», añade.

¿ PREGUNTAS ?

¿ SON TÓXICOS ?

¿ Cómo nos afectan los microplásticos que se encuentran, por ejemplo, en el pescado y el marisco ?

¿ Qué pasa cuando los cocinamos ?

¿ Se acumulan estas sustancias en el organismo ?

¿ A partir de qué cantidad deberíamos empezar a preocuparnos ?

Muchas preguntas a las que la ciencia aún no ha podido dar una respuesta clara.

En 2016, la EFSA, la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria, puso el foco sobre los microplásticos y nanoplásticos al considerarlos un riesgo potencial emergente.

Pero la evaluación, tal y como explica Beatriz Robles, experta en Tecnología de los Alimentos, se topó con varios problemas:

«Aparte de que no hay una definición estándar de microplásticos, la mayor parte de los datos disponibles se refieren a la exposición a partir de productos de la pesca y de alimentos como la miel, la sal o la cerveza, pese a que puede haber otros. Además, hay pocos datos sobre su posible toxicidad, su absorción intestinal, sus efectos sobre la microbiota, etc.».

En la misma línea, a principios de 2019, la Agencia Europea de Sustancias Químicas propuso restringir la utilización de microplásticos de forma deliberada en artículos como detergentes, cosméticos o productos agrícolas.

Aunque el informe señalaba que los posibles efectos de estos materiales sobre la salud humana todavía no se conocen bien, también sugería que, con la información disponible, lo más seguro es intentar controlar y reducir al máximo la cantidad de partículas de plástico que, fragmentadas, entran en contacto con el organismo.

Maitre recuerda que varios de estos materiales, como bisfenoles y ftalatos, se han señalado en diversos estudios como disruptores hormonales. «Son sustancias que pueden perturbar el sistema endocrino, en particular cuando la exposición tiene lugar durante el periodo de crecimiento y de alta vulnerabilidad como ocurre durante el embarazo», señala.

La EFSA estableció en 2015 que la ingesta diaria tolerable de bisfenol A era de 4 microgramos/ kg peso corporal/día, si bien «ha constituido recientemente un grupo de trabajo para volver a examinar el riesgo», expone Robles. Las conclusiones de esa evaluación estarán disponibles en 2020.

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MICROPLASTICAS comidas al año

MICROPLASTICASMICROPLASTICAS comidas al año

Cada persona se mete entre pecho y espalda 70.000 partículas MICROPLASTICAS al año

El consumidor estadounidense promedio ingiere actualmente más de 70.000 partículas MICROPLASTICAS por año, aunque los efectos en la salud de ese consumo no están claros.

Desde que comenzó la producción en masa de plásticos en la década de 1940, estos polímeros versátiles se han extendido rápidamente por todo el mundo.

Aunque los plásticos han hecho la vida más fácil de muchas maneras, la eliminación de estos materiales es un problema creciente.

Las MICROPLASTICAS son piezas pequeñas de plástico (a menudo microscópicas) que pueden surgir de múltiples fuentes, como la degradación de productos plásticos más grandes en el medio ambiente o el desprendimiento de partículas de los recipientes de alimentos y agua durante el envasado.

Los humanos pueden ingerir inadvertidamente los materiales cuando comen alimentos o respiran aire que contiene MICROPLASTICAS.

Los efectos sobre la salud de ingerir estas partículas son desconocidos, pero algunas piezas son lo suficientemente pequeñas como para ingresar a los tejidos humanos, donde podrían desencadenar reacciones inmunitarias o liberar sustancias tóxicas.

¿Cuántos MICROPLASTICAS consumen los humanos?

Esa es la pregunta que Kieran Cox y sus colegas de la Universidad de British Columbia querían abordar. Para hacerlo, los investigadores revisaron 26 estudios previos que analizaron las cantidades de partículas microplásticas en peces, mariscos, azúcares agregados, sales, alcohol, agua del grifo o embotellada y aire. Otros alimentos no se incluyeron en el análisis porque faltaban los datos.

Luego, el equipo evaluó aproximadamente la cantidad de estos alimentos que los hombres, las mujeres y los niños comen a partir de las ingestas dietéticas recomendadas de las Pautas dietéticas 2015-2020 para los estadounidenses.

A partir de este análisis, el consumo microplástico estimado osciló entre 74.000 y 121.000 partículas por año, dependiendo de la edad y el sexo. Las personas que beben solo agua embotellada podrían consumir 90.000 microplásticos adicionales por año en comparación con quienes solo beben agua del grifo.

Debido a que los investigadores consideraron que solo el 15% de la ingesta calórica de los estadounidenses, estos valores son probablemente subestimados, dicen. Se necesita investigación adicional para comprender los efectos en la salud, si los hay, de las partículas ingeridas, advierten los investigadores, cuyo estudio se publica en Environmental Science & Technology.

Los humanos pueden ingerir inadvertidamente los materiales cuando comen alimentos o respiran aire que contiene microplásticos. Los efectos sobre la salud de ingerir estas partículas son desconocidos.

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PARTICULAS MICROPLASTICAS en nuestra COMIDA

PARTICULAS MICROPLASTICAS

PARTICULAS MICROPLASTICAS en nuestra COMIDA

Cada comida que tomamos diariamente podría contener más de 100 PARTICULAS MICROPLASTICAS

Un estudio realizado por la Universidad de Heriot-Watt descubre que los objetos domésticos también pueden ser fuente de contaminación

Los microplásticos provienen lo más probable de telas sintéticas y muebles suaves como los sofás (su tapicería), que se descomponen gradualmente antes de unirse al polvo doméstico. Este polvo puede caer en las comidas y ser consumido por el ser humano.

La cantidad es bastante llamativa.

En general, estiman que una persona puede llegar a ingerir entre 13.731 y 68.415 PARTICULAS MICROPLASTICAS cada año, únicamente por el hecho de comer en casa.

Actualmente, los científicos no conocen el verdadero impacto del consumo de PARTICULAS MICROPLASTICAS en nuestro organismo, ya que la investigación sobre este tema es muy exigua. Sin embargo, existe una gran preocupación en algunos sectores acerca de que la ingestión de estas PARTICULAS MICROPLASTICAS porque pueda suponer un riesgo para la salud humana.

Para su estudio, los expertos se propusieron comparar el número de PARTICULAS MICROPLASTICAS encontradas en los mejillones con el encontrado en la comida casera habitual. Escogieron mejillones, pues estos y el pez espada son las especies que acumulan más metales tóxicos en cuanto a productos del mar se refiere.

Menos PARTICULAS MICROPLASTICAS en los mejillones que en la comida de casa

Para averiguarlo, colocaron placas de Petri con trampas pegajosas cerca de platos con comida en tres casas diferentes. Al final del almuerzo de 20 minutos, los investigadores encontraron 14 partículas de plástico, cada una de 0.2 a 2 milímetros de longitud y 0.01 a 0.05 milímetros de ancho, en cada recipiente.

Según sus cálculos, el equivalente llegaría a 114 microplásticos en un plato normal (pues nuestros platos de comida son más grandes que las placas de Petri usadas en el experimento).

Así, un hombre se traga junto con su comida diaria alrededor de 68 PARTICULAS MICROPLASTICAS por año de media. Si sumamos el tiempo dedicado a la cocina (unos 20 minutos), entonces el número aumenta a 207.000.

Por el contrario, encontraron menos de dos fibras plásticas, en promedio, en cada mejillón. «Estos resultados pueden sorprender a algunas personas que pueden esperar que las fibras plásticas de los mariscos sean más altas que las del polvo doméstico», comenta Ted Henry, líder del trabajo.

La escala de contaminación microplástica en todas las áreas del medio ambiente es cada vez más clara. Sabemos que los océanos están muy contaminados con microplásticos e incluso podemos respirar partículas de plástico a través del aire.

Sin embargo, ahora sabemos que estos microplásticos pueden estar accediendo a nuestro organismo desde nuestra propia casa.

Lo cierto es que los efectos de la contaminación plástica en tierra y en agua dulce tampoco son menos halagüeños.

Han recibido poca atención de investigación en comparación con la contaminación con plástico marino, pero la evidencia actual sugiere que la contaminación plástica es tan prevalente en los ecosistemas terrestres, agua dulce y en los océanos, donde se encuentra desde el ecuador hasta los polos.

Consejos para limpiar el aire de
PARTICULAS MICROPLASTICAS

Abre las ventanas con asiduidad

Aspira, barre y limpia regularmente

Usa un purificador de aire, GENERADOR de OZONO o un humidificador

Usa velas de cera de abejas (mechas sin plomo)

Prepara un espray doméstico con agua y una cucharada de bicarbonato de sodio. Refrescará y desinfectará el aire atrapando partículas.

Quítate los zapatos al entrar a casa

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Sobreenvasados de PLASTICO los ALIMENTOS

Sobreenvasados

Sobreenvasados de PLASTICO los ALIMENTOS en Supermercados

¿ Cuando eliminarán los supermercados los sobreenvasados de plástico en las verduras ?

Las organizaciones demandan responsabilidad a los establecimientos para luchar contra el plástico en el origen. La campaña pide a los ciudadanos que haga fotos de los productos sobreenvasados que encuentren y las compartan en redes nombrando al supermercado en el que los han encontrado.

Los supermercados y las corporaciones tienen un papel crucial ya que la mayoría de sus productos están sobreenvasados y ofrecen escasas alternativas.

Greenpeace continúa su campaña internacional dirigida a los supermercados, a los que demanda un compromiso con los océanos a través de un cambio en sus establecimientos: que eliminen de las estanterías los plásticos de un solo uso y ofrezcan alternativas sostenibles, como la venta de productos a granel o sistemas alternativos de distribución.

La organización considera clave que los supermercados y las corporaciones lideren ese cambio para conseguir frenar la crisis global de los plásticos y tiene en marcha una petición.

Solo así las personas podrán realizar una compra más sostenible. Greenpeace y DesnudaLaFruta se unen para llenar las redes sociales de imágenes de frutas y verduras tan sobreenvasadas que llegan a ser ridículas.

Los supermercados y las corporaciones tienen un papel crucial ya que la mayoría de sus productos están sobreenvasados y ofrecen escasas alternativas

“En la mayoría de tiendas de alimentación y grandes superficies es casi imposible evitar comprar sin envases de plástico”, ha declarado Alba García Rodríguez, responsable de la campaña de plásticos de Greenpeace.

“Estamos condicionados a pensar que nuestra fruta y verdura necesita estar envuelta en plástico, aunque sepamos que la naturaleza ya ha pensado en ello y cuenta con sus propias capas” ha añadido.

Durante años se ha permitido a las empresas la producción en masa de productos de plástico de un solo uso y se ha fomentado un consumo desenfrenado de los mismos.

Actualmente las empresas no se están haciendo responsables de los productos que venden y se está desplazando la responsabilidad hacia las personas consumidoras.

Sin embargo, cada vez son más las personas que rechazan el viejo discurso de que los plásticos de usar y tirar son inevitables y que son conscientes de que el reciclaje no es ninguna panacea frente a la contaminación por plásticos.

“No es suficiente con que llevemos nuestra propia bolsa a los supermercados e intentemos reducir el plástico que consumimos de forma individual” ha comentado Alba García.

Es necesario que los supermercados lideren este cambio y comiencen a ofrecer alternativas.

De lo contrario, estos residuos seguirán llegando en cantidades ingentes al medio ambiente, y afectando tanto a la fauna marina como al ser humano”, ha apuntado García.

Los plásticos nos invaden

Nuestra cultura del usar y tirar está destruyendo el medio ambiente. La producción de plásticos sigue aumentando cada año a un ritmo alarmante y solo una pequeña cantidad de lo que se produce se reutiliza o recicla.

En 2011, más de 690 mil toneladas de envases de plástico se pusieron en el mercado solo en España, donde se recicla menos de un 35% de esos envases cada año.

A nivel mundial, se sabe que tan solo un 9% del plástico total producido hasta la fecha se ha reciclado, el 12% se ha incinerado y el 79% restante ha acabado en vertederos o en el medio ambiente.

Esta ineficaz gestión y uso masivo de plásticos, genera una gran cantidad de residuos que cada día llegan a nuestros ríos y playas por el viento o la lluvia, que los arrastran desde donde hayan sido depositados o desechados de forma irresponsable.

Cada año, más de 12 millones de toneladas de plástico llegan al mar, de los cuales el 80% procede de fuentes terrestres.

Los plásticos en el mar causan graves impactos en la fauna marina. Se sabe que hasta 9 de cada 10 aves marinas, 1 de cada 3 tortugas marinas, y más de la mitad de especies de ballenas y delfines han ingerido plástico en alguna ocasión.

Más de 550 especies de animales marinos ingieren objetos de plástico y/o se enredan con ellos, obstaculizando su desarrollo vital, y en algunos casos causando su muerte.

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FATBERGS las masas de GRASA

FATBERGS

FATBERGS las masas de GRASA

Primero, alguien vierte grasa de pavo fundida por el desagüe. A pocas manzanas de distancia, alguien tira una toallita húmeda por el retrete. Cuando ambos desperdicios se reúnen en una tubería de alcantarilla, nacen bebés de fatbergs.

Finalmente, más grasa y aceite se unen a esa masa, acumulándose en apestosas bolas gigantes. Cuando alcanzan el tamaño suficiente, los fatbergs puede obstruir las alcantarillas por completo, expulsando aguas residuales a las calles. Para cuando retiraron una monstruosidad de 15 toneladas de las cloacas del distrito de Kingston, en Londres, en 2013, gran parte de los retretes del vecindario se habían atascado.

Los fatbergs son una plaga en el alcantarillado y tanto las repugnantes acumulaciones como la lucha contra ellas han ido aumentando. Londres, Belfast, Denver y Melbourne son solo unas cuantas de las muchas metrópolis del mundo que han descubierto gigantescos fatbergs en los últimos años.

Cuando se descubrió el fatberg de Kingston, del tamaño de un autobús, un supervisor de Thames Water declaró a la BBC: «Creemos que debe ser el más grande de la historia británica». En dos años, uno más grande rompió tuberías de alcantarilla de un metro de ancho en el barrio londinense de Chelsea. Este verano, Northern Ireland Water excavó «un par de cientos de toneladas» de grasa y desechos de un fatberg bajo una hilera de restaurantes de comida rápida en Belfast.

El problema no solo es repugnante, sino que también es una carga financiera. En la ciudad de Nueva York, la grasa provoca el 71 por ciento de los atascos en las alcantarillas, según el informe de 2016 sobre el estado de las alcantarillas en la ciudad. La ciudad se ha gastado ya 18 millones de dólares en cinco años de lucha contra los fatbergs. Pero las ciudades más pequeñas no son inmunes: Fort Wayne, Indiana, se ha gastado medio millón de dólares al año en limpiar la grasa de las cloacas.

Estados Unidos y Reino Unido son los países donde se registran más fatbergs, según el ingeniero Thomas Wallace del University College Dublin, que estudia la eliminación de residuos. No es solo que ambas naciones produzcan grandes cantidades de ingredientes de los fatbergs, sino que también tienen sistemas de alcantarillado mal preparados para lidiar con el ataque de la grasa y los desechos que generan las poblaciones cada vez más grandes.

La lucha contra los fatbergs

Las obstrucciones son un problema tan antiguo como los propios sumideros; supuestamente, los antiguos romanos enviaban a esclavos públicos bajo tierra para limpiar sus alcantarillas. Pero los enormes fatbergs de hoy en día están provocados por las invenciones modernas.

Los primeros fatbergs probablemente eran pequeños, hasta que las ciudades y los desechos procedentes de la cocina empezaron a aumentar con la llegada de la industrialización. En 1884, Nathaniel Whiting de San Francisco patentó la primera trampa para grasa para atrapar «sustancias que atascarían y obstruirían las alcantarillas».

Su diseño, bastante básico, todavía se utiliza hoy en día: las aguas residuales se drenan en una caja donde se asienta la grasa. Finalmente, alguien tiene que limpiar la mugre y deshacerse de ella.

Tiene Estados Unidos, muchas ciudades donde obligaron a los restaurantes y a otros vendedores de comida a tener filtros de grasa y a limpiarlos, y en los últimos años ha crecido la polémica y la intriga en torno a esas reservas de grasa.

En algunos lugares, los ladrones utilizan sopletes para acceder a las trampas de grasa para robar el aceite de cocina utilizado que puede ser convertido en biocombustibles.

En China, la grasa de las alcantarillas y de las trampas se recoge ilegalmente, se limpia —aunque no muy bien— y se vende en el mercado negro como «aceite remanufacturado». Si cenas en restaurantes baratos y en puestos callejeros, es posible que tu comida haya sido cocinada en este tipo de aceite.

Sobre el Reino Unido, las normas sobre trampas para grasa han sido más laxas que en Estados Unidos, ya que muchos sistemas de aguas como el de Thames Water, en Londres, son de propiedad privada y no tienen demasiada autoridad sobre ellos para imponer su uso. En su lugar, este servicio público contrata a un equipo de flushers, personas encargadas de extraer la grasa y otros desperdicios para mantener el flujo en las tuberías.

Por ello era de esperar que la palabra fatberg fuera acuñada por la gente que mejor los conoce: los operarios del alcantarillado de Thames Water. La descripción, que nos inspira la imagen de una masa pálida y flotante de proporciones épicas, es mucho más pegadiza que la versión americana, el acrónimo FOG, que significa «fat, oil and grease» (grasa y aceite). La palabra fatberg se ha quedado grabada, lo suficiente como para llegar al Diccionario de inglés de Oxford en 2015, junto con el término «Brexit».

A medida que los fatbergs aumentan, los científicos han aprendido más sobre cómo se forman y cómo luchar contra ellos. Para empezar, se ha descubierto recientemente que la mayor parte de la masa en los fatbergs es en realidad una forma de jabón hecho por la propia alcantarilla.

En 2011, Joel Ducoste, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte, y su equipo informaron de que el mismo proceso que puede convertir la manteca de cerdo en jabón, llamado saponificación, tiene lugar en la grasa de la alcantarilla si hay calcio alrededor. El equipo incluso creó fatbergs en miniatura en el laboratorio que crecieron en hormigón rico en calcio, un indicio de cómo las masas alcanzan un tamaño tan gigantesco en ciertas alcantarillas.

Y en los lugares donde aumentan los fatbergs, los gerentes del alcantarillado señalan a las toallitas húmedas como cómplices en este problema. Las toallitas húmedas se hacen tanto para bebés como para adultos y, aunque muchas se venden como si fueran «desechables», toneladas de toallitas mal disueltas acaban en las cloacas. Y lo que es peor, estos tejidos pueden servir como excelentes bloques de construcción para los fatbergs.

Tom Curran, del University College Dublin, posee la primera beca Fulbright concedida a un científico para la lucha contra los fatbergs. Para su proyecto, Curran trabajará con Ducoste en Carolina del Norte para cartografiar los puntos calientes de fatbergs y desarrollar sensores que alertarían a las ciudades de la formación de estas masas antes de que alcanzasen tamaños con los que podrían romper tuberías.

Algunas ciudades incluso están considerando los fatbergs como combustible. Después de todo, la grasa es alta en calorías y, por lo tanto, en energía. Thames Water se ha asociado con una empresa de combustibles renovables para extraer fatbergs de las alcantarillas y convertirlos en biodiésel.

Según Curran, las campañas de concienzación pública ya han ayudado a algunas ciudades a reducir las obstrucciones enseñando a la gente qué no debe tirar o verter por los desagües. «También existen iniciativas jurídicas en relación al uso del término ‘desechable’», dice.

Las ciudades, a su vez, están explotando su creatividad en sus mensajes. En Reino Unido, la Navidad es un momento especialmente malo para los fatbergs, según Thames Water, debido a toda la grasa de pavo y de carne asada que se tira por el desagüe.

¿Cuál ha sido la respuesta de Thames Water? Hacer vídeos con villancicos de «Sewer Singers» («cantantes de alcantarilla») y disfrazar de pavo a un operario del alcantarillado.

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FATBERGS AGUAS RESIDUALES

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Enfermedad de Minamata y contaminación de los OCEANOS con MERCURIO

Enfermedad de Minamata

La enfermedad de Minamata la causa es el mercurio en el interior de los peces

Los gatos callejeros de un pequeño pueblo de pescadores, al sur de la isla japonesa de Kyushu, solían desarrollar temblores y movimientos descoordinados después de husmear en los lugares donde se descargaba pescado.

Tiempo más tarde, esta especie de baile de San Vito empezó a producirse también entre los seres humanos, unidas a pérdidas de conciencia o ideas delirantes.

¿ Qué estaba pasando allí ?

Al poco de investigar, descubrieron que en el interior de aquellos peces había mercurio. Y así nació la enfermedad de Minamata.

Tal y como lo explica David G. Jara en su libro Bacterias, bichos y otros amigos:

El metal pesado había ido acumulándose en la bahía durante varias décadas debido a los residuos que, sin ninguna precaución, arrojaba al mar una importante industria que allí se había asentado. El tóxico metal alcanzó la cadena trófica a través de las algas, que sirvieron de pasarela para acceder a los peces, y de estos, finalmente, llegar a gatos y humanos.

En 1956, el año en que se detectó el brote, murieron aproximadamente 45 personas. Las mascotas y los pájaros del lugar mostraban síntomas parecidos. Las víctimas no serían indemnizadas hasta 1996. El caso constituye uno de los llamados «cuatro grandes procesos» de la responsabilidad medioambiental en Japón. En el año 2001 se habían diagnosticado 2.955 casos de la enfermedad de Minamata. De ellos, 2.265 habían vivido en la costa del Mar de Yatsushiro.

Ponernos en guardia cuando decidamos dar carta de naturaleza a la contaminación de los océanos

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enfermedad de Minamata PESCADO – MERCURIO

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FIBRAS Sintéticas y Microplásticos en la ropa amenaza a los OCEANOS

FIBRAS SINTETICAS

Fibras sintéticas y Microplásticos en la ropa una amenaza invisible para ríos y océanos

Más de un tercio del microplástico de los OCEANOS proviene de los textiles

Las fibras sintéticas de las chaquetas acolchadas, la ropa deportiva y las camisas desprenden microfibras durante el lavado y terminan en el mar.

¿ Son las fibras nocivas para la salud ?,

y

¿ se pueden evitar los microplásticos ?

¿ Qué son las fibras sintéticas ?

Las fibras sintéticas se producen mediante procesos químicos y por lo tanto, se denominan correctamente fibras químicas.

Se hace una distinción entre fibras sintéticas y semisintéticas. Las fibras semisintéticas como la viscosa se obtienen a partir de materias primas renovables como la madera y luego se modifican químicamente en gran medida.

Las fibras sintéticas como el poliéster y el elastano, son productos químicos puros hechos de carbón, petróleo crudo y gas natural.

A diferencia de las fibras sintéticas, las fibras naturales consisten en fibras vegetales y animales que pueden transformarse directamente en hilo.

¿ Qué hacen las fibras artificiales en la ropa ?

Las prendas fabricadas con fibras sintéticas tiene muchas ventajas: la ropa deportiva de secado rápido, las chaquetas impermeables o las camisetas suaves y elásticas obtienen esas propiedades de las fibras sintéticas. El lavado también es mas sencillo: la prenda no se siente y permanece libre de arrugas.

Más de la mitad de los textiles producidos actualmente consisten en fibras sintéticas y la tendencia va en aumento.

El creciente consumo de ropa y el rechazo de muchos consumidores a gastar más dinero en calidad fomentaron una industria de moda rápida y sintética. Un ciudadano europeo puede consumir una media de 25 kilogramos de nuevos textiles al año, un consumo que difícilmente se puede cubrir con fibras naturales.

¿ Son peligrosas las fibras artificiales ?

Muchos productos textiles se fabrican en países en desarrollo y emergentes en unas condiciones a veces inhumanas. Los contaminantes ingresan a las fibras a través de la contaminación o se agregan para lograr ciertas propiedades.

Dado que los textiles están en contacto constante con el cuerpo, existen valores límite y prohibiciones de productos químicos nocivos para la fabricación y el acabado de la ropa. En muchos de estos países no se existen controles por parte de las autoridades.

Además, todavía se permiten algunas sustancias críticas de las llamadas «de acabado» , como las PFAS (sustancias alquilo perfluoradas y polifluoradas). Se utilizan, por ejemplo, para tener un efecto antimicrobiano, repelencia al agua y a la suciedad en las prendas. Son estos acabados los que provocan a algunas personas irritaciones en la piel y enrojecimientos (reacciones alérgicas). Esta ropa nueva sería recomendable lavar antes de usarla.

¿ Cómo se crea el microplástico a partir de fibras sintéticas ?

Al lavar la ropa, las fibras desgastan la superficie textil. Las fibras se liberan principalmente por hilatura y por influencias químicas como los detergentes.

La temperatura también contribuye más al daño: cuanto más alta es la temperatura, más se daña el tejido. Para superficies rugosas como chaquetas de invierno y mantas, se trata de abrasiones más elevadas. Por ejemplo, una chaqueta polar puede perder más de mil fibras por lavado.

Mientras que las fibras naturales se biodegradan con el tiempo, las fibras sintéticas se descomponen mucho más lentamente. Especialmente el poliéster, la fibra sintética más fabricada y que se ha detectado en el Ártico y en otros lugares inimaginables.

Las fibras sintéticas artificiales junto con los neumáticos son la causa más común de los microplásticos en los mares del mundo.

¿ Son reciclables las fibras sintéticas ?

Teóricamente, el reciclaje de los materiales es posible, pero en la práctica rara vez se lleva a cabo.

Hay varias razones para esto: las prendas a menudo están hechas de tejidos mixtos, por ejemplo, 30 por ciento de algodón, 65 por ciento de poliéster y 5 por ciento de elastano. En algunos casos, los tipos de fibra ya no se pueden reconocer debido a que faltan etiquetas. Los colores , las aplicaciones (por ejemplo, lentejuelas) y las cremalleras dificultan el procesamiento. Incluso con prendas de vestir de un solo origen hechas de algodón o viscosa, el hilo de coser a menudo está hecho de un material diferente (con frecuencia de poliéster).

La trituración acorta considerablemente las fibras, por lo que los productos reciclados suelen ser de mala calidad. Parte de la ropa se puede transformar en trapos de limpieza y material aislante. La mayoría, sin embargo, se incinera y se almacena en vertederos.

¿ Cómo reconozco las fibras sintéticas en la ropa ?

Los tipos de fibra utilizados deben especificarse en Europa. La composición está en la etiqueta de la ropa.

Tenemos las fibras artificiales más comunes siendo:

• semisintéticas: viscosa, fibras modales, lyocell (también llamado Tencel), fibras de acetato

• químicas sintéticas: poliamida, poliéster, elastano (también fibras de poliuretano), polipropileno, poliacrílico

• naturales son, por ejemplo, algodón, lana, pelo de animales (por ejemplo, cachemira, alpaca), lino, cáñamo, yute, seda.

¿ Debería prescindir de las fibras artificiales ?

Las fibras naturales no pueden reemplazar la necesidad actual de ropa. Además, las fibras naturales no son automáticamente más respetuosas con el medio ambiente. El cultivo del algodón, por ejemplo, consume una enorme cantidad de agua y, por regla general, se utilizan plaguicidas cuestionables. Y los siguientes pasos de procesamiento también liberan sustancias nocivas al medio ambiente y a los trabajadores que a menudo están mal pagados. Por lo tanto, lamentablemente no es suficiente prescindir de las fibras artificiales.

Tiene más sentido reducir su consumo, comprar ropa certificada y usar la ropa por más tiempo.

También los microplásticos en los océanos provienen de nuestra ropa

Cuando pensamos en plásticos, generalmente tenemos en mente piezas de plástico más grandes y visibles. Pero además de los tazones de plástico en la cocina o todo tipo de envases diferentes en el supermercado, también hay partículas mucho más pequeñas, los llamados microplásticos.

Los microplásticos son plásticos sintéticos que miden menos de cinco milímetros y ya no son biodegradables. Según estimaciones de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), alrededor de 1,5 millones de toneladas de microplásticos se vierten a los océanos cada año, dos tercios de los cuales están compuestos por fibras sintéticas de prendas de vestir y textiles.

Las fibras sintéticas no se degradan en el medio ambiente

Todas las fibras sintéticas se producen en procesos químicos a partir del carbón, el petróleo crudo o el gas natural. Estas fibras no pueden descomponerse en el medio ambiente y ya se han detectado en muchos seres vivos, en el fondo del mar, en arena, rocas, agua e incluso en el hielo de la Antártida.

Cada año se producen más de 50 millones de toneladas de estas fibras sintéticas, ya que el 60 por ciento de nuestra ropa ahora está hecha de estos materiales. El poliéster, en particular, se utiliza a menudo en textiles, por ejemplo, para prendas cómodas de lana, ropa funcional, pero también camisetas o suéteres.

Otras fibras sintéticas son por ejemplo: acrílico, aramida, elastano, poliamida, polietileno, poliaimida y polipropileno.

¿ Qué se puede hacer para proteger los océanos de microplásticos de la ropa ?

Para poder proteger a los océanos y a sus habitantes de esta contaminación ambiental casi invisible, es necesario repensar el consumo de ropa:

• En lugar de comprar ropa nueva o tirarla, los tejidos se pueden reparar.

• Las salidas de compras también funcionan bien en el mercadillo o en las tiendas de segunda mano.

• Si desea comprar ropa nueva, preste atención a las fibras naturales como el lino, el algodón o la lana, así como a la moda autoctona, ecológica y de producción justa.

• Simplemente baje una marcha al lavar: aquellos que lavan menos y a bajas temperaturas envian menos partículas al mar. Consejo: espere hasta que tenga suficiente ropa junta y el tambor de la lavadora esté realmente lleno. ¡ Además también ahorra agua y energía !

• Por cierto: las fibras sintéticas no solo se encuentran en la ropa. Las toallas, la ropa de cama o los trapos de limpieza también pueden contener una elevada cantidad de partículas de plástico.

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Un nuevo estudio estima que más de 170 billones partículas de plástico flotan en los OCEANOS, una cantidad muy superior a la calculada hasta ahora

Los científicos hablan ya del SMOG PLASTICO para ilustrar la presencia invasiva del material maleable y casi indestructible en nuestros mares

Fuente: El Mundo (2023/04/05)

Se estima que más de 170 billones partículas de plástico flotan en los OCEANOS, una cantidad muy superior la estimada hasta la fecha, según un estudio sobre el SMOG PLASTICO por un equipo de investigadores del 5 Gyre Institute de Santa Mónica y publicado en la revista PLOS One.

A partir de mediciones efectuadas en las 11.777 estaciones de muestreo en todas las cuencas oceánicas del mundo -con principal incidencia en el Atlántico Norte y el Pacífico Norte- los autores han estimado la concentración de microplásticos a nivel global, han estudiado la tendencia desde 1979 y han dado la voz de alarma por el rapidísimo incremento de la contaminación marina dese el 2005.

De seguir esta tendencia, la cantidad de plásticos entrando en los ecosistemas acuáticos podría casi triplicarse (o multiplicarse por 2,6) en el 2040 con los datos del 2016 como referencia. Los autores del estudio han apremiado a los a los 175 países que participaron en la V Asamblea de la ONU del Medio Ambiente a que aceleren las negociaciones para un tratado global para atajar la contaminación por plásticos en el 2024.

El principal impulsor del reciente estudio es el científico marino Marcus Eriksen, que en el 2008 se embarcó justo a Anna Cummins en el JUNK Raft, una embarcación construida con 15.000 botelllas de plástico, rumbo a la gran «isla de basura» del Pacífico Norte de 1,6 millones de kilómetros cuadrados.

Un año después decidió crear el 5 Gyres Institute, consagrado a la investigación, la educación y el activismo para combatir la contaminación marina.

«El aumento exponencial de la presencia de microplásticos en los OCEANOS del mundo es una señal de alarma ante la necesidad de actuar a nivel global», advierte Eiksen.

Señala Eiksen que «Tenemos que dejar de centrarnos en la limpieza y en reciclaje, y exigir responsabilidades corporativas a las empresas por el ciclo de vida de sus productos».

«Es el momento de afrontar el problema del plástico desde la fuente», advierte Eriksen, que destaca cómo el incremento en la última década se ha producido a pesar del aumento de las tasas de reciclaje en Europa y Norteamérica.

«La limpieza es algo fútil si se sigue produciendo plástico al nivel actual, si no se prohíbe el plástico de un solo uso y no se exige el uso y el diseño con materiales reciclables».

UN CAMIÓN DE PLÁSTICO VERTIDO CADA MINUTO

Se estima que el 2020 se produjeron unos 370 millones de toneladas métricas de plástico a nivel mundial. Entre ocho y trece millones de toneladas acaban todos los años en los mares: el equivalente a vaciar un camión de plástico cada minuto. En el mismo espacio de tiempo, sesenta segundos, más de un millón de botellas de plástico se venden en todo el mundo.

La inmensa mayoría de los plásticos que entran en los OCEANOS acaban descomponiéndose en pequeñas partículas, de tamaño inferior a 5 milímetros, conocidas como «microplásticos».

El 90% de las muestras de sal de los OCEANOS tienen trazas de microplásticos, que están también presentes en más de la mitad de los mamíferos marinos y de las aves acuáticas, así como en los peces, los mariscos y los moluscos, y pueden tener un impacto en la salud humana a través de la cadena trófica.

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Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico

SargazoGran Cinturón de Sargazo del Atlántico

EEUU mira al Atlántico desde el espacio y encuentra una estructura de 37,5M de toneladas que va desde África a México.

La estructura puede colapsar playas, afectar a la pesca y el turismo e, incluso, plantear riesgos para la salud. Además, al descomponerse, libera gases de efecto invernadero.

Fuente: elconfidencial (03/03/2026) por R. Badillo

Satélites de EEUU han confirmado la presencia de una gigantesca franja marrón que cruza el océano Atlántico desde África hasta México. Se trata de 37,5 millones de toneladas de sargazo pelágico, documentadas en la revista Harmful Algae por investigadores de la Florida Atlantic University.

La estructura, conocida como Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico, no es una isla sólida ni un vertido artificial, sino una acumulación masiva de algas flotantes que se extiende por miles de kilómetros. Las imágenes por satélite muestran largas bandas de biomasa que conectan la costa de África occidental con el golfo de México.

Este fenómeno, detectado por primera vez en 2011, ha reaparecido casi cada año desde entonces, salvo en 2013. El último registro marca un récord histórico de 37,5 millones de toneladas, cifra que no incluye las 7,3 millones de toneladas consideradas biomasa base en el mar de los Sargazos.

El origen del cinturón marrón

Durante décadas, el sargazo fue asociado a las aguas pobres en nutrientes. Sin embargo, el análisis de cuatro décadas de datos oceanográficos y satelitales revela un cambio profundo en su distribución y productividad a escala oceánica.

El doctor Brian Lapointe, autor principal del estudio y profesor investigador en el Harbor Branch Oceanographic Institute, explica que «nuestra revisión profundiza en la historia cambiante del sargazo: cómo está creciendo, qué está impulsando ese crecimiento y por qué estamos viendo un aumento tan drástico de biomasa en todo el Atlántico Norte».

Según el equipo científico, el contenido de nitrógeno del alga ha aumentado más de 50% entre 1980 y 2020, mientras que la proporción nitrógeno-fósforo se ha incrementado cerca de 50%. Este desequilibrio indica que el crecimiento ya no depende solo de procesos naturales como el afloramiento marino.

El impacto humano y los riesgos

Los investigadores vinculan la expansión del Gran Cinturón de Sargazo con aportes de nutrientes procedentes de tierra firme, como escorrentías agrícolas, vertidos de aguas residuales y deposición atmosférica. El río Amazonas y los sistemas fluviales del golfo de México desempeñan un papel clave en este transporte.

Lapointe advirtió sobre las consecuencias costeras: «La expansión del sargazo no es solo una curiosidad ecológica, tiene impactos reales en las comunidades costeras. Las proliferaciones masivas pueden colapsar playas, afectar a la pesca y al turismo y plantear riesgos para la salud». Cuando el alga se acumula en la orilla y se descompone, libera sulfuro de hidrógeno y gases de efecto invernadero, altera arrecifes y reduce el oxígeno en aguas someras.

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