El doctor Eric Wolff y sus colaboradores en el proyecto British Antartic Survey han examinado las burbujas de aire atrapadas en un fragmento de hielo de 3,2 kilómetros de profundidad. Este tipo de análisis ofrece a los investigadores la posibilidad de bucear en la historia de la Tierra, ya que la composición del aire atrapado en el hielo es como un espejo que refleja las condiciones ambientales de nuestro planeta a lo largo de milenios. De esta forma, los científicos han comprobado que los niveles actuales de CO2 no tienen precedentes.
«Nuestro análisis del hielo sugiere que el incremento del dióxido de carbono definitivamente provocará un cambio climático que será peligroso», aseguró el doctor Wolff, en declaraciones a la BBC.Los primeros resultados de este proyecto se publicaron en 2004 y 2005, cuando los investigadores habían analizado los fragmentos de hielo que mostraban la composición de la atmósfera hace 440.000 y 650.000 años, respectivamente. Ahora, el equipo de Wolff ha completado el análisis, llegando hasta los 800.000 años de antigüedad, y han comprobado que, a lo largo de los últimos dos siglos, se ha producido un incremento en los niveles de CO2 que no tiene parangón en la historia de nuestro planeta.
Para los científicos, esto demuestra que las emisiones contaminantes provocadas por la actividad industrial de la Humanidad han disparado los niveles de CO2 muy por encima de los «parámetros naturales» que se han observado en el análisis del hielo de la Antártida. «Estos resultados son muy inquietantes», advierte Wolff.
Solo nosotros, los dotados de capacidades matemáticas, nos empeñamos en leerlo casi todo al derecho, o al revés. Ser unidireccionales desata muchos de los atroces comportamientos que lo mismo nos destruyen como esquilman la riqueza natural.
Fuente: elmundo.es (12 de febrero de 2007) Autor: JOAQUÍN ARAÚJO
En los otros seres vivos, en sus ambientes, en los procesos y en los ciclos casi todo es recíproco.
Todo es pregunta y respuesta al mismo tiempo. De ahí que, de cara al denominado cambio climático, nos resulte tan necesario comprender algo tan crucial como el título de este texto.
Creo, sinceramente, que cuando se entiende que los elementos son partícipes directos, cuando no constructores, de lo que ellos mismos se proporcionan y nos proporcionan, las cosas comienzan a funcionar mejor. Quiero decir que el aire respira, el agua bebe, la luz ve y la tierra come, sino que por hacerlo es posible que nosotros inhalemos una parte de la atmósfera, bebamos la frescura líquida, podamos admirar el mundo y nutrirnos.
Dejar que el aire respire pasa por saber lo que le estamos haciendo respirar. Y no sólo se trata del ya más que famoso CO2. A la atmósfera van a parar decenas de otros gases bastante más peligrosos: humos de incendio, aerosoles, partículas de todo tipo y condición, radiactividad, tierra, polvo, todo ello entreverado de moléculas de todos los metales pesados, que es lo más peligroso que el ser humano pone en libertad no deseada. En suma, todo el repertorio imaginable de lo sucio, peligroso y hasta letal.
Con el agravante de que nuestro primer alimento es precisamente ese leve prodigio envolvente y amparador que llamamos aire. Materia, poética donde las haya, ya que lo es de los suspiros, de la palabra pronunciada, de la espuma y, por supuesto, de ese ingente azul llamado cielo que tenemos sobre nuestras cabezas. Pero no menos, insisto, esos 14 kilogramos diarios que cada persona inhala para que todos sus motores la muevan.
Hace tres años, alergólogos del Hospital Río Hortega de Valladolid, dirigidos por la doctora Alicia Armentia, publicaron el primer caso de un varón que sufrió una reacción alérgica por veneno de avispa después de beber vino y sin sufrir picadura alguna.
Entonces se pensó que podría ser un hecho excepcional.
Sin embargo, ahora los alergólogos españoles han documentado otros cinco casos más.
Todos desarrollaron síntomas alérgicos importantes, como problemas respiratorios, enrojecimiento, sudor y picores.
El veneno de los insectos no se detectó en una sola bodega.
Se encontró tanto en vino blanco, como en tinto y en caldos de todas las comunidades autónomas.
También se halló en vinos californianos y franceses analizados «y probablemente se encuentre en cualquiera.
Lo único que varía es la especie de himenóptero que contamina el vino», señala Armentia.
Evitar que las avispas se introduzcan en las bodegas es misión imposible. Y es que estos insectos llegan en los racimos de uvas a las bodegas y fallecen durante el proceso de despalillado y prensado, pero su veneno permanece activo hasta llegar a la botella.
Eso sí, desaparece en los vinos de crianza y reserva, pero permanece activo en mostos y caldos jóvenes.
Fuente: consumer (12 de abril de 2007) Por MARTA CHAVARRÍAS
Así lo corroboran datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según los cuales 1,8 millones de personas mueren cada año por enfermedades diarreicas (incluido el cólera), sobre todo en países en desarrollo. Si bien el problema se asocia sobre todo a este tipo de poblaciones, y que en la UE se considera «segura», los expertos ya se apresuran a declarar que las enfermedades causadas por agua contaminada podrían ser más de las que se creían hasta ahora. Con el fin de mejorar el acceso a este alimento, expertos europeos han puesto en marcha, bajo la coordinación del Helmholtz Center for Infection Research, de Alemania, el proyecto AGUA SANA, centrado en ampliar los conocimientos sobre los microorganismos presentes en el agua potable de la UE.
Qué clase de microorganismos están en el agua que se consume en la UE y cuáles son las enfermedades que causan son los dos interrogantes a partir de los cuales parte el proyecto AGUA SANA, que acaba de iniciarse y cuya duración será de tres años. Lo que pretenden los responsables del estudio es conocer con más exactitud el grado de calidad del agua europea y aplicar estos conocimientos al desarrollo de nuevas directrices destinadas a mejorarla. Manfred Höfle, del Helmholtz Center for Infection Research y coordinador del proyecto, destaca que actualmente la tecnología que se aplica «detecta sólo una E.coli», lo que obliga a desarrollar nuevas técnicas destinadas a «identificar todas las demás bacterias, virus y protozoos que causan o pueden causar infecciones transmitidas por el agua».
Los expertos parten yade una tecnología denominada AGUA Chip, que permite detectar de forma eficaz patógenos bacteriales en el agua. Ahora, los científicos trabajan para perfeccionar el sistema y hacerlo sensible a más especies de bacterias, patógenos y virus. La complejidad reside en que, si bien las bacterias y protozoos almacenan su información genética en moléculas de ADN, muchos virus lo que hacen es almacenar la suya en moléculas de ARN, admite Höfle. Además, un estudio epidemiológico iniciado por los expertos deberá servir para identificar los factores que podrían indicar una relación entre las infecciones y el agua potable contaminada. De lo que se trata es de unir y estructurar los datos para conocer los patógenos más habituales. La Directiva europea sobre agua potable fija actualmente un total de 48 parámetros microbiológicos y químicos que deben ser controlados y probados de forma sistemática con el fin de proteger la salud de los consumidores europeos con el suministro de agua potable sana y limpia.
La movilización en el ámbito comunitario para conseguir una buena calidad del agua que se consume no es nada despreciable. Desde la Comisión Europea, en concreto desde las distintas áreas de gestión, como la de Medio Ambiente y la de Investigación, desarrollan acciones como la de que los Estados miembros se esfuercen más para conseguir un buen nivel de calidad del agua. Desde el ámbito más puramente científico se han proporcionado ya algunas herramientas que permiten que estos Estados proporcionen a la Comisión Europea «datos ambientales y geoespaciales más precisos», admite Janez Potočnik, comisario de Investigación. El experto reconoce además que es «indispensable una base científica sólida para elaborar políticas que respondan a los intereses de los europeos».
Si se cumple con lo prometido en 2000 con la aprobación de la Directiva marco del Agua, los Estados miembros habrán mejorado la calidad de todas las aguas antes de 2015. La Directiva obliga además a los países a construir instalaciones de tratamiento adecuadas en los municipios de determinadas dimensiones, puesto que sólo el 51% de las plantas de tratamiento de la UE, antes de la ampliación de 2004, cumplía las normas previstas en la Directiva. Pese a que los informes presentados por los 27 Estados miembros muestran mejoras en este campo, también se aprecian deficiencias, como la presencia de nitratos en aguas superficiales y subterráneas.
Una de las principales dificultades relacionadas con un adecuado acceso a agua potable es no sólo su escasez, sobre todo en determinadas zonas geográficas, sino que queden garantizadas tanto la gestión como su calidad. Es lo que acaba de plantear la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con motivo de la celebración, el pasado 22 de marzo, del Día Mundial del Agua. Este año, el lema de la jornada ha sido «Afrontar la escasez de agua», y con él se han puesto en evidencia las dificultades para conservar, utilizar y proteger los recursos hídricos en todo el mundo. La escasez de agua es, según ha admitido Jacques Diouf, director general de la FAO, el «problema del siglo XXI».
De cumplirse con las expectativas apuntadas por los expertos, la población mundial podría llegar a los 8.100 de personas en el año 2030, lo que obligaría a mantener un ritmo de producción alimentos elevado, es decir, que durante los próximos 30 años se necesitaría destinar a uso agrícola un 14% más de agua dulce. Este y otros retos se inscriben en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2005-2015). Según el informe Perspectiva de calidad del agua, que acaba de presentar el Programa GEMS/Agua del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se han conseguido mejoras importantes en la calidad del agua en todo mundo, aunque todavía existen problemas de saneamiento.
Las principales amenazas son, según el informe, el cambio climático, las especies invasivas, los agentes patógenos transmitidos por el agua o los contaminantes químicos. Para remediarlas hacen falta mayores tecnologías de evaluación de riesgos, fortalecimiento de la cooperación de gestión hídrica y una evaluación científica para gestionar las 263 masas de agua internacionales del planeta.
Las uvas Masa-puestas pueden permanecer en el almacenaje por meses y se tratan generalmente con dióxido de sulfuro para prevenir decaimiento. Aunque el dióxido de sulfuro es eficaz, es corrosivo y puede causar reacciones alérgicas severas en alguna gente. los Vino-fabricantes tienen un problema similar en que los sulfitos agregados a los vinos para prolongar su shelf-life y para permitir que envejezcan pueden hacer sus vinos desagradables a algunos bebedores.
Francisco Artes-Hernandez y su equipo en la universidad técnica de Cartagena en España comparó varios diversos métodos preservativos con una nueva técnica que implica el exponer macroperforated los paquetes de uvas en 0 los degress C a los ciclos de 0.1 litros micro por el litro de ozono. Encontraron que el tratamiento del OZONO era el 90% tan eficaz como la SO2 en la prevención de decaimiento. Además, las uvas ozono-tratadas tenían hasta cuatro veces más antioxidantes que las uvas untreated (diario de la ciencia del alimento y la agricultura, el doi 10.1002/jsfa.2780).
Todavía no se sabe porqué los niveles antioxidantes aumentan, pero porque estos compuestos para arriba-se regulan en respuesta a la tensión ambiental en células de la planta, podría ser que el ozono está percibido como insulto bioquímico.
El Waterhouse de Andrew, silla del departamento de la viticultura en la universidad de California, Davis, dijo que porque los cultivadores del vino no almacenan las uvas por períodos prolongados, son poco probables utilizar el OZONO en cualquier proceso de la preservación.
Los antioxidantes, compuestos naturales encontrados en vino rojo, chocolate, café y muchas frutas, se creen para ayudar a prevenir una variedad de enfermedades incluyendo cáncer y el neurodegeneration.
El estudio, coordinado por Pablo Cotarelo, y que recoge datos oficiales de trece comunidades autónomas durante 2006, abarca una población de treinta y cinco millones de personas, más del 80 por ciento de la población española, y casi todas las ciudades de mayor tamaño. La cifra de afectados por este problema ronda los dieciocho millones de personas, y podría ser mayor, ya que no se han medido datos de zonas tradicionalmente contaminadas como las centrales térmicas de Aragón, Galicia o León.
El informe indica que los niveles de límite exigidos por la legislación europea para los contaminantes atmosféricos medidos -las partículas en suspensión, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre-, se superan en muchas ciudades españolas.
A este respecto, Francisco Segura, responsable de transporte de la organización ecologista, señaló que será difícil que España cumpla con los objetivos marcados para 2010 por la Unión Europea, mucho más restrictivos que los actuales .
Según el estudio, el principal responsable de la situación es el tráfico, por el aumento de los motores diesel que contaminan seis veces más que los de gasolina, unido a la concentración de la población en grandes núcleos urbanos y las desastrosas políticas en materia de transporte que fomentan el uso del vehículo privado.
A este respecto, Segura indicó que España es el cuarto país del mundo con mayor número de autovías y autopistas, un gasto público inútil porque ya hay suficientes carreteras para el número de vehículos actual .
MADRID, CÁDIZ, JEREZ DE LA FRONTERA Y ZARAGOZA, LAS CIUDADES MÁS CONTAMINADAS
Del informe se desprende que Madrid es una de las ciudades más contaminadas, ya que se registran niveles de dióxido de nitrógeno de más de 100 microgramos por metro cúbico frente a los 48 que exigía la UE en 2006.
Además, los ecologistas indicaron que los niveles de partículas en suspensión en el aire son muy alarmantes, ya que son las más perjudiciales, y superan la cota de 40 microgramos por metro cúbico anual en ciudades como Cádiz, Jerez de la Frontera, Huelva, Zaragoza o Valladolid, entre otras.
Para mejorar la calidad del aire, los ecologistas proponen reducir las industrias contaminantes y fomentar el uso de energías renovables, establecer planes de reducción de la contaminación, favorecer el transporte público y un uso responsable del vehículo privado.
Ecologistas en Acción ha alertado sobre el fuerte incremento, durante el primer semestre del año, de las notificaciones por contenido de mercurio en pescado. Para la organización ecologista la situación es más grave ya que los límites permitidos por la UE de mercurio en pescado no protegen suficientemente la salud, al no tener en cuenta el consumo medio, ni las características corporales de los consumidores.
Según Ecologistas en Acción durante el primer semestre del año se han incrementado de forma muy importante las notificaciones por contenido en mercurio en pescado. Estas notificaciones son publicadas por el sistema de alerta rápida para piensos y alimentos (RASFF en sus siglas inglesas). La situación actual, con 59 notificaciones en el primer semestre del año, concuerda con la tendencia presentada recientemente en el informe anual del 2006, año en el que aumentaron las notificaciones sobre superaciones del nivel legal de contenido en mercurio en productos pesqueros con respecto a años anteriores. Las superaciones en el año 2006 fueron 71, 46 superaciones en 2005 y 45 en 2004.
Como en el caso las actuales superaciones en productos españoles, el pez espada fue la especie con un mayor número de la notificaciones en 2006 (36) seguido por el tiburón (17 notificaciones) y el atún (7 notificaciones).
Según la normativa comunitaria, el nivel máximo permitido de mercurio en los productos pesqueros es de 0.5 miligramos (mg) por kg. En ciertas especies (como el pez espada, el tiburón, o el atún) se permite un nivel máximo más alto, de un miligramo por kg.
Para Ecologistas en Acción la situación es mucho más grave, ya que si en lugar de los límites establecidos por la UE, utilizásemos los criterios establecidos por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), referidos a la ingesta máxima semanal de metilmercurio, 1,6 microgramos (µg) por kg de peso corporal por semana para proteger suficientemente al feto en desarrollo expuesto al metilmercurio a través de alimentos contaminados ingeridos por la madre embarazada.
Este nuevo límite recomendado sustituye a la recomendación precedente de 3,3 µg de metilmercurio en los alimentos por kg de peso corporal por semana, el cual se mantiene para el resto de personas adultas. Con esta propuesta, una mujer, en edad fértil, con un peso de 60 kg y que consuma unos 400 gramos de atún a la semana (media de consumo de pescado en Asturias*), no debería ingerir pescado con contenidos superiores a las 0,25 mg por kg para no superar los límites aconsejados por el comité de expertos.
El mercurio es un metal extremadamente volátil que puede ser transportado a grandes distancias una vez se ha emitido a la atmósfera. Una vez se ha depositado en un ambiente acuático, el mercurio se transforma en metilmercurio, una potente neurotoxina, que se acumula en los peces y en los animales y los humanos que los consumen.
Cuando es ingerido por mujeres embarazadas, el metilmercurio atraviesa la placenta y se acumula en el cerebro y el sistema nervioso central del feto en desarrollo. Incluso cantidades relativamente despreciables pueden producir serios retrasos motores o de comunicación. El mercurio nunca desaparece del medio ambiente, asegurando que la contaminación de hoy seguirá siendo un problema en el futuro.
Cualquier alimento debería estar, en condiciones ideales, libre de la presencia de microorganismos patógenos. Pero conseguirlo no es fácil y, a pesar de las medidas que el sector productivo implementa, con un demostrado alto grado de eficacia para alguno de los microorganismos más virulentos, su completa erradicación es compleja. Un análisis de las principales bacterias patógenas responsables de enfermedades causadas por el consumo de alimentos contaminados obliga a tener en cuenta Bacillus cereus, Campylobacter jejuni, Clostridium botulinum, Escherichia coli enteropatógeno y Staphylococcus aureus.
Bacillus cereus, un bacilo de tamaño grande que forma esporas, es un microorganismo ampliamente distribuido en la naturaleza y en los alimentos. Para que se evidencien los síntomas deben ingerirse cantidades muy elevadas de esta bacteria que, una vez en el tracto intestinal, libera una toxina (exoenterotoxina) provocando una gastroenteritis. Su periodo de incubación puede ser corto, y produce una intoxicación similar a la causada por estafilococos, con náuseas y vómitos, o un cuadro de tipo diarreico. Haciendo justicia a su nombre, se lo relaciona principalmente con postres de pastelería, arroz hervido o frito y productos a base de cereales como pasta.
La contaminación se produce al germinar formas esporuladas del bacilo que resisten al tratamiento térmico. Para evitarlo es conveniente mantener este tipo de alimentos, en especial los arroces, bien calientes o enfriarlos rápidamente y en pequeñas cantidades, manteniéndolos refrigerados. A la hora de consumirlos es aconsejable calentarlos a fondo.
El nombre de la bacteria hace referencia a su forma, campylo, de origen griego, que significa curvado. Se trata de bacterias patógenas finas, filamentosas y dobladas a modo de comas. Su ingestión produce infecciones intestinales. Es la causa más común de diarreas en el ser humano, y afecta principalmente a niños, adolescentes y ancianos. Los síntomas, que aparecen al cabo de dos o cuatro días, incluyen dolor abdominal, diarrea y fiebre.
Los alimentos más relacionados con este microorganismo son las carnes o el pollo crudo o mal cocinados, la leche sin pasteurizar y el agua sin tratamiento. En los países desarrollados, y pese a las cada vez más exhaustivas medidas sanitarias, los brotes de infecciones por Campylobacter, lejos de disminuir, se incrementan. Para prevenir este tipo de infección deben cocinarse bien los alimentos, evitar posteriormente la contaminación cruzada y beber agua sanitariamente controlada.
Clostridium botulinum es una bacteria en forma de bastoncito que vive habitualmente en el suelo en condiciones anaerobias (en ausencia de oxígeno), produce esporas resistentes y genera gas.
La intoxicación la produce la toxina botulínica, una potentísima neurotoxina que ataca al sistema nervioso. Se trata de una de las más peligrosas que se conoce, pudiendo ocasionar la muerte a dosis bajísimas.
El botulismo se presenta raras veces, aunque se le presta mucha atención por su elevada mortalidad. Los síntomas aparecen entre las 12 y 36 horas en forma de trastornos digestivos agudos, náuseas, vómitos, incluso diarrea y dolores de cabeza, fatiga y desvanecimientos.
También puede producir estreñimiento y presentarse síntomas neurológicos como doble visión. Con frecuencia puede aparecer dificultad al tragar, hablar y tener sensación de boca seca. La toxina paraliza los músculos involuntarios, extendiéndose al sistema respiratorio y al corazón.
La causa más frecuente de este tipo de intoxicación es la elaboración incorrecta de alimentos envasados en el hogar, principalmente carnes o pescados conservados, así como verduras y hortalizas (judías verdes, espárragos y remolacha, entre otros). Los brotes de botulismo derivados de un fallo en la producción industrial de alimentos siempre son noticia por sus consecuencias. La prevención pasa por el control de los tratamientos térmicos y el rechazo de envases mínimamente abombados, hinchados o deteriorado
Los síndromes determinados por la ingestión de ECE se dividen en dos grupos:
• Bacterias que producen una enterotoxina y provocan una enfermedad similar al cólera (diarrea, vómitos, deshidratación). Son las responsables de las diarreas infantiles y de las llamadas «diarreas del viajero». Tras su ingestión se produce una colonización del intestino y una posterior liberación de la toxina.
• Bacterias que no producen enterotoxina pero son invasivas del intestino y provocan colitis (inflamación del intestino grueso) y cuadros similares a una sigelosis (disentería bacilar) con fiebre, escalofríos, dolores de cabeza, espasmos abdominales y diarrea, entre otros.
En ambos casos se ingieren alimentos en los que se ha desarrollado un intenso crecimiento bacteriano, bien por una fuerte contaminación o por una conservación inadecuada. La prevención pasa por el control de los alimentos frescos en origen, principalmente leche y carne; la vigilancia de una posible contaminación posterior y la recontaminación de los alimentos ya higienizados.
Finalmente, la refrigeración impedirá la multiplicación de los posibles ECE presentes en los alimentos.
Además de los mencionados ECE, E.coli O157:H7 relacionada con hamburguesas mal cocinadas, leche cruda y algunos productos agrícolas, puede producir un tipo de toxina mortal. Su incidencia es baja.
La intoxicación de origen alimentario más frecuente la produce la ingestión de la toxina que aparece por el crecimiento en los alimentos de ciertas cepas de S.aureus. Se trata de una enterotoxina que causa gastroenteritis al poco tiempo de ser consumida (de dos a cuatro horas) con vómitos, diarrea e inflamación de la mucosa gástrica e intestinal. El microorganismo es un estafilococo, es decir, una bacteria con forma redonda que crece normalmente en masas similares a racimos de uvas en medio sólido, dando al alimento una coloración amarilla dorada (aunque algunas cepas son incoloras), de ahí el nombre de aureus.
A pesar de su amplia distribución y a la facilidad con la que llega a los alimentos, sus efectos son agudos y aparatosos pero remiten rápidamente. Staphylococcus aureus es un microorganismo muy resistente a las condiciones ambientales y extremadamente difícil de erradicar, y convierte a los manipuladores de alimentos en los principales agentes de su rápida extensión. El frío impide que la bacteria forme la toxina que desencadena la infección bacteriana en humanos.
Los alimentos más implicados son principalmente los cocinados ricos en proteínas como el jamón cocido, carne de aves y también productos de pastelería rellenos de crema. Alrededor del 75% de los brotes de intoxicación estafilocócica se presentan como consecuencia de una mala refrigeración.
Listeria monocytogenes debe su nombre al médico inglés Joseph Lister, cirujano del siglo XIX que, impresionado por los trabajos de Pasteur, relacionó la sepsia postoperatoria con las infecciones microbianas resultado de la falta de desinfección quirúrgica. Sus sencillos pero eficaces métodos de esterilización tanto de instrumentos como de vendajes y ambiente en los quirófanos fueron totalmente revolucionarios en su época, y sentó las bases de la cirugía antiséptica.
Esta bacteria, con forma de bacilo corto o coco, produce una enfermedad llamada listeriosis, una patología de periodo de incubación variable, especialmente grave en mujeres embarazadas y recién nacidos así como en adultos inmunodeprimidos. En la madre puede causar fiebre leve con gastroenteritis débil o síntomas similares a una gripe mientras que en el feto causa una septicemia generalizada grave.
La listeriosis puede contraerse por diferentes vías de transmisión, pero la alimentaria es una de las más frecuentes. Debido a que la cantidad presente en alimentos suele ser frecuentemente baja, el verdadero problema reside en su rápida multiplicación durante el almacenamiento del producto, aún a temperaturas bajas de refrigeración, una de sus características más problemáticas. Además es bastante resistente al calor, acidez y concentración salina.
Se ha relacionado esta enfermedad con el consumo de verduras con excesivo almacenamiento en origen, leche cruda, quesos blandos, carnes crudas o poco cocinadas y embutidos, pollo y pavo y productos del mar tanto frescos como en conserva y ahumados. Uno de sus principales reservorios en alimentación son las superficies húmedas de plantas de procesado de alimentos.
Este hecho, junto con su relativa facilidad para crecer a bajas temperaturas, convierten las cámaras frigoríficas de la industria alimentaria en importantes posibles placas de cultivo. Las manos del manipulador y la contaminación cruzada son los principales focos de infección en alimentos.
Debe tenerse especial cuidado con la leche cruda y platos preparados con ellos, quesos de pasta blanda (nunca comer la corteza), derivados cárnicos como embutidos, salchichas, especialmente de consumo frío, durante el embarazo es preferible evitar todos ellos. Además es importante evitar almacenamientos prolongados incluso en refrigeración; limpiar, desinfectar y secar bien superficies y utensilios, también las manos; atención a la higiene del frigorífico; cocinar a fondo los alimentos también al recalentarlos; higienizar verduras crudas antes de consumirlas, y no consumir alimentos «artesanos» que no ofrezcan garantías sanitarias.
La salmonela es una de las bacterias más mediáticas y conocidas. A ella se le atribuyen muchas de las toxiinfecciones alimentarias, algunas inmerecidamente. Se trata de una enterobacteria que puede llegar a contaminar el agua y los alimentos de origen animal especialmente huevos, aves y cárnicos, y que al multiplicarse en condiciones adecuadas de crecimiento durante el tiempo suficiente alcanza una dosis tal que al ingerirse produce una patología llamada salmonelosis.
Sólo a través del control de alimentos en origen y de unas buenas prácticas de manipulación en toda la cadena se puede reducir la incidencia y llegar a su erradicación.
Shigella es una enterobacteria en forma de bacilo cuyo género fue descubierto y descrito por el bacteriólogo japonés Shiga, a quien debe el nombre. Sus brotes se relacionan con la falta de higiene y se transmite fácilmente, bien directamente de persona a persona o a través de las manos, insectos o por contaminación fecal. Con todo, el agua contaminada es uno de los principales focos de infección. Tras su ingestión esta bacteria libera una endotoxina que afecta a la mucosa intestinal. Tanto el periodo de incubación como los síntomas son muy variables: dolores abdominales, diarreas, esclofríos, naúseas y cefaleas de diferentes grados de gravedad.
La shigelosis, también llamada disentería bacilar, aparece con más frecuencia de la que a menudo se le concede.
Además del agua, se la relaciona con alimentos con elevada tasa de humedad, como la leche, las verduras como judías verdes o patatas, aunque se han visto también implicados en sus brotes atún, gambas, pavo y salsas preparadas. Las medidas de prevención están relacionadas con la estricta higiene personal, así como evitar su desarrollo mediante una refrigeración adecuada y una correcta higienización de los alimentos previa a su consumo.
Se trata de un bacilo móvil próximo a V.cholerae (agente patógeno del cólera). Debido a que es un habitante habitual del medio marino, su más temida característica es la condición de bacteria halófila, es decir, que necesita concentraciones salinas elevadas, en este caso similares a las marinas, para desarrollarse, pero resiste concentraciones superiores, por lo que además de alimentos de origen marino frescos puede contaminar también otros productos como salazones.
Su ingestión provoca, tras unas 12 horas, una gastroenteritis febril a veces acompañada de diarrea sanguinolenta. Su papel enteropatógeno ha sido ampliamente estudiado y demostrado en Japón, donde constituye una de las causas más importantes de infecciones alimentarias.
Los alimentos más implicados son de origen marino: pescado y moluscos crudos o insuficientemente cocinados. El microorganismo se encuentra ya en estos alimentos en el momento de su captura. Tras la muerte del pescado, V. parahemolítico se multiplica activamente.
Como medidas de control es conveniente limitar su crecimiento en los productos crudos conservándolos en refrigeración o congelación además de consumir pescados y mariscos suficientemente cocinados o hervidos e impedir su recontaminación por los crudos como normalmente sucede en estos brotes. Una práctica peligrosa nada recomendable es el empleo de agua de mar para labores de limpieza o para enjuagar alimentos que se van a consumir en crudo.
Se trata de una enterobacteria psicrótrofa, es decir, que crece a temperaturas de refrigeración, y de la que sólo algunas cepas son enteropatógenas. Causa la yersiniosis, una enfermedad que cursa con dolor abdominal, diarrea o vómitos, síntomas que recuerdan una apendicitis y que aparecen entre las 24 y 36 horas tras la ingestión del alimento contaminado.
En la aparición del Parkinson, la enfermedad degenerativa neuronal más frecuente después del Alzheimer, juegan un papel importante tanto factores genéticos como medioambientales, sostienen los científicos. Son muchos los estudios que lo sugieren y existen compuestos químicos que se ha demostrado que, en casos de grave intoxicación, producen síntomas muy parecidos a los temblores del Parkinson. Por ello, los investigadores se han interesado por la historia personal de casi 1.000 enfermos con Parkinson claramente diagnosticado o que presentan síntomas similares para ver si comparten factores de riesgo.
Los enfermos son de cinco países o regiones europeas, Italia, Suecia, Rumania, Malta y Escocia, y se recabaron datos sobre su exposición a lo largo de la vida a disolventes, pesticidas, hierro, cobre y manganeso. También se tuvieron en cuenta muchos otros factores, como si fumaban o tenían un pariente próximo afectado por la enfermedad, tras el análisis correspondiente, se comprobó que el factor de riesgo más importante es tener familiares con la enfermedad, seguido de haber tomado durante más de un año medicamentos para la ansiedad, para dormir o para tratar la depresión, aspectos que ya se habían puesto de manifiesto en otros estudios anteriores.
También se confirmó la no relación del Parkinson con el consumo de alcohol. Sin embargo, se halló asimismo una correlación estadísticamente significativa entre el Parkinson y la exposición a pesticidas, con una clara y novedosa relación entre el grado de exposición y la aparición o no de la enfermedad. Lo que no se puede precisar es cuáles son los pesticidas implicados, por lo que resultan necesarios nuevos estudios. No se encontró, por otra parte, relación entre la exposición a los disolventes o a los metales a lo largo de la vida y el riesgo de padecer Parkinson.
El hecho de que la exposición a los pesticidas suela ser intermitente, tanto en los agricultores como en los particulares que cuidan su jardín, hace difícil saber si se está subestimando su importancia como factor de riesgo causante de Parkinson, porque no se conoce todavía en qué grado la exposición a los pesticidas puede desembocar en la enfermedad.
Los organofosforados son los pesticidas que más claramente se han relacionado con el Parkinson en algunos estudios anteriores. En cuanto a otros resultados llamativos del estudio actual, que se ha publicado en la revista Occupational and Environmental Medicine, como la relación con los tratamientos antidepresivos, resulta también difícil establecer conclusiones tajantes por ahora, porque puede ser que en algunos casos sea el Parkinson incipiente el que cause los trastornos, como el insomnio, la depresión o la ansiedad que son así tratados.
Los factores genéticos y ambientales que interaccionan para producir la enfermedad o enfermedades pueden ser numerosos, de forma que un factor de riesgo puede resultar importante sólo en individuos susceptibles y no en todos. El hecho de tener una historia familiar de Parkinson es el mayor factor de riesgo pero queda por comprobar que se deba solamente a factores genéticos y no a que los familiares suelen vivir en el mismo ambiente.
Fuente: Nota de prensa (Comunidad de Madrid 24/07/2007)
Concretamente la fábrica que la compañía Panrico SA tiene en esta localidad vierte directamente al Jarama cientos de litros de residuos industriales sin depurar al río Jarama. Estos vertidos han formado una gran balsa perfectamente visible desde la orilla izquierda, de color negruzco y olor característico.
Estos vertidos vienen produciéndose al menos desde hace más de ocho años, con conocimiento y autorización de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), sin que se haya hecho lo más mínimo desde el organismo autónomo encargado de vigilar del buen estado de los ríos de la cuenca hidrográfica, por cambiar esta situación.
En 1999 Jarama Vivo, a través de un escrito de la asociación El Soto, pidió copia de la autorización de vertido sin recibir respuesta por parte de la CHT.
La fábrica de Panrico se haya en el Polígono Industrial que invade toda la vega izquierda del río Jarama. La construcción de este Polígono es un ejemplo del desorden y descontrol urbanístico realizado en el municipio de Paracuellos en las últimas tres décadas, donde se ha permitido todo tipo de emplazamientos al margen de una coherente planificación urbanística.
Según un estudio publicado por la Consejería de Obras Públicas de la Comunidad de Madrid en 1999, las instalaciones de este polígono o bien carecen de sistemas de depuración, o bien la realizan a través de fosa séptica, método totalmente inútil para residuos industriales.
Es perfectamente visible ver cómo las aguas del Jarama sufren una degradación más acusada al llegar sus aguas al Polígono de Paracuellos, siendo éste la antesala de los numerosos y cuantiosos que recibirá en su curso bajo, al toparse con las depuradoras del Canal de Isabel II.
Estos hechos han sido puestos en conocimiento de las distintas autoridades competentes en materia de aguas, así como a la Consejería de Urbanismo y Medio Ambiente, indicando a ésta que pese a que los vertidos proceden de una empresa privada puede enviar a sus Agentes Forestales sin autorización judicial previa, ya que el vertido está en el dominio público hidráulico.
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