Los investigadores estudiaron 117 cerdos antes y después del viaje al matadero y antes y después del proceso de «atontamiento» correspondiente en el matadero. Comprobaron que los 117 animales no estaban infectados por la bacteria MRSA antes de iniciar el viaje, aunque tras el traslado en camión, un 10% dio positivo. Tras el «atontamiento» en el matadero, un 60% se clasificó como positivo. La bacteria se encontraba en la nariz, si bien los animales no estaban infectados.
Con la dirección del doctor Pascual López Buesa, los investigadores del grupo Tecnología y Genética Porcina de la citada facultad han diseñado una dieta más sana para los cerdos en la que se ha modificado la composición de los ácidos grasos. Se obtiene así una carne «que se adecua a las más estrictas recomendaciones nutricionales», informó la citada Universidad.
La dieta, elaborada en colaboración con ganaderos aragoneses y navarros, consiste en un nuevo pienso con una alta concentración de ácidos grasos poliinsaturados y enriquecida con vitamina E.
Con este pienso se alimenta al cerdo durante las seis últimas semanas del periodo de engorde, que finaliza cuando el animal ronda los 100 kilos de peso. La investigación, realizada sobre una muestra de 100 cerdos, ha demostrado la posibilidad de convertir en «ideal» la grasa de la carne porcina.
La grasa idónea suministra los nutrientes lipídicos esenciales en tal equilibrio que, además de no favorecer la aparición de enfermedades derivadas del consumo excesivo de grasas, como la ateroesclerosis u otras enfermedades cardiovasculares, contribuye a disminuir su incidencia, explicó la UZ.
Esta carne saludable presenta un contenido en ácidos grasos saturados inferior al 33% y una relación ácidos grasos monoinsaturados/ácidos grasos poliinsaturados cercana a cinco. «La reducción de ambos factores es muy importante para rebajar los riesgos cardiovasculares», afirmaron.
Estos hallazgos se han unido a un trabajo de selección de animales, que ha dado lugar a su vez a carnes con un bajo contenido en grasa (menos de 3,5%), lo que contribuye también a adaptarse a las referidas recomendaciones nutricionales, especialmente en la reducción del aporte calórico relativo de la grasa.
Fuente: consumer (3 de diciembre de 2008) Por MARTA CHAVARRÍAS
Salmonella spp., Escherichia coli, Mycobacterium tuberculosis o Stapylococcus aureus son algunos de los patógenos que contiene la leche cruda y que obligan a mantener unas adecuadas medidas de manipulación e higiénicas en todo el proceso para reducir esta carga microbiana. La descripción de los patógenos más habituales, como los citados, hace frente ahora a una nueva realidad, tal y como refleja un estudio publicado en la revista «International Journal of Systematic and Evolutionary Microbiology», según el cual la «población microbiana de la leche cruda es mucho más compleja de lo que se creía hasta ahora».
Resistencia patógena
Identifican nuevos patógenos en leche cruda resistentes al proceso de pasteurización y a la refrigeración
Por su composición química y la presencia elevada de agua (un 80% de su peso es agua), la leche es un alimento muy propicio para el crecimiento de microorganismos, algunos de ellos beneficiosos, como bacterias lácticas. Pero no todos tienen los mismos efectos, ya que muchos otros (como la Salmonella) alteran las características organolépticas del producto y afectan a su calidad final, poniendo así en jaque los beneficios que se asocian a su consumo. La lista de estos patógenos acaba de completarse ahora, después de que un equipo de expertos de la Universidad de Haifa, en Israel, haya identificado nuevas bacterias patógenas.
Una de ellas es Chryseobacterium oranimense, capaz de crecer incluso a bajas temperaturas y de secretar enzimas con capacidad para estropear la leche. En condiciones normales, si el alimento crudo se refrigera por debajo de los 8ºC, los posibles microorganismos ralentizan su acción.
Según la investigación, incluso después de someter la leche al proceso de pasteurización, que consiste en «limpiarla» de gérmenes patógenos a temperaturas de 72ºC a 78ºC durante unos 20 segundos, es posible encontrar algunas enzimas de bacterias tolerantes al calor y resistentes a este proceso, lo que puede convertirse en un «defecto en el sabor» y en un «problema de seguridad», aseguran los expertos en su investigación.
De ahí nace la necesidad de desarrollar nuevos estudios que tengan en cuenta las enzimas termoestables que no desaparecen durante este proceso y el impacto real que tiene la bacteria Chryseobacterium oranimense y otras dos identificadas (C. haifense y C. bovis) en la calidad de la leche. El objetivo de futuras investigaciones debe profundizar en la fisiología de estos organismos y el proceso en el que están involucrados.
Fuentes de contaminación
Las vías por las que la leche puede contaminarse son numerosas. Desde el proceso de ordeño, a través de material contaminado o de los pezones de la vaca, en contacto con heces, hasta la refrigeración posterior, la pasteurización y comercialización final.
El agua con la que se limpian los utensilios y equipos utilizados durante el ordeño también puede ser una vía de contaminación, así como el suelo, ya que, pese a que la leche no entra en contacto con éste, sí lo hace el animal y el personal que la manipula.
Para reducir los riesgos se establecen, vía normativa, requisitos de actuación que afectan al animal -en la explotación-, y al personal que, en alguno de los pasos de producción, entra en contacto con este alimento.
• El ordeño, en la mayoría de los casos ya mecanizado, debe hacerse siempre bajo unas determinadas condiciones higiénicas, como limpiar los pezones y secarlos para evitar que la humedad, gran amiga de ciertos patógenos, ayude a su proliferación. • El almacenamiento de la leche tras el ordeño permite mantenerla a temperaturas de refrigeración inferiores a 6ºC. • El transporte de la granja a la industria se realiza en camiones con cisternas adecuadas para mantener las condiciones de refrigeración y limpias para evitar la formación de patógenos. • En la industria, la leche se somete a distintos procesos, como homogeneización y terminación o pasteurización, tras los que se obtendrá el producto final, listo para ser envasado.
RESTRICCIONES AL CONSUMO
Un debate generalizado es el que se desarrolla sobre la conveniencia o no de beber leche cruda, y sus beneficios. Algunos creen que contiene nutrientes adicionales que podrían llegar a compensar el riesgo de ingerir microorganismos. Sin embargo, en la mayoría de los países europeos el consumo de leche sin pasteurizar no está permitido.
No es así en el Reino Unido, donde la Agencia de Normas Alimentarias (FSA, en sus siglas inglesas) permite, a un total de 275 establecimientos, comercializar leche cruda, aunque con unas condiciones de etiquetado que especifiquen que se trata de un alimento que no se ha sometido a ningún tratamiento térmico y que, por tanto, puede contener organismos dañinos.
En España, al igual como en otros países europeos, como Escocia o Irlanda del Norte, no se autoriza el «suministro directo, por parte del productor, de pequeñas cantidades de leche cruda al consumidor final o a establecimientos de venta al por menor», tal y como establece el Real Decreto 640/2006. La comercialización de leche cruda para consumo directo debe fundamentarse, tal y como indica el Ministerio de Sanidad y Consumo, en lo que establece la normativa. En el caso de que la leche cruda se utilice para elaborar otros productos lácteos, como queso, los controles deben asegurar que el contenido en gérmenes a 30ºC es inferior a 300.000 colonias por mililitro, una condición que puede aplicarse sólo en el caso de no se haya realizado ningún tratamiento térmico.
LOS PATÓGENOS DE LA LECHE CRUDA
De generalizarse el consumo de leche cruda debería tenerse en cuenta que son varios los patógenos que alteran su calidad y, por tanto, que vulneran la seguridad de su consumo. A grandes rasgos, los principales patógenos son:
• Salmonella spp, Escherichia coli y otras enterobacterias. Estos patógenos, que provocan en personas gastroenteritis agudas, llegan a través de la leche por la contaminación de heces y ubres, así como animales y personas. • Salmonella typhi y Salmonella paratyphi pueden llegar a través de las manos sucias y agua contaminada. • Mycobacterium tuberculosis se propaga mediante animales enfermos o portadores, ubres infectadas y heces de vaca. • Brucella abortus, que provoca brucelosis, al igual que la anterior, puede transmitirse por ubres infectadas y también por el medio ambiente. • Staphyloccocus aureus se transmite vía ubres contaminadas y personas.
Para ello se cogió un grupo de añojos y se dividieron a su vez en tres subgrupos que fueron alimentados de tres formas distintas: en una dieta a base de concentrados y paja; alfalfa complementada con una alimentación a base de cereales (1,8 kg de cebada) y otro grupo de animales que combinaba estos dos tipos de alimentación durante los tres primeros meses para finalizar tan sólo con alfalfa durante los dos últimos meses.
Tan sólo hubo diferencias en la composición tisular de las canales. Con la alimentación final a base de alfalfa se consiguió que los animales tuvieron más músculo y menos grasa subcutánea e intramuscular frente a los otros dos grupos.
En cuanto a la calidad de la carne, no hubo grandes diferencias entre los tres grupos, sin embargo los novillos finalizados con alfalfa tuvieron un menor nivel de grasa intramuscular y sus grasa tenía un alto nivel de ácidos grasos poliinsaturados omega 3.
Ante esto, los autores del artículo estiman que la pastura con alfalfa puede ser una alternativa a los concentrados para el acabado del ganado ya que permite un menor nivel de grasa y una composición de los ácidos grasos más saludable que en el caso de los animales alimentados a base de concentrados durante el cebo final.
Fuente: consumer (21 de octubre de 2009) Por MARTA CHAVARRÍAS
Entre los factores que se deben tener en cuenta en seguridad alimentaria destacan las condiciones ambientales y de manipulación a las que se someten los animales cuyos productos se destinan al consumo humano. De este contexto dependerá la calidad final del producto y la eliminación efectiva de posibles patógenos. La integración de este concepto en la cadena alimentaria obliga a desarrollar estrategias dirigidas a la vigilancia de las explotaciones ganaderas y sistemas de información que acompañan a los alimentos. La clave es estrechar la relación entre el producto animal que llega al consumidor con las prácticas de cría aplicadas en la granja.
La misión es compleja porque en ella deben confluir los trabajos de productores (gestión y control de sus animales), certificadores (evaluación de granjas y mataderos) y consumidores (cada vez más exigentes con los alimentos que adquieren y la forma de producción). A pesar de la dificultad del concepto, la comunidad científica coincide en que el bienestar animal vela porque los animales «no sufran miedo, estrés, angustia o hambre prolongada». De este modo lo reconocen los responsables del proyecto Welfare Quality en «Principios y criterios del bienestar animal», un consorcio formado por 44 socios de 13 países europeos, Brasil, Chile, México y Uruguay, que se puso en marcha en mayo de 2004 y que está previsto que concluya a finales de 2009.
Los alimentos procedentes de animales ya no se consideran sólo una «materia prima» o un «producto final». De la granja a la mesa, pasan por numerosos procesos. Del tratamiento y manejo que reciban en cada uno de ellos depende en gran medida que el consumidor adquiera un producto de calidad. Con el fin de armonizar y simplificar todos estos procesos, expertos del Welfare Quality han ideado una manera para «medir» criterios de bienestar animal en siete especies de producción: vacas de leche, de carne, terneros de engorde, cerdas reproductoras, cerdos de engorde, gallinas ponedoras y pollos de engorde.
Estas premisas abarcan al ganado porcino, bovino y aviar. De su aplicación depende en buena parte el grado de bienestar, según quedó patente en la conferencia «Bienestar y calidad animal: transparencia en la cadena de producción alimentaria», celebrada en Uppsala (Suecia) el 8 y 9 de octubre.
Durante años han existido importantes barreras entre productores y consumidores, que desconocían buena parte de la labor realizada en granjas y mataderos. A raíz de crisis alimentarias como la peste porcina, la encefalopatía espongiforme bovina (EEB), la fiebre aftosa o la gripe aviar, ha aumentado la preocupación hacia la producción animal. Conceptos como el de valor nutritivo, seguridad de los alimentos y bienestar han sido asumidos por buena parte de la sociedad, que demanda estándares cada vez más exigentes.
Hoy en día, el acercamiento al concepto de bienestar debe hacerse desde un ámbito multidisciplinar en el que confluyen especialidades como la biología, la psicología, la etología, la biotecnología y las ciencias veterinarias. Los progresos que se hacen indican la necesidad de adaptarse a las exigencias de los consumidores y las normas que se aprueban. En una de las investigaciones realizadas sobre el efecto del estrés en vacas lecheras, los resultados han demostrado que si éste se reduce, mejora la producción de leche y su calidad. Otros estudios se fijan en el papel que una dieta rica en fibra para cerdas jóvenes tiene en la reducción de la tensión entre el ganado.
INTERÉS CRECIENTE
La integración del bienestar animal en la cadena de calidad alimentaria ha llevado a un mayor interés de los consumidores hacia este primer eslabón de la producción. De acuerdo con las últimas encuestas realizadas al respecto, un 69% de los consumidores europeos califican de «importante» el trato que reciben los animales en la granja, el transporte y el matadero. De ellos, los de Noruega e Italia son los más confiados. El interés se centra de forma especial en la producción de aves y en las condiciones de los cerdos que, según los encuestados, han mejorado en los últimos años.
Al comprar huevos, carne de vacuno o leche, aparece de forma más frecuente la preocupación por aspectos de bienestar. El informe «Attitudes of Consumers, Retailers and Producers to Animal Welfare» destaca que el compromiso hacia estos temas es cada vez mayor, un aspecto que se refleja en los hábitos de consumo.
Un análisis conjunto de todas las especies de AVES ACUATICAS puede aportar una visión borrosa de sus tendencias biogeográficas. Por ello, un equipo de investigadores malagueños ha dividido a las aves de Europa continental, Islas Británicas y de Islandia en grupos de aves denominados ‘corotipos’ (indicadores de la respuesta de las especies al medio ambiente) para entender los procesos históricos y ecológicos de las preferencias territoriales de los pájaros.
El estudio, que se ha publicado recientemente en Global Ecology and Biogeography, permite fragmentar la distribución de 140 especies de AVES ACUATICAS nidificantes en 9 corotipos. «Tres de ellos agrupan el 70% de las especies, muy ampliamente distribuidas bien por la región septentrional, por la región meridional, o por las latitudes medias del continente europeo», explica a SINC Raimundo Real, autor principal e investigador de la Facultad de Ciencias de la UMA.
El resto de corotipos están restringidos geográficamente y se ubican en Islandia, en las cercanías del Ártico europeo, en la Península Ibérica y en Europa sur-oriental.
Según el investigador, «10 especies marinas coinciden geográficamente en Gran Bretaña, aunque sus distribuciones se extienden por otras costas europeas y se superponen unas a otras de forma gradual».
Los resultados de la investigación demuestran que, desde un punto de vista ambiental, la temperatura (o energía ambiental) es la que determina la posición geográfica de la mayoría de los corotipos. «Casi el 40% de las especies tienden a nidificar en las zonas con menor energía ambiental, y otro 40% ocupa las zonas con niveles intermedios de energía», señala Real.
Ante un probable calentamiento global, la conservación de las AVES ACUATICAS en Europa se podría ver comprometida. «El aumento de las temperaturas podría repercutir en el desplazamiento hacia el Norte de las especies más septentrionales, el desplazamiento hacia el Sur de las especies orientales, y el reajuste geográfico de las especies meridionales y de centro-Europa», destaca el científico.
Las poblaciones reproductoras de especies con áreas de nidificación cercanas al Ártico «podrían incluso desaparecer del continente», añade Real.
Los experimentos demostraron que el canibalismo sexual ocurre de modo frecuente en la naturaleza y que su práctica beneficia a la hembra, que aumenta así su éxito reproductivo: aquellas que se alimentan de machos tienen más descendencia y de mayor calidad que las que sólo se alimentan de presas.
Fuente: CSIC (22/10/2008)
Los investigadores hallaron además que la práctica es más frecuente cuanto mayor es el número de machos disponibles y por parte de hembras que ya tienen esperma almacenado de un encuentro anterior (apareamiento y fecundación no ocurren a la vez en las arañas, sino que las hembras almacenan el esperma en su interior hasta que los huevos están listos para ser fecundados).
Hasta ahora, las evidencias de canibalismo sexual en animales eran escasas y difíciles de interpretar. “Casi todos los datos procedían de experimentos de laboratorio, que no siempre reflejan de manera fiable el comportamiento en libertad”, explica Jordi Moya, de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC, Almería).
En esta ocasión, los investigadores han trabajado con animales en libertad dentro de parcelas controladas de las zonas semi-desérticas de Almería, el hábitat natural de esta especie. “Se trata de la primera vez que se realizan estos experimentos en condiciones naturales”, continúa el investigador. “Es por tanto la primera evidencia fiable de que el canibalismo sexual ocurre con frecuencia en la naturaleza, al menos en una especie, y que beneficia a las hembras”.
Los investigadores barajan la hipótesis de que la escasa disponibilidad de alimento en las zonas áridas donde habita esta especie es la que propicia este comportamiento. Se trataría de una estrategia de las hembras para paliar el hambre y tener nutrientes y recursos energéticos suficientes para engordar los huevos y asegurar la descendencia.
En estos momentos realizan nuevos estudios para comprobar si las hembras mejor nutridas son menos propensas a atacar a los machos.
En la investigación han participado además investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid y la Universidad de Illinois (Chicago, Estados Unidos).
La unidad de Etología del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de València, mediante el uso de un procedimiento esperimental novedoso, ha descubierto este mecanismo en machos de la lagartija ibérica.
El éxito de cualquier interacción social depende fundamentalmente de la existencia de mecanismos de reconocimiento que, por ejemplo, permitan a un individuo identificar a otro como de su misma especie, sexo o rango social. De entre todos los sistemas de reconocimiento, el más complejo es el reconocimiento individual. El reconocimiento individual permite distinguir a cada uno de los individuos de un grupo de acuerdo con características singulares de ese individuo como sus rasgos faciales, su tono de voz o su olor corporal.
Desde un punto de vista cognitivo, una de las características del reconocimiento individual es que éste requiere la formación de una representación mental única para cada individuo; por ejemplo, en el caso de la especie humana, la memoria de una cara o una voz específicas para cada individuo. Además, la formación de dichas representaciones mentales es necesariamente aprendida, fruto de la interacción repetida con cada miembro de su misma especie. Quizás por estos motivos, tradicionalmente se había considerado que el reconocimiento individual es un complejo mecanismo cognitivo que estaría restringido a algunas especies de mamíferos y aves altamente sociales.
Sin embargo, en un artículo que saldrá publicado en las próximas fechas en Animal Behaviour, la revista científica de mayor divulgación y prestigio en el campo del comportamiento animal, se demuestra que los reptiles también poseen la capacidad para reconocer individualmente a individuos de su misma especie. En particular, el estudio demuestra que los machos de la lagartija ibérica (Podarcis hispanica) son capaces de reconocer individualmente a otros machos de su misma especie a través de sus olores corporales.
Utilizando un procedimiento experimental novedoso, este estudio desarrollado por la unidad de Etología del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva de la Universitat de València no sólo constituye la primera prueba firme de este tipo de reconocimiento individual en un reptil, además, sugiere que el aprendizaje y la formación de representaciones mentales individuales es tan rápida en reptiles como en mamíferos o en aves. Este tipo de descubrimientos son vitales para entender el origen y la evolución de las características mentales que hacen única a la especie humana, así como para derribar el mito de que los reptiles son un grupo poco evolucionado de vertebrados con capacidades cognitivas inferiores a las de las aves o los mamíferos.
El trabajo lo firman, en este orden, Pau Carazo Ferrandis (estudiante de doctorado de último año perteneciente a la unidad de Etología del Instituto Cavanilles), Enrique Font Bisier (Profesor titular de la Universidad de Valencia y director de la unidad de Etología) y Ester Desfilis Barceló (antiguo miembro del Instituto Cavanilles y actualmente profesora del departamento de Psicobiología de la Universidad Complutense de Madrid).
Durante millones de años, el mundo submarino sólo se ha visto alterado por el sonido de las olas y el canto de las ballenas.
www.eleconomista.es
Pero desde hace un siglo, el hombre se ha introducido en este espacio acústico armonioso con sus barcos de motor, sus prospecciones, sus sonares militares y sus sondas sísmicas para buscar petróleo.
Ruidos ensordecedores
Este ruido es «ensordecedor» para los animales submarinos, subraya Michel André, director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).
Hoy, no hay ningún lugar del mundo que no esté contaminado por estas fuentes sonoras artificiales en el mar», afirma este ingeniero y biólogo francés, que participa en el Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN en Barcelona (Cataluña, noreste).
El oído humano apenas percibe un 10% de los sonidosque se producen bajo el agua, de ahí la falsa impresión de silencio al bucear en este mundo submarino, destaca.
Pero no ocurre lo mismo con las especies animales submarinas que perciben la intensidad real.
El sitio web del LAB (www.sonsdemar.eu) permite hacerse una idea de estos ruidos.
Los más afectados
Los más afectados son los cetáceos –ballenas, cachalotes, delfines– porque todas sus actividades se basan en la acústica, ya sea para orientarse o para comunicarse.
Así, «todo lo que puede dificultar la propagación de sus propios sonidos o los sonidos que les informan sobre su hábitat les pondrá en peligro», explicó Michel André.
Hay unos «efectos de enmascaramiento», cuando, por ejemplo, el ruido del motor de un carguero cubre otros sonidos emitidos por otros cetáceos.
Con su sistema de detección perturbado, pierden el sentido de la orientación y pueden chocar con los barcos o, si están cerca de las costas, quedar varados en las playas.
«Tenemos datos que indican que estos varamientos en masa de ballenas y cachalotes se debería a su exposición a fuentes sonoras artificiales», afirmó Michel André.
Ruido mortal
Más grave aún, el ruido puede matar.
Carl Gustav Landin, jefe del programa para el medio marino de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), asegura que «un ruido muy violento (de una intensidad de entre 230 y 240 decibelios) puede matar instantáneamente una ballena».
La deflagración de una explosión, que puede ser de origen militar o civil para investigaciones geológicas, es mortal para los cetáceos en un radio de 1 a 2 km, precisó Michel André.
Además, el calentamiento global, al provocar una mayor acidez de los océanos, contribuirá a amplificar este ruido submarino mejorando la propagación de las ondas de frecuencia poco elevadas, destacó un reciente estudio publicado en Geophysical Research Letters, una revista de la Unión Geofísica Estadounidense.
«Es urgente tomar medidas»
, estima Michel André, que participará en primavera de 2009 en una vasta expedición científica a bordo del velero «Flor de pasión», promovida por la fundación suiza Antinéa en colaboración con la UICN, para hacer un informe de la situación de los océanos.En este marco, un programa titulado «20.000 sonidos bajo el mar» debería permitir hacer un mapa acústico mundial de los mares.
Las aves tienen un sistema de respiración que es único entre los animales que pueblan la tierra, explicó el paleontólogo Jeffrey Wilson, de la >Universidad de Michigan (EE.UU.), quien formó parte del equipo que hizo el descubrimiento.
«En lugar de pulmones que se expanden, las aves tienen un sistema de fuelles, o sacos de aire, que les ayudan a bombear el aire a través de los pulmones», indicó Wilson, en un artículo que publica la revista de ‘Internet Public Library of Science’ (PLoS ONE).
Esa característica es la razón por la cual las aves pueden volar más alto y más rápido que los murciélagos que, como todos los mamíferos, expanden sus pulmones en un proceso de respiración menos eficiente.
Los otros autores del artículo son Ricardo Martínez y Óscar Alcober, de la Universidad Nacional de San Juan, Argentina.
Wilson era estudiante graduado de la Universidad de Michigan cuando trabajó con el notable experto en dinosaurios Paul Sereno en la expedición de 1996, durante la cual se encontraron los restos del dinosaurio llamado ‘Aerosteon riocoloradensis’ («huesos del aire del Río Colorado»).
Aunque los investigadores quedaron satisfechos con el hallazgo de un esqueleto tan bien conservado, el descubrimiento adquirió más importancia cuando empezaron a comprender que sus huesos preservaban las marcas características de un sistema respiratorio como el de las aves.
Los técnicos en los laboratorios pasaron años limpiando y escaneando los huesos que estaban incrustados en roca dura para revelar finalmente la evidencia de sacos de aire dentro de la cavidad corporal del ‘Aerosteon’.
Anteriormente, los paleontólogos habían encontrado sólo indicios sugestivos en el espinazo, es decir, fuera de la cavidad con los pulmones.
Wilson trabajó con Sereno y el resto del equipo para describir e interpretar científicamente el hallazgo.
Las vértebras, clavículas y huesos de cadera muestran pequeñas aperturas que conducen a espacios mayores y huecos que deben haber estado cubiertos con una fina capa de tejido suave y llenos de aire cuando el animal estaba vivo, según el artículo.
Esas cámaras resultan de un proceso llamado neumatización, por el cual los sacos exteriores de los pulmones invaden los huesos.
Los huesos llenos de aire son la característica del sistema de fuelles con el que respiran las aves y también se encuentran en los saurópodos, los dinosaurios de cuello y cola larga que Wilson estudia.
«En los saurópodos, la neumaticidad fue clave para la evolución del cuerpo de tamaño grande y el cuello largo; en las aves es la clave de la evolución de un esqueleto liviano y el vuelo», dijo Wilson.
Sereno, un explorador residente de National Geographic, dijo que a él le intriga especialmente la pérdida de calor, dado que es probable que el ‘Aerosteon’ fuese un predador de alta energía con plumas, pero sin las glándulas de transpiración que poseen los pájaros.
Con una longitud de aproximadamente 10 metros y con la zancada casi de un elefante, el ‘Aerosteon’ bien puede haber usado un sistema de aire bajo la piel para liberarse del exceso de calor.
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