Un equipo de científicos de la Universidad de Indiana en Bloomington, la Universidad de Alberta y la Academia China de Ciencias, ha encontrado que las aguas alrededor de la mina Xikuangshan, en el sudoeste de China, contienen niveles de antimonio de dos a cuatro órdenes de magnitud superiores a lo normal (de 0,33 a 11,4 partes por millón).
Usado en cantidades pequeñas, el antimonio tiene una amplia variedad de aplicaciones, desde combatir la malaria hasta endurecer el plomo en las balas, pasando por mejorar el funcionamiento de las baterías.
Fuente: www.ecoportal.net (31-08-10) Por Esther Vivas coautora de Del campo al plato (Icaria ed., 2009). – Artículo publicado en el El Punt, (09/08/2010)
El uso de colorantes, edulcorantes, emulsionantes y saborizantes es una práctica habitual a la hora de procesar los alimentos que consumimos. En Estados Unidos, y a través de la ingesta de comida, se calcula que cada ciudadano toma anualmente 52 kilos de aditivos, hecho que genera crecientes dosis de intolerancia y alergias a los mismos. El ingrediente artificial que más problemas genera es la sacarina, el más extendido de todos, junto con la cola y la cafeína.
Según una investigación realizada en la Universidad de Southampton, en el 2007, por encargo de la Agencia de Estándares Alimentarios del Reino Unido, la mezcla de colorantes artificiales alimentiarios con el benzoato de sodio, un conservante utilizado en helados y repostería, produciría un aumento de la hiperactividad en niños. Cómo señalaba el profesor Ruperto Bermejo, experto en colorantes alimentarios de la Universidad de Jaén, la solución pasa por sustituir los colorantes artificiales por otros de naturales, sin embargo «para la industria, el coste de los colorantes naturales es mucho más elevado que el de los sintéticos». Una vez más los intereses económicos prevalecen por encima las necesidades y el bienestar de las personas.
Y es que unas pocas empresas monopolizan cada uno de los tramos de la cadena agroalimentaria, desde las semillas, pasando por los fertilizantes hasta la distribución de los alimentos. La distancia entre el campesino y el consumidor se ha ido alargando en los últimos años, con la consecuente pérdida de autonomía por parte del productor y la creciente mercantilización de la comida. Unas pocas empresas acaban determinando aquello que comemos: qué, cómo, cuándo y dónde se elaboran los alimentos y qué precio se paga por los mismos tanto en el origen, al campesino, como en destino, en el supermercado.
En estos viajes se planifica todo al detalle, incluida la alimentación de los astronautas.
Estas incursiones, cada vez más largas, precisan un aprovisionamiento de las naves con gran cantidad de alimentos, de ahí la necesidad de desarrollar programas que contemplen su obtención, en este caso de origen vegetal, en el espacio.
Fuente: consumer (19 de agosto de 2010) Por MARTA CHAVARRÍAS
Una vez allí, las plantas se han congelado en una cámara a 80ºC bajo cero, a la espera de realizar el experimento de germinación. Este proceso se desarrollará en 12 días, durante los cuales se analizarán las plántulas a través de técnicas de alta precisión que cuantificarán sus proteínas. Los resultados se compararán con las proteínas de plantas germinadas en la Tierra. De esta manera, se conocerán los mecanismos moleculares de crecimiento de una planta en unas condiciones tan extremas como las del espacio, a la vez que se profundiza en el conocimiento de procesos de regulación del desarrollo vegetal. Una vez transcurridos los primeros 12 días de germinación, periodo clave de crecimiento que aportará la diferenciación de las proteínas sintetizadas en ausencia de gravedad, las plántulas se congelarán de nuevo hasta que uno de los transbordadores espaciales las traiga de vuelta a nuestro planeta.
Este experimento no es el único en marcha que pretende obtener alimentos en el espacio. Además de la necesidad de avituallamiento en los largos viajes espaciales, durante el transcurso de los mismos también se generan muchos residuos que suponen un problema de gestión y almacenamiento. La solución la plantearon en los años ochenta un grupo de científicos al lanzar la idea de la creación de un sistema autosuficiente capaz de generar alimentos y oxígeno mediante la reutilización de desechos.
Aunque los detalles técnicos pueden resultar muy complicados, la base teórica es tan sencilla como recrear de forma artificial el ecosistema de un lago: agua con organismos fotosintéticos que reciben CO2 y luz solar artificial mediante la producción de O2 y alimento. En la planta piloto situada en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), cuatro biorreactores simulan las diferentes etapas del proceso. Una quinta cámara donde crecen las plantas superiores (lechugas) que servirán de alimento completa los compartimentos que serán un único sistema comunicado cuando el ecosistema artificial funcione a pleno rendimiento. La tripulación, un grupo de ratas, simulan las necesidades de un ser humano.
Parece lógico ver crecer los tallos de las plantas «hacia arriba», mientras que sus raíces se desarrollan «hacia abajo». Este efecto, sin embargo, tiene que ver con la fuerza de la gravedad y una especie de sensores gravitacionales de la planta. A su vez, es uno de los muchos impedimentos que tendrán que salvarse para intentar cultivar plantas en el espacio exterior. La fuerza de la gravedad actúa como regulador de la dirección de crecimiento de raíces y tallos, algo necesario si se tiene en cuenta el papel de cada una de estas partes de la planta.
Alcanzar el objetivo descrito dependerá del progreso que se vaya alcanzando. Cuantas más personas se involucren en el proyecto, más se acortará la espera.
El estudio presentado por el equipo de Reganold es un llamamiento para ponerse manos a la obra en una cuestión crítica para la humanidad e intentar solventarla. La mitad de la población mundial, que sigue creciendo en número de individuos, vive de lo que produce la tierra en zonas marginales bajo riesgo de ser degradadas biológicamente como consecuencia de la producción de cereales anuales (de temporada). Los CEREALES PERENNES amplían las posibilidades de los agricultores para mantener los fundamentos ecológicos de sus cultivos.
En contraste, los cultivos de cereales de temporada pueden perder cinco veces más agua que los perennes, y 35 veces más nitratos, un valioso nutriente vegetal que puede migrar desde los campos de cultivo y acabar contaminando los recursos hídricos de agua potable, creando “zonas muertas” en las aguas superficiales.
Las versiones perennes de los cereales principales, en fase de desarrollo, podrían escapar a muchas de las limitaciones medioambientales que sufren los cereales de temporada, a la vez que ayudar a alimentar a un planeta cada vez más hambriento.
Los autores del nuevo estudio creen que la investigación sobre los CEREALES PERENNES puede verse acelerada si a ella se le dedican una mayor cantidad de personal, más terrenos de experimentación y más tecnología. Abogan por que se le dediquen a esta labor tantos esfuerzos y recursos como se emplean ahora para el desarrollo de los biocombustibles alternativos.
Esto sucede durante los meses de verano, la temporada natural para comer cerezas.
En dicho periodo, estas frutas consiguen sus propiedades organolépticas máximas que se reflejan en una textura tersa y firme, además de su mayor concentración de nutrientes, entre ellos variedad de compuestos antioxidantes. De ahí el consejo de aprovechar el periodo estival para consumirlas en su mejor momento, de una en una o como ingredientes de multitud de recetas, dulces y saladas.
Fuente: consumer (20 de julio de 2010) Por MAITE ZUDAIRE
Los meses de verano son el periodo natural de las cerezas. En este momento reflejan su mayor aporte nutricional al comprobarse una concentración superior de nutrientes como el ácido fólico, la fibra, el potasio y numerosos antioxidantes naturales, junto a un escaso valor energético, apenas 50 Kilocalorías por 100 gramos.
Uno de los metabolitos primarios para la síntesis de compuestos antioxidantes más complejos es el siquimato. A su vez, esta sustancia sirve como precursor de dos aminoácidos, el triptófano y la fenilalanina a través de diferentes rutas metabólicas. A partir del triptófano, el organismo puede fabricar serotonina, un neurotransmisor que actúa a modo de mensajero químico entre neuronas y hormonas relacionadas con el ciclo del sueño y la sensación de relajación.
Estas frutas deben su color rojo intenso a las antocianinas, entre otros reconocidos pigmentos con capacidad antioxidante. La identificación, cuantificación y conocimiento a fondo de los distintos tipos de antioxidantes que concentran las cerezas y las guindas, así como la determinación de su biodisponibilidad, son objeto de estudio en recientes publicaciones. Estos compuestos -antocianinas, flavonoides, flavanoles y flavonoles, indoles, indolamina, entre otros- contribuyen al sabor, el color y otras propiedades sensoriales como el amargor (o dulzor) y la astringencia de la fruta, y tienen un valor añadido como agentes antioxidantes y protectores de la salud humana.
En las últimas décadas son cuantiosas las investigaciones que evalúan el rol de los distintos antioxidantes y los alimentos que los contienen en patologías degenerativas como las cardiovasculares y el cáncer, así como en el deterioro fisiológico asociado al proceso natural de envejecimiento. Es el caso de las cataratas o las alteraciones del sistema nervioso.
Desde los Departamentos de Biología Aplicada y de Tecnología de los Alimentos de la Escuela Politécnica Superior de Orihuela-Universidad Miguel Hernández (Orihuela, España), han analizado los componentes químicos y la actividad antioxidante de las cerezas en 14 estadios diferentes de maduración. Los parámetros estudiados relacionados con la calidad de la fruta han sido el color, la textura, los azúcares, los ácidos orgánicos, la actividad antioxidante total y el global de compuestos fenólicos, antocianinas y ácido ascórbico o vitamina C. Los resultados han revelado que la acumulación de glucosa y fructosa (asociados al sabor dulce) y el proceso de ablandamiento se inician en las primeras etapas de desarrollo, que coincide con el rápido aumento en el tamaño del fruto. El ácido ascórbico, la actividad antioxidante total (AAT) y los compuestos fenólicos totales aumentaron de manera exponencial en etapas posteriores, al final de la maduración, al coincidir con el oscurecimiento de la fruta y la acumulación de antocianinas, los pigmentos colorantes. De ahí el consejo de aprovechar la temporada estival para consumirlas en su mejor momento.
Ésta es precisamente la razón científica que ha llevado al grupo de investigación en Neuroinmunofisiología y Crononutrición de la Universidad de Extremadura (España) a evaluar el efecto en el descanso y el sueño del consumo de diferentes cultivos de cerezas del Valle del Jerte, en Extremadura. Aunque los resultados de la investigación, publicada el pasado mes de junio en el ‘Journals of Gerontology’, sugieren que el consumo de cerezas del Valle del Jerte ejerce efectos positivos sobre el sueño, por el momento son limitados los estudios sobre este asunto.
Lo propio es comer las cerezas frescas, al natural, si bien se puede aprovechar su intenso color y sabor para endulzar y dar colorido a los platos. Los meses de temporada brindan la oportunidad de elaborar un apetitoso sorbete helado de cerezas, un gazpacho de picotas o un zumo de naranja con frambuesas y cerezas.
FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A. (28/04/2010) Autor: Daniel Iriarte
Pero, ¿será de verdad el Arca de Noé?. No es la primera vez que grupos de buscadores reclaman este gran descubrimiento. Hasta ahora, o bien han resultado ser falsificadores, o no han podido aportar ninguna prueba concreta del hallazgo. La verdad es que el hallazgo va a dar mucho de sí.
El Monte Ararat, tal y como es denominado en la Biblia -los turcos lo llaman «La Gran Montaña del Dolor»- es un macizo de más de 5.000 metros de altitud, muy cerca de la llamada «cuádruple frontera» entre Turquía, Irán, Armenia y el enclave de Najichevan, que es territorio de Azerbaiyán. La historia bíblica dice que, tras el Diluvio Universal, el Arca en la que Noé había conservado un macho y una hembra de cada especie animal, fue a posarse en la loma de esta montaña.
Ararat es por ello el símbolo nacional del pueblo armenio, que denomina a su propio país Hayastan, «la tierra de los hijos de Hayk», uno de los hijos de Noé. Sin embargo, tras el establecimiento de la frontera de Turquía con la Armenia soviética en 1921, el Ararat quedo en el lado turco. En los días claros, puede divisarse desde Ereván, y aparece en infinidad de postales y representaciones pictóricas. Pero el antagonismo entre Turquía y Armenia hace que sean muy pocos los armenios que han pisado su falda.
Dada la importancia del Arca de Noé como reliquia, no son pocas las expediciones arqueológicas -más o menos serias- que se han ocupado de su búsqueda. Pero las condiciones son muy difíciles: hasta hace poco se trataba de una zona militar reservada, en la que operaba la guerrilla kurda del PKK, que hace pocos años secuestro a un grupo de turistas extranjeros que escalaban el Ararat. A esto hay que añadir el frío extremo que agrieta las carreteras e impide los ascensos en la época de nieve, que se prolonga durante casi todo el año. «Aquí tenemos nueve meses de invierno», comentan los habitantes de la zona.
Esta nueva expedición asegura que las pruebas del carbono 14 indican que los restos tienen una antigüedad de 4.800 años, lo que ha despertado escepticismo entre la comunidad científica sino es que, también, bastante guasa: esta es la fecha aproximada en la que, según la Biblia -pero no según la mayoría de los geólogos- habría tenido lugar el Diluvio Universal, una idea defendida por algunos movimientos evangelistas que pretenden demostrar la literalidad de los textos bíblicos.
Otro de los elementos sospechosos es la presencia de evangelistas turcos en el grupo. Para los musulmanes de Turquía, el Arca de Noé no se posó en la cumbre del Monte Ararat, sino en el Cizre, mucho más al sur.
El nombre de la expedición arqueológica, el Ministerio Internacional del Arca de Noé -un grupo evangelista con sede en Hong Kong, también hace dudar de su imparcialidad científica. Por no hablar del buen estado de conservación en el que se encuentran los camarotes y pesebres. Todo parece indicar que el misterio seguirá sumergido en la montaña durante muchos años.
El jugo de los mejillones se puede aprovechar para reforzar el sabor de sopas, arroces o salsas marineras
La cocción permite que los mejillones se abran de forma paulatina. Este proceso no puede alargarse en exceso porque se endurecerían. Pueden cocerse de manera tradicional, en una cazuela al vapor con un poco de vino blanco, o bien en el microondas si hay poca cantidad. Pero también se pueden abrir en una sartén, donde se añaden pocos. A medida que se abren, se sacan para que no se endurezcan. Una vez abiertos, se rehogan con un chorrito de aceite de oliva virgen extra y ya están listos para consumir.
Los juguos que sueltan son muy aprovechables para reforzar el sabor de sopas, arroces y salsa marineras, por lo que una vez elaborados, se cuelan y se pueden congelar en cubiteras para utilizar como «pastillas» de concentrado de sabor marino.
Para poder conservarlos de un día para otro, conviene guardarlos en un recipiente cerrado, junto con el agua de cocción, ya que es un medio salado y se conserva como en salmuera. No es conveniente que permanezcan así durante más de dos días y, por supuesto, siempre deben estar dentro del frigorífico. De esta manera, se obtienen unos mejillones listos para añadir a ensaladas, platos de pasta, ensaladillas o como ingrediente de canapés y montaditos.
Otra utilización culinaria típica consiste en reservar una de las cáscaras. Sobre ella se coloca la carne del MEJILLON con una vinagreta guarnecida con pimiento verde, cebolleta fresca y tomate, todo cortado en un brunoise muy fino. También pueden acompañarse de una salsa de tomate con un ligero toque de picante, para conseguir los denominados «tigres con tomate». Es recomendable probarlos en salsa verde o en salsa marinera, dos preparaciones que combinan muy bien con este alimento.
Pero una de las recetas de más éxito es la de mejillones fritos empanados. Consiste en picar la carne de MEJILLON y sofreírla con un poco de cebolla, ajo y pimiento verde cortado en brunoise. Al refrito se le añade una cucharada de harina, se rehoga y, poco a poco, se agrega leche y una parte pequeña del caldo de cocción de los mejillones. Cuando espese, se prueba para comprobar la cantidad de sal y con esta masa se rellenan de nuevo uno a uno los caparazones del MEJILLON y se dejan enfriar en la nevera para que la mezcla coja cuerpo.
Una vez fríos, se pasan por harina, huevo batido y pan rallado, se fríen en una sartén con aceite caliente y se sirven calientes. De este modo, son un entrante colosal.
La presencia de las BACTERIAS es creciente en el entorno natural tiene un doble efecto: altera las poblaciones microbianas medioambientales, y provoca la aparición de nuevos genes de resistencia. Como resultado, los «patógenos profesionales», aquellos que afectan al hombre, experimentan a su vez mutaciones que pueden resultar muy peligrosas para la salud humana. Así lo expone el investigador delCentro Nacional de Biotecnología (CSIC) José Luis Martínez en el artículo de fondo que acompaña a la portada de la revista «Science», dedicada a la contaminación por antibióticos.
Bajo el título «Antibióticos y genes de resistencia a los antibióticos en el entorno natural», Martínez argumenta que «la comunidad científica debe analizar si los cambios producidos por la acción humana en el medio ambiente pueden incrementar la población de bacterias acorazadas resistentes a los antibióticos y, al mismo tiempo, facilitar que dichas bacterias acorazadas transfieran esa resistencia a patógenos humanos».
El investigador explicó a ABC que los microorganismos «desarrollan resistencia por un doble mecanismo: por mutación según las reglas darwinianas, o por adquisición de un gen de resistencia».
La resistencia a los antibióticos se halla codificada en el ADN de los microorganismos, y las bacterias acorazadas pueden intercambiar su ADN a través de plásmidos -fragmentos autorreplicantes de ADN capaces de pasar de una bacteria a otra-. Basta que «la forma en que actúan los genes de resistencia cambie a causa de los antibióticos presentes en el entorno, para que determinados patógenos dejen de ser controlables por esos mismos antibióticos», afirma Martínez.
Fuente: consumer (14 de julio de 2010) Por MARTA CHAVARRÍAS
Mantener los alimentos en buen estado implica disponer de los conocimientos para manipularlos con seguridad y de las herramientas que favorecen una mejor conservación. La nevera es una de las grandes aliadas de la cocina para conseguir las temperaturas de conservación idóneas de los alimentos, que permanecerán frescos sin modificar sus características nutricionales. Por este motivo, junto con la limpieza diaria, sobre todo si se vierte algún líquido o se ha estropeado un alimento, debe lavarse a fondo de forma periódica. Seguir esta pauta es una de las garantías para alargar la vida útil de los alimentos, aunque no la única. Además de realizar un mantenimiento frecuente para un correcto funcionamiento, debe tenerse en cuenta una norma fundamental: abrirla lo menos posible y durante el tiempo imprescindible.
Cuidar el uso que se hace de la nevera ayuda a que los alimentos que se conservan en ella se mantengan en las máximas condiciones de seguridad. Es imprescindible:
• Evitar derrames de jugos de alimentos, ya que esto implica que se ensucien otras zonas de la nevera y, por tanto, que lleguen a otros alimentos, sobre todo, los almacenados en los cajones.
• Guardar los alimentos en recipientes tapados.
• Tener especial cuidado con las sobras y evitar almacenarlas durante mucho tiempo para que no se deterioren y puedan contaminar otros alimentos.
• Controlar que la temperatura del interior es la adecuada e idónea para evitar la proliferación de bacterias.
• No llenar en exceso el interior ni juntar los alimentos.
• Limpiar y desinfectar cada una de las partes (puerta, cajones, asa por donde se abre y cierra y gomas de cierre) de forma periódica. En la mayoría de los casos, son estructuras desmontables que se limpian con facilidad. En estas zonas se pueden acumular microorganismos que pondrán en peligro a los alimentos.
• Adaptar la temperatura a la época del año: en verano y en primavera se necesita más frío que en otoño e invierno.
• Los alimentos no deben introducirse calientes en la nevera ya que alteran la temperatura interior y esto podría afectar a los productos más cercanos.
• Los alimentos que caduquen primero deberán colocarse delante para consumirlos antes.
Con todo, en ocasiones es inevitable que surjan problemas, como los malos olores. Los motivos pueden ser varios, desde la propia naturaleza del alimento (algunos tienen unas particularidades que hacen que desprendan un olor muy fuerte) hasta el deterioro del mismo. No obstante, hay soluciones para evitar cada uno de estos inconvenientes.
En la mayoría de los casos, este mal olor responde al deterioro de los alimentos y deberá examinarse cuál es el producto que se ha estropeado, desecharlo y comprobar que no haya afectado a ningún otro producto o superficie. Incluso algunos alimentos, como leche o pasteles, deben conservarse aislados de otros que despidan olor porque los absorben muy bien.
Deben limpiarse las zonas afectadas con agua caliente y desinfectante y dejar la puerta abierta unos minutos para que circule el aire. Antes de volver a introducir los alimentos, deberá confirmarse que la zona de almacenamiento está seca.
La limpieza se realizará de arriba abajo. Este mismo orden servirá para la puerta y los estantes, donde se colocan en general alimentos como huevos. Debe tenerse presente que los envases donde se almacenan los alimentos también pueden estar sucios. Por tanto, es imprescindible sacar el alimento y lavarlo, como si se limpiaran platos o cubiertos.
No todos los alimentos necesitan frío para que se mantengan en condiciones óptimas. Es más, en algunos puede afectar al sabor -en el caso de tomates y patatas, en el primero lo destruye y en el segundo adquiere un sabor más dulce-.
Y es que, según los datos de Sanidad, el repunte de casos se produce entre junio y julio, y se estabiliza algo en el mes de agosto, mientras que, cuando llega diciembre, vuelve a aumentar, debido sin duda a las celebraciones navideñas. Una tendencia que se mantiene por debajo del centenar de casos, entre los 70 detectados en el 2004, a esos 90 atendidos el pasado año 2009.
Según el Centro Nacional de Epidemiología, España registró en el pasado año 8.000 intoxicaciones alimentarias, más de 5.000 producidas por la salmonelosis.
> PREVENCIÓN No obstante, como cada año, Sanidad tiene previstas diferentes actuaciones de prevención, dentro de su Plan de Seguridad Alimentaria, entre las que destacan la información a los consumidores para evitarlo en sus propias casas, ya que más de la mitad de los casos se producen en el ámbito doméstico, según el Ministerio de Sanidad.
Por otro lado, los técnicos de la Conselleria recorrerán 402 establecimientos de la provincia –bares, restaurantes, establecimientos alimentarios de carne o pescado– para realizar inspecciones. En este marco de trabajo, a lo largo del año se está procediendo a la toma de 7.400 muestras de alimentos distribuidos estacionalmente en 11 ciudades de la Comunitat Valenciana con más de 25.000 habitantes.
Por su parte, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) difunde todos los años una guía especializada para prevenir infecciones e intoxicaciones alimentarias en verano, especialmente las causadas por el anisakis o la salmonella, siempre en coordinación con las comunidades autónomas.
> SÍNTOMAS Desde la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), a través de su director, Ricardo Burón, se alerta siempre que “los síntomas de esta afección suelen ser dolores abdominales, vómitos, náuseas, diarrea y, en ocasiones, fiebre y dolor de cabeza. Cuando esta sintomatología es muy aguda, el paciente tiene que ser internado, pero habitualmente no es necesario”.
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