FUENTE | La Razón digit@l (10/04/2012) Autor: Pilar González
Asimismo son objeto de investigaciones encaminadas a utilizarlas como grandes sumideros de dióxido de carbono o CO2, ese gas que tan mala fama tiene por sus efectos devastadores sobre el clima, pero que a las algas les encanta, porque lo necesitan para crecer y multiplicarse.
En entrevista a Efeverde, el biólogo y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Ricardo J.Haoroun, también ha señalado que la NASA está investigando con ellas para su aplicación dentro de las naves espaciales, porque producen oxígeno cuando realizan la fotosíntesis.
Según este investigador, el fitoplancton marino produce aproximadamente el 50 por ciento del oxígeno atmosférico. Pero entre las aplicaciones con mayor proyección de futuro destaca la producción de biocombustible.
Se trata de una fuente de producción energética no contaminante e inagotable, pero de momento, el coste para obtener biocombustible de las algas es alto, aunque los investigadores estiman que en 10 o 15 años este problema podría estar solventado.
Así se puso de manifiesto en un jornadas que sobre algas organizaron recientemente en Madrid la Fundación Observatorio Español de Acuicultura (Fundación OESA) y la Asociación de Periodistas de Información Ambiental (APIA).
En estas jornadas, los expertos explicaron que las variedades de algas mejor adaptadas para la producción de biodiesel son las algas verdes unicelulares, y de una hectárea de microalgas se podrían llegar a extraer hasta 100.000 litros de biodiesel al año.
Ahora se trata de lograr un cultivo de algas para obtener biodiesel a escala industrial. España está entre los países que se encuentran en esta carrera.
Además y en comparación con otras materias primas, las algas tienen un enorme potencial como fuente de alto rendimiento de biodiésel, etanol y combustible de aviación, sin competir con el suministro de alimentos u otros cultivos.
Entre los líderes de producción de algas destacan los países de Asia oriental y sudoriental.
Según la Fundación OESA, España registró una producción de cerca de 1,3 toneladas de plantas acuáticas en 2010.
Hay investigadores que calculan que en 2020 se producirán a nivel mundial 150.000 millones de litros de biocombustibles de todo tipo frente a los 100.000 millones de litros de la actualidad.
FUENTE | El País (15/11/2011) Autor: Elena G. Sevillano
Investigadores británicos han descubierto que los picos de contaminación pueden acelerar los infartos de miocardio, según un estudio publicado en el British Journal of Medicine. Sus autores analizan la relación entre la polución atmosférica y este accidente coronario y concluyen que el riesgo de sufrir un infarto es mayor durante las seis horas posteriores a la exposición al aire contaminado.
El estudio, publicado el 20 de septiembre pasado, analiza los diagnósticos de infarto de miocardio de cerca de 80.000 pacientes coronarios de 15 áreas de Inglaterra y Gales producidos entre 2003 y 2006. Los investigadores cruzaron estos datos con la información horaria sobre contaminación ambiental de las zonas de residencia de estos pacientes. El resultado fue que encontraron una relación entre los niveles de polución y los infartos. A peor calidad del aire en una hora determinada, más casos en las seis horas siguientes. «Creemos que podría deberse a que estas personas iban a sufrir un ataque cardíaco posteriormente, pero se adelantó unas horas o unos días», explica a través del correo electrónico Krishnan Bhaskaran, investigador de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y autor principal del estudio. «La contaminación desencadenaría ataques al corazón que iban a producirse igualmente», añade.
El estudio mostró también que después de esas seis horas el riesgo de sufrir un ataque desciende, lo que confirmaría la tesis de que la contaminación desencadena, o acelera, un infarto que iba a suceder de todos modos. Los investigadores estudiaron los datos de varios contaminantes, pero únicamente encontraron relación con los ataques en el caso del dióxido de nitrógeno (NO2) y de las partículas en suspensión PM10. ¿Hay algún umbral a partir del cual los niveles de contaminación son peligrosos? Bhaskaran explica que el estudio no lo define. «Lo que nosotros hemos calculado es una relación lineal entre polución y riesgo de infarto, es decir, a niveles más altos de contaminación, mayor riesgo en las siguientes seis horas», afirma. El estudio detalla en las conclusiones que el riesgo de sufrir un ataque aumenta entre un 1,1% y un 1,2% (para las partículas y para el NO2, respectivamente) por cada incremento de 10 microgramos por metro cúbico de contaminante en el aire.
¿Cuál es el mecanismo por el que respirar aire contaminado puede desencadenar un infarto? «Se sabe por estudios experimentales en animales y también en personas que la exposición, sobre todo a partículas, produce una disfunción endotelial. Las arterias pierden capacidad vasodilatadora», explica Barrabés. El aire sucio provoca o acelera la trombosis también porque actúa sobre las plaquetas, las células sanguíneas que inician este proceso. «La inhalación de humos hace que se activen, que se hagan más reactivas y aumente la facilidad para que se adhieran entre sí y se peguen al endotelio», precisa. Así es como se forman los coágulos.
«Para una persona individual es riesgo es mínimo, pero desde el punto de vista poblacional el día de mucha contaminación se producen muchos más casos de infarto que otros días», señala Barrabés. «Además, hay estudios que sugieren que la contaminación también es perjudicial a largo plazo porque favorece la progresión de la arteriosclerosis», añade.
«Las personas vulnerables deberían comprobar las previsiones de niveles de polución y evitar las zonas muy contaminadas y el ejercicio intenso cuando haya picos», recomienda Bhaskaran.
Así lo indican los resultados de un nuevo estudio, el cual aporta la primera evidencia clara de cómo los aerosoles (hollín, polvo y otros materiales particulados) presentes en la atmósfera pueden afectar a la meteorología.
Los resultados de esta investigación atañen de manera especial a la disponibilidad, gestión, y uso de recursos hídricos en regiones de diversas partes del mundo.
Utilizando una base de datos de diez años de mediciones atmosféricas, el equipo de Zhanqing Li, Feng Niu y Yanni Ding, de la Universidad de Maryland, Jiwen Fan, del Laboratorio Nacional del Pacífico Noroeste, Yangang Liu del Laboratorio Nacional de Brookhaven, las tres instituciones en Estados Unidos, y Daniel Rosenfeld, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, ha descubierto la influencia neta y a largo plazo que los aerosoles ejercen sobre la altura y grosor de las nubes, y los cambios resultantes en la frecuencia e intensidad de las precipitaciones.
La comunidad científica ha sabido desde hace mucho tiempo que los aerosoles influyen en el calentamiento y en los cambios de fase, como la condensación y la congelación, en las nubes, y que pueden tanto inhibir como intensificar las nubes y las precipitaciones.
Lo que no se había conseguido determinar hasta ahora era el efecto neto de ese conjunto complejo de influencias.
El nuevo estudio muestra que la materia particulada fina, mayormente fruto de la polución atmosférica, dificulta que se produzca la lluvia suave, y por otra parte exacerba las tormentas severas. Se trata pues de un efecto a dos bandas, y que es pernicioso en ambas.
Lo puesto de manifiesto por el nuevo estudio hace más urgente aún la necesidad de controlar las emisiones contaminantes de azufre, nitrógeno e hidrocarburos.
Fuente: www.xatakaciencia.com (20 de diciembre de 2011) Por Sergio Parra
Por ejemplo, el buscador Google no genera una cantidad de dióxido de carbono tal y como lo haría una biblioteca de semejante tamaño. Pero lo hace. Y más de lo que imagináis. Una simple búsqueda en el buscador genera unos 7 gramos de dióxido de carbono. Para que os hagáis una idea de la cifra, hervir una tetera produce unos 15 gramos. Y es que Google funciona mediante electricidad, y la electricidad es real.
La electricidad se genera principalmente mediante la combustión de combustibles fósiles como carbón, petróleo o gas. Una simple búsqueda en Google contribuye en el cambio climático del planeta. El mundo digital acarrea unos costes directos e indirectos que aún se están calculando. Google, por supuesto, ha replicado con datos que evidencian que su consumo es menor que el anteriormente dicho, que fue publicado por un doctor en Física de la Universidad de Harvard, Alex Wissner-Gross.
Como también pone en duda otro rumor que corre por ahí que advierte que si el fondo del buscador fuese en negro en vez del actual blanco, se ahorrarían miles de euros al año. La teoría no es consistente, pues se basa en cálculos de consumo energético de pantallas CTR, las de tubo de toda la vida. Hoy en día, sin embargo, el 75 % de los consumidores ya usan pantallas planas TFT, que no diferencian su rango de consumo por el color de los fondos.
Las tecnologías de la información (TIC) son responsables del 2% de las emisiones que contribuyen al efecto invernadero. Ahora, una agencia francesa ha realizado un estudio sobre el impacto ambiental de tres usos básicos de Internet y las nuevas tecnologías: los correos electrónicos, las búsquedas y la transmisión de documentos por USB y ha constatado que la contaminación podría ser incluso mayor. Según el informe, “reducir un 10% el envío de correos en una empresa de 100 trabajadores supone un ahorro de una tonelada de CO2 al año”.
El estudio también ha calculado el efecto de la lectura de un documento de 200 páginas transferido mediante un dispositivo USB de 512 megabytes. Si se calcula el tiempo de lectura de cada página en tres minutos y que cien personas leerán el documento completo, las emisiones relacionadas con la transmisión de dicho documento suponen el equivalente a 80 kilogramos de CO2.
Una persona influye en la ecología. Pero una persona virtual, una maraña de bits, como son los avatares del mundo paralelo de Second Life, consume tanta electricidad como el ciudadano brasileño medio, según el artículo de Tyler PaceDigital life identity crisis: tales of security and sustainability.
Para que los mundos virtuales existan primero hay que construir ordenadores, y eso también supone mucha contaminación. Un reciente estudio demuestra que fabricar un chip es cientos de veces más contaminante que producir un coche: para elaborar un microprocesador se requieren 32 litros de agua, 1,6 kilos de combustibles derivados del petróleo, 700 gramos de carbono y otros gases y 72 gramos de diversas sustancias químicas, según un estudio del el Instituto económico INSEAD (the European Institute of Business Administration), la Universidad United Nations de Tokio y la Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos, del que se hizo eco Science. No sólo estas sustancias son muy contaminantes, además, la relación entre la cantidad de materiales y el microchip terminado (que pesa dos gramos) es muy alta, 1:630. En el caso de un coche esta relación es de 1:2. Grandes cantidades de elementos tóxicos para algo minúsculo.
De toda la electricidad que consume un ordenador a lo largo de su vida (considerando que son unos 3 años), el 83% se utilizó en el proceso de producción y el 17% restante es la electricidad que consume en su uso diario.
La producción de los residuos electrónicos crece tres veces más rápido que la media de los residuos urbanos.
Concretamente, el volumen de chatarra informática crece entre el 16% y el 28% cada cinco años. En el 2005 la basura electrónica ya representa casi el 5% de todos los residuos de la Union Europea. Sólo reciclar los ordenadores que se amontonan hoy en los vertederos europeos llevaría unos 10 años. Actualmente, los PCs obsoletos en EEUU ocupan 5’7 millones de metros cúbicos (equivalente a un campo de fútbol con una altura de 1’5 Km.
Fuente: www.xatakaciencia.com (4 de noviembre de 2011) Por Sergio Parra
Proyectos como la ecópolis flotante llamada Lilypad, que está en manos del arquitecto belga Vincent Callebaut.
Lilypad tendrá un aspecto agradable y en sintonía con la naturaleza, una forma de loto gigante, y podrá albergar a cientos de miles de ciudadanos que se hayan visto obligados a abandonar zonas inundadas por la crecida del mar, como las islas Kiribati y las Maldivas, que serán las primeras en sucumbir.
A juicio de Callebaut, las inversiones en frenar el mar, como los diques de los Países Bajos, son estériles, temporales parches para un fenómeno que tarde o temprano será imparable. Lilypad pretende ser una solución a largo plazo.
Aunque todavía no se ha estimado su coste y los detalles técnicos brillan por su ausencia (parece que a Callebaut sólo le importa el aspecto estético del proyecto), se sabe que el prototipo contará con tres cadenas montañosas y un área de paredes de vidrio bajo el agua en forma de tazón para ser empleado para instalaciones comerciales y recreativas. Además, usando diversas formas de energías renovables, recogiendo el agua de lluvia en un lago central y gracias a su piel de dióxido de titanio, que podría absorber el dióxido de carbono de la atmósfera, Lilypad será autosustentable.
Los que se oponen a esta clase de proyecto arguyen que finalmente estas construcciones serán reductos flotantes para una elite social de un mundo cada vez más contaminado. Como si se mudaran a una estación espacial, fuera de los confines del mundo.
Personalmente, dudo de la eficacia de esta clase de medidas. Porque, tarde o temprano, las estaciones espaciales, así como las islas, artificiales o no, siempre acaban siendo claustrofóbicas y profundamente aburridas.
En Europa, un brote toxiinfeccioso de origen alimentario desatado en Alemania, que se relacionó en un primer momento con pepinos de origen español, estuvo vinculado con germinados de soja y originado por una agresiva cepa de E. coli Enterohemorrágica productora de toxina Shiga (STEC), una bacteria tan peligrosa como rara. Más tarde, un brote menos virulento relacionado también con esta bacteria patógena se desencadenó en Francia. Pero no solo ha habido alertas y accidentes. Este año ha sido también el de la entrada en vigor de la nueva Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición e importantes avances en investigación.
Fuente: consumer (29 de diciembre de 2011) Autor: Por MAITE PELAYO
La alerta alimentaria provocada por una cepa agresiva de E. coli Enterohemorrágia ha sido, a finales de año, motivo de evaluación por expertos europeos en peligros biológicos pertenecientes a la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Tras evaluar el riesgo de E. coli y otros patógenos contaminantes de semillas y germinados, concluyen que los germinados son alimentos de elevado riesgo microbiológico, tanto por sus patrones de consumo, crudos o mínimamente procesados, como porque existe la posibilidad de que ciertas bacterias patógenas que contaminan las semillas de origen puedan crecer y desarrollarse durante su germinación, lo que amplificará su presencia y efectos.
Avances y desarrollo de nuevas tecnologías
Muchas de las investigaciones de 2011 se han dirigido a mejorar la conservación de alimentos de la manera más natural posible. Es el caso de una cubierta de film de propóleo, una sustancia natural elaborada por las abejas, desarrollada por el Instituto de Ingeniería de Alimentos para el Desarrollo (IUIAD) de la Universidad Politécnica de Valencia, que hace posible que las uvas se conserven aptas para el consumo durante más días y que, además, sean más interesantes desde el punto de vista nutricional. El sector alimentario cada vez está más interesado en obtener alimentos seguros, de larga duración, pero sin perder la etiqueta de naturales.
Los recubrimientos comestibles alimentarios o las películas protectoras con antimicrobianos naturales son sistemas que cumplen estos requisitos y en los que el sector trabaja desde hace años. Un reciente ejemplo son los nuevos recubrimientos antimicrobianos comestibles para cárnicos frescos, como pechugas de pollo, desarrollados en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) y que, aplicados sobre su superficie, aumentan la vida útil y la seguridad.
Otra de las líneas de trabajo de investigación es la detección de adulteraciones alimentarias. Nuevas técnicas de análisis, algunas tan sorprendentes como las relacionadas con la «Teoría del Caos», permiten detectar adulteraciones en los aceites alimentarios de manera precisa y segura. Los nuevos sistemas de detección basados en técnicas de biología molecular permiten descubrir adulteraciones en el café de manera muchos más precisos y sensibles que otros métodos tradicionales. El sistema desarrollado por el Centro de Investigación alimentaria AZTI-Tecnalia, basado en técnicas de biología molecular, es capaz de detectar la presencia de hasta un 2% de café Robusta en Arábica, tanto en café verde como tostado.
Otra tercera línea de investigación ha intentado reducir la carga de contaminantes en los alimentos, de origen químico o biológico. Un equipo multidisciplinar del CSIC ha desarrollado una simple cobertura de origen natural que actúa como inhibidor de contaminantes de procesado en alimentos. Este reduce de forma simultánea la formación de acrilamida y de hidroximetilfurfural en alimentos, dos compuestos contaminantes potencialmente cancerígenos, con una eficacia elevada: un 80% en el caso de la acrilamida y un 98%, en el del HMF. Por su parte, el Centro de Nuevas Tecnologías y Procesos Alimentarios (CENTA-IRTA) de Girona ha desarrollado un innovador sistema de desinfección de cuchillos en plantas industriales cárnicas más rápido y eficaz.
Hasta ahora, no existía un método rápido y eficaz que garantizara la total limpieza y desinfección de estos utensilios de aplicación industrial. La cavitación hidrodinámica en la industria avícola es un proyecto de investigación pionero desarrollado en Andalucía, que aplica un proceso físico de formación de burbujas mediante cambios de presión. Así elimina los posibles microorganismos patógenos o alterantes en la producción de pollos de carne. El proceso actúa como higienizante, al eliminar la posible carga microbiológica del fluido sobre el cual se aplica.
Estudios e informes
Menos plaguicidas en alimentos. Un reciente informe comunitario de EFSA confirma la tendencia hacia un mayor cumplimiento de la legislación sobre residuos de productos fitosanitarios, con un porcentaje superior de muestras analizadas que cumplen con los estándares de seguridad alimentaria.
Metales pesados no preocupantes en carne de vacuno. El estudio, realizado en carne de ganado vacuno criado en Castilla y León, revela que los niveles de metales pesados no son preocupantes desde el punto de vista de la salud humana y avalan la seguridad alimentaria de este producto.
Un 10% del arroz producido en China contiene niveles excesivos de cadmio. La investigación y posterior informe los ha realizado una universidad china en 91 tipos de arroz procedentes de mercados de seis zonas diferentes del país.
Envases de cartón reciclado y toxicidad. Una investigación realizada por especialistas suizos y repetidos en Alemania alerta sobre la posible toxicidad de los envases alimentarios elaborados con cartón reciclado por contener sustancias tóxicas, en concreto, aceites minerales procedentes de los periódicos utilizados en el reciclaje.
Café en cápsulas y mayor contenido en furano. Investigadores de la Universidad de Barcelona relacionan el contenido en furano de los cafés con el tipo de proceso empleado para su preparación. Concluyen que los preparados mediante cápsulas contienen mayor concentración de este contaminante tóxico que el resto, aunque siempre dentro de los niveles considerados seguros para la salud.
Nitratos en verduras y salud infantil. Expertos de la EFSA evalúan los posibles efectos para la salud de la exposición a nitratos de lactantes y niños a través del consumo de verduras y establecen que, aunque la lechuga no supone un riesgo para su salud, no ocurre lo mismo con las espinacas, con las que deben tomarse algunas precauciones.
Nuevas recomendaciones de consumo de alimentos para bebés, niños y embarazadas. No dar espinacas ni acelgas a los niños menores de un año y limitarlas hasta los tres, no consumir pez espada o atún rojo durante el embarazo o la lactancia y no comer la «carne oscura» de los crustáceos son algunos de los consejos facilitados por los expertos de la AESAN para reducir la exposición de grupos de riesgo a ciertos contaminantes alimentarios.
Pescado, más beneficios que riesgos. Un grupo multidisciplinar de expertos avala los beneficios derivados del consumo de pescado y marisco frente a sus posibles riesgos. Los especialistas coinciden, que en el consumo de pescados y mariscos, los beneficios priman sobre los riesgos.
Sustancias con actividad hormonal en alimentos, un riesgo emergente. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria establece la acción de las sustancias con actividad endocrina, es decir, productos químicos que tienen efectos sobre el conjunto de hormonas y que pueden estar presentes en los alimentos (como contaminantes), como un riesgo emergente por sus posibles consecuencias en la salud humana.
Los casos de Salmonella en la UE se reducen a la mitad. La incidencia de Salmonella en la UE se ha reducido a la mitad en los últimos cinco años, según un informe de EFSA. La tendencia es similar en el resto de zoonosis, que disminuyen en Europa como resultado de una estricta política de vigilancia y control, a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, donde se registra un aumento de casos.
Mejorar la eficiencia de la cadena alimentaria en la UE. Las autoridades europeas trabajan para mejorar la eficiencia de la cadena alimentaria. Para ello, proponen acciones dirigidas a los diferentes sectores, que ayuden a minimizar este despilfarro de alimentos e involucren a todos los agentes implicados. Cada europeo desperdicia alrededor de 179 kg de alimentos al año. Esto ocurre en todos los escalones de la cadena alimentaria.
BREVE APUNTE SOBRE NUEVAS REGLAMENTACIONES
Nueva Ley de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Esta nueva ley atiende a las perspectivas clásicas de la seguridad alimentaria, como la detección y eliminación de riesgos físicos, químicos y biológicos, desde un nuevo enfoque anticipatorio que se fundamenta en el principio de precaución. Además, tiene en cuenta de forma muy particular la creciente importancia de los riesgos nutricionales, dada la preocupante prevalencia en la actualidad de la obesidad, sobre todo infantil y juvenil, y regula el ámbito escolar, además de tener en consideración otras nuevas perspectivas de la seguridad alimentaria, como la social.
Reglamento europeo sobre la información alimentaria facilitada al consumidor. El texto consolida y actualiza dos campos de la legislación en materia de etiquetado: el general de los productos alimenticios y el nutricional. El propósito es un alto nivel de protección de la salud de los consumidores y garantizar su derecho a la información para que tomen decisiones con conocimiento de causa. Sus principales novedades son información nutricional obligatoria, etiquetas más legibles y obligatoriedad de la declaración del país de origen, la presencia de alérgenos y los nanomateriales.
El bisfenol A prohibido en biberones. La prohibición que se adopta y que es la transposición de una Directiva Europea, solo se refiere a la fabricación de biberones para lactantes por el principio de precaución. El bisfenol A es un producto químico que se utiliza desde hace muchos años para la fabricación de policarbonatos, un tipo de plástico rígido y transparente. Otros usos del bisfenol A están autorizados a nivel europeo y la EFSA ha evaluado su seguridad en varias ocasiones.
Visto lo visto podríamos sugerir que frente a los grandes centros comerciales, y aún más en época de rebajas, se colocaran grandes carteles advirtiendo que “consumir perjudica gravemente su salud”, al más puro estilo de las Autoridades Sanitarias. Y es que el consumismo irracional, superfluo y no necesario, que promueve el sistema capitalista, no sólo puede afectar de manera inesperada y contundente nuestra salud vía “ataque de spray pimienta” sino que sobre todo afecta la “salud” del planeta.
Sólo por poner un ejemplo, si todo el mundo consumiera como un estadounidense medio harían falta cinco planetas tierra para colmar nuestra voracidad, pero de planeta tierra sólo tenemos uno aunque se nos quede pequeño. Nos hemos acostumbrado a vivir sin tener en cuenta que habitamos en un mundo finito y el capitalismo se ha encargado muy bien de ello. Se asocia progreso a sociedad de consumo, pero tendríamos que preguntarnos progreso para qué y para quiénes y a costa de qué y de quiénes.
Los cantos de sirena de la modernidad nos dicen que consumir nos va a hacer más felices, pero tal felicidad nunca llega por más que compremos. “Ahoga tus penas con una buena compra” parece el slogan del capitalismo de hoy, pero nuestra insatisfacción nunca queda satisfecha. La felicidad no llega golpe a de talonario.
Nos dicen que compremos unas gafas Chanel, un osito Tous o unos pantalones Mango para sentirnos Claudia Schiffer, Jennifer López o Gerard Piqué. La época de vender un producto ha pasado a la historia. Ahora, como enseñan las buenas escuelas de marketing, nos venden al famoso de turno junto a la promesa de “salud, dinero y amor”. Y nosotros pagamos encantados el precio de nuestros sueños.
Nos venden lo anecdótico como imprescindible y lo banal como necesario y nos crean una serie de necesidades artificiales. Cambiar de ropa cada temporada, un móvil de última generación, una televisión de plasma, etc., etc., etc. Con el consiguiente monto de residuos tecnológicos, de vestir, electrónicos… que desaparecen tras nuestra puerta y que pasan a engrosar las pilas de deshechos en los países del Sur, contaminando aguas, tierra y amenazando la salud de sus comunidades.
O bien el sistema contra-ataca con su obsolescencia programada… planificando la fecha de caducidad de todo aquello que compramos para que al cabo de X tiempo se estropee y tengas que adquirir otro nuevo. ¿Para qué una bombilla que nunca se apaga, unas medias sin carreras o un ordenador que no funciona? Mal negocio. Aquí sólo gana quien vende.
A lo mejor ya va siendo hora de plantearnos que podemos “vivir mejor con menos”. Y ser conscientes de cómo nos quieren hacer cómplices de un sistema que nos han impuesto y que sólo beneficia a los mismos de siempre. Nos dicen que hay sociedad de consumo porque queremos consumir, pero -más allá de nuestra responsabilidad individual- nadie, que yo sepa, ha escogido esta sociedad donde nos ha tocado vivir, o al menos a mí no me han preguntado. Y es que desde que llevamos pañales hasta que se nos caen los dientes nos bombardean con el “comprar comprar comprar”. Ahora nos dicen que saldremos de esta crisis “consumiendo”. Yo me pregunto si “consumiendo” o “consumiéndonos”.
»Temperaturas más frías que la media en la estratosfera este año causaron un agujero de ozono más grande que el promedio», dijo Paul Newman, científico jefe de investigación atmosférica en el Goddard Space Flight Center. «A pesar de que era relativamente grande, el área del agujero de ozono de este año estuvo dentro del rango previsible, dados los niveles de sustancias químicas de origen humano que agotan el ozono y que persisten en la atmósfera«.
Algo parecido le sucedió al equipo de Jean-Michel Cousteau en julio de 2003, mientras rodaban un documental sobre las islas hawaianas.
En las playas de la isla de Laysan, en mitad del Pacífico, a miles de kilómetros de cualquier lugar habitado, las lenguas de mar habían dejado un interminable reguero de encendedores, restos de ordenadores, botellas de plástico, cepillos de dientes, pelotas de golf y otros objetos procedentes de 52 países, como una excavación arqueológica de multicultural basura.
Algunos restos de esta basura correspondían a cosas que ni siquiera habían sido fabricadas desde 1960.
También habían muchos cadáveres de albatros, pues habían confundido los pequeños objetos de plástico con peces de colores y los habían capturado y regurgitado sobre los picos de sus crías, incrementando la mortandad de su prole: en las entrañas de estos cadáveres aún podréis encontrar más y más objetos cotidianos que parecen anacrónicos en un lugar tan paradisíaco.
Como pequeño alivio, os puedo contar que no todos los objetos caídos al mar sirven sólo para ensuciarlo. Algunos han dado un buen servicio. Por ejemplo, los 29.000 juguetes de plástico para bañera comercializados por la empresa The First Years ICC, en su mayoría patitos de goma. En 1992, un boque de carga que había zarpado de Hong Kong con este cargamento rumbo a América, se averió en mitad del Océano Pacífico. Debido a los balanceos violentos del buque, algunos de los contenedores de estos juguetes se soltaron de sus amarres y se precipitaron al mar. Uno de los contenedores se abrió y vertió este ejército de juguetes flotantes.
¡Más basura antiecológica! Es lo que habréis pensado. Pero la realidad fue otra: gracias a estos patitos de goma, además de alimentarse el afán coleccionista de mucha gente, también se ha ayudado a la ciencia, como si los patitos de goma fueran cobayas improvisadas.
Las corrientes marinas desplazaron todos estos patitos de goma, castores rojos, ranas verdes y tortugas azules en una travesía de miles de kilómetros que duró 11 años. A medida que los juguetes han ido apareciendo en diferentes playas, los científicos han podido estudiar cómo funcionan las corrientes marinas de una forma nueva y eficaz.
Para el control de las corrientes oceánicas, los oceanógrafos emplean aparatos más sofisticados como las boyas con dispositivos de rastreo por satélite. Pero éstas son muy caras (hasta 1.650 euros cada una) y por ello sólo pueden desplegar unos cientos de ellas en un lugar al mismo tiempo. Al disponer de tantos objetos flotantes iguales y gracias al reporte de todas las playas donde la gente los encuentra, los estudios han sido mucho más precisos que nunca gracias a los patitos. Tanto es así, que ahora los expertos sabrán cómo conservar mejor las reservas de pescado y también se comprenderán algunos efectos aún desconocidos del calentamiento de la Tierra.
Blanqueados por el sol y el agua de mar, los patos y castores se han decolorado hasta volverse blancos, pero las tortugas y ranas han mantenido sus colores originales. Se han escrito dos libros infantiles sobre los patos, y los juguetes han alcanzado tal relevancia que ahora, como si fueran monedas o sellos, se subastan a precios desorbitados. Si os estáis bañando en la playa y os topáis con uno de estos patitos de juguete, será como si hubierais encontrado un doblón de oro del cargamento de un barco español.
El oceanógrafo Curtis Ebbesmeyer les ha seguido la pista por el Polo Norte y el Atlántico, y asegura que algunos llegarán a España, así que estad atentos.
Y si no son patitos de goma lo que encontráis, tampoco desesperéis: se calcula que cada año se pierden entre 2.000 y 10.000 contenedores de buques mercantes, y muchos de sus objetos son actualmente también objeto de estudio: 100.000 globos, 34.000 guantes de Hockey del carguero Hyundai Seattle, 5 millones de piezas de Lego pertenecientes al carguero Tokio Express, 33.000 zapatillas Nike que cayeron cerca de las costas de California, 20.000 sandalias que cayeron cerca de las costas de Hawai, 50.000 latas de cerveza que cayeron al Pacífico de un carguero chino.
Según explican los científicos, el componente transgénico introducido las hace capaces de soportar concentraciones 24 veces superiores a la dosis letal para las bacterias no modificadas y posibilita que absorban en cinco días el 80% del mercurio contenido en una disolución.
Los investigadores utilizaron bacterias «Escherichia coli» y les introdujeron un gen que les permite producir metalotioneína, una proteína esencial en los procesos de desintoxicación del organismo de los ratones.
Gracias a esta modificación, las bacterias fortalecieron su resistencia frente a sustancias como el mercurio.
Según los científicos, este es el primer estudio que muestra que la metalotioneína provoca la tolerancia de altas dosis de este metal y, al mismo tiempo, permite que la bacteria lo acumule.
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