Primatólogos de todo el mundo reunidos en Edimburgo, Escocia, divulgaron un informe en el que reevaluaron la situación de las 634 especies de esos mamíferos en los últimos cinco años y llegaron a la conclusión de que casi el 50 por ciento está de alguna forma amenazada. Esta advertencia está basada en los criterios de la Lista Roja de Especies Amenazadas.
Unas 69 especies, o un 11 por ciento, de la especie más cercana al hombre están críticamente amenazadas de extinción, dijeron organizaciones como Conservación International (CI), la Sociedad Internacional de Primatología (IPS por su sigla en inglés) y la Unión Internacional para Conservación de la Naturaleza (UICN).
PEORES SITUACIONES
La peor situación es en Asia, donde un 70 por ciento de esos mamíferos están amenazados -su caza es común- contra un 40 por ciento en América Latina, dijo Anthony Rylands, científico en la ONG Conservación International con sede en Washington. «América Latina está mejor que otras regiones del mundo, en general por la actuación de organizaciones no gubernamentales (ONG) y los Gobiernos», comentó Rylands a Reuters por teléfon-
«Y aunque Brasil ha mejorado mucho para proteger esos animales, como el tití león dorado, la situación está muy mal en el norte de Colombia», agregó. En el país andino quedan solamente 6.000 tamarinos cabeza de algodón, por ejemplo, y el Gobierno no ha hecho suficiente para proteger las reservas donde viven. «Las reservas y forestas están siendo destruidas para el uso de la tierra», agregó el especialista.
COLOMBIA Y CENTROAMÉRICA
Colombia es el país que necesita más acción gubernamental para frenar el problema y proteger las reservas en la región latinoamericana, de donde cinco países integran la lista de las 20 naciones que más concentran esos mamíferos, según el informe. Estas naciones son Brasil, con 110 especies; Perú, con 37; Colombia, con 33; Bolivia, con 24 y Ecuador, con 20, precisó.
En Colombia, un 42,9 por ciento de las especies están amenazadas, siendo la misma proporción que en Panamá, destacó el estudio. Los países centroamericanos, por su parte, no concentran tantas especies, pero presentan un alto porcentaje de animales amenazados, como Guatemala y México, con un 66,7 por ciento, y Costa Rica, con un 50 por ciento de los primates en peligro, agregó.
Pese a eso, la situación es bastante peor en Camboya, con un 90 por ciento de las especies amenazadas; Vietnam, con un 86,4 por ciento; o China, con un 77,8 por ciento. Brasil ha desarrollado un buen trabajo para detener la extinción de varias especies, con una fuerte actuación de funcionarios del Ministerio del Medio Ambiente, pero hay dudas sobre cuál es el destino que el Gobierno quiere dar a la Amazonia, hábitat de varios de estos animales, indicó Rylands.
«Por un lado hay un compromiso de mucha gente en el Gobierno por la preservación de estos animales, pero por otro hay gente que quiere desarrollar la Amazonia, dividir la tierra, lo que puede destruirla», enfatizó. «Hay una esquizofrenia sobre qué hacer», agregó.
Para Rylands, el resultado de las políticas adoptadas por las autoridades se verá en unos «10 años» y alertó sobre las consecuencias de la explotación de la tierra para plantar soja, biocombustibles y la extracción de madera.
En el marco del curso de la UPO «Entomología y gestión ambiental: Presente y futuro«, José Luis Viejo Montesinos destacó que el ritmo anual de descubrimiento de nuevas especies animales se sitúa en 15.000 especies, de las que el 62 por ciento son insectos y al menos una cuarta parte de ellas son escarabajos. «Sólo una familia de escarabajos tiene más diversidad que todos los animales vertebrados», apostilló el experto.
Por otra parte, el presidente señaló que hay una creencia equivocada con respecto a los insectos. Según sus palabras, «a los niños pequeños les gusta mucho jugar con insectos como las hormigas o los grillos pero cuando empiezan a entrar en la adolescencia, la mayoría de ellos empiezan a sentir repugnancia por ellos, sensación que se ve acrecentada en la edad adulta».
Pero, como explicó el experto, hay que tener en cuenta que si no existieran los insectos no podría haber flores ni cosechas, ya que estos animales son los encargados de polinizarlas. Por esto, José Luis Viejo Montesinos también se mostró contrario al uso indiscriminado de insecticidas «porque matan a todos los insectos, los dañinos y los no dañinos. A veces, las plagas constituyen un síntoma de una mala gestión, porque hay que intentar combatirlas con otros insectos depredadores».
Finalmente, el experto lamentó que la sociedad actual cada vez esté más alejada de la Naturaleza y más inmersa en un estilo de vida urbana en el que se piensa que el hombre es el centro del Universo, lo que propicia el desconocimiento sobre estos animales. «Sin embargo, los insectos son uno de los grupos animales más antiguos que viven sobre la Tierra y el que mayor número de formas posee en la actualidad, lo que muestra una capacidad de adaptación y supervivencia al entorno por encima del resto de formas de vida animal», concluyó José Luis Viejo Montesinos.
Investigadores de la Universidad de Extremadura y de la Universidad de Santiago de Compostela han confirmado que las aves de presa acumulan contaminantes medioambientales distribuidos en el entorno y, en algunos casos, estos pueden provocarles la muerte, según informó el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC). A través de un estudio comparativo de las aves rapaces de Galicia y Extremadura, los científicos han demostrado su exposición a dos agentes potencialmente tóxicos, el plomo y el cadmio.
Los autores del trabajo revelan que estos animales salvajes pueden ofrecer datos extremadamente útiles para detectar y evaluar los efectos toxicológicos de diferentes elementos inorgánicos en los ecosistemas terrestres, información que podría extrapolarse también a los seres humanos. «El estudio comparativo entre dos comunidades autónomas, Galicia y Extremadura, permite establecer la diferencia de exposición y acumulación de diversos elementos químicos en tejidos de aves rapaces diurnas y nocturnas», explicó a SINC Marcos Pérez López, responsable principal de la investigación, que forma parte de un proyecto más amplio en el que se incorporarán datos procedentes de otros países de la UE.
El informe establece qué tipo de tejidos de las aves sería el más adecuado para los estudios de biomonitorización, debido a su mayor capacidad para acumular los elementos metálicos, y cómo la zona geográfica y los hábitos diurnos o nocturnos de las rapaces pueden llegar a influir en los niveles cuantificados. Los científicos analizaron las muestras procedentes de diversos tejidos biológicos, empleando para detectar y cuantificar los metales una técnica de espectrometría de masas con fuente de plasma acoplado por inducción (ICP-MS), tras la digestión por vía ácida de las muestras.
Riesgo ecotoxicológico
El estudio determina que los niveles hepáticos de zinc y de arsénico serían, en general, bajos y no supondrían riesgo alguno para las especies. Sin embargo, «los niveles de plomo en algunas rapaces diurnas, y los de cadmio en otras nocturnas, podrían llegar a suponer un riesgo ecotoxicológico, lo cual mostraría la utilidad de seguir adelante con las redes de biomonitorización», aseguró Pérez López.
Tanto el plomo como el cadmio son emitidos al ambiente a través de la industria, el tráfico en las carreteras y el consumo de combustibles fósiles.
Una vez que los metales entran en contacto con un pájaro, tienden a acumularse en diferentes órganos, como riñones e hígado, y pueden acabar causando daños serios, hasta incluso la muerte del animal. Los investigadores señalaron la importancia de los estudios ecotoxicológicos para impedir esta situación y predecir futuros cambios medioambientales. «Las características biológicas de las aves rapaces las convierten en centinelas útiles que actúan como monitores locales adecuados para evaluar los niveles de contaminación», apuntó el experto.
Los estorninos salvajes son altamente sociales y se unen con rapidez a otros en una parcela de terreno pródiga en comida. Sin embargo, es inevitable que cada animal procure asegurarse de que otro no le quite el bocado que ha visto primero. Esto conduce a situaciones de fuerte competitividad. Un individuo capaz de determinar antes que otros que el riesgo de convertirse en víctima de un depredador es bajo, regresa más rápidamente a la parcela de terreno donde aguarda el alimento, tal como se comprobó en el estudio con las reacciones de las aves ante personas cercanas, y obtiene así un valioso tiempo extra para alimentarse antes de que los otros estorninos regresen a seguir comiendo.
Las respuestas ante indicadores obvios de riesgo, como un depredador abalanzándose sobre su presa potencial, o la huída de otros animales, están bien documentadas, pero Carter ha descubierto que la orientación de la cabeza de un depredador y la dirección en la cual sus ojos están mirando fijamente son indicadores de riesgo más sutiles, y útiles debido a que muchos depredadores orientan sus cabezas y ojos en dirección a sus presas cuando se disponen a atacar.
Las temperaturas medias del mes de mayo, la época de puesta de huevos, han aumentado 0,11º C por año desde 1980 en el área donde se ha realizado el estudio, La Hiruela, en la sierra de Madrid. Potti señala: “El aumento de las temperaturas en las últimas décadas podría ser potencialmente beneficioso para la formación de los huevos en las aves insectívoras, puesto que los insectos que les sirven de alimento a estas aves suelen ser más activos y abundantes en regiones y en épocas cálidas. Sin embargo, esta cuestión no parece ser tan sencilla”.
La contradicción entre ambas tendencias térmicas que afectan al tamaño de los huevos podría explicarse por el desajuste entre la llegada del papamoscas (que pasa el invierno en el África subsahariana) y el adelanto de la primavera en la sierra madrileña, como ya demostrara Potti en un trabajo de 2003 publicado en la revista Global Change Biology.
El Papamoscas, un ave de costumbres
La hipótesis del investigador del CSIC es que el papamoscas, al contrario que otras aves migratorias como las golondrinas, no ha adaptado la fecha de sus migraciones al adelanto de la primavera, por lo que acaban criando en épocas que no son las óptimas.
“Los pájaros parecen estar criando en épocas subóptimas, tanto para el crecimiento de los pollos, como para la formación de los huevos que realizan las hembras, que probablemente no encuentran alimento de la calidad y/o cantidad necesarias para formar huevos de mayor tamaño, incluso en las épocas más cálidas, cuando más alimento disponible hay”, narra Potti.
Este hecho provoca, según las conclusiones del estudio que se publica en el último número de la revista Acta Oecologica-International Journal of Ecology, que se generen huevos de menor volumen con una probabilidad menor de eclosionar, lo que ha contribuido al descenso del éxito reproductivo de la población en las dos últimas décadas.
El papamoscas cerrojillo fue elegido para el estudio porque es una especie que Potti ha estudiado de forma casi ininterrumpida desde hace 23 años en la sierra madrileña. Esta ave forestal migratoria prefiere nidales artificiales para la reproducción, lo que facilita su seguimiento.
La construcción del nido para cualquier ave supone un gasto energético muy elevado, pero para las AGUILAS perdiceras el esfuerzo es aún mayor porque sus nidos pueden medir casi dos metros de diámetro y a veces tienen que realizar cientos de viajes para reunir el material necesario para su edificación.
Averiguar la razón por la que esta ave, en peligro de extinción en España, construye tantos nidos es una información relevante para contribuir a su conservación. La investigación de la UGR, realizada entre los años 1994 y 2004, pone en tela de juicio cuatro hipótesis, dos de las cuales -la lucha contra los parásitos y la competitividad con otras aves-, parecen tener más peso para explicar este fenómeno.
«El uso alternativo de distintos nidos y de plantas con repelentes naturales para su construcción ayuda a evitar los parásitos, cuyas larvas permanecen en los nidos esperando la llegada de las aves en una nueva temporada de cría. Bajo esta perspectiva, aquellas parejas que más cambian de nido y usan más plantas con efecto insecticida, tienen menos parásitos en los mismos y son capaces de criar más pollos», explica Diego Ontiveros, autor principal del estudio.
Repelente de pino
Los investigadores centraron su estudio en 20 parejas de águila perdicera que habitan la zona este de Andalucía. El entorno de las aves ha sido determinante para entender la interacción entre el cambio frecuente de nido, el éxito en la reproducción y el material utilizado para la construcción del mismo, en este caso el follaje de los pinos. Según los científicos granadinos, las AGUILAS perdiceras son capaces de seleccionar determinadas especies de pino para la construcción de sus nidos y «cuanto más alto es el porcentaje de follaje de pino utilizado, menor es el porcentaje de insectos y mayor es el éxito reproductor».
El estudio revela cómo la presencia de las larvas en los nidos ha modificado evolutivamente las estrategias inmunológicas, de comportamiento y fisiológicas de las aves para reducir el efecto de los parásitos. Los insectos han predispuesto a las AGUILAS perdiceras incluso a evitar reutilizar los nidos donde las larvas se han desarrollado. Al cambio de nido entre años, se añade el hecho de que las AGUILAS perdiceras estudiadas «seleccionan un determinado tipo de plantas, el pino resinero, que contiene un repelente natural contra los insectos, el B-pineno», revela Ontiveros.
La segunda hipótesis desarrollada por los investigadores es que las AGUILAS perdiceras cambian de sitio de nidificación cuando sus nidos han sido ocupados por otra especie, son molestadas o atacadas. Durante el periodo de observación, el 30% de las parejas estudiadas se benefició de la existencia de nidos alternativos ante circunstancias de este tipo.
Por otra parte, los datos recopilados contradicen el uso de nidos como «señales de territorialidad», para evitar la entrada de competidores en el territorio, y como «nidos de frustración», que se construirían tras fracasar las parejas en la cría de los pollos. Los investigadores descartan estas hipótesis planteadas hace años por observaciones aisladas.
En primer lugar, porque «los nidos alternativos están casi todos concentrados en menos del 1% del territorio de las parejas», y, segundo, porque las que fracasan en la cría construyen nidos nuevos «en la misma proporción» que las que sacan pollos, apunta Ontiveros.
Fuente: consumer (30 de abril de 2008) Autor: Por MERCÈ FERNÁNDEZ
Conocer la evolución de las aves comunes
Entre mediados de abril y de junio, varios centenares de voluntarios de SEO/Birdlife llevan a cabo una nueva campaña de SACRE (Seguimiento de Aves Comunes Reproductoras), que forma parte del programa europeo de Monitorización de Aves Comunes (PECBM en sus siglas en inglés) y en el que participan hasta 36 países. Desde 1998, esta iniciativa trata de obtener información sobre la evolución de las aves comunes vinculadas a diferentes medios (forestal, agrícola y urbano) como una forma de evaluar la biodiversidad y el estado de conservación de esos ecosistemas.
Para ello, los voluntarios realizan, desde el amanecer y hasta poco antes de mediodía, un recorrido por la zona que tienen asignada (de unos 10 kilómetros de ancho por 10 de largo), deteniéndose cinco minutos en cada uno de los veinte puntos seleccionados para realizar el censo. En cada parada se toma nota de las aves detectadas, tanto de la especie como del número de individuos. Esta operación se realiza dos días cada año y actualmente cubre unas 700 áreas de cien kilómetros cuadrados cada una.
La ambición de SEO/Birdlife es llegar a censar aves de más zonas. Pero faltan voluntarios. Los internautas, explican desde esta organización, han pedido que se censen las aves de hasta casi unas 5.600 zonas – para ello, la organización tiene en su web un mapa de España con una cuadrícula, donde cada cuadro corresponde a una zona de censo.
Las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998
Este censo ha permitido descubrir que se está dando un descenso general de las aves vinculadas a medios agrícolas, como la golondrina, la codorniz o la alondra, «debido los cambios que se han producido en la agricultura en los últimos años en toda Europa», explica Virginia Escandell, de SEO/Birdlife. Entre las especies más amenazadas en España están la alondra (con casi un 40% menos de población respecto a 1998), el gorrión molinero (un 33,5 % menos), el jilguero (un 18% menos) o la calandria (un 15% menos), según los datos más recientes.
Tomadas en conjunto, las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998. Todo lo contrario de lo que sucede con las aves de medios urbanos, que se mantienen estables, y las aves de medios forestales, que están en aumento debido a «un aumento de la masa forestal en nuestro país», según detallan desde SEO/Birdlife. Esto, que resulta chocante cuando una constante anual son los incendios, se explica en parte por el número creciente de áreas de pastoreo que están siendo abandonadas.
Conservar la biodiversidad
Hay un doble interés en el programa SACRE. Por un lado, el censo de las propias aves. Por otro, como un indicador del estado del ecosistema y la biodiversidad: las aves son sensibles a los cambios en el medio y se conoce más de ellas que de otras especies; la alteración del número de individuos en sus poblaciones es una señal inequívoca de que se están dando cambios en el ecosistema. La Unión Europea tiene el compromiso de detener la pérdida de biodiversidad antes del año 2010, y programas como éste son una herramienta indispensable para detectar esos cambios y sus causas.
En este sentido, una de las tendencias futuras que se ven con precaución a nivel europeo es el aumento de los cultivos destinados a biodiesel. Se sabe que las aves se adaptan a los cultivos de la zona en la que viven y que, además, las lindes entre los diferentes campos agrícolas son un buen refugio para ellas, ya que cuentan con una vegetación silvestre diversa. Las grandes extensiones destinadas a cultivos energéticos no sólo implican un monocultivo intensivo sino la posible pérdida de esas lindes.
La urbanización creciente es otra amenaza para las aves de medios agrícolas, apuntan desde GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat). Hay dos tendencias, detalla Jimena López, de GREFA, las aves más cosmopolitas, a las que la presencia del hombre les puede incluso beneficiar, como el estornino o la urraca, y las aves insectívoras, como las golondrinas o los vencejos, más sensibles a la presencia del hombre y cada vez más amenazadas.
Unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos
«Hay gente que acude a nosotros diciendo que quiere quitar de su casa los nidos de golondrina del chalet», relata Jimena López. Las golondrinas son aves protegidas, lo que no evita sin embargo los casos de destrucción ilegal de nidos. Al centro de recuperación de GREFA, explica Jiménez, han llegado nidadas enteras de golondrina, mientras que la pareja de progenitores, una vez destruido el nido, «se queda perdida, no sabe qué hacer». Si el nido realmente molesta, añade, hay que saber en qué momento del ciclo hay que actuar, no cuando están instalados los polluelos. «También hay que pensar un poco a la inversa y en las molestias que nosotros les provocamos a las aves», afirma tajante. No hay que olvidar que también reportan beneficios. Aves insectívoras como las golondrinas son vitales para el control de plagas de insectos: se ha calculado que unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos. Apreciar el valor de las aves y del ecosistema, explica López, pasa por la educación y es algo que debe enseñarse desde la infancia.
Adaptarse al hombre
Otra ave «urbana» amenazada es el cernícalo primilla, habitual en poblaciones pequeñas, que suele anidar en ruinas, y a la que la presión urbanística esta perjudicando. En cambio, los estorninos se adaptan con una gran facilidad a la convivencia con el hombre. La mayor extensión y densidad de zonas urbanas también tiene efectos sobre estas aves. Los estorninos se agrupan buscando el calor para pernoctar y las ciudades grandes son una gran fuente de calor, por lo que se dirigen a ellas al atardecer. Y cuando las poblaciones son muy densas y con pocos espacios abiertos, es fácil que estas bandadas, que reúnen a varios centenares o más de individuos, acaben siendo una molestia para los ciudadanos.
Otro ejemplo de adaptación se puede ver en poblaciones de aves marinas que, ante la falta de pesca en ciudades portuarias, están alimentándose de basura, mucho más fácil de obtener, o de otras aves. En ciudades como Barcelona no es difícil ver a gaviotas cada vez más acostumbradas a alimentarse de restos de paloma, lo que da alas a muchos ciudadanos para justificar cualquier acción no respetuosa con estas aves.
En esa línea apuntaba hace unos años un trabajo publicado por la Universidad de Glasgow (Reino Unido) en la revista Nature. Los investigadores mostraban cómo a lo largo de 30 años el págalo grande, una ave marina, se estaba alimentando cada vez más de otras aves, que a su vez estaban en declive. La causa estaba en las restricciones que se habían impuesto a la pesca, tras años de gran presión pesquera que había beneficiado a la especie (acostumbrada a alimentarse de la pesca descartada que arrojaban los barcos y que había multiplicado su población). Ante la falta repentina de esos restos y con un mar sobreexplotado, las aves hambrientas se convirtieron en predadoras de otras. El problema no era sólo que ponían en peligro a las otras especies sino que, temían los investigadores, también podía poner a la gente en contra del págalo grande y hacer que pidiera su eliminación parcial.
La mejor forma de proteger las aves marinas, explicaban expertos de la Royal Society para la Protección de las Aves (Reino Unido), pasa por dejar que se recuperen los recursos pesqueros y por tener en cuenta todo el ecosistema a la hora de establecer políticas como las relacionadas con la pesca, porque también eso, como cualquier acción humana, tiene efectos sobre el ecosistema. Si el ser humano cuida el entorno, explicaban, entonces las aves podrán cuidarse solas.
Voluntarios para salvar polluelos
Este año también se pone en marcha la campaña «Salva un pollo» de GREFA, Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat. Este centro de Madrid puede recoger hasta 700 polluelos caídos del nido y aves heridas en sólo dos meses, durante el período comprendido entre mayo y julio. Cada año cientos de aves salvan la vida gracias a voluntarios que recogen las aves y las llevan a los centros de recuperación, desde cigüeñas o lechuzas, hasta mirlos, tórtolas o vencejos. No hay ninguna discriminación en cuanto a los animales que recogen; la única prioridad que establecen es la urgencia: recoger un buitre con un ala rota, que es difícil de manejar por una persona sola, es más urgente que si se trata de un gorrión, por ejemplo.
Desde esta organización indican que, ante el hallazgo de un polluelo herido, lo primero que debe hacerse es esperar y observar, desde una cierta distancia, a fin de confirmar que efectivamente está perdido (es posible que los padres estén cerca). Si es así y el pollito está abandonado, hay que depositarlo en una caja de cartón con agujeros y llevarlo al centro de recuperación o veterinario más cercano. Si no es posible, se puede llamar a GREFA o a cualquier otro centro de recuperación cercano para recibir información sobre cómo actuar. «Lo que no hay que hacer es darles de comer porque la sangre se concentra hacia el estomago y si el ave está deshidratada es mucho peor».
La gran mayoría de los animales que recogen están malheridos por causas relacionadas con la actividad humana (atropellos, disparos, colisiones con cables o con vallas…). Un 35% del total de animales recogidos (1.956 animales en el año 2006) son polluelos, debido a la gran cantidad de ellos que caen de los nidos o quedan huérfanos en época de cría.
Los pastizales arbolados del Cerrado cubrían un área igual a la mitad de Europa, pero ahora están desapareciendo a más del doble de la velocidad de la vecina Amazonía. Esta rápida pérdida de la vegetación nativa y de especies únicas es el resultado de la transformación del Cerrado en tierras agrícolas para suplir la demanda creciente de soja, caña de azúcar y ganado.
Las posibles nuevas especies incluyen ocho especies de peces, tres de reptiles, un anfibio, un mamífero y un ave, las cuales fueron halladas dentro y en los alrededores de la Estación Ecológica de Serra Geral do Tocantins, la segunda área protegida de mayor tamaño en el Cerrado (716,000 hectáreas o 289,113 acres).
El equipo también registró varias especies en peligro de extinción tales como el guacamayo jacinto, el guazo (Blastocerus dichotomus), el armadillo de tres bandas (tatu-bola), el pato serreta brasileño y el tinamú enano entre más de 440 otras especies de vertebrados documentadas durante los 29 días de la expedición de campo.
Al integrar el 21 por ciento del territorio de Brasil, el Cerrado conforma la sabana arbolada más extensa en Suramérica. Grandes mamíferos, tales como el oso hormiguero gigante, el armadillo gigante, el jaguar y el aguará guazú luchan por sobrevivir en este hábitat de cambio tan acelerado que ahora también es conocido como el granero de Brasil.
«La distribución geográfica de algunas de las especies registradas se encuentra restringida al área de la estación ecológica, por lo tanto su supervivencia depende del buen manejo del área protegida y sus alrededores inmediatos», declaró Luís Fabio Silveira del Departamento de Zoología de la Universidad de São Paulo. «De este estudio podemos obtener datos con respecto a la anatomía, la biología reproductiva, el ciclo de vida y la distribución de las especies, lo cual nos ayuda en futuros programas de conservación».
Los resultados finales del estudio (que incluyen la descripción formal de las nuevas especies) serán utilizados para apoyar el desarrollo de un plan para la Estación Ecológica, la cual fue creada en el año 2001 y aún se encuentra en su etapa de establecimiento.
«Necesitamos conocer mejor nuestras áreas protegidas, especialmente las estaciones ecológicas cuyo objetivo principal es generar conocimiento científico sobre la biodiversidad brasileña la cual se encuentra tan pobremente estudiada y tan severamente amenazada. Desafortunadamente, extensas áreas del Cerrado, como la Estación Ecológica se están convirtiendo en algo cada vez más raro, haciendo que los datos recolectados sean aún más importantes. Por encima de todo, es necesario conocer para conservar», concluyó Nogueira.
Veintiséis investigadores de la Universidad de São Paulo y su Museo de Zoología, las universidades federales de São Carlos y Tocantins y CI-Brasil integraron la expedición, la cual fue parte de un proyecto financiado por la Fundación O Boticário para la Conservación de la Naturaleza, con el Apoyo de la ONG Pequi – Pesquisa e Conservação do Cerrado (Investigación y Conservación del Cerrado).
Esta iniciativa, de un grupo de científicos de la Universidad Ben Gurión del Neguev, se debe a la disminución progresiva de un campo de flores de la familia de la «Iris atropurpurea , que está situado a las afueras de la ciudad de Natania, unos 20 kilómetros al norte de Tel Aviv.
Fuente: El Mundo (02/04/2008)
Desde hace años, las abejas han dejado de visitar el lugar porque, para llegar, deben cruzar la autopista que conecta Tel Aviv con Haifa, la segunda más transitada de Israel, con los riesgos que ello conlleva.
«No tenemos claro por qué, pero aparentemente el ruido, la contaminación y la necesidad de volar más alto para pasar encima de los coches provocan algún tipo de trauma (en las abejas) que les impide cruzar», dijo al diario «Haaretz» el investigador Yuval Sapir.
El resultado es que la abejas ya no pueden disfrutar de su lugar habitual de refugio en los días de frío, las flores han perdido su principal mecanismo de polinización y el campo se está reduciendo de forma progresiva.
Flor de invierno
La flor en cuestión, también conocida como iris púrpura oscura y que aparece por un breve período en invierno, sólo crece en Israel.
Para salvarla los científicos han propuesto a la Alcaldía de Natania la construcción de un «corredor ecológico» por el que las abejas puedan pasar al otro lado y cumplir su misión.
La propuesta incluye la construcción de un puente sobre la carretera que, en lugar de ser asfaltado, será convertido en un jardín botánico con las especies que atraen a las abejas, entre ellas el iris.
Sapir espera que con las condiciones apropiadas el puente se convierta en un corredor por el que las abejas se trasladen de uno a otro lado, y resolver los incesantes problemas que la modernización plantea a estos insectos.
Esta hormiga es pequeñita, agresiva y adaptable, rasgos que la han ayudado en su propagación por el mundo. En el pasado, sólo vivía en Sudamérica, y en cambio ahora ya habita en zonas de Asia, Australia, Europa, Norteamérica y Sudáfrica. La mayoría llegó a estos lugares en barcos que transportaban materiales extraídos de los suelos o productos agrícolas.Con las condiciones adecuadas, la Linepithema humile invade un nuevo territorio, comiéndose o forzando a huir tanto a la mayoría de las hormigas nativas como a muchos otros insectos. En este proceso, logra alterar de modo radical la ecología de su nuevo hogar.
Esta hormiga prospera en un clima cálido con agua abundante, y, a menudo, se halla en zonas de cultivo o cerca de las ciudades, pero también invade áreas naturales. Se trata de un insecto muy social y por eso puede llegar a formar supercolonias inmensas, constituidas por millones de obreras que se extienden por vastos territorios. Andrew Suarez, profesor de entomología de la universidad de Illinois y principal investigador del estudio, identificó, en trabajos anteriores, una supercolonia en California, que se extendía desde San Diego hasta San Francisco.
En el nuevo estudio, Suarez y sus colegas siguieron una ola invasora de la Linepithema humile a lo largo de Rice Canyon en el sur de California.
Los investigadores siguieron la pista de la invasión durante ocho años, recolectando datos sobre las condiciones existentes antes y durante la invasión. Más que comparar una comunidad sin invadir con una comunidad invadida, lo cual puede implicar diferencias debidas a muchos tipos de razones, los investigadores intentaron seguir al frente invasor en tiempo real, para documentar qué iban haciendo las hormigas invasoras.
Los investigadores usaron una técnica llamada análisis de isótopos estables para determinar qué comían las hormigas. Calculando la proporción de isótopos pesados y ligeros de nitrógeno en todos los miembros de una comunidad ecológica, los científicos pueden determinar si un organismo en particular es esencialmente carnívoro o herbívoro.
Lo que descubrieron los investigadores les dejó asombrados. En las primeras etapas de la invasión, las hormigas Linepithema humile se comportaron mayormente como en su propio territorio, o sea actuando como carnívoras, atacando con agresividad a las otras hormigas que se encontrasen en su camino, y, probablemente, comiéndoselas. Pero a medida que desplazaban a las especies nativas, comenzaban a forrajear a niveles más bajos de la cadena alimenticia.
Las observaciones mostraron que las hormigas tomaban el control de una fuente importante de alimentos: las excreciones dulces de los áfidos y otros insectos pequeños que se alimentan de las plantas. Estos son recursos importantes, a menudo fijos, de los que las hormigas pueden obtener una gran cantidad de carbohidratos, que son el combustible para la energía de su fuerza laboral. A medida que las hormigas nativas son exterminadas o expulsadas, las Linepithema humile comienzan a monopolizar dichos recursos.
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