La investigación forma parte del proyecto CENIT SOST-CO2 «Nuevas utilizaciones industriales sostenibles del CO2», que tiene como objetivo abordar el ciclo de vida completo del CO2, desde su captura en las fuentes de emisión, hasta su transporte, almacenamiento y su valorización a gran escala, explica la UPM en un comunicado.
Los científicos implicados en el estudio estiman que las algas podrían jugar un papel importante en la producción de biomasa y en el marco del proyecto se han realizado varios experimentos encaminados a determinar, en primer lugar, la cantidad de CO2 que las algas pueden capturar en función de la concentración de gases en la atmósfera en la que se desarrollan y las condiciones de cultivo y en segundo lugar, la biomasa que pueden llegar a producir, con dependencia de la especie cultivada y el destino final de la producción (alimentos o biocombustibles).
Según sean los resultados alcanzados, el cultivo de algas a gran escala podría llevarse a cabo en grandes invernaderos ubicados en las inmediaciones de los puntos de emisión de los gases de efecto invernadero (GEI). De esta forma, «las algas actuarían como filtros biológicos que reducirían las emisiones de CO2 a la atmósfera. Como ventaja adicional, la biomasa obtenida podría servir para la obtención de productos típicos del cracking del petróleo», destaca la UPM.Videos Medioambiente
El hallazgo es muy preocupante, ya que parece indicar que esas condiciones que acompañaron a este mismo nivel de CO2 están ahora a punto de volver a producirse como consecuencia del aumento en la atmósfera de ese gas de efecto invernadero.
La autora principal del estudio es Aradhna Tripati, profesora del departamento de Ciencias de la Tierra y del Espacio, y del departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas, de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).
Los niveles de dióxido de carbono sólo han variado entre 180 y 300 partes por millón durante los últimos 800.000 años, hasta las recientes décadas. Ya se sabía que los niveles modernos de dióxido de carbono no tienen precedentes en los últimos 800.000 años, pero la constatación de que tampoco se han alcanzado estos niveles actuales en los últimos 15 millones de años, es algo nuevo.
Antes del afianzamiento de la Revolución Industrial, el nivel de dióxido de carbono era aproximadamente de 280 partes por millón. Esa cantidad había cambiado muy poco durante los 1.000 años previos. Pero desde la Revolución Industrial, el nivel de este gas ha estado subiendo, y, tal como advierte Tripati, seguirá incrementándose a menos que se tomen medidas para invertir esta tendencia.
Tripati hace hincapié en que algunas proyecciones muestran aumentos hasta las 600 e incluso 900 partes por millón en el próximo siglo si no se pone en práctica ninguna política de intervención para reducir las emisiones. Y tales niveles, subraya Tripati, puede que no se hayan alcanzado en la Tierra desde hace 50 millones de años o más. Hace algo más de 50 millones de años, no había ninguna capa de hielo en la Tierra, y había amplios desiertos en las zonas subtropicales. El planeta era sumamente diferente.
En el estudio también han intervenido Christopher Roberts (de la Universidad de Cambridge), y Robert Eagle (del Instituto Tecnológico de California).
El óxido nítrico es utilizado en muchos procesos metabólicos en los animales, pero también constituye un contaminante atmosférico que conduce a la formación de smog.
El estudio puede ayudar a que la comunidad científica conozca mejor por qué y cómo los óxidos de nitrógeno actúan en los mamíferos como mensajeros de la comunicación intercelular, la dilatación del sistema vascular y la activación del sistema inmunitario. También puede contribuir a una mayor comprensión de la respuesta de las bacterias ante los tratamientos con antibióticos, y aportar datos útiles para reforzar la seguridad alimentaria teniendo en cuenta que la D. radiodurans aparece en algunos alimentos enlatados.
El organismo también está siendo estudiado para aplicaciones en la limpieza medioambiental de lugares contaminados con radiación o sustancias tóxicas.
El equipo de Brian Crane y Bhumit Patel ha descubierto un gen en la D. radiodurans que, cuando es expuesto a la radiación ultravioleta, aumenta la producción de una enzima responsable de la formación de óxido nítrico.En otras palabras, la bacteria es mucho más vulnerable a los daños de la radiación cuando no cuenta con la ayuda del óxido nítrico.
Sin embargo, los investigadores han descubierto, con asombro, que la ausencia de óxido nítrico no tiene ningún efecto sobre la capacidad de las bacterias para resistir la acción de otras amenazas, como los daños por oxidación vinculados a los radicales libres tóxicos.
En los experimentos realizados con bacterias manipuladas genéticamente para que careciesen de este gen, los investigadores han comprobado que dichas bacterias aún son capaces de autorrepararse cuando sufren daños como consecuencia de la exposición a la radiación, pero no crecen ni proliferan. Si se bloquea la señal del óxido nítrico, las células se autorreparan pero no se dividen.
En algunos casos esta exposición se traduce en la presencia indeseada de sustancias químicas como dioxinas, furanos y otros contaminantes orgánicos que se hallan en el medio ambiente y que tienen la capacidad de acumularse en las partes más grasas de los alimentos.
Todos ellos son capaces de entrar en la cadena alimentaria. Metales como el arsénico, el plomo o el mercurio; dioxinas y furanos, los policlorobifenilos (PCB) y los hidrocarburos policíclicos aromáticos (PAH) han formado parte de un estudio realizado por expertos de la Universitat de Barcelona (UB) y de la Universitat Rovira i Virgili (URV) sobre los efectos de distintos métodos de COCCION en su eliminación. Según los expertos, conseguir reducir o eliminar estos elementos no sólo depende del tipo de COCCION que vaya a utilizarse (al horno, a la plancha, frito o hervido), sino de cómo vaya a usarse este método y sobre qué tipo de alimento.
Pero, ¿qué pasa con los contaminantes químicos, que suelen acumularse sobre todo en las partes grasas de los alimentos? El estudio realizado por expertos catalanes, en el que se han analizado pescados como el atún y la sardina, carnes como el filete de ternera, lomo de cerdo o pechuga de pollo, y otros alimentos como patatas y arroz, ha tenido en cuenta el alimento en crudo y una vez cocinado.
Para los expertos, más que el método de COCCION utilizado, reducir esta carga contaminante pasa sobre todo por eliminar del alimento la parte más grasa, con lo que se reduce la exposición a contaminantes como dioxinas y furanos.
En el caso del pescado, y según los resultados del estudio, los niveles de metales como el arsénico han aumentado con la COCCION, de forma específica en sardinas, cuyos valores de arsénico han sido superiores tanto si se ha cocinado a la plancha como si se ha sometido a un proceso de fritura. No es el caso del atún, cuyos niveles de cadmio en crudo han sido superiores que los detectados tras una COCCION. El mismo patrón ha seguido la concentración de plomo en sardinas y atún, cuyos niveles detectados tras cocinarlas a la plancha han sido inferiores que los niveles en crudo. Pero no han disminuido tras una fritura.
A pesar de estos resultados, según los cuales no se refleja un descenso de contaminantes químicos en alimentos a través de la COCCION, tampoco se demuestra que ninguno de los procesos suponga un incremento de los niveles contaminantes.
Desde el año 2004, cuando entró en vigor y empezaba su andadura el Convenio de Estocolmo, las acciones para reducir el impacto de contaminantes químicos en la salud humana han ido tomando forma en numerosos países. La última de ellas es la que acaban de acordar, durante una reunión celebrada del 4 al 9 de mayo en Ginebra, un total de 150 países de todo el mundo con la prohibición de nueve sustancias químicas dañinas, como el hexaromodiphenylether y el pentabromodiphentylether. Según el Convenio, los contaminantes orgánicos persistentes (COP) son sustancias que, una vez liberadas en el medio ambiente, sobreviven durante mucho tiempo y pueden desplazarse a largas distancias.
En esta categoría de contaminantes que pueden albergar los alimentos, tal y como recoge el informe «Eliminando los COP del mundo: Guía del Convenio de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes», se incluyen los bifenilos policlorados, las dioxinas, los furanos o el DDT, que forman parte de los 12 considerados más tóxicos por diversos motivos: son persistentes y tienen una duración de años, se evaporan y se desplazan a grandes distancias y se acumulan en el tejido adiposo (bioacumulación). Sobre los efectos en la salud humana los estudios realizados hasta ahora los califican de posibles carcinógenos. En este sentido, la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer considera que los PCB, por ejemplo, son un probable carcinógeno humano.
De los 7 microgramos por kilo de peso corporal por semana se pasa a los 2,5 microgramos por kilo de peso corporal. Es la reducción que acaba de aprobar el Grupo Científico de Contaminantes de la Cadena Alimentaria de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) como límite seguro de ingesta semanal tolerable (IST) para el cadmio. A pesar de que la absorción de este metal pesado a través de los alimentos es baja, tiene la capacidad de quedar retenido durante mucho tiempo (de 10 a 30 años) en el riñón y en el hígado del cuerpo humano, de ahí la importancia de reducir todo lo que sea posible su presencia en alimentos. Los cereales y derivados, así como hortalizas, nueces y patatas son algunos de los alimentos que más contribuyen a su exposición a través de la dieta. En España, y según el «Informe de datos de cadmio 2000-2007», la ingesta de cadmio entre los consumidores españoles se encuentra en «unos niveles muy aceptables», con un valor inferior a la IST.
La preparación y conservación de la comida son dos aspectos fundamentales para evitar toxiinfecciones alimentarias. Para ello, debemos partir de cuatro ideas básicas:
• Limpieza. Una rigurosa higiene de las manos antes, durante y después de la manipulación de alimentos es clave. También de las superficies y utensilios y de alimentos que se consumen crudos, como frutas y hortalizas. • Separación. Mantener los alimentos crudos alejados de los cocidos, tanto fuera como dentro de la nevera. • COCCION. Los alimentos que contienen huevo deben alcanzar al menos una temperatura de 75º C en el centro, así como piezas de carne y pollo. • Enfriamiento. Es aconsejable preparar las comidas con el menor tiempo de antelación posible.
Los alimentos cocinados que tengan que refrigerarse no deben mantenerse a temperatura ambiente más de dos horas.
Un investigador de la Universidad de Leicester ha identificado lo que parece ser la evidencia arqueológica más antigua de armamento químico, remontándose nada menos que a tiempos del Imperio Romano.
Simon James, arqueólogo de la Universidad de Leicester, ha presentado indicios de que una veintena de soldados romanos, encontrados en una antigua mina asediada en la ciudad de Dura-Europos, Siria, fallecieron no como resultado de una estocada con espada o de un lanzazo, sino asfixiados.
Fuente: ScitechNews (27 Feb. 2009)
Dura-Europos, ciudad a orillas del Éufrates, fue conquistada por los romanos, quienes entonces instalaron allí una gran guarnición de tropas. Alrededor del año 256 d. C., la ciudad fue sometida a un feroz asedio por parte de un ejército del emergente Imperio Persa-Sasánida. La dramática historia ha sido reconstruida exclusivamente a partir de restos arqueológicos, pues ningún texto antiguo la describe. Las excavaciones en el área comenzaron en la década de 1920 y se prolongaron durante la de 1930. Sin embargo, no todo fue descubierto entonces ni mucho menos. Al ser reanudadas las excavaciones en años recientes, han acabado dando como resultado varios descubrimientos espectaculares.
Los sasánidas emplearon todo el arsenal de técnicas de asedio antiguas para superar las defensas de la ciudad, incluyendo excavación de minas para vencer sus murallas. Los defensores romanos respondieron abriendo «contraminas» para rechazar a los atacantes. En una de esas estrechas y bajas galerías subterráneas, se encontró, en la década de 1930, un montón de cuerpos, de cerca de 20 soldados romanos todavía con sus armas. Recientemente, mientras James trabajaba en el yacimiento arqueológico, reexaminó la «escena del crimen» tratando de averiguar la causa de muerte de estos soldados, y cómo llegaron al lugar donde fueron encontrados.
A juzgar por los cadáveres, parece claro, tal como señalan los arqueólogos, que cuando mineros y contramineros se encontraron, los romanos perdieron la escaramuza. Un análisis cuidadoso de la disposición de los cuerpos demuestra que estos fueron apilados intencionadamente contra la boca del túnel romano, usando a sus víctimas para crear una barrera de cuerpos y escudos, paralizando así el contraataque romano mientras prendían fuego a la contramina, colapsando la galería, lo que permitió a los persas proseguir con su operación de avance subterráneo. Esto explica el por qué se encontraron los cuerpos en esa posición.
¿Pero cómo murieron?
Matar a 20 soldados en un espacio con menos de 2 metros de altura o anchura, y de cerca de 11 metros de longitud, requería de los persas una fuerza de combate sobrehumana, o bien algo más insidioso.
Los hallazgos realizados en el túnel romano revelaron que los persas emplearon betún y cristales de azufre para quemarlo. Cuando ardieron, tales materiales produjeron densas nubes de gases asfixiantes.
Los persas debieron oír a los romanos mientras excavaban el túnel de contraataque, y prepararon una peligrosa sorpresa para ellos. Los arqueólogos creen que los sasánidas colocaron braseros y fuelles en su galería, y cuando los romanos abrieron un boquete, los sasánidas vertieron la mezcla de productos químicos y bombearon nubes de humo sofocante dentro del túnel romano a través del agujero. La partida de asalto romana quedó inconsciente en cuestión de segundos, muriendo pocos minutos después.
Durante millones de años, el mundo submarino sólo se ha visto alterado por el sonido de las olas y el canto de las ballenas.
www.eleconomista.es
Pero desde hace un siglo, el hombre se ha introducido en este espacio acústico armonioso con sus barcos de motor, sus prospecciones, sus sonares militares y sus sondas sísmicas para buscar petróleo.
Ruidos ensordecedores
Este ruido es «ensordecedor» para los animales submarinos, subraya Michel André, director del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC).
Hoy, no hay ningún lugar del mundo que no esté contaminado por estas fuentes sonoras artificiales en el mar», afirma este ingeniero y biólogo francés, que participa en el Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN en Barcelona (Cataluña, noreste).
El oído humano apenas percibe un 10% de los sonidosque se producen bajo el agua, de ahí la falsa impresión de silencio al bucear en este mundo submarino, destaca.
Pero no ocurre lo mismo con las especies animales submarinas que perciben la intensidad real.
El sitio web del LAB (www.sonsdemar.eu) permite hacerse una idea de estos ruidos.
Los más afectados
Los más afectados son los cetáceos –ballenas, cachalotes, delfines– porque todas sus actividades se basan en la acústica, ya sea para orientarse o para comunicarse.
Así, «todo lo que puede dificultar la propagación de sus propios sonidos o los sonidos que les informan sobre su hábitat les pondrá en peligro», explicó Michel André.
Hay unos «efectos de enmascaramiento», cuando, por ejemplo, el ruido del motor de un carguero cubre otros sonidos emitidos por otros cetáceos.
Con su sistema de detección perturbado, pierden el sentido de la orientación y pueden chocar con los barcos o, si están cerca de las costas, quedar varados en las playas.
«Tenemos datos que indican que estos varamientos en masa de ballenas y cachalotes se debería a su exposición a fuentes sonoras artificiales», afirmó Michel André.
Ruido mortal
Más grave aún, el ruido puede matar.
Carl Gustav Landin, jefe del programa para el medio marino de la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), asegura que «un ruido muy violento (de una intensidad de entre 230 y 240 decibelios) puede matar instantáneamente una ballena».
La deflagración de una explosión, que puede ser de origen militar o civil para investigaciones geológicas, es mortal para los cetáceos en un radio de 1 a 2 km, precisó Michel André.
Además, el calentamiento global, al provocar una mayor acidez de los océanos, contribuirá a amplificar este ruido submarino mejorando la propagación de las ondas de frecuencia poco elevadas, destacó un reciente estudio publicado en Geophysical Research Letters, una revista de la Unión Geofísica Estadounidense.
«Es urgente tomar medidas»
, estima Michel André, que participará en primavera de 2009 en una vasta expedición científica a bordo del velero «Flor de pasión», promovida por la fundación suiza Antinéa en colaboración con la UICN, para hacer un informe de la situación de los océanos.En este marco, un programa titulado «20.000 sonidos bajo el mar» debería permitir hacer un mapa acústico mundial de los mares.
Algunos expertos están proponiendo cambiar de nombre a la epidemia. Y es que el actual brote de gripe porcina podría no tener su origen en los cerdos, según la Organización de la ONU para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que enviará esta semana a México un grupo de especialistas para ayudar al Gobierno del país a evaluar la situación epidemiológica en el sector de producción porcina.
«En el momento actual parece que la transmisión se produce únicamente entre humanos, y no existe hasta ahora evidencia de que la nueva cepa del virus A haya llegado a los seres humanos desde los cerdos. Está previsto realizar más análisis para un mejor conocimiento de la situación», explica la agencia de la ONU.
Joseph Doménech, veterinario jefe de la organización, precisa que «la primera medida que la FAO y los demás deben tomar es asegurarse si la nueva cepa circula entre los cerdos, establecer si existe una conexión directa entre la enfermedad en la población humana y los animales, y explicar cómo el nuevo virus ha podido obtener material genético de cepas de gripe porcina humana, aviar y porcina».
Doménech añade que «no hay evidencia de una amenaza para la cadena alimentaria, en el estado actual se trata de una emergencia a nivel humano y no de los animales, pero tenemos que estar alerta y preparados». Por ello, urge a los gobiernos y a la comunidad internacional a aumentar la vigilancia sobre la cabaña porcina.
«Los Pinguinos están entre aquellas especies que nos demuestran que estamos haciendo cambios fundamentales a nuestro mundo», señala Dee Boersma, bióloga experta en conservación de especies, de la Universidad de Washington, y una autoridad en aves no voladoras.
Hay de 16 a 19 especies de Pinguinos, que en su mayoría se encuentran distribuidos en 43 áreas geográficas, muchas de ellas en el Hemisferio Sur. Pero sobre la mayor parte de estas colonias se conoce tan poco que incluso sus tendencias poblacionales constituyen un misterio. El resultado es que pocas personas se habían dado cuenta de que muchas de esas colonias han estado experimentando declives abruptos.
Boersma sostiene que las aves sirven como centinelas para el medio ambiente que sufre cambios radicales. Ella aboga por un amplio esfuerzo internacional que se dirija a chequear de manera regular las colonias más grandes de cada especie de pingüino, al menos cada cinco años, para saber cómo sus poblaciones están cambiando, cuáles parecen ser las mayores amenazas, y qué significan esos cambios para la salud de los océanos.
Durante los 25 años que se ha pasado trabajando con colegas de la Wildlife Conservation Society y la Universidad de Washington, Boersma ha estudiado la colonia de cría de Pinguinos más grande del mundo, de la especie Spheniscus magellanicus, conocida como Pingüino de Magallanes o Pingüino Patagónico, en Punta Tombo, costa atlántica de Argentina. Hoy, esa población ha disminuido hasta la mitad, con respecto a la existente entre finales de la década de 1960 y principios de la de 1980.
Hay noticias similares procedentes de otras regiones. Los Pinguinos africanos han disminuido hasta un 4 por ciento de la población que existía hace cien años. El número de Pinguinos de las Islas Galápagos ha caído a alrededor de 2.500 aves, aproximadamente un cuarto de la población existente cuando Boersma estudió por primera vez esas colonias en la década de 1970.
El número de Pinguinos de Adelia y de los de la especie Pygoscelis antarctica que viven en la Península Antártica, ha disminuido en un 50 por ciento desde mediados de los años 70. Otras especies en África, América del Sur, Australia, Nueva Zelanda, las Islas Malvinas, y la Antártida, también han sufrido declives significativos de la población.
Estos investigadores, de la Universidad de Utah, han descubierto que el estornino europeo, propio de Eurasia y América del Norte, y el pinzón cebra, común en Australia e Indonesia, controlan sus cantos con el tipo de MUSCULOS más rápidos que se haya descrito hasta el momento.
Fuente: Scitech News (22 Agosto de 2008)
Sólo se conocía con anterioridad la presencia de MUSCULOS ultraveloces en los órganos sonoros de las serpientes de cascabel, varios peces y la paloma torcaz. Los resultados del nuevo estudio muestran que los pájaros cantores también desarrollaron este tipo de MUSCULOS especiales, lo cual hace pensar que aunque los mismos fueron considerados en su día extraordinarios, son más comunes de lo que se creía.
El estudio fue llevado a cabo por Coen Elemans, Franz Goller, y dos científicos de la Universidad de Pensilvania: Andrew Mead y Lawrence Rome.
Aunque en el estudio sólo se examinaron dos especies de aves cantoras, es muy probable, según los investigadores, que todas estas aves posean tales MUSCULOS.
Descubrieron que el estornino europeo y el pinzón cebra pueden contraer y distender sus MUSCULOS vocales en un lapso de tiempo de entre tan sólo 3 y 4 milisegundos, lo cual es cien veces más rápido que los 300 ó 400 milisegundos que necesita un ser humano para pestañear.
«Sabemos ahora que su olor contiene información sobre calidad genética y parentesco», explica al respecto Christine Drea, profesora de antropología biológica y de biología en la Universidad Duke. El olor masculino puede reflejar la mezcla de genes del animal, y a qué individuos de la manada está más cercanamente emparentado. «Es un indicador fidedigno de la calidad del sujeto que ambos sexos pueden reconocer».
Los machos de la especie Lemur catta tienen glándulas emisoras de olor en sus genitales, hombros y muñecas, cada una de las cuales produce olores diferentes. Los LEMURES de otras especies también tienen glándulas en su cabeza, pecho y manos. Añádanse a estos olores las señales que pueden ser transportadas por las heces y la orina, y se tendrá un gran volumen de comunicación silenciosa y críptica transmitiéndose en la sociedad lémur.
Portar una etiqueta basada en el olor para declarar la genética propia probablemente tenga una gran utilidad para evitar las agresiones de machos de parentesco cercano. También puede ayudar a prevenir la degeneración biológica por cruces entre familiares consanguíneos, al señalar los vínculos de parentesco a las hembras, pero se necesita seguir investigando si en realidad es así.
Para este estudio, Drea, Marie Charpentier y Marylene Boulet estudiaron sólo a los machos de la especie Lemur catta, que viven en unas instalaciones que la Universidad Duke tiene destinadas a los lémures.
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