Las abejas con sistemas inmunes activados también mostraron tener problemas de memoria, según el biólogo Eamonn Mallon, de la Universidad de Leicester, sus descubrimientos pueden contribuir a los esfuerzos para salvar las colonias de abejas, cada vez más escasas.
«Este es un animal que vive de su memoria», dijo. «Si una infección menor afecta su memoria, eso tiene un gran impacto».
Fuente: Reuters (17/07/2008)
Como los humanos pueden enfermarse y recuperarse en días gracias a que sus sistemas inmunológicos se activan para combatir virus o parásitos, dijo Mallon. El equipo publicó sus hallazgos en la revista de la Royal Society, Biology Letters.
Los investigadores las dividieron en dos grupos e inyectaron a la mitad con una sustancia que estimuló sus sistemas inmunológicos. Luego dieron a las abejas la posibilidad de elegir entre flores azules o amarillas, de las cuales sólo unas contenían polen.
Finalmente, todas las abejas se alimentaron de la flor correcta, pero a las abejas estimuladas les llevó un 10 por ciento más de tiempo llegar a este punto, lo que demuestra que la respuesta inmunológica que se activa al enfermarse afecta su memoria, dijeron los investigadores.
En el pasado, Reino Unido tuvo más de 25 especies nativas, pero tres de ellas se perdieron en los últimos 50 años y varias están amenazadas.
Los científicos dicen que esta disminución se debe a enfermedades y métodos usados en la agricultura, que han privado a las abejas de varias fuentes tradicionales de alimentación en flores.
«Esto significa que quizás tengamos que tener en cuenta que la enfermedad es más importante de lo que creíamos inicialmente», dijo en una entrevista telefónica.
» Hay preocupación por la disminución de especies de abejas salvajes y por los efectos de las enfermedades en la industria de las abejas» , añadió.
Para llegar a esta conclusión, un total de 3.660 personas de 65 años o más pasaron por escáneres cerebrales con el fin de detectar infartos cerebrales silenciosos o pequeñas lesiones en el cerebro que pueden causar pérdida de capacidades cognitivas, ictus o demencia. Los escáneres se realizaron de nuevo pasados cinco años en 2.312 de los participantes. A quienes participaron en el estudio también se les proporcionó un cuestionario sobre el consumo de pescado en su dieta.
Asimismo, el consumo de una única ración de este tipo de pescado a la semana conducía a un 13% menos de riesgo. El estudio también descubrió que las personas que tomaban de forma regular pescado rico en Omega 3 tenían menos cambios en la materia blanca de su cerebro.
Papel de los Omega 3
«Aunque comer atún y otros tipos de pescado parece ayudar a proteger contra la pérdida de memoria y el ictus, estos resultados no se descubrieron en personas que comían de forma habitual pescado frito», explicó Jyrki Virtanen, director del estudio. Por eso, se hace necesario realizar más investigaciones sobre por qué ese pescado podría tener efectos protectores, aunque los ácidos grasos Omega 3 parecen tener un importante papel en ello, dijo Virtanen.
«Descubrimientos previos han mostrado que el pescado y el aceite de pescado pueden ayudar a evitar el ictus, pero este trabajo es el único que examina el efecto del pescado sobre los infartos cerebrales silenciosos en las personas mayores sanas», apuntó el investigador. Los infartos cerebrales silenciosos, que se detectan sólo mediante escáneres cerebrales, se producen en alrededor del 20% de los ancianos sanos.
Son compuestos orgánicos que no puede sintetizar nuestro organismo debido a una cuestión evolutiva: es más económico para nuestro cuerpo obtenerlas a través de la dieta que mantener un sistema metabólico para su síntesis. Sin embargo, algunos procesos tecnológicos facilitan la PERDIDA de vitaminas de parte del contenido original de estas sustancias en los alimentos.
Fuente: consumer.es (6 de agosto de 2008)
Autor: NATÀLIA GIMFERRER MORATÓ
Factores que alteran su estabilidad
El tiempo que transcurre desde la recolección de los alimentos hasta su consumo origina una importante variación en el valor nutritivo del producto, que puede llegar a perder gran cantidad de sustancias, entre ellas las vitaminas.
El contenido final depende de factores como los aspectos genéticos, tanto del vegetal como del animal, o los secundarios al cultivo de los vegetales, que pueden ser importantes causas de pérdidas vitamínicas. La variedad de la planta o de la raza animal, la composición del subsuelo, la época de recogida del vegetal, la alimentación del animal, el grado de maduración, el clima o la luz son algunos de los más destacados.
Aspectos como la composición del subsuelo o la alimentación del animal influyen en la PERDIDA de vitaminas de los alimentos
La cantidad de vitaminas requeridas para el organismo, por lo general, siempre ha estado presente en la dieta en cantidades suficientes. No obstante, la moderna tecnología de los alimentos ha provocado la PERDIDA de vitaminas de parte del contenido original de vitaminas, dejando, en ocasiones, los alimentos con una insuficiente concentración vitamínica para poder desarrollar correctamente su cometido. Todas las vitaminas tienen funciones muy específicas sobre el organismo y deben estar contenidas en la alimentación diaria.
Los procesos de cocción conllevan la eliminación de compuestos solubles en agua como las vitaminas hidrosolubles, es decir, la C y todo el complejo del grupo B. Supone la disolución de todas las vitaminas solubles en el medio acuoso que rodea el alimento.
Actualmente, en el ámbito industrial, la cocción se realiza al vacío y en sistemas cerrados, lo que minimiza el grado de pérdida, que va acorde con la temperatura alcanzada, el tiempo, el pH y el grado de maduración en el caso del vegetal. En el lavado de alimentos se produce lixiviación, es decir, el arrastrado de vitaminas por el agua. Pero en este caso la PERDIDA de vitaminas es mínima y en muchos casos necesaria para la eliminación de microorganismos.
El contacto con el aire puede degradar vitaminas liposolubles, A, D, E y K vía oxidación lipídica debido al contacto con el oxigeno. En procesos como el troceado, la PERDIDA de vitaminas será mayor debido al aumento de la superficie del alimento. Es importante pues no dejar el alimento en contacto con el aire durante largos períodos de tiempo.
Los tratamientos químicos a los que son sometidos los alimentos durante su procesado causan también importantes pérdidas vitamínicas. Un ejemplo de ello es el uso de oxidantes en las harinas o la adición de nitritos como conservantes. Ambos procesos provocan la PERDIDA de vitaminas A, C, E, tiamina y ácido fólico respectivamente.
Finalmente, debe tenerse en cuenta que el almacenamiento de los alimentos facilita la actuación de las enzimas causantes de importantes pérdidas además de la aparición de productos oxidantes como los peróxidos, formados durante la oxidación lipídica. Es importante pues, controlar los parámetros de almacenado de cada alimento y evitar mantener los alimentos durante largos periodos de tiempo.
Sin embargo, en los productos animales se hallan también gran cantidad de vitaminas, sobre todo las del grupo B. Durante la elaboración de los alimentos se llevan a cabo diferentes procesos de transformación que afectarán en mayor o menor grado a la PERDIDA de vitaminas.
Por este motivo es mejor no cocinar excesivamente los productos. Aquellos cocidos a temperaturas elevadas durante un tiempo prolongado perderán gran cantidad de vitaminas. Es preferible añadir los que se deban cocer cuando el agua ya está hirviendo.
En frutas y verduras es preferible mantener siempre que se pueda la piel, que es la parte del alimento que más vitaminas contiene. También debe evitarse mantener los alimentos cocinados, troceados, exprimidos o manipulados durante largos periodos de tiempo, ya que las enzimas degradativas actúan instantáneamente disminuyendo significativamente el valor nutricional del productos.
Finalmente, es muy importante saber elegir adecuadamente los alimentos a la hora de comprarlos. Una mejor calidad se refleja en un mayor valor nutritivo.
Indispensables.
Sin las vitaminas el organismo no podría aprovechar los beneficios de la alimentación. Estas sustancias se transforman en una forma activa llamada coenzima y actúan en la catálisis de reacciones metabólicas específicas. Su efecto consiste en ayudar a convertir los alimentos en energía.
Las vitaminas, como por ejemplo la vitamina E, también actúan como sustancias antioxidantes previniendo gran cantidad de patologías. El organismo sólo produce vitamina D, cuya formación tiene lugar en la piel con la exposición al sol.
Sustancias antivitamínicas
El ácido ascórbico oxidasa, una enzima relativamente termoestable y poco sensible a cambios en el pH, se halla en la col, patatas, zanahoria y, en general, en los vegetales con un bajo contenido en vitamina C. La actividad de esta enzima se inhibe al 100º C durante un minuto y su acción es degradativa. La antibiotina es una proteína llamada avidina que se une fuertemente a dos moléculas de biotina e impide su absorción. La avidina está presente en los huevos y su desnaturalización aparece con sólo calentar.
Los antivitamínicos son compuestos que contienen sustancias capaces de dejar inactivas las vitaminas o de aumentar sus requerimientos diarios. Tabaco, alcohol, café y ciertos medicamentos son algunos de ellos, aunque también se encuentran en algunos alimentos. Las más importantes en este ámbito son las antitiaminas, la tiaminasa I presente en peces, crustáceos y moluscos, y la tiamnasa II, que contienen los helechos. Algunos datos corroboran que ciertos vegetales son tan ricos en tiaminasa que pueden llegar a ser tóxicos si se consumen de forma habitual.
También poseen carácter antivitaminico ciertos compuestos de naturaleza fenólica como el ácido cafeico presente en el apio, naranjas, limones o calabazas. Contrariamente, el ácido cafeico está muy indicado para el tratamiento de algunas patologías como el hipertiroidismo.
«La disputa comenzó por la carencia de formas de transición. Este fósil suple esta carencia», explica Jason Anderson, profesor en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Calgary, y científico principal del estudio.
El fósil de Gerobatrachus aporta un conocimiento mucho más completo del origen y la evolución de los anfibios modernos. El cráneo, la columna vertebral y los dientes de este anfibio tienen una mezcla de características propias de las ranas y de las salamandras.
El nuevo fósil también resuelve una controversia acerca de las estimaciones hechas a partir del reloj molecular, o el momento en la historia de la evolución en que salamandras y ranas iniciaron sus caminos independientes como dos grupos diferentes, bifurcados de un ancestro común a ambos.
Con estos nuevos datos, las mejores estimaciones indican que las ranas y las salamandras se bifurcaron de su tronco común hace entre 240 y 275 millones de años, una época mucho más reciente que la sugerida anteriormente por los datos moleculares.
El Gerobatrachus fue originalmente descubierto en Texas en 1995, por una expedición de campo del Instituto Smithsoniano que incluyó al ya fallecido Nicholas Hotton, cuyo apellido, en honor a él, ha sido utilizado en el nombre de la especie.
El fósil quedó sin ser estudiado hasta que fue «redescubierto» por el equipo de Anderson. Se necesitaron incontables horas de trabajo sobre este pequeño y extremadamente delicado fósil, para poder retirar las capas de piedra que lo cubrían, y descubrir los huesos que revelaron la singular anatomía de este espectacular esqueleto.
Esta normativa contempla prohibir la utilización de estos ácidos en 2010, de las GRASAS TRANS en todos los restaurantes del Estado más poblado del país y se extenderá las GRASAS TRANS a los productos de panadería en 2011.
Las GRASAS TRANS se producen tras el tratamiento de hidrogenización de los aceites vegetales y hacen más crujientes alimentos como galletas, patatas fritas y las masas preparadas para las pizzas. «Las enfermedades cardiovasculares representan la primera causa de mortalidad en California, y la ley será algo importante para llegar a eliminar esta sustancia peligrosa de los alimentos que los californianos consumen», indicó la oficina de Schwarzenegger en un comunicado.
En España, la legislación ya se orienta en esta dirección, si tenemos en cuenta la Ley 17/2011 de Seguridad Alimentaria y Nutrición. Así su preámbulo señala como la ley establece obligaciones a los operadores de empresas alimentarias para que realicen registros que permitan a las administraciones comprobar fácilmente el contenido de ácidos grasas trans en sus productos.
En ainia tenemos una línea de trabajo orientada a la reformulación de sus productos alimentarios. La mejora saludable mediante la sustitución de ingredientes o composición de alimentos es una de nuestras especialidades.
En EE.UU., la Administración de Alimentos y Drogas (FDA) está adoptando nuevas medidas para reducir la cantidad de grasas trans artificiales en los alimentos. En Europa, solo unos pocos países -Dinamarca, Austria, Suiza e Islandia – han obligado a la industria a limitar la cantidad de ácidos grasos trans utilizada en los alimentos, pero la mayoría de los países todavía dependen de que los fabricantes de alimentos reduzcan voluntariamente el contenido de ácidos grasos trans de sus productos. La única forma de limitar el consumo de ácidos grasos trans es exigiendo un etiquetado más claro de los alimentos.
Las particularidades del proceso de elaboración del vino tinto se asocian con una mayor concentración de ocratoxina A, sustancia de la parte externa de la uva
Ahora, diversos estudios sobre la presencia de ocratoxina A (OTA) en variedades de vino y zumo de uva corroboran la contribución de algunas especies en este tipo de contaminación. Según los diferentes ensayos llevados a cabo, la cantidad detectada suele ser más elevada en un determinado tipo de vino, como el tinto. Sus efectos tóxicos en el organismo han aportado un especial interés a este nuevo hallazgo.
Fuente: consumer.es (30 de julio de 2008) Autor: Por NATALIA GIMFERRER MORATÓ
La ocratoxina A es una micotoxina producida por hongos micomicetos de los géneros «Aspergillus» y «Penicillium» que se encuentra ampliamente distribuido como contaminante natural en cereales, legumbres y otros alimentos. En diversos estudios experimentales se ha demostrado una gran diversidad de los efectos tóxicos, entre ellos su capacidad nefrotóxica, carcinógena, teratógena e inmunosupresora. Debido a sus propiedades fisicoquímicas, la OTA se absorbe fácilmente del tracto gastrointestinal con una biodisponibilidad superior al 50% en todas las especies de mamíferos ensayadas.
La magnitud de los hongos de la ocratoxicosis varía en función de los países y los años. Debido a los riesgos del consumo crónico de OTA a través de los alimentos, algunos países han establecido niveles máximos permisibles en alimentos y, actualmente, la Unión Europea está elaborando la correspondiente legislación al respecto.
De acuerdo con los estudios realizados en diversos países, se ha detectado un mayor número de muestras positivas, así como de una mayor cantidad de OTA, en la variedad de vino tinto.
Durante el proceso de elaboración, este tipo de vino se deja unos días en contacto con la piel y el zumo de la uva para favorecer la posterior extracción de los pigmentos naturales. Y es en esta fase en la que se sospecha que se produce la contaminación por la toxina, presente en la parte externa de la uva.
Durante las semanas previas a la vendimia, los riesgos de que aparezcan microorganismos patógenos son elevados, especialmente si ha habido lluvias. Lo mismo pasa en los vinos dulces, en los que esta variedad presenta una mayor concentración de OTA que los vinos tintos. Este fenómeno se debe a la exposición del zumo de la uva con su piel durante un período más largo de tiempo. Al realizarse la vendimia más tarde para así obtener una uva más dulce, los hongos ocratoxigénicos se desarrollan durante más tiempo y aumenta la producción de la micotoxina.
Sin embargo, el hecho de que la uva pueda ser atacada por hongos productores de OTA depende de muchos otros factores difícilmente controlables. Por esta razón, los estudios están tratando de analizar la microbiota fúngica habitual en las viñas para poder establecer el riesgo real de desarrollo de un hongo productor de OTAN.
Fuente de ocratoxina A
Los primeros resultados de un estudio realizado por expertos de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), cuyo objetivo ha sido determinar las especies fúngicas responsables de la producción de ocratoxina A en el vino, han demostrado la presencia de «A. carbonarius» en gran número de cepas. Dentro del proyecto internacional «Wine ochra-risk», en el que han participado seis estados europeos, entre ellos España, se ha propuesto identificar las especies ocratoxígenas en las viñas y su diversidad estudiando la microbiota de la uva en sus distintos estadios de maduración.
Los microorganismos predominantes en las uvas españolas analizadas pertenecen a los géneros «Alternaria», «Cladosporium» y «Aspergillus». De todas las especies analizadas, el género «Penicillium» ha aparecido en cantidades insignificantes, menos del 3%. En las primeras etapas del ciclo de la uva, los géneros que más abundan son «Alternaria» y «Cladosporium», y descienden su concentración a medida que va madurando. Por el contrario, el género «Aspergillus» aumenta de acuerdo con la maduración de la uva. Dentro de este género, el «A. Níger» y «A. Carbonarius» son los que han aparecido sobre todo en la vendimia. Estas especies se consideran patógenos secundarios y aparecen en las viñas cuando las protecciones fitosanirtarias son deficientes.
El vino es considerado como la segunda fuente de OTA en la dieta europea, detrás de los cereales. Esta micotoxina se halla también en alimentos como el café, cerveza, carnes y piensos. La presencia de pequeñas cantidades de OTA en muestras sanguíneas de población sana confirma la exposición continuada de las personas a esta toxina. De acuerdo con esta premisa, las autoridades responsables de cada país someten a un estricto control sanitario todos los alimentos portadores de la toxina. En el vino, la dosis de OTA permitida es de 2 microgramos por kilo.
PARÁMETROS QUE SIRVEN PARA EVALUAR EL VINO
El vino es fruto de la fermentación del jugo de las uvas. La variedad más utilizada para este fin es «Vitis Vinifera». Las características de este producto vienen dadas por los diferentes parámetros que pueden afectar a las viñas, como el clima o el suelo, y a los cuidados que les proporcionan sus productores. Hay varios defectos que hacen que sea catalogado como malo y eliminado del mercado. Las grandes firmas compiten día a día para obtener una buena puntuación frente los catadores de sus vinos.
El ácido o agrio queda descartado como vino, o se considera de mala calidad. La acidez se debe, principalmente, a la inmadurez de la uva en el momento de producirlo. Esta anomalía se detecta con el sabor ácido del fruto y puede ser remediada dejando envejecer la botella. Por el contrario, si la acidez la causa una mala vinificación, ésta no puede ser corregida y el producto final presentará un gusto fuerte a vinagre. Pueden darse alteraciones en el color del vino, menos intenso, y un vino sin cuerpo. Este parámetro indica un vino pasado, también su sabor es más diluido y acuoso.
Finalmente puede producirse una alteración en el sabor del vino como consecuencia del corcho. En ocasiones estos se degeneran y el gusto rancio puede pasar a la bebida.
Llevan 150 millones de año en el planeta, pero podrían desaparecer en las próximas décadas. Los científicos alertan de que las tortugas marinas se encuentran en peligro. El impacto del ser humano en su hábitat o la caza, tanto la accidental como la ilegal, son algunas de las principales causas.
Fuente: consumer.es (16/07/08)
Según la Lista Roja de la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), seis de las siete especies de tortugas que habitan los océanos se encuentran en peligro de extinción. En concreto, se identifican en “peligro crítico” la tortuga baula, laúd, leatherback o tartaruga de couro (Dermochelis coriacea), la tortuga lora o Kemp’s ridley (Lepidochelys kempii) y la tortuga carey o hawksbill (Eretmochelys imbricata). Por su parte, en situación de “peligro” se hallan la tortuga verde oliva (Lepidochelys olivacea), la caguama, cabezona o loggerhead (Caretta caretta), la tortuga verde o blanca (Chelonia mydas) y la flatback (Natator depressus).
Las causas que han llevado a esta situación son varias, y todas provocadas por el ser humano. Según WWF/Adena, su principal amenaza es la destrucción de las costas, y en concreto la presión turística que conlleva un gran impacto en las playas donde estos animales ponen sus huevos. Además el exceso de ruido e iluminación en las costas desorienta y provoca estrés en las hembras, disminuyendo así su reproducción.
Por ejemplo, de las tres tortugas que pueden verse en el Mediterráneo, la verde, laúd y boba, las dos primeras nidifican en playas de este mar, en su parte oriental, zonas con gran densidad turística. Aquí, la población de hembras ponedoras se estima entre 2.000 y 3.000 ejemplares, principalmente entre Grecia, Turquía y Chipre.
Por su parte, los ejemplares jóvenes de tortuga boba suelen decantarse para su crecimiento por las aguas comprendidas entre la costa mediterránea peninsular y Baleares. En cuanto a su número, no se sabe con certeza, aunque se considera que el número de hembras reproductoras no sobrepasaría las 100.000 en todo el mundo, de las cuales la mitad se encontraría en el Atlántico.
Además de este motivo, Greenpeace destaca la captura ilegal de ejemplares adultos, así como el saqueo de sus huevos en las playas de anidación. Según esta organización ecologista, a pesar de que su caza está prohibida hace años, decenas de miles de tortugas mueren para abastecer el mercado negro con conchas de carey, pieles para botas y billeteras, huevos a los que se atribuyen falsas propiedades o carne para sopa de tortuga.
Asimismo, los expertos de Greenpeace añaden como otros factores que han incrementado su mortandad la contaminación de los mares, la destrucción de su hábitat, los efectos de fenómenos naturales, como las mareas rojas, y enfermedades como el fibropapiloma, que va en aumento afectando gravemente a estos quelonios.
Por su parte, Oceana recuerda también la gravedad de la pesca accidental, en concreto a manos del palangre. Esta técnica pesquera consiste en una línea mantenida en la superficie por boyas de las que cuelgan anzuelos unidos a los sedales. La mayoría de las grandes flotas palangreras que faenan en el Atlántico Norte -entre las que se encuentra la española- se dedican a la captura de pez espada y túnidos, y en ocasiones tiburones. Sin embargo, otras especies, entre ellas las tortugas, son también atraídas por los cebos, y si bien no todos los ejemplares terminan pereciendo, un gran número sufre heridas severas que provocan su muerte.
En este sentido, un estudio publicado en la revista Ecology Letters asegura que cada año se capturan en el mundo entre 250.000 y 430.000 tortugas (200.000-316.00 bobas y 50.000-114.000 laúd). De este total, un 60% se producen en el Atlántico y un 10% en el Mediterráneo, si bien otras estimaciones creen que las capturas en el Mediterráneo pueden ser superiores.
Los expertos consideran que la protección de estos animales requiere la total aplicación de la legislación y de los diversos planes conservacionistas y de recuperación puestos en marcha en la actualidad. Así, serían necesarias mayores medidas de protección para su hábitat, especialmente sus zonas de nidificación, expuestas al impacto del desarrollo urbanístico costero. Por otra parte, la persecución de la caza y el comercio ilegal es otra de las condiciones indispensables para evitar la disminución de estos reptiles.
En el caso de la pesca accidental, se recomienda a las flotas pesqueras el uso de anzuelos redondos o circulares en sustitución del palangre, capaces no sólo de minimizar el impacto sobre estos animales, sino también sobre los accidentes laborales.
Asimismo, la investigación científica y la aplicación de nuevas tecnologías también pueden ser de gran ayuda. Por ejemplo, la Agencia Espacial Europea (ESA), mediante su satélite Envisat, ha podido seguir el viaje de las tortugas laúd a través del Atlántico, lo que servirá para desarrollar estrategias que minimicen sus amenazas.
Varios expertos han destacado en la revista Quercus un estudio que alerta del peligro de las tortugas de acuario. Sus responsables aseguran que no sólo pueden trasmitir enfermedades, como la salmonelosis, sino que tras ser abandonadas en el medio natural pueden llegar a desplazar a los galápagos autóctonos. Es lo que le ha ocurrido a la tortuga de estanque, que se ha visto afectada por la tortuga de Florida, cuyo apetito voraz pone en peligro su supervivencia.
Por ello, estos expertos aconsejan a los ciudadanos que sean responsables a la hora de comprar uno de estos animales y a los vendedores que proporcionen información sobre la biología y los requerimientos de las mascotas que venden, de manera que los compradores puedan valorar antes de llevárselas si van a ser capaces de cuidarlas.
Estas ruidosas criaturas y sus parientes cercanos, los peces del género ‘porychthis’, comparten la habilidad de vocalizar con muchos otros animales, desde las aves y las ranas hasta los humanos, y podrían dar pistas del origen y desarrollo de esta capacidad.
Un nuevo estudio estos peces, realizado por científicos estadounidenses y publicado en la revista ‘Science’, sugiere que la maquinaria cerebral que hace funcionar la vocalización es extremadamente primitiva, habiendo evolucionado desde hace más de 400 millones de años con los cambios del pez óseo (‘osteíctios’).
El pez sapo (‘Halobatracius didactilus’) utilizan su vejiga natatoria, una bolsa de paredes flexibles que funciona como órgano de flotación, y los músculos conectados a ella, los cuales se encuentran entre los más rápidos conocidos entre los vertebrados, para producir una variedad de sonidos con el fin de atraer a sus parejas y defender sus territorios.
Estos animales poseen un circuito cerebral de neuronas que trabajan rítmicamente, las cuales determinan la tasa de contracción de los músculos vocales, y, al mismo tiempo, el tono y la duración de sus llamados.
Los investigadores analizaron la red neuronal en las larvas de los peces y descubrieron que ésta se desarrolla a lo largo de una región específica que incluye la base de la parte posterior del cerebro y la columna vertebral superior.
Este patrón de desarrollo neuronal es similar al de otros vertebrados capaces de vocalizar, lo que sugiere que el sistema de circuitos del cerebro que hace funcionar la vocalización puede tener sus orígenes en la temprana evolución de los vertebrados.
Otros aspectos de los sistemas vocales, concretamente sus músculos y los órganos vocales, como la vejiga natatoria de los peces, la siringe de las aves o la laringe de los mamíferos, parecen haber evolucionado independientemente en diferentes linajes.
La vejiga natatoria es un saco membranoso que poseen la mayoría de los peces al lado del tubo digestivo, y que les permite nadar, flotar y mantener la estabilidad en el agua por medio de su hinchamiento con gas. Está situada dorsalmente por debajo de su columna vertebral y por encima de su tubo digestivo y también puede tener otras funciones, como la audición, en ciertas especies de agua dulce.
En el estudio participaron investigadores de la Universidad de Cornell en Nueva York, la Universidad de Chicago, el Centro de Estudios Médicos de la Universidad de Nueva York, el Colegio de Medicina de la Universidad de Howard en Washington y el Laboratorio de Biología Marina de Woods.
Por sus particularidades, es ampliamente utilizado para distintos propósitos, entre los que se encuentran, dentro del ámbito alimentario, el tratamiento de aguas o la fabricación de papel para envolver alimentos. En condiciones normales, la migración de este metal ligero a los alimentos es muy pequeña, de ahí que se utilice en latas de refrescos, utensilios de cocina o para proteger y conservar la comida. Sin embargo, al contacto con ácidos y sales en paellas o cazuelas, las concentraciones en alimentos pueden ser superiores.«Journal of Neurology, Neurosurgery and Psychiatry» sugería en 2006 que el aluminio podría estar implicado en la enfermedad de Alzheimer y en algunas enfermedades neurodegenerativas humanas.
Sin embargo, la EFSA admite de nuevo que estas hipótesis aún son muy controvertidas y concluye que la exposición a este metal no constituye un riesgo para desarrollar esta enfermedad.
Fuente: cosumer.es (21 de julio de 2008) Por MARTA CHAVARRÍAS
Un miligramo por cada kilo de masa corporal a la semana. Ésta es la cantidad que los expertos de la EFSA (European Food Safety Authority) han establecido como «tolerable» para la ingesta de aluminio a través de la dieta. Tras una evaluación exhaustiva, han determinado un límite semanal en lugar de una ingesta diaria, y advierten de que en algunos casos este límite podría superarse. Así lo demuestran varios estudios realizados en países como Hungría, Alemania, Suecia o Italia, según los cuales los adultos podrían llegar a ingerir entre 0,2 y 1,5 miligramos por cada kilo de masa corporal, y los niños entre 0,7 y 2,3 miligramos.
El aluminio tiene unas características que hacen que el ácido lo disuelva, por lo que los expertos recomiendan no usar cazuelas u ollas de aluminio para cocinar alimentos a la vinagreta, al limón, a la naranja o al escabeche. En el caso de las latas que contienen bebidas ácidas este problema se resuelve con una película de polímero de plástico.
Se recomienda no usar cazuelas de aluminio para cocinar a la vinagreta, al limón, a la naranja o al escabeche
La presencia de aluminio en los alimentos puede deberse a varios motivos. Bien porque es uno de sus componentes naturales, porque se les añaden aditivos con esta sustancia o porque han entrado en contacto con utensilios o envases hechos con aluminio. Un aspecto, sin embargo, que según la Administración de Medicamentos y Alimentos estadounidense (FDA, en sus siglas inglesas) no constituye un riesgo importante. Pero estudios realizados recientemente han demostrado que, tras la absorción, el aluminio se distribuye por todos los tejidos en animales y humanos y se acumula de forma particular en algunos órganos como los huesos.
Los aditivos alimentarios son, desde hace algún tiempo, tema de debate entre la comunidad científica internacional, y cuentan con nuevas normas más estrictas de uso y niveles. Y también han sido evaluados ahora por el panel de expertos de la EFSA, que admiten que todavía hay pocos datos toxicológicos específicos para los aditivos que contienen aluminio. De ahí la necesidad de fijar, por ejemplo, un límite tolerable para todos ellos, que acabe con las limitaciones para establecer una dosis adecuada.
De los estudios realizados hasta ahora se desprende que la exposición dietética diaria de aluminio en la población en general varía, y afirman que algunos consumidores están «altamente expuestos». Los estudios dietéticos humanos y los métodos analíticos realizados hasta ahora determinan, según la EFSA, sólo el contenido total de aluminio en un alimento, pero no de los compuestos, lo que dificulta concluir cuáles son las fuentes específicas de esta sustancia, como pueden ser los aditivos alimentarios, las cantidades que se derivan del proceso de elaboración o de almacenaje o los utensilios que se utilizan para manipularlos. Una tarea pendiente y laboriosa.
METALES PESADOS
Como ha quedado demostrado en este y otros muchos estudios, detrás de algunos alimentos pueden esconderse sustancias no deseadas, compuestos tóxicos que entran en el organismo a través de la dieta y que se acumulan en el cuerpo. Objeto de estudio desde hace años, las investigaciones en este campo se centran en controlar no sólo la presencia de estos contaminantes en alimentos sino en determinar cuáles son los posibles efectos en la salud humana.
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