FUENTE:El País Digital (31/10/2007) Autor:R. Méndez
Han pasado 20 años, la población ha aumentado un 34% y la renta per cápita media ha ascendido en casi un 40%. Pero las cosas no parecen haber mejorado, según el IV Informe mundial sobre el medio ambiente elaborado por la Oficina de Naciones Unidas de la materia. El texto, de 572 páginas y elaborado con colaboración de 1.000 expertos, repasa los grandes problemas del medio ambiente. Estos son tres de los más importantes.
– Sexta extinción. «Las especies se están extinguiendo a unas tasas que son 100 veces más rápidas que las observadas a través de los registros fósiles, debido a los cambios de uso del suelo, la pérdida de hábitat, la sobreexplotación de los recursos y la expansión de especies invasoras». Desde los dinosaurios el mundo no ha vivido nada parecido. «Más del 30% de los anfibios, el 23% de los mamíferos y el 12% de las aves están amenazados», según la ONU.
A estos factores hay que añadir la pérdida de biodiversidad en los cultivos. «Sólo 30 tipos de cultivo proporcionan el 90% de las calorías del mundo y 14 especies animales constituyen el 905 de la actividad ganadera del mundo».
– Cambio climático. El cambio climático es uno de los grandes desafíos de la humanidad. Tanto, que para hacerle frente «las emisiones de gases de efecto invernadero deberían reducirse en un 50% para 2050 respecto al nivel de 1990». Según las Naciones Unidas esa es la reducción necesaria para que la subida media de la temperatura no supere los dos grados centígrados, el nivel a partir del cual «es posible que se produzca gran daño irreversible». Para ello, los países desarrollados deberían reducir sus emisiones entre el 60% y el 80% para 2050. «El objetivo no es presentar un escenario negro y pesimista, sino una llamada urgente para la acción», señala el estudio, aunque no lo parece.
– Sobreexplotación. El informe incide en una vieja preocupación ecologista: que el consumo masivo de recursos supera la producción de materias primas. Es decir, que la humanidad consume cada año más de lo que el planeta genera. Para ello, en los últimos años se ha desarrollado el concepto huella ecológica, que mide el consumo equivalente a la producción por la superficie terrestre. «La población del mundo ha alcanzado un estado en el que la cantidad de recursos necesaria para mantenerlo supera lo que hay disponible. La huella ecológica de la humanidad es de 21,9 hectáreas por persona, mientras que la capacidad biológica de la Tierra es, de media, de sólo 15,7 hectáreas por persona».
Un 60% de los ecosistemas están sobreexplotados, aunque el mayor abuso se da en la pesca. Según el estudio la pesca es un claro ejemplo. Actualmente se pesca a un ritmo casi cuatro veces mayor de lo que pueden soportar los océanos.
Por el acuerdo, alcanzado a última hora del viernes, los países desarrollados reducirán la producción y consumo de los gases hidroclorofluorocarbonados (HCFC) por etapas hasta dejar de producirlos en 2020, en vez de 2030, como estaba previsto. Los países en desarrollo harán lo mismo en 2030 en vez de en 2040. Se ha demostrado que estos gases no sólo dañan la capa de ozono estratosférico, sino que también son de efecto invernadero y aceleran el calentamiento global.
Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), organizador de la reunión de Montreal, los delegados acordaron encontrar los fondos suficientes para ayudar a los países desarrollados a cumplir el acuerdo. A principios del año que viene se concretará la cantidad necesaria, que un especialista ha cifrado en 150 millones de dólares anuales. Baird declaró que China ha tenido una postura excepcionalmente positiva durante las negociaciones, informa Reuters.
«Los Gobiernos tenían una oportunidad de oro para encarar el doble desafío del cambio climático y de la protección de la capa de ozono, y la aprovecharon», declaró tras el acuerdo Achim Steiner, director de PNUMA. «La reducción total en gases de efecto invernadero puede alcanzar varios miles de millones de toneladas». Los cálculos indican que se reducirán las emisiones en un 3,5 por ciento.
El Gobierno de Estados Unidos alabó también el acuerdo, que representa «una de las nuevas acciones globales para enfrentar el cambio climático más significativas» y mejor que el Protocolo de Kioto, que EE UU se ha negado a ratificar. «Los beneficios potenciales de este acuerdo histórico serán equivalentes e incluso superiores a los que pueden derivar del Protocolo de Kioto», señaló un portavoz.
Sin embargo, no todas las decisiones son positivas para el medio ambiente. El bromuro de metilo, un pesticida que iba a dejarse de utilizar en 2005 en los países desarrollados, se seguirá utilizando, aunque en menor cantidad. Los agricultores que lo aplican en el cultivo de hortalizas arguyen que no existe un producto adecuado para reemplazarlo totalmente.
El Protocolo de Montreal fue firmado en 1987 y se considera el acuerdo medioambiental más eficaz de la historia. Alertados por los científicos sobre la destrucción periódica de la capa protectora de ozono estratosférico, los Gobiernos acordaron limitar primero y eliminar después en un 95 por ciento el uso de gases clorofluorocarbonados (CFC), utilizados masivamente para refrigeración. Se sustituyeron temporalmente por los HCFC, aunque se sabía que son también perjudiciales para el ozono. Ahora se sabe que son asimismo potentes gases de efecto invernadero.
Investigadores y empresas están desarrollando productos alternativos, y esta semana se reunirán en Grecia con los científicos que observan la capa de ozono y los ecologistas que vigilan el cumplimiento de Protocolo de Montreal para una puesta al día del conocimiento acumulado.
A pesar de las medidas tomadas, el agujero de ozono persiste con prácticamente la misma intensidad y la recuperación definitiva no se producirá hasta mediados de siglo, informa el INTA español. Este organismo de investigación participa en dos campañas internacionales de sondeos de ozono a bordo de globos y en la instalación de un láser para observar las nubes polares antárticas, dentro del Año Polar Internacional.
Solo nosotros, los dotados de capacidades matemáticas, nos empeñamos en leerlo casi todo al derecho, o al revés. Ser unidireccionales desata muchos de los atroces comportamientos que lo mismo nos destruyen como esquilman la riqueza natural.
Fuente: elmundo.es (12 de febrero de 2007) Autor: JOAQUÍN ARAÚJO
En los otros seres vivos, en sus ambientes, en los procesos y en los ciclos casi todo es recíproco.
Todo es pregunta y respuesta al mismo tiempo. De ahí que, de cara al denominado cambio climático, nos resulte tan necesario comprender algo tan crucial como el título de este texto.
Creo, sinceramente, que cuando se entiende que los elementos son partícipes directos, cuando no constructores, de lo que ellos mismos se proporcionan y nos proporcionan, las cosas comienzan a funcionar mejor. Quiero decir que el aire respira, el agua bebe, la luz ve y la tierra come, sino que por hacerlo es posible que nosotros inhalemos una parte de la atmósfera, bebamos la frescura líquida, podamos admirar el mundo y nutrirnos.
Dejar que el aire respire pasa por saber lo que le estamos haciendo respirar. Y no sólo se trata del ya más que famoso CO2. A la atmósfera van a parar decenas de otros gases bastante más peligrosos: humos de incendio, aerosoles, partículas de todo tipo y condición, radiactividad, tierra, polvo, todo ello entreverado de moléculas de todos los metales pesados, que es lo más peligroso que el ser humano pone en libertad no deseada. En suma, todo el repertorio imaginable de lo sucio, peligroso y hasta letal.
Con el agravante de que nuestro primer alimento es precisamente ese leve prodigio envolvente y amparador que llamamos aire. Materia, poética donde las haya, ya que lo es de los suspiros, de la palabra pronunciada, de la espuma y, por supuesto, de ese ingente azul llamado cielo que tenemos sobre nuestras cabezas. Pero no menos, insisto, esos 14 kilogramos diarios que cada persona inhala para que todos sus motores la muevan.
Fuente: consumer (12 de abril de 2007) Por MARTA CHAVARRÍAS
Así lo corroboran datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según los cuales 1,8 millones de personas mueren cada año por enfermedades diarreicas (incluido el cólera), sobre todo en países en desarrollo. Si bien el problema se asocia sobre todo a este tipo de poblaciones, y que en la UE se considera «segura», los expertos ya se apresuran a declarar que las enfermedades causadas por agua contaminada podrían ser más de las que se creían hasta ahora. Con el fin de mejorar el acceso a este alimento, expertos europeos han puesto en marcha, bajo la coordinación del Helmholtz Center for Infection Research, de Alemania, el proyecto AGUA SANA, centrado en ampliar los conocimientos sobre los microorganismos presentes en el agua potable de la UE.
Qué clase de microorganismos están en el agua que se consume en la UE y cuáles son las enfermedades que causan son los dos interrogantes a partir de los cuales parte el proyecto AGUA SANA, que acaba de iniciarse y cuya duración será de tres años. Lo que pretenden los responsables del estudio es conocer con más exactitud el grado de calidad del agua europea y aplicar estos conocimientos al desarrollo de nuevas directrices destinadas a mejorarla. Manfred Höfle, del Helmholtz Center for Infection Research y coordinador del proyecto, destaca que actualmente la tecnología que se aplica «detecta sólo una E.coli», lo que obliga a desarrollar nuevas técnicas destinadas a «identificar todas las demás bacterias, virus y protozoos que causan o pueden causar infecciones transmitidas por el agua».
Los expertos parten yade una tecnología denominada AGUA Chip, que permite detectar de forma eficaz patógenos bacteriales en el agua. Ahora, los científicos trabajan para perfeccionar el sistema y hacerlo sensible a más especies de bacterias, patógenos y virus. La complejidad reside en que, si bien las bacterias y protozoos almacenan su información genética en moléculas de ADN, muchos virus lo que hacen es almacenar la suya en moléculas de ARN, admite Höfle. Además, un estudio epidemiológico iniciado por los expertos deberá servir para identificar los factores que podrían indicar una relación entre las infecciones y el agua potable contaminada. De lo que se trata es de unir y estructurar los datos para conocer los patógenos más habituales. La Directiva europea sobre agua potable fija actualmente un total de 48 parámetros microbiológicos y químicos que deben ser controlados y probados de forma sistemática con el fin de proteger la salud de los consumidores europeos con el suministro de agua potable sana y limpia.
La movilización en el ámbito comunitario para conseguir una buena calidad del agua que se consume no es nada despreciable. Desde la Comisión Europea, en concreto desde las distintas áreas de gestión, como la de Medio Ambiente y la de Investigación, desarrollan acciones como la de que los Estados miembros se esfuercen más para conseguir un buen nivel de calidad del agua. Desde el ámbito más puramente científico se han proporcionado ya algunas herramientas que permiten que estos Estados proporcionen a la Comisión Europea «datos ambientales y geoespaciales más precisos», admite Janez Potočnik, comisario de Investigación. El experto reconoce además que es «indispensable una base científica sólida para elaborar políticas que respondan a los intereses de los europeos».
Si se cumple con lo prometido en 2000 con la aprobación de la Directiva marco del Agua, los Estados miembros habrán mejorado la calidad de todas las aguas antes de 2015. La Directiva obliga además a los países a construir instalaciones de tratamiento adecuadas en los municipios de determinadas dimensiones, puesto que sólo el 51% de las plantas de tratamiento de la UE, antes de la ampliación de 2004, cumplía las normas previstas en la Directiva. Pese a que los informes presentados por los 27 Estados miembros muestran mejoras en este campo, también se aprecian deficiencias, como la presencia de nitratos en aguas superficiales y subterráneas.
Una de las principales dificultades relacionadas con un adecuado acceso a agua potable es no sólo su escasez, sobre todo en determinadas zonas geográficas, sino que queden garantizadas tanto la gestión como su calidad. Es lo que acaba de plantear la Organización de las Naciones Unidas (ONU) con motivo de la celebración, el pasado 22 de marzo, del Día Mundial del Agua. Este año, el lema de la jornada ha sido «Afrontar la escasez de agua», y con él se han puesto en evidencia las dificultades para conservar, utilizar y proteger los recursos hídricos en todo el mundo. La escasez de agua es, según ha admitido Jacques Diouf, director general de la FAO, el «problema del siglo XXI».
De cumplirse con las expectativas apuntadas por los expertos, la población mundial podría llegar a los 8.100 de personas en el año 2030, lo que obligaría a mantener un ritmo de producción alimentos elevado, es decir, que durante los próximos 30 años se necesitaría destinar a uso agrícola un 14% más de agua dulce. Este y otros retos se inscriben en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2005-2015). Según el informe Perspectiva de calidad del agua, que acaba de presentar el Programa GEMS/Agua del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), se han conseguido mejoras importantes en la calidad del agua en todo mundo, aunque todavía existen problemas de saneamiento.
Las principales amenazas son, según el informe, el cambio climático, las especies invasivas, los agentes patógenos transmitidos por el agua o los contaminantes químicos. Para remediarlas hacen falta mayores tecnologías de evaluación de riesgos, fortalecimiento de la cooperación de gestión hídrica y una evaluación científica para gestionar las 263 masas de agua internacionales del planeta.
El estudio, coordinado por Pablo Cotarelo, y que recoge datos oficiales de trece comunidades autónomas durante 2006, abarca una población de treinta y cinco millones de personas, más del 80 por ciento de la población española, y casi todas las ciudades de mayor tamaño. La cifra de afectados por este problema ronda los dieciocho millones de personas, y podría ser mayor, ya que no se han medido datos de zonas tradicionalmente contaminadas como las centrales térmicas de Aragón, Galicia o León.
El informe indica que los niveles de límite exigidos por la legislación europea para los contaminantes atmosféricos medidos -las partículas en suspensión, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre-, se superan en muchas ciudades españolas.
A este respecto, Francisco Segura, responsable de transporte de la organización ecologista, señaló que será difícil que España cumpla con los objetivos marcados para 2010 por la Unión Europea, mucho más restrictivos que los actuales .
Según el estudio, el principal responsable de la situación es el tráfico, por el aumento de los motores diesel que contaminan seis veces más que los de gasolina, unido a la concentración de la población en grandes núcleos urbanos y las desastrosas políticas en materia de transporte que fomentan el uso del vehículo privado.
A este respecto, Segura indicó que España es el cuarto país del mundo con mayor número de autovías y autopistas, un gasto público inútil porque ya hay suficientes carreteras para el número de vehículos actual .
MADRID, CÁDIZ, JEREZ DE LA FRONTERA Y ZARAGOZA, LAS CIUDADES MÁS CONTAMINADAS
Del informe se desprende que Madrid es una de las ciudades más contaminadas, ya que se registran niveles de dióxido de nitrógeno de más de 100 microgramos por metro cúbico frente a los 48 que exigía la UE en 2006.
Además, los ecologistas indicaron que los niveles de partículas en suspensión en el aire son muy alarmantes, ya que son las más perjudiciales, y superan la cota de 40 microgramos por metro cúbico anual en ciudades como Cádiz, Jerez de la Frontera, Huelva, Zaragoza o Valladolid, entre otras.
Para mejorar la calidad del aire, los ecologistas proponen reducir las industrias contaminantes y fomentar el uso de energías renovables, establecer planes de reducción de la contaminación, favorecer el transporte público y un uso responsable del vehículo privado.
Fuente ELPAIS (RAFAEL MÉNDEZ – Madrid – 08/07/2007)
En agosto de 2004, la revista científica Journal of Occupational and Environmental Medicine publicó un inquietante estudio. Un equipo de la Universidad Autónoma de Madrid tomó los datos de niños menores 10 años fallecidos en la capital entre 1986 y 1997 y los cruzó con la temperatura y la CONTAMINACION en la ciudad de cada uno de los días durante los 11 años.
El aire en España está sucio.
El 89% de El estudio reveló «un fuerte aumento de la mortalidad infantil para concentraciones de más de 100 microgramos por metro cúbico» de partículas, un nivel que se supera con frecuencia en invierno.El estudio pasó inadvertido, ya que la polución del aire es otra verdad incómoda. No es sólo Madrid: 50 de las 56 ciudades de más de 100.000 habitantes exceden el nivel legal de CONTAMINACION. Oficialmente, sólo Palma de Mallorca, San Sebastián, Badajoz y Cartagena cumplen los niveles aceptables de calidad del aire de todos los contaminantes.
Otras 50 ciudades, desde Madrid a Badalona, vulneran esos niveles y colocan a la población por encima de los umbrales aceptables para la salud, según el mapa de la CONTAMINACION con datos del Ministerio de Medio Ambiente al que ha tenido acceso EL PAÍS.
Algunas localidades como Cádiz y Tarragona, aparecen en el listado con datos incompletos, pero si se observan los niveles de CONTAMINACION en 2006, también exceden los máximos permitidos.
En resumen: 50 grandes ciudades incumplen los niveles considerados seguros; cuatro cumplen y en Vigo y A Coruña no hay datos suficientes para evaluarlas. Además, capitales como León, Segovia y Toledo, también exceden los límites, según un estudio de Ecologistas en Acción basado en datos oficiales.
El ministerio reconoce que la cifra de afectados por la CONTAMINACION ronda los 17 millones, pero si se tiene en cuenta que la polución afecta a todas las grandes áreas metropolitanas y a grandes núcleos industriales, como Torrelavega, Bailén, Algeciras o Ponferrada, esa cifra es mucho mayor.
Un modelo estadístico (no basado en mediciones) asegura que un 71% de la población padece niveles de partículas superiores a las permitidas, que generan alergias, asma, enfermedades respiratorias y cardiovasculares y aumento de la mortalidad infantil.
En España hay 1,3 coches por cada hogar y un 55% de ellos tienen motores diésel, que contaminan más que los de gasolina. Eso, unido a la concentración de la población en grandes aglomeraciones, da un resultado fácilmente predecible: aire sucio. El secretario general para la Prevención de la CONTAMINACION, Arturo Gonzalo Aizpiri, afirma que «la CONTAMINACION del aire es uno de los principales problemas que tiene el medio ambiente en España. Casi todas las ciudades incumplen alguno de los niveles de calidad del aire».
El problema es que no hay un único índice para medir la polución ni un único contaminante.
Un ejemplo: los automóviles, las canteras, el polvo o las calderas de carbón producen partículas microscópicas que llegan a los pulmones y afectan al aparato circulatorio y respiratorio.
La concentración media anual no puede superar los 40 microgramos por metro cúbico y la normativa permite rebasar los 50 durante 35 días al año (ya que a veces las condiciones meteorológicas impiden que se limpie el aire). Así, aunque muchas ciudades cumplen el límite anual, la inmensa mayoría incumple el de los 35 días. En 2006, Madrid superó ese umbral durante 182 días (uno de cada dos), según un estudio de Ecologistas en Acción con datos oficiales. Barcelona lo superó 100 días y Zaragoza, 167.
La foto de la CONTAMINACION no es sencilla. Cada ayuntamiento y cada comunidad tienen sus estaciones de medición y son las encargadas de remitirle los datos al ministerio (a veces con retraso y otras de forma parcial). Éste los agrega y los publica por bloques: ciudades de más de 500.000 habitantes, de más de 250.000…..
El estudio que cada año difunde Ecologistas en Acción a partir de las webs de todos los ayuntamientos quizá sea la forma más fiable, junto con el listado al que ha tenido acceso este diario, realizado a partir de los informes que cada año el ministerio envía a la Comisión Europea sobre CONTAMINACION en España.
Aizpiri, que afirma desconocer el listado, admite que «la información de que dispone el ministerio es incompleta». Los ecologistas lo expresan de forma más cruda. «Las comunidades y ayuntamientos son insumisos en cuanto a calidad del aire. No informan a la población, sus datos son sesgados y no toman las medidas para afrontar el problema», señala Pablo Cotarelo, responsable del área en Ecologistas en Acción.
Para paliar la falta de información, el Observatorio de la Sostenibilidad de la Universidad de Alcalá de Henares y Medio Ambiente preparan desde hace un año un macroestudio sobre la situación en España. Además de agrupar las mediciones existentes, los responsables del estudio pidieron a la Universidad Politécnica de Madrid una estimación de la situación basada en un modelo informático.
El resultado, para alarma de los que lo encargaron, es que el 71,9% de la población vive en ciudades con más de 35 días al año con concentraciones excesivas de partículas; el 31,89% a una media anual de partículas mayor de lo legalmente establecido, y el 38,08% a valores anuales de dióxido de nitrógeno (NO2, producto del tráfico y que irrita las vías respiratorias) por encima del límite.
El responsable de esta estimación es Roberto San José, prestigioso catedrático de la Politécnica de Madrid que, aunque no revela los datos, defiende la validez del modelo. Otros expertos prefieren poner el dato en cuarentena.
El macroestudio sobre CONTAMINACION será presentado en septiembre por la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, y oficialmente sigue secreto.
Aunque los datos son malos, hace 20 años eran peores, según José María Baldasano, del Laboratorio de Modelización Ambiental de la Universidad Politécnica de Cataluña: «La calidad del aire mejora, pero muy poco a poco, y desde luego menos de los índices de protección para la salud que fija Bruselas».
Baldasano, con múltiples publicaciones sobre calidad del aire, señala que «el tráfico es el principal responsable: tenemos que echar al coche de las ciudades para que mejore nuestra calidad de vida, no sólo en CONTAMINACION sino también en ruido y en comodidad».
Aipziri coincide en que la mejor medida contra la CONTAMINACION es «limitar el tráfico, fomentar el transporte público y el no motorizado y restringir las calderas de carbón».
Incumplir las normas tiene altos costes en la salud. Un estudio de la Comisión Europea atribuye 16.000 muertes al año en España a la CONTAMINACION. Y sin embargo, no supone un coste para ningún político. Ecologistas en Acción denuncia cada año en el juzgado al Ayuntamiento de Madrid por la polución y el caso se archiva de forma casi automática.
El ministerio intentará con la nueva Ley de Calidad del Aire mejorar los resultados y evitar que España se siga alejando de los límites marcados por Bruselas que, además, se harán más estrictos a partir de 2010. La ley, que en septiembre estará aprobada, obliga a las ciudades de más de 100.000 habitantes a elaborar planes de movilidad si se superan los niveles de CONTAMINACION, a hacer públicos los datos de forma comprensible y a limitar la urbanización en zonas ya contaminadas. La norma cambia el impuesto de matriculación de los coches para que los más contaminantes paguen más impuestos y los ecológicos, menos.
Muchos responsables municipales se escudan en que la meteorología en España impide cumplir la legislación europea. La falta de lluvia y la llegada de polvo del Sáhara, dicen, disparan necesariamente los umbrales de polución.
Algunas de las enfermedades o trastornos que podrían derivarse de la contaminación industrial son autismo, déficit de atención, retraso mental y parálisis cerebral.
Los científicos piden a las autoridades, tanto en Europa como en EE.UU., que refuercen la investigación y los controles sobre los productos industriales contaminantes, para proteger sobre todo a los niños, los más vulnerables a su acción nociva.
Los autores del estudio identificaron 202 productos químicos industriales potencialmente perjudiciales para el cerebro humano y, en su opinión, son «sólo la punta del iceberg».
Recuerdan que actualmente se sabe que más de 1.000 productos químicos son neurotóxicos en animales y advierten de que es probable que también lo sean para los humanos.
El doctor Philippe Grandjean, del departamento de Medicina Ambiental de la Universidad del Sur de Dinamarca, en Winslowparken, afirma en ‘The Lancet’ que «el cerebro humano es un órgano precioso y vulnerable y, debido a que su funcionamiento óptimo depende de la integridad del órgano, cualquier daño, aunque sea limitado, puede tener serias consecuencias». «Aún en casos en que existe documentación suficiente para probar su toxicidad, la mayoría de los productos químicos no están regulados para proteger el cerebro en desarrollo», critica este experto.
Grandjean señala que «sólo unas pocas sustancias, como el plomo y el mercurio, se controlan con el propósito de proteger a los niños». Los 200 productos químicos restantes, «cuya toxicidad para el cerebro humano es conocida, no están regulados para prevenir su efecto adverso en el feto o en los niños pequeños».
Examinaron en más detalle cinco sustancias de toxicidad probada: plomo, arsénico, tolueno, metilmercurio y bifenilos policlorinados. En todos los casos, descubrieron procesos parecidos: primero, constataron que se habían detectado altas dosis de contaminación en adultos, mientras que había archivos de episodios aislados en niños.
A esto se sumó un volumen significativo de pruebas epidemiológicas que indicaron que un grado de exposición menor de los niños puede dar lugar a defectos de comportamiento neurológico.Los científicos admiten que especificar los efectos de la polución química industrial es extremadamente difícil, ya que los síntomas pueden tardar años o incluso décadas en aparecer.
Por este motivo hablan en su estudio de una «pandemia silenciosa», porque el daño causado por cada químico tóxico no se refleja de forma evidente en las estadísticas de salud disponibles.
Además, advierten de que los efectos en millones de personas «podrían ser mucho mayores de lo que actualmente se reconoce». Pero el alcance del riesgo para grandes masas de la población es evidente, por ejemplo, en el caso del plomo, señalan los profesores. Casi todos los niños nacidos en países industrializados entre 1960 y 1980 han estado expuestos al plomo de la gasolina.
>Basándose en los efectos conocidos de ese metal, los expertos aseguran que puede haber habido en esas generaciones una reducción de más de la mitad de coeficientes de inteligencia superiores a 130, mientras que habrían aumentado los coeficientes intelectuales de menos de 70.
Los expertos consideran que los controles que ejerce la Unión Europea no son suficientes, mientras que denuncian que en EE.UU. sólo se impone a las empresas requisitos mínimos -que muchas veces no se cumplen- para que hagan pruebas de seguridad sobre los productos químicos que utilizan.
FUENTE: El Mundo Digital (26/01/2007) Autor: Ángeles López
A lo largo de los últimos años se han publicado diferentes tipos de estudios que han detectado un efecto de la exposición a la contaminación ambiental sobre la función pulmonar de los niños.
Sin embargo, hasta el momento, no se había evaluado de qué manera podría alterar el desarrollo pulmonar la cercanía diaria a la exposición habitual al tráfico.
«En vista de la magnitud de los efectos detectados y de la importancia de la función pulmonar como un determinante de la mortalidad y morbilidad, la reducción de la exposición al aire contaminado por el tráfico podría dar lugar a importantes beneficios para la salud pública», afirman los autores del estudio, de la Universidad de California del Sur, Los Ángeles (EE.UU.).
En el estudio se reclutaron a 3.677 niños de 12 comunidades del sureste de California con diferentes grados de contaminación ambiental. A lo largo de ocho años, se realizó un seguimiento y control de los pequeños cuya edad media al inicio del trabajo era de 10 años.
Durante ese tiempo, se realizó una espirometría (prueba para valorar la función pulmonar) anual a cada participante y se llevaron a cabo cuestionarios sobre la historia familiar, el estado de salud de cada uno de los niños, los hábitos tabáquicos, etc. También se tuvo en cuenta la distancia de la vivienda a una autopista, la intensidad del tráfico, las tasas de emisión de esos coches, las condiciones meteorológicas y la contaminación ambiental de cada zona. Al analizar los datos, se observó que los niños que vivían a menos de 500 metros de una autopista, presentaron un desarrollo de su función pulmonar menor que aquellos cuya residencia estaba al menos a 1.500 metros.
Para confirmar estos resultados, los investigadores llevaron a cabo un análisis en un subgrupo de jóvenes que ni fumaban ni tenían asma. En estos participantes se volvía a confirmar el efecto de la distancia a una gran carretera sobre su salud pulmonar. También esta relación fue independiente del nivel de contaminación ambiental que presentara la región.
Esto sugiere que incluso en un área con un ambiente limpio, «los niños que viven cerca de una gran carretera tienen un riesgo elevado de esos efectos sobre su salud. Nuestros resultados también muestran que los jóvenes que viven en una zona con una fuerte contaminación y cerca de un área con gran tráfico experimentan una combinación de efectos adversos sobre el desarrollo, tanto por las sustancias locales [las derivadas del tráfico] como por las regionales», señalan los autores.
Esa alteración en el crecimiento pulmonar durante la infancia se tradujo en un déficit pronunciado de la función pulmonar a los 18 años. El efecto fue mayor para aquellos que vivieron a menos de 500 metros de una autovía.»El desarrollo pulmonar es casi completo a los 18 años, por lo que un individuo con un deterioro a esa edad continuará probablemente teniendo una función pulmonar reducida para el resto de su vida», continúa el trabajo.
Este equipo investigador señala que los resultados respaldan a los obtenidos en un trabajo anterior en el que se mostraba que partículas de menos de 2,5 microgramos, que son las que se generan con el tráfico entre otras fuentes, afectaban a la función respiratoria.
Las partículas ultrafinas presentes a gran concentración en las cercanías de las autopistas pueden dar lugar a estrés oxidativo y nitrosativo (reacciones celulares) en las vías aéreas, lo que conduce a una inflamación. «La inflamación crónica podría producir un deterioro de la función respiratoria. Se necesitaría más investigación para identificar los contaminantes del tráfico que tienen efectos sobre la salud y dilucidar la contribución de cada sustancia en las relaciones regionales y locales».
Finalmente, los autores apuntan que muchos niños están expuestos en la actualidad a estos factores ya que sus casas o sus escuelas se encuentran cerca de una gran carretera. La reducción de esa exposición tendría grandes beneficios, concluyen.
Por otro lado, Thomas Sandström y Bert Brunekreef de las Universidades de Umeä (Suecia) y Utrecht (Holanda) advierten, en un editorial publicado también en ‘The Lancet’, que algunos factores sociales podrían tener un efecto sobre el desarrollo de la función pulmonar y podrían alterar los resultados. No obstante, alaban la calidad del estudio de los investigadores estadounidenses.
Para los editorialistas la clave ahora es identificar qué componentes relacionados con el tráfico son los responsables de efectos nocivos sobre la salud. «Este resultado [el del estudio] genera importantes cuestiones para la sociedad sobre la estructura de los sistemas de transporte, los motores, los fueles, la combustión y el polvo de las carreteras en áreas urbanas», concluyen.
El principal inconveniente medioambiental de estos gases es que, al mezclarse con otros contaminantes atmosféricos, como los óxidos de nitrógeno (NOX) y reaccionar con la luz solar, pueden formar el problema del smog fotoquímico.
Este problema se agrava especialmente en verano, al incidir el sol y las altas temperaturas.
En cuanto a sus consecuencias sobre la salud, pueden tener desde un alto grado de toxicidad hasta ausencia de efectos conocidos, dependiendo del compuesto y el período de exposición al mismo. Por ejemplo, se sabe que el benceno es un carcinógeno humano y se tienen sospechas razonables sobre el formaldehído y el percloroetileno. Los trabajadores industriales, los fumadores y las personas expuestas a la circulación de vehículos están más en contacto con este tipo de sustancias.
Además de sus efectos cancerígenos, la exposición a largo plazo a estos COVs puede causar lesiones de hígado, riñones y sistema nervioso central, mientras que a corto plazo puede causar irritación de los ojos y vías respiratorias, dolor de cabeza, mareos, trastornos visuales, fatiga, pérdida de coordinación, reacciones alérgicas de la piel, náuseas y trastornos de memoria.
Según su peligrosidad, se clasifican en varios grupos:
Extremadamente peligrosos para la salud: Benceno, cloruro de vinilo y 1,2 dicloroetano.
compuestos ORGANICOS VOLATILES de clase A (pueden causar daños significativos al medio ambiente): Acetaldehido, anilina, bencilcloruro, carbonotetracloruro, CFC´s, acrilato de etilo, halones, anhídridomaleíco, 1,1,1-tricloroetano, tricloroetileno, triclorotolueno. Compuestos ORGANICOS VOLATILES de clase B (con menor impacto en el medio ambiente): Acetona, etanol.
La presencia de estos elementos es entre dos y cinco veces superior en el interior de los edificios que al aire libre. Según la Agencia norteamericana de Protección del Medio Ambiente (EPA), la presencia de estos elementos es entre dos y cinco veces superior en el interior de los edificios que al aire libre. Productos como disolventes, pinturas, limpiadores, líquidos para la industria de lavado en seco, insecticidas, ambientadores, pegamentos, barnices, soluciones fotográficas, tintas de fotocopiadoras o impresoras, y en general, cualquiera de origen petroquímico, pueden originar estos compuestos ORGANICOS VOLATILES en hogares y lugares de trabajo.
No obstante, el origen de estas sustancias proviene también de fuentes naturales. El metano, el más abundante de los hidrocarburos atmosféricos, se forma a consecuencia de las deposiciones del ganado, las reacciones de putrefacción o la digestión de las termitas, aunque también proviene en gran parte de los procesos de combustión industriales (gas natural). Se sabe asimismo que el metano influye en el efecto invernadero y en las reacciones estratosféricas.
Según diversas investigaciones, estas sustancias podrían servirles como protección frente a elevadas temperaturas, contra patógenos y herbívoros, o como ayuda en la cicatrización, aunque también podrían estar afectando negativamente al cambio climático.
En la actualidad, los controles de emisiones de COVs se realizan mediante diversas tecnologías, como quemadores y combustores térmicos y catalíticos, que reducen o destruyen estas sustancias; y condensadores y adsorbedores, que permiten su posterior reutilización. Asimismo, los investigadores trabajan en el desarrollo de nuevas tecnologías, como las de destrucción corona, de plasma, o de biofiltración.
Con el objetivo de prevenir y reducir la contaminación atmosférica causada por las emisiones de COVs, la Unión Europea ha desarrollado en los últimos años varias legislaciones de aplicación en todos los países miembros, como la Directiva 200/42/CE, de 21 de abril de 2004.
En España, hay en la actualidad dos Reales Decretos que controlan las emisiones de COVs. Por una parte, el Real Decreto 117/2003 se centra en la restricción de las emisiones de COVs debidas al uso de disolventes en determinadas actividades. Por otra parte, el Real Decreto 227/2006 limita el contenido de COVs en determinadas pinturas de decoración y productos para el repintado de vehículos. De esta manera, estas normativas prohíben superar ciertos límites de emisión en 20 actividades industriales concretas, que deberán colocar en sus productos un etiquetado indicando sus valores de emisión de COVs.
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