La abundancia de lluvias y las altas temperaturas de campañas agrícolas como la pasada han originado la aparición de nuevos patógenos de suelo que generan enfermedades hasta ahora prácticamente inexistentes en el cultivo de la fresa y que provocan la muerte de la planta.
El Fusarium oxysporum «es un patógeno considerado subletal y que se mantenía en los suelos a pesar de las desinfecciones, pero nunca había ocasionado muerte de plantas».
Para controlarlos, hay productos químicos como la cloridripina que «va muy bien», ha precisado y alternativas biológicas como la denominada biosolarización.
La biosolarización consiste la aplicación al suelo, durante mediados de julio, de gran cantidad de materia orgánica -estiércol de gallina- y una vez preparado se procede a cubrirlo con un plástico transparente.
La descomposición de los gases es desinfectante y el propio calor del sol al penetrar en el plástico produce la pasteurización del suelo preparándolo para el cultivo en condiciones adecuadas.
«El OZONO es una molécula completamente natural, compuesta de tres átomos de oxígeno, que aplicado a la agricultura favorece la oxigenación de las raíces, la mejor calidad del producto y actúa para prevenir las enfermedades o plagas», explica el ingeniero agrónomo de la cooperativa, Manuel J. Martínez.
El doctor Haya recomendó consumir este fruto como complemento a la terapia con antibióticos para la salud del tracto urinario. Para ello, se refirió a diversos estudios que demuestran su utilidad en la prevención de las infecciones urinarias y su eficacia frente a cepas resistentes de bacterias.
Haya explicó que este fruto contendría unas sustancias denominadas proantocianidinas (PAC’s), cuya acción esencial se concreta en la creación de una fina capa sobre las paredes de los tejidos, lo que impide a ciertas bacterias adherirse a ellos. «Si las bacterias no pueden adherirse al tejido celular, la infección no se produce», apuntó a este respecto.
«Este efecto antiadhesión está demostrado no sólo para gérmenes que afectan al tracto urinario, sino también para otros patógenos de las paredes del estómago y al esmalte dental», añadió. Ello ayuda a prevenir la producción de ciertas úlceras gástricas y las caries dentales, afirmó el doctor.
Las infecciones urinarias si son motivo de consulta muy frecuente en la Atención Primaria, hasta llegar a convertirse en la infección más común tras la respiratoria. Por este motivo, Haya aconsejó a su prevención a través del consumo de 36 gramos de proantocianidinas de ARANDONOS rojos durante 30 días, una vez cada trimestre.
Ésta es la primera investigación de este tipo en seres humanos. Arturo Figueroa y Bahram H. Arjmandi han descubierto que cuando seis gramos del aminoácido L-citrulina/L-arginina, extraído de la SANDIA, se administra diariamente durante seis semanas, se observa una mejoría de la función arterial, y en consecuencia, una reducción de la presión arterial aórtica, tal como han comprobado en las nueve personas prehipertensas que han sido sujetos de estudio (cuatro hombres y cinco mujeres postmenopáusicas, de entre 51 y 57 años).
Estos resultados sugieren que ese producto tiene un efecto vasodilatador, y que puede impedir que la prehipertensión progrese hacia la hipertensión en toda su plenitud, un serio factor de riesgo de ataques al corazón y derrames cerebrales.
Dado lo alentador de las evidencias obtenidas en este estudio preliminar, sus autores esperan proseguir con esta línea de investigación, e incluir un grupo mucho mayor de participantes en el próximo estudio.
La SANDIA es la fuente natural comestible más rica en L-citrulina, que está estrechamente relacionada con la L-arginina, el aminoácido necesario para la formación de óxido nítrico, esencial en la regulación del tono muscular y para tener una presión arterial saludable.
Una vez en el cuerpo, la L-citrulina se convierte en L-arginina. Ingerir directamente L-arginina como un suplemento dietético no es una opción válida para muchos adultos hipertensos, ya que puede causar náuseas, malestar gastrointestinal y diarrea.
Por el contrario, la SANDIA es bien tolerada. Los participantes en este estudio piloto no experimentaron efectos adversos. Y, además de los beneficios vasculares de la citrulina, la SANDIA aporta una abundante cantidad de vitaminas A, B6 y C, fibra, potasio y licopina, un potente antioxidante.
Además, si se tiene en cuenta que también reducen la inflamación, podrían proteger contra otras enfermedades como las cardiacas.
Fuente: consumer (5 de noviembre de 2010)
El cáncer colorrectal es el tercer cáncer más común y la segunda causa de mortalidad por cáncer en hombres y mujeres en Estados Unidos, según el Instituto Nacional del Cáncer de este país. Estudios previos han descubierto que las frambuesas negras tienen propiedades antioxidantes, anticancerígenas, antineurodegenerativas y antiinflamatorias. El trabajo actual examinó su capacidad para prevenir el cáncer de colon.
«Veíamos las frambuesas negras como un producto natural muy potente y de fácil acceso», señaló Wancai Yang, responsable del estudio. Los investigadores se centraron en las interacciones de los factores genéticos y nutricionales en el desarrollo del cáncer intestinal y la prevención tumoral. Los científicos utilizaron dos variedades de ratones, Apc1638 y Muc2, que tenían cada uno un gen específico desactivado que conducía a que los ratones desarrollaran tumores intestinales o colitis. La colitis es una inflamación del intestino grueso que puede contribuir al desarrollo de cáncer colorrectal.
Ambas variedades de ratón tomaban una dieta al estilo occidental de elevado riesgo, alta en grasas y baja en calcio y vitamina D, o la misma dieta suplementada con un 10% de polvos de frambuesa negra secados mediante frío durante 12 semanas. Los investigadores descubrieron en ambos tipos de ratón que la dieta con suplementos de frambuesas negras producía un amplio rango de efectos protectores en el intestino, colon y recto e inhibía la formación de tumores.
En los ratones Apc1638, la incidencia tumoral se reducía en un 45% y el número de tumores alrededor de un 60%. Los investigadores descubrieron que las frambuesas negras inhibían el desarrollo tumoral al suprimir una proteína, conocida como beta-catenina, que se une al gen APC. En los ratones Muc2, la incidencia tumoral y el número de tumores se reducían en un 50%. Además, las frambuesas negras inhibían el desarrollo tumoral al disminuir la inflamación crónica asociada con la colitis.
El trabajo, dado a conocer en la revista «Antiviral Research», analiza la posibilidad de que los fitoquímicos de las frutas reduzcan la incidencia, la mortalidad y la morbilidad de las enfermedades infecciosas, debido a la capacidad antioxidante y otros efectos bioquímicos de los polifenoles.
Otros trabajos realizados con anterioridad demostraron su efectividad al inactivar virus de la gripe A humana tipos H1N1, H3N2 y H5N1. Además, se utilizaron anticuerpos monoclonales específicos de la proteína H y la enzima N y, en estudios recientes, se ha trabajado sobre la inhibición de la replicación del RNA vírico y el efecto sinérgico con oseltamivir por los polifenoles, especialmente las punicalaginas.
«Existen más de 50 publicaciones científicas especializadas sobre los positivos efectos bioquímicos de las biomoléculas de la granada contra las enfermedades infecciosas», señaló el profesor José Tudela, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Murcia. Tudela explicó que en la actualidad hay registrados tres estudios clínicos sobre las aplicaciones antiinfecciosas de la granada del National Institutes of Health de Estados Unidos.
A partir de esta idea, la Asociación de Fibromialgia de Navarra (AFINA) promueve una dieta rica en alimentos ecológicos como Fruta y Verduras ECOLOGICOS en el tratamiento de las personas afectadas.
Personas que ven como, en unos meses, remiten síntomas como la fatiga, el dolor generalizado y otros trastornos que les limitan la realización de las actividades de vida diaria.
Fuente: cocemfe.es (05/11/2010)
AFINA ha ampliado su centro de distribución de productos ecológicos a afectados por otras enfermedades crónicas. «No se trata de naturismo, sino de ciencia. Los últimos estudios relacionan directamente alimentación y enfermedades crónicas en la fatiga crónica o la fibromialgia, que se caracteriza por un dolor generalizado y afecta a 3.000 navarros», aclara Jokin Espinazo, presidente de AFINA.
Jokin Espinazo advierte la «conexión directa» entre alimentación y enfermedad en dos imágenes, el estado de salud con el que llama a la puerta la persona afectada y cómo lo hace siete meses después. «Estudiamos el sistema orgánico y detectamos una recuperación de salud, en gran parte, al éxito de la alimentación terapéutica. Detectamos una recuperación física, una mejora del descanso, una mayor relajación y reducción de parte del dolor. Algo muy importante en personas que pueden sufrir dolor sólo con agarrar una sartén», explica el presidente de la asociación, que combina la dieta con apoyo psicológico y fisioterapia como líneas de intervención multidisciplinar.
«Son los productos de mayor riesgo ya que tienen un alto nivel de agua y mantienen los químicos, especialmente nocivos para colectivos débiles como enfermos crónicos. Además, está comprobado que los productos químicos permanecen en el suelo y el organismo humano varios años».
Los beneficios de una «alimentación terapéutica» ya se han abierto paso en las consultas de la sanidad pública, explica Espinazo. «Los profesionales sanitarios introducen recomendaciones sobre alimentación a los afectados por enfermedades crónicas».
Este respaldo de la sanidad pública ha sido el «empujón» que necesitaba AFINA para ampliar el servicio y la información a los afectados por otras enfermedades crónicas. «Los estudios médicos están justificando la experiencia de 12 años de trabajo de AFINA. Advierten que la alimentación está presente tanto en la causa de algunos males crónicos como en la mejora de salud de sus afectados. Se han creado las condiciones de credibilidad necesarias para ampliar el centro de distribución de alimentos ecológicos. Ahora podrán beneficiarse los afectados por otras patologías en las que la alimentación pueda ser un elemento de mejora», indica el presidente de Afina.
Fuente: consumer (21 de octubre de 2010)
Por MAITE PELAYO
Los problemas derivados del uso de plaguicidas son los más fáciles de controlar y suponen menos riesgos, mientras que los casos asociados a los microorganismos patógenos, como salmonella, preocupan de forma especial. Los estudios realizados en este sentido demuestran que frutas y verduras no ácidas (manzana madura o lechuga) son más susceptibles de desarrollar una carga de microorganismos frente a otras más ácidas (naranjas o tomates), donde es más difícil que los microorganismos se multipliquen.
Sin embargo, aún están presentes casos tan llamativos como el ocurrido en 2008 en EE.UU., cuando se registró un importante brote de intoxicación alimentaria por salmonella en tomates y cuya fuente de contaminación, al parecer, tuvo su origen en agua contaminada. Microorganismos como salmonella o E. coli se relacionan a menudo sólo con alimentos de origen animal y, sin embargo, son causa frecuente de toxiinfecciones en las que intervienen alimentos como frutas o verduras.
Como medida de prevención para evitar estos riesgos, expertos en seguridad alimentaria reunidos en las XX Jornadas Nacionales de Inspección de la Carne y Seguridad Alimentaria, apuntan la necesidad de implantar medidas de formación y educación de las personas que intervienen tanto en los procesos de recolección como en etapas posteriores. Esta medida, que se califica como fundamental para garantizar la seguridad alimentaria de los productos, se enmarca en un entorno laboral en el que los recolectores son personas desplazadas a los puntos de recogida, en ocasiones desde lugares remotos, y sin una formación sólida en materia de higiene. También se hace especial hincapié en la importancia de la disponibilidad de lugares concebidos para que estas personas puedan lavarse las manos de forma periódica y tengan acceso a servicios higiénicos adecuados.
También los factores ambientales, como la calidad del agua de riego o la posible presencia de metales pesados en la zona de cultivo, así como la utilización adecuada de los productos fitosanitarios, resultan claves en la valoración final del riesgo asociado al consumo de frutas y verduras. Una vez que éstas llegan al hogar, hay que lavarlas, ya que a través de este sencillo proceso se elimina casi por completo la posibilidad de una contaminación microbiana. Casi todas las frutas y muchas verduras se consumen crudas y, por tanto, no se someten a un proceso de higienización a través del calor. En ocasiones, es necesario aplicar un procedimiento adecuado de limpieza, desinfección, aclarado y escurrido de los vegetales destinados a consumo en crudo y respetar los pasos siguientes:
• Eliminar las partes externas sucias, así como los ejemplares podridos, agrietados o rotos.
• Lavar con abundante agua potable.
• Eliminar el agua de lavado.
• Sumergir en agua con unas gotas de lejía «apta para desinfectar el agua de bebida». La cantidad dependerá de la concentración del desinfectante. Si la lejía es de 35gr/l, la cantidad que se añadirá será de 2 ml por litro de agua.
• Dejar en reposo durante unos 15 minutos.
• Aclarar con abundante agua potable y escurrir.
Otras recomendaciones para preservar la calidad higiénico-sanitaria de frutas y verduras son:
• Consumir las de temporada, en su punto óptimo de maduración, frescas y sin magulladuras.
• Mantener en una zona fresca, bien ventilada y sin humedad, a poder ser con repisas de acero inoxidable. Son muy pocas las frutas y verduras que requieren refrigeración para almacenarlas, sobre todo, si se compran a diario. Cuando se lleve a cabo este proceso, puesto que el frío puede aumentar su duración, es posible refrigerar a temperaturas no muy bajas (6-8 ºC). También se pueden mantener en refrigeración tras lavarlas, secarlas y envasarlas al vacío. En el caso de los plátanos, nunca se han de mantener en nevera, sino a temperaturas de 12-14 ºC para evitar el «daño por frío».
• Almacenar fuera de bolsas de plástico (a no ser que esté agujereada), ya que algunos «respiran» y almacenan humedad.
• No es aconsejable almacenar juntas diferentes frutas o frutas y hortalizas porque unas pueden influir en la maduración de otras.
• Debe establecerse una inspección cuidadosa y diaria de su estado, ya que estos productos se deterioran de forma muy rápida.
Según manifiesta la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN), ingerir frutas peladas o con piel no se puede considerar una cuestión relativa a la seguridad alimentaria. El consumo de frutas sin pelar es una situación contemplada en la evaluación de riesgos que se realiza de manera obligatoria y previa al uso de plaguicidas en alimentos y en la fijación del correspondiente Limite Máximo de Residuos (LMR). La autorización para usar un producto fitosanitario requiere la evaluación previa de las consecuencias que ello conlleva para la salud de los consumidores.
En la mencionada valoración se tienen en cuenta los efectos a corto y largo plazo de esa ingesta, así como las consecuencias en los grupos más vulnerables de la población, como los niños, desde un enfoque del «peor caso posible», es decir, la situación en la que, tras realizar ensayos supervisados, se ha detectado la mayor presencia de residuos en la fruta. Sólo en el caso de las frutas de piel no comestible (como naranjas, kiwi o plátanos) pueden, si es necesario, evaluarse y recordar que la cantidad teórica máxima de residuos que se podrían ingerir está reducida, ya que se ha eliminado la piel, que a menudo retiene la mayor parte de los residuos de las sustancias químicas empleadas.
Sólo cuando se ha realizado esta evaluación de riesgos se puede autorizar el uso del plaguicida y en unas condiciones que sean las necesarias para asegurar la protección fitosanitaria sin comprometer la salud del consumidor. Sólo pueden comercializarse las frutas que cumplen con este Límite Máximo de Residuos.
Al margen de lo expuesto, si por cuestiones relativas a los valores nutricionales, sobre todo por su alto contenido en fibra, se opta por consumir la piel de la fruta, se recomienda siempre lavarla. La finalidad es eliminar tanto residuos de plaguicidas como suciedades y restos de tierra que pueden aportar al alimento bacterias, virus, parásitos y otros contaminantes como el plomo. Las frutas y verduras deben lavarse bajo un chorro de agua potable. Si están muy sucias, pueden sumergirse o emplearse desinfectantes como la lejía de uso alimentario y después aclararse con agua limpia.
El Campylobacter spp. es una causa de gastroenteritis bacteriana que se transmite a través de los alimentos a todos los humanos. Los métodos actuales no son completamente exitosos y los investigadores han decidido estudiar los vegetales y las frutas ante sus propiedades antimicrobianas, especialmente teniendo en cuenta el creciente interés por los alimentos «naturales».
Sometidos a un ensayo de difusión, 9 de los 28 extractos mostraron actividad antimicrobiana y se determinaron las concentraciones mínimas bactericidas (MCBs) para los extractos que resultaron más activos (lima, ciruela y la cáscara de naranja agria), que oscilaron entre 2 a 3 mg/ml.
Comer en armonía con la naturaleza es una máxima que se debería seguir para alimentarse mejor, sentirse más sano y más fuerte para hacer frente a los cambios venideros. Las estaciones -primavera, verano, otoño, invierno- proveen de alimentos de temporada que tienen su propia fuerza y energía vital, gracias a los cuales se puede adecuar la dieta a las necesidades del momento.
Las frutas de verano contienen mucha agua y ayudan a refrescarse, mientras que los cítricos, más propios de otoño e invierno, destacan por su contenido en vitamina C, un nutriente que fortalece la función inmunitaria, de vital importancia para afrontar el cambio de estación. El desgaste físico y mental es mayor, por lo que conviene incluir en la dieta alimentos energéticos y saludables, locales y de la estación, como las hortalizas de raíz, los frutos secos, las frutas desecadas, las semillas y las legumbres.
Para adaptarse a la llegada del otoño a través de la cocina diaria, será interesante recurrir a alimentos que interioricen la energía, calienten y relajen al organismo. Esto se traduce en reducir las comidas y bebidas frías y escoger con preferencia los alimentos estacionales. Las ensaladas pueden dejar espacio en los menús semanales a las sopas y las cremas, mientras que las frutas frescas cederán terreno a las asadas, al horno o en compota.
Uvas, peras, manzanas, plátanos, frutos del bosque (moras, arándanos, grosellas) y granadas son frutas que, aunque puedan estar disponibles durante todo el año, su presencia es obligatoria en la temporada natural, el otoño.
La granada tiene muy pocas calorías gracias a su elevado contenido en agua. Algunos de sus componentes más destacables son el ácido cítrico (de acción desinfectante y potenciador de la vitamina C), el ácido málico, los flavonoides (pigmentos de acción antioxidante) y los taninos. Estos últimos son sustancias con propiedades astringentes y antiinflamatorias. Las investigaciones más recientes centran su atención en el zumo de granada, dado su concentrado en compuestos funcionales como los polifenoles, que muestran mayor biodisponibilidad y actividad antioxidante en el zumo que en los granos de la fruta enteros.
Consumir granada en la alimentación cotidiana es fácil. Se puede disfrutar de su peculiar textura mezclada en las ensaladas o como acompañamiento en forma de salsa de carnes o de pescados. Se consigue una sinergia de antioxidantes si se mezcla con zumo de naranja y una bebida muy dulce, la granadina, si al jugo de la fruta se le agrega azúcar, si bien se usa más como edulcorante de recetas que como bebida, debido a su excesivo gusto dulzón.
Entre todas las frutas de otoño, los frutos del bosque (moras, arándanos, grosellas) concentran la mayor cantidad de antioxidantes, en especial en forma de flavonoides colorantes, como las antocianinas, que confieren el tono rojo intenso, granate o morado a estos frutos. Se puede aprovechar su corta temporada y su delicada textura y presencia para dar más sabor y color a variedad de recetas, desde zumos, postres dulces, bizcochos y mermeladas, hasta salsas y untos de platos de carnes.
Además de ser sabrosos postres, estas frutas sirven para la elaboración de ricas ensaladas, platos de pasta a los que aportan un toque de color o como ingredientes de brochetas o saludables macedonias de otoño. Tanto su sabor como su color aportan originalidad a un incontable número de platos.
Los meses de otoño son idóneos para llenar la cesta de la compra de variedad de hortalizas y verduras del tiempo, como setas y champiñones, berenjenas, zanahorias, puerros, cebollas, lechugas y escarolas y todo tipo de coles. Unas y otras contienen compuestos que, además de ser los saborizantes y aromatizantes naturales de estas hortalizas, también se distinguen por sus cualidades funcionales antioxidantes y antiinflamatorias. Estos dos efectos son esenciales para que los alimentos sirvan de ayuda al organismo para afrontar los resfriados, gripes e infecciones, comunes en los cambios de estación.
La berenjena es una hortaliza aperitiva y digestiva, si bien estas propiedades dependen del modo en que se cocine. Los compuestos responsables de su ligero sabor amargo se reconocen por su efecto colagogo, es decir, estimulan el buen funcionamiento del hígado y facilitan el vacío de la vesícula biliar, de manera que favorecen la digestión de las grasas. Con ellas se pueden preparar incontables recetas: rellenas, empanadas a modo de guarnición, en ensalada, como crema suave o paté vegetal, albóndigas vegetales o ingrediente principal de canelones. De cualquier forma, resultan un complemento perfecto para una dieta de transición.
Las coles en todas sus variedades -coliflor, berza, de Bruselas, brócoli, etc.- son ricas en vitamina C y ácido cítrico, potenciador de la acción de la vitamina C.Todas ellas, en mayor o menor medida, tienen fitoquímicos (glucosinolatos, isotiocianatos e indoles) con acción antioxidante y estimulante del sistema de defensas. Las coles pueden prepararse hervidas y constituir un primer plato o servir de acompañamiento de otras verduras y hortalizas como zanahoria, patata o judías verdes. También es posible servirlas gratinadas, combinadas con un plato de legumbre o frías en una original ensalada. Las hojas del repollo sirven para rellenarlas de carne, pescado o vegetales o para servir de ingrediente de unos deliciosos rollitos de primavera.
Una investigación de varios organismos estadounidenses, presentada en el último Encuentro Nacional de la Sociedad Química Americana, revela que ayudan al cerebro a eliminar las sustancias tóxicas que se acumulan de forma natural y están asociadas a patologías como la pérdida de memoria en la edad madura.
Según explica el investigador Shibu Poulose, estudios anteriores habían sugerido que uno de los factores implicados en el envejecimiento es la pérdida del organismo de su capacidad de eliminación de los residuos tóxicos.
Para llegar a estas conclusiones, analizaron las células cerebrales de ratones y comprobaron cómo el extracto de baya inhibía la acción de una proteína que frena el proceso de limpieza o autofagia. El científico asegura que los polifenoles presentes en las bayas reactivan la función normal de limpieza en el cerebro. «Tienen un efecto rescate», afirma Poulose.
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