La cofundadora del 5 Gyres Institute, Anna Cummins, abunda en la falta de estudios sobre el comportamiento de la basura plástica en el océano, cuánto PLASTICO se ha acumulado en los fondos y cómo se degrada con el tiempo. «El PLASTICO fue presentado en los años cincuenta como un producto maravilloso, inocuo. Pero no se pensó en el largo plazo y en cómo iba a afectar al medio ambiente un producto cuyos elementos químicos pueden acabar en nuestro cuerpo».
Y no es únicamente el riesgo que puede tener para la salud animal y humana la ingestión del PLASTICO sino que los residuos no degradados también causan una elevada mortandad en animales marinos. La mitad de los pájaros acuáticos, todas las especies de tortugas (confunden bolsas de PLASTICO con medusas y se las comen) y 22 mamíferos resultan heridos o mueren por ingerir PLASTICO o porque se enredan y se estrangulan con la basura o con aparejos de pesca abandonados.
La tripulación del 5 Gyres navegará por el Pacífico Sur en el mes de marzo y completará así la primera investigación a los cinco giros de los mayores océanos, zonas donde las corrientes y la falta de viento hacen que se acumule la basura.
“La situación es muy compleja, y muchas de las consecuencias que va a provocar son desconocidas”, explica William Ripple, profesor de ecosistemas forestales y sociedad en la Universidad Estatal de Oregón. “Pero existen evidencias de que la explosión de depredadores medianos es muy severa y que tiene repercusiones tanto económicas como ecológicas”.
A menudo, los ganaderos están a favor de la eliminación de los lobos, pues temen que sus animales de cría sean atacados por ellos. Sin embargo, en ciertas áreas, esta política antilobo ha provocado un gran aumento en la población del coyote, un depredador mediano que antes los lobos mantenían a raya. Ahora los coyotes atacan a las ovejas domésticas y a otro ganado, y los intentos por controlarlos han resultado extremadamente caros, del orden de cientos de millones de dólares.
Entre los otros descubrimientos del estudio figuran los siguientes:
•Los grandes depredadores pueden beneficiar a las poblaciones de presas en peldaños muy bajos, al reducir la población de los depredadores medianos que cazan a estas presas pequeñas. La alteración de este mecanismo por la erradicación de esos depredadores de depredadores, ha acelerado el colapso de ecosistemas enteros.
•La cascada de efectos negativos desatada por el auge de los depredadores medianos está bien documentada para aves, tortugas marinas, lagartos, roedores, marsupiales, conejos, peces, mariscos, insectos y ungulados.
•El costo económico de combatir a los depredadores medianos puede ser muy alto. Y a veces podría lograrse mantenerles a raya de un modo más barato y más eficaz con el retorno de los grandes depredadores al ecosistema.
•Los grandes depredadores son usualmente carnívoros, pero los depredadores medianos son a menudo omnívoros y pueden causar pérdidas significativas en las cosechas agrícolas y en otros recursos vegetales.
•Los efectos del auge explosivo de las poblaciones de depredadores medianos pueden verse en los océanos, los ríos, los bosques, y las praderas de regiones de todo el mundo.
Científicos del Museo de Historia Natural (NHMU) de Utah (EE UU) han descubierto una nueva especie de tiranosaurio, Lythronax argestes, que se traduciría como ‘rey del gore’ del suroeste de EE UU.
Fuentre: Noticiasdelaciencia (7/11/13)
“Era, con mucho, el dinosaurio más temible en su tiempo en América del Norte. Pensamos que Lythron o sangre representa correctamente su estilo de vida, cubriéndose con la sangre de un animal muerto”, declara a SINC Mark Loewen, autor principal del estudio, que publica la revista PLOS ONE, y científico del NHMU.
Lythronax fue descubierto en el Monumento Nacional de Grand Staircase- Escalante (GSENM, por sus siglas en inglés) al sur de Utah, por Scott Richardson, un empleado de la Oficina de Administración de Tierras de EE UU, institución que administra este territorio.
“El nombre de T. rex se traduce como ‘rey lagarto tirano’, por lo que pensamos que este nuevo pariente cercano –pertenecen a la misma rama evolutiva– debería tener un nombre igualmente evocador», explica SINC Randall B. Irmis, coautor del estudio e investigador también del NHMU.
En el trabajo de identificación de la nueva especie colaboraron, además del Museo de Historia Natural de Utah y la Universidad de Utah, el Museo de Naturaleza y Ciencia de Denver, la Universidad de Alberta. Se estima que la nueva especie mediría aproximadamente 8 metros de largo y pesaba alrededor de 2,5 toneladas.
Según Irmis, los fósiles de los dinosaurios descubiertos pertenecen a una fecha muy próxima a los 80 millones de años. “Sabemos esto porque las capas geológicas, de las cenizas volcánicas que se encontraron justo por encima y por debajo del estrato donde estaba el esqueleto, han sido datados radioisotópicamente”. Esto convierte a este tiranosaurio en el más antiguo que se conoce.
Comparado con otros dinosaurios de esta familia, Lythronax era un enorme carnívoro con características únicas en su cráneo, que lo distinguen de sus parientes cercanos. “Específicamente, posee particularidades genuinas en su hocico –corto y estrecho– en su maxilar superior y en el lateral de su cabeza”, subraya Irmis.
Joe Sertich, del Museo de Denver añade: “Habría tumbado fácilmente a cualquier dinosaurio cornudo o de pico de pato que viviera junto a él. Su comida preferida podría haber sido el Diabloceratops, un dinosaurio cornudo temprano y muy singular de su época”.
Otra característica que lo convertía en un depredador infalible era la amplia anchura de la parte posterior de su cabeza, que le permitía ver con un campo de visión en superposición. “Le proporcionaba visión binocular, muy útil para un depredador, y una condición que asociamos con el Tyrannosaurus rex», apunta Loewen.
Además, las características de su cráneo y algunos de los huesos de sus extremidades lo vinculan más estrechamente con T. rex que con cualquier otro tiranosaurio.
“Esto es interesante porque Lythronax es el miembro más viejo del grupo de dinosaurios tiranosaurios y T. rex el más joven –de hace 66 millones de años–. Esto puede insinuar que hay muchos más familiares de este último en el oeste de América del Norte”, asegura el experto del Museo de Naturaleza y Ciencia de Dever.
La antigua Laramidia era una masa de tierra de la costa occidental de Norteamérica, formada por un mar poco profundo que inundó la región central del subcontinente, aislando hace entre 95 y 70 millones de años (en el Período Cretácico Tardío) sus porciones oriental y occidental. Se mantuvo así durante 15 millones de años.
Esta isla-continente se extendía desde la Península de Yucatán en México hasta la Cordillera de Brooks en Alaska. Una larga franja de tierra aislada del resto del mundo en la que convivieron dinosaurios evolutivamente diferentes a los de otros continentes.
Los dinosaurios y otros animales vertebrados únicos que habitaron Laramidia, como cocodrilos, tortugas, mamíferos, eran muy diferentes a las especies que vivían al mismo tiempo en otros continentes porque este territorio estaba aislado por el océano. Sólo cuando el nivel del mar cambió lo suficiente como para tener conexiones y formar otros continentes, pudieron desplazarse los animales dentro y fuera de Laramidia.
Los paleontólogos han determinado recientemente que los dinosaurios del sur de Laramidia (Utah, Nuevo México, Texas y México), a pesar de pertenecer a los mismos grupos, también difieren a nivel de especie de las del norte (Montana, Wyoming, Dakota y Canadá).
Sertich dice: «Lythronax y sus familiares del sur están más estrechamente relacionados entre sí, que con otros del norte de Laramidia. Este nuevo tiranosaurio puede demostrar que esta familia siguió un patrón similar a los que observamos en otros dinosaurios posteriores, con diferentes especies que viven en el norte y el sur, al mismo tiempo».
“La incursión del mar en grandes áreas de baja altitud habría separado pequeñas zonas de tierra, lo que permitiría que diferentes especies de dinosaurios evolucionaran en aislamiento en diferentes partes de Laramidia”, concluye.
«Este es el primer estudio filogenético de la prueba de la continuidad evolutiva de una expresión emocional humana», asegura la investigadora Marina Dávila Ross de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) en un informe publicado por la revista Current Biology.
Desde tiempos ancestrales, la risa ha supuesto un misterio para la comunidad científica, que ha querido analizar los vínculos entre los humanos y los antropomorfos, una familia de primates en la que se incluyen, entre otros, el chimpancé, el gorila, y el orangután.
En el caso de los tres niños que participaron en el estudio, fueron los padres los encargados de provocarles las cosquillas, de forma que no se tratara en absoluto «de situaciones artificiales», ha subrayado Zimmermann.
Los biólogos emplearon once rasgos de identidad para clasificar las risotadas y el hallazgo más sorprendente es que el componente genético-molecular de la risa es exactamente el mismo en los orangutanes, los gorilas, los chimpancés, los bonobos (o chimpancés pigmeos) y los humanos, todos ellos emparentados.
De hecho, según se deduce, cuanto más cerca del homo sapiens se sitúa el primate con respecto al árbol genealógico, más parecida es su risa. Así, mientras que los gorilas y orangutanes emiten sólo una leve risa, apenas audible, en el caso de los chimpancés y bonobos esta puede sonar a veces tan melódica como la carcajada de una persona. «Al estudiar a los primates más jóvenes conseguimos más información sobre lo que nos diferencia de los monos», ha afirmado Zimmermann.
Para efectos de la investigación, los científicos utilizaron cámaras de alta velocidad para grabar los aterrizajes de las abejas en sus panales y posteriormente calcular las diferentes velocidades utilizadas en distintos puntos de la trayectoria aérea, según la cadena local ABC.
Asimismo, los científicos utilizaron una pista de aterrizaje con el diseño de una espiral giratoria para alterar la impresión del tamaño objetivo según el ángulo de aterrizaje y en algunos casos provocó que las abejas frenaran o aceleraran hasta estrellarse en la superficie. Actualmente, Srinivasan y sus colegas intentan aplicar estos conocimientos para desarrollar sistemas de aterrizajes para aparatos voladores autónomos que no dependan de radares o sónares.
En este artículo se explican sus resultados y qué hacen de verdad los gatos cuando no les vemos. Se ofrece, además, el enlace en Internet al vídeo documental obtenido
Fuente:CONSUMER (24 de julio de 2013) Por EVA SAN MARTÍN
Kato es un simpático gato macho adulto que vive en un barrio de casas bajas de Surrey, en el sureste de Inglaterra. Un felino tranquilo y amigable, un gato al que le gusta jugar con las cuerdas que su dueña balancea para él.
Kato y Phoebe son dos de los 50 gatos cuyo comportamiento oculto ha sido estudiado por los científicos
Kato también disfruta de sus escarceos nocturnos: cuando el vecindario humano duerme, él sale en busca de pájaros y roedores despistados a los que dar caza. Dos veces a la semana logra su objetivo y consigue traer pequeñas presas a casa.
Estas salidas nocturnas, sin embargo, le acarrean alguna pelea esporádica con su gata vecina, Phoebe, una hembra tricolor muy amigable pero que también disfruta con la caza de pequeños roedores.
La naturaleza exploratoria de Phoebe no acaba de noche: durante el día rastrea las habitaciones de la casa. Su curiosidad, sin embargo, le ocasiona algún que otro quebradero de cabeza, como la vez en que la gata se quedó atrapada en el cubo de ropa sucia de la familia.
Kato y Phoebe son solo dos de los 50 gatos que han sido objeto de estudio por parte de un equipo de científicos de las universidades de Bristol y de Lincoln y la Royal Veterinary College.
Los investigadores del proyecto Horizon querían saber qué hacen los gatos cuando no les vemos. Para ello, han monitorizado los movimientos de los felinos durante 24 horas completas, con ayuda de unas cámaras de vídeo diminutas y unos GPS amarrados a sus collares, que permiten saber en cada momento qué tarea ocupa a cada felino.
La búsqueda de insectos y roedores es divertida, pero no parece ser la preocupación principal de los peludos amigos. Al contrario, «la mayor inquietud de los gatos es conocer el paradero y los movimientos de sus felinos vecinos», añade Bradshaw.
Una visión científica de la cuestión permite constatar que lo que los dueños creen que su gato hace cuando no le miran pocas veces se corresponde con la realidad.
Los felinos domésticos que pueden deambular con libertad por el vecindario no rastrean una zona tan amplia como a menudo se piensa: apenas se alejan 150 metros de su hogar y su área de inspección rara vez supera la hectárea.
¿Otra curiosidad? Los felinos resultan ser mucho menos peleones de lo que sus dueños suelen creer. «Los gatos parecen contar con una agenda acordada que les permite compartir el territorio y distribuir sus salidas en diferentes horarios, con el objeto de evitar peleas entre ellos», añade Alan Wilson, otro de los investigadores, en la cadena británica BBC.
Los equipos científicos necesarios para rastrear los movimientos de los gatos domésticos no difieren demasiado de los utilizados para monitorizar otra fauna salvaje, como leones, tigres o jirafas. El reto consiste en adaptar estos dispositivos al tamaño de los pequeños felinos, de modo que les posibilite sentirse cómodos y actuar con naturalidad.
¿Cómo? El bebé que goza de la compañía de un peludo amigo en casa está en contacto con un número mayor de bacterias. Y esto, dicen los expertos, fortalece sus defensas.
En este artículo se explica cómo perros y gatos cuidan de nuestra salud.
Fuente: consumer (14 sept´ 2012) Por EVA SAN MARTÍN
Los bebés que conviven con un perro o un gato en casa tienen menos problemas de salud y, por lo tanto, crecen más fuertes. Son las conclusiones de un interesante estudio realizado por un equipo de investigadores de la Universidad de Finlandia entre 397 niños menores de un año y publicado en la prestigiosa revista científica ‘Pediatrics’.
Los investigadores analizaron cómo afectan las enfermedades respiratorias -y otras dolencias infecciosas- a los bebés, a quienes siguieron desde el embarazo hasta que los pequeños alcanzaron su primer año de vida. Resultó que los niños que vivían en casas con animales -con perros o gatos- tenían menos resfriados durante el invierno.
La otitis, o infección de oído, es un problema frecuente en el bebé. Al menos la mitad de los menores de tres años la han padecido alguna vez, según la ‘Guía ABE. Infecciones en Pediatría’, escrita por el departamento de Pediatría del Hospital 12 de Octubre. A pesar de tratarse de una dolencia habitual en los pequeños, los investigadores finlandeses encontraron que los bebés que tenían más relación con perros y gatos la padecían menos. Además, esos niños precisaron tomar menos medicamentos, incluso cuando cayeron enfermos.
«Los niños con perros y gatos en casa resultaron ser más sanos que aquellos bebés que apenas tuvieron contacto con mascotas», señalan los investigadores, encabezados por la doctora Eija Bergroth. Los científicos comprobaron cómo los niños que viven en hogares con animales tienen menos afecciones respiratorias. Los pequeños que disfrutan de la compañía de perros y gatos, asimismo, padecen menos infecciones de oídos (un 44% menos) y necesitan tomar menos antibióticos (29% menos), según esta investigación.
Y ello, dicen los investigadores, es bueno para el pequeño, ya que contribuye a «fortalecer el sistema inmunológico del bebé». Su ejército natural de anticuerpos se rearma, es decir, el niño crece más fuerte y más protegido frente a las infecciones y enfermedades.
«La suciedad traída a casa por los animales está relacionada con la variedad de bacterias con las que el bebé entra en contacto«, explican los investigadores.
La diversidad de microorganismos fortalece el sistema de defensas del bebé, «reduciendo», por tanto, «el riesgo de padecer enfermedades infecciosas». Su sistema inmune se acostumbra a pelear contra diversos agentes patógenos, por lo que se prepara mejor para afrontar futuras enfermedades. En definitiva, el pequeño que vive con perros y gatos se constipa menos y padece menos otitis porque su cuerpo está mejor preparado para hacer frente a estas amenazas.
Los efectos positivos de contar con la compañía de un perro o un gato en casa han sido analizados por numerosos estudios, no solo con niños, sino también con población adulta. Los paseos al aire libre son saludables y necesarios para el perro, pero además ayudan al dueño a cuidar su cuerpo e, incluso, su corazón.
El beneficio del can sobre este importante órgano lo han estudiado, entre otros, los Institutos Nacionales de Salud (National Institutes of Health, NIH) del Gobierno de Estados Unidos. Estos concluyeron que la esperanza de vida de las personas que habían padecido un ataque cardiaco aumenta cuando conviven con un perro.
Perros y gatos también reducen el riesgo de que los ancianos sufran una depresión, entre otros motivos, porque les implica asumir la responsabilidad de cuidar de sus peludos amigos. Y los animales saben dar cariño a raudales cuando este es recíproco. Tener un animal en casa, y quererle como se merece, nos hace, en suma, más felices.
El coautor del estudio, Jonathan Bloch ha explicado que el primate de 47 millones de años, Notharctus tenebrosus, claramente tenía una garra de aseo en su segundo dígito -sorprendentemente, la garra era algo aplastada, como un clavo. Según el investigador,»Notharctus puede proporcionar evidencia de que las uñas se desarrollan a partir de este grupo de primates, o que, por otro lado, las garras se desarrollaron a partir de las uñas en este grupo».
Por su parte, la coautora Stephanie Maiolino ha afirmado que la presencia o ausencia de una garra de aseo se ha utilizado anteriormente para clasificar a los grupos de primates: los seres humanos, los simios y los monos tienen uñas, mientras que los lémures tienen garras de aseo en el segundo dígito. Además, apunta que «las uñas pudieron ser el punto de partida, y las garras de aseo se desarrollaron a partir de éstas como un rasgo funcional».
Los resultados plantean cuestiones acerca de un estudio realizado en 2009, que describe la extinción de la especie de primates Darwinius masillae, clasificada en el mismo grupo que primates extintos de la especie Notharctus. Anteriormente, se pensaba que Darwinius poseía una uña en su segundo dígito, en lugar de una garra de aseo, lo que llevó a los investigadores a plantear la hipótesis de que estos primates antiguos pertenecían a un grupo más estrechamente relacionado con monos, simios y humanos, que con el de los lémures.
Wighart Von Koenigswald, profesor de Paleontología en la Universidad de Bonn, en Alemania, y coautor del estudio de 2009, afirma no estar de acuerdo con algunas de las conclusiones del estudio actual, aunque sus investigaciones más recientes sobre el primate Darwinius muestran que es probable que éste también tuviera una garra de aseo, como los lémures.
El estudio, realizado por un equipo dirigido por la profesora Marie-Claire Cammaerts ha sido publicado por la revista Electromagnetic Biology and Medicine y aunque no está claro que las conclusiones puedan aplicarse a los seres humanos, demuestra que puede haber una relación entre las ondas electromagnéticas y ciertos efectos negativos en mecanismos neurológicos.
Las hormigas que fueron sometidas a una exposición a las ondas similares a las de los teléfonos MOVILES perdieron más de un 50 por ciento de sus capacidades de orientación y memorización, algo esencial para la organización de los hormigueros. Los efectos no son irreversibles, ya que al cabo de 30 horas las mismas hormigas recuperaban parte de sus capacidades, aunque según el estudio, nunca completamente.
La experiencia consistía en atraer a un grupo de hormigas hacia un lugar donde encontraban comida, a través de las feromonas, sustancias bien conocidas que sirven a estos insectos para orientarse a través del olfato. Normalmente, las hormigas son capaces de seguir el rastro del camino de vuelta al hormiguero con la comida a cuestas y el resto de las hormigas puede orientarse por la misma ruta para repetir el trayecto tantas veces como sea necesario. Sin embargo, sometidas a una exposición de una frecuencia de 900 megahercios y una potencia de 2 watios, muy inferior a la de una antena de un teléfono ordinario, las hormigas perdían el camino y eran incapaces de orientarse, a pesar de que ya conocían el trayecto.
CATASTRÓFICO EN UNA COLMENA
Según la profesora Cammaerts, las ondas “afectan a la membrana celular, lo que tiene consecuencias sobre el sistema nervioso” y a su juicio en el caso de los insectos puede afectar directamente el desarrollo larvario y las neurosecreciones. En concreto, ella hubiera querido investigar sobre las abejas, pero “no he sido autorizada, cuando se sabe que si se coloca un teléfono móvil en la colmena, se produce una catástrofe”. En su opinión, “el mundo no puede vivir ya sin los aparatos que funcionan con ondas electromagnéticas, pero creo que haríamos bien en aumentar las precauciones sobre las emisiones de las antenas.
Sin embargo, una nueva investigación realizada por paleontólogos europeos viene a echar por tierra tan tétrica creencia.
Estas deformaciones extrañas, según explican en la revista especializada Palaeobiodiversity and Palaeoenvironments, son provocadas después de la muerte de los dinosaurios, durante la descomposición de sus cuerpos.
FUENTE: ABC Periódico Electrónico S.A. (20/02/2012)
Autor: J. de Jorge
Científicos de las universidades de Basilea (Suiza) y Mainz (Alemania) han examinado los famosos dinosaurios bípedos Compsognathus longipes de las calizas de Solnhofen, un yacimiento alemán de 150 millones de años especialmente extraordinario. Según explican, la teoría del opistótonos requiere que el animal sea enterrado inmediatamente después de la muerte sin que su cuerpo se mueva, pero la postura también se observa en dinosaurios que han acabado hundidos en el mar. Por este motivo, los científicos están convencidos de que los fósiles de los dinosaurios tenían la espalda arqueada no por los espasmos de la agonía sino por la descomposición de los cadáveres.
No es difícil contemplar imágenes de esqueletos más o menos completos y articulados de dinosaurios de cuello largo y cola que presentan una postura extraña. La cabeza y el cuello se curvan sobre el lomo del animal y la cola parece alargarse hacia afuera, como si todo el cuerpo formara una «c» invertida. Esta postura, en la que por ejemplo ha aparecido el Archaeopteryx, ha fascinado a durante más de 150 años a los paleontólogos, que la han bautizado como opistótonos -un síntoma de los que sufren tétanos o un envenenamiento, muy conocido en la medicina humana- o «postura de la bicicleta». Según esta hipótesis, existe la presunción de que trastorno cerebral genera espasmos musculares antes de la muerte. Si el cerebelo deja de funcionar, los músculos se aprietan con toda su fuerza, volteando la cabeza y la cola, y contrayendo las extremidades.
En un experimento realizado con cuellos de pollo desplumados y sumergidos en agua, los investigadores comprobaron que los cuellos se arquean hacia atrás de forma espontánea más de 90°. El grado de la postura incluso aumenta con el paso de los meses. Esto se debe a un ligamento especial de conexión de las vértebras en los cuellos. Creen que con los dinosaurios de cuello largo ocurría lo mismo.
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