En el trabajo, que aparece publicado en el último número de la revista Science, los científicos se han enfrentado a un problema químico que tiene interés tanto desde el punto de vista de la investigación básica como por sus implicaciones industriales y sociales: obtener azocompuestos de manera respetuosa con el medio ambiente.
Fuente: Ambientum.com (15/12/2008)
Investigando en tecnologías limpias
Como explica el investigador del CSIC Avelino Corma: “Hasta el momento, estas moléculas se obtenían por una vía no catalítica que requería la utilización de compuestos de plomo o nitritos. De esta manera podríamos decir que se generaba un kilo de subproducto por cada kilo de producto deseado. Con este nuevo catalizador que utiliza como reactivo oxidante el aire se genera únicamente agua como subproducto”.
Qúimica sostenible
Dentro de lo que se considera como química sostenible se tiende a la intensificación de procesos con el fin de reducir el número de etapas necesarias para obtener los productos deseados.
Para Corma: “Es frecuente que la síntesis de un producto final requiera la síntesis de varios productos intermedios. En este caso, la fabricación de cada producto intermedio requeriría además de etapas posteriores de separación y purificación con los consiguientes costes añadidos de inversión y consumo energético”.
“Parece entonces evidente que si se consigue un buen catalizador para llevar a cabo una reacción, se minimiza el consumo energético del proceso, se utilizan mejor las materias primas o reactivos, y no se obtienen subproductos de reacción que requieren ser eliminados o transformados en otros. Se trata de no formar subproductos para evitar tener que eliminarlos”, concluye el investigador del CSIC.
Fuente: consumer.es (19 Agos.2008) Por MAITE ZUDAIR
En él se encuentran más de 750 productos olvidados de distintos países del mundo, entre ellos 46 españoles. Los más abundantes son vegetales, cereales y algunas frutas y legumbres. También hace referencia a diversas especies de pescados o sus ancestrales formas de elaboración, así como distintos quesos, vinos y licores tradicionales.
«Arca del Gusto»
Son varias las causas que están llevando, día a día, año tras año, a la pérdida de alimentos y de sabores, y con ello a la desaparición de nuestro acervo culinario de multitud de recetas y comidas tradicionales. La industrialización de los procesos de producción y cultivo que tiende a la homogeneización de los métodos productivos; la presencia de razas muy productivas (vacas lecheras frisonas, gallinas ponedoras blanca Leghonr o cerdos blancos de largo crecimiento) que sustituyen a muchos animales de granja; la poca rentabilidad de la producción y distribución de ciertos alimentos propiciada por el dominio de grandes multinacionales; la sobreexplotación pesquera que afecta a especies muy conocidas y consumidas (bacalao, atún rojo, lenguado y merluza, entre otras); el cambio de hábitos y de gustos entre los consumidores, o el elevado precio de los productos poco demandados, son entre otras, las razones que conducen a esta situación.
Un total de 46 de los 750 alimentos en peligro de extinción en todo el mundo son españoles
A través de su página web se tiene acceso a un listado de diferentes alimentos de países de todo el mundo que se encuentran en verdadero peligro de extinción y a los informes sobre su situación actual y sobre las posibilidades reales de encontrarlos. El listado de alimentos en peligro de extinción asciende a más de 750, de los cuáles 46 son productos españoles.
El gusto por los alimentos de los consumidores ha cambiado en los últimos años. El nuevo estilo de vida, que conduce a un uso masivo de productos precocinados o elaborados, está llevando a un uso y a un consumo universal de aditivos. Muchos de estos aditivos son potenciadores del sabor y se emplean en diversidad de preparados, lo que explica que muchos productos de distinta naturaleza nos sepan igual o muy parecido.
Sobre todo en los productos frescos. Resulta difícil encontrar un tomate, salvo en plena temporada, que sepa realmente a tomate, al sabor del tomate fresco de la huerta que recordamos de pequeños. Lo mismo ocurre con los melocotones, que ni siquiera desprenden aroma, a pesar de su lustrosa apariencia.
Muchos niños de ahora asocian el sabor del tomate a la salsa tipo ketchup, cuyo sabor no tiene nada que ver (es de sabor más dulce y pronunciado) respecto a una salsa de tomate casera. Los consumidores tenemos trabajo si queremos recuperar los sabores naturales y reales de los alimentos. Un primer paso puede ser escoger alimentos de temporada, aquellos en los que se pone especial empeño en su cultivo o producción, por lo general, más sabrosos y apetecibles. Otro paso tiene lugar en la cocina, haciendo uso racional y proporcionado de los condimentos y las especias. Los expertos en gastronomía advierten que, para obtener un plato delicioso, los condimentos deben proporcionar un contraste o un aroma al plato, pero sin anular el sabor real del ingrediente principal.
Slow food, slow travel
En los últimos años han ido surgiendo movimientos slow (lento) que tienen en común, por medio de distintas iniciativas, la lucha contra la velocidad y las prisas en las que está imbuida la sociedad actual. El movimiento Slow food, cuya traducción al castellano es «comida lenta», es el término opuesto al Fast food o comida rápida. Se trata de un movimiento internacional creado en Italia en la década de 1980, cuyo objetivo es desarrollar una cultura contraria al Fast food y recuperar los sabores y las costumbres tradicionales. Sus seguidores persiguen disfrutar de la comida, degustar los placeres que ofrece y gozar de la buena mesa en el entorno más adecuado y tranquilo.
Con una filosofía similar ha surgido el Slow travel, una forma de viajar y hacer turismo que aboga por integrarse en el lugar de destino, comunicarse con sus habitantes y formar parte de sus costumbres. El movimiento slow ha impulsado la creación de las slow cities, ciudades que ofrecen al habitante y al visitante una calidad de vida que se plasma en la abundancia de zonas peatonales y zonas verdes, el cuidado de la gastronomía y la cultura autóctona, un ambiente tranquilo lo más libre posible de ruido y contaminación.
Fuente: consumer.es (14 Agos.2008) Autor: Por MAITE ZUDAIRE
Los investigadores comenzaron a estudiar el uso de un tipo de bacterias lácticas de los yogures, los «Lactobacillus acidophilus», como una posible respuesta terapéutica a uno de los efectos secundarios de la toma de antibióticos: la diarrea. Los medicamentos antibióticos alteran el equilibrio natural de la microflora intestinal. Diversos meta-análisis recientes han analizado los estudios que evalúan el efecto de los probióticos en la prevención de la diarrea tras la toma de antibióticos.
Este aspecto es particularmente interesante en niños, ya que son más propensos a coger infecciones diversas para las cuales se aconseja tomar antibióticos. Uso indiscriminado e irresponsable de los antibióticos. Probióticos son organismos vivos (bacterias o levaduras de la flora comensal intestinal) que se añaden a los alimentos o que forman parte de ellos, cuyo consumo en cantidades adecuadas comporta efectos beneficiosos para la salud. En el mercado, los probióticos que encontramos son yogures y otras leches fermentadas con diversas bacterias lácticas, como bifidobacterias, «Lactobacillus casei imunitass», «LC1», entre otras.
La digestión de los alimentos y la absorción de la mayoría de los nutrientes. En esta parte del tubo digestivo conviven en equilibrio billones de bacterias que, además, influyen en las defensas del organismo. La pérdida del equilibrio entre bacterias beneficiosas y nocivas de la microflora intestinal comporta una predisposición a padecer infecciones y malestar digestivo como hinchazón o diarreasos probióticos ayudan a mantener en armonía la flora intestinal, y los más estudiados son los lactobacilos, las lifidobacterias y algunas levaduras como la «Saccharomyces», de las que se ha comprobado tanto su eficacia como su seguridad, al no encontrarse efectos adversos asociados a su consumo.
Al parecer, una de las bacterias lácticas más resistentes a la acidez del estómago y a los procesos digestivos en el intestino delgado, y con mejor respuesta a la resolución de la diarrea tras la toma de antibióticos, son los lactobacilos GG («L. casei spp rhamnosus»), más conocidos como LGG, que lleva las iniciales de sus descubridores, Sherwood Gorbach y Barry Goldin.
Yogur, diarrea y antibióticos en niños
En general, los antibióticos más usados son de amplio espectro, es decir, combaten todo tipo de bacterias, incluidas las bacterias beneficiosas del intestino (Bifidus y Lactobacilus), de ahí que sea frecuente la diarrea tras tomar antibióticos.
De todos los probióticos, el que ha demostrado características excepcionales para la supervivencia y la colonización ha sido el LGG
Existen diversos ensayos en investigación en los que se ha observado que la ingesta de prebióticos, como los yogures y otras leches fermentadas, disminuye de manera notable la aparición de diarrea asociada a los antibióticos. Investigadores canadienses del «Complementary and Alternative Research and Education (CARE) Program», del Stollery Children’s Hospital Foundation (Universidad de Alberta) en Edmonton, y del Departamento de Salud Comunitaria del Centro de la Salud de la Universidad de Calgary realizaron un meta-análisis que analizó estudios aleatorios controlados con placebo que evaluaban este efecto preventivo en niños.
Según los investigadores, parecen prometedores (aunque no concluyentes, a la espera de más estudios adecuadamente diseñados) los efectos beneficiosos de los probióticos en la prevención y tratamiento de la diarrea tras la toma de antibióticos. Los probióticos más estudiados y de los que se ha observado un mayor efecto son los probióticos LGG y «Sacharomyces boulardii», aunque también existe en la literatura científica estudios que han constatado el efecto positivo de otros probióticos, como lactobacilos y bifidobacterias, en la prevención de la diarrea.
Estos resultados coinciden con los de otro llevado a cabo, también en niños, por el Departamento de Gastroenterología y Nutrición Pediátrica de la Facultad de Medicina de Varsovia, en Polonia.
No obstante, según los expertos, queda por determinar en nuevos ensayos el efecto sobre la diarrea de nuevos probióticos, así como las dosis concretas y seguras de los ya estudiados, para los bebés y para los niños de más corta edad. Aunque no se han advertido efectos secundarios tras el consumo de probióticos por los niños, los expertos advierten que el seguimiento de los efectos en los estudios ha sido limitado (por lo general, unos cinco días de media de tratamiento), y que este aspecto también se debería tener en cuenta en próximas investigaciones.
El descubrimiento
Fue hacia la década de 1950 cuando se comenzó a estudiar el efecto del consumo «Lactobacilus acidophilus», un tipo de bacteria láctica, como una posible respuesta a alguno de los efectos secundarios digestivos de la toma de antibióticos, como la diarrea. Desde entonces, una de las principales dificultades que han encontrado los investigadores para obtener beneficio de la ingesta de probióticos ha sido garantizar la supervivencia de las bacterias lácticas en el tracto intestinal.
Los probióticos ingeridos por vía oral tendrían que ser capaces de sobrevivir a la acidez del estómago y a los procesos digestivos del intestino delgado y colonizar con éxito el colon. De todos los probióticos que se conocen en la actualidad, el que ha demostrado características excepcionales para la supervivencia y la colonización ha sido el LGG.
Desde su descubrimiento en 1985, se han desarrollado diversas patentes con LGG con el fin de incorporar dichos probióticos a distintos productos, desde mantequilla, crema de leche, leche, leches fermentadas, bebidas con fruta o quesos, aunque por el momento, no llegan a España.
Asimismo, ya existe alguna empresa estadounidense, dedicada a la comercialización de alimentos funcionales, que vende cápsulas de LGG como un complemento probiótico «para el mantenimiento del sistema digestivo».
QUÉ SON LOS PROBIÓTICOS
Los probióticos son organismos vivos (bacterias o levaduras de la flora comensal intestinal) que se añaden a los alimentos o que forman parte de ellos, cuyo consumo en cantidades adecuadas comporta efectos beneficiosos para la salud. En el mercado, los probióticos que encontramos son yogures y otras leches fermentadas con diversas bacterias lácticas, como bifidobacterias, «Lactobacillus casei imunitass», «LC1», entre otras.
En el intestino tiene lugar parte de la digestión de los alimentos y la absorción de la mayoría de los nutrientes. En esta parte del tubo digestivo conviven en equilibrio billones de bacterias que, además, influyen en las defensas del organismo. La pérdida del equilibrio entre bacterias beneficiosas y nocivas de la microflora intestinal comporta una predisposición a padecer infecciones y malestar digestivo como hinchazón o diarreasos probióticos ayudan a mantener en armonía la flora intestinal, y los más estudiados son los lactobacilos, las lifidobacterias y algunas levaduras como la «Saccharomyces», de las que se ha comprobado tanto su eficacia como su seguridad, al no encontrarse efectos adversos asociados a su consumo.
La eficacia de algunos probióticos está demostrada, además de en diarreas provocadas por antibióticos, en otros malestares digestivos como el estreñimiento.
Fuente: consumer.es (16 julio 2008) Por ELENA PIÑEIRO
No es sólo cuestión de marketing. Desde que un grupo de científicos españoles, conjuntamente con el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), diseñara caramelos y Golosinas funcionales, a los que atribuyen propiedades potenciales para aumentar la flora intestinal, estas golosinas se han ido convirtiendo en un tipo de producto alimenticio que puede ser vehículo de beneficios para la salud, más allá de su posible valor nutricional.
La última novedad es la fortificación en sales metálicas para combatir la halitosis. Las sales de cinc y de cobre se añaden a la composición química de la golosina. Se ha observado la actividad antibacteriana de estas sales, que se muestran eficaces contra las bacterias de la lengua que producen los compuestos sulfurados responsables del mal aliento. No obstante, el mecanismo de acción de estas sustancias de Golosinas funcionales, no se conoce completamente debido al vacío legal que rodea a estos dulces situados en la línea entre golosinas y medicinas. Por el momento, no se han definido las dosis recomendadas ni la duración del tratamiento, ni los efectos secundarios o contraindicaciones que puedan tener, por lo que conviene tomarlos con la precaución que merece.
Según las empresas productoras de dulce, el consumidor adulto se orienta cada vez más hacia el caramelo «útil». Por este motivo las compañías quieren invertir en nuevas funcionalidades mucho más avanzadas en el campo de la dietética con las Golosinas funcionales. El mercado habla de «dulces para adultos» y «dulces para niños», con composiciones químicas que pueden diferir en gran medida.
Muchos de los fabricantes de golosinas españoles ya comercializan este tipo de productos y tienen abiertas líneas de investigación para la fabricación de innovadores caramelos y chicles que aporten algún beneficio para la salud. Tanto es así que parece iniciarse una nueva etapa para los dulces. Hasta la Asociación Española de Dietistas Nutricionistas (AEDN) los ha desvinculado de su mítica relación con la obesidad y la caries.
Dulces «sin azúcar»
Conseguir mejoras en los beneficios del consumo de los caramelos, chicles, geles y gelatinas; Golosinas funcionales pero sin perder de vista su carácter lúdico, es uno de los grandes objetivos de sus productores. La ventaja de disfrutar de un delicioso caramelo sin preocuparse de las temidas calorías ha convertido este producto en una estrella de ventas.
Dentro de un mundo en que los consumidores son más conscientes de su salud, los caramelos y chicles sin azúcar se han logrado posicionar y en este contexto han conseguido convertirse en un vehículo comúnmente utilizado para incorporar ingredientes como vitaminas, calcio y algunos edulcorantes como alternativas al azúcar como son el isomalt o el sorbitol, en definitiva Golosinas funcionales es SALUD.
Los llamados «edulcorantes de volumen» o «polioles» proporcionan un intenso sabor dulce sin calorías, o con muy pocas, ya que contienen menos calorías por gramo que el azúcar (sacarosa) y tienen el mismo volumen. En este grupo se incluyen el sorbitol, manitol, isomalt, maltitol, lactitol y xilitol; forman Golosinas funcionales.
En España, según el informe de la Asociación Española de Fabricantes de Caramelos y Chicles (CAYCHI 2008), los chicles sin azúcar representan la mayor parte de ventas en el mercado, con un 38%.
¿Mucho más que un chicle?
Precisamente son este tipo de golosinas las que han pasado de ser atractivas, por sus sabores, colores y presentaciones, a ofrecer supuestas o ciertas ventajas en el campo de salud. Los chicles, de menta o fresa, de larga duración o distinta intensidad de sabor, tienen otras funciones como «blanquear los dientes», «prevenir la caída de los dientes» y «combatir el mal aliento». Y aún pretenden ir más allá porque en el mercado ya se comercializan los chicles energéticos, supuestamente adelgazantes, que cuidan la piel y descongestionan las vías respiratorias.
El guaraná, el mentol y el té verde son algunos de sus nuevos componentes, de las Golosinas funcionales. El guaraná es una planta de la que se usan las semillas y que contiene más taninos y cafeína que el propio café, lo que le confiere propiedades excitantes del sistema nervioso central. Parece ser que aumenta la capacidad física y el gasto energético, pero no hay estudios suficientes que hayan demostrado su efecto en humanos. Así que por el momento, es más cuestión de marketing que de evidencia científica.
En cuanto al té verde, es una de las plantas medicinales más utilizadas en los complementos alimenticios diseñados como coadyuvantes del adelgazamiento. Pero aún falta mucha investigación para que se puedan determinar las dosis y el tiempo de consumo para que sea considerado como eficaz para el fin que se publicita. Tanto el guaraná como el té verde tienen contraindicaciones en su consumo y, además, se han descrito efectos adversos tanto de estos complementos como de los edulcorantes que se utilizan para dar sabor dulce a los chicles y caramelos sin azúcar.
La acción de estas sustancias no se conoce completamente, debido al vacío legal que rodea a estos dulces situados en una línea entre golosinas y medicinas.
Para adultos
El problema reside en que el concepto de «caramelo adulto» y «caramelo infantil» se ha quedado simplemente en la filosofía del producto y no se traslada a los puntos de venta, donde el paraíso del dulce supuestamente adulto se entremezcla con los caramelos de consumo clásico para los niños.
Porque, ¿quién controla que un niño no compre caramelos enriquecidos con guaraná? ¿puede diferenciar un menor un chicle con agentes blanqueadores respecto a uno «de los de toda la vida»?
Según la Federación Española de Asociaciones del Dulce, las empresas del sector están cumpliendo con los compromisos asumidos en la Estrategia NAOS, lo que está suponiendo grandes inversiones en reformulación de productos mediante la reducción de grasas totales, grasas trans y de azúcares, así como la aparición de una gran cantidad de productos más pequeños que inciden en una ingesta más reducida de calorías por producto.
En este sentido, sería interesante que las grandes empresas productoras invirtieran no sólo en la eficacia sino también la seguridad de sus productos, tanto para adultos como para niños. Hoy, pequeños y mayores pueden adquirir dulces fortificados y complementados con sustancias que quizá no les convengan.
1. Por salud: los productos ECOLOGICOS pueden ser más saludables ya que están libres de residuos tóxicos procedentes de pesticidas, fertilizantes sintéticos o aditivos, que se siguen utilizando en la agricultura convencional para eliminar insectos o plagas y combatir enfermedades, y que a medio o largo plazo pueden dañar nuestro organismo.
2. Por nutrición: los productos ECOLOGICOS son más nutritivos ya que contienen niveles más altos de vitaminas (especialmente la C), minerales esenciales como el calcio, el magnesio y hierro, antioxidantes –que ayudan a prevenir determinadas enfermedades como el cáncer–, hidratos de carbono y proteínas.
3. Porque no contienen Organismos Genéticamente Modificados: En la agricultura ecológica no se autorizan los OGM, ya que se considera faltan investigaciones sobre las consecuencias a largo plazo del cultivo transgénico.
4. Por que son respetuosos con el medioambiente: cuando consumimos alimentos de cultivo ecológico colaboramos en la conservación del medio ambiente y evitamos la contaminación de la tierra, el agua y el aire.
La agricultura ecológica es la más respetuosa con la fauna, la que genera una contaminación más baja de aerosoles, produce menos dióxido de carbono, previene el efecto invernadero, no genera residuos contaminantes y ayuda al ahorro energético y de los gobiernos, ya que en el cultivo y en la elaboración de los productos ECOLOGICOS se aprovecha el máximo de recursos renovables.
5. Por que tienen mayor calidad: los alimentos ecológicos provienen de la agricultura ecológica, que utiliza un sistema de producción de la máxima fiabilidad pues está sujeto a una trazabilidad desde el campo hasta la mesa mediante el Reglamento Europeo 2092/91. Todos los agentes que intervienen en la cadena agroalimentaria están sujetos al control e inspección de las materias primas utilizadas, el proceso de elaboración, el envasado, el etiquetado, etc. mediante las empresas de control y certificación acreditadas.
En la aparición del Parkinson, la enfermedad degenerativa neuronal más frecuente después del Alzheimer, juegan un papel importante tanto factores genéticos como medioambientales, sostienen los científicos. Son muchos los estudios que lo sugieren y existen compuestos químicos que se ha demostrado que, en casos de grave intoxicación, producen síntomas muy parecidos a los temblores del Parkinson. Por ello, los investigadores se han interesado por la historia personal de casi 1.000 enfermos con Parkinson claramente diagnosticado o que presentan síntomas similares para ver si comparten factores de riesgo.
Los enfermos son de cinco países o regiones europeas, Italia, Suecia, Rumania, Malta y Escocia, y se recabaron datos sobre su exposición a lo largo de la vida a disolventes, pesticidas, hierro, cobre y manganeso. También se tuvieron en cuenta muchos otros factores, como si fumaban o tenían un pariente próximo afectado por la enfermedad, tras el análisis correspondiente, se comprobó que el factor de riesgo más importante es tener familiares con la enfermedad, seguido de haber tomado durante más de un año medicamentos para la ansiedad, para dormir o para tratar la depresión, aspectos que ya se habían puesto de manifiesto en otros estudios anteriores.
También se confirmó la no relación del Parkinson con el consumo de alcohol. Sin embargo, se halló asimismo una correlación estadísticamente significativa entre el Parkinson y la exposición a pesticidas, con una clara y novedosa relación entre el grado de exposición y la aparición o no de la enfermedad. Lo que no se puede precisar es cuáles son los pesticidas implicados, por lo que resultan necesarios nuevos estudios. No se encontró, por otra parte, relación entre la exposición a los disolventes o a los metales a lo largo de la vida y el riesgo de padecer Parkinson.
El hecho de que la exposición a los pesticidas suela ser intermitente, tanto en los agricultores como en los particulares que cuidan su jardín, hace difícil saber si se está subestimando su importancia como factor de riesgo causante de Parkinson, porque no se conoce todavía en qué grado la exposición a los pesticidas puede desembocar en la enfermedad.
Los organofosforados son los pesticidas que más claramente se han relacionado con el Parkinson en algunos estudios anteriores. En cuanto a otros resultados llamativos del estudio actual, que se ha publicado en la revista Occupational and Environmental Medicine, como la relación con los tratamientos antidepresivos, resulta también difícil establecer conclusiones tajantes por ahora, porque puede ser que en algunos casos sea el Parkinson incipiente el que cause los trastornos, como el insomnio, la depresión o la ansiedad que son así tratados.
Los factores genéticos y ambientales que interaccionan para producir la enfermedad o enfermedades pueden ser numerosos, de forma que un factor de riesgo puede resultar importante sólo en individuos susceptibles y no en todos. El hecho de tener una historia familiar de Parkinson es el mayor factor de riesgo pero queda por comprobar que se deba solamente a factores genéticos y no a que los familiares suelen vivir en el mismo ambiente.
El principal inconveniente medioambiental de estos gases es que, al mezclarse con otros contaminantes atmosféricos, como los óxidos de nitrógeno (NOX) y reaccionar con la luz solar, pueden formar el problema del smog fotoquímico.
Este problema se agrava especialmente en verano, al incidir el sol y las altas temperaturas.
En cuanto a sus consecuencias sobre la salud, pueden tener desde un alto grado de toxicidad hasta ausencia de efectos conocidos, dependiendo del compuesto y el período de exposición al mismo. Por ejemplo, se sabe que el benceno es un carcinógeno humano y se tienen sospechas razonables sobre el formaldehído y el percloroetileno. Los trabajadores industriales, los fumadores y las personas expuestas a la circulación de vehículos están más en contacto con este tipo de sustancias.
Además de sus efectos cancerígenos, la exposición a largo plazo a estos COVs puede causar lesiones de hígado, riñones y sistema nervioso central, mientras que a corto plazo puede causar irritación de los ojos y vías respiratorias, dolor de cabeza, mareos, trastornos visuales, fatiga, pérdida de coordinación, reacciones alérgicas de la piel, náuseas y trastornos de memoria.
Según su peligrosidad, se clasifican en varios grupos:
Extremadamente peligrosos para la salud: Benceno, cloruro de vinilo y 1,2 dicloroetano.
Compuestos ORGANICOS VOLATILES de clase A (pueden causar daños significativos al medio ambiente): Acetaldehido, anilina, bencilcloruro, carbonotetracloruro, CFC´s, acrilato de etilo, halones, anhídridomaleíco, 1,1,1-tricloroetano, tricloroetileno, triclorotolueno.
Compuestos ORGANICOS VOLATILES de clase B (con menor impacto en el medio ambiente): Acetona, etanol.
La presencia de estos elementos es entre dos y cinco veces superior en el interior de los edificios que al aire libre. Según la Agencia norteamericana de Protección del Medio Ambiente (EPA), la presencia de estos elementos es entre dos y cinco veces superior en el interior de los edificios que al aire libre. Productos como disolventes, pinturas, limpiadores, líquidos para la industria de lavado en seco, insecticidas, ambientadores, pegamentos, barnices, soluciones fotográficas, tintas de fotocopiadoras o impresoras, y en general, cualquiera de origen petroquímico, pueden originar estos compuestos ORGANICOS VOLATILES en hogares y lugares de trabajo.
No obstante, el origen de estas sustancias proviene también de fuentes naturales. El metano, el más abundante de los hidrocarburos atmosféricos, se forma a consecuencia de las deposiciones del ganado, las reacciones de putrefacción o la digestión de las termitas, aunque también proviene en gran parte de los procesos de combustión industriales (gas natural). Se sabe asimismo que el metano influye en el efecto invernadero y en las reacciones estratosféricas.
Según diversas investigaciones, estas sustancias podrían servirles como protección frente a elevadas temperaturas, contra patógenos y herbívoros, o como ayuda en la cicatrización, aunque también podrían estar afectando negativamente al cambio climático.
En la actualidad, los controles de emisiones de COVs se realizan mediante diversas tecnologías, como quemadores y combustores térmicos y catalíticos, que reducen o destruyen estas sustancias; y condensadores y adsorbedores, que permiten su posterior reutilización. Asimismo, los investigadores trabajan en el desarrollo de nuevas tecnologías, como las de destrucción corona, de plasma, o de biofiltración.
Con el objetivo de prevenir y reducir la contaminación atmosférica causada por las emisiones de COVs, la Unión Europea ha desarrollado en los últimos años varias legislaciones de aplicación en todos los países miembros, como la Directiva 200/42/CE, de 21 de abril de 2004.
En España, hay en la actualidad dos Reales Decretos que controlan las emisiones de COVs. Por una parte, el Real Decreto 117/2003 se centra en la restricción de las emisiones de COVs debidas al uso de disolventes en determinadas actividades. Por otra parte, el Real Decreto 227/2006 limita el contenido de COVs en determinadas pinturas de decoración y productos para el repintado de vehículos. De esta manera, estas normativas prohíben superar ciertos límites de emisión en 20 actividades industriales concretas, que deberán colocar en sus productos un etiquetado indicando sus valores de emisión de COVs.
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