En algunos aspectos, se puede decir que los insectos no tienen sólo dos, sino miles de Ojos Artificiales . Cada faceta de su ojo con su lente y sus células visuales, recoge un punto de la imagen, y las numerosas facetas están extendidas sobre una superficie hemisférica. Como resultado, el ojo «colectivo» del insecto puede cubrir un ángulo más ancho de visión, pero la resolución de las imágenes producidas no es particularmente alta.
El objetivo era desarrollar Ojos Artificiales compuestos microópticos que contuvieran numerosos canales de imágenes en paralelo y que también fueran extraordinariamente compactos, menos de medio milímetro de espesor. Para lograr esto, Brückner empezó analizando cómo se crean las imágenes en los ojos artificiales.
Dado que cada faceta captura un punto de la imagen, el desafío era lograr controlar la superposición en el sistema técnico. Con un conocimiento preciso de la sensibilidad angular, es posible comparar entre sí las señales de las imágenes de las facetas adyacentes. Esto posibilita a su vez determinar la posición del objeto visto en un campo visual bidimensional, con una exactitud que es superior en muchas veces a la resolución de la imagen.
Una comparación ha demostrado que una lente fabricada a modo de ojo compuesto puede transferir la información con una resolución efectiva de la imagen de 625 x 625 píxeles, aunque el número real disponible de píxeles de cada imagen se limite a 50 x 50. Como resultado, el sensor puede reconocer objetos simples, determinar con precisión su posición y tamaño, y también detectar de manera fiable los movimientos.
¿Es posible ver sin ojos? Antes de responder, piense en la lombriz C. elegans. El gusano apenas mide un milímetro, pero su transparencia y el hecho de que no sea especialmente delicado le convierten en un cobaya de laboratorio perfecto. Tanto, que dos de los últimos premios Nobel de Medicina (los de 2002 y 2006) están relacionados con el estudio de este pequeño animal.
Pero, aunque parezca lo contrario, el hábitat natural del C. elegans no son los laboratorios de estudios genéticos, sino la tierra. Siempre vive bajo el suelo porque una exposición prolongada a la radiación ultravioleta A de la luz solar lo mata.
«Este animal carece de los órganos especializados sensibles a la luz que llamamos ojos, pero aún así puede ver la luz», ha dicho Shawn Xu, el profesor de fisiología molecular que ha encabezado la investigación.
Según Xu y sus colegas Alex Ward y Jie Liu, el C. elegans tiene un primitivo sistema visual que le alerta cuando se aproxima a la superficie. Y también tiene la clave «para estudiar los elementos de construcción del sistema visual y las causas de las enfermedades de los ojos en los humanos».
Los pequeños cocodrilos hacen un ruido similar a «¡umph! ¡umph! ¡umph!» justo antes de romper el cascarón, según explicaron Amélie Vergne y Nicolas Mathevon, de la Universidad Jean Monnet de Saint-Etienne, Francia.
Fuente:Reuters (24/06/2008)
«Las madres cocodrilo reaccionan con fuerza a la grabación de las llamadas antes de romper el cascarón, la mayor parte de ellas cavando en la arena», escribieron los científicos en la revista Current Biology.
Los investigadores hicieron pruebas con 10 cocodrilos y sus huevos, grabando los sonidos que hacían los bebés y después reproduciéndolos, junto a otros sonidos al azar, para las madres.
El sonido también parecía impulsar a los hermanos a empezar a romper sus huevos, escribieron Vergne y Mathevon.
«En el zoo en el que hicimos los experimentos, se retiran los huevos unos pocos días después de la puesta. A pesar de ello, las hembras continúan guardando el nido».
Ocho de las madres cocodrilo a las que se les pusieron las llamadas de «umph» correctas intentaron cavar en sus recintos, mientras que las madres que escucharon sonidos al azar no lo hicieron.
Mathevon indicó que muchos de los pequeños reptiles son devorados nada más nacer, por lo que puede ser importante que todos abran sus huevos a la vez y que la madre esté allí cuando lo hagan.
El «vultur griphus», su nombre científico, ha desaparecido prácticamente de Venezuela y Colombia, mientras en Perú, Bolivia y Ecuador no hay cifras, agrega el informe facilitado a Efe por el Instituto de Recursos Naturales (INRENA) de Perú.
Estos datos han puesto en alerta a los ambientalistas, en disputa sobre si se deben habilitar espacios para que los turistas disfruten de su avistamiento, como ocurre en el Cañón del Colca, el segundo más hondo del mundo con casi 100 kilómetros de longitud y una profundidad de 3.400 metros.
Allí, a unos 1.000 kilómetros al sur de Lima, viajeros llegados de todo el mundo se maravillan ante el cercano, silencioso y perfecto vuelo de la veintena de cóndores que habitan el lugar.
Esta cercanía al hombre es uno de los motivos que ha puesto en peligro al ave gigante, explica en una entrevista con Efe el biólogo del INRENA Arturo Cornejo.
Pero hay amenazas mayores, como los postes de alta tensión, la persecución con fines comerciales, los pesticidas y la progresiva pérdida del hábitat.
«El hombre se ha acercado cada vez más y ha ocasionado alteraciones por el impacto que tienen las torres de alta tensión; en algunos lugares los cóndores han muerto electrocutados (…); se utilizan pesticidas en zonas agrícolas y los animales pueden morir», aclara Cornejo.
«En algunas localidades creen que los cóndores matan a su ganado, a las crías, por eso colocan veneno para eliminarlos», agrega el biólogo.Aún así, Cornejo cree que «sí es posible desarrollar un turismo sostenible de observación de aves, pero cumpliendo con los estándares internacionales» y ello pasa por la creación de «refugios adecuados para que el ave no se sienta intimidada».
Los adultos son negros, con collar y plumas blancas en la parte dorsal de sus alas, mientras los jóvenes son marrones. Los más llamativos son los machos por su prominente cresta y papada.
El CONDOR andino es un ave gregaria y carroñera, cuyo cuerpo mide entre 100 y 120 centímetros, aunque la envergadura de sus alas puede alcanzar los 3,5 metros.
Estos animales pueden planear largas distancias en un solo día; en el caso de los cóndores del Colca vuelan hasta la costa peruana, a unos 200 kilómetros, sólo para devorar lobos marinos muertos y regresar a su morada al anochecer.
Es, asimismo, el más venerado de los animales que forman la sagrada trinidad incaica, formada por el cóndor, el puma y la serpiente.
La relación del hombre andino con el CONDOR data de tiempos prehispánicos y su significado mitológico se refleja en una abundante representación en cerámicas, tejidos y construcciones.
Una impactante celebración peruana es conocida como «Yawar Fiesta» (Fiesta de Sangre), en la que atan un CONDOR a un toro para dar paso a una lucha que finaliza con la muerte de uno de los contrincantes.
El CONDOR representa al comunero originario de los Andes y el toro al conquistador español o hacendado. La casi siempre victoria del ave mítica lleva al clímax en un espectáculo que los protectores de animales condenan sin tapujos.
La proteína del dinosaurio fue extraída de un fémur fósil de un T. rex descubierto en 2003 por el paleontólogo John Horner, del Museo de las Rocosas. El hueso se encontró en un terreno rico en fósiles entre Wyoming y Montana.
«Estos resultados se corresponden con las predicciones hechas sobre la anatomía del esqueleto, proporcionando la primera evidencia molecular de las relaciones evolutivas de un dinosaurio no aviar», recalca uno de los autores del estudio, Chris Organ, investigador en la Universidad de Harvard.
Mary Schweitzer, coautora del estudio, de la Universidad Estatal de Carolina del Norte y del Museo de Ciencias Naturales del mismo estado, descubrió por primera vez la preservación de tejido blando en el hueso del T. rex en el 2005.
Los investigadores han determinado que el T. rex es más agrupable con las aves, especialmente con el avestruz y el pollo, que con cualquier otro tipo de organismo estudiado, incluyendo los reptiles modernos, como los caimanes y las iguanas.
Los estorninos salvajes son altamente sociales y se unen con rapidez a otros en una parcela de terreno pródiga en comida. Sin embargo, es inevitable que cada animal procure asegurarse de que otro no le quite el bocado que ha visto primero. Esto conduce a situaciones de fuerte competitividad. Un individuo capaz de determinar antes que otros que el riesgo de convertirse en víctima de un depredador es bajo, regresa más rápidamente a la parcela de terreno donde aguarda el alimento, tal como se comprobó en el estudio con las reacciones de las aves ante personas cercanas, y obtiene así un valioso tiempo extra para alimentarse antes de que los otros estorninos regresen a seguir comiendo.
Las respuestas ante indicadores obvios de riesgo, como un depredador abalanzándose sobre su presa potencial, o la huída de otros animales, están bien documentadas, pero Carter ha descubierto que la orientación de la cabeza de un depredador y la dirección en la cual sus ojos están mirando fijamente son indicadores de riesgo más sutiles, y útiles debido a que muchos depredadores orientan sus cabezas y ojos en dirección a sus presas cuando se disponen a atacar.
Las temperaturas medias del mes de mayo, la época de puesta de huevos, han aumentado 0,11º C por año desde 1980 en el área donde se ha realizado el estudio, La Hiruela, en la sierra de Madrid. Potti señala: “El aumento de las temperaturas en las últimas décadas podría ser potencialmente beneficioso para la formación de los huevos en las aves insectívoras, puesto que los insectos que les sirven de alimento a estas aves suelen ser más activos y abundantes en regiones y en épocas cálidas. Sin embargo, esta cuestión no parece ser tan sencilla”.
La contradicción entre ambas tendencias térmicas que afectan al tamaño de los huevos podría explicarse por el desajuste entre la llegada del papamoscas (que pasa el invierno en el África subsahariana) y el adelanto de la primavera en la sierra madrileña, como ya demostrara Potti en un trabajo de 2003 publicado en la revista Global Change Biology.
El Papamoscas, un ave de costumbres
La hipótesis del investigador del CSIC es que el papamoscas, al contrario que otras aves migratorias como las golondrinas, no ha adaptado la fecha de sus migraciones al adelanto de la primavera, por lo que acaban criando en épocas que no son las óptimas.
“Los pájaros parecen estar criando en épocas subóptimas, tanto para el crecimiento de los pollos, como para la formación de los huevos que realizan las hembras, que probablemente no encuentran alimento de la calidad y/o cantidad necesarias para formar huevos de mayor tamaño, incluso en las épocas más cálidas, cuando más alimento disponible hay”, narra Potti.
Este hecho provoca, según las conclusiones del estudio que se publica en el último número de la revista Acta Oecologica-International Journal of Ecology, que se generen huevos de menor volumen con una probabilidad menor de eclosionar, lo que ha contribuido al descenso del éxito reproductivo de la población en las dos últimas décadas.
El papamoscas cerrojillo fue elegido para el estudio porque es una especie que Potti ha estudiado de forma casi ininterrumpida desde hace 23 años en la sierra madrileña. Esta ave forestal migratoria prefiere nidales artificiales para la reproducción, lo que facilita su seguimiento.
La construcción del nido para cualquier ave supone un gasto energético muy elevado, pero para las AGUILAS perdiceras el esfuerzo es aún mayor porque sus nidos pueden medir casi dos metros de diámetro y a veces tienen que realizar cientos de viajes para reunir el material necesario para su edificación.
Averiguar la razón por la que esta ave, en peligro de extinción en España, construye tantos nidos es una información relevante para contribuir a su conservación. La investigación de la UGR, realizada entre los años 1994 y 2004, pone en tela de juicio cuatro hipótesis, dos de las cuales -la lucha contra los parásitos y la competitividad con otras aves-, parecen tener más peso para explicar este fenómeno.
«El uso alternativo de distintos nidos y de plantas con repelentes naturales para su construcción ayuda a evitar los parásitos, cuyas larvas permanecen en los nidos esperando la llegada de las aves en una nueva temporada de cría. Bajo esta perspectiva, aquellas parejas que más cambian de nido y usan más plantas con efecto insecticida, tienen menos parásitos en los mismos y son capaces de criar más pollos», explica Diego Ontiveros, autor principal del estudio.
Repelente de pino
Los investigadores centraron su estudio en 20 parejas de águila perdicera que habitan la zona este de Andalucía. El entorno de las aves ha sido determinante para entender la interacción entre el cambio frecuente de nido, el éxito en la reproducción y el material utilizado para la construcción del mismo, en este caso el follaje de los pinos. Según los científicos granadinos, las AGUILAS perdiceras son capaces de seleccionar determinadas especies de pino para la construcción de sus nidos y «cuanto más alto es el porcentaje de follaje de pino utilizado, menor es el porcentaje de insectos y mayor es el éxito reproductor».
El estudio revela cómo la presencia de las larvas en los nidos ha modificado evolutivamente las estrategias inmunológicas, de comportamiento y fisiológicas de las aves para reducir el efecto de los parásitos. Los insectos han predispuesto a las AGUILAS perdiceras incluso a evitar reutilizar los nidos donde las larvas se han desarrollado. Al cambio de nido entre años, se añade el hecho de que las AGUILAS perdiceras estudiadas «seleccionan un determinado tipo de plantas, el pino resinero, que contiene un repelente natural contra los insectos, el B-pineno», revela Ontiveros.
La segunda hipótesis desarrollada por los investigadores es que las AGUILAS perdiceras cambian de sitio de nidificación cuando sus nidos han sido ocupados por otra especie, son molestadas o atacadas. Durante el periodo de observación, el 30% de las parejas estudiadas se benefició de la existencia de nidos alternativos ante circunstancias de este tipo.
Por otra parte, los datos recopilados contradicen el uso de nidos como «señales de territorialidad», para evitar la entrada de competidores en el territorio, y como «nidos de frustración», que se construirían tras fracasar las parejas en la cría de los pollos. Los investigadores descartan estas hipótesis planteadas hace años por observaciones aisladas.
En primer lugar, porque «los nidos alternativos están casi todos concentrados en menos del 1% del territorio de las parejas», y, segundo, porque las que fracasan en la cría construyen nidos nuevos «en la misma proporción» que las que sacan pollos, apunta Ontiveros.
Fuente: consumer (30 de abril de 2008) Autor: Por MERCÈ FERNÁNDEZ
Conocer la evolución de las aves comunes
Entre mediados de abril y de junio, varios centenares de voluntarios de SEO/Birdlife llevan a cabo una nueva campaña de SACRE (Seguimiento de Aves Comunes Reproductoras), que forma parte del programa europeo de Monitorización de Aves Comunes (PECBM en sus siglas en inglés) y en el que participan hasta 36 países. Desde 1998, esta iniciativa trata de obtener información sobre la evolución de las aves comunes vinculadas a diferentes medios (forestal, agrícola y urbano) como una forma de evaluar la biodiversidad y el estado de conservación de esos ecosistemas.
Para ello, los voluntarios realizan, desde el amanecer y hasta poco antes de mediodía, un recorrido por la zona que tienen asignada (de unos 10 kilómetros de ancho por 10 de largo), deteniéndose cinco minutos en cada uno de los veinte puntos seleccionados para realizar el censo. En cada parada se toma nota de las aves detectadas, tanto de la especie como del número de individuos. Esta operación se realiza dos días cada año y actualmente cubre unas 700 áreas de cien kilómetros cuadrados cada una.
La ambición de SEO/Birdlife es llegar a censar aves de más zonas. Pero faltan voluntarios. Los internautas, explican desde esta organización, han pedido que se censen las aves de hasta casi unas 5.600 zonas – para ello, la organización tiene en su web un mapa de España con una cuadrícula, donde cada cuadro corresponde a una zona de censo.
Las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998
Este censo ha permitido descubrir que se está dando un descenso general de las aves vinculadas a medios agrícolas, como la golondrina, la codorniz o la alondra, «debido los cambios que se han producido en la agricultura en los últimos años en toda Europa», explica Virginia Escandell, de SEO/Birdlife. Entre las especies más amenazadas en España están la alondra (con casi un 40% menos de población respecto a 1998), el gorrión molinero (un 33,5 % menos), el jilguero (un 18% menos) o la calandria (un 15% menos), según los datos más recientes.
Tomadas en conjunto, las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998. Todo lo contrario de lo que sucede con las aves de medios urbanos, que se mantienen estables, y las aves de medios forestales, que están en aumento debido a «un aumento de la masa forestal en nuestro país», según detallan desde SEO/Birdlife. Esto, que resulta chocante cuando una constante anual son los incendios, se explica en parte por el número creciente de áreas de pastoreo que están siendo abandonadas.
Conservar la biodiversidad
Hay un doble interés en el programa SACRE. Por un lado, el censo de las propias aves. Por otro, como un indicador del estado del ecosistema y la biodiversidad: las aves son sensibles a los cambios en el medio y se conoce más de ellas que de otras especies; la alteración del número de individuos en sus poblaciones es una señal inequívoca de que se están dando cambios en el ecosistema. La Unión Europea tiene el compromiso de detener la pérdida de biodiversidad antes del año 2010, y programas como éste son una herramienta indispensable para detectar esos cambios y sus causas.
En este sentido, una de las tendencias futuras que se ven con precaución a nivel europeo es el aumento de los cultivos destinados a biodiesel. Se sabe que las aves se adaptan a los cultivos de la zona en la que viven y que, además, las lindes entre los diferentes campos agrícolas son un buen refugio para ellas, ya que cuentan con una vegetación silvestre diversa. Las grandes extensiones destinadas a cultivos energéticos no sólo implican un monocultivo intensivo sino la posible pérdida de esas lindes.
La urbanización creciente es otra amenaza para las aves de medios agrícolas, apuntan desde GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat). Hay dos tendencias, detalla Jimena López, de GREFA, las aves más cosmopolitas, a las que la presencia del hombre les puede incluso beneficiar, como el estornino o la urraca, y las aves insectívoras, como las golondrinas o los vencejos, más sensibles a la presencia del hombre y cada vez más amenazadas.
Unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos
«Hay gente que acude a nosotros diciendo que quiere quitar de su casa los nidos de golondrina del chalet», relata Jimena López. Las golondrinas son aves protegidas, lo que no evita sin embargo los casos de destrucción ilegal de nidos. Al centro de recuperación de GREFA, explica Jiménez, han llegado nidadas enteras de golondrina, mientras que la pareja de progenitores, una vez destruido el nido, «se queda perdida, no sabe qué hacer». Si el nido realmente molesta, añade, hay que saber en qué momento del ciclo hay que actuar, no cuando están instalados los polluelos. «También hay que pensar un poco a la inversa y en las molestias que nosotros les provocamos a las aves», afirma tajante. No hay que olvidar que también reportan beneficios. Aves insectívoras como las golondrinas son vitales para el control de plagas de insectos: se ha calculado que unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos. Apreciar el valor de las aves y del ecosistema, explica López, pasa por la educación y es algo que debe enseñarse desde la infancia.
Adaptarse al hombre
Otra ave «urbana» amenazada es el cernícalo primilla, habitual en poblaciones pequeñas, que suele anidar en ruinas, y a la que la presión urbanística esta perjudicando. En cambio, los estorninos se adaptan con una gran facilidad a la convivencia con el hombre. La mayor extensión y densidad de zonas urbanas también tiene efectos sobre estas aves. Los estorninos se agrupan buscando el calor para pernoctar y las ciudades grandes son una gran fuente de calor, por lo que se dirigen a ellas al atardecer. Y cuando las poblaciones son muy densas y con pocos espacios abiertos, es fácil que estas bandadas, que reúnen a varios centenares o más de individuos, acaben siendo una molestia para los ciudadanos.
Otro ejemplo de adaptación se puede ver en poblaciones de aves marinas que, ante la falta de pesca en ciudades portuarias, están alimentándose de basura, mucho más fácil de obtener, o de otras aves. En ciudades como Barcelona no es difícil ver a gaviotas cada vez más acostumbradas a alimentarse de restos de paloma, lo que da alas a muchos ciudadanos para justificar cualquier acción no respetuosa con estas aves.
En esa línea apuntaba hace unos años un trabajo publicado por la Universidad de Glasgow (Reino Unido) en la revista Nature. Los investigadores mostraban cómo a lo largo de 30 años el págalo grande, una ave marina, se estaba alimentando cada vez más de otras aves, que a su vez estaban en declive. La causa estaba en las restricciones que se habían impuesto a la pesca, tras años de gran presión pesquera que había beneficiado a la especie (acostumbrada a alimentarse de la pesca descartada que arrojaban los barcos y que había multiplicado su población). Ante la falta repentina de esos restos y con un mar sobreexplotado, las aves hambrientas se convirtieron en predadoras de otras. El problema no era sólo que ponían en peligro a las otras especies sino que, temían los investigadores, también podía poner a la gente en contra del págalo grande y hacer que pidiera su eliminación parcial.
La mejor forma de proteger las aves marinas, explicaban expertos de la Royal Society para la Protección de las Aves (Reino Unido), pasa por dejar que se recuperen los recursos pesqueros y por tener en cuenta todo el ecosistema a la hora de establecer políticas como las relacionadas con la pesca, porque también eso, como cualquier acción humana, tiene efectos sobre el ecosistema. Si el ser humano cuida el entorno, explicaban, entonces las aves podrán cuidarse solas.
Voluntarios para salvar polluelos
Este año también se pone en marcha la campaña «Salva un pollo» de GREFA, Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat. Este centro de Madrid puede recoger hasta 700 polluelos caídos del nido y aves heridas en sólo dos meses, durante el período comprendido entre mayo y julio. Cada año cientos de aves salvan la vida gracias a voluntarios que recogen las aves y las llevan a los centros de recuperación, desde cigüeñas o lechuzas, hasta mirlos, tórtolas o vencejos. No hay ninguna discriminación en cuanto a los animales que recogen; la única prioridad que establecen es la urgencia: recoger un buitre con un ala rota, que es difícil de manejar por una persona sola, es más urgente que si se trata de un gorrión, por ejemplo.
Desde esta organización indican que, ante el hallazgo de un polluelo herido, lo primero que debe hacerse es esperar y observar, desde una cierta distancia, a fin de confirmar que efectivamente está perdido (es posible que los padres estén cerca). Si es así y el pollito está abandonado, hay que depositarlo en una caja de cartón con agujeros y llevarlo al centro de recuperación o veterinario más cercano. Si no es posible, se puede llamar a GREFA o a cualquier otro centro de recuperación cercano para recibir información sobre cómo actuar. «Lo que no hay que hacer es darles de comer porque la sangre se concentra hacia el estomago y si el ave está deshidratada es mucho peor».
La gran mayoría de los animales que recogen están malheridos por causas relacionadas con la actividad humana (atropellos, disparos, colisiones con cables o con vallas…). Un 35% del total de animales recogidos (1.956 animales en el año 2006) son polluelos, debido a la gran cantidad de ellos que caen de los nidos o quedan huérfanos en época de cría.
De hecho, añadió Zamora, seis de los 68 ejemplares incluidos en proyectos internacionales de recuperación, cinco de ellos nacidos en cautividad, conforman el programa de cría en cautividad que realizan de forma conjunta la Fundación Loro Parque y el Gobierno brasileño.
La destrucción del entorno en el que habitaban estas especies y la captura de individuos silvestres para la venta en el comercio exterior han sido las consecuencias principales por la que esta especie se extinguió en la naturaleza en 2000, cuando se dio por desaparecido al último macho salvaje.
El proyecto de cría en cautividad que se lleva a cabo en el zoológico, apuntó Zamora, no sólo se centra en la reproducción del Guacamayo de Spix, sino que también se realizan actividades que promueven la investigación, educación, reintroducción y programas de restauración de hábitat en el área de distribución natural del guacamayo.
Además, indicó el biólogo, durante los últimos años se han realizado numerosos hallazgos sobre la ecología y biología reproductiva de la especie, gracias al estudio del último ara de Spix, que fue apareado con una hembra guacamayo Illigers Propyrrhura maracana para conseguir la reproducción y garantizar la recuperación de la especie.
Zamora explicó que un programa de recuperación no sólo se debe centrar en la reproducción de las especies, sino que es importante llevar a cabo otras actividades no sólo en la isla, sino en el lugar de origen del guacamayo.
«La educación es la base de la conservación», señaló el biólogo, por lo que el programa de recuperación de la fundación no sólo se centra en atender a los ejemplares que hay en Tenerife, sino también en rehabilitar lugares públicos como teatros para dar conferencias o en preparar a especialistas que acerquen la necesidad de proteger al guacamayo.
Entre las actividades llevadas a cabo, añadió, está la formación de profesionales en Brasil para acercar a los escolares y al resto de la población la problemática de esta especie y las medidas que hay que tomar para garantizar su supervivencia en caso de que sea reintroducida en la Catinga Brasileña, al nordeste del país, que es su hábitat natural.
El futuro de esta especie, señaló el biólogo, está en manos de un comité científico coordinado por el Gobierno de Brasil, y el objetivo es que aumenten su número lo más posible para reintroducir en el futuro al Guacamayo de Spix en la Caatinga brasileña.
Utilizar la educación ambiental es esencial para que la sociedad prospere y conozca a estos animales que son «emblemáticos de su zona», explicó el biólogo.
Lo fundamental es que la población comprenda el ciclo natural y lo respete, dijo Zamora, ya que aunque no se atente de forma directa contra el guacamayo, sí que por ejemplo se han talado los árboles de cuyas semillas endémicas se alimentaban.
Es por ello que la educación tiene una función importante, pues permite a los escolares dar a conocer a sus progenitores que los árboles que talan para comercializar la madera afecta a su medio natural, y les permite además obtener un mayor conocimiento sobre qué actividades pueden llevar a cabo para mantener la biodiversidad de la Catinga brasileña.
Estas mismas medidas de educación en el lugar de origen de la especie son empleadas por la Fundación Loro Parque para concienciar sobre los problemas que afectan a otras especies en peligro de extinción que están en los programas de conservación de otras especies en peligro de extinción cómo el del guacamayo Barbazúl de Bolivia, la cacatúa filipina o el loro orejiamarillo originario de Ecuador y Colombia.
Asimismo, se ha puesto en marcha una iniciativa por el cuál por medio de un programa de videoconferencia los centros escolares no sólo de las islas, sino de toda España, se podían conectar para conocer cómo se realizaba un reconocimiento médico a los delfines, su morfología, y otros aspectos que caracterizan a estos animales.
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