Para llegar a esta conclusión, un total de 3.660 personas de 65 años o más pasaron por escáneres cerebrales con el fin de detectar infartos cerebrales silenciosos o pequeñas lesiones en el cerebro que pueden causar pérdida de capacidades cognitivas, ictus o demencia. Los escáneres se realizaron de nuevo pasados cinco años en 2.312 de los participantes. A quienes participaron en el estudio también se les proporcionó un cuestionario sobre el consumo de pescado en su dieta.
Asimismo, el consumo de una única ración de este tipo de pescado a la semana conducía a un 13% menos de riesgo. El estudio también descubrió que las personas que tomaban de forma regular pescado rico en Omega 3 tenían menos cambios en la materia blanca de su cerebro.
Papel de los Omega 3
«Aunque comer atún y otros tipos de pescado parece ayudar a proteger contra la pérdida de memoria y el ictus, estos resultados no se descubrieron en personas que comían de forma habitual pescado frito», explicó Jyrki Virtanen, director del estudio. Por eso, se hace necesario realizar más investigaciones sobre por qué ese pescado podría tener efectos protectores, aunque los ácidos grasos Omega 3 parecen tener un importante papel en ello, dijo Virtanen.
«Descubrimientos previos han mostrado que el pescado y el aceite de pescado pueden ayudar a evitar el ictus, pero este trabajo es el único que examina el efecto del pescado sobre los infartos cerebrales silenciosos en las personas mayores sanas», apuntó el investigador. Los infartos cerebrales silenciosos, que se detectan sólo mediante escáneres cerebrales, se producen en alrededor del 20% de los ancianos sanos.
Estas ruidosas criaturas y sus parientes cercanos, los peces del género ‘porychthis’, comparten la habilidad de vocalizar con muchos otros animales, desde las aves y las ranas hasta los humanos, y podrían dar pistas del origen y desarrollo de esta capacidad.
Un nuevo estudio estos peces, realizado por científicos estadounidenses y publicado en la revista ‘Science’, sugiere que la maquinaria cerebral que hace funcionar la vocalización es extremadamente primitiva, habiendo evolucionado desde hace más de 400 millones de años con los cambios del pez óseo (‘osteíctios’).
El pez sapo (‘Halobatracius didactilus’) utilizan su vejiga natatoria, una bolsa de paredes flexibles que funciona como órgano de flotación, y los músculos conectados a ella, los cuales se encuentran entre los más rápidos conocidos entre los vertebrados, para producir una variedad de sonidos con el fin de atraer a sus parejas y defender sus territorios.
Estos animales poseen un circuito cerebral de neuronas que trabajan rítmicamente, las cuales determinan la tasa de contracción de los músculos vocales, y, al mismo tiempo, el tono y la duración de sus llamados.
Los investigadores analizaron la red neuronal en las larvas de los peces y descubrieron que ésta se desarrolla a lo largo de una región específica que incluye la base de la parte posterior del cerebro y la columna vertebral superior.
Este patrón de desarrollo neuronal es similar al de otros vertebrados capaces de vocalizar, lo que sugiere que el sistema de circuitos del cerebro que hace funcionar la vocalización puede tener sus orígenes en la temprana evolución de los vertebrados.
Otros aspectos de los sistemas vocales, concretamente sus músculos y los órganos vocales, como la vejiga natatoria de los peces, la siringe de las aves o la laringe de los mamíferos, parecen haber evolucionado independientemente en diferentes linajes.
La vejiga natatoria es un saco membranoso que poseen la mayoría de los peces al lado del tubo digestivo, y que les permite nadar, flotar y mantener la estabilidad en el agua por medio de su hinchamiento con gas. Está situada dorsalmente por debajo de su columna vertebral y por encima de su tubo digestivo y también puede tener otras funciones, como la audición, en ciertas especies de agua dulce.
En el estudio participaron investigadores de la Universidad de Cornell en Nueva York, la Universidad de Chicago, el Centro de Estudios Médicos de la Universidad de Nueva York, el Colegio de Medicina de la Universidad de Howard en Washington y el Laboratorio de Biología Marina de Woods.
Bajo el nombre de krill se conoce a los bancos de un pequeño crustáceo como una gamba muy abundante en las aguas del continente austral.
Se trata de una palabra noruega utilizada para designar la comida de las ballenas, al ser su alimento básico, aunque también es de las focas, pingüinos o aves marinas
Fuente: consumer.es (20 mayo 2008) Autor: Por ELENA PIÑEIRO
Es una fuente alimentaria muy alta en proteínas y baja en grasas, de las cuales destacan los ácidos grasos omega 3. Además, tiene una potente combinación de antioxidantes, por lo que podría ser importante para los humanos en un futuro no muy lejano.
Un pequeño gigante
Los usos más comunes de este ser vivo incluyen la acuicultura, como cebo en la pesca deportiva, comida para peces en los acuarios y la elaboración de productos farmacéuticos. En Japón se utiliza como alimento y se le llama «okiami», un preciado ingrediente utilizado en sopas, ensaladas y entrantes. Se caracteriza por su sabor salado, más fuerte que el de las gambas.
Derivados del krill como el aceite o el extracto seco en polvo se usan como suplemento nutricional por sus propiedades nutritivas y medicinales
En el resto del mundo el uso del krill se limita al de sus derivados, como el aceite o el extracto seco en polvo, que se utilizan como suplemento nutricional por sus propiedades tanto nutritivas como medicinales. De hecho, la comercialización de estos productos se ha descrito como un mercado en expansión en los lucrativos sectores dietéticos, cosméticos y farmacéuticos.
En las aguas antárticas la captura anual de este crustáceo es de unas 100.000 toneladas y en Japón de alrededor de 70.000. El exceso de pesca está regulado desde 1993 por la «Commission for the Conservation of Antarctic Marine Living Resources» con el objetivo de asegurar su sostenibilidad en el futuro.
Este diminuto animal, del orden de las «Euphausiaceas», forma uno de los grupos más numerosos de los océanos. Sus bancos llegan a tener una densidad de unos 20 kilos por metro cúbico de agua. Se estima que hay unas 90 especies en todo el mundo, y sólo en la Antártida habría una biomasa de krill de entre 50 y 150 millones de toneladas. Dentro de las especies más abundantes se encuentra el krill antártico («Euphasia superba») y el krill del Pacífico Norte («Euphasia pacifica»).
El peso específico del krill ¿Por qué el krill?
Por las mismas razones que utilizamos los aceites de pescado, lino u otras fuentes de ácidos grasos omega 3 y de antioxidantes. Parece que su valor añadido reside en la sinergia entre sus componentes químicos, que lo convierte en un complemento dietético beneficioso para problemas de salud tan dispares como el síndrome premenstrual, la hipercolesterolemia o el dolor de articulaciones artríticas.
Su alto contenido proteico, un 63,7% de peso seco, con un 45% de aminoácidos esenciales, lo convierten en la reserva potencial proteica más importante del mundo. Además, puede considerarse uno de los productos marinos con mayores efectos antiaterogénicos dado su bajo contenido en colesterol (30 mg/l00 gramos), su alto porcentaje de ácidos grasos omega 3 (l,47 mg/100 g) y la presencia de vitaminas A, B y D, así como de oligoelementos, especialmente de selenio. El contenido total lipídico del krill es de 4,73 g/l00 g de peso húmedo, de los cuales 4,42 g corresponden a los ácidos grasos totales, donde predominan los ácidos grasos poliinsaturados. De este modo el krill constituye también una reserva natural de ácidos grasos de la serie omega 3.
En el año 1985, un grupo de investigadores uruguayos liderados por Bartolomé Ángel Grillo descubrió que el krill de la Antártida contenía estas valiosas grasas. Sus investigaciones con los pingüinos, animales con un sistema circulatorio libre de capas de ateroma, les llevaron a comprobar cómo el pequeño crustáceo que les sirve de alimento es en sí mismo un gran factor protector del corazón y del sistema vascular.
Concentrado de omega 3
Los ácidosa grasos omega 3 cumplen una importante función en varios procesos orgánicos, entre ellos la regulación de la fluidez de la sangre, del nivel de los triglicéridos y del colesterol, las respuestas inflamatorias e inmunitarias y otras funciones metabólicas.
Las investigaciones y publicaciones científicas más recientes demuestran que los omega 3 podrían incidir no sólo en el desarrollo de ciertos tipos de cáncer (inhibiéndolos), sino también en el tratamiento de tumores y hasta en la atenuación de los efectos de los tratamientos que combaten esta enfermedad.
Hasta el momento hay consolidadas evidencias científicas que permiten afirmar que el consumo de omega 3 reduce la hipertensión arterial, los niveles de triglicéridos en sangre y previenen de enfermedades tan peligrosas como el infarto de miocardio. Sin embargo, se necesita más investigación para ratificar indicios que numerosos estudios preliminares apuntan, como la mejora en el desarrollo cerebral del feto, su acción antiinflamatoria, sus beneficios en la enfermedad de Crohn, la artritis reumatoide o la degeneración macular relacionada con la edad.
De momento se está utilizando para tratar el síndrome premenstrual, como protector cardiovascular y para mitigar el dolor y la rigidez en las dolencias articulares. Parece que la razón de su efectividad en el tratamiento de trastornos tan dispares está en su capacidad antiinflamatoria evaluada en estudios preliminares, que han abierto la puerta a nuevas investigaciones para aclarar los mecanismos de la acción terapéutica de los compuestos derivados de este alimento.
El rojo antioxidante
Las vitaminas A y E, un flavonoide (al que aún no se le ha dado nombre) y sobre todo la astaxantina, el pigmento responsable del color rojo-anaranjado del krill (también de las langostas y el salmón), constituyen una de las combinaciones de antioxidantes más potentes que coexisten dentro de la misma fuente alimentaria.
La astaxantina es un carotenoide producido por el plancton y por diversos tipos de algas, que son ingeridos por diversas especies acuáticas entre las que se incluyen estos pequeños crustáceos que almacenan el pigmento en su cubierta, dando lugar a su color rojizo externo.
Adicionalmente, la astaxantina no sufre decoloramiento, por lo que la coloración rojiza de los peces y crustáceos que la ingieren se conserva. La función que cumple la astaxantina no está clara ni en los animales acuáticos ni en los humanos. Sin embargo, se ha establecido que es un potente antioxidante, diez veces más que otros carotenos como la vitamina A.
Según Tina Sampalis, profesora asociada del Departamento de Cirugía Experimental de la Universidad de Montreal y miembro del cuerpo técnico asesor de la empresa Neptune Technologies & Bioresources, la astaxantina contenida en el aceite de krill está totalmente esterificada, es decir, químicamente ligada a las moléculas de ácidos grasos. Ello significa que el cuerpo humano puede metabolizarla por completo beneficiándose de sus propiedades antioxidantes.
Además, cruza fácilmente la barrera hematoencefálica, lo que podría ayudar a proteger y estimular las células cerebrales.
No obstante, los suplementos hechos a base de este crustáceo no están exentos de efectos secundarios; entre los más comunes están la diarrea y los problemas digestivos. Las personas con alergia al pescado no deben utilizar estos productos, y tampoco deben hacerlo las personas que sufran hemorragias, ya que se ha constatado que este tipo de grasas aumenta los tiempos de sangrado. También pueden interferir con la acción de algunos medicamentos como los anticoagulantes o los antiinflamatorios no esteroideos, por lo que su consumo debería estar prescrito por un facultativo.
¿ESPECIE EN EXTINCIÓN?
Se considera que el krill constituye la mayor biomasa del mundo actual pues podría alcanzar entre los 220 y 440 millones de toneladas. La renovación natural de esta biomasa se realiza en el término de dos años. Los trece países miembros del Tratado del Antártico han creado una oficina con base en Australia que dispone de poderes para limitar las capturas.
La abundancia de krill y su posible explotación como fuente alimenticia para la humanidad ha sido un tema de frecuente controversia en la comunidad científica. Ciertos resultados indicarían que la abundancia de este crustáceo es tal que podría explotarse sin poner en peligro la fauna antártica, pero otros especialistas opinan lo contrario.
Las fotografías tomadas por el barco del departamento de Aduanas, «Oceanic Viking», muestran a una ballena minke y a su cría muertas, y cuando son arrastradas por la rampa de un ballenero japonés.
«Es muy decepcionante. Es angustiante pensar que puede tomar unos 15 minutos, desde que el arpón alcanza una ballena hasta que muere, y es aún mucho más triste pensar que hay una cría implicada», dijo el ministro.
«Defender que esto es de forma alguna científico es continuar la charada que envuelve este asunto desde el primer día», agregó.
El Gobierno australiano ha condenado en reiteradas ocasiones el programa ballenero nipón desde que empezó la nueva estación de caza ballenera con la llegada del verano austral.
Japón puso en marcha el pasado noviembre su programa anual de captura de cetáceos «con fines científicos», pese a que la Comisión Ballenera Internacional solicitó en junio pasado a Tokio que lo parase, tras una resolución no vinculante auspiciada por Australia.
Desde entonces, el Ejecutivo australiano vigila a los pesqueros nipones con el «Oceanic Viking», que filma sus operaciones para que éstas puedan ser juzgadas algún día por un tribunal internacional.
El mes pasado un juez australiano declaró ilegal la caza de ballenas en la reserva marítima de Australia en la Antártida, algo que Japón no reconoce al considerar que Camberra no tiene jurisdicción sobre ese territorio.
Ecologistas en Acción ha alertado sobre el fuerte incremento, durante el primer semestre del año, de las notificaciones por contenido de mercurio en pescado. Para la organización ecologista la situación es más grave ya que los límites permitidos por la UE de mercurio en pescado no protegen suficientemente la salud, al no tener en cuenta el consumo medio, ni las características corporales de los consumidores.
Según Ecologistas en Acción durante el primer semestre del año se han incrementado de forma muy importante las notificaciones por contenido en mercurio en pescado. Estas notificaciones son publicadas por el sistema de alerta rápida para piensos y alimentos (RASFF en sus siglas inglesas). La situación actual, con 59 notificaciones en el primer semestre del año, concuerda con la tendencia presentada recientemente en el informe anual del 2006, año en el que aumentaron las notificaciones sobre superaciones del nivel legal de contenido en mercurio en productos pesqueros con respecto a años anteriores. Las superaciones en el año 2006 fueron 71, 46 superaciones en 2005 y 45 en 2004.
Como en el caso las actuales superaciones en productos españoles, el pez espada fue la especie con un mayor número de la notificaciones en 2006 (36) seguido por el tiburón (17 notificaciones) y el atún (7 notificaciones).
Según la normativa comunitaria, el nivel máximo permitido de mercurio en los productos pesqueros es de 0.5 miligramos (mg) por kg. En ciertas especies (como el pez espada, el tiburón, o el atún) se permite un nivel máximo más alto, de un miligramo por kg.
Para Ecologistas en Acción la situación es mucho más grave, ya que si en lugar de los límites establecidos por la UE, utilizásemos los criterios establecidos por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), referidos a la ingesta máxima semanal de metilmercurio, 1,6 microgramos (µg) por kg de peso corporal por semana para proteger suficientemente al feto en desarrollo expuesto al metilmercurio a través de alimentos contaminados ingeridos por la madre embarazada.
Este nuevo límite recomendado sustituye a la recomendación precedente de 3,3 µg de metilmercurio en los alimentos por kg de peso corporal por semana, el cual se mantiene para el resto de personas adultas. Con esta propuesta, una mujer, en edad fértil, con un peso de 60 kg y que consuma unos 400 gramos de atún a la semana (media de consumo de pescado en Asturias*), no debería ingerir pescado con contenidos superiores a las 0,25 mg por kg para no superar los límites aconsejados por el comité de expertos.
El mercurio es un metal extremadamente volátil que puede ser transportado a grandes distancias una vez se ha emitido a la atmósfera. Una vez se ha depositado en un ambiente acuático, el mercurio se transforma en metilmercurio, una potente neurotoxina, que se acumula en los peces y en los animales y los humanos que los consumen.
Cuando es ingerido por mujeres embarazadas, el metilmercurio atraviesa la placenta y se acumula en el cerebro y el sistema nervioso central del feto en desarrollo. Incluso cantidades relativamente despreciables pueden producir serios retrasos motores o de comunicación. El mercurio nunca desaparece del medio ambiente, asegurando que la contaminación de hoy seguirá siendo un problema en el futuro.
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