Por el acuerdo, alcanzado a última hora del viernes, los países desarrollados reducirán la producción y consumo de los gases hidroclorofluorocarbonados (HCFC) por etapas hasta dejar de producirlos en 2020, en vez de 2030, como estaba previsto. Los países en desarrollo harán lo mismo en 2030 en vez de en 2040. Se ha demostrado que estos gases no sólo dañan la capa de ozono estratosférico, sino que también son de efecto invernadero y aceleran el calentamiento global.
Según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), organizador de la reunión de Montreal, los delegados acordaron encontrar los fondos suficientes para ayudar a los países desarrollados a cumplir el acuerdo. A principios del año que viene se concretará la cantidad necesaria, que un especialista ha cifrado en 150 millones de dólares anuales. Baird declaró que China ha tenido una postura excepcionalmente positiva durante las negociaciones, informa Reuters.
«Los Gobiernos tenían una oportunidad de oro para encarar el doble desafío del cambio climático y de la protección de la capa de ozono, y la aprovecharon», declaró tras el acuerdo Achim Steiner, director de PNUMA. «La reducción total en gases de efecto invernadero puede alcanzar varios miles de millones de toneladas». Los cálculos indican que se reducirán las emisiones en un 3,5 por ciento.
El Gobierno de Estados Unidos alabó también el acuerdo, que representa «una de las nuevas acciones globales para enfrentar el cambio climático más significativas» y mejor que el Protocolo de Kioto, que EE UU se ha negado a ratificar. «Los beneficios potenciales de este acuerdo histórico serán equivalentes e incluso superiores a los que pueden derivar del Protocolo de Kioto», señaló un portavoz.
Sin embargo, no todas las decisiones son positivas para el medio ambiente. El bromuro de metilo, un pesticida que iba a dejarse de utilizar en 2005 en los países desarrollados, se seguirá utilizando, aunque en menor cantidad. Los agricultores que lo aplican en el cultivo de hortalizas arguyen que no existe un producto adecuado para reemplazarlo totalmente.
El Protocolo de Montreal fue firmado en 1987 y se considera el acuerdo medioambiental más eficaz de la historia. Alertados por los científicos sobre la destrucción periódica de la capa protectora de ozono estratosférico, los Gobiernos acordaron limitar primero y eliminar después en un 95 por ciento el uso de gases clorofluorocarbonados (CFC), utilizados masivamente para refrigeración. Se sustituyeron temporalmente por los HCFC, aunque se sabía que son también perjudiciales para el ozono. Ahora se sabe que son asimismo potentes gases de efecto invernadero.
Investigadores y empresas están desarrollando productos alternativos, y esta semana se reunirán en Grecia con los científicos que observan la capa de ozono y los ecologistas que vigilan el cumplimiento de Protocolo de Montreal para una puesta al día del conocimiento acumulado.
A pesar de las medidas tomadas, el agujero de ozono persiste con prácticamente la misma intensidad y la recuperación definitiva no se producirá hasta mediados de siglo, informa el INTA español. Este organismo de investigación participa en dos campañas internacionales de sondeos de ozono a bordo de globos y en la instalación de un láser para observar las nubes polares antárticas, dentro del Año Polar Internacional.
Según las investigadoras Emily Arnold y Janet Larsen, del Earth Policy Institute, una organización estadounidense dedicada a la promoción del desarrollo sostenible, el consumo de agua embotellada ha crecido incluso en lugares donde el agua del grifo es de calidad, lo que está provocando de forma innecesaria el aumento de residuos y el gasto de grandes cantidades de recursos y energía.
La extracción industrial del agua de sus lugares de origen puede provocar graves desequilibrios medioambientales y económicos, especialmente en países en desarrollo con problemas de sequía.
Posteriormente, el agua embotellada se tiene que transportar a sus lugares de consumo, en ocasiones a miles de kilómetros. En este sentido, cada vez son más los consumidores que prefieren aguas envasadas procedentes de otros países, supuestamente más «puras» o cuando menos «exóticas». El aumento del tráfico de esta mercancía no hace sino incrementar la contaminación producida por el uso de combustibles fósiles.
Cada año se utilizan en todo el planeta unos 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua
Por su parte, el envasado del agua utiliza también combustibles no renovables. La mayoría de las botellas están hechas de polietilen tereftalato (PET), un plástico derivado del petróleo. Cada año se utilizan en todo el planeta unos 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua. Asimismo, este tipo de plásticos acaba con el paso del tiempo desprendiendo determinadas sustancias, como el antimonio o el bisfenol A, perjudiciales para la salud, de ahí que se recomienda evitar rellenarlas o guardarlas de manera prolongada.
El siguiente paso es desprenderse de la botella tras haber consumido el valioso líquido de su interior. Gran parte de estos envases acaba en la basura sin que llegue a reciclarse más de un 20%. Y éste es otro de sus grandes problemas: Una botella de este plástico abandonada en un entorno natural puede tardar hasta 1.000 años en biodegradarse.
Por su parte, los envases que llegan a las incineradoras aumentan los riesgos de emisiones tóxicas, ya que pueden generar subproductos nocivos como el gas clorado o ceniza similar a los metales pesados.
Por ello, la concienciación de los consumidores es fundamental, y en este caso, si se decide consumir agua embotellada, al igual que con el resto de envases, asumir la política de las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar), es una buena recomendación.
La reutilización es otra forma de alargar el ciclo útil de las botellas. Las políticas públicas de reciclaje llevan a países como Alemania o Austria a preferir el agua envasada en botellas de cristal retornable. En Barcelona, la Agencia de Residuos de Cataluña y Ecologistas en Acción están intentando llevar a cabo un programa de retorno de garrafas de plástico de entre cinco y ocho litros. Por su parte, algunos expertos hablan de las posibilidades de los plásticos biodegradables, o bioplásticos. Por ejemplo, la marca norteamericana Biota envasa su agua mineral en envases fabricados a partir de maíz, que se descomponen fácilmente en agua y material orgánico y pueden incluso compostarse.
¿POR QUÉ HA CRECIDO SU CONSUMO?
La demanda de agua embotellada ha crecido a un ritmo vertiginoso en todo el mundo. Según un estudio del Earth Policy Institute, se bebieron en 2004 en todo el mundo unos 154.000 millones de litros de agua envasada, un 57% más que hace sólo cinco años. Por países, los italianos son los que más agua embotellada bebieron, con 184 litros por persona en 2004, mientras que España es el sexto país del mundo que más agua de este tipo consume, con 137 litros al año.
Un metro cúbico de agua envasada costaba en España en 2003 unos 340 euros; idéntica cantidad de agua corriente costaba no más de un euro y medio
Los consumidores no escatiman a la hora de comprar agua envasada, a pesar de las enormes diferencias de precios frente al agua potable de suministro público. Según el informe «The World’s Water» impulsado por el Pacific Institute, una organización privada de investigación estadounidense sobre temas de desarrollo, medio ambiente y seguridad, un metro cúbico (mil litros) de agua envasada costaba en España en 2003 unos 340 euros; idéntica cantidad de agua corriente costaba no más de un euro y medio. En otros países las diferencias pueden ser aún mayores: Los californianos pagaban en el mismo año 900 euros por ese metro cúbico de agua embotellada frente a los 50 céntimos de euro que les suponía el agua del grifo.
En cualquier caso, lo que verdaderamente encarece el producto final no es el agua.
Un estudio elaborado por la investigadora de la Universidad de Ginebra Catherine Ferrier, por encargo del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF), afirmaba que el 90% como mínimo del coste real de una botella de agua se lo lleva el embotellado, el transporte, la distribución o las campañas de marketing.
En opinión de Miguel Jara, experto en temas de salud y ecología, las empresas envasadoras han sabido crear y explotar sus productos en plena era de la preocupación por una mejor calidad de vida. Sin embargo, el agua del grifo de los países desarrollados no tiene nada que envidiar a las aguas embotelladas.
Por una parte, la propia legislación española advierte de que las diversas clases de aguas envasadas no tienen ventajas específicas y demostradas para la salud.
PRODUCCIÓN Y CONSUMO DE AGUA EMBOTELLADA EN ESPAÑA
España es el cuarto productor y consumidor europeo de aguas minerales naturales tras Italia, Alemania y Francia, según la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (ANEABE). En cuanto a la calidad de las aguas envasadas, un estudio publicado en la revista CONSUMER EROSKI analizó ocho muestras de botellas de conocidas marcas de agua, y concluyó que todas cumplían la normativa.
Por su parte, los consumidores españoles prefieren el agua mineral natural sin gas, a diferencia por ejemplo de los estadounidenses, que se decantan por el agua de grifo purificada. En cuanto al tipo de botella, se utiliza el plástico principalmente, frente a otros países, como las citadas Alemania o Austria, más proclives al vidrio retornable.
En cuanto a las principales empresas del mercado español de aguas embotelladas, el Grupo Danone, con sus marcas Font Vella y Lanjarón, encabeza la lista, seguida del Grupo Nestlé, con sus marcas Aquarel, Perrier, Vitel y Viladrau; el Grupo Pascual (Bezoya); y el Grupo Vichy Catalán, con sus Vichy, Mondariz y Malavella.
Según Arnold y Larsen, del Earth Policy Institute, el agua envasada no contribuye a solucionar los problemas de agua mundiales. Para ello, sugieren la ampliación y mejora del tratamiento de aguas y el saneamiento de los sistemas ya creados.
Más de mil millones de personas carecen de agua potable segura, a pesar de ser un derecho reconocido por Naciones Unidas
En este sentido, los Objetivos del Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas para promover el desarrollo sostenible mundial apuntan como una de sus prioridades la reducción a la mitad del número de personas que carecen de acceso seguro y permanente al agua potable para 2015.
Para lograr este objetivo, sus responsables calculan que sería necesario duplicar los 11 mil millones de euros destinados cada año al abastecimiento y saneamiento del agua. Según Peter H. Gleick, responsable del informe The World’s Water, esta cifra podría de sobra asumirse con los 74 mil millones de euros que se estiman como gasto anual de agua embotellada.
Algunas iniciativas están intentando concienciar a los consumidores sobre las ventajas de evitar el consumo del agua envasada y decantarse por el agua de grifo.
Una ONG con sede en Ámsterdam vende una botella azul vacía con la marca «Neau» a un precio aproximado de un euro y medio. Sus responsables utilizan un juego de palabras con la palabra francesa eau (agua) y su pronunciación, que suena «no». Dentro de la botella se incluye un anuncio en el que explican que el dinero recaudado se invertirá en proyectos de suministro de agua en países en desarrollo.
Algunas empresas incluyen en su política de consumo responsable este tipo de proyectos. La multinacional de cafés y bebidas Starbucks compró en 2005 a Ethos Water, una empresa norteamericana que destina 5 céntimos de dólar por cada botella de agua vendida a proyectos de agua en el Tercer Mundo.
Por su parte, Anne Le Strat, presidenta de la Sociedad municipal de abastecimiento de agua de la capital francesa y miembro del Partido Verde, quiso recordar a esa mitad de sus conciudadanos que bebían de botella que las buenas condiciones del agua de grifo de París hacen innecesaria el consumo de agua envasada.
Para ello, puso en marcha en 2005 la campaña «Eau de Paris». En este caso, se trató de botellas de vidrio vacías en las que informaba de la calidad del agua de grifo parisina y su precio, mil veces más barata que la envasada.
El mayor mercado nacional es el estadounidense, aunque el crecimiento más acelerado se está dando en mercados emergentes como Sudamérica y Asia. Por su parte, los expertos indican que la tendencia en los países más desarrollados es la venta de agua cada vez más sofisticada.
El doctor Eric Wolff y sus colaboradores en el proyecto British Antartic Survey han examinado las burbujas de aire atrapadas en un fragmento de hielo de 3,2 kilómetros de profundidad. Este tipo de análisis ofrece a los investigadores la posibilidad de bucear en la historia de la Tierra, ya que la composición del aire atrapado en el hielo es como un espejo que refleja las condiciones ambientales de nuestro planeta a lo largo de milenios. De esta forma, los científicos han comprobado que los niveles actuales de CO2 no tienen precedentes.
«Nuestro análisis del hielo sugiere que el incremento del dióxido de carbono definitivamente provocará un cambio climático que será peligroso», aseguró el doctor Wolff, en declaraciones a la BBC.Los primeros resultados de este proyecto se publicaron en 2004 y 2005, cuando los investigadores habían analizado los fragmentos de hielo que mostraban la composición de la atmósfera hace 440.000 y 650.000 años, respectivamente. Ahora, el equipo de Wolff ha completado el análisis, llegando hasta los 800.000 años de antigüedad, y han comprobado que, a lo largo de los últimos dos siglos, se ha producido un incremento en los niveles de CO2 que no tiene parangón en la historia de nuestro planeta.
Para los científicos, esto demuestra que las emisiones contaminantes provocadas por la actividad industrial de la Humanidad han disparado los niveles de CO2 muy por encima de los «parámetros naturales» que se han observado en el análisis del hielo de la Antártida. «Estos resultados son muy inquietantes», advierte Wolff.
Solo nosotros, los dotados de capacidades matemáticas, nos empeñamos en leerlo casi todo al derecho, o al revés. Ser unidireccionales desata muchos de los atroces comportamientos que lo mismo nos destruyen como esquilman la riqueza natural.
Fuente: elmundo.es (12 de febrero de 2007) Autor: JOAQUÍN ARAÚJO
En los otros seres vivos, en sus ambientes, en los procesos y en los ciclos casi todo es recíproco.
Todo es pregunta y respuesta al mismo tiempo. De ahí que, de cara al denominado cambio climático, nos resulte tan necesario comprender algo tan crucial como el título de este texto.
Creo, sinceramente, que cuando se entiende que los elementos son partícipes directos, cuando no constructores, de lo que ellos mismos se proporcionan y nos proporcionan, las cosas comienzan a funcionar mejor. Quiero decir que el aire respira, el agua bebe, la luz ve y la tierra come, sino que por hacerlo es posible que nosotros inhalemos una parte de la atmósfera, bebamos la frescura líquida, podamos admirar el mundo y nutrirnos.
Dejar que el aire respire pasa por saber lo que le estamos haciendo respirar. Y no sólo se trata del ya más que famoso CO2. A la atmósfera van a parar decenas de otros gases bastante más peligrosos: humos de incendio, aerosoles, partículas de todo tipo y condición, radiactividad, tierra, polvo, todo ello entreverado de moléculas de todos los metales pesados, que es lo más peligroso que el ser humano pone en libertad no deseada. En suma, todo el repertorio imaginable de lo sucio, peligroso y hasta letal.
Con el agravante de que nuestro primer alimento es precisamente ese leve prodigio envolvente y amparador que llamamos aire. Materia, poética donde las haya, ya que lo es de los suspiros, de la palabra pronunciada, de la espuma y, por supuesto, de ese ingente azul llamado cielo que tenemos sobre nuestras cabezas. Pero no menos, insisto, esos 14 kilogramos diarios que cada persona inhala para que todos sus motores la muevan.
El estudio, coordinado por Pablo Cotarelo, y que recoge datos oficiales de trece comunidades autónomas durante 2006, abarca una población de treinta y cinco millones de personas, más del 80 por ciento de la población española, y casi todas las ciudades de mayor tamaño. La cifra de afectados por este problema ronda los dieciocho millones de personas, y podría ser mayor, ya que no se han medido datos de zonas tradicionalmente contaminadas como las centrales térmicas de Aragón, Galicia o León.
El informe indica que los niveles de límite exigidos por la legislación europea para los contaminantes atmosféricos medidos -las partículas en suspensión, dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre-, se superan en muchas ciudades españolas.
A este respecto, Francisco Segura, responsable de transporte de la organización ecologista, señaló que será difícil que España cumpla con los objetivos marcados para 2010 por la Unión Europea, mucho más restrictivos que los actuales .
Según el estudio, el principal responsable de la situación es el tráfico, por el aumento de los motores diesel que contaminan seis veces más que los de gasolina, unido a la concentración de la población en grandes núcleos urbanos y las desastrosas políticas en materia de transporte que fomentan el uso del vehículo privado.
A este respecto, Segura indicó que España es el cuarto país del mundo con mayor número de autovías y autopistas, un gasto público inútil porque ya hay suficientes carreteras para el número de vehículos actual .
MADRID, CÁDIZ, JEREZ DE LA FRONTERA Y ZARAGOZA, LAS CIUDADES MÁS CONTAMINADAS
Del informe se desprende que Madrid es una de las ciudades más contaminadas, ya que se registran niveles de dióxido de nitrógeno de más de 100 microgramos por metro cúbico frente a los 48 que exigía la UE en 2006.
Además, los ecologistas indicaron que los niveles de partículas en suspensión en el aire son muy alarmantes, ya que son las más perjudiciales, y superan la cota de 40 microgramos por metro cúbico anual en ciudades como Cádiz, Jerez de la Frontera, Huelva, Zaragoza o Valladolid, entre otras.
Para mejorar la calidad del aire, los ecologistas proponen reducir las industrias contaminantes y fomentar el uso de energías renovables, establecer planes de reducción de la contaminación, favorecer el transporte público y un uso responsable del vehículo privado.
Fuente: Nota de prensa (Comunidad de Madrid 24/07/2007)
Concretamente la fábrica que la compañía Panrico SA tiene en esta localidad vierte directamente al Jarama cientos de litros de residuos industriales sin depurar al río Jarama. Estos vertidos han formado una gran balsa perfectamente visible desde la orilla izquierda, de color negruzco y olor característico.
Estos vertidos vienen produciéndose al menos desde hace más de ocho años, con conocimiento y autorización de la Confederación Hidrográfica del Tajo (CHT), sin que se haya hecho lo más mínimo desde el organismo autónomo encargado de vigilar del buen estado de los ríos de la cuenca hidrográfica, por cambiar esta situación.
En 1999 Jarama Vivo, a través de un escrito de la asociación El Soto, pidió copia de la autorización de vertido sin recibir respuesta por parte de la CHT.
La fábrica de Panrico se haya en el Polígono Industrial que invade toda la vega izquierda del río Jarama. La construcción de este Polígono es un ejemplo del desorden y descontrol urbanístico realizado en el municipio de Paracuellos en las últimas tres décadas, donde se ha permitido todo tipo de emplazamientos al margen de una coherente planificación urbanística.
Según un estudio publicado por la Consejería de Obras Públicas de la Comunidad de Madrid en 1999, las instalaciones de este polígono o bien carecen de sistemas de depuración, o bien la realizan a través de fosa séptica, método totalmente inútil para residuos industriales.
Es perfectamente visible ver cómo las aguas del Jarama sufren una degradación más acusada al llegar sus aguas al Polígono de Paracuellos, siendo éste la antesala de los numerosos y cuantiosos que recibirá en su curso bajo, al toparse con las depuradoras del Canal de Isabel II.
Estos hechos han sido puestos en conocimiento de las distintas autoridades competentes en materia de aguas, así como a la Consejería de Urbanismo y Medio Ambiente, indicando a ésta que pese a que los vertidos proceden de una empresa privada puede enviar a sus Agentes Forestales sin autorización judicial previa, ya que el vertido está en el dominio público hidráulico.
Si el ruido también puede afectar a nuestro sistema nervioso y también a el auditivo de las personas, en el primer caso por su continuidad y en el segundo, por su intensidad.
Por su parte, la presidenta de la Sociedad Española de Sanidad Ambiental, Carmen Riolobos, presente también en la inauguración, recomendó contra estos males «ventilar las casas, como hacían las abuelas, mantener en buen estado las bajantes de los sanitarios, o renovar los filtros de agua en los grifos», según informa Efe.
Las jornadas se celebrarán también hoy en el mismo lugar, con la participación de expertos en urbanismo, construcción, medio ambiente y salud, que hablarán de materiales contaminantes, sistemas de climatización, depuración de aguas, tratamiento de residuos, aislamiento acústico y accesibilidad, y calidad del aire interior.
El principal inconveniente medioambiental de estos gases es que, al mezclarse con otros contaminantes atmosféricos, como los óxidos de nitrógeno (NOX) y reaccionar con la luz solar, pueden formar el problema del smog fotoquímico.
Este problema se agrava especialmente en verano, al incidir el sol y las altas temperaturas.
En cuanto a sus consecuencias sobre la salud, pueden tener desde un alto grado de toxicidad hasta ausencia de efectos conocidos, dependiendo del compuesto y el período de exposición al mismo. Por ejemplo, se sabe que el benceno es un carcinógeno humano y se tienen sospechas razonables sobre el formaldehído y el percloroetileno. Los trabajadores industriales, los fumadores y las personas expuestas a la circulación de vehículos están más en contacto con este tipo de sustancias.
Además de sus efectos cancerígenos, la exposición a largo plazo a estos COVs puede causar lesiones de hígado, riñones y sistema nervioso central, mientras que a corto plazo puede causar irritación de los ojos y vías respiratorias, dolor de cabeza, mareos, trastornos visuales, fatiga, pérdida de coordinación, reacciones alérgicas de la piel, náuseas y trastornos de memoria.
Según su peligrosidad, se clasifican en varios grupos:
Extremadamente peligrosos para la salud: Benceno, cloruro de vinilo y 1,2 dicloroetano.
compuestos ORGANICOS VOLATILES de clase A (pueden causar daños significativos al medio ambiente): Acetaldehido, anilina, bencilcloruro, carbonotetracloruro, CFC´s, acrilato de etilo, halones, anhídridomaleíco, 1,1,1-tricloroetano, tricloroetileno, triclorotolueno. Compuestos ORGANICOS VOLATILES de clase B (con menor impacto en el medio ambiente): Acetona, etanol.
La presencia de estos elementos es entre dos y cinco veces superior en el interior de los edificios que al aire libre. Según la Agencia norteamericana de Protección del Medio Ambiente (EPA), la presencia de estos elementos es entre dos y cinco veces superior en el interior de los edificios que al aire libre. Productos como disolventes, pinturas, limpiadores, líquidos para la industria de lavado en seco, insecticidas, ambientadores, pegamentos, barnices, soluciones fotográficas, tintas de fotocopiadoras o impresoras, y en general, cualquiera de origen petroquímico, pueden originar estos compuestos ORGANICOS VOLATILES en hogares y lugares de trabajo.
No obstante, el origen de estas sustancias proviene también de fuentes naturales. El metano, el más abundante de los hidrocarburos atmosféricos, se forma a consecuencia de las deposiciones del ganado, las reacciones de putrefacción o la digestión de las termitas, aunque también proviene en gran parte de los procesos de combustión industriales (gas natural). Se sabe asimismo que el metano influye en el efecto invernadero y en las reacciones estratosféricas.
Según diversas investigaciones, estas sustancias podrían servirles como protección frente a elevadas temperaturas, contra patógenos y herbívoros, o como ayuda en la cicatrización, aunque también podrían estar afectando negativamente al cambio climático.
En la actualidad, los controles de emisiones de COVs se realizan mediante diversas tecnologías, como quemadores y combustores térmicos y catalíticos, que reducen o destruyen estas sustancias; y condensadores y adsorbedores, que permiten su posterior reutilización. Asimismo, los investigadores trabajan en el desarrollo de nuevas tecnologías, como las de destrucción corona, de plasma, o de biofiltración.
Con el objetivo de prevenir y reducir la contaminación atmosférica causada por las emisiones de COVs, la Unión Europea ha desarrollado en los últimos años varias legislaciones de aplicación en todos los países miembros, como la Directiva 200/42/CE, de 21 de abril de 2004.
En España, hay en la actualidad dos Reales Decretos que controlan las emisiones de COVs. Por una parte, el Real Decreto 117/2003 se centra en la restricción de las emisiones de COVs debidas al uso de disolventes en determinadas actividades. Por otra parte, el Real Decreto 227/2006 limita el contenido de COVs en determinadas pinturas de decoración y productos para el repintado de vehículos. De esta manera, estas normativas prohíben superar ciertos límites de emisión en 20 actividades industriales concretas, que deberán colocar en sus productos un etiquetado indicando sus valores de emisión de COVs.
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