Cada vez más las compañías recurren en sus campañas de Publicidad ECOLOGICA a mensajes asociados a valores ecológicos y al cuidado del medio ambiente que, en muchas ocasiones, provocan confusión y contradicciones en el consumidor, según concluye un estudio de la Unión de Consumidores de España-UCE.
Este trabajo, que lleva por título «Publicidad y medio ambiente», analiza los anuncios de empresas del motor (Honda, Renault, Peugeot, Opel, SEAT, Toyota, BMW y Michelin), constructoras y promotoras de viviendas (Saint-Gobain y Grupo Lábaro), transporte (Renfe), empresas del sector energético (Cepsa y Endesa), del mundo financiero (DWS Investment) y fabricantes de zapatos (Pikolinos).
En sus campañas, estas empresas recurren a «fórmulas genéricas que, en algunos casos, pueden inducir a error por cuanto crean en el consumidor y usuario una expectativa de protección ambiental que no existe o no es exactamente la esperada», explica Manuel Castañón, abogado especializado en derecho ambiental y autor del informe.
Repercusiones contrarias
El sector automovilístico es uno de los que más está utilizando la ecología en sus últimas campañas de Publicidad ECOLOGICA, que hacen hincapié en los sistemas híbridos. Los vehículos híbridos, medioambientalmente hablando, pueden resultar más ventajosos que los convencionales, «pero siguen siendo contaminantes», indica el estudio. Según UCE, hacer creer al consumidor que estos vehículos no contaminan puede tener repercusiones contrarias a la protección del medio ambiente, por cuanto se puede abusar del uso del coche contrarrestando de forma negativa las mejoras incluidas en los elementos del vehículo.
El informe recuerda además que las refinerías de petróleo realizan una de las actividades que más contaminación ambiental producen, por lo que resulta «contradictorio» el empleo de mensajes ecológicos en sus campañas de Publicidad ECOLOGICA.
Todo ello puede acabar provocando en el usuario la sensación de que «la protección del medio ambiente no es más que una estrategia comercial y que realmente no se está haciendo nada por favorecer la mejora ambiental», concluye UCE.
En el estudio comparativo entre alimentos ECOLOGICOS y convencionales han sido evaluados 54 tests de alimentos llevados a cabo entre los años 2002 y 2007 y la «Stiftung Warentest» destaca que aunque el cuidado y la atención a lo largo de toda la cadena de producción son la base de la buena calidad; muchas explotaciones, incluidas las ecológicas, tienen problemas para cumplir estas condiciones.
También en los análisis microbiológicos realizados se obtuvieron resultados negativos en muchos productos ecológicos y muchos de ellos no consiguen convencer en lo que a las características organolépticas se refiere.
Tanto el Grupo parlamentario Alianza 90/Los Verdes como la Federación de alimentos ECOLOGICOS (BÖLW) han criticado el estudio, destacando que los criterios de evaluación utilizados por la Fundación, por sí solos, no son aptos para describir la calidad de un alimento ecológico.
Este estudio ha sido realizado en Alemania, donde la superficie dedicada a cultivos ecológicos representó, en 2006, un 4,9% de la superficie total agraria, un 0,2% más que el año anterior. La superficie cultivada ecológica ascendió a 825.539 hectáreas. El número de explotaciones de agricultura ecológica se situó en 17.557, lo que supone un incremento de 537 empresas adicionales o un 3,2% más que en el año anterior. El Estado federado de Baviera mantuvo en 2006 su primera posición en Alemania con un total de 148.850 hectáreas, seguido de Brandemburgo con 128.000 hectáreas.
Según las investigadoras Emily Arnold y Janet Larsen, del Earth Policy Institute, una organización estadounidense dedicada a la promoción del desarrollo sostenible, el consumo de agua embotellada ha crecido incluso en lugares donde el agua del grifo es de calidad, lo que está provocando de forma innecesaria el aumento de residuos y el gasto de grandes cantidades de recursos y energía.
La extracción industrial del agua de sus lugares de origen puede provocar graves desequilibrios medioambientales y económicos, especialmente en países en desarrollo con problemas de sequía.
Posteriormente, el agua embotellada se tiene que transportar a sus lugares de consumo, en ocasiones a miles de kilómetros. En este sentido, cada vez son más los consumidores que prefieren aguas envasadas procedentes de otros países, supuestamente más «puras» o cuando menos «exóticas». El aumento del tráfico de esta mercancía no hace sino incrementar la contaminación producida por el uso de combustibles fósiles.
Cada año se utilizan en todo el planeta unos 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua
Por su parte, el envasado del agua utiliza también combustibles no renovables. La mayoría de las botellas están hechas de polietilen tereftalato (PET), un plástico derivado del petróleo. Cada año se utilizan en todo el planeta unos 2,7 millones de toneladas de plástico para embotellar agua. Asimismo, este tipo de plásticos acaba con el paso del tiempo desprendiendo determinadas sustancias, como el antimonio o el bisfenol A, perjudiciales para la salud, de ahí que se recomienda evitar rellenarlas o guardarlas de manera prolongada.
El siguiente paso es desprenderse de la botella tras haber consumido el valioso líquido de su interior. Gran parte de estos envases acaba en la basura sin que llegue a reciclarse más de un 20%. Y éste es otro de sus grandes problemas: Una botella de este plástico abandonada en un entorno natural puede tardar hasta 1.000 años en biodegradarse.
Por su parte, los envases que llegan a las incineradoras aumentan los riesgos de emisiones tóxicas, ya que pueden generar subproductos nocivos como el gas clorado o ceniza similar a los metales pesados.
Por ello, la concienciación de los consumidores es fundamental, y en este caso, si se decide consumir agua embotellada, al igual que con el resto de envases, asumir la política de las tres erres (reducir, reutilizar y reciclar), es una buena recomendación.
La reutilización es otra forma de alargar el ciclo útil de las botellas. Las políticas públicas de reciclaje llevan a países como Alemania o Austria a preferir el agua envasada en botellas de cristal retornable. En Barcelona, la Agencia de Residuos de Cataluña y Ecologistas en Acción están intentando llevar a cabo un programa de retorno de garrafas de plástico de entre cinco y ocho litros. Por su parte, algunos expertos hablan de las posibilidades de los plásticos biodegradables, o bioplásticos. Por ejemplo, la marca norteamericana Biota envasa su agua mineral en envases fabricados a partir de maíz, que se descomponen fácilmente en agua y material orgánico y pueden incluso compostarse.
¿POR QUÉ HA CRECIDO SU CONSUMO?
La demanda de agua embotellada ha crecido a un ritmo vertiginoso en todo el mundo. Según un estudio del Earth Policy Institute, se bebieron en 2004 en todo el mundo unos 154.000 millones de litros de agua envasada, un 57% más que hace sólo cinco años. Por países, los italianos son los que más agua embotellada bebieron, con 184 litros por persona en 2004, mientras que España es el sexto país del mundo que más agua de este tipo consume, con 137 litros al año.
Un metro cúbico de agua envasada costaba en España en 2003 unos 340 euros; idéntica cantidad de agua corriente costaba no más de un euro y medio
Los consumidores no escatiman a la hora de comprar agua envasada, a pesar de las enormes diferencias de precios frente al agua potable de suministro público. Según el informe «The World’s Water» impulsado por el Pacific Institute, una organización privada de investigación estadounidense sobre temas de desarrollo, medio ambiente y seguridad, un metro cúbico (mil litros) de agua envasada costaba en España en 2003 unos 340 euros; idéntica cantidad de agua corriente costaba no más de un euro y medio. En otros países las diferencias pueden ser aún mayores: Los californianos pagaban en el mismo año 900 euros por ese metro cúbico de agua embotellada frente a los 50 céntimos de euro que les suponía el agua del grifo.
En cualquier caso, lo que verdaderamente encarece el producto final no es el agua.
Un estudio elaborado por la investigadora de la Universidad de Ginebra Catherine Ferrier, por encargo del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF), afirmaba que el 90% como mínimo del coste real de una botella de agua se lo lleva el embotellado, el transporte, la distribución o las campañas de marketing.
En opinión de Miguel Jara, experto en temas de salud y ecología, las empresas envasadoras han sabido crear y explotar sus productos en plena era de la preocupación por una mejor calidad de vida. Sin embargo, el agua del grifo de los países desarrollados no tiene nada que envidiar a las aguas embotelladas.
Por una parte, la propia legislación española advierte de que las diversas clases de aguas envasadas no tienen ventajas específicas y demostradas para la salud.
PRODUCCIÓN Y CONSUMO DE AGUA EMBOTELLADA EN ESPAÑA
España es el cuarto productor y consumidor europeo de aguas minerales naturales tras Italia, Alemania y Francia, según la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (ANEABE). En cuanto a la calidad de las aguas envasadas, un estudio publicado en la revista CONSUMER EROSKI analizó ocho muestras de botellas de conocidas marcas de agua, y concluyó que todas cumplían la normativa.
Por su parte, los consumidores españoles prefieren el agua mineral natural sin gas, a diferencia por ejemplo de los estadounidenses, que se decantan por el agua de grifo purificada. En cuanto al tipo de botella, se utiliza el plástico principalmente, frente a otros países, como las citadas Alemania o Austria, más proclives al vidrio retornable.
En cuanto a las principales empresas del mercado español de aguas embotelladas, el Grupo Danone, con sus marcas Font Vella y Lanjarón, encabeza la lista, seguida del Grupo Nestlé, con sus marcas Aquarel, Perrier, Vitel y Viladrau; el Grupo Pascual (Bezoya); y el Grupo Vichy Catalán, con sus Vichy, Mondariz y Malavella.
Según Arnold y Larsen, del Earth Policy Institute, el agua envasada no contribuye a solucionar los problemas de agua mundiales. Para ello, sugieren la ampliación y mejora del tratamiento de aguas y el saneamiento de los sistemas ya creados.
Más de mil millones de personas carecen de agua potable segura, a pesar de ser un derecho reconocido por Naciones Unidas
En este sentido, los Objetivos del Desarrollo del Milenio de Naciones Unidas para promover el desarrollo sostenible mundial apuntan como una de sus prioridades la reducción a la mitad del número de personas que carecen de acceso seguro y permanente al agua potable para 2015.
Para lograr este objetivo, sus responsables calculan que sería necesario duplicar los 11 mil millones de euros destinados cada año al abastecimiento y saneamiento del agua. Según Peter H. Gleick, responsable del informe The World’s Water, esta cifra podría de sobra asumirse con los 74 mil millones de euros que se estiman como gasto anual de agua embotellada.
Algunas iniciativas están intentando concienciar a los consumidores sobre las ventajas de evitar el consumo del agua envasada y decantarse por el agua de grifo.
Una ONG con sede en Ámsterdam vende una botella azul vacía con la marca «Neau» a un precio aproximado de un euro y medio. Sus responsables utilizan un juego de palabras con la palabra francesa eau (agua) y su pronunciación, que suena «no». Dentro de la botella se incluye un anuncio en el que explican que el dinero recaudado se invertirá en proyectos de suministro de agua en países en desarrollo.
Algunas empresas incluyen en su política de consumo responsable este tipo de proyectos. La multinacional de cafés y bebidas Starbucks compró en 2005 a Ethos Water, una empresa norteamericana que destina 5 céntimos de dólar por cada botella de agua vendida a proyectos de agua en el Tercer Mundo.
Por su parte, Anne Le Strat, presidenta de la Sociedad municipal de abastecimiento de agua de la capital francesa y miembro del Partido Verde, quiso recordar a esa mitad de sus conciudadanos que bebían de botella que las buenas condiciones del agua de grifo de París hacen innecesaria el consumo de agua envasada.
Para ello, puso en marcha en 2005 la campaña «Eau de Paris». En este caso, se trató de botellas de vidrio vacías en las que informaba de la calidad del agua de grifo parisina y su precio, mil veces más barata que la envasada.
El mayor mercado nacional es el estadounidense, aunque el crecimiento más acelerado se está dando en mercados emergentes como Sudamérica y Asia. Por su parte, los expertos indican que la tendencia en los países más desarrollados es la venta de agua cada vez más sofisticada.
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