Fuente: elpopular.pe (20 Sep 2025) por Alannis Castañeda
Durante el año 1985, los geofísicos Joe Farman, Brian Gardiner y John Shanklin realizaron un artículo en la revista Nature, donde se evidenciaba el daño que sufría la capa de ozono ubicada en la superficie de la Antártida.
Dicho fenómeno trae una serie de consecuencias directas hacia el planeta y la salud de los seres vivos. Asimismo, la filtración directa de los rayos ultravioleta del sol generaba entre un 97% y 99% de radiación solar.
Dicho descubrimiento alertó a la comunidad científica, quienes, a través de una serie de análisis, identificaron al culpable de este fenómeno: los clorofluorocarbonos (CFC), que se descomponen tras alcanzar la estratosfera, liberando una serie de átomos de cloro que eliminan rápidamente la capa de ozono.
Estos gases son generados por la actividad industrial, al igual que la producción de artículos cosméticos, aerosoles e insecticidas.
¿ Cuándo se restablecerá la CAPA de OZONO ? La UNEP responde
Actualmente, un informe publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) reveló que, tras cuatro años de seguimiento del protocolo medioambiental establecido por la ONU, la eliminación del 99% de sustancias y actividades prohibidas desde 1987 ha ayudado a que la capa de ozono se recupere de manera progresiva en la estratosfera superior, lo que termina por reducir la exposición directa a los rayos ultravioletas del sol.
¿ Cuándo se restablecerá la CAPA de OZONO ?
Por ello, el equipo de científicos resaltó que, si las medidas continúan, para el año 2066 la capa de ozono de la Antártida tendrá una recuperación a niveles similares a los de 1980. Asimismo, las estimaciones señalan que el Ártico tendrá una recuperación exitosa durante 2045.
¡ Buenas noticias para el planeta Tierra !
El protocolo de Montreal: un modelo exitoso para la acción climática
El establecimiento del Protocolo de MONTREAL ha alcanzado la recuperación de CAPA de OZONO; también ha propuesto medidas para mitigar el calentamiento global. Los resultados de este protocolo han logrado regular la temperatura del planeta en 0,5 °C, y se espera que baje un poco más a finales de este siglo.
Los expertos indican que este acuerdo es un ejemplo directo de lo que se tiene que hacer con urgencia para eliminar el uso de combustibles fósiles, creando un espacio ideal para los habitantes del planeta Tierra.
Asimismo, se recalca que la lucha contra el cambio climático depende de la voluntad y acciones del ser humano.
Mientras tanto, el Modelo de MONTREAL sigue demostrado que es posible realizar un cambio significativo.
Fuente: muyinteresante.es (12/2/2018) por Sergio Parra
Entonces empezaremos a asumir, solo en parte, lo irrelevante que es la especie humana en comparación con toda la enormidad de lo que la rodea.
En estos cinco puntos definimos el perfil del ser humano y el lugar que ocupa en el mundo.
1. TIEMPO
Si calculamos la huella del hombre en términos cronológicos, entonces también descubriremos que su paso por la Tierra supone apenas un suspiro de esta.
Imaginemos que toda la historia del universo, desde el mismo momento del big bang hasta la actualidad, se comprimiera proporcionalmente en un año.
La vida en el planeta azul no aparecería hasta el 30 de septiembre; y los primeros primates, no antes del 30 de diciembre. El Homo sapiens no nacería hasta que solo faltaran veintiún segundos para las 00:00 h del 31 de diciembre, como lo describía Carl Sagan en Los dragones del Edén.
2. ESPACIO
Hay mucho espacio libre, y los humanos apenas lo ocupamos. Ni siquiera es necesario calcular todo el espacio exterior sin humanos, porque si nos ceñimos al espacio disponible en la Tierra, advertiremos que esta casi se nos antoja deshabitada.
Si actualmente sumamos 7.500 millones de personas en todo el planeta, podemos afirmar que todos nosotros cabríamos holgadamente en la península ibérica.
Bastaría con crear una ciudad con la densidad demográfica de Madrid y el tamaño de la península para albergar a todas y cada una de las personas del planeta.
3. MASA
Toda la masa de la humanidad puede reducirse a unos pocos cientos de millones de toneladas, aunque irregularmente repartidos en función de los recursos que posee cada país.
Estamos hablando de cifras minúsculas si las comparamos con la masa de otros animales diminutos que nos rodean: por ejemplo los insectos.
La Royal Entomological Society de Londres ha estimado que en la Tierra habitan unos 10.000 millones de insectos por kilómetro cuadrado. De hecho, tan solo con centrarnos en las hormigas, ya descubrimos que ellas, en conjunto, tienen una masa superior a la de la humanidad.
4. BACTERIAS
Si nos fijamos en criaturas aún más insignificantes, como las bacterias, las cifras son todavía más sonrojantes, porque se calcula que nuestro planeta alberga cien billones de toneladas de bacterias, cantidad suficiente para cubrir toda su superficie de una capa de 15 metros de espesor. Y es que se estima que el número de bacterias total es de cinco nonillones (lo que equivale a un cinco seguido de 54 ceros).
5. EXTINCION
Hemos vivido poquísimo tiempo en la Tierra, y solo somos una especie de los millones que hay. Por si fuera poco, las criaturas de este planeta han sido víctimas, y nosotros podríamos serlo próximamente, de una EXTINCION masiva que nos borraría de un plumazo de la historia biológica terrestre.
Es la llamada sexta EXTINCION, que muchos biólogos creen que tendrá su origen en el cambio climático y que sucederá dentro de treinta años. Habrá que cruzar los dedos.
A 39 años luz de la Tierra, en la constelación de Acuario, hay una estrella enana, ultrafría y muy tenue llamada TRAPPIST-1. En nuestra galaxia hay millones y millones de estrellas de esta clase, denominadas enanas rojas o enanas M. Pero TRAPPIST-1 se ha convertido ya en una estrella muy especial a la que buena parte de los telescopios terrestres, sin duda, van a seguir apuntando. Y es que este astro es el corazón de un sistema solar repleto de planetas que parecen ser similares al nuestro.
Nada menos que siete mundos se han encontrado ya alrededor de esta estrella, todos ellos con tamaños parecidos al de la Tierra y ciertas características que, en principio, les permitirían tener agua líquida y, como consecuencia de ello, albergar algún tipo de vida. De estos siete planetas, tres son particularmente prometedores para ser considerados gemelos de la Tierra, pues están en la llamada zona habitable de su estrella y probablemente se trata de mundos rocosos. En nuestro sistema solar, la Tierra, Marte, Mercurio y Venus son los únicos planetas rocosos.
El extraordinario hallazgo ha sido anunciado este miércoles mediante la publicación simultánea del estudio en la revista Nature y en una rueda de prensa organizada por la NASA. Y es que nunca antes se había encontrado un sistema solar tan cercano con tantos planetas tan parecidos al nuestro. La búsqueda comenzó en los años 90, cuando se descubrieron los primeros planetas fuera de nuestro sistema solar (llamados exoplanetas o planetas extrasolares).
«Este descubrimiento podría ser una pieza significativa en el puzle que representa la búsqueda de entornos habitables, lugares que son propicios para la vida», ha declarado este miércoles Thomas Zurbuchen, uno de los responsables del Departamento de Misiones Científicas de la NASA, en Washington. Y es que según ha señalado Zurbuchen, «responder a la pregunta ‘¿estamos solos?’ es una prioridad científica y encontrar tantos planetas como estos por primera vez en la zona habitable [de su estrella] es un paso extraordinario para conseguir ese objetivo».
Según detalla el equipo que firma el descubrimiento, liderado por Michaël Gillon, los planetas de este sistema solar han sido denominados TRAPPIST-1b, c, d, e, f, g y h, en orden creciente de distancia de su estrella.
El sistema de TRAPPIST-1 no ha sido descubierto ahora. En mayo de 2016 se anunció el hallazgo de tres planetas orbitando esta enana roja, cuya descripción se publicó también en la misma revista (los primeros fueron TRAPPIST-1 b, c y d). Las nuevas observaciones realizadas para investigar mejor esos mundos han permitido detectar otros cuatro planetas.
¿Un análogo del Sistema Solar?
«Estamos ante una noticia muy importante porque parece un análogo del Sistema Solar, tres planetas rocosos cerca de la zona de habitabilidad de la estrella y probablemente planetas gigantes a mayor distancia, como en nuestro sistema solar. Y es, sin duda, el sistema planetario de este tipo más cercano a la Tierra», explica a este diario Bruno Merin, científico de la Agencia Espacial Europea (ESA), sin vinculación con este estudio.
«Se trata de un sistema planetario sorprendente, no sólo porque hayamos encontrado tantos planetas, sino porque son todos asombrosamente similares en tamaño a la Tierra», afirma Michaël Gillon, investigador del Instituto STAR en la Universidad de Lieja (Bélgica) y autor principal, en declaraciones recogidas por el Observatorio Europeo Austral (ESO), uno de los centros involucrados en el estudio, pues en la detección se utilizó su Very Large Telescope (VLT), en Paranal (Chile).
«El otro exoplaneta aún más cercano y posiblemente en la zona de habitabilidad es el que orbita la estrella Próxima Centauri, que está a tan sólo 4,2 años luz (comparada con los 39 años luz de ésta), pero sólo se conoce un planeta muy cerca de la estrella, no un sistema completo como éste», subraya Merin, que trabaja en el Centro de Astronomía Espacial (ESAC) de la ESA, en Villafranca del Castillo (Madrid).
Entusiasmo y cautela
El descubrimiento ha sido acogido por la comunidad científica con una mezcla de entusiasmo y de cautela. Y es que, como señala en conversación telefónica el astrofísico Pedro J. Amado, «aunque se trata de un hallazgo muy interesante, de momento sólo sabemos el radio de estos planetas, es decir, su tamaño, y una estimación de su masa, pero todavía no conocemos características muy importantes, como si tienen atmósfera o campo magnético. La masa no la sabemos, por lo que podrían ser de tipo rocoso o bien de tipo oceánico. En principio, los siete son mundos templados, ni demasiado fríos ni demasiado calientes, y podrían albergar agua líquida», señala Amado, uno de los descubridores del planeta Próxima b.
Los siete planetas descritos en este estudio han sido descubiertos mediante una técnica denominada de tránsito. «Se detectan mirando a la estrella y viendo las disminuciones de luz cuando los planetas pasan por delante. Es decir, cada planeta causa un pequeño eclipse en su estrella», señala Amado, responsable del grupo de estrellas de baja masa, exoplanetas e instrumentación del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC).
Precisamente Amado está estudiando la estrella TRAPPIST-1 con el instrumento CARMENES, un proyecto conjunto de España y Alemania en el Observatorio de Calar Alto, en Almería. Este buscador de planetas utiliza otra técnica, denominada de velocidad radial, que emplea espectroscopía de alta resolución y que les permitirá determinar la masa de estos planetas. Comenzaron a escrutar este astro cuando se encontraron los tres primeros planetas. «Como son estrellas tan frías, emiten en el infrarrojo y nosotros tenemos el único instrumento de infrarrojo para observarla», asegura.
Se trata de dos técnicas de detección de planetas extrasolares complementarias. «La del tránsito te da el radio, el tamaño del planeta, mientras que la de velocidad radial te puede dar la masa. Y si tienes la masa y el radio, puedes determinar su densidad y su composición», relata.
Las enanas rojas, dice Amado, son «muy abundantes. Representan en torno al 70 o 75% de estrellas de nuestra galaxia. Podríamos decir que tres de cada cuatro astros lo son». Debido a que son muy débiles y muy pequeñas, no se ven fácilmente. Comparada con nuestro sol, TRAPPIST-1 tiene sólo el 11% de su diámetro, el 8% de su masa y su color es mucho más rojo.
En el descubrimiento de este sistema solar también han estado involucrados el telescopio TRAPPIST-Sur, instalado en el Observatorio La Silla (Chile), y el telescopio espacial Spitzer de la NASA. «Se trata del resultado más emocionante que he visto en los 14 años de operaciones del Spitzer», señala Sean Carey, jefe del Centro de Control de este telescopio en el Instituto Caltech de la NASA que, en otoño de 2016, observó a esta estrella durante 500 horas seguidas.
Según señala Amado, podremos saber mucho más de estos mundos con el telescopio espacial James Webb. Este potente instrumento, cuyo lanzamiento (tras varios retrasos) está previsto para finales de 2018, tendrá mucha más sensibilidad y podrá detectar las huellas químicas que revelan la presencia de agua, metano, oxígeno, ozono y otros componentes de la atmósfera de un planeta. Asimismo, según ha explicado la NASA, el James Webb permitirá analizar las temperaturas de los planetas y la presión que hay en su superficie, factores que ayudarán a determinar si son mundos habitables.
De momento, son numerosas tanto las preguntas como las hipótesis sobre estos siete mundos. Del mismo modo que desde la Tierra siempre vemos la misma cara de la Luna, los científicos creen que estos planetas siempre muestran a su estrella el mismo lado, lo que significaría que en una zona siempre es de día o de noche. También supondría que su meteorología sería muy diferente a la de la Tierra, quizás con vientos muy fuertes y cambios de temperaturas extremas.
«Definitivamente, la vida es posible en estos mundos, aunque podría ser muy diferente debido a que probablemente hay niveles muy altos de radiación ultravioleta en sus superficies», ha declarado Lisa Kaltenegger, directora del Instituto Carl Sagan de la Universidad de Cornell.
Mundos por descubrir
«Es fantástico que haya tantos planetas en un solo sistema. Dado lo difícil que es encontrar un sistema tan cercano al Sol con tantos planetas, eso probablemente implica que estrellas de baja masa (Próxima Centauri está en ese grupo), tengan muchos planetas rocosos», apunta por su parte Guillem Anglada-Escudé, astrofísico en la Universidad Queen Mary de Londres y líder del equipo que descubrió el planeta Próxima b, el más cercano a la Tierra.
Según explica a EL MUNDO a través de un correo electrónico, siguen investigando Próxima b, un mundo potencialmente habitable que, debido a su relativa proximidad, podría ser en el futuro el objetivo de la misión de exploración no tripulada que propone el astrofísico británico Stephen Hawking. Sin embargo, con las tecnologías de propulsión actual, para recorrer los aproximadamente 4 años luz que nos separan de él serían necesarios unos 30.000 años. Hawking y el resto de los padres del proyecto Breakthrough Starshot confían en que en unas décadas se podría acortar ese viaje hasta los 30 años si se enviaran minúsculas naves, del tamaño de un chip de ordenador, a una velocidad de 60.000 kilómetros por segundo. Tecnología que todavía no está desarrollada.
«Estamos haciendo algunas medidas complementarias de Próxima b, pero volvemos a la carga en verano con una campaña de 100 noches seguidas. Sospechábamos que [la estrella] Próxima [Centauri] podía tener más planetas, y también vamos a empezar a hacer otras dos estrellas muy cercanas. Una de ellas, bastante conocida, es la Estrella de Barnard, está a 5,9 años luz, y es la siguiente estrella más allá de Alfa Centauri», explica el investigador español, elegido por la revista Nature como uno de los 10 mejores científicos del año.
El resultado de TRAPPIST-1, dice Anglada-Escudé, «no sólo confirma la sospecha, sino que hace bastante probable que encontremos alguno o algunos planetas más». El objetivo, añade, «es ir haciendo todas las estrellas del entorno solar inmediato».
Los científicos llevaban desconcertados mucho tiempo a causa del verdadero origen del agua de la Tierra. Se formó en el sistema solar interior sí, pero el sistema solar interior estaba seco. Los materiales húmedos del sistema solar fueron relegados al sistema solar exterior.
Fuente: Sarah Romero / Muy Interesante (24 mayo, 2019)
Los meteoritos carbonosos ricos en agua, por ejemplo, provienen del sistema solar exterior. Los meteoritos no carbonosos del sistema solar interior no tienen agua. En algún momento durante la historia temprana de la Tierra, los materiales carbonosos suministraron grandes cantidades de agua. Pero los detalles y el calendario de este proceso no se entienden bien.
¿ De dónde vino el agua ?
Ya sabemos que La Tierra es única en nuestro sistema solar: es el único planeta terrestre con una gran cantidad de agua y una luna relativamente grande. Ambos componentes fueron esenciales para su desarrollo.
Ahora, los planetólogos de la Universidad de Münster (Alemania) han podido demostrar, por primera vez, que el agua llegó gracias a la formación de la Luna hace unos 4.400 millones de años.
Hasta ahora, los científicos habían asumido que Tea se originó en el sistema solar interior cerca de la Tierra. Sin embargo, los expertos han podido demostrar que Tea proviene del sistema solar exterior y que suministró grandes cantidades de agua a la Tierra. Los resultados se publican en la revista Nature Astronomy.
“Hemos utilizado isótopos de molibdeno para responder a esta pregunta“, dijo Gerrit Budde, investigador del Instituto de Planetología de la Universidad de Münster, en un comunicado de prensa.
“Los isótopos de molibdeno nos permiten distinguir claramente el material carbonoso y el no carbonoso, y como tal representan una ‘huella genética’ del material del sistema solar externo e interno”.
El análisis realizado por Budde y su equipo mostró que parte del molibdeno de la Tierra proviene del sistema solar exterior. Debido a que el molibdeno es un elemento que adora el hierro, la mayor parte se encuentra en el núcleo de la Tierra, pero no todo.
La Tierra
La nueva investigación muestra que llegaron a nuestro planeta grandes cantidades de agua después de que los bloques de construcción de la Tierra se hubieran fusionado.
Los autores del estudio sugieren que gran parte de este material rico en agua fue suministrado por Tea, el planeta del tamaño de Marte que los científicos teorizan que golpeó la Tierra hace unos 4.400 millones de años, vaporizando gran parte de la Tierra y provocando la formación de la Luna.
“Nuestros datos demuestran que la Tierra acrecentó los cuerpos carbonosos al final de su historia de crecimiento, probablemente a través del impacto de formación de la Luna”, escribieron los autores.
“Esta entrega tardía de material carbonoso probablemente se debió a una inestabilidad orbital de los planetas gigantes de gas y demuestra que la habitabilidad de nuestro planeta está fuertemente vinculada a las etapas tardías de su crecimiento”.
“Nuestro enfoque es único porque, por primera vez, nos permite asociar el origen del agua en la Tierra con la formación de la Luna“, concluye Thorsten Kleine, coautor del estudio.
Lock explica cuál ha sido el modelo canónico que se ha mantenido durante 20 años sobre la formación de la Luna. “La teoría comúnmente aceptada sobre cómo se formó la Luna es que un cuerpo del tamaño de Marte colisionó con la proto-Tierra y material hilado en órbita. Esa masa se instaló en un disco y luego se acumuló para formar la luna. El cuerpo que quedó después del impacto fue la Tierra”.
Modelo “convincente”
Aunque este modelo sea “convincente”, Lock afirma que probablemente no sea correcto. “Poner suficiente masa en órbita en el escenario canónico es en realidad muy difícil, y hay una gama muy limitada de colisiones que podrían ser capaces de hacerlo”, dice, ya que sólo hay un par de grados de ángulo de impacto y un rango muy estrecho de tamaños y, aun así, algunos impactos no funcionan.
“La Luna se formó dentro de la Tierra vaporizada a temperaturas de 2.200ºC a 3.300ºC y presiones de decenas de atmósferas”, defiende Lock en su estudio, que ha sido coescrito por Sarah Stewart (UC Davis), Michail Petaev (Harvard), Zoë Leinhardt (Bristol), Mia Mace (Bristol), Stein Jacobsen (Harvard) y Matija Uk (SETI).
Por su parte, la profesora Sarah Stewart apunta que las pruebas han demostrado que la “huella dactilar” isotópica tanto para la Tierra como para la Luna son casi idénticas, lo que sugiere que ambas provienen de la misma fuente. Pero en la historia canónica, la Luna se formó principalmente a partir de los restos de uno de los dos cuerpos que colisionaron.
La “synestia”
El escenario descrito por Lock y sus colegas comienza, no obstante, con una colisión masiva. Pero en lugar de crearse un disco de material rocoso, el impacto crea una “synestia”, término acuñado por Stewart y Lock para hacer referencia a un nuevo tipo de objeto planetario.
Una “synestia” se forma cuando una colisión entre objetos del tamaño de un planeta da como resultado una masa de roca fundida y vaporizada, que gira rápidamente, con parte del cuerpo en órbita alrededor de sí misma. Todo el objeto se hincha, adoptando la forma de una rosquilla gigante de roca vaporizada.
Según indica Lock, este objeto puede ser diez veces el tamaño de la Tierra y, debido a que hay tanta energía en la colisión, un 10% de la roca de la Tierra se vaporiza. Estos objetos duran uno cientos de años, ya que se encogen rápidamente a medida que irradian calor, lo que hace que el vapor de roca se condense en líquido y finalmente se colapse en un planeta fundido.
El campo magnético que generan las líneas de alta tensión, los teléfonos móviles o las redes wifi, entre otras tecnologías de nuestra época, induce en el cuerpo humano una especie química especialmente oxidante y agresiva susceptible, a grandes concentraciones, de destruir el ADN o las proteínas del organismo.
Sin embargo, a bajas concentraciones, este campo electromagnético estimula el sistema de defensa de las células para reparar el ADN o destruir este oxidante, lo que explica tanto los efectos nocivos como beneficiosos de los campos electromagnéticos.
Este es el resultado de una investigación, publicada en PLOS Biology, que arroja nueva luz sobre la influencia de las tecnologías más corrientes de nuestra civilización sobre la salud humana, tanto para perjudicarla como para mejorarla.
Según esta investigación, este doble efecto es posible gracias al criptocromo, una proteína sensible a la luz azul involucrada en la detección de los campos magnéticos para la orientación de las aves durante su migración, así como en el control del ritmo circadiano.
La respuesta de las células al campo magnético depende de la presencia de criptocromos, ha determinado esta investigación, gracias a los cuales las células humanas sometidas a un campo magnético débil (2 Militesla) aumentan la producción de especies de oxígeno reactivo (ROS), un grupo de radicales libres con capacidad de producir estrés oxidativo.
El estrés oxidativo se origina por un desequilibrio entre la producción de especies reactivas del oxígeno y la capacidad de un sistema biológico de decodificar rápidamente los reactivos intermedios o reparar el daño resultante.
DEPENDE DE LA DOSIS
Las ROS se generan como consecuencia del metabolismo normal del oxígeno y tienen un importante papel en la señalización celular. Sin embargo, en épocas de estrés ambiental los niveles de ROS pueden aumentar considerablemente y provocar daños importantes en las estructuras celulares. Esto es lo que ocurre en presencia de campos electromagnéticos de una determinada intensidad, ha comprobado esta investigación.
Para llegar a esta conclusión los científicos expusieron células humanas a débiles campos electromagnéticos pulsados y comprobaron que esta exposición estimula la acumulación de ROS y que, en grandes cantidades, estas moléculas se vuelven tóxicas y participan en el estrés oxidativo y en el envejecimiento celular.
Sin embargo, a dosis moderadas, el oxígeno reactivo estimula activamente la reparación celular y la respuesta al estrés oxidativo, lo que explica los efectos terapéuticos observados en los casos de estimulación magnética repetitiva, señalan los investigadores.
Los investigadores pudieron comprobar estos resultados a través de larvas de moscas, que espontáneamente evitaban los lugares donde se aplicaban los campos magnéticos. Pero si a estas larvas se les privaba de los criptocromos, perdían la capacidad de percibir y de evitar el campo magnético. Otras larvas de mosca, a las que se les había aplicado un criptocromo humano, eran sensibles también a los campos magnéticos.
POSIBLE RIESGO PARA LA SALUD PÚBLICA
Margaret Ahmad, una de las autoras del artículo, señala en un comunicado que estos resultados «sugieren que, bien solos o en combinación con otros factores ambientales productores de ROS, estos campos magnéticos pueden tener un impacto negativo sobre la salud pública.»
En un segundo artículo publicado también en PLOS Biology, dos biólogos austriacos comentan los resultados de esta investigación, que promete añadir nuevos elementos a la polémica sobre la influencia o inocuidad de los campos electromagnéticos sobre la salud humana.
Estos autores señalan que será necesario una réplica de estos resultados por otros grupos de investigación antes de considerarlos concluyentes, si bien reconocen que la leucemia asociada a las líneas de alta tensión necesita de criptocromos, aunque añaden que hay estudios contradictorios al respecto. Y concluyen: «Bien puede ocurrir que el criptocromo sea un magnetosensor, pero con un lado siniestro».
La Organización Mundial de la Salud explica que en los últimos 30 años se han desarrollado unos 25.000 artículos científicos sobre los efectos de los campos electromagnéticos, pero añade: «los resultados existentes no confirman que la exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad produzca ninguna consecuencia para la salud. Sin embargo, los conocimientos sobre los efectos biológicos presentan algunas lagunas que requieren más investigaciones». Esta investigación tal vez abra el camino a un cambio de posición al respecto.
Referencias bibliográficas:
Rachel M. Sherrard et al. 2018.Low-intensity electromagnetic fields induce human cryptochrome to modulate intracellular reactive oxygen species. PLOS Biology, 16 (10): e2006229. DOI :10.1371/journal.pbio.2006229
Lukas Landler, David A. Keays. 2018. Cryptochrome: The magnetosensor with a sinister side?. PLOS Biology, 16 (10): e3000018. DOI:10.1371/journal.pbio.3000018
Ocurre porque la Tierra es, en sí misma, un gran imán. Nuestro planeta genera su propio campo magnético.
Fuente: ABC (3/5/2018)
Es muy débil, pero lo suficiente como para hacer funcionar ese maravilloso y sencillo instrumento, que en el pasado se creía animado por la estrella polar o por unas misteriosas islas magnéticas situadas en el Ártico.
El campo magnético también sirve a buen número de especies para orientarse y llevar a cabo sus migraciones y además, ejerce un papel protector sin el cual, seguramente, no estaríamos aquí.
Impide que las partículas cargadas de alta energía procedentes del Sol nos den de lleno, provocando cuantiosos daños en nuestras tecnologías.
El campo magnético terrestre está provocado por la existencia dinámica de una gran masa de hierro y níquel a unos 3.400 km de profundidad. No está fijo. En realidad, cambia constantemente de intensidad y dirección.
Desde hace unos 2.000 años, se va debilitando, una tendencia que se ha acelerado desde 1840 y que, en realidad, los científicos no comprenden en su totalidad. Lo que sí saben con seguridad es varía con el tiempo, motivo por el cual el polo norte magnético no coincide exactamente con el polo norte geográfico (que sí coincide con el eje de rotación terrestre).
Los científicos han estudiado con detalle esta desviación desde hace mucho tiempo. Las observaciones indican que, en las últimas décadas, se está produciendo un movimiento acelerado del polo magnético y que en la actualidad se desplaza a un ritmo de unos 50 km cada año.
Es decir, 125 metros cada día. Si sigue así, en unos 50 años, el polo norte alcanzará las estepas de Siberia, en Rusia.
Pero, ¿podría producirse una repentina inversión de los polos? Pues sí, sin duda. De hecho, ya ha pasado antes numerosas veces (la última hace unos 780.000 años), como los científicos han podido saber gracias al estudio de rocas antiguas.
Y ha ocurrido sin seguir un patrón definido y presentando distintas duraciones (unos miles de años). Durante la inversión, el campo magnético se vuelve inestable y su intensidad más débil hasta que, nuevamente, vuelve a crecer poco a poco en sentido invertido. ¿Por qué? Las causas exactas todavía son un misterio.
Sin protección
Cuándo sucederá de nuevo es algo que no podemos saber, pero podría ser pronto en términos geológicos, unos miles de años. La rapidez del debilitamiento de la intensidad del campo magnético terrestre que ocurre en la actualidad junto a la aceleración del movimiento del polo, ha llevado a especular con la posibilidad de que vaya a producirse otra inversión.
¿Y qué consecuencias tendrá?
¿Una catástrofe global?
No existen evidencias de que las inversiones de polaridad ocurridas con anterioridad hayan provocado grandes catástrofes naturales ni hayan amenazado la supervivencia humana.
Como el proceso de inversión ocurre a escalas de tiempo mucho mayores que la vida de los animales, las especies migratorias podrían adaptarse paulatinamente a los cambios.
Ahora bien, el Homo sapiens actual depende profundamente de la tecnología, y ese puede ser su telón de Aquiles.
En una inversión magnética, durante un corto espacio de tiempo, el campo sería inexistente. No podría protegernos contra las radiaciones cósmicas o las tormentas solares, lo que podría arruinar nuestras redes eléctricas y satélites.
Claro que, cuando ocurra, quizás ya dispongamos de los medios técnicos necesarios para afrontar sus efectos.
En definitiva, no tiene por qué ser un apocalipsis.
Los polos se han invertido ya en una veintena de ocasiones y el mundo ha seguido girando.
Los polos magnéticos de la Tierra se invierten cada 200.000 años, cuando el norte que indica la brújula se convierte en el sur y viceversa. Este cambio es muy lento, tarda nada menos que 4.000 años en producirse, y no es más que un fenómeno natural originado por los movimientos de metales líquidos en el centro del planeta.
Sin embargo, científicos han detectado en una parada para camiones de la Interestatal 80 a su paso por Battle Mountain, en Nevada (EE.UU.), un extraño fenómeno: la prueba de que el campo magnético de la Tierra puede volverse loco de repente e intercambiar su posición en unos pocos años. Es la segunda vez que los investigadores encuentran indicios de algo semejante.
La primera evidencia de una inversión en los polos magnéticos se produjo en 1995, cuando unos antiguos flujos de lava bien conservados fueron encontrados en las montañas Steens de Oregón, también en EE.UU.
La investigación sobre las rocas, realizada por un equipo de geólogos del Occidental College en Los Ángeles, reveló que en la lava había un patrón magnético inusual que sugería que el campo magnético había cambiado 10.000 veces más rápido de lo normal, a una velocidad de seis grados por día.
Estos patrones se conservaron dentro de los cristales magnéticos de la lava, formados cuando ésta se enfrió, como la diminuta aguja de una brújula congelada en el tiempo.
Este hallazgo provocó una gran polémica y muchos científicos cuestionaron la hipótesis por resultar demasiado extravagante. Pero ha ocurrido una segunda vez.
Según explican en la publicación norteamericana Science News, el responsable del anterior equipo, el geólogo Scott Bogue y su colega Jonathan Cañada, del Servicio Geológico de EE.UU., han encontrado otra piedra volcánica en Battle Mountain (Nevada) en la que existen evidencias de un rápido segundo «tirón», fechado hace 15 millones de años.
El registro sugiere que el campo magnético de la Tierra giró 53 grados en un solo año, lo que que puede significar que los polos cambiaron su posición ¡en tan solo cuatro! Por supuesto, hablamos de polos magnéticos, no los polos físicos.
De nuevo, el hallazgo, publicado en la revista Geophysical Research Letters, ha desatado la polémica. Algunos geólogos sostienen que la Tierra podría estar entrando ahora mismo en una nueva inversión de los polos, ya que el campo geomagnético ha sido cada vez más débil en los últimos 150 años.
¿Qué pasaría si las brújulas comenzaran a señalar el Meditárreneo como el norte de la península?
Aparte del caos inicial y del espectacular cambio que supone tener nuestros puntos cardinales patas arriba, Bogue asegura que «probablemente, no sucedería gran cosa».
El crecimiento proyectado en los lanzamientos de cohetes para el turismo espacial, el regreso a la Luna y posteriores viajes a Marte podría 1000 dollar payday loans onlinedañar la capa protectora de ozono en la Tierra.
Un nuevo estudio de la NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration) de EEUU, los motores de cohetes que queman queroseno ampliamente utilizados por la industria mundial de lanzamientos emiten gases de escape que contienen carbono negro, u hollín, directamente a la estratosfera, donde una capa de ozono protege a todos los seres vivos de la Tierra de los impactos nocivos de la radiación ultravioleta, que incluyen el cáncer de piel e inmunodepresión en humanos, así como alteraciones en la agricultura y los ecosistemas.
Según el nuevo estudio publicado en el Journal of Geophysical Research: Atmospheres, un aumento de 10 veces en los lanzamientos alimentados con hidrocarburos, lo cual es plausible en las próximas dos décadas según las tendencias recientes en el crecimiento del tráfico espacial, dañaría la capa de ozono y cambiaría patrones de circulación atmosférica.
«Necesitamos aprender más sobre el impacto potencial de los motores que queman hidrocarburos en la estratosfera y en el clima en la superficie de la Tierra», dijo en un comunicado el autor principal Christopher Maloney, científico investigador de CIRES que trabaja en el Laboratorio de Ciencias Químicas de la NOAA. «Con más investigación, deberíamos poder comprender mejor los impactos relativos de los diferentes tipos de cohetes en el clima y el ozono».
Las tasas de lanzamiento se han más que triplicado en las últimas décadas, dijo Maloney, y se prevé un crecimiento acelerado en las próximas décadas. Los cohetes son la única fuente directa de contaminación por aerosoles producidos por el hombre sobre la troposfera, la región más baja de la atmósfera, que se extiende a una altura de aproximadamente cuatro a seis millas sobre la superficie de la Tierra.
El equipo de investigación utilizó un modelo climático para simular el impacto de aproximadamente 10.000 toneladas métricas de contaminación por hollín inyectadas en la estratosfera sobre el hemisferio norte cada año durante 50 años.
Actualmente, se emiten anualmente unas 1.000 toneladas de hollín de cohetes. Los investigadores advierten que no se conocen bien las cantidades exactas de hollín emitidas por los diferentes motores alimentados con hidrocarburos que se utilizan en todo el mundo.
CAMBIOS EN LA CIRCULACIÓN GLOBAL ATMOSFÉRICA
Los investigadores encontraron que este nivel de actividad aumentaría las temperaturas anuales en la estratosfera entre 0,5 y 2 grados Celsius, lo que cambiaría los patrones de circulación global al reducir la velocidad de las corrientes en chorro subtropicales hasta en un 3,5 %, y debilitando la circulación de vuelco estratosférica.
El ozono estratosférico está fuertemente influenciado por la temperatura y la circulación atmosférica, señaló el coautor Robert Portmann, físico investigador del Laboratorio de Ciencias Químicas, por lo que no sorprendió al equipo de investigación que el modelo encontrara cambios en las temperaturas estratosféricas y que los vientos también causaran cambios en la abundancia de ozono.
Los científicos encontraron que las reducciones de ozono ocurrieron hacia el polo de 30 grados norte, o aproximadamente la latitud de Houston, en casi todos los meses del año.
La reducción máxima del 4% se produjo en el Polo Norte en junio. Todos los demás lugares al norte de 30 N experimentaron al menos algo de ozono reducido durante todo el año.
Este patrón espacial de pérdida de ozono coincide directamente con la distribución modelada de carbono negro y el calentamiento asociado con él, dijo Maloney.
«La conclusión es que los aumentos proyectados en los lanzamientos de cohetes podrían exponer a las personas en el hemisferio norte a una mayor radiación ultravioleta dañina», dijo Maloney.
El equipo de investigación también simuló dos escenarios de emisión más grandes de 30.000 y 100.000 toneladas de contaminación por hollín por año para comprender mejor los impactos de un aumento extremadamente grande en los viajes espaciales futuros utilizando motores alimentados con hidrocarburos e investigar más claramente las reacciones que determinan la respuesta de la atmósfera.
Los resultados mostraron que la estratosfera es sensible a inyecciones de carbono negro relativamente modestas. Las simulaciones de emisiones más grandes mostraron interrupciones similares, pero más graves, de la circulación atmosférica y la pérdida climática que el caso de 10.000 toneladas métricas.
El estudio se basó en investigaciones previas realizadas por miembros del equipo autor. Un estudio de 2010 dirigido por el coautor Martin Ross, científico de The Aerospace Corporation, exploró por primera vez el impacto climático de un aumento en los lanzamientos de cohetes que producen hollín.
Un segundo estudio realizado en NOAA en 2017, en el que Ross fue coautor, examinó la respuesta climática a las emisiones de vapor de agua de un sistema de lanzamiento espacial reutilizable propuesto que utiliza cohetes alimentados con hidrógeno más limpios.
«Nuestro trabajo enfatiza la importancia del agotamiento del ozono causado por las partículas de hollín emitidas por los cohetes de combustible líquido», dijo Ross.
«Estas simulaciones cambian la vieja creencia de que la única amenaza de los vuelos espaciales para la capa de ozono eran los cohetes de combustible sólido. Hemos demostrado que las partículas están donde está la acción para los impactos de los vuelos espaciales».
En esa época, que ocurrió hace entre 11.000 y 6.000 años, finalizó el último periodo glacial y, de manera progresiva, se implantó un clima templado y cálido que provocó no solo el aumento de la vegetación y la biodiversidad, sino también la inundación de zonas costeras debido al aumento del nivel del mar.
Una investigación, publicada en la revista PLoS ONE y liderada por Philippe Crombé de la Universidad de Gante (Bélgica), muestra cómo todos estos cambios climáticos quedaron reflejados en el diseño de las herramientas de piedra fabricadas en ese periodo por los cazadores-recolectores.
“En respuesta al rápido calentamiento del clima hace unos 11.500 años, los cazadores-recolectores a lo largo del Mar del Norte meridional (noroeste de Europa) se enfrentaron a cambios ambientales similares a los que nos encontramos hoy en día. Al estudiar el equipamiento de caza, se muestra cómo los humanos superaron estos cambios”, señala Crombé.
El investigador, único autor del trabajo, analizó los microlitos, unos artefactos líticos tallados por los seres humanos, utilizando un modelo bayesiano para comprobar cómo su diseño y uso cambiaba en relación a los cambios climáticos y ambientales.
Para ello, comparó 228 yacimientos datados por radiocarbono a lo largo de la costa del Mar del Norte con las diferentes formas de los microlitos (triángulos, crecientes, en forma de hoja, trapecios, etc.) encontrados en esos lugares.
Lo que reflejan las formas de la piedra
Los resultados confirmaron que las formas de estos artefactos parecen estar vinculadas a eventos climáticos cortos (producidos entre uno y dos siglos) pero abruptos. Ejemplo de ello es que se introdujeron armas en forma de triángulo después de un evento de enfriamiento brusco en el MESOLITICO temprano asociado con erosión e incendios forestales.
Un evento climático similar, 1.000 años después, coincidió con la aparición de pequeños microlitos laminares y otros retocados. Una nueva forma de trapecio en las puntas de flecha pareció reemplazar los utensilios más antiguos cuando se produjo un milenio más tarde un tercer evento de enfriamiento y sequía.
Además, la variación en las formas de las piedras fue, según el trabajo, mucho más compleja de lo que se pensaba hasta ahora. Crombé plantea la hipótesis de que los diseños se desarrollaran principalmente como un medio para diferenciar los grupos que vivían en la cuenca del Mar del Norte.
A medida que aumentaron los niveles del mar y los antiguos habitantes de la cuenca del Mar del Norte se vieron obligados a ocupar nuevas áreas, creció la territorialidad entre individuos que competían por los recursos. El uso de las piedras como símbolos pudo indicar a qué grupos pertenencia cada uno.
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