
Pues bien, los investigadores han detectado que la concentración en la atmósfera de esta sustancia está aumentando, según se desprende de un estudio que publica la revista «Nature Geoscience».
Fuente: NJ (Feb 18, 2015)
La investigación, llevada a cabo por investigadores de la Universidad de Leeds (Reino Unido), concluye que el diclorometano está aumentando rápidamente. El problema está en que estas sustancias no están entre las prohibidas por el protocolo de Montreal, por el que en 1989 se acordó la eliminación gradual de los clorofluorocarburos (CFC) y los hidroclorofluorocarbonos (HCFC) en la atmósfera, todos ellos gases destructores de la capa de ozono. Ryan Hossaini, de la Escuela de la Tierra y el Medio Ambiente de la Universidad de Leeds y autor principal del estudio, advierte que «si se permite que continúe aumentando el diclorometano y otras sustancias de corta vida, esto podría compensar lo conseguido hasta ahora por el protocolo de Montreal».
Estas sustancias de muy corta vida (VSLS) pueden tener fuentes naturales e industriales, y no están controladas por el protocolo de Montreal de las Naciones Unidas porque históricamente estos químicos han contribuido poco a la destrucción del ozono, explican los investigadores.
Pese a que el agotamiento del ozono derivado de estas sustancias es aún pequeño en comparación al causado por los gases de larga vida, como los CFC y HCFC, es casi cuatro veces más eficiente a la hora de influir en el clima.
En este sentido, explica Hossaini «debido a esa vida atmosférica tan corta, los VSLS rompen y destruyen el ozono en la parte más baja de la estratosfera. Y una molécula de ozono que se pierde en esta región tiene un impacto mucho mayor en el clima que una molécula destruida en zonas más altas por los gases de larga vida».
Según Hossaini, no está claro qué está impulsando el crecimiento de los VSLS de origen artificial, aunque apunta que podría deberse en parte al hecho de que el diclorometano se utiliza en el proceso de fabricación de algunos HFC (hidrofluorocarburos), los gases «amigos del ozono» que fueron desarrollados para reemplazar a los CFC. «Esto significaría que, irónicamente, la producción de productos químicos inocuos para el ozono está produciendo en realidad algunos gases que destruyen el ozono en la atmósfera», concluye.
Los CFC son la principal causa del agujero de la capa de ozono sobre la Antártida. Fueron inventados en los años 20 del siglo pasado, y se usaban para refrigeración y como propulsores de aerosoles en productos como desodorantes y laca de pelo. Hasta ahora su eliminación suponía un caso de éxito de un protocolo internacional, el de Montreal, que entró en vigor en 1989, y que al contrario que el de Kioto parecía que había conseguido reducir paulatinamente la producción de estas sustancias a escala global.
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