Las carnes, junto al pescado, tal vez sean los productos alimenticios más perecederos. Ello es debido tanto a la flora microbiana que de por si llevan, como sobre todo a que son alimentos inevitablemente manipulados, no siempre en las condiciones higiénicas más deseadas. De ahí que se use el frío para su conservación.
El ozono encuentra aquí las condiciones más óptimas para su actuación, destruyendo los microorganismos paralizados por el frío. Con esta destrucción lograremos los siguientes objetivos: