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Virus modificados genéticamente otra vía abierta contra el cáncer cerebral

 cáncer cerebral Virus modificados genéticamente otra vía abierta contra el cáncer cerebral

Los tumores cerebrales son quizás una de las áreas más frustrantes para los oncólogos. Quizás por eso, cualquier pequeño avance es recibido con paletadas de entusiasmo y cautela a partes iguales.

En 2007, un equipo de investigadores españoles afincados en Houston (EE.UU.), lograba demostrar que es posible modificar genéticamente el virus del resfriado para que ataque un agresivo tipo de cáncer cerebral en ratones. Menos de dos años después, ese mismo virus ha empezado ya a dar sus frutos en una paciente con un tumor cerebral.

FUENTE | El Mundo (14/04/2009)
Autor: María Valerio

Ella es la primera. Mujer, americana, residente en Houston, cercana a los 60 años y que luchaba desde hacía meses contra un agresivo glioma maligno. Ni la extirpación, ni la radioterapia, ni la quimioterapia con Temozolamida habían conseguido evitar la reaparición del tumor, que está invadiendo sus vías ópticas causándole pérdida de visión.

Ese agresivo perfil hacía de ella una candidata idónea para formar parte de este ensayo clínico en fase I, liderado por los españoles Juan Fueyo y Candelaria Gómez-Manzano, del MD Anderson de Houston (Texas, EE.UU.), que acaba de comenzar. La agencia estadounidense del medicamento (FDA, según sus siglas en inglés) ha autorizado esta experiencia que trata de demostrar, ante todo, que inyectar un virus modificado genéticamente en el interior de un tumor cerebral humano es seguro y carece de toxicidad. La eficacia es de momento, un objetivo secundario; aunque como explica Fueyo a elmundo.es “esperamos ver una especie de ‘agujero negro’; es decir, que el virus es capaz de replicarse y destruir parte de la masa tumoral”.

El virus en cuestión es Delta-24-RGD, un adenovirus causante del resfriado común que ha sido modificado en el laboratorio para que infecte únicamente a las células tumorales, no a las sanas. “No es una terapia génica al uso, aquí el propio virus es la medicina. Su capacidad para replicarse y extenderse dentro del propio cáncer, sin infectar a las células sanas, es la principal característica de este tratamiento”. El pasado 26 de febrero, después de realizar una mínima incisión en el cráneo de la paciente, el neurocirujano inyectó la mitad de la dosis en el tumor y, profundizando después un poco más, inyectó el resto en el centro mismo de la masa tumoral. A las pocas horas abandonó andando el hospital de camino a casa.

Ella será la primera, pero otros dos pacientes más recibirán la misma dosis del virus (una cantidad de 10 elevado a 7). Si en tres semanas no se observa ninguna toxicidad ni reacción adversa, la dosis se elevará un poco más en otros tres nuevos participantes y así sucesivamente hasta que unas 15 ó 30 personas reciban el tratamiento. El glioma es un tipo de cáncer cerebral con muy mal pronóstico; se calcula que la supervivencia es de sólo dos o tres años en pacientes menores de 45 años, y mucho menor en individuos de más edad.

El ensayo autorizado por la FDA incluye un segundo grupo de análisis, que también comenzará próximamente, en el que los tumores serán extirpados a los 14 días de la inyección para observar cómo se ha comportado el virus en su interior, si se ha replicado, si ha sido capaz de generar la aparición de células defensivas (linfocitos). Al fin y al cabo, como resume el investigador, “el estudio representa una batalla entre dos titanes: un adenovirus y nuestro sistema inmune; que podría impedir la replicación del virus” y, por tanto, frenar la eficacia de la terapia experimental.

EVOLUCIÓN POSITIVA

De momento, un mes después de recibir la inyección, la evolución de la mujer tiene “entusiasmados” a sus médicos. Ha regresado al hospital en tres ocasiones para hacerse las resonancias magnéticas de control y hasta ha empezado a hacer ejercicio en una cinta, “pero esto puede deberse a un efecto secundario de los corticoides que toma para evitar el edema cerebral debido al cáncer”, aclara con cautela su médico.

En la primera revisión, a los cinco días de la terapia, se descartó la aparición de cualquier reacción inmune o toxicidad aguda que hubiese podido causar el tratamiento (“edema, inflamación de los ventrículos cerebrales, una encefalitis o modificaciones de la sustancia blanca”); pero era demasiado pronto para establecer la respuesta al tratamiento. “Los adenovirus se replican aproximadamente cada dos días en las células de glioma”, explica el especialista.

A pesar de esas cautelas, y de que la dosis administrada a la paciente es cincuenta veces menor de la que se había utilizado hasta entonces en los ensayos con animales (cuyos tumores no son más grandes que una lenteja), las noticias siguen siendo satisfactorias. El tumor, una masa del tamaño de una pelota de golf localizada en el lóbulo occipital, muy cerca del córtex, muestra ya un ‘agujero negro’ en el lugar donde se inyectó el virus. En sólo 12 días, la cantidad de tumor destruida por la terapia se multiplicó por cinco y “ahora mismo la resonancia una zona central de necrosis que nunca se ve con la quimioterapia estándar [temozolamida]”, se felicita el investigador español desde Houston.

El mismo día de la prueba, Fueyo reconocía a elmundo.es que los resultados son de momento preliminares, “y tenemos que ser cautos en la interpretación”. Sin embargo, añadía: “indican que, a pesar de que se trata de una dosis muy baja, el virus se está replicando y por lo tanto induciendo muerte celular dentro del glioblastoma”. El siguiente paso consistirá en evaluar si el virus modificado también es capaz de infectar las células tumorales que se infiltran en los tejidos vecinos del tumor y que resultan imposibles de extirpar en la cirugía.

“No hay que olvidar que los gliomas apenas causan metástasis en otras zonas del organismo, sino que causan la muerte del paciente por su propio crecimiento regional en el cerebro”, concluye; “y quizás esos tumores que no metastaizan podrían ser susceptibles de ser tratados usando tratamientos locales como la inyección intratumoral de Delta-24”.

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