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La difícil convivencia entre aves y hombres

 aves y hombres Los pájaros más comunes también están amenazados por la presión humana

No aparecen en las portadas de las revistas por su exotismo, pero son igualmente importantes en el equilibrio de los ecosistemas. Son las aves comunes, que viven cerca o conviven con el hombre. La presión humana amenaza a algunas de estas especies; otras, se benefician en parte de la urbanización, aunque la adaptación implica cambios en su conducta o en su alimentación.

Fuente: consumer (30 de abril de 2008)

Autor: Por MERCÈ FERNÁNDEZ

Conocer la evolución de las aves comunes

Entre mediados de abril y de junio, varios centenares de voluntarios de SEO/Birdlife llevan a cabo una nueva campaña de SACRE (Seguimiento de Aves Comunes Reproductoras), que forma parte del programa europeo de Monitorización de Aves Comunes (PECBM en sus siglas en inglés) y en el que participan hasta 36 países. Desde 1998, esta iniciativa trata de obtener información sobre la evolución de las aves comunes vinculadas a diferentes medios (forestal, agrícola y urbano) como una forma de evaluar la biodiversidad y el estado de conservación de esos ecosistemas.

Para ello, los voluntarios realizan, desde el amanecer y hasta poco antes de mediodía, un recorrido por la zona que tienen asignada (de unos 10 kilómetros de ancho por 10 de largo), deteniéndose cinco minutos en cada uno de los veinte puntos seleccionados para realizar el censo. En cada parada se toma nota de las aves detectadas, tanto de la especie como del número de individuos. Esta operación se realiza dos días cada año y actualmente cubre unas 700 áreas de cien kilómetros cuadrados cada una.

La ambición de SEO/Birdlife es llegar a censar aves de más zonas. Pero faltan voluntarios. Los internautas, explican desde esta organización, han pedido que se censen las aves de hasta casi unas 5.600 zonas – para ello, la organización tiene en su web un mapa de España con una cuadrícula, donde cada cuadro corresponde a una zona de censo.

Las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998

Este censo ha permitido descubrir que se está dando un descenso general de las aves vinculadas a medios agrícolas, como la golondrina, la codorniz o la alondra, “debido los cambios que se han producido en la agricultura en los últimos años en toda Europa”, explica Virginia Escandell, de SEO/Birdlife. Entre las especies más amenazadas en España están la alondra (con casi un 40% menos de población respecto a 1998), el gorrión molinero (un 33,5 % menos), el jilguero (un 18% menos) o la calandria (un 15% menos), según los datos más recientes.

Tomadas en conjunto, las 19 especies calificadas como agrícolas a escala europea han disminuido su población, en número de individuos, en un 45% respecto a 1998. Todo lo contrario de lo que sucede con las aves de medios urbanos, que se mantienen estables, y las aves de medios forestales, que están en aumento debido a “un aumento de la masa forestal en nuestro país”, según detallan desde SEO/Birdlife. Esto, que resulta chocante cuando una constante anual son los incendios, se explica en parte por el número creciente de áreas de pastoreo que están siendo abandonadas.

Conservar la biodiversidad

Hay un doble interés en el programa SACRE. Por un lado, el censo de las propias aves. Por otro, como un indicador del estado del ecosistema y la biodiversidad: las aves son sensibles a los cambios en el medio y se conoce más de ellas que de otras especies; la alteración del número de individuos en sus poblaciones es una señal inequívoca de que se están dando cambios en el ecosistema. La Unión Europea tiene el compromiso de detener la pérdida de biodiversidad antes del año 2010, y programas como éste son una herramienta indispensable para detectar esos cambios y sus causas.

En este sentido, una de las tendencias futuras que se ven con precaución a nivel europeo es el aumento de los cultivos destinados a biodiesel. Se sabe que las aves se adaptan a los cultivos de la zona en la que viven y que, además, las lindes entre los diferentes campos agrícolas son un buen refugio para ellas, ya que cuentan con una vegetación silvestre diversa. Las grandes extensiones destinadas a cultivos energéticos no sólo implican un monocultivo intensivo sino la posible pérdida de esas lindes.

La urbanización creciente es otra amenaza para las aves de medios agrícolas, apuntan desde GREFA (Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat). Hay dos tendencias, detalla Jimena López, de GREFA, las aves más cosmopolitas, a las que la presencia del hombre les puede incluso beneficiar, como el estornino o la urraca, y las aves insectívoras, como las golondrinas o los vencejos, más sensibles a la presencia del hombre y cada vez más amenazadas.

Unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos

“Hay gente que acude a nosotros diciendo que quiere quitar de su casa los nidos de golondrina del chalet”, relata Jimena López. Las golondrinas son aves protegidas, lo que no evita sin embargo los casos de destrucción ilegal de nidos. Al centro de recuperación de GREFA, explica Jiménez, han llegado nidadas enteras de golondrina, mientras que la pareja de progenitores, una vez destruido el nido, “se queda perdida, no sabe qué hacer”. Si el nido realmente molesta, añade, hay que saber en qué momento del ciclo hay que actuar, no cuando están instalados los polluelos. “También hay que pensar un poco a la inversa y en las molestias que nosotros les provocamos a las aves”, afirma tajante. No hay que olvidar que también reportan beneficios. Aves insectívoras como las golondrinas son vitales para el control de plagas de insectos: se ha calculado que unas seis crías de golondrina pueden comer durante 21 días más de 75.000 insectos. Apreciar el valor de las aves y del ecosistema, explica López, pasa por la educación y es algo que debe enseñarse desde la infancia.

Adaptarse al hombre

Otra ave “urbana” amenazada es el cernícalo primilla, habitual en poblaciones pequeñas, que suele anidar en ruinas, y a la que la presión urbanística esta perjudicando. En cambio, los estorninos se adaptan con una gran facilidad a la convivencia con el hombre. La mayor extensión y densidad de zonas urbanas también tiene efectos sobre estas aves. Los estorninos se agrupan buscando el calor para pernoctar y las ciudades grandes son una gran fuente de calor, por lo que se dirigen a ellas al atardecer. Y cuando las poblaciones son muy densas y con pocos espacios abiertos, es fácil que estas bandadas, que reúnen a varios centenares o más de individuos, acaben siendo una molestia para los ciudadanos.

Otro ejemplo de adaptación se puede ver en poblaciones de aves marinas que, ante la falta de pesca en ciudades portuarias, están alimentándose de basura, mucho más fácil de obtener, o de otras aves. En ciudades como Barcelona no es difícil ver a gaviotas cada vez más acostumbradas a alimentarse de restos de paloma, lo que da alas a muchos ciudadanos para justificar cualquier acción no respetuosa con estas aves.

La mejor forma de proteger las aves marinas pasa por dejar que se recuperen los recursos pesqueros y por tener en cuenta todo el ecosistema

En esa línea apuntaba hace unos años un trabajo publicado por la Universidad de Glasgow (Reino Unido) en la revista Nature. Los investigadores mostraban cómo a lo largo de 30 años el págalo grande, una ave marina, se estaba alimentando cada vez más de otras aves, que a su vez estaban en declive. La causa estaba en las restricciones que se habían impuesto a la pesca, tras años de gran presión pesquera que había beneficiado a la especie (acostumbrada a alimentarse de la pesca descartada que arrojaban los barcos y que había multiplicado su población). Ante la falta repentina de esos restos y con un mar sobreexplotado, las aves hambrientas se convirtieron en predadoras de otras. El problema no era sólo que ponían en peligro a las otras especies sino que, temían los investigadores, también podía poner a la gente en contra del págalo grande y hacer que pidiera su eliminación parcial.

La mejor forma de proteger las aves marinas, explicaban expertos de la Royal Society para la Protección de las Aves (Reino Unido), pasa por dejar que se recuperen los recursos pesqueros y por tener en cuenta todo el ecosistema a la hora de establecer políticas como las relacionadas con la pesca, porque también eso, como cualquier acción humana, tiene efectos sobre el ecosistema. Si el ser humano cuida el entorno, explicaban, entonces las aves podrán cuidarse solas.

Voluntarios para salvar polluelos

Este año también se pone en marcha la campaña “Salva un pollo” de GREFA, Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su hábitat. Este centro de Madrid puede recoger hasta 700 polluelos caídos del nido y aves heridas en sólo dos meses, durante el período comprendido entre mayo y julio. Cada año cientos de aves salvan la vida gracias a voluntarios que recogen las aves y las llevan a los centros de recuperación, desde cigüeñas o lechuzas, hasta mirlos, tórtolas o vencejos. No hay ninguna discriminación en cuanto a los animales que recogen; la única prioridad que establecen es la urgencia: recoger un buitre con un ala rota, que es difícil de manejar por una persona sola, es más urgente que si se trata de un gorrión, por ejemplo.

Desde esta organización indican que, ante el hallazgo de un polluelo herido, lo primero que debe hacerse es esperar y observar, desde una cierta distancia, a fin de confirmar que efectivamente está perdido (es posible que los padres estén cerca). Si es así y el pollito está abandonado, hay que depositarlo en una caja de cartón con agujeros y llevarlo al centro de recuperación o veterinario más cercano. Si no es posible, se puede llamar a GREFA o a cualquier otro centro de recuperación cercano para recibir información sobre cómo actuar. “Lo que no hay que hacer es darles de comer porque la sangre se concentra hacia el estomago y si el ave está deshidratada es mucho peor”.

La gran mayoría de los animales que recogen están malheridos por causas relacionadas con la actividad humana (atropellos, disparos, colisiones con cables o con vallas…). Un 35% del total de animales recogidos (1.956 animales en el año 2006) son polluelos, debido a la gran cantidad de ellos que caen de los nidos o quedan huérfanos en época de cría.

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